Treceavo cumpleaños con Len
El décimo, el onceavo y el doceavo cumpleaños en el cual Len le dio un regalo a Yuki fueron hermosos, sin duda alguna, pero no con los cambios particulares de vida que tuvo en otras ocasiones. Len, para esos años había concentrado sus esfuerzos en hacer que esos cumpleaños fueran lo más hermosos posibles y memorables.
Len, en el décimo cumpleaños llevó a Yuki a un viaje a las aguas termales, en donde pidió un recinto privado en donde pudieron probar un aromatizante con afrodisiaco que fue más efectivo de lo que esperaba.
Para el siguiente, el onceavo cumpleaños, pasaron la tarde con la abuela de Len, quien quiso conocer al pequeño Vigo, y la madre de Yuki los acompañó para cuidar al pequeño; por suerte, la casa era en un pueblo costero, y pudieron divertirse en el mar, justamente antes de sentirse tentados por sus cuerpos cubiertos en los trajes de baño y se desviaron a un lugar privado entre las rocas en donde pudieron hacer el amor bajo el sol entre las olas, apenas lo suficiente para alcanzar el éxtasis antes de que el clima frio del otoño tardío los hiciera enfermarse.
Para el doceavo cumpleaños la cosa fue sencilla, Len y Yuki fueron con sus mejores amigos al parque que quedaba cerca de uno de los estudios, una pequeña fiesta temática con trajes de cuentos de hadas, con Miku vestida como el hada madrina, Piko y Miki como el sombrerero y Alicia del país de las maravillas, y Len y Yuki como el lobo malo y caperucita roja. Todo fue un plan de Yuki para poder disfrutarlo con orejas de lobo, que lo había visto usando en una de sus canciones de años atrás, terminando entre los árboles, en un lugar en donde nadie los podía ver, apoyados contra un árbol mientras ella era "devorada por el lobo".
Hacer el amor al aire libre se volvió en una pequeña tradición de forma incidental, aunque no duró demasiado tiempo.
Para su treceavo cumpleaños con Len, siendo que cumplía veintidós años, las cosas se habían puesto más lentas antes del día, pues Yuki tuvo que esforzarse mucho más para terminar sus últimas clases de la universidad, incluyendo el examen para su titulación que hizo que su tiempo de estudio se extendiera más del la cuenta. Al final, tras tantos procesos y demás cosas, entrega de actividades que daban puntos extras, cumplimientos de actividades extracurriculares, Yuki pudo terminar su periodo escolar el justo día de su cumpleaños.
No era normal que iniciara su día apenas desayunando apresurada, y dándole un beso en los labios a Len y uno más a Vigo en la frente, y finalmente salir apresurada a tomar el metro. Presentó sus papeles finales de su proyecto de tesis, solo restaron formalidades que se irían aplicando durante los siguientes meses, pero en lo que respectaba a los trabajos mentales de Yuki, ella había terminado con su deber. Se sintió alegre, cuando al fin su ultimo profesor le dio las gracias por su presentación final y le permitió salir con el típico: "disfrute de sus vacaciones".
-¡Llegue! -gritaba Yuki al entrar en la casa, dejando sus zapatos en la entrada y estirando los pies mientras que también estiraba sus brazos.
-¡Yuki! -habló Len desde la cocina para luego estirar su cabeza por el marco de la puerta de la cocina-. todavía estoy preparando la comida de tu cumpleaños -dijo él mientras volvía a cocinar.
-Está bien, muchas gracias por todo, Len, verte hacer una deliciosa comida luego de tantas horas de trámites es tan agradable -dijo Yuki mientras se sentaba en el sofá y se estiraba, sintiendo el estómago adolorido por no haber comido nada en doce horas.
-Siéntate y relájate, vamos a comer tu favorito -dijo él, a lo que Yuki imaginó las mejores hamburguesas caseras que Len sabía hacer con tanto estilo-. Por cierto, llevé a Vigo con Rin temprano hoy, hemos estado hablando de algunas cuantas cosas... creo que te comentaré de eso después...
Fue algo extraño para Yuki, pero de igual manera se estiró en el cómodo sofá que los dos habían comprado.
-Está bien, Len... muchas gracias por la comida... -se recostó, llevaba un suéter gris y un short corto de color negro y sus pantimedias típicas negras de esos tiempos.
