Hola a todos quienes vuelven a seguir esta historia que estoy resubiendo luego de un incidente ajeno a mi voluntad,. Quería agradecerles por los comentarios y el apoyo, además de disculparme de antemano si es que encuentran alguna falta de ortografía o de gramática.

Ahora, vamos con la continuación de esta loca aventura.


Cuenta Regresiva: 26.280 horas.

Tira y afloja

Vegeta abrió sus ojos y sonrió al desconectar el despertador un minuto antes de que sonara. Se incorporó y se sentó en la orilla de la cama, rascando un poco su espalda para enseguida levantarse e ir hacia el baño. Una vez en la ducha atendió su cuerpo como todas las mañanas y al terminar se vistió con un pantalón corto de entrenamiento, una camiseta gris manga larga, debido a que la mañana estaba algo fría, y finalmente se calzó sus zapatillas. Acto seguido, bajó a la cocina y se preparó algo de desayunar. Estaba concentrado devorando su comida cuando frunció con intensidad

-Buenos días, Vegeta… ¿cómo dormiste? - lo saludó Bunny.

El saiyajin suavizó su gesto y respondió – Obviamente con los ojos cerrados.

- ¡Oh! Ji, ji, ji… Veo que estás de buen humor… ¿Cómo les fue anoche?

-No salí con su hija. Si es eso lo que insinúa…- respondió, volviendo a dar un enorme bocado a su desayuno.

Bunny posó sus manos sobre sus mejillas y dijo - ¿Entonces si tenía una cita? Me pregunto si habrá sido con un chico muy guapo con el que salió… ¿No sabes a qué hora volvió? O ¿si acaso llegó a dormir?

Vegeta respondió, sin levantar la vista de su comida - No se lo permití. Ayer le dije claramente que no podía salir, ni menos a esas ridículas citas a perder el tiempo. No hasta que haga lo que le ordené…

La señora sonrió - ¡Oh! Comprendo, querido… - volteó para comenzar a preparar el desayuno de los demás habitantes de la casa, sin dejar de sonreír.

Vegeta se alegró de que la mujer dejara de dirigirle la palabra, dándose por satisfecho, sin saber que la señora ya había obtenido la información que necesitaba.

Terminó de desayunar y se dirigió a la nave para hacer mantenimiento físico, pensando en el camino sobre lo fácil que le había resultado convencer a Bulma de que la idea de acompañarlo era de ella y en que cada día estaba más cerca de alcanzar sus metas.

Una hora más tarde sonó el despertador de Bulma. Se desperezó, estirándose en la cama y se sonrió por estar desnuda, recordando como una colegiala las travesuras del día anterior. Con calma se duchó, con amor pensó en él y con pavor recordó que tenía apenas siete días para conseguir colarse en el viaje del saiyajin. Salió disparada de la ducha, se vistió con un pantalón rojo, una camiseta manga larga de color rosa a rayas con negro y unas zapatillas. Una vez lista peinó su cabello y descendió a toda velocidad por las escaleras, con el cabello aun húmedo, llegando agitada a la cocina donde se encontró con su madre.

-Buenos días, querida… Vegeta ya estuvo por aquí.

-¿? ¿Por qué me lo mencionas?- preguntó algo extrañada, a lo que la señora le sonrió para decirle -Solo quería saber si salieron juntos o no. Es solo curiosidad, amor…

-Tan curiosa tú ¿ah?… - respondió la muchacha sirviéndose una taza de café – Pues no. No salimos.

-Entonces ¿Cómo te fue anoche?

-Bien… - dijo tomando asiento – En realidad muy bien… – sonrío, mientras daba un sorbo a su café.

- ¡Oh! Eso es maravilloso… Supongo que pudiste relajarte después de un día tan arduo…

- Supongo que sí…

Su madre la miró con ternura y comentó - Bien, aquí te dejo unas tostadas. Nos vemos más tarde, hijita.

- Gracias, mamá.

La señora salió sonriente a comenzar sus quehaceres del día. Mientras, Bulma apuraba su desayuno para poder empezar de una vez con los preparativos de la nave.

Era media tarde y Vegeta sudaba copiosamente mientras hacía flexiones de brazos cabeza abajo. Iba a empezar su rutina con los robots pero su estómago comenzó a rugir, haciéndolo dudar entre ir a buscar comida o proseguir. Lo pensó un momento, pero decidió parar por lo que apagó la gravedad, se secó el sudor y finalmente se colocó la camiseta. Enseguida salió de la nave y se dirigió a la cocina, donde, para su desgracia, entró Bunny casi al mismo tiempo que él. "Maldición, la loca parece que adivinara cuando voy a salir a comer… será mejor evitarla y volver cuando no esté" Pero lamentablemente ella alcanzó a verlo, y comentarle - Querido ¿vienes por una merienda?

