Capítulo 22 El Propósito Y Las Habilidades De Una Teigu

Base de Night Raid - 8:30 am. (Sala de reuniones)

Tras su llegada a la base, Tatsumi y Onyx se tomaron unas horas para descansar antes de la reunión. Cuando Tatsumi despertó, sin perder tiempo, se dirigió a la cocina y comenzó a preparar el desayuno. Onyx, en lugar de quedarse en su funda, flotaba a su lado, ayudándolo en todo lo que era posible. Era una actividad sencilla que podía realizar una sola persona, pero ambos disfrutaban hacerlo juntos. Un pequeño gesto que fortalecía aún más su vínculo.

Una vez que terminaron, la mesa estaba lista. Platos servidos, bebidas variadas y cubiertos perfectamente colocados. Todo estaba listo. Listo, para comer y disfrutar. Sin embargo, antes de poder disfrutar de la comida, había un asunto pendiente. Tatsumi había solicitado una reunión con los demás miembros de Night Raid, y aunque algunos acudieron por voluntad propia, otros lo hicieron a regañadientes. Aun así, estaban todos allí... todos, excepto Bulat. El guerrero de la armadura verde aún no se había recuperado de las secuelas del enfrentamiento contra las Tres Bestias, por lo que no podría estar presente otra vez. A pesar de esto, Tatsumi ya no sentía la misma inseguridad que la vez anterior. Ahora, después de su experiencia con Onyx la noche anterior, tenía la confianza suficiente para enfrentar la reunión con determinación.

En la gran sala de reuniones, los miembros de Night Raid esperaban con expresiones serias. Najenda, sentada en su asiento con su característico cigarro en la boca, mantenía un aire de calma, aunque en sus ojos aún se reflejaba una ligera incomodidad. Ya que, no era fácil lidiar con algo tan desconocido como Onyx. Pero, al menos, haría el esfuerzo.

Tatsumi y Onyx estaban de pie frente a ellos. El joven cruzaba los brazos, observando a sus compañeros, mientras que la Teigu flotaba a su lado, inmóvil pero alerta. No tardó en notar que, aunque ya habían visto y escuchado a Onyx antes, sus miradas aún estaban cargadas de duda e incredulidad. Para ellos, seguía siendo algo fuera de lo común el poder hablar con una Teigu... pero eso cambiaría muy pronto.

Tatsumi fue el primero en romper el silencio. "Me alegra ver que todos estén aquí". Dijo con una sonrisa.

"Era de esperarse, Tatsumi. Tú pediste esta reunión porque tenías algo que decirnos sobre...". Najenda dirigió una mirada fugaz a Onyx. Había cierta incertidumbre en su expresión, pero rápidamente lo disimuló, tomando una calada de su cigarro antes de continuar. "Sobre Onyx".

Tatsumi asintió, sin perder la sonrisa. "Así es, jefa". Respondió antes de voltear a ver al resto del equipo. "Los reuní a todos aquí, porque Onyx tiene algo que decirles".

Dicho esto, señaló con la mano a su Teigu, quien flotó hasta el centro de la sala. Los demás observaron con cautela. A pesar de haber presenciado sus habilidades, aún no comprendían del todo la magnitud de su existencia, ni el propósito detrás de su creación. Además, era extraño para ellos el simple hecho de socializar con un arma parlante.

Mine, en particular, parecía especialmente incómoda.

Onyx se detuvo en el centro y habló con voz firme, aunque serena. "Miembros de Night Raid". El Teigu comenzó a hablar. "Antes de explicarles por qué le pedí a mi portador que los reuniera aquí, quiero decir algo importante".

Los presentes intercambiaron miradas antes de volver su atención a la Teigu, esperando sus siguientes palabras. Y cuando Onyx finalmente las pronunció, ninguno de ellos pudo ocultar su sorpresa.

"Lo siento". Dijo la Teigu. "Lamento la forma en como reaccioné ayer, frente a ustedes".

El silencio llenó la sala. Nadie esperaba escuchar algo así, y mucho menos con un tono tan genuino. Incluso Najenda, con toda su experiencia, se mostró visiblemente sorprendida. No era solo el hecho de que Onyx hablara con tanta claridad, sino que su voz reflejaba una sinceridad que nadie había anticipado.

Era un arma. Una Teigu. Y, sin embargo, acababa de pedir disculpas con una emoción tan humana que resultaba desconcertante.

Akame, siempre observadora, fue la primera en romper el silencio. "¿Por qué te disculpas?". Preguntó con su tono habitual, pero también algo curiosa.

Onyx se tomó un momento antes de responder. "Por lo de la otra vez, cuando me hicieron preguntas sobre mi existencia y mi propósito, me sentí... algo... raro". Dijo el tratando de buscar la mejor forma de poder expresar lo que sintió en ése momento. "Esa vez no respondí de la mejor manera y sé que causé más confusión en lugar de aclarar sus dudas. Y eso no es lo que quería hacer. Lo lamento mucho, de verdad".

Mine cruzó los brazos, aún con cierta desconfianza ante las palabras de la Teigu. "¿Así que ahora sí vas a darnos respuestas claras?". Dijo con un ligero tono de incredulidad.

Onyx giró levemente en el aire. En vez de estar molestó por las palabras y el tono de voz que uso Mine, decidió meditar la respuesta que iba a dar. "Haré lo mejor que pueda". Respondió el Teigu. "No tengo todas las respuestas, pero compartiré con ustedes lo que sé. Y además, puedo prometerles que nunca seré su enemigo".

Sus palabras resonaron en la sala. Esta vez, algo había cambiado. Aunque las dudas seguían presentes, Onyx había dado el primer paso hacia una verdadera conexión con Night Raid.

Tatsumi sonrió para sí mismo. Esta vez, la reunión sería diferente.

Najenda, sentada en su asiento con una postura firme y mirada analítica, se llevó el cigarro a los labios, dando una última calada antes de apartarlo y aplastarlo contra el suelo. Exhaló el humo lentamente y miró fijamente a Onyx con una seriedad calculada.

"Entonces, Onyx...". Comenzó, su voz firme, pero sin rastro de hostilidad. "Si vas a ser honesto y decirnos toda la verdad, necesito que respondas a mi pregunta".

El aire en la habitación pareció tensarse. Onyx permaneció inmóvil en el aire, flotando en el centro de la sala, como si esperara la inevitable interrogante que se avecinaba.

Najenda no apartó la mirada. "Dime... ¿Por qué no existe ningún registro, documento o indicio de tu existencia en el Imperio o en algún otro lado?".

La pregunta cayó sobre la habitación como una losa de piedra. Era la misma que había provocado que Onyx reaccionara con hostilidad en la reunión anterior. Pero también era la más importante.

El Imperio había documentado meticulosamente la creación de las Teigus, con informes detallados sobre sus capacidades, historias y portadores. Pero Onyx... Onyx era un completo misterio. No había archivos, testimonios, ni la más mínima mención de su existencia. ¿Cómo era posible que un arma, un Teigu, como él, hubiera sido completamente ignorada de la historia del imperio o del mundo?.

Tatsumi, que estaba al lado de Onyx, sintió cómo su Teigu se ponía tensa, como si una sombra oscura lo envolviera. La gema de su núcleo resplandeció tenuemente.

Onyx no respondió de inmediato. En su mente, la pregunta resonó como un eco que despertaba recuerdos enterrados en lo más profundo de su ser. Fragmentos de memorias nebulosas se agolparon en su conciencia. Ecos de voces, de órdenes, de caos y destrucción. Recuerdos distorsionados de un tiempo en el que aún no entendía su propósito.

La presión en su gema aumentó.

Los ojos de Mine se entrecerraron al notar su reacción. Lubbock miró curioso ésto con las manos metidas en su abrigo. Akame se mantuvo en completo silencio, pero su postura indicaba que estaba en alerta. Leone, estaba parada con los brazos cruzados, lanzó una mirada de curiosidad mezclada con sospecha.

Sheele y Tatsumi fueron los únicos que parecían mirarlo sin juicio.

Onyx sintió la necesidad de cerrarse de nuevo, de protegerse del dolor que surgía de las grietas de su pasado. Pero no podía hacerlo. No después de la noche anterior. Después de ése evento, discretamente, había hecho una promesa. Y no se iba a retractar de éso.

Respiró, aunque no tenía pulmones. "Mi respuesta a esa pregunta, líder de Night Raid...". Su voz sonó más calmada de lo que esperaba. "Es que cuando fui creado, todavía estaba en fase de pruebas. Y antes de que pudiera ser completamente reconocido como una Teigu funcional, ocurrió un evento... un evento que resultó en mi expulsión antes de que el Imperio siquiera tuviera la oportunidad de conocerme".

Najenda entrecerró su ojo con interés. "¿Qué tipo de evento pudo haber hecho que un Teigu de tu calibre, fuera descartada sin dejar rastro?". Volvió a preguntar con más seriedad en su voz.

La pregunta era más directa, más inquisitiva. No tenía un tono hostil, pero sí cargado de intriga.

Onyx sintió que su núcleo vibraba con una inquietud sutil. El sabía la respuesta. La había descubierto gracias a su habilidad de Onda expansiva, que le permitía recolectar información de quien fuera. Pero el solo hecho de ponerlo en palabras le resultaba... difícil. Muy difícil. Ni siquiera se lo había contado a Tatsumi, su portador, su amigo. Y si no podía decirle la verdad a él, ¿Cómo podría compartirla con el resto?.

Onyx tardó un momento en responder. La pausa prolongada aumentó la tensión en la sala. Finalmente, habló con un tono que buscó sonar lo más neutral posible.

"Me temo que no puedo responder a eso, líder de Night Raid". Dijo con suavidad. "Yo estaba en mi cápsula cuando ocurrió. No sé qué pasó, o ocurrió, como para que yo fuera expulsada".

El silencio que siguió fue aún más pesado.

Najenda lo observó fijamente, tratando de analizar cada matiz de su voz. Por su experiencia en interrogatorios, sabía detectar cuando alguien mentía. Y algo en Onyx, le decía que no estaba diciendo toda la verdad. Pero tampoco, sintió malicia en sus palabras.

Después de unos segundos, suspiró. Sacó otro cigarro, lo encendió y se lo llevó a los labios, dio una calada lenta y dejó escapar una bocanada de humo. "Está bien, te creo".

La respuesta sorprendió a todos.

Mine arqueó una ceja con incredulidad. Leone parpadeó. Lubbock relajó su postura. Sheele miró con la cabeza girando a un lado. Akame no reaccionó, pero sus ojos brillaron con un destello de duda.

Onyx sintió un alivio inesperado en su núcleo. "Gracias a los dioses". Pensó sin darse cuenta.

Pero esa conexión mental con Tatsumi hizo que su pensamiento fuera escuchado. "¿Pasa algo, Onyx?". Preguntó el castaño en su mente, su tono lleno de curiosidad.

Onyx se sobresaltó. Se dio cuenta de que, sin querer, había compartido sus pensamientos con su portador.

Giro su gema y miró a Tatsumi, quien también estaba parado mirando como los demás, pero ahora lo observaba con una leve confusión en el rostro. El joven parecía preguntarse por qué su Teigu había sentido alivio con tanta intensidad. No podía permitir que sospechara. Al menos, no ahora.

Así que, respondió con rapidez y naturalidad. "No pasa nada, portador". Dijo en su mente, tratando de sonar despreocupado. "Solo... estaba... pensando en otra cosa".

Tatsumi lo miró fijamente por un momento, antes de sonreír. "Bueno, espero que me lo digas después de esta reunión".

Onyx suspiro, pero esta vez, el castaño no lo escuchó. "Por supuesto, Portador". Dijo en el exterior, pero en su interior. Sabía que cuando lo hiciera, no sería tan fácil.

Sacudió esos pensamientos y volvió su atención a los demás. "¿Alguien más tiene alguna pregunta que quiera hacerme?". Su voz sonó educada, pero también con un ligero intento de cambiar de tema.

El silencio en la sala fue interrumpido cuando Leone, con su característico tono despreocupado, alzó la mano y sonrió. "Yo tengo una pregunta".

Todas las miradas se dirigieron a la rubia, quien, con su usual confianza, se llevó ambas manos a la cintura y miró fijamente a Onyx.

"Dime, Onyx…". Dijo la rubia con una expresión divertida. "¿Cuáles son tus poderes y habilidades?".

La pregunta, aunque era formulada con ligereza, despertó aún más la curiosidad del grupo. Desde el momento en que Onyx apareció, todos habían sentido la intriga de descubrir de lo que era capaz. Era una Teigu completamente desconocida, algo sin precedentes en la historia del Imperio. Entonces, ¿Qué habilidades poseía?. ¿Qué lo hacía tan especial?.

Onyx, al escuchar la pregunta, se giró hacia Leone.

La voz de la Teigu adquirió un matiz diferente, casi como si estuviera a punto de revelar algo fascinante. "Tengo muchas habilidades, portadora del Teigu Lionel".

La sala entera guardó silencio, esperando su respuesta.

"Para empezar, como ya todos saben, tengo la capacidad de flotar y levitar a voluntad propia". Comenzó Onyx, su tono sereno pero firme. "Puedo lanzar ataques de energía concentrada desde la hoja de mi espada. También poseo la habilidad de crear imágenes ilusorias usando mi propia energía o cualquier elemento disponible en el entorno".

