Capítulo 2: EquilibrioApartamento de Peter

Peter despertó con una sensación extraña pero reconfortante. No recordaba la última vez que había dormido tan plácidamente. Su vida solía estar marcada por desvelos, alertas constantes y el peso de la responsabilidad. Pero ahora… ahora sentía una ligereza que le resultaba casi ajena.

Bostezó y se estiró, dejando que su cuerpo se desperezara tras el profundo descanso. Giró la cabeza hacia su despertador y su expresión se tornó de sorpresa.

"¡Las 1 de la tarde!?"

Con un rápido movimiento, se sentó en la cama y se pasó las manos por la cara. Vaya guía turístico que era, ¿eh? A este paso, Morrigan ya habría explorado media ciudad sin él.

Con prisa, se puso un conjunto de ropa casual y salió de su cuarto, todavía ajustándose la camiseta. Pero lo que encontró en la sala lo dejó completamente descolocado.

Morrigan estaba en la pequeña cocina, vestida con una camisa larga que le llegaba hasta los muslos y, para completar la inesperada imagen, un delantal atado alrededor de su figura. Con movimientos fluidos y elegantes, servía un desayuno humeante en la mesa, como si hacerlo fuera lo más natural del mundo.

La súcubo notó su presencia y le dedicó una sonrisa tranquila.

—Buenos días, dormilón —saludó con tono juguetón, sin dejar de colocar los platos.

Peter parpadeó varias veces, intentando procesar la escena.

—¿Buenos días? Más bien, ¿buenas tardes? ¿Desde cuándo sabes cocinar?

Morrigan rió suavemente, apartándose un mechón de cabello detrás de la oreja.

—Oh, sé muchas cosas, Peter. Y cocinar es una de ellas… aunque admito que es la primera vez que lo hago en un apartamento tan… modesto.

Peter suspiró, ya esperando comentarios sobre su precaria vida de civil, pero en vez de molestarse, decidió aceptar el momento. Se acercó a la mesa, donde los platos de desayuno estaban perfectamente servidos.

—Esto… luce increíble.

—Es lo menos que podía hacer por mi amable anfitrión. —Morrigan se apoyó en la encimera y le dedicó una mirada divertida—. Además, te ves adorable cuando duermes.

Peter se atragantó con su propio aliento.

—¡¿Qué?!

La súcubo solo rió con satisfacción, mientras tomaba asiento y le hacía un gesto para que se uniera.

—Anda, come antes de que se enfríe.

Y así, con un día que empezaba de la forma más inesperada, Peter Parker se sentó a desayunar con Morrigan Aensland, preguntándose qué más sorpresas le traería el destino.

Peter masticó su desayuno mientras su mirada vagaba por su propio departamento. Algo se sentía… diferente.

No era solo la presencia de Morrigan, ni el aroma de la comida recién hecha, sino que el lugar en sí parecía otro. Se detuvo un momento, con la taza de café en la mano, y frunció el ceño.

Su escritorio, que normalmente estaba cubierto de papeles, herramientas rotas y piezas de telarañas modificadas, ahora estaba perfectamente organizado. La pequeña mesa de centro, donde solían acumularse cajas de comida rápida y envolturas, ahora brillaba de limpia. Hasta la ventana, que solía estar empañada por la suciedad de la ciudad, dejaba entrar la luz del sol con una claridad sorprendente.

Dio un vistazo rápido al suelo. ¿Era su imaginación o hasta el piso parecía más brillante?

Finalmente, no pudo evitarlo.

—Espera, espera… —Peter dejó su tenedor sobre el plato—. ¿Quién secuestró mi apartamento y lo reemplazó con este?

Morrigan, sentada elegantemente en la silla frente a él, apoyó su mejilla en una mano y le dedicó una sonrisa satisfecha.

—Oh, solo hice un poco de limpieza.

—¿Un poco? —Peter levantó una ceja—. Morrigan, esto se ve mejor que cuando me mudé.

Ella se encogió de hombros con falsa modestia y, con un movimiento sutil de sus dedos, una corriente de energía mágica se extendió por la habitación. Algunos objetos flotaron suavemente en el aire, ajustándose con precisión a su lugar correcto. Una pila de libros que había quedado en la esquina de la sala se acomodó en el estante, mientras que una chaqueta que Peter había dejado tirada se dobló por sí sola y se posó sobre una silla.

Peter observó todo aquello con una mezcla de asombro y sospecha.

—Entonces… ¿hiciste todo esto con magia?

—En su mayoría —respondió ella con naturalidad—. Aunque algunas cosas las limpié con mis propias manos. No podía dejar que vivieras en semejante desastre, después de todo.

Peter parpadeó, sintiéndose entre agradecido y un poco avergonzado.

—Bueno… gracias, supongo. Aunque me hace sentir como un completo desastre.

Morrigan soltó una pequeña risa, apoyando su mentón sobre sus manos.

—Oh, Peter… eres un desastre adorable.

Peter suspiró y tomó otro sorbo de café, intentando ignorar el leve calor en su rostro.

—Genial… Ahora hasta mi departamento es mejor gracias a una súcubo interdimensional. ¿Qué sigue? ¿Me vas a enseñar a planchar con magia también?

Morrigan solo sonrió misteriosamente y continuó disfrutando de su desayuno.

Peter terminó su desayuno con calma, disfrutando de la sensación de haber dormido bien por primera vez en mucho tiempo. Pero en cuanto terminó, su mente volvió a los asuntos pendientes.

Se levantó de la mesa y caminó hacia su escritorio, donde recordaba haber dejado el sobre que Norman Osborn le había dado. Después de revisar un par de cajones, lo encontró exactamente donde lo había dejado, ligeramente arrugado en las esquinas.

Se sentó en el sillón, sacó los papeles del sobre y comenzó a leer con atención.

Morrigan, que había terminado su desayuno con elegancia, observó la expresión de Peter y notó el cambio en su semblante. Su mirada, antes relajada, ahora se había endurecido con concentración.

—Parece que eso es importante —comentó ella con interés, apoyando un codo en la mesa y descansando la cabeza sobre su mano—. ¿De qué se trata?

Peter exhaló lentamente y apoyó el sobre sobre la mesa.

—Es una oferta de trabajo. De Norman Osborn.

Morrigan levantó una ceja.

—¿Osborn? —repitió, su tono reflejando una mezcla de curiosidad y sospecha—. Me suena su apellido. ¿Quién es exactamente?

Peter dejó los papeles sobre la mesa y se cruzó de brazos.

—Alguien complicado. Alguna vez fue uno de los hombres más poderosos de Nueva York, dueño de Oscorp y... bueno, también fue un supervillano.

Morrigan ladeó la cabeza.

—¿Un supervillano?

—Sí —Peter suspiró, frotándose la sien—. No cualquier villano, sino el Duende Verde. Ha hecho muchas cosas, cosas horribles. Pero hace un tiempo, algo cambió en él. Dice que está tratando de redimirse, que quiere hacer las cosas bien… y me ofreció trabajar con él en su nueva empresa, Alchemax.

Morrigan entrecerró los ojos, analizando sus palabras.

—¿Y tú confías en él?

Peter hizo una mueca, sin responder de inmediato.

—Eso es lo complicado… —Finalmente, soltó un suspiro—. Norman ha cambiado. Puedo verlo. Ya no es el mismo monstruo que era antes, pero… es difícil borrar todo lo que ha hecho.

Morrigan apoyó los codos sobre la mesa, entrelazando los dedos mientras miraba fijamente a Peter.

—Entonces, ¿por qué estás considerando su oferta?

Peter pasó una mano por su cabello, claramente incómodo.

—Porque necesito el trabajo. Mi vida financiera es un desastre y, sinceramente, la ciencia siempre ha sido lo mío. No quiero depender de sacar fotos de mí mismo en mallas para pagar el alquiler.

Morrigan sonrió levemente ante la imagen mental, pero mantuvo su tono serio.

—Entonces la pregunta es… ¿puedes dejar de lado el pasado y trabajar con él?

Peter se quedó en silencio por un momento, mirando los documentos con el ceño fruncido.

—No lo sé. Pero creo que necesito averiguarlo.

Morrigan lo observó con interés. Aunque no conocía a Norman Osborn personalmente, podía ver que este asunto era más complicado de lo que parecía. Al final, solo Peter podía tomar esa decisión.

Y ella estaría allí para ver cómo se desarrollaba todo.

Peter tomó aire y decidió mirar los documentos con más atención. Ahora que la sorpresa inicial había pasado, podía analizar los detalles con más calma.

Pasó las páginas una por una, revisando cada cláusula con meticulosidad. Los términos eran claros: Norman Osborn, a través de Alchemax, financiaría el renacimiento de Parker Industries, proporcionándole acceso a recursos de vanguardia, laboratorios y un equipo altamente capacitado. A simple vista, sonaba como la oportunidad de su vida.

Pero Peter sabía que en los negocios, especialmente cuando Osborn estaba involucrado, nada era gratis.

—Hmm… —murmuró, inclinándose más sobre los documentos.