-Hmn… No – mintió, pasando hacia la puerta que conducía a la casa – Voy a los laboratorios a supervisar los trabajos.

- ¡Excelente!

- ¿Hum? – la miró con cara de loco, no comprendiendo el porqué de su felicidad.

La señora le regaló una sonrisa mientras le decía – Iremos juntos, cariño. Justo estaba por bajar a llevarles un bocadillo a Bulma y a mi marido.

Vegeta se sintió atrapado por lo que frunció profundo mientras una de sus cejas temblaba. Pensó que lo mejor sería alejarse lo antes posible de la mujer por lo que le dijo - ¡Tsk! ¡Puedo ir solo! Solo encárguese de poner suficiente para mí también.

La señora dio un aplauso y en menos de lo que uno se esperaría estaba llenando un carrito flotante con sándwiches, pastelillos, jugos y bebidas, mientras Vegeta solo la miraba hacer de brazos cruzados.

Una vez que Bunny terminó, le entregó el carro al saiyajin y le dijo - Vegeta, gracias por tu gentileza...

-Lo que sea por no oír su parloteo. Y no me interrumpa más tarde. Debo aprovechar de entrenar antes de que desconecten la gravedad.

Diciendo esto, abandonó la cocina y se dirigió con el encargo a la oficina del profesor.

Bulma estaba en su laboratorio finalizando el plano del cableado del interior de la nave, cuando oyó la puerta deslizarse, por lo que levantó la vista y vio entrar a su padre. Traía el carrito de meriendas y sobre este una bandeja con algunos pastelillos, dos sándwiches y una lata de refresco.

-Hija, tu madre nos envió algo de comer - le dijo - Como estamos tan ocupados, pensó que seguramente no subiríamos ni siquiera a acompañarla a beber el té…

-Ella tiene razón… - miró la charola y le comentó – Oye. Parece que estabas hambriento...

-Eh... si, je, je… Comí algunas cosas en mi oficina… Bueno, ya no te interrumpo… Te dejaré esto por aquí, y volveré a mi oficina…

-Gracias… Y tú nunca interrumpes, papá. De hecho si no hubieras venido ni me daba por enterada de lo tarde que era...

- Je, je… Tienes razón… Dime ¿Cómo va todo? – preguntó, acercándose un poco a la mesa donde trabajaba la muchacha.

-Oh, muy bien… Mira, ya tengo casi listos todos los planos de la nave... Creo que hoy mismo empezaré a solicitar los materiales.

- Que bueno, hijita. No sé si deba preguntarte pero ¿Cómo te fue con Vegeta? - la muchacha dejó caer un poco sus hombros y le respondió – No muy bien… Pero por al menos no ha dicho que no - el profesor le sonrió, cariñoso – Terminará aceptando. Ambos sabemos cómo es ¿no?

-Sí… No me daré por vencida.

- ¡Eso es!… Ahora si te dejo, porque yo también tengo mucho que hacer… - iba a retirarse, pero recordó algo importante - ¡Oh, que torpe! Por poco olvido decirte que el encargo de Roshi ya está listo.

- Muchas gracias, papá ¡Sabía que podía contar contigo!

- No hay de qué… ¿Te vengo a buscar para la cena?

-Sí, papá. ¡Oh! Ahora yo casi olvido algo… – dijo, poniéndose de pie y cogiendo unos planos enrollados, de uno de los estantes se los entregó – Estos son los planos de la cámara de gravedad, para que los revises…

- ¡Excelente!… Te veo más tarde, Bulma – respondió el anciano y salió del cuarto. Entonces la peli turquesa aprovechó de coger un sándwich y volvió a su asiento donde, entre mordidas a su merienda, terminó el último plano y comenzó enseguida a hacer las llamadas telefónicas a los proveedores.

Estuvo un largo rato en eso, hasta que por fin colgó el auricular y suspiró satisfecha. Miró la hora y se estiró en su silla.

- ¡Vaya que es tarde! Por suerte ya terminé con los esquemas y se supone que los materiales llegarán mañana… ¡Awwwwmmm! Muero de hambre y de cansancio, pero valió la pena… Aún me queda lo de los trajes y la armadura… - puso cara de preocupación - ¿alcanzaré a tener todo listo a tiempo? Espero que sí… ¡Oh, mierda!, todavía debo hacerme el tiempo para ir a dejarle el submarino al maestro… Pero no tendré tiempo, mejor lo llamo y le digo que venga él.