Los ojos de Leone brillaron con interés cada vez más grande, conforme la Teigu seguía hablando.

"Puedo detectar a cualquier persona con intenciones hostiles hacia mí o mi portador". Continuó Onyx. "Y, lo más importante… tengo la capacidad de curar cualquier herida o enfermedad, sin importar su gravedad".

Leone dejó escapar un silbido de asombro. "¡Guau!. Eso sí que es impresionante". Dijo, cruzándose de brazos y sonriendo. "No muchas Teigus tienen esas habilidades".

Los demás también parecían sorprendidos. Incluso Mine, que hasta ese momento había mantenido su actitud escéptica, no pudo evitar arquear una ceja de interés. Tal vez la Teigu no era tan mala después de todo.

Lubbock, quien había estado escuchando atentamente, se inclinó ligeramente hacia adelante cuando oyó la última habilidad de Onyx. "Espera un segundo…". Habló, con una mirada más seria. "Dijiste que puedes curar cualquier herida o enfermedad, ¿Cierto?".

Onyx se giró hacia él. "Así es, portador del Teigu Cross Tail".

Lubbock entrecerró los ojos, procesando la información, y luego preguntó. "Entonces… ¿Fue así como salvaste a Bulat del veneno?".

El ambiente cambió de inmediato.

Onyx no tardó en responder. "Sí". Afirmó sin titubeos. "Eliminé el veneno de su sistema. Me tomó algo de tiempo, pero logré hacerlo antes de que fuera demasiado tarde".

Lubbock abrió los labios ligeramente, sorprendido por la confirmación. Su expresión se suavizó y llevó una mano a su boca, en un gesto de reflexión. "Eso es… increíble". Susurró, casi para sí mismo. "Si no fuera por ti, Bulat podría haber…".

Pero antes de que pudiera terminar la frase, Onyx lo interrumpió con voz serena. "No se preocupe por eso, portador de Cross Tail". Dijo, su tono tan tranquilo como siempre. "Eso no sucedió gracias a que mi portador y yo pudimos evitarlo".

Lubbock levantó la mirada y vio cómo Onyx giraba ligeramente hacia Tatsumi.

El castaño, al notar la mirada de su Teigu, sonrió. Los demás, al ver ese pequeño intercambio, también relajaron un poco su postura. De alguna manera, la presencia de Onyx ya no les parecía tan desconocida. Puede que fuera una Teigu diferente a las demás… pero parecía tener una genuina preocupación por ellos. Y eso los hacía sentirse más cómodos.

Pero entonces, la voz de Akame rompió el momento. "Onyx". Dijo la pelinegra con su característico tono inexpresivo. "¿Tienes otras habilidades?".

A diferencia de Leone, su pregunta no parecía impulsada solo por curiosidad, sino por instinto. Algo dentro de ella le decía que Onyx no había revelado todo su potencial. Y, afortunadamente, tenía razón.

Onyx giró levemente en el aire, como si analizara la pregunta. "En realidad, sí, Akame". Respondió con calma, aunque en su voz se percibía una pequeña pizca de entusiasmo. "También poseo la capacidad de lanzar ondas expansivas".

Sheele ladeó la cabeza con confusión. "¿Ondas expansivas?. No recuerdo haber escuchado algo así en otra Teigu…". Se llevó un dedo a la mejilla, pensativa. "¿Qué hacen exactamente?".

Onyx adoptó un tono más didáctico. "Déjeme explicarle, portadora del Teigu Extase". Dijo, elevándose apenas unos centímetros en el aire. "Mis ondas expansivas son pulsos de energía que emito desde mi gema. Su alcance es extremadamente amplio y me permiten recolectar y analizar información sobre cualquier persona, objeto o fenómeno dentro de su rango".

"¿Información?". Preguntó Akame, aún con su inexpresividad habitual.

"Sí". confirmó Onyx. "Si ustedes recuerdan, ayer hice algo similar".

Mine, quien hasta ahora había permanecida escuchando en silencio, frunció el ceño mientras intentaba recordar. "¿Ayer…?". Le tomó solo unos segundos, pero entonces lo recordó. "¡Espera!". Exclamó, señalándolo. "¿Te refieres a esa extraña energía agresiva que nos golpeó y que sentimos ayer cuando estabas flotando?".

Onyx permaneció en silencio por un momento, como si meditara su respuesta. "No fue una energía tan agresiva, ni tampoco los golpeó tan duro". Aclaró con calma. "Fue solo una leve sacudida, portadora del Teigu Pumpkin".

Mine cruzó los brazos y lo miró con escepticismo. "Pues déjame decirte que esa, "leve sacudida", se sintió como un golpe".

Onyx, aunque no tenía rostro, pareció ligeramente molesto por su comentario. "Mi intención nunca fue dañarlos". Respondió. "Pero admito que, si no están acostumbrados a la sensación, puede que resulté incómodo al principio".

Leone rió entre dientes. "Bueno, al menos ahora sabemos qué fue eso". Comentó con diversión. "Aunque… tengo que admitirlo, Onyx. Me gustas. Eres una Teigu bastante interesante".

Onyx flotó levemente en la dirección de Leone, su gema brillando con un tenue resplandor. "Aprecio el cumplido, portadora del Teigu Lionel". Dijo con serenidad. "Pero aún no he terminado de revelarles todas mis habilidades".

La sala volvió a sumirse en el silencio.

"¿Todavía tienes más?". Preguntó Mine, entrecerrando los ojos.

"Así es". Afirmó Onyx. "Aún hay dos habilidades que no he mencionado"

Lubbock, quien estaba con una expresión relajada, se enderezó al instante. "¿En serio?". Dijo con un atisbo de emoción. "Vaya, estás lleno de sorpresas, ¿Eh?".

"Eso parece". Comentó Sheele con una leve sonrisa. "Dinos, ¿Cuáles son esas últimas habilidades?".

Akame también miró con atención a Onyx. Aunque su rostro seguía inexpresivo, en sus ojos rojos había un destello de curiosidad.

Onyx se tomó un momento, antes de hablar nuevamente. Lo que iba a decir, seguro iba a dejar una impresión bastante grande para todos los miembros de Night Raid. Y para el Teigu, quería que esa impresión fuera positiva.

Tatsumi observó a Onyx con atención. Él ya sabía perfectamente a qué habilidades se refería su Teigu. Y para el joven, no solo eran las más importantes, sino también las más poderosas.

Desde que se convirtió en el portador de Onyx, había comprendido el verdadero valor y responsabilidades de esas habilidades. Para él no las veía como algo peligroso, ni temible. Sino, como un don invaluable. Un don, que les había permitido salvar vidas en incontables ocasiones. Sin embargo, sabía que no todos pensarían igual.

El ambiente en la sala estaba relajado, incluso animado. Pero una vez que Onyx revelara sus últimas habilidades, todo podría cambiar. Dependiendo de cómo las interpretaran los demás, la admiración que sentían por la Teigu podría transformarse en inquietud… o incluso... en miedo.

Aun así, Tatsumi no tenía dudas. Para él, esas habilidades eran una bendición. Nada ni nadie le haría pensar lo contrario.

Onyx permaneció en silencio por un momento, como si estuviera midiendo el peso de sus palabras antes de pronunciarlas. Finalmente, habló.

"Mis dos últimas habilidades son la lectura y conexión telepática con otras personas… y mi capacidad de... transformación". Aquella última palabra la pronunció con una leve pausa, consciente del impacto que tendría esta última.

El aire en la sala pareció volverse más pesado. Todos los presentes reaccionaron con sorpresa, pero Akame y Najenda fueron las que más se tensaron.

Najenda entrecerró los ojos, apoyando los codos los reposa brazos de su asiento y entrelazando los dedos frente a su boca. Hasta ahora, había escuchado con atención todas las habilidades de Onyx. Era impresionante que una Teigu tuviera tantas capacidades distintas, pero ninguna la había inquietado realmente tanto… como ahora.

Porque, algo dentro de ella, le decía que, estas dos últimas habilidades no eran simplemente herramientas de combate. Eran algo más. Algo que, en las manos equivocadas, podía convertirse en un arma extremadamente peligrosa.

"¿Lectura y conexión telepática?". Preguntó finalmente con voz neutra, pero con una mirada aguda. "¿Exactamente qué significa eso?".

Onyx giró levemente en el aire, flotando con elegancia antes de responder. "Significa que puedo establecer un vínculo mental con otras personas. Puedo comunicarme telepáticamente con mi portador o con cualquier persona dentro de un rango determinado".

Lubbock frunció el ceño. "¿Así que puedes hablar en nuestras mentes?".

"Exacto". Confirmó Onyx. "Puedo enviar mensajes o palabras directamente a sus pensamientos y... si yo lo permito, también puedo recibir los suyos".

Mine dio un paso atrás, visiblemente incómoda. "Espera, espera… ¿Quieres decir que puedes leer nuestras mentes?". Preguntó con una mezcla de asombro y asco.

Onyx negó suavemente. "No de manera invasiva. Yo no quiero hurgar en los pensamientos de alguien sin su consentimiento". La Teigu se tomó un momento para hablar para si mismo, sin que nadie lo oyera. "A menos que sea necesario". Onyx continuó hablando para todos. "Solo puedo recibir información si la persona está dispuesta a compartirla o si establece una conexión conmigo". El Teigu anunció a todos. Y aunque estaba mintiendo en éso, lo hacía por una buena razón.

Para Onyx todavía no le generaban mucha confianza estas personas. Por éso, les decía éso. Esperaba que al menos, diciéndoles eso, trataría de sonar al menos humilde. Pero la francotiradora no pensó éso. En lo más absoluto.

"¡Eso sigue siendo horrible!". Exclamó Mine, abrazándose a sí misma con visible incomodidad. A pesar de tener el brazo vendado, no dejó de frotarse como si intentara limpiarse de algo invisible. "¡Eso es casi una invasión de mi espacio personal!". Pensó en su mente la pelirosada.

Onyx inclinó levemente su estructura, como si intentara mostrar calma. "Tranquila, Portadora del Teigu Pumpkin. No hay razón para sentirse así".

Mine lo fulminó con la mirada. "No hagas eso". Espetó con voz molesta.

"¿Hacer qué?". Preguntó Onyx con fingida inocencia.

"Leer mi mente". Mine apretó los puños. "¡No quiero que lo hagas!. ¡No me gusta eso!".

"Solo lo hice para calmar tus dudas y temores. No hay necesidad de alarmarse". Respondió Onyx, con un tono que rozaba la diversión.

"¡Pues me importa un carajo!". Mine apuntó un dedo acusador hacia él. "¡Esa habilidad que tienes es asquerosa!. ¡No, no solo es asquerosa!. Dijo ella mientras miraba con más asco a la Teigu. "¡Es molesto, es grosero y además es…!".

"¡Muy útil!". Interrumpió Leone con una gran sonrisa.

Mine se giró hacia ella con incredulidad y horror. "¿Qué dijiste?".

"Dije que es muy útil". Repitió Leone con entusiasmo. "A ver, Onyx, ¿En qué estoy pensando?".

Onyx se centró en la rubia por un instante antes de responder. "Quieres tomar cerveza". Afirmó sin dudar. "Pero no cualquiera, sino la misma que hice ayer. ¿Me equivoco?".

Leone se echó a reír. "¡Sí, exacto!. Y ya que estamos en eso…". Sacó de sus prendas una taza vacía y la puso frente a la Teigu. "¿Podrías hacerme el favor?".

Onyx la miró y asintió con comprensión. "Por supuesto".

Sin perder tiempo, un rayo de energía salió de la punta de la espada y envolvió la taza. En menos de un segundo, el recipiente se transformó en una jarra llena de cerveza helada.

Leone sonrió de oreja a oreja. "¡Oh, sí. De éso hablaba. Ahora me caes aún mejor, Onyx!". Exclamó antes de empezar a beber sin reservas.

"Me alegra escuchar éso, Portadora del Teigu Lionel". Respondió Onyx con un leve tono de diversión.

Akame dio un paso adelante. "Onyx, ¿Qué estoy pensando?". Preguntó con su característica seriedad.

Onyx la observó por un momento antes de responder. "Usted, quiere comer carne. Mucha, mucha carne".

Akame asintió, satisfecha con la respuesta. "Así que, así es como tú y Tatsumi se comunican… a través de la telepatía". Dijo, girándose hacia el castaño.

Tatsumi se sorprendió por lo rápido que lo había deducido. "Sí, exacto. Así es como nos comunicamos".

Lubbock parpadeó, sorprendido y también comprendiendo ése hecho. "Espera… entonces, cada vez que Tatsumi hablaba solo…". Se giró lentamente hacia Onyx. "…en realidad, estaba hablando contigo".

"En efecto". Confirmó la Teigu.

Sheele levantó un dedo, pensativa. "Entonces… ¿Eso significa que Tatsumi no estaba loco?".

Akame asintió con firmeza. "No, Sheele. Tatsumi no estaba loco, solo hablaba con Onyx".

"¡Pero eso no tiene sentido!". Exclamó Mine, incrédula y con una evidente expresión de escepticismo. "Si Tatsumi hablaba con esa Teigu, ¿Cómo es que ninguno de nosotros lo pudo escuchar antes?".

La cuestión flotó en el aire por un breve instante antes de que Onyx la disipara con su respuesta bien planteada. "Eso se debe, a que cuando conocí a mi portador por primera vez, establecí un vínculo psíquico con él, lo suficientemente profundo como para que solo Tatsumi pudiera escucharme". Explicó la Teigu con su tono impasible. "Hasta ahora".