Morrigan, quien lo observaba con interés mientras descansaba su barbilla sobre una mano, sonrió ligeramente.

—Te ves bastante metido en eso —comentó con un tono divertido—. ¿Algo sospechoso?

Peter exhaló con frustración.

—No hay trampas evidentes… pero ese es el problema. Norman nunca juega limpio, así que la verdadera trampa debe estar bien escondida.

Morrigan entrecerró los ojos y apoyó un codo sobre la mesa, sosteniendo su cabeza con una mano.

—Entonces, ¿lo aceptarás?

Peter frunció el ceño, pasando la página de nuevo.

—Si lo hago, estaría trabajando con Norman y Alchemax. No sé qué tan buena idea sea eso.

Morrigan chasqueó la lengua, pensativa.

—Tienes razón en desconfiar. Pero dime, ¿te emociona la idea de recuperar tu empresa?

Peter se detuvo un momento.

Sí… en lo más profundo, la idea lo emocionaba. Parker Industries había sido más que una compañía; había sido su manera de hacer el bien como Peter Parker, no solo como Spider-Man. Había desarrollado tecnología para ayudar a la gente, había creado inventos que podían marcar una diferencia en el mundo.

Pero también recordaba cómo había terminado todo. Cómo su empresa se desmoronó, cómo perdió todo.

Miró a Morrigan, quien lo observaba con una expresión tranquila, como si pudiera ver a través de él.

—Supongo que la pregunta es… ¿quiero arriesgarme otra vez? —susurró Peter.

Peter suspiró al ver la hoja aparecer de la nada. Ya había aprendido a no sorprenderse con la magia de Strange, pero eso no lo hacía menos molesto.

—Genial, justo cuando estaba a punto de resolver mi crisis existencial —murmuró, tomando el papel.

Morrigan, con una sonrisa divertida, se acercó y miró la nota sobre su hombro.

—Bueno, parece que nuestro querido Hechicero Supremo quiere verme. ¿Crees que sea algo serio?

Peter exhaló con resignación.

—Con Strange, nunca se sabe. Puede ser que el multiverso esté colapsando… o simplemente que quiere regañarnos por no llevar un estilo de vida más ordenado.

Morrigan rió suavemente.

—Si es lo segundo, definitivamente te regañará más a ti que a mí.

Peter puso los ojos en blanco y dejó la nota sobre la mesa.

—Supongo que no tenemos opción. Vámonos antes de que me aparezca otra nota diciendo que ya estamos tardando.

Morrigan asintió, y con un movimiento elegante, se estiró antes de sonreírle con picardía.

—Espero que no te moleste viajar conmigo otra vez.

Peter parpadeó.

—¿Viajar contigo?

Antes de que pudiera reaccionar, Morrigan envolvió su brazo alrededor de él, y en un parpadeo, ambos desaparecieron en una ráfaga de energía oscura.

sanctum sanctorum

Cuando la oscuridad se disipó, Peter y Morrigan aparecieron dentro del Sanctum Sanctorum, justo en la sala principal donde Strange los esperaba con los brazos cruzados. A su lado, Wong hojeaba un pergamino con una expresión de ligera impaciencia.

—Tardaron más de lo que esperaba —comentó Strange, con su tono habitual de superioridad.

Peter se sacudió el mareo del viaje dimensional y puso los ojos en blanco.

—Sí, bueno, algunos de nosotros todavía estamos ajustándonos a este tipo de transporte.

Morrigan, en cambio, sonrió con diversión y se acercó con elegancia.

—¿Y cuál es el motivo de esta reunión tan repentina, Doctor?

Strange hizo un gesto y, con un movimiento de su mano, un pergamino apareció flotando frente a Morrigan.

—Este mensaje proviene directamente de tu reino —explicó el Hechicero Supremo—. Parece que hay asuntos políticos que requieren tu atención antes de que sigas explorando Nueva York.

Morrigan tomó el pergamino con curiosidad y lo desenrolló. Sus ojos recorrieron el texto con rapidez, y su expresión pasó de curiosidad a una leve molestia.

—Hmph… parece que no puedo escaparme tan fácilmente de mis responsabilidades —murmuró con un suspiro.

Peter, con los brazos cruzados, arqueó una ceja.

—¿Algo serio?

Morrigan rodó los ojos.

—Más bien aburrido. Reuniones, diplomacia, acuerdos… básicamente, la parte más tediosa de la política de mi reino.

Peter sonrió con burla.

—Bueno, al menos no son invasiones demoníacas o algo así.

Morrigan le devolvió la sonrisa de manera seductora.

—A veces, las reuniones políticas pueden ser más crueles que una batalla, querido.

Strange aclaró la garganta.

—Necesitas atender este asunto lo antes posible. No te tomará mucho tiempo, pero es necesario.

Morrigan suspiró y asintió.

—Está bien, lo haré.

Luego, miró a Peter con una sonrisa juguetona.

—Parece que nuestra aventura por Nueva York tendrá una breve pausa. ¿Crees que puedas sobrevivir sin mí por un tiempo?

Peter fingió pensarlo por un momento antes de encogerse de hombros.

—Bueno, supongo que podré arreglármelas… aunque la ciudad no será tan interesante sin ti causando revuelo.

Morrigan rió suavemente antes de volver su atención a Strange.

—Bien, entonces acompáñame, Doctor. Terminemos con esto cuanto antes.

Strange asintió, y con un simple movimiento de su mano, un portal se abrió ante ellos.

Antes de cruzarlo, Morrigan miró a Peter y le guiñó un ojo.

—No te diviertas demasiado sin mí.

Y con eso, desapareció en el portal junto a Strange, dejando a Peter y Wong solos en la sala.

Peter suspiró.

—Bueno… supongo que ahora tengo tiempo para pensar en lo de Parker Industries.

Wong miró el sobre que Peter aún sostenía y asintió.

—Eso o podrías ayudarme a organizar la biblioteca mágica.

Peter hizo una mueca.

—Sí… creo que mejor me iré a pensar.

Y con eso, salió del Sanctum, listo para enfrentar su propia decisión.

En la Calle

El bullicio de la ciudad de Nueva York era algo que Peter Parker solía encontrar reconfortante. El murmullo de las conversaciones, los cláxones de los taxis, el sonido de los pasos apurados en las aceras... todo formaba parte del ritmo incesante de la ciudad que nunca dormía. Pero en ese momento, Peter apenas lo notaba.

Caminaba sin rumbo, con las manos en los bolsillos de su chaqueta, sumido en un torbellino de pensamientos.

¿Realmente debería aceptar la propuesta de Norman?

La idea de reconstruir Parker Industries era tentadora. Un nuevo comienzo, una oportunidad para hacer las cosas bien esta vez. Pero el solo hecho de que Norman Osborn estuviera involucrado hacía que su sentido arácnido, aunque no se activara literalmente, se sintiera inquieto.

Norman decía haber cambiado. Decía que quería enmendar sus errores. Y Peter quería creerlo. Pero después de todo lo que había vivido, después de todo lo que Norman había hecho, confiar en él no era tan fácil.

Su mente estaba tan absorta en ese dilema que apenas notó el ajetreo de la ciudad a su alrededor. Las luces de los carteles publicitarios reflejaban sombras danzantes en el pavimento, y los peatones pasaban a su lado sin prestarle atención. Peter seguía caminando, sin rumbo fijo, hasta que un sonido familiar lo sacó de sus pensamientos.

Riiing, riiing.

Su teléfono vibró en su bolsillo, sacándolo de su ensimismamiento. Sacó el dispositivo y miró la pantalla. Tía May.

Peter sintió una ligera punzada de culpa. Había estado tan distraído con sus propios problemas que no recordaba la última vez que había pasado tiempo con ella. Sin dudarlo, deslizó el dedo para contestar.

—Hola, tía May —dijo con un tono más animado de lo que realmente se sentía.

—Peter, cariño. ¿Estás ocupado?

Él miró a su alrededor. Técnicamente, solo estaba caminando como un zombi, perdido en su cabeza.

—Para ti, nunca —respondió con una sonrisa. —¿Qué necesitas?

—Estamos un poco cortos de manos en FEAST —dijo May con su característico tono cálido, pero con un leve dejo de cansancio—. Nos llegó una gran cantidad de suministros y necesitamos organizarlos. Además, algunos de los niños están algo inquietos, y pensé que podrías venir a ayudar un rato.

Peter exhaló, sintiendo cómo la tensión en su pecho se disipaba un poco. FEAST siempre había sido un refugio, no solo para aquellos que buscaban ayuda, sino también para él.

—Voy en camino, tía. Dame unos minutos.

—Eres un ángel, Peter. Te veo pronto.

La llamada terminó, y Peter guardó el celular en su bolsillo con un suspiro.

Tal vez ayudar un poco en FEAST era justo lo que necesitaba para despejar la cabeza.

Con un nuevo propósito en mente, aceleró el paso hacia el refugio, dejando atrás las dudas, aunque fuera por un momento.