Cogió nuevamente el teléfono y marcó. Luego de un par de tonos le respondieron.

-Hola, habla Roshi

-Hola, maestro ¿Cómo está?

- ¿Bulma? ¡Qué sorpresa!

-Lamento no haber ido a visitarlos en este tiempo… Es que he estado muy ocupada.

-Lo sé, linda. No te preocupes, pero ¿A qué debo el honor de tu llamada?

-Ay, maestro, no sea mañoso. Acabo de disculparme… Lo que ocurre es que ya está listo lo que me solicitó. Pero no tendré tiempo de ir a dejarlo a Kame House… ¿Podría enviar a alguien por él?

-Hum… Si no te molesta iré yo mismo para poder vernos.

-En ese caso va a tener que ser pronto… planeo irme de vacaciones en algunos días…

- ¡Oh! Deberías venir a quedarte con nosotros...El agua de mar de la isla es deliciosa en esta temporada…

-Lo sé, Maestro, pero gracias de todos modos. Es que ya hice las reservaciones… – respondió sonriendo de manera soñadora.

-Bueno, en ese caso nos vemos, querida.

-Gracias, maestro y hasta pronto.

-No. Gracias a ti, Bulma. Adiós.

La muchacha colgó e inmediatamente oyó abrirse la compuerta y vio a su padre se asomarse.

-Permiso. Hija ¿estás lista para ir a cenar?

-Sí, papá. Espérame un segundo, para dejar todo guardado - enrolló los planos con cuidado y los dejó sobre un mueble, junto con el listado de materiales impreso – enseguida, volteó hacia su padre y le sonrió, mientras le decía -Vamos, ¡Qué muero de hambre!

-Ja, ja. Yo también – respondió él poniendo una mano en su nuca.

Ambos llegaron al comedor, donde estaba su madre esperándolos. Al verlos llegar sirvió los platos y se sentó. Sus padres comenzaron a comer y a platicar.

-Querida ¿qué tenía el dinosaurio?

-Ni te imaginas – respondió Bunny – al parecer va a ser madre… Descubrí que puso tres hermosos huevos cerca de la alberca.

- ¡Oh! ¡Eso es maravilloso! – comentó el anciano, mientras cortaba su carne.

Bulma los veía platicar y miraba de vez en cuando la puerta, esperando que apareciera Vegeta, pero esto no ocurría y a su madre no parecía importarle como otras veces. Iba a preguntar por él pero Bunny, que había notado su preocupación, exclamó - ¡Qué pena que hoy no nos acompañe el apuesto de Vegeta!

-Es cierto, cariño – la secundó el profesor, agregando algo más de información – Pero el mismo dijo que no quería que lo interrumpieran porque iba a aprovechar de entrenar antes de que desmantelaran la nave, ya que después no podría hacerlo…

-Si, a mí me dijo lo mismo, querido.

La muchacha no quiso comentar nada. "Con razón no lo he visto en todo el día… ni siquiera fue a molestar a los laboratorios. Pero, ¿porque soy la única que no lo sabía? Ya hablaré con él. De todos modos, supongo que irá a visitarme (sonrío)… y aprovecharé de sacarle una confirmación definitiva con respecto a que lo acompañe"

Apenas finalizó la cena, Bulma corrió a su alcoba para prepararse y lucir lo suficientemente sexy para cuando Vegeta llegara. Cepilló su cabello, se puso algo de labial y miró la hora "21:48". Se lanzó a la cama y cogió una revista para esperar. Luego de un rato, volvió a mirar el reloj "22:35"

- ¿Qué extraño? ¿Por qué tarda tanto? Los otros días ha sido puntual… ¿Qué lo habrá entretenido? - bajó de la cama, se colocó su bata y bajó a la cocina, pensando en que el saiyajin debía estar comiendo aun. Pero cuál fue su sorpresa al no encontrarlo y en cambio ver la nave aun funcionando en el jardín.

- ¡Ese idiota aún está entrenando! Así no podré convencerlo.

