Capítulo 42

* * P.V.G * *

Tengo que levantarme. Tengo que levantarme, joder. No puedo quedarme aquí y esperar a desangrarme al lado de estos dos cabrones, pero mi cuerpo no es capaz de responderme por mucho que lo intente.

Mientras trato de taponar la herida con la mano y ponerme en pie, escucho como alguien se acerca rápido mientras habla por teléfono pidiendo una ambulancia con urgencia, y no hace falta que aparezca a mi lado para socorrerme cuando reconozco la voz de Ken.

-¡Genji, Genji! ¡Tranquilo, la ambulancia ya viene! –Trata de calmarme a la vez que toma el control y se encarga de taponar mi herida con una fuerza que me mata de dolor.

-¿Qué haces tú aquí?

-Ushiyama me llamó diciendo que uno de los hombres del clan de tu padre te había mandado algo. No se enteró muy bien, pero dijo que había reconocido al tío de la foto y que era un hombre de Kuroki. Lo demás ya lo pude imaginar yo, y menos mal, joder...

-¿Dónde ha salido ese tío? –Le pregunto entre quejidos, con notable esfuerzo.

-Salió por la parte de detrás, estaba tirando la basura y debió oíros. Si no llego a estar aquí te habría matado, Genji ¿en qué estás pensando?

Aparto los ojos de su mirada llena de reproche y levemente vidriosa, murmurándole que se calle mientras en mi interior siento que si me hubieran matado me importaría una mierda después de todo lo que está pasando, pero no voy a contarle a Ken mis penas.

-¿Por qué te has metido en el sindicato, Genji? –Me pregunta casi llorando, y he de admitir que siento la decepción que eso le produce y me avergüenza al instante, pero no espero que lo entienda.

No obstante, verlo de aquella forma, sabiendo que está pensando en que ha fallado para conmigo, me hace tragar saliva y susurrar con sinceridad una disculpa que hace que él llore con más ganas mientras a lo lejos empieza a escucharse el sonido de una sirena.


¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? Lo último que recuerdo es haber entrado en el hospital en una camilla, después todo está negro.

Miro a mi alrededor, y aunque me cuesta enfocar y que mi cerebro responda correctamente, veo que estoy en una habitación de hospital y que Ken está dormido en la silla de al lado de mi cama.

Debe de ser muy pronto, porque ya ha amanecido y el leve sol de las primeras horas de la mañana entra por la ventana de la habitación. Supongo que me han operado y por culpa de la anestesia me encuentro tan lento y confuso.

Trato de moverme y alcanzar mi móvil en la mesita de al lado, pero en cuanto lo intento un intenso dolor hace que ahogue un gemido y me detenga, pasando a maldecir en voz baja mientras Ken se mueve en su asiento y despierta. En cuanto me ve consciente se despereza rápido para interesarse por mí.

-Genji, ¿cómo te encuentras?

-Duele. –Murmuro sin ganas, y él sonríe levemente.

-Imagino. El médico me dijo que no fue tan grave, y no tocó ninguna costilla, así que saldrás pronto de aquí. Todo ha ido bien. ¿Quieres que avise a alguien? A Airi o...

-No, a Airi no le digas nada. –Comento con rapidez, mirándole seriamente.

-Sabes que se enterará pronto.

-Me da igual, pero no será ni por mí ni por ti, ¿entendido?

-Está bien –responde algo confuso por mi cabreo, para después cambiar el rumbo de la conversación-. A Ushiyama si habrá que avisarlo. Si quieres puede ayudarlos en tu ausencia cuando haya mucho trabajo, sabes que de noche puedo trabajar.

-Gracias, Ken. Dile también que si necesita ayuda hable con Ruka por si puede. ¿Puedes pasarme el móvil, por favor?

Él asiente y me lo da tras levantarse despacio, entendiendo que quiero que me deje solo cuando me quedo mirándolo. No quiero hablar con Jiro delante de él.

Cuando Ken sale marco el número, y para mi sorpresa él responde rápido para las horas que son.

-Genji, espera, hablamos ahora mismo. Estoy llegando a tu habitación.

Arrugo el entrecejo en canto dice eso, y efectivamente, después de unos minutos la puerta se abre y entra Jiro, dejando fuera a su guardaespaldas y a Ken, quien no duda en asomarse para dedicarme una mirada asustada.