Peter, después de asegurarse de que el callejón estaba vacío y libre de miradas curiosas, se movió con agilidad. Con una facilidad impresionante, comenzó a trepar por la pared, sus pies y manos se adherían sin esfuerzo a la superficie mientras ascendía rápidamente hacia la azotea del edificio más cercano. El sol brillaba intensamente, iluminando la ciudad que continuaba su bullicio bajo él, pero Peter se concentraba en lo que tenía que hacer, aún con el peso de sus pensamientos sobre la propuesta de Norman.

Una vez en la cima del edificio, activó el reloj de partículas inestables en su muñeca. En cuestión de segundos, los nanobots se desplegaron desde el reloj, cubriendo su cuerpo con una rapidez sorprendente. El traje comenzó a formarse, capa por capa, envolviéndolo completamente.

Era una sensación inusual, pero no por ello menos fascinante. El traje de Spider-Man, con sus detalles rojos, azules y blancos, se acomodaba perfectamente a su cuerpo, ajustándose como si fuera parte de él mismo. La diferencia era que ahora, el material era mucho más duradero y flexible, listo para resistir cualquier golpe o desafío.

—Ah, aún huele a "auto nuevo" —comentó Peter, bromeando con su propia situación mientras observaba cómo sus manos se envolvían con las telarañas que ya formaban parte de su nuevo traje.

Con un ágil movimiento, se impulsó hacia adelante, saltando de la azotea con un salto largo. El viento le azotó la cara mientras se lanzaba al vacío por un momento, y justo cuando su cuerpo caía, disparó una telaraña hacia un edificio cercano, anclándose de manera precisa. En cuestión de milisegundos, estaba balanceándose por los edificios, deslizándose por el aire, disfrutando de la velocidad mientras se dirigía a su destino.

A pesar de la actividad frenética a su alrededor, el día seguía siendo brillante, y el sol iluminaba la ciudad. Los transeúntes caminaban despreocupados, ajenos a la figura de Spider-Man que se deslizaba sobre ellos con agilidad, entrelazando las telarañas de edificio a edificio.

La meta estaba clara. FEAST. La tía May necesitaba su ayuda, y eso era lo único que realmente importaba en ese momento.

Mientras Spider-Man balanceaba por la ciudad, ya acostumbrado al nuevo traje y sus mejoras, se dio cuenta de que el diseño innovador de Reed Richards había marcado la diferencia. Aparte de la capacidad de su traje para resistir impactos y regenerarse, ahora tenía una capa integrada en su uniforme, la cual era tan ligera y flexible que, al activarse, se extendía como un planeador aerodinámico.

Cada vez que disparaba una telaraña para impulsarse de un edificio a otro, aprovechaba la corriente de aire y, con un ágil movimiento de sus brazos, desplegaba la capa. De inmediato, la tela se estiraba y se aplanaba, creando una superficie amplia que le permitía deslizarse suavemente por el cielo de Nueva York, como un águila planeando sobre la ciudad.

—Reed realmente se lució esta vez... —comentó para sí mismo mientras disfrutaba de la sensación de planeo. El viento le acariciaba el rostro, y la vista de la ciudad era espectacular. "No por nada es una de las mentes más brillantes del planeta."

Con el planeador extendido, Spider-Man se deslizaba con elegancia y eficiencia, aprovechando cada ráfaga de viento para mantenerse en el aire. No necesitaba usar tanta fuerza en sus lanzamientos de telaraña, ya que la capa le proporcionaba un control perfecto del vuelo, permitiéndole tomar más altura o cambiar de dirección con facilidad.

Los transeúntes abajo miraban hacia arriba, algunos con asombro, sin entender completamente lo que veían. El sol brillaba con fuerza, y los edificios de la ciudad parecían gigantes que se deslizaban debajo de él. Todo estaba en perfecto balance, como si el traje nuevo estuviera hecho para hacer de Spider-Man no solo un luchador, sino también un maestro del movimiento en la ciudad.

Se sentía más libre que nunca.

En poco tiempo, Spider-Man llegó al Centro FEAST, un lugar donde siempre encontraba paz y propósito, especialmente cuando se trataba de ayudar a su tía May. Usó su telaraña para aterrizar suavemente en un rincón apartado del centro, donde no lo verían, y con un rápido gesto activó el reloj de su traje. Los nanobots comenzaron a reconfigurar su uniforme, haciéndolo desaparecer por completo hasta que se guardó de nuevo en su reloj, transformándose en un dispositivo compacto.

—Esto es mucho más conveniente que antes... —pensó, mientras miraba su reloj y recordaba las veces que había perdido su ropa o mochilas en el proceso de cambiarse de traje. Con una sonrisa nostálgica, se dio cuenta de que ese pequeño cambio en su equipo realmente hacía una gran diferencia.

Ahora completamente vestido de civil, con una camiseta sencilla y sus jeans, Spider-Man volvió a ser Peter Parker. Un Peter más relajado, pero aún con ese sentido de responsabilidad que lo acompañaba desde que había tomado el manto de héroe. Se ajustó un poco la camiseta y se dirigió a las puertas del centro FEAST.

Centro Feast

Al entrar, el bullicio usual de la gente se hizo evidente. Voluntarios ayudando, niños corriendo por ahí, y la cálida atmósfera que siempre había caracterizado al centro. Cuando sus ojos buscaron a su tía May, pronto la encontró atendiendo a un grupo de personas, con su rostro amigable y su voz reconociendo a todos por su nombre.

Peter no pudo evitar sonreír, sabiendo que ella era una de las personas más importantes en su vida. Caminó hacia ella, con paso tranquilo, sin prisa, disfrutando de la paz que el lugar siempre le ofrecía.

—Tía May... —dijo en voz baja, con una sonrisa. Ella lo miró y le devolvió el gesto, como si el simple hecho de ver a su sobrino estuviera llenando su día de satisfacción.

La misión en el Centro FEAST no parecía tan urgente, pero a Peter siempre le gustaba estar allí para apoyar, incluso en los pequeños detalles.

May recibió a Peter con una cálida sonrisa y un abrazo maternal.

—¡Peter, cariño! Me alegra tanto verte. ¿Cómo has estado últimamente? —preguntó con genuina preocupación, mientras lo apartaba suavemente para mirarlo mejor.

Peter sonrió con un aire despreocupado, aunque en su mente sabía que su vida nunca había sido precisamente tranquila.

—Trato de mejorar, tía May. Ya sabes, un día a la vez.

Ella lo miró con esa expresión que decía sé que me estás ocultando cosas, pero no voy a presionarte... por ahora, y simplemente asintió.

—Bueno, me alegra saber que al menos sigues de pie. Y hablando de eso... ¿qué te parece si me ayudas un poco? Las donaciones de la semana llegaron hace poco y necesitamos organizarlas.

—¡Por supuesto!

Sin perder tiempo, Peter se arremangó la camisa y se dirigió al área donde se apilaban varias cajas de cartón con ropa, sábanas y comida. Con su fuerza sobrehumana, movía las cajas con facilidad, aunque disimulaba para no levantar sospechas.

Mientras acomodaba algunas bolsas de alimentos en los estantes, miró de reojo a su tía, quien seguía ocupada organizando listas y conversando con algunos voluntarios. Verla tan dedicada al centro siempre le recordaba por qué hacía lo que hacía.

—A veces me pregunto cómo logras hacer tanto, tía May.

—Porque alguien tiene que hacerlo, cariño. —respondió ella con una sonrisa cansada pero llena de determinación—. Si podemos ayudar, debemos hacerlo.

Peter sintió una punzada en el pecho. Esas palabras resonaban en él más de lo que su tía podría imaginar.

Mientras Peter seguía acomodando las donaciones, May se acercó con una taza de té en la mano y una sonrisa tranquila en el rostro.

—Sabes, Peter... todo se trata de encontrar el equilibrio en ti.

Peter levantó la mirada, notando el tono serio en la voz de su tía.

—¿A qué te refieres, tía May?

Ella tomó asiento en una de las cajas y lo observó con esa mirada comprensiva que siempre le daba cuando intentaba ocultarle algo.

—Sé que llevas una vida difícil... y no solo me refiero a lo de pagar la renta a tiempo.

Peter sintió que un escalofrío recorría su espalda.

—Tía May...

—Shhh... Déjame terminar. —Lo interrumpió con ternura—. No voy a decirte cómo vivir tu vida, pero quiero que recuerdes algo: no puedes ser solo Spider-Man o solo Peter Parker. Tienes que ser ambos.

Peter frunció el ceño, confundido.

—¿A qué viene esto de repente?

May suspiró y tomó un sorbo de su té antes de continuar.

—Porque sé la verdad, Peter. La he sabido desde antes de que tú mismo te atrevieras a decírmelo. Desde antes de que despertaras del coma.

Los ojos de Peter se abrieron de par en par.

—¿Qué...?

May sonrió con ternura.

—He visto las cicatrices, he escuchado las excusas, y sobre todo... te conozco, Peter. Eres mi sobrino, mi niño. No necesitaba que me lo dijeras.

Peter se quedó en silencio. Durante años había intentado ocultar su identidad de ella, pensando que la protegería, pero ahora se daba cuenta de que su tía siempre había sabido la verdad.