Se sentó en el desayunador y esperó unos minutos, pero comenzó a aburrirse por lo que se dirigió a la sala principal y encendió la televisión. Estuvo haciendo zapping unos minutos, hasta que una idea la hizo ponerse de pie "¿Qué estoy haciendo? Si lo espero va a pensar que estoy desesperada… Será mejor ir a dormir y en venganza dejar mi ventana y puerta cerradas"

Apagó el aparato y subió a su cuarto, dejando todo cerrado. Sin embargo, al meterse en la cama se arrepintió y volvió al ventanal, liberando el cierre. Se volvió a acostar e intentó conciliar el sueño. Pero no pudo, se sentía ansiosa creyendo que Vegeta haría su aparición en su dormitorio en cualquier momento. Cogió un libro del lote que tenía en un rincón y leyó para matar el tiempo. Llegó a la mitad y lo cerró, al tiempo que volvía a mirar la hora "01:13" "¿Ese lunático se va a quedar toda la noche entrenando? Será mejor dormir de una vez, mañana tengo que citar al personal que trabajará conmigo y hacer las copias de los trajes y la armadura y… ¡Demonios, Vegeta! ¿quieres desesperarme? Pues no te daré el gusto… De saber que no vendría me hubiera quedado adelantando trabajo en los laboratorios…" Suspiró, dejó que el libro cayera al suelo y se acomodó en la cama, ya más decidida a descansar. Por suerte para ella el sueño no tardó en llegar.

El príncipe detuvo su exhaustivo entrenamiento y se concentró en el ki de ella., mientras sonreía "Ya falta menos… debo aprovechar de entrenar aquí antes de que Bulma comience a desmantelar el lugar… ja, ja, ja, estará esperándome en su cuarto. Supongo que intentará atacarme con toda su artillería esta noche, y seguramente se habrá puesto algo muy convincente para que yo caiga… ¿Cómo lucirá? ... ¡NO! Ni crea que caeré en sus tretas… Ahora, debo concentrarme… en evitarla, ja, ja, ja"

Respiró hondo para continuar con sus piruetas y descargas de energía contra sí mismo y así estuvo por unas horas más.

Como a eso de las tres de la mañana, salió de la nave y levitó directamente hasta el balcón. Abrió con sigilo la hoja de vidrio e ingresó de la misma manera al dormitorio de Bulma. Ahí estaba la humana, recostada de lado y con una pierna fuera de la colcha, luciendo un atuendo bastante audaz "Tal como lo imaginé… pero la haré sufrir un poco más…" Dio media vuelta y salió del cuarto por donde había entrado, tomando rumbo a la cocina.

Al día siguiente, Bulma despertó con un humor de los mil infiernos. Restregó sus ojos con pereza y se dirigió a la ducha. "Por su culpa dormí poco anoche… que le costaba decirme que no vendría a verme, es un maldito desconsiderado… ¡Tendrá que oírme!" Cuando salió del cuarto de baño, aporreó todo objeto y mueble que utilizó.

- ¡Estúpido saiyajin! – decía, mientras cerraba de golpe un cajón.

- ¡Maníaco, hijo de perra! – exclamaba, mientras se vestía.

- ¡Uyy! – chillaba, mientras se peinaba.

Bajó a desayunar, dando pisotones por la escalera, mientras seguía despotricando contra Vegeta - ¿Quién se cree que es? ¡Dejarme plantada! ¿En qué demonios estaba pensando?

El saiyajin, mientras tanto, sonreía desde el tercer nivel apoyado en la baranda de la escalera. Realmente estaba disfrutando el hacerla rabiar. Había detenido sus ejercicios solo para ir a ver qué tal había amanecido ella, luego de haberla dejado plantada la noche anterior, aunque su idea era más bien ir fastidiarla con lo del viaje pero cuando estuvo frente a la puerta y escuchó los insultos y los golpes dentro, prefirió evitarla nuevamente. Así que simplemente volvió a la nave y prosiguió con lo suyo.

Bulma entró a la cocina sirviéndose un vaso de jugo de mala gana y se acomodó cerca de la ventana a desayunar. Se comió una tostada con mermelada, despecho y rabia, mientras mascullaba insultos sin dejar de mirar de vez en cuando hacia la nave.

-Hija ¿estás bien? – preguntó Bunny desde la puerta que daba al jardín. La muchacha levantó la vista

- ¡Ah! Hola, mamá… No es nada. Solo que dormí poco anoche.

-Deberías tomarte el día y descansar. Dormir poco y comer enojada, solo te hará engordar.

-¡No me digas esas cosas!… Además no tengo tiempo para descansar…

- ¿De nuevo estás peleada con Vegeta? – preguntó su madre, mientras llevaba algo de loza al lavaplatos.

-Mamá, ni siquiera lo he visto. Y es más. No quiero verlo, ni oír nada que tenga que ver con ese demente por ahora… ¡solo me hace rabiar!