Pasaron solo unos momentos en lo que se ponía a pensar. Últimamente, por cosas de la escuela, estuvo muy alejada de Len, y él, por cuestiones que aun no se atrevía a cuestionarse, se la había pasado en charlas distintas con Rin... Ella no era una novia celosa, pero se sentía extraño saber que ellos dos volvían a hablar tanto. Más aún, porque no sabía que tan en pie quedaría la promesa que ella misma le había hecho a Len, esa que decía que cuando terminara la universidad, los dos se casarían.
Se sonrojaba solo de pensar en eso, ella misma vestida de blanco de pies a cabeza, yendo a la iglesia a la que iba de niña para poder recibir la bendición junto con Len, ponerse el anillo... besarse frente a todos para sellar su juramento de amor. Era una fantasía que se sentía demasiado lejana, e incluso habiendo hecho tantas cosas juntos, tener una unión de esa clase se sentía muchísimo más... íntima.
En esas cosas pensaba y demás, cuando de pronto sintió como unas manos firmes tocaban sus muslos. Abrió los ojos, se dió cuenta de que los ruidos de la cocina ya no seguían y que Len ahora estaba frente a ella. Usaba un suéter azul y una camisa por debajo, realmente se veía atractivo en todo lo que usara, incluso si era una ropa que muchos consideraban "aburrida".
-Feliz cumpleaños, Yuki... -comentó Len, sonreía y acariciaba sus muslos y sus piernas de forma cariñosa pero con un toque lascivo, como si fuera un tesoro preciado que quería contemplar con sus dedos.
-¿Este era tu plan para mi cumpleaños? -dijo Yuki mientras se movía un poco, dejándolo acariciar más y más, apenada por no haberse duchado en la semana-. No me molesta... tus manos son tan grandes y suaves para mi... -suspiró, dejándose llevar por el masaje.
-En realidad esto solo era parte del plan -dijo Len, acariciando u levantando una de las piernas cubiertas por la media, acariciando y masajeando el pie de Yuki-. Mi plan original era despertarte haciéndote el amor en la mañana, antes de que Vigo se levantara, hacer el desayuno juntos, y luego salir a pasear al mismo parque en el que nos hicimos novios.
-El parque en donde... me enamoré de ti -contestó ella, viendo como Len la acariciaba con sumo cuidado, siguiendo con los besos en los dedos de sus pies.
-Si... comer algo ligero y volver para cenar algo que te encanta, comer juntos, y llevar a Vigo con Rin para después hacer el amor en la sala, aunque parece ser que eso es lo único que saldrá igual al plan que tenía -comenzó a besar la planta de su pie, era algo que de vez en cuando hacía, ese fetiche que con ella había explorado con tanto detenimiento.
-Gracias por ser tan considerado... -dijo mientras levantaba su otro pie y con este frotaba el regazo de Len, dándose cuenta de que realmente estaba duro por lo que hacían-. Suena también como algo que haríamos en tu cumpleaños... ¿O tenías una sorpresa extra para mi? -dijo en un ligero susurro mientras frotaba más y más el bulto en la entrepierna de su querido novio.
-Puede que tuviera una idea... de algo especial... -dio mientras se contenía un poco, todavía besando su pie por sobre las medias-. pero mejor... te lo digo en un rato... creo que ahora no puedo pensar claramente -y como si hubiera sido una advertencia, abrió su pantalón, dejando ver su miembro erecto.
-Jeje, me fascina lo fácil que es controlarte solo con esto... -comentó Yuki con alegría de ver como Len frotaba su miembro contra la planta de su pie, de una manera incluso desesperada, escurriendo un poco de sus fluidos en la tela-. De haber sabido lo mucho que te gustaba, tal vez te habría podido seducir desde antes -dijo una idea fugaz que se le ocurrió.
-Estás equivocada si piensas que habría reaccionado igual con los pies de una niña... -dijo Len, un poco ofendido, pero no dejando de disfrutar lo que le hacía Yuki, que ahora se concentraba en mover uno de sus pies sobre su pecho y el otro sobre su miembro.
-Lo sé... lo sé... pero de todos modos me fascina la idea de que todo este tiempo tuviera este gusto tan oculto... tengo que admitir que te hace ver tierno... -comentó Yuki, viendo como él se cubría la boca, dejando que él le tocara más mientras que ella solo se recostaba, controlándolo con el más simple movimiento de sus pies-. Que te guste ser dominado por una chica más joven que tú...