Lubbock frunció el ceño y cruzó los brazos mientras procesaba la información. "¿Un enlace psíquico?". Habló en voz baja, entrecerrando los ojos en concentración. Entonces, una idea surgió en su mente y alzó la vista hacia la espada flotante. "Espera... si Tatsumi era el único que podía oírte y ahora nosotros también podemos hacerlo, eso significa que... ¿Has hecho un enlace psíquico con todos nosotros?".

"Exactamente, portador del Teigu Cross Tail". Confirmó Onyx. "De hecho, lo hice en el mismo instante en que desaté mi onda expansiva".

El impacto de aquellas palabras se sintió en la habitación como un latigazo de electricidad invisible. El silencio se hizo denso, como si una brisa gélida se hubiera deslizado entre ellos. Mine sintió un escalofrío recorrer su espalda y su expresión pasó del asco, a un disgusto aún más grande del que ya sentía, en cuestión de segundos.

"¡Espera un momento!". Espetó, dando un paso al frente con el puño apretado. "¿Estás diciendo que hiciste algo en nuestros cuerpos sin nuestro consentimiento?. ¡Eso es repugnante y encontra de nuestra voluntad!".

Onyx flotó levemente en su dirección, su brillo etéreo reflejando la intensidad del momento. "No hay razón para alarmarse, portadora del Teigu Pumpkin". Dijo con calma. "Este enlace no causa ningún daño ni altera sus pensamientos. Simplemente me permite comunicarme con ustedes de una forma más eficiente".

"¡No me importa!". Replicó Mine, girandose hacía un lado, dándole la espalda, con una expresión de absoluto rechazo. "No quiero que una espada flotante se meta en mi cabeza sin mi permiso. ¡Eso es una violación de mi privacidad!".

Najenda, quien había permanecido en silencio, también sintió una punzada de desagrado. Aunque hasta el momento Onyx no parecía tener malas intenciones, la idea de haber sido afectados sin su conocimiento no era precisamente alentadora. Pero aún así, se mantuvo calmada. Al menos, la Teigu no mostró un deseo de hacer ésto con malas intenciones.

Sheele, que hasta entonces había seguido la conversación con su habitual expresión distraída, levantó un dedo y miró hacia el techo. "Creo que me perdí en alguna parte…". Comentó, ladeando la cabeza. "Onyx, ¿Puedes explicarlo otra vez, pero que sea más sencillo de entender?".

Onyx dejó escapar un suspiro casi imperceptible, pero su tono se mantuvo paciente. "Por supuesto, portadora del Teigu Extase". Respondió, flotando de un lado a otro. "Verán, no tengo boca, ojos, rostro o un cuerpo humano que me permita comunicarme de forma convencional. Así que, la mejor manera de que puedan escucharme es a través de sus mentes".

Los presentes intercambiaron miradas, asimilando sus palabras.

"Aunque también puedo hablar a través de la gema del pomo de mi empuñadura". Agregó Onyx. "Pero prefiero comunicarme mentalmente. De esa forma, nadie más podrá detectarme".

Sheele parpadeó un par de veces, antes de asentir lentamente. "Oh… ya entiendo". Dijo con una sonrisa ligera.

El resto de Night Raid la miró con asombro, como si acabara de presenciar un milagro. ¿Sheele realmente había comprendido algo a la primera?. Era casi tan impactante e impresionante, como la revelación de Onyx.

Mine también lo notó. Pero debido a lo que sentia por esta Teigu. No pudo darle mucha importancia. Ahora mismo, la pelirosada sintió una mezcla de disgusto y molestia recorriéndole el cuerpo. Desde que Onyx había revelado su habilidad de leer la mente, una sensación de incomodidad persistía en su pecho. Lo que más le molestaba no era solo el hecho de que la Teigu tenía la capacidad de leer sus pensamientos, sino que parecía disfrutar provocándola. Y lo peor de todo, era que el resto del equipo no parecía tan perturbado como ella. Leone incluso se divertía con la situación. ¿Como podía ella considerar ésto divertido?.

Con los brazos cruzados y la mirada clavada en el suelo, soltó un resoplido. "Bien, Onyx...". Comenzó con sarcasmo, sin molestarse en voltear a ver a la espada flotante. "Termina con esto de una vez. Háblanos de esa habilidad tuya, la de cambiar de forma o lo que sea...". Su voz estaba impregnada de fastidio.

Onyx flotó un poco más cerca, sintiendo satisfacción por la reacción de la francotiradora. "Será un placer, portadora del Teigu Pumkimp". Respondió con una calma calculada. Luego, hizo una leve pausa antes de agregar lo siguiente. "Pero le sugiero que se voltee para pueda verme mejor, cuando lo muestre mi habilidad".

"No me interesa". Mine hizo un ademán con la mano sin girarse. "Solo hazlo y acabemos con esto de una vez".

Algunos de los presentes soltaron pequeñas risas ante su actitud testaruda. Era fácil entender por qué estaba tan molesta, pero eso no hacía que su comportamiento fuera menos gracioso para los demás. Leone, en particular, tenía una sonrisa divertida en el rostro mientras bebía de su jarra.

Onyx no insistió más. En su lugar, flotó hasta ubicarse frente a su portador. "Ha llegado el momento, Portador". Susurró solo para el castaño.

Tatsumi asintió, entendiendo perfectamente. Sujetó la espada con ambas manos, sintiendo el ligero pulso de energía recorrer su empuñadura. Esta era la última habilidad de Onyx. La más poderosa. La que realmente diferenciaba a esta Teigu de cualquier otra. Y, en el fondo, una pequeña parte de él temía la reacción de sus compañeros. ¿Cómo la interpretarían?. ¿Se asustarían?. ¿La verían como un milagro o como una amenaza?. El no lo sabía con exactitud. Y aunque una parte de él, le decía que no lo hiciera. Que debía hacerlo en otro momento. Otra parte de él, no estaba deacuerdo. Para esa parte de él, ya no había vuelta atrás. Era ahora, o nunca.

Tatsumi respiró hondo y alzó la voz. "Todos por favor, presten atención todos".

Los miembros de Night Raid lo miraron con expectación, incluso Najenda, que hasta ahora había permanecido en completo silencio, analizando cada palabra y acción con ojo crítico.

Todos estaban atentos… salvo Mine, quien seguía sin girarse.

Sin embargo, eso no detuvo a Tatsumi. Levantó a Onyx con firmeza y la puso frente a todos. Con una expresión seria y una voz firme, dijo. "¡Ahora, Onyx, transfórmate!".

La gema de Onyx brilló con intensidad, emitiendo una luz densa y concentrada. A diferencia de las otras veces, donde la energía se liberaba de forma errática, esta vez el resplandor era contenido, controlado. Un resplandor que parecía latir como si la Teigu poseyera un corazón propio.

La luz se expandió unos segundos y luego comenzó a disiparse. Y cuando lo hizo…

Onyx ya no tenía la forma de una espada. Sino... de otra cosa.

Los ojos de todos se abrieron como platos. Un escalofrío recorrió la sala mientras sus mentes procesaban lo que estaban viendo.

Leone dejó caer su jarra vacía al suelo, rompiéndose en miles de pedazos, con un ruido sordo. Akame frunció el ceño, sorprendida pero alerta. Lubbock se inclinó ligeramente hacia adelante, como si necesitara asegurarse de que lo que veía era real. Sheele estaba con la boca abierta, mientras su manos estaban frente a au boca. Incluso Najenda, la siempre impasible líder de Night Raid, se quedó completamente en silencio, sus ojos ligeramente ensanchados en una expresión poco habitual en ella.

Era una Teigu.

Una que todos reconocían al instante.

Una que jamás esperaron ver así, frente a ellos.

Najenda fue la primera en recuperar la voz. "Imposible…". Habló en un tono bajo, pero lo suficientemente claro como para que los demás la escucharan.

Tatsumi sonrió levemente, complacido por las reacciones de sus compañeros. Era justo la clase de impacto que esperaba.

Respiró hondo y con voz firme anunció. "Compañeros de Night Raid… les presento la última habilidad de mi Teigu, Onyx".

El arma recién transformada brilló levemente y, por primera vez en la mañana, Onyx habló con orgullo evidente en su tono. "Miembros de Night Raid… mi última habilidad es esta…". Hizo una pausa dramática antes de continuar. "Mi habilidad de poder transformarme en cualquiera de las otras 48 Teigu".

Silencio.

Absoluto y abrumador silencio.

Se podía sentir el peso de la sorpresa en el aire. Era una habilidad que ninguno de ellos, ni en sus sueños más descabellados, habría imaginado posible.

Lubbock fue el primero en recuperar el habla. "Espera, espera, espera… ¿Me estás diciendo que puedes replicar y transformarte en cualquier otra Teigu?".

"Así es". Onyx confirmó sin titubeos.

"Eso es…". Lubbock pasó una mano por su cabello, intentando procesarlo. "¡Eso es una locura!".

Leone, que aún estaba en shock, se recuperó lo suficiente para dejar salir una carcajada de asombro. "¡Maldita sea, Tatsumi, eso es increíble!".

Sheele sentada en su silla de ruedas, puso sus manos en su cara mientras miraba con los ojos bien abiertos la Teigu que estaban frente a ellos. "Es... es... asombroso".

Akame, aunque más reservada, observó la nueva forma de Onyx con ojos críticos. "¿Cuánto tiempo puedes mantener la transformación?".

"El tiempo que yo quiera". Respondió Onyx con calma. "Aunque, cuánto más compleja y poderosa sea la Teigu que copie, más energía necesitaré para transformarme y adoptar sus poderes".

Najenda apoyó los codos sobre la mesa y entrelazó los dedos. Su expresión había recuperado su seriedad habitual, pero cualquiera que la conociera bien sabría que estaba profundamente intrigada. "Esto cambia muchas cosas…".

Mine, quien hasta ese momento se había mantenido obstinadamente sin voltear, finalmente lo hizo. No porque realmente quisiera, sino porque sus compañeros comenzaron a hablar con un tono de sorpresa inusual. Ella solo deseaba acabar con esta reunión absurda e ir a comer su desayuno en paz, pero la reacción del grupo la inquietó.

Cuando por fin giró la cabeza, sus ojos se posaron inmediatamente en lo que Tatsumi sostenía frente a todos. Su expresión no reflejaba asombro como la del resto, sino confusión total.

"¿Qué haces con mi Teigu, Tatsumi?". Preguntó Mine, frunciendo el ceño.

El silencio se hizo presente. Todos se giraron a verla, incluso Tatsumi y Onyx. La sorpresa se dibujó en sus rostros. En efecto, la forma que había adoptado Onyx no era otra que Pumpkin, el arma que pertenecía a la francotiradora de Night Raid.

Onyx había elegido esta transformación con la intención de sorprenderla, y vaya que lo había conseguido.

"No, Mine. Te equivocas". Respondió Tatsumi con firmeza, señalando el arma en su mano. "Esta no es tu Teigu. Es Onyx".

Los ojos de Mine se abrieron de par en par. Su mente se negaba a aceptar esa afirmación, y Onyx lo notó. Así que, sin perder más tiempo, decidió disipar sus dudas de la manera más efectiva posible.

Otro resplandor envolvió la Teigu, y en cuestión de segundos, su forma cambió de nuevo.

Esta vez, la transformación dejó a todos aún más sin aliento.

En la mano de Tatsumi ya no estaba Pumpkin, sino Murasame.

El impacto fue inmediato. Todos los presentes se quedaron boquiabiertos. Pero quien más reaccionó fue Akame. Sus ojos se afilaron al ver la silueta de su propia Teigu en manos de Tatsumi. Sin vacilar, dio un paso adelante y lentamente desenvainó su Murasame, no con intención de atacar, sino para confirmar algo.

Tatsumi notó su movimiento y con comprensión en su acción, bajó un poco la espada para facilitar la comparación. Akame se acercó hasta que ambas armas quedaron a la misma altura. Sus ojos entrenados recorrieron cada centímetro de la hoja. La forma, la textura, la empuñadura, el filo... todo era idéntico. Era una copia perfecta, una reproducción en cada mínimo detalle. Incluso el peso y el equilibrio parecían coincidir.

"Esto es increíble...". Susurró Akame, con una incredulidad poco habitual en su tono de voz.

"Y bien, Akame...". La voz de Najenda rompió el silencio. Con su único ojo visible, miró a la asesina esperando su veredicto. "¿Qué dices?".

Akame levantó la vista hacia su líder, ya sin la seriedad monótona de siempre. Su expresión estaba impregnada de genuino asombro. "Son iguales". Confirmó, aún sin poder creerlo.

Najenda cerró su ojo por un momento, reflexionando. La confirmación de Akame disipó cualquier duda que le quedaba. Lo que Onyx decía era verdad y real. Podía transformarse en otras Teigu. Y si podía imitar su forma... ¿También podía replicar sus habilidades?. Un Teigu capaz de adaptarse y cambiar a voluntad, tomando el poder de otros... El potencial era inmenso. Pero al mismo tiempo, la idea le resultaba muy inquietante.