-Ay, querida… creo que te enojas por nada…

-Como sea… – dijo, levantándose de la mesa – Bajaré a los laboratorios. Avísame por favor cuando lleguen los materiales...

La señora asintió y se sonrió de espaldas a ella. No pudo evitar pensar en lo mucho que se parecían su hija y el príncipe, y en lo fácil que era para ella leer sus actitudes.

La científica bajó a su laboratorio y se contactó con algunos de los empleados por el comunicador. Realizó algunas llamadas y más tarde, una reunión con los seleccionados, encargándoles también que estuviesen atentos a la llegada de los materiales que había solicitado. Al finalizar fue por algo de comer y volvió a encerrarse a trabajar.

Cuando vio que ya era la hora de la cena dio por finalizado su día, apagando las máquinas que había estado utilizando y encapsulando las cosas que tenía listas, guardándolas enseguida en un cajón con llave para ir a cambiarse para cenar con sus padres.

Mientras tanto, Vegeta seguía aprovechando de utilizar la nave. Estaba realizando flexiones cuando se encendió el comunicador.

-Yujuy, Vegeta. La cena está servida.

El príncipe detuvo sus ejercicios, para enseguida ponerse de pie y responderle, mientras caminaba hasta donde estaba el agua y su toalla – Le dije que no me molestara.

-Tienes razón. Pero ya que detuviste lo que estabas haciendo podrías aprovechar de acompañarnos…

-No tengo tiempo. Solo deje los alimentos en los robots.

La señora hizo un puchero - ¡Oh! ¡Qué lástima!... De acuerdo, querido, pero no te sobre exijas…

-Hmn – hizo él, frunciendo, mientras secaba su sudor "¿Ahora ella? ¿Qué les pasa a estas hembras?... No soy un maldito crío para que estén cuestionando mis métodos de entrenamiento"

La comunicación se cortó y el saiyajin se detuvo un momento para descansar, apagando la gravedad y sentándose con la espalda apoyada en la consola de mandos mientras flexionaba una pierna para descansar un brazo en ella. Escupió y después bebió un poco de agua "Mañana tendré que buscar donde más entrenar ya que dentro de poco este lugar estará atestado de débiles humanos… Supongo que no sería mala idea irme a algún otro sitio mientras está todo listo (recostó su cabeza en la consola un momento)… ¿Estará aun molesta? (se encogió un poco de hombros) No me importa… Si quiere convencerme de que la lleve conmigo deberá esforzarse un poco más, ja, ja, ja…" Dejó la botella a un lado y arrojó sobre ésta la toalla, retomando su entrenamiento.

Bulma entró a su habitación y al cerrar la puerta se quedó recostada sobre ésta. El saiyajin nuevamente no los había acompañado a cenar. Suspiró y puso el seguro, haciendo lo mismo con las ventanas. Hoy sí que estaba cansada y aunque internamente deseaba que el saiyajin la buscara, decidió que si ese era el juego, ella también sabría jugarlo. Se soltó el cabello de la cola de caballo que llevaba desde la mañana y se dejó caer en su cama para pensar un momento en todo lo que le faltaba hacer antes del viaje y en el porqué el saiyajin la estaba evitando. Se le ocurrió una idea por lo que fue hasta el closet de dónde sacó el rastreador de uno de los cajones y lo acomodó en su oreja, comenzando a oprimir uno de los botones.

- Así que está en la nave aún… - comentó en voz alta - bien, señor "me hago el interesante", si quiere jugar al escondite y hacerse de rogar, le diré que se acabó su ventaja…

Se dirigió a su laboratorio y una vez allí, abrió el cajón donde había dejado las cápsulas.

Vegeta realizaba abdominales, y estaba por llegar a los tres mil, cuando se activó la comunicación.

- ¿Qué parte de no interrumpir mi entrenamiento no te quedó clara? – preguntó de mala gana, sin voltear.

No hubo respuesta.

Se giró, apoyando una mano en el suelo, hacia la pantalla holográfica que ocupaba gran parte del domo y en ese mismo instante su mandíbula descendió. En la pantalla estaba Bulma de cuerpo entero, con su cabello suelto y algo despeinada. Pero lo que impresionó al príncipe fue que ella estaba vestida con uno de los trajes que él le había encargado, incluyendo guantes, botas y el rastreador.

Ella le sonrió para luego darse una vuelta luciéndose. Se acercó al comunicador y le dijo - Cómo puedes apreciar, Vegeta… tus trajes están listos… Solo falta la armadura – cerró un ojo coqueta y apagó la comunicación.