-Joder, Genji. Te dije que no te precipitaras. ¿Qué pasó? Menos mal que Ken estaba por allí.

-¿Cómo lo sabes? –Pregunto con extrañeza. Este tío está en todo.

-¿Crees que somos idiotas? Ese camarero tuyo es poco discreto, chico. Me di cuenta de que prestaba mucha atención, así que hice que uno de mis hombres se quedase para vigilar qué sabía. Le contó a Ken sus sospechas y mi hombre lo siguió, y él a su vez a ti, y menos mal porque él se largó a contármelo todo en cuanto supo que Ken iba a seguirte. Toru y el otro que iba con él están en el hospital –agrega cambiando de tema-. ¿Quién te apuñaló?

-Ni siquiera lo vi, se acercó por detrás. No sabía que estaba porque salió por otro lugar.

-Joder... bueno, al menos estás de una pieza, chico. Escucha, no puedes lanzarte a estas mierdas para calmar tu frustración personal, Genji, o acaban pasando estas cosas. Debes estar totalmente concentrado en tu trabajo. Arregla tus problemas personales y para la próxima lo harás a la perfección. Espero que te recuperes pronto.

Jiro me sonríe levemente y después se marcha, dejándome con una sensación muy extraña en mi interior donde el enfado, la sorpresa y la culpa se pelean por obtener el protagonismo mientras Airi vuelve a mi cabeza.

* * * P.V.S * * *

Cuando estoy llegando frente al restaurante donde he quedado con Ruka para comer, veo como ella también se aproxima desde la dirección contraria, algo que me hace fruncir el ceño, pues debería venir de mi mismo sentido al venir desde su casa, pero en cuanto veo la cara seria que trae sé que algo va mal.

-¿Qué pasa? –Pregunto cuando la tengo en frente, haciendo que se extrañe al instante.

-¿No te has enterado? Ayer de madrugada apuñalaron a Genji. Vengo ahora mismo del hospital. Ken me avisó porque necesitaran ayuda en el bar.

-¿Qué coño ha pasado? ¿Más movidas con ese Kuroki?

-Al parecer Genji ha entrado en el sindicato para ir a por él. Anoche tenía que darle una paliza a un tío, y otro que no vio lo apuñaló.

-Joder. –Susurro al ver como las cosas se descontrolan a cada paso. De repente mi hermana me viene a la mente, y paso a hablar sobre ello a Ruka con extrañeza. –Airi no debe saber nada. He estado con ella esta mañana. Me dijo que discutió con Genji después de que se enrollaran y que pasa de él. Se la veía cabreada, y como siempre, muy jodida. Ya casi ni la reconozco.

Ruka me acaricia la mejilla para consolarme al ver que me aflige verla así y no poder hacer nada, porque aunque lo intente de veras, no va a olvidarse de Genji; Lo quiere demasiado.

-No sabe nada, Tamao. Y Genji me ha dicho que no quiere que le digamos nada. Lo he visto diferente, ¿sabes? Se le ve perdido y jodido por todo esto también. Cree que si Airi está con él no dejará nunca de sufrir.

-Y tiene razón. –Agrego con ese deje de rabia que me acompaña cada vez que hablamos de Genji. –Lo mejor es que la deje en paz. Aunque Airi lo pase mal acabará superándolo, pero si siguen con esto que se traen esta mierda acabará destruyéndola. Ya has visto hasta donde ha llegado.

Ruka guarda silencio, y sé que es porque sabe que hay gran parte de verdad en lo que estoy diciendo, aunque sabemos igual de bien que esta tampoco es la mejor manera de que todo quede, más que nada porque Airi se enterará de lo que ocurra en adelante, nada bueno en absoluto, y acabará volviendo a Genji como siempre.

No tengo esperanzas en que mi hermana consiga ser más fuerte que sus sentimientos, y eso no hace más que conducirme al tremendo desasosiego de saber con una oscura certeza que algo grave volverá a ocurrir, y así seguiremos hasta que finalmente alguien resulte verdaderamente jodido o muerto, y si eso ocurre y es mi hermana quien paga el precio de esta situación, sé que no seré capaz de contenerme y acabaré sumándome a la vorágine de estos tiempos de mierda.

-¿Tamao, estás bien?

La voz preocupada de Ruka me saca de mis cavilaciones, y tras asentir y decirle que no se preocupe por mí, le digo que entremos y dejemos aquel tema, aunque ninguno lo hace interiormente.