Y mientras Najenda procesaba las implicaciones de esto, los demás estaban sumidos en sus propios pensamientos. Tatsumi y Onyx, por su parte, se sentían aliviados. Al fin habían revelado el secreto que llevaban guardando tanto tiempo. Era una sensación de liberación. Como si un peso enorme hubiera sido removido de sus hombros.

Los demás estaban aturdidos. Algunos seguían asimilando la información, mientras otros ya fantaseaban con las posibilidades de la nueva Teigu frente a ellos. Sin embargo, no todos compartían ese sentimiento.

Mine, quien había permanecido en shock ante la transformación, finalmente reaccionó. Su incredulidad dio paso a algo más fuerte.

"¡¿Cómo hiciste eso?!". Gritó, con una mezcla de enojo y pánico en su voz.

Su repentino estallido hizo que todos se voltearan a verla. Tatsumi y Onyx se sorprendieron por la intensidad de su reacción. Pero, sin que nadie lo supiera, la razón detrás de su ira era otra. Mine, por haber estado tan abstraída en su propio mundo, había ignorado completamente la explicación de Onyx. No tenía ni idea de lo que estaba pasando realmente.

Y Onyx detectó esto al instante, y su respuesta ante ésto, fue calmada, pero con un inconfundible matiz burlón.

"Creo que eso ya lo mencioné, portadora del Teigu Pumpkin". Respondió la Teigu con tranquilidad. "Quizás podría repetirlo para usted...". La hoja se inclinó levemente hacia adelante, como si el arma estuviera observándola con diversión. "Pero, para la próxima vez... le sugiero que preste más atención".

Mine sintió un escalofrío recorrer su espalda. Aunque no estaba del todo segura, presentía que esa Teigu se estaba burlando de ella. Y eso la enfureció.

Apretó el puño y dirigió una mirada llena de furia hacia Onyx. Tatsumi, sosteniéndolo aún en sus manos, sintió la tensión en el aire. Rascándose incómodamente la cabeza, miró a ambos con nerviosismo.

Leone y los demás miembros también notaron la creciente hostilidad y decidieron intervenir antes de que la situación escalara más.

"Tranquila, Mine". Dijo Leone, colocando una mano en su hombro para calmarla. "No hay necesidad para que te pongas así".

"Si, Mine. Estoy segura que Onyx no trató de ser grosero". Sheele habló acercándose con su silla de ruedas.

Mine al escucharlos respiró hondo, tratando de relajarse, pero aún sentía su orgullo herido. Onyx, por su parte, permanecía impasible, como si disfrutara de la situación. Tatsumi solo observó ésto con una sonrisa nerviosa, pero amable. Al menos, las cosas irían bien, de ahora en adelante.

Lubbock avanzó unos pasos, acercándose a las dos mujeres. "Mine, deberías tranquilizarte". Su tono era calmado, pero firme. "Entiendo que estés molesta, pero creo que no estás viendo el panorama completo".

Sus palabras resonaron en la sala, captando la atención de todos, incluso la de Tatsumi y Onyx, quienes intercambiaron una rápida mirada.

"¿De qué demonios estás hablando, Lubbock?". Mine lo miró con el ceño fruncido, cruzándose de brazos.

Lubbock sonrió. "Lo que trato de decir es que Onyx será extremadamente útil para nosotros".

Mine parpadeó, sin captar del todo su punto. Pero Leone y Sheele lo entendieron al instante.

"Tienes razón, Lubbock". La sonrisa de Leone se amplió, mostrando ese brillo salvaje en sus ojos. "Onyx podría cambiarlo todo para nosotros de aquí en adelante".

"Exactamente". Sheele entrelazó las manos, su rostro mostrando una rara expresión de emoción. "Con Onyx y su habilidad, podríamos desmantelar el Imperio mucho más rápido".

El resto del grupo comenzó a intercambiar murmullos entre ellos, discutiendo cómo Onyx podría convertirse en la clave de la victoria para Night Raid. Sin embargo, Akame permanecía en silencio, con su expresión imperturbable, aunque en su interior, no parecía compartir el mismo entusiasmo que los demás. Najenda, por su parte, seguía sumida en sus pensamientos, tratando de evaluar las implicaciones de lo que había presenciado.

Tatsumi observó a su alrededor, notando el entusiasmo que creció en la sala. "Parece que les ha gustado lo que puedes hacer, Onyx". Dijo mentalmente con una sonrisa.

"Lo veo, Portador". La voz del Teigu resonó en su mente, con un tono casi divertido. "Y debo admitir que me agrada que me reconozcan por mi capacidad".

Tatsumi asintió. "La verdad, yo pensé que tu habilidad los intimidaría un poco más".

"Algunos sí parecen algo tensos, pero la mayoría está demasiado emocionada por las posibilidades". Sin embargo, la voz de Onyx bajó de tono. "Aunque algo me inquieta... siento que hay una matiz extraña, en ese entusiasmo que muestran, que no me gusta".

El castaño lo escucho, asombrado por lo que dijo su compañero. Pero antes de que Tatsumi pudiera preguntar a qué se refería, Mine levantó la voz, interrumpiendo la conversación mental entre ellos.

"¡Alguien puede explicarme de una vez, por todas, ¿De qué están hablando?!". Su ceño fruncido y la frustración en su voz dejaban claro que se sentía perdida en la discusión. "¿Cómo demonios esa cosa puede ayudarnos?".

Leone fue la primera en responder. "Mine, tú deberías haber sido la primera en entender de estás hablando". La rubia señaló a Onyx, que aún estaba en la mano de Tatsumi. "Nos hemos ganado la lotería con este Teigu". Su sonrisa se torció en algo casi animal.

Mine frunció el ceño. "Aún no entiendo. ¿En que sentido nos puede ayudar que esta "cosa", se pueda transformar en otras Teigus?".

Lubbock suspiró y adoptó una postura relajada, como si estuviera a punto de explicar una estrategia compleja. "A ver, te lo explicaré paso por paso. Onyx puede copiar cualquier Teigu, ¿cierto?". Esperó a que todos asintieran antes de continuar. "Entonces, si puede copiar Teigus, eso significa que podemos usarlo para replicar habilidades poderosas sin necesidad de arriesgarnos demasiado. Con un arma así de nuestro lado, podríamos derribar el Imperio de una vez por todas".

Las palabras de Lubbock hicieron eco en la sala. Tatsumi y Onyx, los escucharon y compartieron otra mirada, pero esta vez, era algo incómoda.

"Portador, ya no me gusta hacia donde va esto". Dijo Onyx mentalmente, ahora mostrando más incomodidad y desconfianza.

"Tampoco me gusta ésto, amigo. Pero espera un poco, talvez, todo ésto tenga una explicación". Tatsumi trató de mantener la calma, aunque por dentro, sentía una creciente incomodidad, como lo sentía Onyx.

Finalmente, Mine pareció captar la idea. "Oh... Ahora lo entiendo". Asintiendo con la cabeza, aunque su expresión seguía mostrando algo de disgusto. "Aún así, no me gusta que esa cosa pueda leer mi mente".

Leone soltó una carcajada. "Vamos, Mine, piénsalo bien. Esta es la oportunidad de nuestras vidas". Sus ojos brillaron con una mezcla de excitación y ansia. "Con Onyx, no solo podremos acabar con esos tontos guardias y oficiales imperiales... Sino que podremos por fin matar a Budo y a esa perra de hielo".

El impacto de esas palabras golpeó a Tatsumi como una ola helada. ¿Esdeath?. Su mente volvió a aquel barco, a la misión que tuvo con Bulat. Ya había oído su nombre antes, pero no sabía casi nada sobre ella. Y ahora, aparecía de nuevo, esta vez junto a otro nombre, Budo. ¿Quién era él?. Todo esto le generaba una confusión que no podía poner en palabras.

Pero mientras Tatsumi intentaba procesar lo que había escuchado, Onyx estaba enfocado en algo más.

El tono con el que hablaban de él. Como si fuera una herramienta. Un medio para un fin. Eso le molestó. Había sentido algo extraño en su entusiasmo, y aunque no lo entendía muy bien. Pensó que, para ellos, él no era un aliado, ni siquiera un arma con voluntad propia. Lo estaban viendo como una máquina de matar. La incomodidad de Onyx creció, aunque no quería pensar éso de ellos. Una parte de él le estaba diciendo que éso era lo que querían de él. Pero, no podía estar seguro. Por lo que, decidió hacer algo. Pero, cuando intentó leer los pensamientos de Leone, solo para confirmar sus sospechas.

Justo antes de que pudiera profundizar en su mente, la rubia habló de nuevo. "Con Onyx, podremos matar al Primer Ministro, a Budo y a Esdeath...". Sus nudillos crujieron cuando entrelazó los dedos. "Y lo haremos de la manera más lenta y dolorosa posible".

Tatsumi y Onyx sintieron un escalofrío de horror recorrer sus cuerpos. Esas palabras los dejaron en shock. Y no era solo por el objetivo en sí... sino por la frialdad con la que fueron dichas. Y lo peor... era que lo dijeron frente a ellos. Cómo si estuvieran deacuerdo con todo ésto. Cosa que no era, ni lo más remotamente cierto, y ellos lo iban a saber ahora mismo.

A pesar del entusiasmo de Leone, Mine no pudo evitar sentirse recelosa. Moviendo su brazo, con su característica actitud desafiante, aunque esta vez había un aire de reflexión en su postura.

"Aún así, debemos ser precavidos. No podemos hacer algo sin tomar en cuenta las consecuencias". Dijo, colocando su brazo sano en la cintura. Sus ojos escudriñaban a sus compañeros, tratando de evaluar si realmente estaban comprendiendo la gravedad del asunto.

Leone soltó una risa despreocupada y se encogió de hombros. "Vamos, Mine. Relájate. Lo único que tenemos que hacer es enfrentarnos a ellos y luego Onyx podrá eliminarl...". Pero antes de que pudiera terminar su frase, un estruendo invisible se sintió en la sala, como si una energía reprimida hubiera estallado.

La voz de Onyx resonó con una intensidad que nadie había escuchado antes.

"¡Me niego!". Rugió la Teigu.

El impacto fue inmediato. Todos se giraron al instante, incluso Najenda y Akame, quienes hasta ese momento habían permanecido calladas. Sus miradas se clavaron en Tatsumi, quien aún sostenía la empuñadura de Onyx. Pero lo que realmente llamó la atención fue la expresión de Tatsumi. Su rostro estaba marcado por una seriedad inquebrantable y un enojo contenido que rara vez mostraba.

Mine fue la primera en reaccionar. Frunciendo el ceño, dio un paso adelante. "¿Qué dijiste?". Preguntó, sin un atisbo de miedo en su voz, pero sí con una visible falta de comprensión.

"Dije que no voy a hacer eso". Repitió Onyx con la misma firmeza. "¡No quiero matar a nadie!".

El silencio que siguió fue sofocante. La sorpresa inicial pronto dio paso a la confusión. Desde que Onyx se había manifestado, su voz siempre había sido serena, tranquila, a veces incluso burlona. Pero ahora, esa voz estaba cargada de furia, de una pasión que nadie esperaba de una Teigu. Era algo extraño, casi desconcertante.

Lubbock, quien hasta entonces había permanecido en la retaguardia, finalmente habló. "Pero... ¿por qué?". Preguntó, tratando de darle sentido a la reacción de Onyx. "Somos asesinos, es nuestro trabajo eliminar al Imperio. ¿Por qué te niegas a ayudarnos con matar a nuestros enemigos?".

Onyx soltó una risa amarga. "¿Por qué? Porque es horrible... desagradable... y no lo quiero hacer". Respondió, con un tono que dejó claro que estaba conteniendo su enojo.

Leone intentó acercarse con su habitual actitud despreocupada. "Oh, vamos, Onyx. No es tan malo, solo tienes que concentrarte y luego..."

"Tal vez para usted no sea tan malo, Portadora del Teigu Lionel, pero para mí, sí lo es". Onyx la interrumpió con frialdad, deteniendo su avance. "No quiero usar mis poderes para matar o lastimar a nadie".

La actitud de Leone cambió al instante. Su sonrisa desapareció y su expresión se volvió mucho más seria. Cruzó los brazos, mostrando una mezcla de molestia y decepción. No fue la única. Lubbock miró hacia el suelo, metiendo las manos en los bolsillos con frustración. Mine chasqueó la lengua, mostrando fastidio, mientras su mirada dejaba entrever una ligera desilusión. Onyx observó esas expresiones y no le gustó lo que vio. No era miedo, ni enojo, sino algo peor. Era la expresión de personas que lo veían como una herramienta, no como un ser consciente.

Sheele, sin embargo, no compartía esa reacción. En su rostro solo había confusión genuina. "Pero, Onyx... no entiendo. ¿Por qué no quieres matar como nosotros?"

La pregunta resonó en la mente de Tatsumi y en la de su Teigu. Onyx sintió cómo la ira volvía a burbujear en su interior, pero antes de que pudiera responder, Tatsumi lo hizo por él.

"Porque eso iría en contra del propósito de Onyx, Sheele". La voz de Tatsumi fue firme, pero contenida. Aunque también estaba molesto, trataba de mantener la calma.

La confusión se extendió entre sus compañeros. Incluso Akame, parecía confundida. Onyx, por su parte, sintió cómo su enojo comenzaba a disiparse. El apoyo de su portador le dio una tranquilidad inesperada.

Fue en ese momento cuando Najenda, quien había permanecido reflexionando en silencio, decidió intervenir.