—No puedo ayudarte a combatir el crimen. No puedo balancearme por la ciudad ni enfrentar a villanos con superpoderes... —continuó May—. Pero sí puedo ayudarte a que no te pierdas en el camino. A que no dejes que Spider-Man consuma a Peter Parker.

Peter bajó la cabeza, sintiendo un nudo en la garganta.

—Tía May, yo...

Ella se levantó y le dio un suave golpe en el hombro.

—No tienes que decir nada, cariño. Solo prométeme que, sin importar lo que pase, no olvidarás quién eres realmente.

Peter respiró hondo y asintió con una pequeña sonrisa.

—Lo prometo.

May sonrió satisfecha y le revolvió el cabello, como cuando era niño.

—Bien. Ahora deja de estar sentimental y sigue ayudando, jovencito.

Peter rió suavemente y volvió a su labor, sintiendo un poco de peso menos en sus hombros. Su tía siempre había sido su mayor apoyo, y ahora más que nunca, entendía cuánto significaba eso.

Mientras seguían acomodando las donaciones, la conversación se tornó más ligera. Peter comenzó a contarle a May algunas anécdotas de lo que había hecho últimamente, evitando, por supuesto, cualquier mención a los eventos más peligrosos de su vida como Spider-Man.

—Y bueno, ayer estuve como guía por la ciudad.

May arqueó una ceja, interesada.

—¿Guía? ¿Desde cuándo te dedicas al turismo, jovencito?

Peter rió mientras colocaba una caja sobre otra.

—Digamos que fue algo improvisado. Conocí a alguien que no sabía mucho de Nueva York, así que decidí mostrarle algunos lugares interesantes.

May notó un brillo en los ojos de su sobrino mientras hablaba, algo que no había visto en mucho tiempo.

—Vaya, suena como que te divertiste. ¿Quién es esta persona?

Peter se rascó la nuca, tratando de no parecer demasiado entusiasmado.

—Eh... su nombre es Morrigan. Es... algo difícil de explicar. Digamos que está de paso y necesitaba conocer la ciudad.

May entrecerró los ojos, sonriendo con picardía.

—Ajá... ¿Y qué más?

Peter negó rápidamente con las manos.

—Nada más. Solo fue un día normal... ya sabes, caminando, hablando, comiendo algo... cosas normales.

May rió suavemente, pero no insistió. En cambio, dejó que la conversación fluyera. Sin embargo, mientras Peter continuaba con su relato, un recuerdo vino a su mente.

Era un día como cualquier otro, muchos años atrás, cuando Peter tenía apenas 14 años. Estaban en casa, y él hablaba emocionado con el Tío Ben sobre algo que le había pasado en la escuela.

—Y entonces, cuando pensé que todo iba a salir mal, ¡bam! Lo logré. —decía un joven Peter, con una sonrisa de oreja a oreja.

May recordaba vívidamente ese brillo en los ojos de su sobrino. Era una chispa de emoción pura, una alegría genuina que pocas veces se dejaba ver en su rostro en los últimos años.

Desde la muerte de Ben, Peter había cargado con tantas responsabilidades, tantas pérdidas, que esa sonrisa se había vuelto una rareza. Pero ahora, en este momento, mientras hablaba sobre su día anterior, May pudo verla de nuevo.

Volviendo al presente, ella lo observó con ternura y orgullo.

—Sabes, Peter... Me alegra verte así.

Peter parpadeó, algo confundido.

—¿Así cómo?

May sonrió.

—Feliz.

Peter se quedó en silencio por un momento, sorprendido por el comentario. Luego, sonrió levemente y volvió a su labor.

—Bueno... supongo que a veces también me lo merezco, ¿no?

May le dio un leve apretón en el brazo.

—Por supuesto que sí.

Con morrigan

De vuelta en el oscuro y místico reino de Makai, Morrigan caminaba por los pasillos de un castillo imponente, iluminado solo por antorchas de fuego verde y el resplandor etéreo de los espíritus que flotaban a su alrededor. La atmósfera era sofocante, impregnada de la energía de innumerables demonios que habitaban la dimensión infernal.

Frente a ella, un enorme portón de obsidiana se abrió con un estruendo, revelando un gran salón decorado con gárgolas vivientes y tapices antiguos que contaban las gestas de los gobernantes pasados. En el trono, una figura de porte imponente la observaba con ojos severos: un anciano demonio de piel grisácea y largas garras, con cuernos que se curvaban hacia atrás como los de un dragón.

—Morrigan Aensland... has tardado en regresar. —su voz era grave y resonante, llenando el salón.

Morrigan suspiró con fastidio antes de acercarse con su característico aire despreocupado, aunque en el fondo sabía que esto no sería una reunión agradable.

—Oh, vamos, no me digas que me extrañaste. —dijo con una sonrisa juguetona—. Estaba... digamos, explorando un mundo interesante.

El anciano gruñó, golpeando el apoyabrazos del trono con una de sus garras.

—Mientras te diviertes en otros mundos, la Casa Aensland sigue teniendo deberes en Makai. Hay tensiones entre los clanes, y no podemos permitir que nuestra posición se debilite.

Morrigan entrecerró los ojos, dejando atrás su actitud despreocupada. Sabía que su linaje tenía un peso importante en la política del reino, pero siempre había detestado verse atada a las intrigas y disputas interminables entre las grandes familias demoníacas.

—¿Y qué es lo que esperan de mí esta vez? —preguntó, cruzándose de brazos.

El anciano la miró fijamente antes de responder.

—Tu presencia es requerida en un cónclave de los clanes. Hay quienes cuestionan tu liderazgo y derecho a la herencia de Aensland.

Morrigan alzó una ceja.

—¿Otra vez con lo mismo? ¿Quién es el valiente esta vez?

—Los Vaarlan han estado susurrando en las sombras. Afirman que tu tiempo fuera de Makai te ha hecho débil... y que quizá ya no eres digna de liderar.

Morrigan dejó escapar una risa sarcástica.

—¿Débil? Vaya, qué valientes son para hablar cuando no estoy cerca.

El anciano se inclinó hacia adelante.

—Debes demostrarles que están equivocados. El cónclave se llevará a cabo en dos días. Hasta entonces, sería prudente que recordaras quién eres... y qué representas.

Morrigan chasqueó la lengua, claramente molesta, pero en el fondo entendía que no podía ignorar la situación. Si no ponía a estos conspiradores en su lugar, su linaje corría el riesgo de ser despojado de su legado.

—Está bien, está bien. Jugaré a la política por ahora... pero cuando termine con esto, pienso regresar a mi "exploración".

El anciano la miró con dureza, pero no respondió.

Morrigan dio media vuelta, saliendo del salón con paso firme. Si estos demonios querían desafiar su derecho, entonces tendría que recordarles con quién estaban tratando.

Y no tenía intención de contenerse.

Morrigan se detuvo en medio del pasillo, su mirada alzada hacia el cielo oscuro de Makai. La luna roja brillaba intensamente sobre la noche eterna de su mundo, un paisaje que durante siglos había considerado su hogar, su reino… su prisión.

Pero ahora, después de haber visto la ciudad que nunca duerme, las luces vibrantes de Nueva York, el murmullo constante de la vida humana, los rascacielos desafiando el cielo estrellado… este paisaje le parecía monótono.

Cruzó los brazos, apoyándose contra una de las columnas de piedra negra. Nunca antes había sentido esto. Makai siempre había sido su dominio, el lugar donde su poder era absoluto, donde su legado estaba asegurado. Sin embargo, por primera vez, sentía que pertenecía a otro sitio, a otro mundo…

Y entonces, su mente viajó de nuevo hacia aquel hombre.

Peter.

Recordó su sonrisa cansada pero sincera, la calidez de su espíritu a pesar de todo lo que había sufrido. El modo en que, sin ser consciente, lograba inspirar a otros, incluso a alguien como ella, una súcubo que rara vez se preocupaba por algo más que su propio entretenimiento.

Un suspiro escapó de sus labios.

—Vaya, mira en lo que me he metido… —susurró para sí misma, con una media sonrisa.

El mundo humano la estaba cambiando. No era algo que pudiera negar.

Pero antes de poder regresar, tenía que asegurarse de que su lugar aquí estuviera asegurado.

Con una nueva determinación en sus ojos, Morrigan se separó de la columna y siguió caminando. Tenía mucho que hacer antes del cónclave.

De regreso con Peter

Peter se estiró, sintiendo cómo sus músculos protestaban después de haber estado cargando cajas y ayudando en el centro FEAST. Había sido un día largo, pero uno que le dejaba una sensación de tranquilidad en el pecho. Ayudar a la gente siempre le daba un propósito, algo que le hacía olvidar, al menos por un momento, el caos constante que era su vida.

La noche ya había caído sobre la ciudad, y el frío de la temporada se hacía sentir en el aire. Se frotó las manos y metió las de nuevo en los bolsillos de su chaqueta, sintiendo unas pocas monedas sueltas.

—Bueno, no será la cena más elegante, pero servirá.

