Capítulo 3
Marie intentaba encontrar las palabras adecuadas mientras sostenía su bebida, notando cómo las manos de aquel cobrizo descansaban con aparente calma sobre la barra. Parecían minutos los que habían pasado para que ella contestara, pero solo fueron segundos.
—Yo... —su mente trabajaba a toda velocidad buscando una respuesta convincente—. Lo lamento, me recordaste a alguien.
El chico alzó una ceja, sus labios formaron una ligera sonrisa burlona.
—No me digas que a tu padre, por favor —rodó los ojos—. Parece que tengo cierta suerte en atraer a chicas con algún complejo edípico.
Ella soltó una risa nerviosa, mientras su interior se agitaba al ver cómo una sonrisa ladeada acentuaba sus facciones.
—Yo… no —respondió, algo incómodo.
—Lo siento, fue un mal chiste —se disculpó, suavizando el momento con una sonrisa más genuina. Bebió un trago de su cerveza antes de extender la mano hacia ella—. Soy Antonio.
—Marie —dijo ella, aceptando su mano. Sin embargo, lo que pensó que sería un simple gesto social se convirtió en algo inesperado. Un leve escalofrío recorrió su piel al tocarlo. Sus ojos se cruzaron por un instante, y algo en la expresión de él la hizo preguntarse si había sentido lo mismo.
—Dime, Marie, ¿Alguien te dejó botada esta noche? ¿Vienes sola o acompañada? —preguntó Anthony, rompiendo el silencio.
Buscó con la mirada a Leah, quien seguía completamente entretenida con su liga en la pista de baile.
—Vine con unos amigos... bueno, en específico con ella —señaló a su compañera, quien reía animadamente con el hombre a su lado—. Pero creo que ya encontró con quien más entretenerse.
Anthony llamativamente observa la escena. —Es una lástima. —Señaló con un leve movimiento de su cabeza a un grupo de hombres trajeados y visiblemente ebrios—. Yo vine con ellos, aunque, como puedes ver, no son la mejor compañía en este momento.
Los miraron por un momento. El grupo de hombres gesticulaba con entusiasmo, balanceándose entre sí y riendo a carcajadas. Cuando giró la cabeza de nuevo, se encontró con los ojos de aquel hombre fijos en ella, estudiándola. Su mirada era intensa, casi abrasadora, y Marie no pudo evitar apartar la vista, sintiendo un leve rubor en sus mejillas.
—Pensaría que al venir con ellos, estarías igual de ebrio —comentó tras tomar un sorbo de su bebida.
-Oh, no. No me gusta abusar de la bebida —respondió él con calma—. Especialmente cuando no han sido buenos días. No es algo que me ayude a sentirme mejor.
La voz de Leah interrumpió el momento. Se acercó apresurada hacia Marie, disculpándose con un puchero.
—Lo siento mucho, Marie, pero este chico me llevará a un lugar mejor. —Le guiñó un ojo con picardía—. ¿Quieres el número de un taxi de la zona? — Pero al ver a su acompañante se quedó un poco sorprendida—. Creo que ya estás bien acompañada….
Anthony sonoro como saludo, haciendo que Leah se sonrojara, esta mira a Marie.
—Nos vemos en el hotel mañana temprano para desayunar, ¿sí?— Marie intuyo que eso no pasaría, debido a la ligera ebriedad de su amiga.
Antes de que pudiera contestar, Leah le dio un beso en la mejilla y corrió hacia la salida, dejando a su amiga con Anthony, quien no pudo evitar soltar una carcajada ligera.
—No tienes que quedarte conmigo —dijo la pelinegra, mirando al chico mientras él seguía recargado en la barra—. De verdad, ya pensaba irme.
—No estarás sola, Marie. Soy un buen acompañante, o al menos eso me gusta pensar.—Rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír ante su actitud confiada.
Anthony comenzó a preguntar sobre Leah, y la conversación fluyó con facilidad aparte de ahí. Hablaron sobre el diplomado que ella estaba tomando los fines de semana, sobre lo inesperado que había sido la invitación de Leah para salir esa noche. Con el paso del tiempo, el ambiente entre ellos se volvió más relajado, casi íntimo. Anthony la llevó a una mesa alejada de la pista, donde continuaron la charla, así se entero que ella no era de Seattle, sino de un lugar cercano a Port Angeles, sin entrar en más detalles por parte de Marie y después cambio el rumbo del tema.