Vegeta se quedó sin habla. No había ni considerado la posibilidad de entregarle trajes a ella para que lo acompañara porque no creyó necesario que ella los usara. Se recompuso como pudo de la visión y cerró sus ojos, frunciendo mientras comentaba con una media sonrisa - Hmn… es una maldita manipuladora.

Suspiró hondo y apagó la gravedad, dejando su mano en la consola por unos segundos "Tal vez debí decirle que hiciera algunos para ella, pero eso solo la haría pensar que me preocupo por ella… ¡Bah! Supongo que ella es lo bastante lista como para saber que debe ir preparada al espacio tal como lo hizo cuando viajo a Namekusei... ¡Demonios! Realmente se ve bien con esa indumentaria… ¡Maldita hembra del demonio! Le hice jurar que no interrumpiera mi entrenamiento pero allí está, desobedeciéndome para intentar seducirme…"

Se dirigió a la puerta y se concentró en sentir el ki de la muchacha, notando que ella ya estaba de vuelta en su habitación -¡Tsk! Aun así debo seguir evitándola...

Salió de la nave, pero en vez de ir donde la humana fue a comer. Atacó los robots y luego subió a su cuarto, no haciendo ni el más mínimo intento de pasar a verla. Pensó que seguramente ella esperaba que él fuera para convencerlo y que seguramente se habría dejado puesto el traje, utilizándolo para este fin, pero él quería que ella le rogara. Si entraba a ese cuarto estaba seguro de que perdería, ya que su juego le estaba cobrando un alto precio. Miró en dirección a la habitación de la muchacha y respiró hondo, no quería reconocerlo, pero su cuerpo ya la extrañaba. Frunció y se desvistió para dirigirse a la ducha, para encontrarse con su vieja aliada: el agua fría. Al salir se dejó caer sobre la cama solo con la toalla que traía en la cadera "Me iré al desierto, es la única forma de ir acostumbrándome a mi nuevo entrenamiento, y de paso Bulma se enfurecerá… Definitivamente es mejor así"

Pasaron unos días, y Bulma estaba de cabeza realizando los trabajos de re acondicionamiento de la nave. Tenía a su disposición un puñado de técnicos y algunos otros especialistas, a los que se les dijo que era un proyecto solicitado por un multimillonario excéntrico. A pesar de haber despertado de mejor ánimo, aún estaba bastante molesta con el saiyajin. Este se había ido a entrenar fuera sin siquiera decirle o dejarle una mísera nota y, aunque ella sabía perfectamente donde estaba, le dolió que no le avisara de su decisión. La noche anterior al buscarlo con el rastreador se preocupó un poco, ya que éste le indicaba que estaba a solo un par de kilómetros de otro ki que no supo identificar, pero al parecer Vegeta si sabía de quién se trataba, porque a los minutos emprendió el vuelo dirigiéndose alejándose del intruso.

En cuanto a la nave, hubo que rehacer completamente la distribución del espacio interior. En el nivel inferior estaría una estación con trajes espaciales y herramientas junto a una compuerta para poder hacer reparaciones externas de emergencia. En el segundo nivel se ubicarían las dos habitaciones, un baño (con bañera) y una bodega de libre disposición. Y por último, en la planta superior, estaría la entrada, la cocina-comedor y una bodega de víveres y de suministros médicos, además del puente de mando, con dos asientos frente a la consola, permitiendo que desde ambos se pudiera controlar la nave por medio de mandos extensibles. Además, el centro de gravedad se eliminó, siendo reemplazado por un generador de energía más sofisticado y eficiente. Estaba exhausta, pero feliz con todo lo que había hecho en tan poco tiempo. La fecha de entrega de la estructura estaba fijada para el día siguiente por la mañana, así que se pasó el dorso de la mano por la frente, satisfecha y decidió tomarse un receso.

Al traspasar la puerta de la cocina se encontró con Vegeta, que estaba cruzado de brazos mientras apoyaba su cuerpo contra la mesa, como si la hubiese estado esperando. Aunque Bulma se sorprendió al verlo prefirió hacerse la loca, ya que ella también tenía orgullo y por lo mismo no delataría su alegría al verlo nuevamente. Así que solo pasó hasta el refrigerador, de dónde sacó una soda con toda naturalidad.

-Necesito ver el prototipo de la armadura…- exigió él.