Caminó hasta un carrito de hot dogs en la esquina, el vapor del aceite caliente escapando al aire nocturno mientras el vendedor servía a los clientes.

—Uno con todo, por favor. —pidió, deslizando un dólar sobre el mostrador.

El vendedor le entregó el hot dog envuelto en una servilleta, y Peter no perdió tiempo en darle un gran mordisco. No era una cena gourmet, pero después de un día agotador, cualquier comida caliente se sentía como un lujo.

Mientras masticaba, miró alrededor. A pesar del frío, Nueva York seguía vibrante, llena de luces y vida. Coches pasando, risas de gente saliendo de un restaurante, el eco de una ambulancia a lo lejos.

Las sirenas de la policía resonaban con fuerza, mezclándose con los gritos de la gente y el sonido seco de los disparos. Peter apenas había terminado su hot dog cuando su sentido arácnido le dio una punzada en la nuca.

—Y ahí va mi noche tranquila… —murmuró, suspirando mientras buscaba un callejón cercano.

Se aseguró de que no hubiera testigos antes de activar su reloj. En un instante, los nanobots se desplegaron, envolviéndolo en su traje en cuestión de segundos. Era increíblemente eficiente, sin necesidad de desvestirse o esconder su ropa como antes.

—Reed realmente se lució con esto… aunque Johnny seguro insistió en que tuviera llamas o algo así.

Sin perder más tiempo, saltó hacia una pared y disparó una línea de telaraña para impulsarse hacia el sonido de las sirenas. El viento frío golpeaba su rostro mientras se balanceaba entre los edificios con precisión. En cuestión de segundos, llegó al lugar del conflicto: una persecución policial en pleno centro de la ciudad.

Con un giro en el aire, aterrizó sobre el techo del auto en fuga, haciendo que los ladrones dentro se sobresaltaran.

—¡Buenas noches, caballeros! ¿Pidieron un repartidor de justicia exprés?

Antes de que pudiera seguir con su cháchara, su sentido arácnido volvió a activarse. Sin pensarlo, se inclinó hacia un lado justo cuando una bala pasó rozando donde estaba su cabeza.

—¡Whoa! Oye, ¿así es como saludas a los invitados? Muy grosero.

El conductor intentó sacudírselo con maniobras bruscas, pero Peter se mantuvo firme, disparando una telaraña al parabrisas para bloquear su visión.

—Y ahora… vamos a resolver este pequeño inconveniente al estilo Spidey.

Con un giro ágil, Peter saltó hacia el costado del coche, aferrándose con sus lanzadores de telaraña mientras esquivaba un par de balas más. En un abrir y cerrar de ojos, estaba frente a los ladrones, quienes intentaron frenéticamente maniobrar, pero no lograron mantener el control del vehículo. El sentido arácnido de Peter, siempre alerta, le permitió anticiparse a cada movimiento.

—¡Hey, chicos! ¿No les parece un poco tarde para un paseo tan acelerado? —bromeó mientras con una mano lanzaba telaraña hacia las puertas del coche, asegurándolas de forma que no pudieran abrirlas.

Los ladrones se miraron confundidos, sin saber qué hacer, mientras Peter con gracia se agachaba sobre el techo del coche. Con un movimiento rápido, disparó una telaraña hacia la rueda trasera, haciendo que la goma explotara en un estallido y el vehículo perdiera el control. El coche empezó a patinar sobre el asfalto, y, en un instante, terminó chocado contra una pared cercana, lo que hizo que los ladrones quedaran atrapados dentro del coche, completamente inmovilizados.

Peter aterrizó suavemente en el suelo, sin un rasguño. Se acercó al coche con tranquilidad, sin apuro. Aún podía escuchar el sonido de las sirenas, acercándose a la escena.

—Y así es como Spidey resuelve los problemas... en tiempo récord. —se dijo a sí mismo, mirando con una sonrisa confiada a los dos ladrones, que ya no podían hacer nada más que mirar en pánico.

Con un rápido movimiento, extrajo su teléfono y llamó a la policía, asegurándose de que enviaran una unidad para recoger a los delincuentes.

—A ver, ¿dónde estaba? Ah, sí, cena. Supongo que el hot dog no fue suficiente.

Mientras esperaba, el brillo de las luces rojas y azules iluminaba las calles, y Peter no pudo evitar una sonrisa satisfecha.

Miles llegó en su traje, aterrizando con gracia en el asfalto. Al escuchar la voz de Peter, su mirada se fijó en él, y no pudo evitar sonreír al reconocerlo al instante, aunque estaba algo sorprendido por el cambio.

—¡Spidey! —dijo Miles, mirando el nuevo traje de su mentor. —Viejo traje, nuevo, ¡genial! —añadió, claramente impresionado.

Peter, dándose la vuelta para saludar a Miles, sonrió de manera confiada, sintiendo la frescura del nuevo traje.

—¡Gracias,! —respondió Peter mientras hacía un giro con estilo. —Y huele a auto nuevo, ¿verdad? —dijo, inhalando de forma exagerada para hacer notar el aroma de su propio atuendo.

En el tejado de algún edificio

Tras dejar a los ladrones en manos de la policía, ambos Spider-Men se alejaron del lugar, deslizándose con facilidad a través de los edificios, sus movimientos ágiles y precisos en la fría noche de Nueva York. Pronto, llegaron a un techo tranquilo, uno que tenían acostumbrado a usar para descansar después de una buena pelea. El aire nocturno era fresco y cortante, pero no parecía importarles.

Se sentaron juntos, de espaldas a la cornisa del edificio, disfrutando de la calma que solo el silencio de la ciudad podía brindarles. En medio del ajetreo y las aventuras del día, había algo reconfortante en ese momento de paz. Peter, siempre práctico, sacó una caja de pizza de debajo de su brazo, tirando un par de papeles de las bolsas y entregando un trozo a Miles.

—Aquí, man. ¡Esta pizza ha salvado mi vida más de una vez! —dijo Peter, sonriendo mientras sacaba una rebanada con cuidado.

Miles tomó su rebanada con una sonrisa, sin decir mucho al principio. Ambos se quedaron un momento en silencio, observando las luces de la ciudad que parpadeaban a lo lejos, mientras la fría brisa soplaba suavemente.

—¿Sabes? Este es el tipo de momentos que me gustan, —comentó Miles, mirando la pizza, con la expresión relajada que pocas veces mostraba. —Solo nosotros, la pizza, y... bueno, el frío. Pero todo lo demás parece quedar en segundo plano.

Peter asintió, mordiendo un trozo de pizza. El queso se estiró ante él, calentándose al contacto con su boca, liberando ese inconfundible olor a pizza recién hecha.

—Exacto, Miles. En medio de todo este caos... —dijo Peter, mirando las calles bajo ellos— ...estos son los momentos que realmente importan. Y hablando de cosas que importan... —añadió con una sonrisa pícara— ...No es por nada, pero creo que el traje nuevo definitivamente tiene un sabor a... frescura.

Miles se rió, masticando su pizza.

—No te preocupes, Spidey, ya te lo dije antes. Está... genial. —respondió mientras masticaba y pensaba en lo que había sucedido ese día. —Aunque, el de tu auto nuevo sí que estuvo muy cerca de ser una broma épica.

Peter se rió, mirando a su alrededor mientras el viento soplaba más fuerte. A pesar del frío y la dureza de la vida de los héroes, había algo reconfortante en compartir una pizza con otro héroe. Un sentimiento de camaradería que, en medio de todo, hacía que todo valiera la pena.

—Bien dicho, Miles. ¡Nada como una buena pizza después de salvar el día! —dijo Peter, levantando su rebanada en un brindis informal. —¿Listo para la siguiente ronda?

Miles levantó su trozo de pizza también, sonriendo.

—¡Vamos, Spidey! Esto apenas comienza.

Mientras continuaban comiendo, el ambiente era relajado, pero no pasó mucho tiempo antes de que la conversación tomara un giro inesperado. Miles, con una sonrisa traviesa, miró a Peter mientras masticaba su pizza.

—Oye, Spidey, he escuchado algo interesante, —comenzó Miles, claramente divertido con la idea de sacar a su amigo de su zona de confort. —Dicen que últimamente andas con una chica... y no cualquier chica. Dicen que es... increíblemente hermosa.

Peter levantó una ceja y miró a Miles, el tono de su voz indicaba que ya sabía de dónde venía todo eso.

—¿Johnny? —preguntó Peter con una risa nerviosa. —¿Es Johnny quien está esparciendo esos rumores?

Miles se rió, dejando escapar una pequeña carcajada.

—Sí, algo me dice que sí. —Miles dijo con una sonrisa pícara, conociendo al rubio de los Cuatro Fantásticos y su habilidad para crear "pequeños detalles" sobre la vida personal de Peter. —Pero bueno, nadie puede negar que la chica parece... ¡de otro nivel! ¿Quién es, Peter?

Peter se encogió de hombros, intentando que su sonrisa no se notara forzada, sin saber cómo abordar el tema sin decir demasiado.