Len se inclinó un poco más sobre Yuki mientras ella jugaba con sus pies, tratando de frotarle más, aunque sabía que por las medias y por la posición no podría hacerlo llegar al orgasmo, para eso necesitarían lubricante. Los dos suspiraron en cierto punto, antes de que Len la tomara de los tobillos.
-Está bien, dejemos de jugar como niños -dijo mientras levantaba la sudadera de Yuki y esta, con manos temblorosas se encargaba de bajar su short.
Lo deslizó entre sus piernas y sintió el flujo del aire entre estas, percibiendo la humedad que ya había llegado hasta sus pantimedias. Pero Len casi no le ayudó, estaba más interesado en la vista que le estaba otorgando.
-Yuki... como ya has terminado la universidad... ya no vas a volver a ir, ¿verdad? -dijo Len, un poco nervioso.
-Eh... solo para formalidades... las clases terminaron, ya me puedo considerar egresada -contestó ella, sintiendo el nerviosismo contagiándola a ella.
-Entonces... -Len tragó mientras la miraba, Yuki se sintió emocionada por unos instantes-. ¿Puedo hacerlo mientras tienes las pantimedias? -preguntó interesado, pasando sus dedos entre los glúteos de ella, acariciando la tela negra.
-¿Eh? -estuvo un poco extrañada Yuki-. ¿Por qué... ? ¿Qué relación tiene con lo de la universidad? No es como si fueran un uniforme... -contestó ella.
-Bueno, en ese caso, creo que no hay problema con que lo haga -entendió Len como un permiso, sosteniendo sus nalgas con las dos manos para alar la tela de las pantimedias y desgarrándola por el centro, dejando una vista clara de la intimidad de Yuki, humedecida y cubierta apenas por la tela de su ropa interior.
-¡Len, aún los iba a usar! -dijo Yuki cubriéndose un poco la parte fácilmente descubierta -No eran un uniforme o algo así... -su queja era razonable, mientras que su querido Len contemplaba la vista.
-Está bien, la usaremos otras veces, honestamente he querido romper estas pantimedias de esta forma desde el inicio -dijo en lo que comenzaba a acariciar la piel descubierta, tanteando su intimidad.
-No entiendo muy bien este fetiche tuyo... -dijo mientras sentía como Len removía su ropa interior, alcanzando a ver la parte más rosada de su intimidad, separándole las posaderas para poder verla cada vez más-. Digo, puedo entender lo de los pies, al menos un poco...
-¿De verdad? -en ese momento, como si quisiera cubrirle la vista, Len recibió un pisotón en la cara, nada demasiado fuerte, pero lo suficiente para impedir su vista-. ¿Por qué crees que me gustan tanto?
-Creo que es la dominación... al menos así es para mi -comentó ella, dejando que Len le lamiera sobre los dedos.
-Tal vez... es un poco de eso, pero también es de complicidad y vulnerabilidad -comentó Len, ahora sujetándole del tobillo para continuar el trazo de besos-. Los pies son la parte que más quieres proteger por instinto, sin ellos no puedes moverte, y no se los ofreces a cualquiera... entonces que los ofrezcas de esta manera, y los pongas en mi cara... se siente como algo completamente exclusivo, solamente nuestro -explicó con gracia mientras que los besos bajaban rápidamente.
-Tiene sentido... pero aun así... -dijo Yuki sintiéndolo bajar los besos por sus muslos-. El olor... no puede ser agradable... -era lo que pensaba al ver a Len bajando lentamente hasta en centro de sus muslos.
-No todas las partes del cuerpo huelen de forma agradable, pero si es tuyo, Yuki... me encanta -y tras decir esto, movió a un lado su ropa interior, comenzando a lamerlo como si apenas pudiera hacerlo entre todos los pliegues de ropa.
Tal vez eso era lo que le excitaba tanto, y Yuki comenzaba a entenderlo. Sentirse con su ropa de calle normal, y que un solo punto vulnerable pudiera ser usado de esa manera para complacerle tanto. Dejó que Len volviera a lamerla, a explorarla con su boca como en todas esas otras ocasiones en las que le demostraba su amor con esa acción, aunque Yuki no podía ocultar su vergüenza por no haberse duchado, pensando que Len se sentiría asqueado; todo lo contrario, Len incluso llegó a felicitarla de forma implícita, prolongando la lamida durante más tiempo que de lo normal.