Las bromas se convirtieron en risas, las risas en confidencias, y para cuando se dio cuenta, sus brazos se rozaban con frecuencia, y cada roce parecía despertar una chispa entre ambos. Marie notó que se sentía cómoda, casi como si lo conociera de antes, pero sospechaba que la influencia del alcohol en su sistema tenía que ver. Estaba bajando la guardia.
—¿31? —preguntó sorprendida cuando Anthony mencionó su edad.
—Aunque no lo creas, mi familia es de esas que "se comen los años" —bromeó él con una sonrisa orgullosa—. No soy la excepción. ¿Tú? ¿50?
Ella soltó una risa nerviosa. —Mi abuela decía que nací con 35 y que cada año solo sumaba más a esa cifra. Tengo 23.
Anthony levantó una ceja, impresionado, aunque rápidamente ocultó su reacción.
—Supongo que con todo esto encima parezco mayor —añadió Marie, señalando su atuendo.
La mirada de Anthony se volvió oscura, recorriéndola de pies a cabeza con una intensidad que la dejó sin aliento. Marie no sintió incomodidad, sino algo muy diferente: una sensación desconocida que la inquietaba y atraía al mismo tiempo.
Cuando las luces del lugar se encendieron y la música bajó de volumen, ambos se miraron, casi apenados por lo rápido que había pasado el tiempo. La gente era poco, la mayoría parloteaba en las mesas y había personas de limpieza comenzando su trabajo.
—Parece que es hora de irnos —comentó Anthony, levantándose.
Miró su reloj y se sorprendió al ver que eran las cuatro de la mañana. Se encaminaron juntos hacia la salida, y él, de forma natural, la protegió de los empujones de la multitud.
—Mi auto está en el estacionamiento de enfrente —dijo él cuando salió a la calle.
—Gracias, pero puedo caminar.
—Por supuesto que no —respondió él con firmeza, tomando su mano.
No espero la respuesta y ella permitió ser llevada de la mano. El tono de su voz, decidido pero gentil, le inspiraba confianza.
—Déjame llevarte. No es seguro que una chica como tú camine sola a esta hora.
Ella intentó protestar, pero Anthony no cedió. Finalmente, accedió a darle la dirección del hotel. Durante el trayecto, el silencio entre ambos no era incómodo, por lo que Marie disfrutó la vista nocturna de Seattle.
Cuando llegaron al hotel, Anthony apagó el motor y ambos se quedaron en silencio por unos segundos. Marie rompió la quietud, nerviosa.
—Bueno, debería irme. Ya es tarde y mañana será un día largo. Te agradezco mucho el aventón.
Él parecía a punto de decir algo, pero se detuvo. Sus manos apretaron el volante con fuerza antes de soltar un suspiro.
— ¿Te encuentras bien? —preguntó Marie, tocándole el hombro.
La voz de su madre resonó dentro de ella : Ellos solo buscan una cosa de ti, Isabella… quieren meterse en tus bragas. Allá tú si decides ponerte en bandeja como una fácil.
La mirada de él se suavizó al instante. —Yo...
Sin darle tiempo a continuar, ella aclaró la situación:
—Escucha, no soy el tipo de chica que lleva a un hombre a su habitación apenas lo conoce...
Anthony negó, llevándose un dedo a los labios de Marie para callarla.
—No pienso eso de ti. Esta noche fue increíble, y no me interesa nada más que seguir conociéndote. ¿Puedo invitarte a comer mañana? Puedo pasar por ti cuando acabes tus clases.
El desconcierto la dejó sin palabras, pero finalmente ganó.
Anthony la acompañó hasta la puerta de su habitación, donde sus manos se rozaron por última vez. Antes de despedirse, él se inclinó hacia ella, y aunque Marie esperaba un beso en los labios, Anthony depositó un suave beso en su mejilla, dejando una promesa silenciosa en el aire.
—Hasta luego, Marie —susurró antes de perderse entre los pasillos del hotel.
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Todo el día, estuvo nerviosa y emocionada; Apenas había podido pegar el ojo durante la noche anterior. Al llegar a clases, Leah la jaló a su lugar, ansiosa por escuchar todo lo que había pasado con el misterioso chico que conoció la noche anterior. Ella le contó un poco al respecto.
—¿Te gusta? —susurró Leah mientras ambas terminaban de anotar lo que proyectaban en el salón.
—Creo que sí —murmuró Marie, con las mejillas sonrojadas.
Leah se sonrojó alegremente antes de volver a enfocarse en el ponente. Claro que le gustaba, pensó Marie. Mucho. Pero, ¿Cómo era posible? Apenas lo conocía y ya sentía cosquilleos en el estómago, una emoción inexplicable.