—Es una amiga. —Peter respondió con la mayor calma que pudo, evitando entrar en más detalles. —Pero... no es un gran tema, de verdad. Es solo... alguien que me ha estado ayudando un poco últimamente. Nada más.

Miles asintió, pero claramente parecía querer seguir la conversación. Sin embargo, antes de que pudiera seguir indagando, algo inesperado salió de su boca.

—Oye, y también escuché algo sobre... —Miles hizo una pausa, dudando un poco— ...sobre lo de MJ. ¿Todo bien, Peter?

Peter se tensó por un segundo, sintiendo cómo su pecho se apretaba al escuchar ese nombre. Sabía que, tarde o temprano, tendría que hablar sobre la ruptura con Mary Jane. A pesar de todo el tiempo que había pasado, las palabras seguían siendo difíciles de pronunciar. Aceptar que todo había terminado con MJ, su primer amor, seguía siendo complicado.

Suspiró y se recostó un poco en el borde del edificio, mirando al horizonte mientras pasaba su mano por su rostro.

—Sí... bueno, ya sabes... todo terminó, Miles. —Peter dijo con una media sonrisa triste. —Lo he estado procesando, pero... es lo que es. Ella... tenía su vida, y yo... tenía que seguir adelante.

Miles asintió, viendo el dolor en los ojos de Peter, aunque intentaba esconderlo. No era fácil para nadie pasar por una ruptura, especialmente cuando se trataba de alguien tan importante en su vida. Sin embargo, entendía lo que su amigo quería decir. Todos pasaban por momentos difíciles, y Peter no era la excepción, aunque siempre se esforzaba por llevar la carga solo.

—Lo siento, tío. No quise hacerte recordar eso. —Miles dijo con sinceridad. —Pero, ¿sabes qué? Ella te querría ver bien. Y te apoyaría, aunque... no pudieran estar juntos ahora.

Peter sonrió, agradecido por el apoyo de Miles. Aunque el dolor seguía allí, estaba claro que tener a sus amigos cerca lo ayudaba a seguir adelante.

—Gracias, Miles. No te preocupes, ya estoy bien. Solo... tengo que seguir adelante. —Peter respondió, tomando una bocanada de aire fresco mientras se recostaba aún más cómodamente en el borde del edificio. —Además, tengo cosas que hacer... siempre. Ya sabes cómo es esto.

Miles le dio un codazo amistoso.

—Claro, como siempre. Pero no estás solo, ¿eh? —Miles dijo con una sonrisa sincera. —Aquí estamos, los dos, luchando juntos.

Peter asintió, y aunque el dolor seguía, algo dentro de él se sintió más ligero al saber que podía contar con su amigo. Podría seguir adelante, no importaba lo que el destino le tuviera preparado.

Ambos continuaron comiendo en silencio, disfrutando de ese momento de calma, de la noche, la pizza y la compañía. Había más cosas por venir, pero por ahora, lo único importante era estar allí, como Spider-Men, como amigos.

Horas después, apartamente de peter

Peter se dejó caer en su sofá con un suspiro, quitándose la máscara y pasándose una mano por el rostro. Aún podía sentir el frío de la noche en su traje, pero más que eso, podía sentir el peso de su propio cansancio.

Había pasado por el Sanctum antes de volver a casa, preguntándole a Strange si Morrigan había regresado. No había recibido una respuesta clara, lo que solo aumentó esa sensación ansiosa en su interior. Quizás, después de todo, su ruptura con MJ lo había dejado más afectado de lo que quería admitir. No es que estuviera buscando un reemplazo ni nada parecido, pero... la presencia de Morrigan era distinta, coqueta de una manera juguetona, casi hipnótica. Y, tal vez, en el fondo, le gustaba sentir esa atención.

Se sacudió esos pensamientos y se centró en lo que tenía enfrente: su traje nuevo. Se puso de pie y lo extendió en la mesa, observándolo con detenimiento. Johnny se lo había regalado con una gran sonrisa, diciendo que Reed lo había diseñado especialmente para él, pero Peter no podía evitar sentirse un poco paranoico.

—No es que no confíe en Reed... —murmuró, cruzándose de brazos mientras analizaba cada detalle del traje. —Pero la última vez que acepté un traje tecnológico de alguien, terminé descubriendo rastreadores, un sistema de monitoreo e incluso un mecanismo de bloqueo. Gracias por eso, Tony.

Soltó un suspiro y activó su reloj, permitiendo que los nanobots formaran el traje una vez más. Examinó los patrones, el material, las conexiones internas. Todo parecía en orden, pero no podía evitar esa sensación de que debía asegurarse por completo. Si había aprendido algo en su carrera como Spider-Man, era que nunca debía confiar ciegamente en la tecnología de otra persona, por muy bien intencionada que pareciera.

Tomó su laptop y comenzó a escanear el traje con un programa que había desarrollado tiempo atrás. Si había algo oculto en él, lo encontraría.

Peter parpadeó, sorprendido. Nada. Absolutamente nada.

No había rastreadores ocultos, ni códigos de activación remota, ni sistemas de emergencia que lo dejaran fuera de combate con solo presionar un botón. Solo era un traje avanzado, diseñado para ayudarlo y no para controlarlo.

Se recargó en su silla, soltando un suspiro de alivio mientras miraba la pantalla de su laptop. No es que dudara de Reed, pero después de su experiencia con el Iron Spider de Tony, le costaba confiar en trajes que no hubiera diseñado él mismo. Pero aquí estaba, con un traje libre de trampas, equipado solo con lo que Reed había mencionado:

Un sistema para rastrear objetivos, en caso de que les colocara un rastreador.

Un sistema anti-rastreo, evitando que lo localizaran fácilmente.

Protección anti-simbionte, por si alguna amenaza del pasado intentaba regresar.

Un monitor de estado tanto para él como para el traje.

Un gestor para controlar sus lanzadores de red, permitiéndole personalizar su uso en combate.

Nada más. Nada menos.

Peter dejó escapar una pequeña risa y cerró la laptop.

—Vaya, Reed, realmente te luciste esta vez. —murmuró para sí mismo, estirando el traje con las manos. Por primera vez en mucho tiempo, tenía un traje que era completamente suyo. Sin condiciones. Sin trampas.

Y por alguna razón... eso le hacía sentir bien.

Sin más que hacer por la noche, Peter dejó escapar un bostezo, sintiendo cómo el cansancio finalmente lo alcanzaba.

Se quitó el reloj de la muñeca por un momento, observando cómo las pequeñas partículas nanométricas del traje se deshacían como si fueran arena fina y volvían a integrarse en el dispositivo. Un diseño impresionante, sin duda.

Colocándose el reloj de nuevo, se dejó caer sobre la cama con un suspiro. Había sido un día largo. Ayudar en F.E.A.S.T., enfrentarse a ladrones, compartir una pizza con Miles, e incluso revisar su nuevo traje. Demasiado para procesar en una sola noche.

Miró el techo por unos segundos, su mente divagando. Morrigan seguía en su mundo resolviendo asuntos políticos... ¿Cuándo volvería?

Sacudió la cabeza, cerrando los ojos. Ya pensaría en eso mañana.

Y así, por primera vez en mucho tiempo, Peter Parker se quedó dormido casi al instante, dejando que la tranquilidad de la noche lo envolviera.

Recuerdo … El Primer Encuentro: Spider-Man vs. Morrigan

El caos reinaba en la ciudad. Explosiones, portales dimensionales abiertos y criaturas de ambos mundos desataban el pandemonio. Spider-Man se balanceaba entre los escombros de un edificio colapsado, esquivando con facilidad los proyectiles de energía que surcaban el cielo.

—¡Esto es una locura! ¿Es mucho pedir un día tranquilo en Nueva York? —exclamó el trepamuros mientras aterrizaba en lo alto de un semáforo, observando la batalla campal que se desarrollaba en las calles.

De repente, una ráfaga de energía verde pasó silbando a su lado, impactando un automóvil y reduciéndolo a cenizas.

—¡Hey! ¡Cuidado con eso! No todos tenemos dinero para un seguro decente—bromeó, girando la cabeza hacia la responsable del ataque.

Frente a él, flotando con una actitud despreocupada pero con una mirada afilada, estaba Morrigan Aensland. Sus alas de murciélago se extendían con elegancia, y una sonrisa juguetona adornaba su rostro.

—Vaya, vaya… ¿y tú quién eres? Un héroe más que se interpone en mi camino —dijo la súcubo con un tono seductor, cruzando los brazos.

—¿Yo? ¡Soy el increíble, asombroso, sensacional Spider-Man! Aunque, para los amigos, simplemente Spidey. Y, uh… ¿tú eres? ¿Maléfica en cosplay?

La sonrisa de Morrigan se amplió ante el descaro del héroe. Este humano tenía agallas.

—Qué curioso, me suelen comparar con criaturas más... exóticas —contestó, dejando escapar una pequeña risa—. Pero no tengo tiempo para juegos.

Sin previo aviso, se lanzó contra él con una velocidad impresionante. Peter apenas pudo reaccionar, esquivando por instinto cuando un Soul Fist pasó rozando su hombro.