-Len... espera... puedes... detenerte cuando quieras... -dijo Yuki, sintiendo su pecho levantarse a gran velocidad, y su corazón como si fuera a entrar en taquicardia, mientras que su cuerpo reaccionaba y obedecía al goce de otro orgasmo más prolongado que le ponía la piel de gallina-. No es necesario... que me comas... tanto... -hablaba entrecortado, demostrado lo mucho que le controlaba con sus lamidas, cayendo en el sofá mientras que gemía todavía su nombre.
-Feliz cumpleaños, Yuki, gracias por la comida -habló Len, continuando con el inclemente masaje de su lengua en las profundidades de la intimidad de su amada Yuki.
Estaba con la sensibilidad hasta el límite, sus pulmones ya no le daban para más, y su mente se quedaba en blanco hasta el punto de no poder siquiera recordar exactamente su nombre o porque le decía que era su cumpleaños, pero se recostó, complacida todavía, en especial cuando Len colocó su cintura tan cerca de la de ella, con las piernas femeninas de pronto sobre sus hombros, acercándose lentamente a ella y comenzando a penetrarla.
-Está... muy sensible... -habló Yuki, trabándose entre sus propias palabras mientras sentía la dureza de Len entrando-.¡Mmm! Tan duro... pero... tan suave... ¡Ah! -gimió abrazándose del cuello de su amante, sin poder contenerse, pero estando a merced de él por la posición.
-Déjame encargarme de todo... -dijo Len, comenzando con el movimiento, el vaivén como martillo mecánico que la penetraba con fuerza, aplastándola contra el sofá pero provocándole más placer que en casi cualquier otra posición.
-Está bien... siempre eres bienvenido conmigo... mira lo bien que entras... -agregó Yuki, cubriendo su boca, apenada por que lo que decía sonaba demasiado vulgar para él, pero entregándose en esa posición mientras sus colitas caían a los lados.
-Gracias... tu interior siempre lo hace -dijo Len con un tono juguetón, acercándose más al orgasmo conforme cambiaba el ángulo en el que entraba en ella varias veces, buscando la mejor variación para hacer que se ... ¡Yuki! -no pudo evitar gritar su nombre, encontrando el ángulo perfecto.
Ella se sintió incapaz de seguir el ritmo, dejando que su cuerpo entero rebotara con lo poco que podía hacer para seguir el ritmo de Len. Él la tomó de las muñecas por unos instantes, acelerando el pulso mientras la sujetaba hasta que finalmente se encontró al borde.
-Len... te amo... te amo tanto... Len, soy toda tuya -se proclamo ella al sentirlo a punto de llegar, abrazándolo de nuevo, cerrando sus ojos, sintiendo la carga de él a punto de estallar en su interior.
-Yo también te amo, Yuki... -no pudo decir nada más, aunque quería dedicar palabras lascivas para el momento, musitar esas palabras mientras ella se entregaba a él fue suficiente para lograr hacer que se corriera, nuevamente en esa posición que tanto disfrutaban, nuevamente en el sofá, igual que la cama o cualquier otro lugar.
Siguió moviendo sus caderas, los dos gimiendo el nombre del otro, hasta finalmente que su miembro perdiera su dureza.
-Espero... que no haya sido día con riesgo... -dijo Len, manteniéndose todavía sobre ella, intentando no aplastarla.
-Tranquilo... está bien -dijo mientras que se movía ella misma, sintiendo sus brazos entumecidos-. Pero Len...-musitó de pronto.
-¿Qué pasa, Yuki? -dijo él, suspirando, sintiendo ahora el calor de su cuerpo incomodarle.
-De verdad necesito ducharme -contestó Yuki, sintiéndose más sudada que pocas otras veces en su vida.
Por alguna razón, Len quiso ir en esa misma posición con Yuki al baño, cargándola en sus brazos, con su miembro ligeramente dentro de ella todavía, tal vez para no permitir que sus fluidos se escurrieran en el suelo. Por suerte colocó las hamburguesas en una olla que les permitiría calentar la carne después y no correr el riesgo de que quedaran frías, aunque el pan también tendrían que calentarlo.
Llegaron al baño, se quitaron la ropa y la colgaron en donde pudieron y luego de mojarse, entraron a la bañera juntos.
Yuki se sentaba entre las piernas de Len, el agua apenas le cubría los pechos mientras que su espalda se pegaba contra Len.