"Tatsumi". La líder de Night Raid habló con su tono sereno pero autoritario. "Dinos, ¿Cuál es el propósito de Onyx".

Tatsumi la miró y, antes de responder, consultó con su Teigu en su mente."Onyx, ¿Quieres que hable yo o prefieres hacerlo tú?".

"Hágalo usted, Portador". Respondió Onyx, con un tono más calmado. "Podría hacerlo yo, pero después de lo que acabamos de escuchar, no creo poder hablar sin gritar".

Tatsumi sonrió levemente. "De acuerdo, amigo. Yo me encargo. Descansa un poco".

"Gracias". Susurró Onyx, con un alivio palpable.

Con determinación, Tatsumi dio un paso adelante. Bajó ligeramente la empuñadura de Onyx y, en respuesta, la Teigu dejó su forma de Murasame para volver a su estado original.

Todos observaron en silencio, esperando su explicación. Y Tatsumi se las iba a dar.

"Escuchen, todos". Tatsumi habló con voz firme y segura, su mirada reflejaba seriedad, pero también respeto hacia sus compañeros. "Onyx no es un arma para matar. Su propósito nunca fue arrebatar vidas, como otras Teigus que ustedes han visto".

Un silencio denso se apoderó del lugar. Las palabras del castaño dejaron a todos con expresiones de confusión.

"Entonces, ¿Cuál es su propósito, Tatsumi?". Preguntó Akame con su tono característico, carente de emociones, pero con una curiosidad genuina.

Tatsumi la miró a los ojos y respondió sin titubear. "Su verdadero propósito, Akame, es protegerme".

Mine frunció el ceño. "¿Protegerte?". Repitió con incredulidad. "¿De qué exactamente?".

Tatsumi suspiró y respondió con determinación. "De todo...". Hizo una pausa, asegurándose de que sus palabras fueran comprendidas. "De cualquier cosa que intente hacerme daño".

Las palabras del joven parecieron resonar en el aire, pero aún no terminaban de convencer al grupo. Se notaba en sus rostros que todavía no comprendían completamente lo que significaba.

Tatsumi decidió ser más claro. "Miren, Onyx no fue creada como una simple arma de batalla. No es como las otras Teigu diseñadas para destruir o asesinar". Hizo una breve pausa, viendo las reacciones de sus compañeros como para tratar de calmarse despues de haber dicho esas palabras tan fuertes. "Su propósito original era proteger a su portador y, en el pasado, al Imperio mismo".

Los miembros de Night Raid abrieron los ojos con sorpresa.

"¿Así que Onyx no es un arma de combate sino una de defensa?". Najenda preguntó, reflexionando sobre lo que acababa de escuchar.

Tatsumi asintió con firmeza.

Najenda cerró los ojos por un momento, procesando la información. En el fondo, sentía un alivio inesperado. La idea de que una Teigu con habilidades tan poderosas y versátiles no estuviera diseñada exclusivamente para matar le daba cierto grado de tranquilidad. Era un arma temible, sí, pero si su propósito era proteger, quizás el riesgo de que se descontrolara podría ser menor. O casi, nula.

Sin embargo, no todos parecían compartir ese sentimiento y pensamientos.

Lubbock soltó un suspiro, sacó sus manos de sus bolsillos de su abrigo verde y puso las manos detrás de su cabeza. "Bueno, si ese es su propósito, no podemos hacer nada. Supongo que tendremos que aceptarlo". Habló sonriendo. Aunque sus palabras sonaban razonables, su tono transmitía decepción.

Leone, quien hasta ahora había permanecido en silencio, siguió cruzando sus brazos y sonrió con resignación. "Vaya desperdicio". Dijo, negando con la cabeza. "Pero bueno, qué se le va a hacer".

Mine fue aún más directa en expresar su descontento. Con una mueca de fastidio, se llevó la mano sana a la cabeza. "Ya me imaginaba que una Teigu tan poderosa debía tener algún defecto". Se acomodó un poco el brazo herido y agregó con sarcasmo. "Al final, tenemos dos pacifistas en el equipo". Miró de reojo a Tatsumi y luego a la espada flotante, claramente refiriéndose a ambos.

De entre todos, Sheele y Akame eran las únicas que no mostraban decepción.

Sheele, aunque todavía intentaba comprenderlo del todo, no parecía molesta. Su rostro reflejaba confusión más que otra cosa.

Akame, por otro lado, mantenía su expresión imperturbable. Sin embargo, en su mirada había una leve chispa de comprensión. No era algo que se viera reflejado en su rostro, pero por dentro parecía aceptar el propósito de la Teigu.

Onyx, en cambio, sí podía sentir lo que los demás pensaban de él. Y no le gustaba mucho éso.

Tatsumi también lo notó. Incluso con lo bajo que hablaban, podía escuchar claramente los susurros de decepción. Y aquello lo hizo hervir por dentro. Apretó los dientes, tratando de contener su enojo. ¿Realmente pensaban que Onyx no servía o los ayudaría a ellos, solo porque no mataba?. La frustración creció dentro de él. Entendía que Night Raid era un grupo de asesinos, que su lucha requería eliminar a sus enemigos. El entendía y respetaba, hasta cierto punto éso. Pero escuchar la decepción en sus voces, ver la forma en que miraban a Onyx, como si fuera una herramienta defectuosa, le resultaba insoportable. Casi, era un puro insulto.

Onyx también lo sintió. Y, queriendo demostrar su valor, decidió actuar. De repente, la espada se liberó de la mano de Tatsumi y comenzó a levitar frente a todos.

El castaño se sobresaltó por ésto. "¿Onyx?. ¿Que hacés?". El intentó reaccionar para atraparlo, pero la voz de la Teigu resonó en su mente.

"Tranquilo, Portador. Déjeme hacer esto".

Tatsumi dudó un momento, pero luego asintió. Confiaba en Onyx. Si su compañero quería demostrar algo, él lo apoyaría.

La espada flotó lentamente hasta situarse en el centro de la habitación.

"Miembros de Night Raid". La voz de Onyx resonó con claridad en toda la sala. Ya no hablaba con enojo, ni frustración, sino con calma, pero también con una firmeza inquebrantable. Sus palabras exigieron atención. "Sé que muchos de ustedes creen que, si no puedo matar, entonces no podré serles de ayuda en su misión contra el Imperio".

Un silencio pesado cayó sobre los presentes. Onyx hizo una pausa, permitiendo que sus palabras se asentaran en las mentes de los asesinos que lo rodeaban. "Y puede, que tengan razón".

Las miradas de sorpresa se multiplicaron en la habitación. Nadie esperaba que la propia Teigu admitiera algo semejante. Sin embargo, Tatsumi, aunque sorprendido, se contuvo de hablar. Algo en su interior le decía que Onyx no había terminado de hablar. Akame tampoco mostró reacción alguna; su mirada afilada se mantuvo fija en la espada flotante, esperando.

Onyx continuó hablando. "Pero también siento que ustedes no están del todo en lo correcto".

El asombro incrementado se reflejó en los rostros de todos los presentes, excepto en Tatsumi y Akame. Ellos dos, aunque por razones distintas, parecían comprender lo que Onyx intentaba transmitir. Tatsumi ya lo sabía, y Akame simplemente lo intuía. Sin embargo, ambos coincidían en que Onyx estaba en lo cierto.

La espada siguió hablando con una seguridad que no dejaba lugar a dudas. "Puedo ser de mucha ayuda en otras cosas. No solo en la batalla, sino en tareas mucho más importantes".

Mine cruzó los brazos y soltó un bufido con tono burlón. "¿Otras cosas?". Repitió con escepticismo. "Y dime, oh gran Teigu Onyx, ¿Qué otras cosas podrías hacer, si no puedes ayudarnos a matar a nuestros enemigos?". Preguntó de forma burlona.

En la mente de la pelirosada, la idea de que una Teigu que rehusara matar, incluso si éso significara cambiar el imperio, pudiera ser de alguna utilidad le resultaba ridícula. Pero, sin que ella realmente lo supiera, estaba a punto de descubrir cuán equivocada estaba.

Onyx se giró levemente en el aire, como si clavara su atención en la francotiradora. Su voz sonó serena, pero con un ligero matiz de ironía. "Para demostrarle eso, portadora de Pumpkin, necesitaré que tú y la portadora de Extase den un paso al frente y se coloquen cerca de mí".

Mine frunció el ceño. No le gustó el tono de la Teigu, pero su curiosidad pudo más que su orgullo. Y a regañadientes, avanzó un par de pasos y quedó frente a Onyx.

La espada entonces dirigió su atención a Sheele. "Ahora usted, portadora de Extase, acérquese".

Sheele, quien había permanecido callada, ladeó la cabeza con un aire distraído. "¿Yo?".

"Sí". Afirmó Onyx.

Sheele, con su habitual calma, comenzó a acercarse, moviendo su silla de ruedas. Sin embargo, antes de que pudiera llegar junto a Mine, la voz de la francotiradora la detuvo. "Espera, Sheele".

Sheele se detuvo de inmediato y miró a su amiga. Mine clavó su mirada rosada en la Teigu flotante. Había algo frío y afilado en su tono cuando preguntó. "Antes de que Sheele y yo estemos junto a ti, dime, ¿Qué planeas hacer?".

Había un claro matiz de desconfianza en su voz. No sabía exactamente qué esperar de Onyx, y no quería arriesgarse a una posible trampa. Que pudiera poner las a ambas en riesgo. Y más, si ponía a su gran amiga Sheele en riesgo.

Onyx lo notó, pero en lugar de molestarse, su voz sonó comprensiva e incluso con un leve matiz divertido. "Tranquila, portadora de Pumpkin. No les haré daño. Lo prometo".

Mine entrecerró los ojos. No parecía convencida, pero antes de que pudiera decir algo más, la voz suave de Sheele intervino. "Está bien, Mine. Confío en él".

Mine se giró hacia su amiga, sorprendida. "¿Tú... confías en él?".

Sheele asintió con una sonrisa tranquila. "Sí, después de todo, es la Teigu de Tatsumi. Si es su Teigu, entonces sé que no nos hará daño".

Tatsumi sonrió al escucharla. Sus palabras le hicieron sentir un calor reconfortante en el pecho. Onyx, por su parte, se sintió genuinamente feliz. De todos los miembros de Night Raid, Sheele era una de las pocas que toleraba más... y ahora también era la primera que confiaba en él. Y éso en verdad le gustaba.

Con la tensión reducida, Sheele volvió a reanudar su camino y se colocó junto a Mine. Ambas estaban ahora frente a Onyx.

Onyx flotó en el aire, su hoja plateada resplandeciendo con un brillo tenue. "Bien". Dijo con una voz serena pero firme. "Prepárense... y, por favor, no se asusten con lo que verán a continuación".

Las palabras de la Teigu hicieron que ambas mujeres reaccionaran de manera diferente. Sheele, se mantenía tranquila, simplemente inclinó la cabeza con curiosidad. Mientras que Mine, aunque intentaba mantener la compostura, sintió un escalofrío recorrer su espalda. No lo demostraría, pero algo en la situación la ponía en alerta.

Y entonces, sucedió, de la gema incrustada en el pomo de Onyx comenzó a brillar con una intensidad creciente. Al principio, el resplandor no causó mayor sorpresa entre los miembros de Night Raid. Ya habían presenciado antes la energía de la espada. Sin embargo, lo que ocurrió a continuación los dejó sin palabras.

Del corazón de la luz emergieron dos tentáculos de energía pura, blancos y resplandecientes, que se extendieron lentamente en el aire. Su movimiento era fluido, casi hipnótico, como si tuvieran vida propia.

Mine dio un paso atrás, su rostro reflejando una mezcla de asombro y repulsión. "¡Pero qué demonios son esas cosas!". Exclamó, sintiendo cómo su corazón se aceleraba.

Sheele, en cambio, observó con fascinación, sin rastro de miedo en su expresión. Para ella, aquello no era aterrador, sino interesante. Los demás también miraban en silencio, algunos con expresiones de sorpresa pero también de cautela. Najenda y Akame, siempre en guardia, no pudieron evitar tensarse ligeramente. Ninguno de ellos esperaba que Onyx pudiera hacer algo así. No conocer esta habilidad generó una sensación de incertidumbre en la mayoría.

Tatsumi, sin embargo, se mantuvo tranquilo. Para él, que había pasado tanto tiempo con Onyx, esto no era una sorpresa. Sabía que la espada no haría daño. Sino, todo lo contrario.

"Ahora". Onyx habló con calma mientras movía sus tentáculos de energía hacia las asesinas. "Portadoras de Pumpkin y Extase, verán de lo que soy capaz".

Las extremidades luminosas avanzaron lentamente hasta acercarse a ellas. La punta de uno de los tentáculos se detuvo sobre el brazo vendado de Mine, mientras que el otro se posicionó sobre la cintura de Sheele, donde sus heridas aún requerían, tiempo y cuidado, para sanar por completo. Pero éso pronto cambiaría.

Sheele siguió observando con atención, sin mostrarse preocupada. Mine, en cambio, sintió un nuevo escalofrío recorrer su cuerpo. Su instinto le gritaba que se alejara de ahí lo más pronto posible, pero luchó contra el impulso.

Onyx notando su miedo, se detuvo por un momento. Tatsumi, al ver ésto, decidió intervenir.

"Tranquila, Mine". Dijo el castaño con voz suave. "No te hará nada malo".