—¡Whoa! ¡Advertencias, por favor! ¿Dónde está el "Hola, mucho gusto" antes de lanzar bolas de energía?

Morrigan no respondió. En cambio, continuó atacando con una serie de ráfagas, obligando a Spidey a moverse por los muros de los edificios en acrobacias imposibles.

—¡Bien, bien! Supongo que esto significa que somos enemigos —dijo Peter, impulsándose con su telaraña para lanzarse directo hacia ella—. ¡No es nada personal!

El arácnido golpeó con una Patada de Araña, pero Morrigan bloqueó con facilidad, contraatacando con una barrida rápida que lo hizo perder el equilibrio. Acto seguido, apareció detrás de él en un parpadeo, usando su Shadow Blade para lanzarlo por los aires.

—¡Gah! ¡No me gusta este juego! —gritó Spider-Man mientras caía, solo para salvarse lanzando una telaraña y balancearse lejos del impacto.

Morrigan lo observó con diversión. Era rápido, más de lo que esperaba.

—Tienes buenos reflejos… pero, ¿podrás seguir mi ritmo? —susurró antes de cargar de nuevo.

El enfrentamiento continuó, con ambos midiendo sus fuerzas, esquivando y contraatacando. Sin embargo, lo que ninguno de los dos sabía era que pronto estarían del mismo lado, luchando contra una amenaza mayor…

Spider-Man apenas tuvo tiempo de procesar lo que ocurría. Un portal oscuro se abrió en el cielo, y de él emergieron criaturas retorcidas de energía negativa, pareciendo sombras con ojos resplandecientes. Antes de que pudiera lanzar otro comentario sarcástico, vio cómo una de esas entidades se abalanzó sobre un enorme hombre con una armadura roja y un casco de aspecto imponente.

El coloso dejó escapar un rugido distorsionado mientras su cuerpo brillaba con un tono enfermizo. Sus ojos se volvieron de un color carmesí intenso, y su aura se tornó aún más amenazante.

—¡Oh, no! —exclamó Spidey—. Como si Juggernaut normal no fuera suficiente problema… ahora es versión endemoniada… ¡genial!

Morrigan alzó una ceja mientras esquivaba un fragmento de escombros que voló en su dirección.

—¿Juggernaut? —repitió con curiosidad—. No tengo idea de quién es ese, pero parece que ya te ha dado problemas antes.

—Créeme, es un dolor de cabeza del tamaño de un rascacielos —respondió Peter, preparándose para esquivar.

Antes de que pudieran coordinar un ataque, el coloso poseído cargó contra ellos a una velocidad abrumadora.

—¡Cuidado! —gritó Spidey, pero era tarde.

El arácnido intentó esquivar, pero la mole impactó con una fuerza brutal, enviándolo a estrellarse contra una pared. Antes de que pudiera recuperarse, el titán poseído levantó un puño y lo aplastó contra el suelo con un golpe demoledor.

El concreto se quebró bajo su cuerpo, y el dolor se extendió por su espalda.

—Oof… Ok, eso dolió —murmuró Peter, viendo estrellitas por un momento—. Definitivamente… este no es mi día.

Morrigan tampoco salió ilesa. En su intento por atacarlo con un Soul Fist, Juggernaut la interceptó con un golpe devastador, lanzándola por los aires como si fuera una muñeca de trapo.

Pero antes de que su cuerpo impactara contra el suelo…

—¡Te tengo! —exclamó Spider-Man, reaccionando con reflejos impecables.

Con un movimiento rápido, lanzó una telaraña, impulsándose con ella para atraparla en el aire, asegurándose de amortiguar la caída.

Morrigan apenas podía creerlo. Hace unos momentos, estaba en plena batalla contra Spider-Man, viéndolo como un simple obstáculo en su camino. Y ahora, él había sido quien la salvó de una caída brutal.

Mientras flotaba en sus brazos, con el sonido de la batalla rugiendo a su alrededor, no pudo evitar mirar al héroe enmascarado con cierta curiosidad.

—Vaya… caballeroso y todo —murmuró con una sonrisa juguetona, sin perder su aire encantador.

Spider-Man, aún con el pulso acelerado, solo pudo responder:

—Sí, bueno… no me gusta ver caer a las damas —bromeó, ajustando su agarre antes de dejarla suavemente en el suelo—. Aunque preferiría que no nos lanzaran como pelotas de béisbol.

Morrigan se reincorporó rápidamente, volviendo a enfocarse en la amenaza frente a ellos. Su mirada pasó fugazmente por Spider-Man, preguntándose qué clase de persona era este héroe. Pocos confiarían en alguien que segundos antes había sido su oponente.

Pero ahora no era momento para divagar. La batalla contra el coloso poseído aún no terminaba.

—No sé quién es este tipo, pero no me gusta que crea que puede golpearme como si nada —dijo Morrigan, canalizando energía oscura en sus manos.

—Créeme, el sentimiento es mutuo —respondió Peter—. Pero si vamos a pelear juntos, aviso desde ya que yo pongo los chistes.

La súcubo dejó escapar una risa ligera antes de concentrarse en la pelea. Puede que fueran enemigos hace unos minutos… pero ahora, al menos por este instante, eran aliados.

El dúo improvisado se movía con una sincronización sorprendente para haber sido enemigos hace apenas unos minutos.

Spider-Man usaba su agilidad y telarañas para confundir a Juggernaut, lanzándole redes a los ojos y enredando sus enormes brazos para limitar sus movimientos. Morrigan, aprovechando cada distracción, lanzaba veloces proyectiles de energía oscura, impactando al coloso poseído con precisión quirúrgica.

—¡Vamos, grandulón! ¿Nunca te enseñaron que mirar fijamente a las chicas es de mala educación? —bromeó Spidey, lanzándose hacia adelante y golpeando a Juggernaut en la mandíbula con una patada giratoria.

Morrigan rió divertida mientras se deslizaba con elegancia en el aire, lista para su siguiente movimiento.

—Espero que sepas bailar, héroe.

Sin previo aviso, la súcubo giró en el aire y se impulsó con fuerza hacia Juggernaut, al mismo tiempo que Spider-Man se balanceaba con sus telarañas para tomar velocidad. En un golpe perfectamente sincronizado, ambos impactaron con una doble patada voladora en el pecho del mutante poseído.

¡BOOM!

El titánico enemigo salió disparado hacia atrás, estrellándose contra un muro con una fuerza brutal. La energía oscura que lo rodeaba comenzó a disiparse, liberándolo de la extraña posesión que lo controlaba.

Spider-Man aterrizó suavemente sobre una farola, viendo cómo Juggernaut volvía en sí.

—Y así, damas y caballeros, el poder del trabajo en equipo… y de unas buenas patadas en la cara.

Morrigan aterrizó con la misma gracia que si nunca hubiera estado peleando. Pero lo que más le llamó la atención fue ver a Spider-Man buscando algo con urgencia.

—¿Qué ocurre? —preguntó la súcubo con curiosidad.

—¡Ah, ahí está! —exclamó Peter al encontrar su cámara pegada a una pared—. Pensé que con tanto golpe y explosión se habría roto.

Revisó el dispositivo y suspiró aliviado al ver que aún funcionaba.

—Bueno, las fotos que tomó deben valer una buena paga de parte de James Jonah Jameson —dijo con satisfacción, ajustando la cámara para ver algunas imágenes.

Morrigan, intrigada, se acercó para ver qué hacía. Justo en ese momento, Spidey se tomó una selfie con el pulgar arriba, con Juggernaut inconsciente de fondo.

La súcubo arqueó una ceja, sorprendida pero divertida.

—¿Así celebran las victorias en tu mundo?

Spider-Man le dirigió una sonrisa bajo la máscara.

—Cuando trabajas para un jefe que te odia, aprendes a sacarle provecho a cada oportunidad.

Morrigan soltó una suave carcajada. Tal vez este héroe era más interesante de lo que pensaba.

Después de la intensa batalla, el aire de la ciudad parecía calmarse, con las sirenas de la policía aún sonando a lo lejos, pero ya no había más caos a su alrededor. Los dos héroes se tomaron un momento para recuperarse, con Spider-Man colgando de una farola cercana y Morrigan posándose con gracia sobre el techo de un edificio cercano.

El sentido arácnido de Peter seguía en silencio, lo que significaba que no había ningún peligro inminente cerca, al menos no uno que pudiera ponerlo en alerta en este preciso momento. Sin embargo, sabía que no podía bajar la guardia, aún si las cosas parecían calmarse.

Spider-Man miró a Morrigan, quien lo observaba con una ligera sonrisa, probablemente evaluando a este extraño compañero de batalla.

—Supongo que es hora de las presentaciones, ¿no? —dijo Spidey, balanceándose ligeramente mientras se acercaba a ella con una sonrisa en su voz. No había necesidad de revelar mucho de sí mismo todavía. Para empezar, no quería poner en peligro a los suyos por algo tan trivial como una charla casual con una mujer aparentemente poderosa de otro mundo.