-Tal vez para los hombres se aun concepto algo extraño -comenzó Yuki mientras se apoyaba más en él y dejaba que sus brazos la rodearan-. Pero las mujeres normalmente preferimos estar completamente aseadas para hacer ese tipo de cosas... no somos tan susceptibles a los aromas como ustedes -añadió.
-Tal vez, yo disfruto mucho de tu aroma, Yuki -contestó Len mientras se abrazaba de ella y olfateaba su cabello mojado.
-A mi también me gusta tu olor, Len -comentó solamente pegándose a él, lo suficiente para poder percibir el olor de su cuerpo.
De forma tranquila se acercó a su hombro, dándole una peque mordida, dejando que Len gimiera mientras ella le pasaba la lengua por encima de la piel. Se sorprendía como había llegado a ese nivel de intimidad con Len, hasta el punto de conocer todos sus puntos débiles, de poder comportarse como le diera la gana, y de poder hacer o decir cualquier cosa sin temor a ser reprimida o a ser humillada.
Esa era la clase de relación que él había querido también, lo sabía por la forma en la que siempre se permitía tocarlo, y por la manera en la que buscaba siempre la manera de tratarla cada vez mejor. Solamente que Yuki se preguntaba si eso sería para siempre... hasta que la muerte los separara tal vez sería más apropiado pensarlo.
-Me encanta todo de ti... -musitó él, abrazándola mientras que suspiraba con deseos de hacer algo más que solo abrazar, acariciando las colitas de cabello, como si quisiera despeinarla un poco.
-Eh... Len -empezó ella a decir mientras lo abrazaba de lado y pegaba su oído a su pecho-. ¿De verdad te gusto tanto? -preguntó, sintiendo sus manos con nervios.
-Me gusta todo de ti... si... -dijo Len-. Podría pasar toda mi vida contigo... no pensé que de verdad podría querer tanto a alguien... -suspiró mientras que la acariciaba también por la cintura.
-Entonces... ¿Podríamos casarnos...? -dijo como si su voz saliera apenas lo suficiente para ser escuchada-. Digo... ya terminé la universidad... habíamos dicho que... -pero trató de no decir más como si tratara de cobrar una deuda o algo similar.
-Supongo que tienes razón, habíamos acordado a eso... -dijo Len de pronto mientras estiraba los brazos-. Tengo las manos atadas en este caso, Yuki, no tengo otra opción que hacerte mi esposa -dijo él con una sonrisa demasiado carismática y llena de ternura como para lo que estaba diciendo.
-¡Len, no digas eso! -protestó ella, apenas diciendo algo, pues la sonrisa de su novio era demasiado cautivadora, aun con lo socarrona que era-. No lo digas como si fuera un intercambio comercial o algo similar... -trató de hablar más, se sentía un poco ofendida, pero no demasiado, sabía cómo era Len, que no quería decirlo de verdad de esa manera...
-Perdón, era solo una broma -contestó Len, acostumbrado a la forma de tratar a Yuki con bromas por el estilo, solo para ver sus reacciones que le parecían tiernas-. Aunque siendo sincero, si tuviera un matrimonio arreglado contigo, tomaría ese deber con gusto -tuvo solo ese destello de imaginación mientras miraba a su querida novia.
-No sé que escenario estés imaginando... -contestó ella mientras miraba a un lado-. Yo quisiera estar contigo porque de verdad te amo tanto como para hacer eso... para unir nuestras vidas, no quiero nada forzado, no me sentiría feliz de hacer algo así... -le contradijo ella, aun sentada en la bañera entre sus piernas.
-Yuki... de verdad me haría muy feliz ser finalmente tu esposo... -confesó Len, a lo que Yuki se quedó en silencio, sus mejillas solo se pusieron intensamente rojas-. Es Más...
Y dicho esto se levantó un poco, dándole la espalda a Yuki, tomando el bolsillo de su pantalón y sacando el regalo de Yuki sin que esta lo viera.
-Planeaba dártelo en otro momento, ya que nuestra cita de hoy no se logró, pero veo que... de verdad deseas algo como esto -le ofreció la pequeña caja clara que dejaba ver un pequeño anillo en su interior.
-Len... no... no puedo creerlo... ¿Es en serio? -dijo Yuki abriendo la cajita.
Era un pequeño anillo de plata con unas cuantas piedritas preciosas de color rojo y una de color verde, formando una pequeña manzana.
-Sé que se ve algo infantil, pero Miki y Piko lo vieron y me llamaron para verlo y de alguna manera pensé que era algo perfecto para ti -dijo Len con alegría mientras que Yuki lo contemplaba sin poder creerlo.