Las palabras de Tatsumi llamaron la atención de todos. La francotiradora giró los ojos hacia él, visiblemente contrariada. Pero al ver que todos parecían tranquilos, incluso Najenda, sintió que quizá estaba exagerando. Y contra su mejor juicio, decidió quedarse quieta.

Onyx captó la relajación parcial de Mine y, sin más demora, reanudó su movimiento. Lentamente, los tentáculos de energía hicieron contacto con sus cuerpos. Mine sintió un leve estremecimiento al notar la presencia, de éso, sobre su brazo. Mientras que Sheele simplemente parpadeó, expectante.

Entonces, la verdadera sorpresa ocurrió.

Desde la gema de Onyx, una energía suave y reconfortante fluyó a través de los tentáculos, transmitiéndose directamente a las heridas de ambas mujeres. Un calor agradable se expandió desde los puntos de contacto, invadiéndolas con una sensación de alivio. Era una sensación reconfortante, cálida, como si una corriente de luz las envolviera y protegiera.

Sheele, quien sentia como esa energía fluía en su cintura, dejó escapar una pequeña risa involuntaria. "Je... Me hace cosquillas". Comentó con suavidad.

Mine también sintió aquel efecto, pero luchó por no reaccionar. Aún estaba alerta, a pesar de todo. Sin embargo, la expresión de sorpresa y alivio que tenía en su rostro era evidente.

Los demás observaban en silencio, intrigados. No sabían exactamente qué estaba haciendo Onyx, pero podían notar que no era algo peligroso. Por ahora.

Tras unos segundos, el flujo de energía cesó, y Onyx retiró lentamente sus tentáculos. La luz que emanaba de ellos se fue desvaneciendo hasta desaparecer en la gema de la espada.

"Listo. Eso debería ser suficiente". Anunció con calma la Teigu, su tono impregnado de una confianza absoluta.

Mine parpadeó, sintiendo una extraña ligereza en su cuerpo. Su mirada osciló entre su brazo vendado y Sheele, quien, con una mezcla de curiosidad y asombro, se tocaba la cintura vendada. Algo había cambiado. No podían verlo de inmediato, pero lo sentían en lo más profundo de su ser.

La pelirosada movida por la necesidad de confirmar lo que sentía, llevó una mano temblorosa al vendaje en su brazo y, con un poco de vacilación, comenzó a retirarla. Su corazón latía con fuerza contra su pecho mientras deslizaba las capas de tela. Y cuando la última capa cayó al suelo, sus ojos se abrieron con incredulidad.

Su brazo estaba completamente curado.

La piel, antes marcada por cicatrices y moretones, ahora lucía tersa, sin rastro alguno de la herida que la había atormentado. No había dolor, ni siquiera la más mínima señal de que alguna vez hubiera estado lastimada.

El asombro en el rostro de los demás miembros de Night Raid era palpable. Se miraban entre sí, incapaces de procesar lo que acababan de presenciar.

Sheele, impactada por la reacción de su compañera, decidió hacer lo mismo. Llevó sus manos a su cintura, retiró la venda con cuidado y, al ver lo que había debajo, su respiración se entrecortó.

"No puede ser...". Susurró con incredulidad. La herida, que fue causada por Seryu Ubiquitous, que la había dejado postrada en una silla de ruedas durante tanto tiempo... había desaparecido. Como si nunca hubiera existido.

El silencio que se apoderó de la habitación fue interrumpido por el sonido de la silla de ruedas crujiendo, cuando Sheele apoyó sus manos en los reposabrazos. La pelipúrpura apretó los labios con determinación y, con un esfuerzo medido, comenzó a incorporarse. Sus piernas temblaron al recibir su peso por primera vez en mucho tiempo, pero ella no se detuvo.

Los demás la miraron con preocupación.

"¡Sheele, espera!. ¿Qué estás haciendo?". Exclamó Leone, dando un paso hacia adelante, lista para sujetarla si caía.

"Quiero caminar...". Respondió Sheele con suavidad, pero con una resolución inquebrantable. Sabía que podía hacerlo. Lo sentía en su interior. Y quería demostrarlo a todos ellos.

Leone abrió la boca para insistir, pero antes de que pudiera decir algo más, Tatsumi habló.

"Está bien, Sheele". Su voz era firme, pero cálida. Dio unos pasos hacia el centro de la habitación y se detuvo a unos metros de ella. "Ven. Tú puedes".

Sheele levantó la mirada y, al ver la sonrisa de aliento en el rostro del castaño, sintió un calor reconfortante en su pecho. Inspiró profundamente y desvió la vista hacia sus propios pies. Luego, dio su primer paso.

Todos contuvieron la respiración. Unos esperaron que se tropezara, debido al tiempo en el que estuvo sentada.

Pero, contra todo pronóstico, no tropezó. Su cuerpo se tambaleó un poco, como si aún estuviera acostumbrándose a la sensación de moverse por sí sola nuevamente. Sin embargo, en lugar de detenerse, siguió adelante. Dio un paso más. Y otro. Y otro. Y otro más.

Lento pero seguro, Sheele cruzó la distancia entre ella y Tatsumi. Cada paso que daba era más firme que el anterior. Y cuando llegó hasta él, ambos se acercaron tanto, que estuvieron casi abrazados. Y como estaban tan cerca, sus ojos se encontraron entré si.

"Puedo caminar". Susurró con voz temblorosa, sintiendo cómo la emoción la embargaba.

Tatsumi sonrió aún más. "Sí, si puedes".

Sheele soltó una risa ahogada cuando las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. "¡Puedo caminar!". Esta vez, su voz resonó con fuerza, llena de júbilo.

Los demás, quienes habían estado conteniendo la respiración, finalmente reaccionaron con la misma emoción que la pelipúrpura.

"¡Lo hiciste!". Exclamó Leone con una sonrisa radiante.

Lubbock silbó en señal de asombro. "Vaya, esto sí que es inesperado".

Najenda, quien se había mantenido en silencio, cruzó los brazos y asintió con aprobación. "Me alegro por tí, Sheele...".

Akame también asintió. Aunque no dijo nada, la sonrisa que estaba en su rostro lo decía todo. Estaba contenta y feliz por ella.

Mine, quien aún estaba asimilando lo que había pasado con su propio brazo, dejó escapar una pequeña risa. No pudo evitar contagiarse de la alegría de Sheele. Instintivamente, acarició su piel ahora sana y luego dirigió la vista hacia Onyx. Su expresión ya no era de miedo ni desconfianza, sino de algo diferente. Respeto y gratitud.

"Tal vez... sí puedes ayudarnos en más cosas de lo que pensé". Murmuró en voz baja. Admitiendo que talvez, Onyx, tenía razón en éso.

Onyx, desde la gema incrustada en su pomo, captó sus palabras y respondió con una calma solemne. "Te lo dije, Portadora de Pumpkin. Puedo ser de ayuda en más aspectos de los que ustedes imaginan".

Los miembros de Night Raid se miraron entre sí. Tal vez, solo tal vez... habían juzgado mal a la Teigu de Tatsumi. Si podía ayudarlos en otras cosas importantes.

Onyx observó la escena desde el interior de su gema. Sentía una profunda satisfacción al ver la expresión de asombro y alegría en los rostros de los miembros de Night Raid. Sin embargo, aunque ya había demostrado su utilidad de una manera distinta a la que estaban acostumbrados. Para el Teigu, no era suficiente. Quería hacer algo más. Algo más... grande... y... importante.

Así que, lentamente, la Teigu en forma de espada comenzó a flotar, alejándose de la escena principal. Y yéndose a hacía una dirección en específico. Su destino estaba claro. Iba a Najenda.

La líder de Night Raid permanecía con el ojo cerrado, todavía con una leve sonrisa de aprobación en su rostro. Aunque por fuera, mantenía su característica compostura firme, por dentro se sentía aliviada, incluso agradecida. Ver a sus subordinadas, sus aliadas, sanas y recuperadas le llenaba de una sensación de paz que no había sentido en mucho tiempo. No solo porque Sheele y Mine podrían volver a luchar, sino porque ya no tendrían que cargar con el dolor de sus heridas.

Para Najenda, la seguridad de su equipo siempre había sido una prioridad. No eran solo soldados en su guerra contra el Imperio, eran personas a quienes respetaba, valoraba y, en el fondo, consideraba su familia. Y ahora, después de presenciar lo que Onyx había hecho. Ella estaba convencida, de que su decisión de aceptarlo a él, en el grupo, junto a Tatsumi, había sido la correcta. Aunque no era como si no lo hubiera aceptado ya antes. Después de todo, era la Teigu de Tatsumi. Era obvio que lo iba aceptar sin importar lo que hiciera.

De repente, la voz de Onyx resonó en el aire. "Líder de Night Raid".

Najenda abrió su ojo y vio cómo Onyx flotaba justo frente a ella. Ella no se mostró sorprendida, ni alarmada, por tenerla tan cerca. Sino que, con una calma natural, inclinó la cabeza ligeramente y habló. "Onyx". Su voz fue serena, pero cargada de curiosidad. "¿Qué necesitas?".

Antes de responder a su pregunta, Onyx manifestó un tentáculo de luz que emergió desde su gema y lo extendió frente a ella. "¿Puedo?". Preguntó, su voz sonaba diferente esta vez. Había una mezcla de intención benevolente y determinación.

Najenda lo observó en silencio. Miró el tentáculo, luego la espada flotante. Ya comprendía lo que quería hacer la Teigu. La pregunta aquí era si, ¿Debería aceptar o no su ayuda?.

Esto no era cuestión de confianza en sí. Onyx ya había demostrado su poder y su deseo de ayudar. Y si curar a Sheele y Mine no era suficiente prueba, su decisión de seguir con ellos sin usar la violencia, era un argumento más que válido. Lo que la detenía no era la desconfianza, sino la duda de cuál de sus heridas intentaría sanar Onyx.

Najenda en toda su vida, solo había sufrido dos heridas graves en su cuerpo. Dos cicatrices que, aunque el tiempo había curado y cerrado por si sola. Todavía seguían atormentándola de vez en cuando. Y ambas provenían de la misma persona que se los hizo. Una persona, llena de sadismo y maldad en todo su ser.

Un escalofrío recorrió su cuerpo al recordar aquel día fatídico, que sucedió todo. Recordar éso, hizo que llevará instintivamente su mano a su rostro, tocando el área donde descansaba su parche. El recuerdo del dolor le provocó un leve mareo, pero lo reprimió rápidamente. Onyx, quien percibía más de lo que la gente creía, notó el gesto y, con una voz suave, casi reconfortante, habló de nuevo.

"No se preocupe, Señorita Najenda". Dijo el Teigu, esta vez, por primera vez, la llamó por su nombre. "Permítame ayudarla".

Najenda se quedó en silencio por un momento. Luego, apartó su mano de su rostro, inspiró profundamente y cerró los ojos de nuevo. "Está bien. Hazlo, Onyx".

Onyx la escuchó y no perdió el tiempo. Guió su tentáculo de energía hacia el ojo derecho de Najenda y comenzó a transferir su poder. La luz envolvió su rostro con una calidez y una seguridad casi inusual. Y mientras la curaba, en ese instante, la Teigu sintió o... detectó... algo.

Desde el momento en que había comenzado a curar a Sheele y Mine. Desde el primer momento, en que tuvo contacto directo con ellas dos. Había podido sentir sus emociones aún más lo que podía hacerlo cuando las tenía cerca de él y su Portador. En Sheele, había percibido confusión, dulzura, felicidad e inocencia. En Mine, orgullo, determinación y un leve rastro de arrogancia. Pero lo que sintió en Najenda era diferente. Había firmeza, convicción, una voluntad inquebrantable que irradiaba una verdadera esencia de liderazgo. Ella no era una simple comandante. Era una guía, una defensora. Una... protectora.

Y eso le gustó a Onyx.

Desde que llegó a Night Raid, Onyx había sentido rechazo hacia la mayoría de sus miembros. Aunque con el tiempo había llegado a tolerar y aceptar a algunos de ellos, como Akame, Bulat y Sheele. Todavía había otros a los seguía viendo con cierto desprecio y molestia, en especial a Mine. Pero ahora, al curar a Najenda y sentir su verdadera esencia, se dio cuenta de que la podía... o... sentía... la necesidad de respetarla. ¡Rayos!. Incluso, podía jurar que ella podría llegar a ser una usuaria digna de él.

Y quizás, solo quizás, podría llegar a respetar a los demás también. Claro, si demostraban que valían la pena de ganarse su respeto.

Mientras continuaba con el proceso de sanación, algo lo sobresaltó. En el ojo de Najenda había un rastro de energía extraña. Era una especie de residuo. Un residuo... de algo que no pertenecía a su cuerpo, pero que aún permanecía ahí. Era sutil, casi imperceptible, pero todavía estaba ahí. Onyx guiado por encontrar que era esta extraña presencia en el cuerpo de la peliplatina, decidió analizarlo un momento, pero sin dejar de curar a Najenda. Y cuando lo hizo, cuando lo analizo, lo más a profundo que podía en ese momento. Onyx se dio cuenta de lo que era. Y al darse cuenta de éso. Dejó escapar unas pocas palabras.

"¿Qué diablos...?". La frase escapó de su mente, antes de que tan siquiera pudiera detenerse. Frase la cual fue escuchada por una persona. Tatsumi.