—¿Morrigan? —dijo él, alzando las cejas. —Aunque, ya me lo imagino… lo de los poderes y todo eso.

Morrigan cruzó los brazos y lo observó con una ligera sonrisa juguetona.

—Así que no me vas a revelar tu nombre, ¿eh? Bueno, no soy de las que presionan por eso. Puedo ser paciente… por ahora.

Spider-Man inclinó la cabeza, manteniendo su tono ligero.

—Mi nombre… bueno, digamos que es Spider-Man, como en, el hombre araña, pero con un poco más de estilo. No, no es mi verdadero nombre, pero bueno, digamos que funciona.

La súcubo frunció los labios, divertida, pero al mismo tiempo reconociendo que Spider-Man tenía un aire de misterio. Sabía que en su mundo existían más de unos cuantos héroes y villanos con identidades secretas, pero eso no le molestaba. De hecho, lo encontraba fascinante.

—Vaya, Spider-Man, no esperaba un nombre tan… apropiado —comentó Morrigan, su tono aún juguetón, pero ahora más cálido.

Peter se rió suavemente bajo su máscara.

—Sí, no lo elegí, pero parece que lo dejé ir. Ah, ¿y tú? ¿Algún otro nombre? Morrigan suena un poco… temible, ¿no crees?

Morrigan levantó una ceja, juguetona.

—¿Temible? Oh, no te preocupes, es solo un nombre. No es como si lo elegí con ese propósito, pero entiendo cómo puede sonar así.

El ambiente entre ellos se relajó un poco. A pesar de las diferencias, la pelea había servido para establecer una cierta confianza mutua, aunque no total. Ambos sabían que en un mundo tan impredecible, cualquier aliado podría ser también un enemigo en algún momento, pero por ahora, solo disfrutaban de la tregua.

Spider-Man miró la ciudad a su alrededor, el frío de la noche todavía en el aire, pero ya sin la tensión de antes. Mientras tanto, Morrigan, desde su posición, observaba el cielo estrellado, las luces de la ciudad a sus pies.

—Supongo que… nos veremos en algún momento más, ¿no? —dijo Spidey, casi como una afirmación, mientras hacía un movimiento de balanceo con su telaraña.

Morrigan asintió con una sonrisa enigmática.

—Quizás. O quizás no. Pero la próxima vez que nos encontremos, tal vez sea por razones diferentes.

Spider-Man no pudo evitar sonreír.

—Ah, los misterios… siempre hacen todo más interesante.

Con eso, Spider-Man lanzó una telaraña y comenzó a balancearse de edificio en edificio, dejando a Morrigan en la oscuridad de la noche.

Morrigan observó su partida, sus ojos brillando en la penumbra, mientras sus pensamientos volvían a su propio mundo y los asuntos que aún tenía que resolver. Pero una parte de ella no pudo evitar pensar que el hombre araña sería alguien interesante en sus futuros encuentros.

Al dia siguiente

El sol filtraba sus rayos a través de la ventana del apartamento de Peter, iluminando la habitación con un tono dorado que contrastaba con el ambiente sombrío de la noche anterior. Peter despertó con un suspiro, estirándose lentamente mientras se acomodaba en su cama. Fue un sueño reparador, sin sobresaltos, una sensación rara últimamente. Dormir bien era algo que había olvidado lo que se sentía.

La luz del sol le dio de lleno en la cara, pero no le molestó. Al contrario, esa sensación de calidez lo hizo sonreír, algo tan simple como el toque de la luz matutina. Después de un par de días de estrés, peleas y varias complicaciones, estaba agradecido por esos pequeños momentos de calma.

—Otro día... —se dijo a sí mismo, con un tono relajado mientras se pasaba una mano por el cabello. Peter Parker tenía la extraña costumbre de llevar la vida al límite, pero en ese instante, solo quería aprovechar lo que el día ofrecía. Se levantó lentamente de la cama, sin prisas, observando cómo su apartamento, aunque pequeño, estaba ordenado y limpio.

Algo sobre ese lugar siempre lo hacía sentir que podía relajarse. Quizás era la sensación de estar lejos de todo el caos, aunque fuera solo por un momento.

caminaba hacia la cocina para prepararse algo de desayuno. Tomó un café y, mientras esperaba que se hiciera, observó por la ventana, viendo cómo la ciudad comenzaba a despertar también. Las calles se llenaban de personas que caminaban apresuradas, los coches pasaban rápidamente y, por un momento, todo parecía estar en su lugar.

"¿Qué haré hoy?" pensó Peter mientras mezclaba algo de leche en su café, el sonido del café cayendo en la taza siendo la única compañía en la tranquila mañana.

Decidió que, por ahora, no se preocuparía demasiado. Después de todo, el día estaba comenzando de forma tranquila, y tal vez eso era lo que más necesitaba. Un día en que pudiera sentir que no todo estaba al borde del caos.

El clima frío aún se sentía en el ambiente, pero el sol seguía presente, iluminando la ciudad con su luz matutina. Peter disfrutaba de un raro momento de paz, sosteniendo su taza de café mientras el aroma del desayuno recién hecho llenaba su apartamento. Era uno de esos pequeños momentos que rara vez tenía.

Sin embargo, la tranquilidad le duró poco.

Justo cuando terminó de preparar su desayuno, su sentido arácnido se activó con una intensidad alarmante, como una descarga eléctrica recorriendo su columna. Algo iba mal.

Antes de que pudiera reaccionar, un estruendo rompió el silencio de la habitación. El sonido del vidrio haciéndose añicos lo hizo girar rápidamente hacia la ventana, justo a tiempo para ver cómo una figura se estrellaba contra el suelo de su apartamento.

Black Cat.

Peter apenas tuvo tiempo de procesarlo cuando notó su estado. Felicia estaba herida. Su respiración era agitada, su traje negro tenía varios cortes y partes rasgadas, revelando piel lastimada. Había sangre. No era una herida mortal, pero definitivamente había pasado por algo serio.

—¡Felicia! —Peter reaccionó de inmediato, dejando a un lado su desayuno sin pensarlo. Se acercó a ella con rapidez, arrodillándose a su lado.

Ella intentó levantarse, pero su cuerpo no respondió de inmediato. Peter notó cómo su cabello plateado caía desordenadamente sobre su rostro, y aunque aún tenía esa mirada desafiante de siempre, estaba claro que estaba al límite.

—Tienes que dejar de hacer entradas tan dramáticas, Cat... —bromeó con un tono preocupado, mientras la revisaba rápidamente.

Felicia soltó una risa débil, pero enseguida hizo una mueca de dolor.

—No... no es un buen momento para chistes, Spidey... —dijo con dificultad.

Peter dejó a un lado cualquier comentario sarcástico y se centró en lo importante. Ella necesitaba ayuda, y rápido.

—Tranquila, te tengo.

Sin perder tiempo, la tomó con cuidado y la llevó hasta el sofá. Tenía que averiguar qué le había pasado. Y más importante aún... ¿Quién o qué la había dejado así?

Lo que comenzó como un tranquilo inicio de un nuevo día, con el sol brindándole una cálida bienvenida a la mañana, terminó abruptamente con el inesperado suceso que ahora tenía frente a él.

Felicia Hardy, Black Cat, estaba herida en su apartamento, y Peter no tenía idea de qué o quién le había hecho esto.

Mientras la ayudaba a recostarse en el sofá, Peter sabía una cosa con certeza: su día tranquilo había terminado.

Hasta aquí llegó el capítulo, a decir verdad el cambio que hubo, en el capítulo pasado era más tranquilo, mientras que en este, se deja de lado un poco la participación de morrigan. Dejando en un clip hanger sobre black cat.

Enfocándose más en Peter, quien le está yendo mejor que antes, con solo necesitar alguien que le ayude a levantarse, que a diferencia del universo canónico, sin contar el nuevo ultimate(goat).

Como vieron en el capítulo anterior, este Peter había vivido los acontecimientos de la invasión de simbiontes, una cacería de kraven, civil wars, el coma y sucesos de marvel vs capcom hasta cierto punto.

pienso tomar varios sucesos de series, videojuegos y cómics para formar este Spider-man.

Si pregunta por la apariencia de que estilo de Peter tomaría en todas las que han sacado, realmente iría por la de la serie Unlimited, una obra que tuvo muy poco apoyo , quedando inconcluso.

Se reveló un poco del primer encuentro entre Spidey y Morrigan, mientras mas capitulos sales más se contará.

Tenía pensado la idea de tomar como base la historia del juego de ps4, pero tras haber mención de parker industries creo que no se podrá, pero vamos que haber que puedo sacar.

Ya en capítulos más adelante volverá Morrigan , no solo ella sino más personajes fuera de Marvel que haya tenido contacto spider en algún juego crossover con Capcom.

Dejen sus comentarios para que esta historia pueda crecer y hacer llegar a más se los agradeceria. Una pregunta más, quieren que sea solo una sola relación o vamos con la ruta harem, viendo la suerte que ha tenido tanto Peter y su alter ego spider-man en las historia.

Sin más nos vemos hasta la siguiente capitulo, nos vemos!.