Ella lo miró un segundo, luego abrió la lata y avanzó hasta la mesa, donde tomó asiento y lo respondió, con algo de indiferencia - ¡Hola, Vegeta! ¿Por qué me lo pides si sabes perfectamente dónde está?

El saiyajin se sonrió y avanzó hasta la mesa, quedándose de pie junto a ella - Sí, pero quería saber que tanto podías ayudarme…

- ¿No estarás insinuando que es para probar si te seré útil allá afuera?… ¡Olvídalo! Eso es solo desidia de tu parte. Además… ¿Dónde has estado? – preguntó haciéndose la inocente.

-Eso no te incumbe… Ahora, haz lo que te pedí, mujer.

- ¡No, Vegeta!

- ¿Me estas desobedeciendo?

- ¡SÍ!

El saiyajin sacó su voz malvada - Si no llevas tu trasero a los laboratorios en cinco minutos, te vas olvidando del viaje…

Bulma lo miró por encima de la lata. Bebió un sorbo y dijo - De acuerdo… en diez minutos bajo.

-Argg… dije en cinco minutos ¿acaso estás sorda aparte de loca?

-¿? Y yo te dije que en diez… ¿Qué no ves que estoy descansando?

Ella al fin logró sacarlo de quicio. Lo que exteriorizó arrebatándole la lata de la mano, para enseguida levantarla como si fuera un costal y cargarla sobre su hombro, tomando rumbo hacia los laboratorios.

-Bruto, ¡bájame!

No hubo respuesta

-Vegeta, te lo advierto…

Tampoco.

-Tengo que ir al baño…

Vegeta se sonrió y le respondió -No caeré en ese truco barato…

-Es en serio… te lo juro – lo amenazó ella, pero no hubo caso. El hombre seguía su camino, mientras abría puertas y pasaba habitaciones - ¡Vegeta! ¡Suéltame!

-Cuando lleguemos – respondió él, sin inmutarse.

Una vez que llegó al laboratorio de Bulma, la dejo caer y le dijo, observándola hacia abajo con las manos en las caderas - ¿Será que ahora puedes mostrarme la armadura? - ella, desde el suelo, lo miró enojada - ¿Ahora finges ser amable?

-Siempre he sido amable… - se medio sonrió él - El problema es que tú no sabes reconocer la amabilidad saiyajin.

-Entonces, si eres tan amable como dices, ayúdame a levantarme… - le solicitó, extendiendo una mano hacia él.

Vegeta amplio su sonrisa y le ofreció la mano, pero cuando la muchacha se agarró de ésta, él no hizo ni un esfuerzo por levantarla, dejando su brazo lacio.

Bulma se levantó como pudo y una vez de pie, lo empujó diciéndole entre dientes - Gracias por nada, señor amable.

-Fue un placer, señora insoportable – respondió él, inclinándose un poco a modo de reverencia, sonriéndose burlonamente.

La joven bufó y avanzó hasta un estante de donde cogió una cajita y de allí sacó una capsula que arrojó directo a la cabeza al saiyajin, pero Vegeta la atrapó frente a su rostro, sin siquiera dejar de ver a la muchacha a los ojos. Enseguida le dijo - ¿Se supone que me dañarías con eso?... Ja. No eres más que una novata…

Ella apretó sus labios y puso sus manos en las caderas - ¡Uy! Deja de comportarte como un idiota y revisa esa estúpida cosa de una vez.

Él activó la capsula, y a continuación la arrojó a la muchacha, como si nada. Ésta alcanzó a dar un brinco hacia el costado, quedando pegada a uno de los muros mientras una nube de humo blanco aparecía frente a sus espantados ojos.

-¡JA, JA, JA! - rió de buena gana el saiyajin, consiguiendo que Bulma se enfureciera, luego de que se le pasara el susto - Imbécil – logró decir cuando se disipó el humo – ¡pudiste haberme hecho daño!

-No seas escandalosa, humana… Ahora, deja de quejarte y dime si la armadura cumple o no con los parámetros que te solicité – preguntó, tomando asiento y subiendo los pies a la mesa.

A Bulma se le desencajó el rostro, apretó sus puños y le gritó - ¿¡Es en serio, Vegeta?!Casi me matas y me preguntas tan campante ¿Que si la estúpida cosa esa cumple con tus requerimientos?

Vegeta cerró sus ojos un momento, frunciendo ante el tono que ella estaba usando. Enseguida la miró y le dijo, con ironía - ¿Casi? ¡Qué lástima!... Pero se supone que para eso bajamos… Responde de una vez y deja de irte por las malditas ramas ¿Es más ligera que la anterior o deberé atarte a tu silla para que la hagas como te lo pedí?