El castaño estaba ocupado, celebrando con los demás la recuperación de Mine y Sheele. Que no se dió cuenta de lo que hacía su Teigu y su líder. Ni tampoco los demás se dieron cuenta.

Pero al percibir la alteración en el tono de Onyx, se giró de inmediato hacia Najenda.

"Onyx, ¿Qué pasa?". Tatsumi preguntó en su mente, intentando mantener la calma.

Onyx no respondió de inmediato. Su atención estaba fija en aquella energía que había descubierto, y en lo que podía significar.

Los demás miembros de Night Raid giraron la cabeza al unísono. Cuando lo hicieron, se pusieron en alerta por la escena que se desarrollaba frente a ellos. Onyx flotaba en el aire, su gema resplandecía con un fulgor suave y, desde su núcleo, un tentáculo de energía luminosa se extendía hasta el rostro de Najenda. La líder permanecía con los ojos cerrados, inmóvil, permitiendo que la Teigu hiciera su trabajo.

Lubbock fue el primero en reaccionar. Su cuerpo se tensó al instante y su voz rompió el silencio con una mezcla de preocupación y alarma.

"¡¿Qué demonios le está haciendo a Najenda?!". Preguntó, su tono impregnado de ansiedad mientras instintivamente preparaba sus hilos para atacar.

Leone, en cambio, permaneció relajada, observando la escena con los brazos cruzados y una leve sonrisa en el rostro.

"Tranquilo, Lubbock". Dijo con tono despreocupado. "Onyx solo la está ayudando".

"¿Ayudando?". Repitió el peliverde con incredulidad. Sus ojos se fijaron en la escena con creciente suspicacia. Sin embargo, Akame intervino antes de que su compañero hiciera algo precipitado.

"Mira con atención". Señaló la pelinegra con calma, indicando el tentáculo de Onyx. "Está sanándola."

Lubbock se forzó a analizar mejor la situación. Sus pupilas recorrieron cada detalle y, al ver la serena expresión de Najenda y la forma en que Onyx realizaba su trabajo con precisión, comprendió lo que en verdad estaba ocurriendo. Su postura rígida se relajó poco a poco y dejó escapar un suspiro acompañado de un pequeño sonrojo. El peliverde se sentia algo ridículo por haber reaccionado con tanta impulsividad.

El sonrojo en su rostro no pasó desapercibido para nadie de los demás miembros.

Sobretodo a Leone, quien no perdió la oportunidad de lanzar una risita burlona. "Vaya, vaya, parece que alguien se preocupa demasiado por la jefa~". Bromeó con malicia, dándole un codazo juguetón.

Lubbock desvió la mirada con una mueca de fastidio. "Cállate, Leone...". Murmuró con evidente vergüenza.

Mientras ésto sucedía entre los asesinos, Tatsumi se mantenía en silencio, observando a su Teigu con el ceño fruncido. No le preocupaba Onyx en sí, sino el tono de sorpresa y tensión que había detectado en su voz momentos antes. Hasta ahora, todo parecía ir bien. Pero entonces, ¿Qué lo había hecho reaccionar de esa forma?.

Decidido a averiguarlo, el joven avanzó un paso, pero justo en ese momento, Onyx habló nuevamente. "He terminado". Anunció el Teigu.

El tentáculo de energía se retiró lentamente del rostro de Najenda, pero, para sorpresa de todos, aún no desaparecía. Tatsumi entrecerró los ojos y se fijó mejor. Onyx sostenía algo en la punta de su extremidad espectral.

Eran dos objetos. El primero, fácilmente reconocible, era el parche negro que siempre había cubierto el ojo derecho de Najenda. El segundo era... algo más. Algo pequeño, redondo, de un tono blanco y claro. Parecía una diminuta esfera, casi del tamaño de una pequeña pelota. No tenía brillo ni emitía energía, pero a pesar de su aparente inofensividad, algo en ella resultaba inquietante.

Los demás también se percataron de esto y sus miradas se llenaron de preguntas.

Onyx descendió el tentáculo con suavidad y colocó ambos objetos en la mano mecánica de Najenda. Con un movimiento firme, ella los tomó y cerró los dedos alrededor de ellos.

"Creo que esto le pertenece, señorita Najenda". Dijo Onyx con una voz que parecía contener un matiz de curiosidad y... ¿Cautela?.

Los ojos de todos se posaron en su líder. Y fue en ese momento cuando notaron algo que los dejó sin palabras.

Najenda, quien tenía sus ojos cerrados. Finalmente, los abrió. Si, los dos. Ella abrió los dos ojos.

Por primera vez en mucho tiempo, ambos orbes morados quedaron expuestos a la vista de todos. Hasta ahora, solo habían conocido el izquierdo, pero ahora podían verlos en conjunto, intensos y resplandecientes, llenos de la misma determinación y fuerza que siempre habían caracterizado a su dueña.

Las reacciones no tardaron en esperarse.

Leone dejó escapar un leve silbido de impresión. Sheele sonrió con dulzura. Akame asintió con una sonrisa y satisfacción. Mine entrecerró los ojos con interés. Y Lubbock... Lubbock quedó completamente paralizado, con un rojo brillante cubriendo su rostro al contemplar la belleza de los ojos de la mujer que amaba.

Najenda parpadeó varias veces, tratando de acostumbrarse a la sensación de tener, nuevamente su visión completamente restaurada. Durante años, había dependido solo de un ojo, obligada a confiar en su instinto y experiencia para compensar la pérdida. Pero ahora... ahora podía ver con total claridad. Su mirada recorrió la habitación, observando a cada uno de los miembros de Night Raid con una intensidad renovada.

Una sonrisa sincera se dibujó en sus labios. "Puedo ver". Habló, casi en un susurro. Sus dedos de su brazo de metal se movieron instintivamente, apretando los objetos que aún sostenía. Su antiguo parche y una pequeña esfera que Onyx le había extraído. Una muestra tangible de su pasado y del cambio que acababa de experimentar.

Levantó la vista y observó a sus compañeros. "Es bueno verlos a todos... 'completamente' ". Añadió con un intento de broma. Aunque la broma en sí no fue particularmente graciosa, todos le sonrieron, compartiendo su felicidad en silencio.

Lubbock, quien había estado observándola con una mezcla de asombro y rubor en las mejillas, se rascó la nuca, desviando la mirada con torpeza.

Leone, por su parte, le dio una palmada en la espalda con una risa cómplice. "Vaya, Jefa, pensé que ya estabas demasiada curtida, para emocionarte así".

Najenda soltó una leve risa por el comentario de la rubia. Pero luego, su atención pronto se desvió hacia el centro de la habitación, donde Onyx flotaba con su característico brillo plateado. La Teigu se mantenía inmóvil, como si esperara algo.

"Y bueno, Señorita Najenda...". Onyx habló con su tono calmado, aunque en esta ocasión tenía un matiz de esperanza. "¿Aceptaría mi presencia en su grupo, incluso si no puedo contribuir en sus... 'métodos letales'?". Su voz era firme, pero había una cierta suavidad en la manera en que elegía sus palabras. "Si bien no puedo ayudarlos en éso, les he demostrado que puedo ayudar en otras formas. Pero si aún así consideran que no merezco estar aquí, lo entenderé".

Las palabras de Onyx resonaron en la habitación. Tatsumi, que había estado observando en silencio, sintió un leve nudo en el estómago. Sabía lo difícil que debía ser para Onyx estar en un grupo de asesinos cuando su propia naturaleza le impedía quitar una vida. Misma que él también compartía con el Teigu. Y, aun así, tanto el como su compañero habían permanecido firmes, dispuestos a apoyarlos de cualquier otra manera posible.

Najenda se cruzó de brazos y recorrió con la mirada a los miembros de Night Raid. No necesitaba preguntarles su opinión; sus expresiones decían todo. Miró de vuelta a Onyx y, con un leve asentimiento, deslizó los objetos que aún tenía en su mano robótica dentro de su abrigo. Luego, apoyó ambas manos bajo su mentón, reflexionando por un momento antes de hablar.

"Onyx...". Comenzó con voz firme pero comprensiva. "Creo que hablo por todos cuando digo que, después de todo lo que hemos visto y lo que has hecho hasta ahora...". Hizo una pausa, mirándolo fijamente. "Está claro que, aunque no compartas nuestros métodos, realmente quieres ayudarnos. Y eso es algo que valoramos aquí".

La expectativa en la sala creció. Tatsumi observaba atentamente, y aunque Onyx no tenía un rostro físico, el joven sabía que, dentro de la gema, su compañero estaba expectante... y quizás, hasta nervioso.

Finalmente, Najenda abrió sus ojos con determinación. "Onyx, eres más que bienvenido en Night Raid". Mientras pronunciaba esas palabras, extendió su mano hacia la Teigu flotante.

Hubo un instante de silencio. Luego, con un movimiento elegante, la empuñadura de Onyx se inclinó levemente hacia la mano extendida de Najenda, casi como si estuviera respondiendo a su gesto con un simbólico apretón de manos.

"Gracias, Señorita Najenda". Dijo Onyx con respeto, su tono reflejando un sincero alivio.

Najenda soltó una breve risa ante la reacción de la Teigu, y pronto el resto del grupo hizo lo mismo. Leone dio una carcajada fuerte, mientras que Akame esbozó una pequeña sonrisa. Incluso Lubbock, todavía un poco avergonzado por su reacción anterior, dejó escapar una risa ligera. Mine y Sheele solo dedicaron una sonrisa en sus rostros.

Tatsumi, al ver la escena, sintió que la preocupación que lo había estado carcomiendo poco a poco se desvanecía. Tal vez Onyx aún tenía sus reservas sobre lo que significaba ser parte de Night Raid, pero lo que quedaba claro era que quería estar aquí. No para matar, sino para ayudar. Y eso era suficiente.

Tatsumi avanzó con paso firme hacia su Teigu, y Onyx, al sentir la presencia de su portador acercarse, se alejó de Najenda y flotó hasta colocarse a su lado, como si siempre hubiera pertenecido allí.

Cuando Tatsumi estuvo lo suficientemente cerca, le habló mentalmente a su compañero. "Bueno, amigo. Creo que ahora eres oficialmente parte de Night Raid".

Onyx respondió con su habitual tono tranquilo, aunque en su voz había un matiz de satisfacción. "Sí, eso parece, portador. La verdad, ahora que todos pueden verme y escucharme, creo que ya no habrá necesidad de que hablemos solo entre nosotros".

Tatsumi sonrió y asintió. "Si, supongo que ya no habrá necesidad de que hagamos éso". Dijo, mientras tomaba a Onyx por la empuñadura y lo sostenía con firmeza.

Los demás observaban en silencio, comprendiendo que, aunque no oían sus palabras, ambos estaban comunicándose mentalmente. Nadie dijo nada, pero la atmósfera en la habitación había cambiado. Ya no había tensión, solo aceptación y comprensión.

Con Onyx en su mano, Tatsumi se giró hacia todos y con una sonrisa relajada, habló. "Bueno, ya que todo está aclarado con Onyx y con... nosotros". Hizo un ademán abarcando a todos en la habitación. "¿Qué les parece si vamos a desayunar?". Preguntó recordando algo que había olvidado.

Sus palabras hicieron que todos cayeran en cuenta de que, con todo lo que había ocurrido, se habían olvidado por completo del desayuno. Al principio, toda esta tensión había suprimido su hambre sin saberlo, pero ahora que todo estaba en orden, sintieron el vacío en sus estómagos. Y... como si fuera una señal, el estómago de Akame rugió con fuerza.

La portadora de Murasame se llevó una mano al abdomen, y sin cambiar su expresión autónoma, simplemente dijo lo siguiente. "Tengo hambre".

Esas palabras fueron suficientes como para que todos estallaran en risas.

"Oh, sí, yo también tengo hambre. Esta gatita necesita comida y pronto". Dijo Leone, riendo con su característico tono juguetón mientras se sobaba el estómago. Luego se giró hacia Tatsumi con una mirada expectante. "Tatsumi, ¿Qué preparaste de desayuno?".

El castaño se rió y respondió con un tono confiado. "No te preocupes, Leone. Onyx y yo preparamos algo especial para este día". Levantó su espada y miró su hoja, como si su compañero pudiera compartir su entusiasmo. "¿Verdad, amigo?".

"Por supuesto, portador". Afirmó Onyx con un tono casi emocionado.

Las sonrisas se extendieron por el grupo. No solo habían aceptado a una nueva Teigu en su equipo, sino que esa Teigu había demostrado tener habilidades valiosas y una personalidad única. Aunque su enfoque sobre el imperio y su forma de luchar difería del resto del grupo, su voluntad de ayudar a las personas, en otros aspectos, hacía que su presencia fuera bienvenida.

Tatsumi comenzó a caminar hacia la puerta que conducía al comedor, animándolos a seguirlo, habló hacía ellos. "Vamos, si no nos damos prisa, la comida se enfriará. Y no queremos que se desperdicié lo que preparamos, ¿Verdad Onyx?".

"¡Definitivamente no!". Exclamó Onyx con entusiasmo, apoyando las palabras de su usuario. "Ya me muero de ganas de probar lo que hicimos".

Las sonrisas dejaron de mostrarse. Se hizo un breve silencio ante ésas palabras dichas. Pero no por las que dijo Tatsumi, sino por las que acababa de decir Onyx.