Nunca había tenido novio ni nada parecido. Su infancia había sido breve. Charlie, su padre, había fallecido de un paro cardíaco cuando ella tenía siete años. Había sido un hombre maravilloso, amoroso y protector, que disfrutaba jugar con ella. Sin embargo, esos recuerdos dolian. Su niñez terminó rápido, pues tuvo que trabajar con su abuela desde muy pequeña mientras estudiaba. No tenía muchas amistades; Carmen, Jasper y Rosalie eran con quienes más convivía. Algunos pretendientes intentaron acercarse, pero nunca les fue permitido, y si no era eso, su padrastro los espantaba con amenazas.
Marie se había sumergido en responsabilidades que no le correspondían, hasta el punto de apropiárselas y perderse en el camino. Nunca había tenido la oportunidad de pensar en lo que quería para su vida hasta ciertas situaciones que le permitieron salir del ambiente tóxico en el que estaba atrapada por culpa de Renée.
—¡Ey, chica, ya es hora! —Leah la sacudió ligeramente por el hombro, sacándola de sus pensamientos.
La clase había terminado, y todos guardaban sus cosas. Marie se levantó rápidamente, emocionada. Guardó sus pertenencias en tiempo récord y salió con Leah mientras conversaban sobre los materiales de la próxima semana. Por suerte, pronto comenzarían las prácticas, su parte favorita.
Salieron del edificio, y miraron a su alrededor, buscando a Anthony.
—Creo que tal vez viene tarde —murmuró, un poco nervioso.
—¿Por qué no le marcas? —sugirió Leah.
—Ah...
Marie sintió un rayo de frustración. No le había pedido su número de teléfono. ¿Cómo pudo olvidar algo tan básico?
—No intercambiamos números...
—¿Qué? ¿En qué mundo viven? ¿El siglo XIX?
—Creo que nos enfrascamos tanto en nuestra burbuja que ese pequeño detalle se nos escapó —respondió mientras miraba con más insistencia a su alrededor.
Leah se quedó esperando con ella un rato más, hasta que insistió en que estaría bien si se quedara sola. Después de los primeros veinte minutos, supo que Anthony no llegaría, y no quería que Leah la mirara con lástima.
Cuando su nueva amiga se fue, esperó un momento más antes de marcharse, molesta, a recoger sus cosas del hotel y prepararse para partir hacia Forks. Solo quería sexo, pensó con amargura. Seguro se molestó ante el rechazo y, al no conseguir lo que quería, simplemente desapareció. Qué estúpida había sido.
FASHBLACK
Renée lloraba desesperada por toda la casa, lanzando cosas sin pensar. Una adolescente Isabella se acurrucaba en la cama de su madre, aferrando con fuerza una colcha entre sus manos. Era la tercera vez en esa semana que su madre lloraba así. James se había ido con otra mujer, y ella estaba furiosa. Isabella, por otro lado, esperaba que nunca volviera; odiaba a ese hombre.
La puerta de la alcoba se abrió de golpe, haciendo que Isabella saltara asustada.
—¡Tú! —Renée la señaló con el dedo acusador. —Esto es tu culpa.
—De... de qué hablas? ¿Cómo puede ser mi culpa? —preguntó Isabella, nerviosa, mientras Renée se acercaba y la miraba con los ojos desorbitados que solía tener cuando se metía esas cosas en el cuerpo.
—¡Me lo robaste! —gritó Renée desesperada mientras se sentaba a su lado y la tomaba del cabello.
-¡Mamá! Me estás lastimando —lloriqueó Isabella, tratando de zafarse.
—¡¿Crees que soy estúpida?! —gritó Renée mientras jaloneaba a Isabella, sacándola de la cama. —Veo cómo te mira, y también cómo lo miras tú, Isabella. Eres una puta. ¡¿Cómo puedes hacerle esto a tu madre?! ¡Tu me debes la vida!
—Mamá, yo nunca lo he visto de otra manera, te lo juro —trataba de explicar Isabella entre lagrimas, desesperada por soltarse, hasta que Renée finalmente la dejó ir, empujándola contra el piso.
—Quiero que te largues con tu abuela de nuevo. Fue un error permitir que entraras a esta casa otra vez. No quiero verte, Isabella, y si me entero de que estás con él, lo mato a él ya ti también.
FIN DEL FLASHBACK
—¡Oye, Marie! —Alice agitó las manos frente a su rostro, intentando captar su atención.
—Perdón, Alice —respondió, enfocando finalmente su mirada en la dirección de su amiga.