-Es tan hermoso... -respondió ella mientras lo sacaba de su cajita y se lo ponía en el dedo anular, quedándole a la medida-. es perfecto...
-Es... es de plata porque es el de compromiso... el de matrimonio tendría que ser... ya sabes, de oro -pero no pudo terminar de decir lo que iba a decir, pues Yuki comenzó a llorar-. Entonces... ¿Yuki Kaai, te casarías conmigo? -le propuso aun los dos desnudos mientras se encontraban en la bañera.
-¡Claro que si, Len! -dijo ella casi en un grito sin poder contener la emoción que sentía por poder decir que si-. ¡Para toda la vida, quiero estar contigo... quiero ser tu esposa! -apenas acababa de responder mientras lo abrazaba con cariño, volviendo a tranquilizarse solo hasta después de sujetarlo con un poco de desesperación y besar sus labios.
Fue un beso profundo y tranquilo, y Len se encargó de abrazarla cerca de si mismo, sintiendo su propia erección comenzado a levantarse por la cercanía, aunque solo un poco.
-En ese caso... creo que nos vamos a casar... -confirmó Len, correspondiendo a todos los besos de Yuki.
-No tienes idea de lo feliz que me haces... y en mi cumpleaños... es... -Yuki suspiró, todavía viendo el anillo-. la mejor forma de hacerlo... es el mejor regalo que podría existir... -se volvió a apoyar en Len, frotando su mejilla con la de él.
-Si... pensaba en dártelo cuando fuéramos al parque, poder pedirte matrimonio en donde nos vimos esa vez... pero no se pudo, habría sido perfecto... -musitó Len, sosteniéndola todavía de la cintura.
-Está bien... es extraño pedir matrimonio de esta forma, pero me hace sentir que es más íntimo, sin nada que ocultar, como vinimos al mundo -no quiso hacer que sonara demasiado extraño, pero abrazó a su prometido al decirlo, mientras que le miraba con ternura.
-Todos se volverán locos cuando sepan de esto... pero creo que será divertido -comentó Len, tomando la mano de su prometida y viendo el anillo-. De verdad... espero que este sea el inicio de una hermosa vida -agregó.
-Yo también lo espero -dijo Yuki, levantándose un poco-. ahora quiero hacer otra cosa... quiero complacerte lo más posible -comenzó a soltar su cabello de sus colitas que siempre le colgaban.
No era algo que hacía siempre, solo en pocas ocasiones tras bañarse, pero era incluso la forma en la que dormía, sin duda la más cómoda, dejando su cabello caer de forma natural. Lo lucía tan tierna y tan... completa. Len la miró unos instantes, era como un verdadero regalo para él.
-Yuki... déjame verte un poco más -la contempló con el cabello por unos instantes, por algunos ángulos-. Si... ahora está completamente duro -dijo confirmando el estado de su miembro.
-Eh... es bueno saber que tengo ese efecto en ti... -respondió ella, sin duda sintiéndose halagada aunque como en muchas otras ocasiones, un poco conmocionada por la forma en la que Len decía las cosas-. En ese caso... hay que disfrutarlo -se movió nuevamente hacia él, levantándose un poco para colocarse en posición que le permitiera entrar.
Siguieron haciendo el amor en la bañera durante un rato, moviéndose con energía.
Solo unos minutos más tarde llegaría Rin con Vigo y tendría que esperar nuevamente a que terminaran su sesión de amor para que le abrieran la puerta (había ocurrido en muchas otras ocasiones luego de empezar a vivir juntos) y cuando pudieron ir, Yuki ocultó el anillo a causa de una extraña petición de Len, pues no quería ocasionar problemas con Rin.
Comprendió entonces que Len estaba en discusiones con Rin acerca de la custodia de Vigo, pues de conseguirla por completo, él no le tendría que dar pensión a ella. Tras varios días de hablar de eso, Len consultó a su abogado y se enteró de que podría presionar en cualquier disputa familiar por la custodia si demostraba que tenía un hogar firme, es decir, que podría ganar la custodia de Vigo si estaba casado. No era esa la razón por la que quería casare con Yuki, sino una afortunada coincidencia entre ambas cosas, pues sabía que Yuki quería a Vigo como si fuera su propio hijo...
Sin duda alguna, uno de los mejores cumpleaños para Yuki.
Fin del capítulo 10