"Espera, ¿Esa cosa puede comer?". Preguntó Mine, completamente desconcertada.

Tatsumi no respondió. Ni siquiera se giró a mirarla. Solo sonrió y siguió caminando como si no hubiera oído la pregunta, dejando al resto con una expresión de asombro y confusión.

"Oye, no nos dejes así. ¡Vuelve aquí y explicanos!". Exclamó Mine, molesta.

"Tatsumi... espera. Dinos, ¿Cómo es que puede hacer eso?". Preguntó Leone con una mezcla de diversión e interés.

"Pensé que las Teigu no necesitaban alimentarse". Dijo Lubbock, intentando comprender la situación.

Sheele parpadeó varias veces y preguntó con genuina duda. "Espera... entonces, ¿Nosotros también tenemos que darles de comer a nuestras Teigu?".

Las preguntas no dejaron de fluir, y la sala pronto se llenó de un bullicio de confusión y teorías sobre cómo Onyx podía "comer". Sin embargo, Akame y Najenda se quedaron en silencio. Aunque también estaban sorprendidas, no pudieron evitar reírse un poco ante la situación tan absurda que estaba ocurriendo.

Finalmente, Najenda se levantó con elegancia de su asiento y dijo con un tono relajado. "Bueno, mejor vamos al comedor. Tengo hambre".

"Yo también". Agregó Akame, siguiéndola.

Mientras ambas avanzaban hacia el comedor, el resto del equipo permaneció en la sala, intercambiando más preguntas y teorías sobre cómo una Teigu podía comer. La escena era caótica pero, a su manera, reconfortante. Por primera vez en mucho tiempo, Night Raid no estaba centrado en una misión o en la guerra contra el Imperio. Eran simplemente ellos, compartiendo un momento de normalidad en medio del caos.

Ahora Najenda, con sus dos ojos sanos y completos, miró a su alrededor con una renovada claridad. Por primera vez en mucho tiempo, podía verlo todo con plenitud. Y eso, más que cualquier otra cosa, la hacía sonreír. Y mucho.

Pero mientras esta escena transcurría con risas y alegría, dentro de la gema incrustada en el pomo de la espada, Onyx, la realidad era completamente diferente. Aunque por fuera el Teigu había mostrado entusiasmo y una actitud tan animada que convenció a todos los miembros de Night Raid. Incluyendo a su propio portador, por dentro, su mente estaba sumida en un profundo silencio.

Onyx estaba pensativo. No… más que pensativo, estaba confundido. Inquieto.

Y todo comenzó en el momento en que sintió aquella extraña energía en el ojo de Najenda.

Al principio, fue solo un leve rastro, una presencia fugaz y casi imperceptible, como un susurro en el viento. No era lo suficientemente grande como para representar un peligro inmediato para la peliplatina, pero aún así, su mera existencia era... extraña. Anómala. Incomprensible.

El instinto de Onyx le gritó que investigara más. Sin decir nada a los demás, y sin alterar el ambiente festivo, comenzó a analizar aquella energía con más detalle. Y mientras lo hacía, la sorpresa lo golpeó con fuerza.

Esa cosa... era energía...

Pero no cualquier energía.

Era la energía. La energía... o la esencia, de un Teigu.

Inmediatamente, su base de datos interna se activó. Como la Teigu número 49, tenía registros de las 48 Teigus o armas imperiales, creadas con los materiales de seres y metales extraordinarios. Comparando la energía con la información almacenada en su interior, la respuesta de que Teigu era, le llegó en un instante.

Extracto Del Demonio: Manifestación del Dios Demonio. Era un Teigu de tipo elemental, que le otorgaba a su usuario la capacidad de manipular el hielo en su forma más pura y letal. Congelaba todo en un instante, deteniendo la energía cinética de los átomos, reduciéndolos a la absoluta nada. Un poder devastador.

Onyx estaba seguro. No había error. El rastro de energía que detectó, en el cuerpo de Najenda, provenía del Extracto Del Demonio.

Pero si ese fuera el caso… ¿Por qué seguía presente?. ¿Por qué aún podía sentirlo, como si no se hubiera disipado del todo?. Tenía tantas preguntas, pero no tenía sus respuestas. Pero eso no era lo que más le preocupaba.

No.

Lo que realmente lo inquietaba, lo que hacía que su esencia vibrara con un temor que no podía comprender del todo, era "El aura que envolvía esa energía". Era...

Oscura.

Fría.

Corrupta.

Malvada.

Y lo peor de todo… anormalmente poderosa.

Las Teigus no solo eran armas, sino también, eran reflejos de sus usuarios, al momento de ser usadas. Con el tiempo, Onyx había aprendido a detectar las huellas de quienes las empuñaban. Lo había sentido con las Tres Bestias. La forma despiadada y cruel en la que usaban sus Teigus dejaba una marca inconfundible. Una huella de violencia y sangre.

Pero esta energía… era diferente.

Era peor.

Mil veces peor.

Incluso en comparación con la brutalidad de las Tres Bestias, el aura impregnada en ese rastro de energía era abrumadora. Era como si la malicia misma hubiera tomado forma. Había algo en ella… algo que irradiaba un sadismo puro y una sed de destrucción que estaba más allá de lo humano.

Onyx sintió un escalofrío muy frío, en su interno.

Si un fragmento tan insignificante podía transmitir semejante oscuridad

Entonces, la pregunta era inevitable.

"¿Cómo sería la esencia completa del usuario que poseía El Demon's Extract en este momento?".

Si esa persona realmente existía

Y peor...

Si todavía era el portador de esa Teigu

No podía ser un humano normal.

No.

"Sería un monstruo".

"Un auténtico, frío, despiadado y cruel monstruo".

Un monstruo como Onyx, jamás había sentido... o presenciado antes. Y que... por ahora, no quería conocer jamás.


Capital Imperial – 9:30 am. (Cementerio de la Capital)

El cementerio de la capital imperial se extendía en un vasto campo de praderas verdes, un lugar de aparente serenidad que contrastaba con la brutalidad y la sangre que impregnaban la ciudad. Centenares de tumbas idénticas yacían en ordenadas filas, cada una marcada por una cruz de piedra blanca y una placa con inscripciones que apenas importaban a los vivos.

Frente a tres de esas tumbas, una figura solitaria permanecía de pie, su postura rígida y su expresión inmutable.

Esdeath.

La general de élite, la mujer más temida del imperio, observaba las lápidas con una mirada carente de tristeza, carente de ira o remordimiento. En sus brazos sostenía tres ramos de flores, una muestra de respeto... o quizás solo un gesto vacío, nacido más de la costumbre que de la verdadera importancia.

Sin un atisbo de emoción, se arrodilló lentamente y depositó cada ramo sobre la fría tierra.

Por unos segundos, el silencio reinó. Pero no era un silencio de duelo. Era un silencio de decepción.

"Daidara... Nyau... Incluso tú, Liver...". Susurró, su voz carente de calidez, impregnada de una amarga resignación.

Sus ojos recorrieron los nombres grabados en las placas, pero no con dolor. No con afecto. Solo con el vacío de quien observa herramientas rotas que ya no tienen utilidad.

"Todos ustedes murieron". El tono con el que lo dijo no tenía un ápice de pesar, solo cansancio ante la realidad inmutable.

Suspiró. "Supongo que, al final, no fueron lo suficientemente fuertes como para seguir con vida".

Movió la cabeza en un gesto de ligera frustración. Había depositado expectativas en ellos, especialmente en Liver, quien había sido su subordinado más leal y competente. Y sin embargo, aquí estaban. Enterrados. Quietos. Muertos.

"Los débiles siempre terminan de la misma manera". Afirmó, su voz fría como el hielo que la caracterizaba.

El viento sopló, levantando algunos pétalos de las flores recién colocadas. Pero Esdeath no se inmutó. No había lágrimas en sus ojos. Ni siquiera había rabia por la derrota de sus hombres.

Cuando halló sus cuerpos destrozados, cuando vio los restos de quienes alguna vez se llamaron las Tres Bestias, no sintió nada.

Ni pena. Ni furia. Ni melancolía. Solo... un leve desinterés.

Les dio un entierro rápido y limpio. Sin funerales. Sin homenajes. Sin importancia.

Para la Reina de Hielo, su visita y las flores eran más de lo que realmente merecían. Ese era el límite de su gratitud.

"Al principio creí que tenían potencial... pero al final, fueron incompetentes y débiles". Musitó, mientras llevaba una de sus manos a una de las cruces, recorriéndola lentamente con la yema de los dedos. No con afecto, sino con indiferencia.

Sin embargo, después de unos segundos, su mirada se endureció. Un brillo helado resplandeció en sus ojos.

"Aun así... por su lealtad y por su servicio, hay algo que haré por ustedes".

Se puso de pie, firme y autoritaria. La fría determinación en su voz no era una promesa para ellos, sino para sí misma.

"Vengaré sus muertes".

Ella prometió, pero no porque les debiera algo. No porque sintiera una obligación sentimental hacia ellos. Sino, porque así lo demandaba su orgullo.

Se giró, dándoles la espalda a las tumbas sin un atisbo de duda o vacilación. Ese era el final de las Tres Bestias. Ese era el final de aquellos que fallaban en demostrar su fuerza.

"Eso es todo lo que haré por ustedes. Y eso es lo máximo que los débiles merecen". Dijo, su voz resonando en el silencio.

Y con pasos firmes, comenzó a alejarse de ahí.

Ella siguió así y cuando estuvo cerca de la salida del cementerio, se detuvo un momento frente a las grandes rejas negras de puntas afiladas. Sacó un papel de uno de los bolsillos de su uniforme y lo desplegó. Sus ojos recorrieron el escrito con detenimiento antes de que en sus labios se formara una sonrisa.

Una sonrisa cruel. Fría. Y llena de expectativa y sadismo.

"Necesito hablar con ella". Ella dijo en su mente, refiriéndose a una investigación, que estaba haciendo. Una... con cuál... todavía estaba obsesionada.

Ese solo pensamiento cruzó su mente, encendiendo una chispa de interés. Aún había preguntas sin respuesta, con respecto a éso. Y aún había información que necesitaba. Y sabía exactamente quién podía proporcionársela.

Dobló el papel con cuidado y lo guardó de nuevo en su uniforme antes de retomar su marcha. Cuando finalmente cruzó las puertas del cementerio, un último pensamiento resonó en su mente.

"Necesito hablar con Seryu Ubiquitous".


¡Hola a todos!. Les doy la bienvenida a un nuevo capítulo de esta historia. Comenzamos marzo con una entrega que promete emociones intensas, revelaciones impactantes y una pizca de humor.

En este capítulo, Onyx finalmente ha revelado su propósito a los asesinos de Night Raid y, junto con ello, les ha mostrado una parte de sus habilidades. Puede que no haya desvelado todos sus secretos de inmediato, pero les aseguro que, conforme avance la historia, poco a poco se irán conociendo más aspectos de su poder y su verdadero potencial. Lo más importante aquí es que Night Raid ha comenzado a comprender y aceptar la presencia de Onyx, aunque no todos estén completamente convencidos de ello.

Como se habrán dado cuenta, las reacciones del grupo fueron diversas. Mientras algunos miembros aceptaron sus habilidades con calma, otros no se mostraron del todo satisfechos o tranquilos. En especial, Mine, cuya actitud refleja una mezcla de desconfianza y escepticismo hacia Onyx. Y esto es solo el comienzo, pues en los próximos capítulos su relación con él evolucionará de manera inesperada, dando lugar a momentos realmente entretenidos y, por qué no, también muy divertidos.

Sin embargo, a pesar del tono ligero y cómico de este capítulo, también existe un matiz de seriedad y oscuridad, elementos característicos de "Akame ga Kill!". Esto se hace evidente cuando Onyx detecta un rastro de energía oscura en el cuerpo de Najenda, un residuo del demonio extraído de un Teigu. Su reacción lo dice todo. incomodidad, incertidumbre y una sospecha creciente sobre el origen de esa energía. Esta escena es solo un adelanto de cómo Onyx reaccionará cuando finalmente se cruce con Esdeath. Y les aseguro que ese momento será intenso, inesperado y determinante para el futuro de la historia.

Hablando de lo que viene, en el próximo capítulo presenciaremos la llegada y formación de los Jaegers en el Imperio, así como el inicio del torneo en la capital. Pero, sin duda, lo más esperado será el encuentro entre Tatsumi y Esdeath. Estoy seguro de que muchos de ustedes han estado teorizando cómo reaccionará Tatsumi al descubrir la verdadera naturaleza de Esdeath. Les adelanto que esta versión será completamente diferente a la del anime y estará llena de sorpresas. No solo Tatsumi vivirá una locura, sino que su Teigu también jugará un papel clave en este acontecimiento.

Les pido que sean pacientes y estén atentos porque las cosas están a punto de volverse más intensas. La historia se llenará de momentos emocionantes, batallas impactantes y revelaciones inesperadas. Habá risa, acción, pero también instantes de oscuridad y tristeza que marcarán un antes y un después en el destino de nuestros personajes.

Si les ha gustado este capítulo, no olviden seguir la historia, agregarla a sus favoritos para no perderse futuras actualizaciones y compartir sus opiniones en los comentarios. Me encantaría conocer sus teorías y leer sus impresiones sobre lo que se viene.

¡Nos vemos en el próximo capítulo!. ¡Cuídense mucho!