—Estás en las nubes desde que regresaste —comentó Alice mientras movía unas cajas del mobiliario recién llegado al lugar—. ¿Va todo bien?
—Sí, no es nada. He estado pensando mucho —se justificó, ayudándola con el resto de las cajas—. Trabajo, la escuela, Ethan...
—Algún chico? —preguntó Alice con una sonrisa traviesa.
—¿Qué? ¡Claro que no! —se sonrojó, desviando la mirada hacia los enormes ventanales. Afuera, la llovizna persistía ligeramente, aunque solo eran las nueve de la mañana.
—¿Sabes? El otro día hable con Emmett. Me comentó que Jacob te ha estado invitando a salir.
—Jake es solo un amigo, solo eso —aclaró con seriedad.
Alice la observará en silencio durante algunos segundos antes de caminar hacia ella y dejar las cajas a un lado.
—Escucha, el fin de semana que Ethan se quedó con nosotros, hizo un comentario respecto a Jake —dijo Alice finalmente.
—Sí, lo sé. No le agrada del todo porque sabe que Jake quiere algo serio conmigo.
—Está celoso, sí —reconoció Alice con una ligera sonrisa—. Pero creo que es necesario que sepas esto. Mamá también quiere hablar contigo. Ethan dijo que no quería que Jake fuera su padre, si aceptabas una cita con él.
El comentario dejó a Marie helada. Alicia continuó:
—Él cree que cuando tengas novio, esa persona será automáticamente su padre.
Tomó unos segundos para procesar esas palabras. Ethan siempre había sido maduro para su edad, pero esa confesión revelaba lo profundo de su inseguridad.
—Bueno... creo que tengo que hablar con él al respecto —susspiró mientras se sentaba en la silla del escritorio.
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro...
—¿Qué tanto daño te hizo el padre de Ethan? Jake es un buen chico, entiendo que no lo veas de esa forma. Pero, ¿en algún momento de tu vida volverás a abrir tu corazón?
Evitó la mirada de Alice, enfocándose en sus manos, que jugueteaban nerviosos sobre el escritorio.
—Es complicado. No importa lo que ese sujeto me hizo, lo importante es que no está en nuestras vidas —respondió en voz baja—. Y tal vez, en algún momento abra mi corazón a alguien. Pero, por ahora, no creo que sea posible. Estoy enfocada en darle un hogar a Ethan. No sabes cuánto nos ha costado llegar hasta aquí...
Alice suspiro y se inclina hacia adelante, tomando las manos de Marie entre las suyas.
—Entiendo lo que dices, pero enfocarte solo en el trabajo, la escuela y Ethan no debería ser todo. Te puedes estar perdiendo a ti misma. Antes de ser madre, eres una mujer y una muy joven todavía.
La miró, confundida y ligeramente a la defensiva.
—Amo la oportunidad que me dio Esme. Este lugar, Alice —dijo, señalando a su alrededor—. Nunca pensé poder hacer algo así. Es maravilloso lo que me han ayudado a construir, y para lograrlo trabajó duro. He estudiado más, he tratado de ser mejor para Ethan... Sé que ves solo trabajo, pero es más que eso, amo lo que hago, tanto como tú amas lo tuyo. No necesito más por el momento.
Alice se quedó callada unos segundos, sus ojos buscaban los de Marie con una ternura que dolía.
—Justo por eso te digo esto y tal vez no lo veas, cariño —dijo finalmente—. Cuando Peter me dejó por la estúpida de María, quede destrozada. Durante un tiempo, me refugié en el trabajo para no enfrentar el dolor y no era que no me gustara, todo lo contrario, pero al hacerlo, me perdí a mí misma, olvide lo demás. Si no hubiera sido por mamá, no habría salido adelante. Se me olvidaron las cosas que realmente importan: mi familia... yo misma incluso. Se que amas lo que haces, tienes una meta, pero el salir y divertirte es algo que creo te cuesta trabajo, no te lo permites, como si no tuvieras el derecho...
—No es así —contesto soltando un suspiro —. Alice, yo no crecí en una familia funcional como al tuya, estoy acostumbrada a trabajar duro desde muy joven, no tenia un futuro favorecedor y para cambiar eso sabia que tenia que hacer... No he sido mucho de amigos, de simplemente permitirme hacer algo placentero para mi solo por gusto. No esta en mi chip..
—Nunca es tarde para hacer un cambio —Sonrió mientras se acomodaba en la silla—. Empezando por tu guarda ropa —Marie rodo los ojos ante ese mismo comentario que Alice no dejaba en paz —. Supongo que tenemos más cosas en común de las que pensaba —admitió después de un rato.
Alice suena con calidez, su mano todavía sobre la de Marie.
—No cierres tu corazón al mundo, ni a las personas que te aman. Mi familia te quiere inmensamente, mamá te ve como una hija, yo te veo como una nueva hermana, y ese niño hermoso... bueno, se ha robado nuestros corazones.
Las palabras de Alice hicieron que el corazón de Marie se retorciera de dolor. Amaba a estas personas con sinceridad. Nunca antes se había sentido en un hogar, protegido, amada. Y sin embargo, les estaba mintiendo.
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Las jornadas pasaban como un suspiro, llenas de actividades que parecían no tener fin. Alice se convirtió en la compañera de campo de Marie mientras organizaban todo en la tienda. Montaron mesas y sillas, colocaron utensilios en la pequeña cocina y esperaron a los técnicos para revisar las instalaciones de luz, gas y agua. Cada pequeño avance la llenaba de emoción, especialmente al imaginar cómo quedaría la cafetería en la planta baja, con mesas al aire libre junto a la fuente que Alice había sugerido. La idea de la apertura la ilusionaba profundamente.
Llegó el jueves, y Marie decidió tomarlo libre para dedicarlo exclusivamente a Ethan. No lo llevó a clases y organizó un desayuno en cama mientras veían a Shrek . Entre risas y migajas de panqueques, pasaron una mañana relajada antes de salir a su destino: un picnic en la playa.
Ethan disfrutaba profundamente del mar, algo que ella había descubierto hacía tiempo. Exploraba la arena con entusiasmo, buscando conchas y caracoles. Ese día no fue la excepción.
—¡Mira este! —gritó Ethan corriendo hacia ella con un caracol rosado en las manos, sus ojos brillaban de entusiasmo.
—Es fantástico.
—En verano esto se pondrá mejor —añadió él antes de correr hacia la orilla del mar.
—¡No te metas mucho! —le advirtió, esperando que la escuchara. Aunque hace dos años Ethan aprendió había a nadar muy bien, no quitaba que sintiera un poco de nerviosa.
Momentos como estos hacían que cada esfuerzo valiera la pena.
Un rato después decidió unirse a él. Caminaron juntos por la orilla, recogiendo piedras y caracoles. El sonido de las olas y la brisa salada creaban un ambiente perfecto. Entonces, decidió abordar un tema importante.
—He estado hablando con tu maestra —dijo casualmente. — Cree que es viable adelantarte un par de grados. — Ethan se detuvo, mirándola curiosa. — ¿Qué opinas tú? Sé que también ha hablado con la psicóloga Tamara.
—Bueno… —se quedó pensando unos segundos antes de responder. — No quiero dejar a mis amigos. Ellos me agradan —murmuró, bajando la vista. — Aunque me aburro en clase, la señorita Tania me da ejercicios diferentes. Me gusta ella.
—Sí, es una gran maestra —admitió, lanzando una piedra al agua. — Pero avanzar sería una oportunidad para aprender cosas nuevas. Seguirías viendo a tus amigos, aunque estarías en un grado diferente. La señorita Tania quiere que tomemos una decisión antes de que acabe el verano. Incluso planea que hables con algunos profesores de los grados más altos para que te cuenten sobre sus materias.
Ethan se quedó pensativo. —Si no quieres, cariño, no pasa nada. También podríamos buscar clases adicionales que mantengan tu interés.
—No suena mal —respondió con entusiasmo renovado. — Cuando me quedo con el señor y la señora Cullen, me enseñaron muchas cosas —añadió emocionado. — ¿Sabías que el hijo de ellos toca el piano? Tienen uno enorme en el segundo piso.
— ¿Te gustaría aprender? —pregunto, intrigada.
—Mucho. Pero el señor Carlisle no sabe tocarlo —dijo con una risa ligera. — Y el único profesor de música aquí es el señor Banner. Créeme, mamá, es terrible. Hasta ahora solo veo videos de YouTube.
Soltó una carcajada. —Podríamos buscar a alguien en Port Angeles. Hay cursos muy buenos allá. ¿Qué opinas?
Ethan la miró con los ojos iluminados por la idea. —¡Me encantaría! Pero, ¿Podemos esperar al verano?
—Prometido —asentí, sonriendo mientras él corría nuevamente hacia el agua.
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¡Hola de nuevo!
¿Qué tal les pareció este cap? ¿Por qué Anthony no la habrá ido a buscar?
Cuéntenme sus teorías.
¡Nos leemos!