Bulma lo miró enojada, mientras una vena comenzaba a notarse en su sien – ¿Por qué no te la pruebas y sales de dudas de una vez? - él se sonrió - Hmn… Conociéndote, mujer, seguramente le hiciste algo para vengarte por no haber acudido a nuestras "citas de juegos nocturnos"

Bulma cerró sus ojos y respiró hondo, para poder centrarse en sus ideas. Volvió a mirar al príncipe para responderle – De acuerdo. Me la pondré solo para demostrarte que estás equivocado – tomó la armadura y se la puso con algo de dificultad, pero al finalizar se llevó las manos a las caderas y le dijo

-Dejando a un lado tu intento fallido de asesinato…– cambió su tono a uno sensual, solo para fastidiarlo, y agregó – Bueno...Te diré que este prototipo de armadura es perfecta. Las réplicas obviamente no tendrán la opción de encapsular… ¿pero sabes? Es bastante cómoda y además se ajusta de maravilla a mi cuerpo, resaltando mi hermoso trasero – terminó su exposición dándole la espalda al saiyajin, mientras lo miraba por encima del hombro.

Vegeta la miró de arriba a abajo. Efectivamente se veía bien con la armadura, a pesar de estar vestida con un pantalón deportivo.

Bulma se sonrió internamente al lograr lo que quería: que él le mirara el trasero. Por lo que le dijo, volteándose completamente y apuntándolo con un dedo -Ajá… ¡Sabía qué harías eso!… Eres un pervertido, Vegeta.

Él se ruborizó molesto por la declaración de ella, levantándose de inmediato como un resorte del asiento - ¡Hmp! No digas estupideces si ¡Tú eres la exhibicionista! Ahora ¡Dame esa cosa! - la muchacha retrocedió unos pasos y le dijo, coqueta, mientras le cerraba un ojo - No te la entregaré hasta que me digas si viajo o no…

- Así que de eso se trataba… Si no me das esa armadura a la única parte que viajarás será al infierno…

- ¿Crees que te tengo miedo? Vamos ¡atrévete! – dijo ella irguiéndose en su sitio y tomando una pose de boxeo.

El saiyajin no pudo evitar sonreírse ante la imagen que tenía enfrente. Una débil hembra, disfrazada con su armadura y ofreciéndole pelea a él, el hombre más fuerte del universo. Se puso serio y le respondió - De acuerdo humana… tú lo has pedido… Pero no quiero oír tus lloriqueos después - tronó su cuello y luego sus nudillos, preparándose para la golpiza que daría. Después soltó sus brazos a los lados relajando sus músculos y avanzó con calma hacia ella, que instintivamente retrocedió.

- ¿Por qué huyes? - preguntó él suavemente, mostrándole los colmillos.

-No estoy huyendo, idiota… - replicó ella – Solo mantengo la distancia para que tengas tiempo de arrepentirte...

Él se carcajeó de lo lindo por unos momentos, para luego volver a fruncir y amenazarla - Esta vez no tendré misericordia contigo…

Bulma tragó duró. La mirada de Vegeta era muy similar a la que ella recordaba de cuando peleó con Zabón. Intentó dar un paso más atrás, pero chocó con el muro.

- ¿Se te acabó el cuarto? Es una pena, terrícola…porque ahora conocerás el verdadero terror...

La muchacha se envalentonó e hizo ademán de enviar un golpe al rostro de Vegeta, pero éste no tuvo ni un inconveniente en bloquearlo atrapándole la mano para luego comenzar a torcer, con cuidado, la muñeca de Bulma.

- ¡Suéltame, tonto! Me duele…

-Pero si tú fuiste la ridícula que ofreció pelea… Ahora, aguántate como la mujer que dices ser – ella lo miró y respondió gritándole - ¡Si me dañas la mano no podré terminar las cosas que me pediste, imbécil!

El saiyajin la miró a los ojos, notando que no había ni una pizca de súplica en ellos. Solo se encontró con unos azules desafiantes que le hicieron despertar su deseo. Soltó la mano de la mujer y tomándola por las caderas la aproximó a su cuerpo, para enseguida, sin dejar de mirarla a los ojos, deslizar sus manos a sus glúteos, apretándolos, obligándola a sentir la dureza de su miembro. Ella intentó apartarlo colocando sus manos sobre el pecho del saiyajin.

-Vegeta, ¡suéltame!… No puedes ir y venir como te plazca… Además, podría entrar alguno de mis padres…

Él la ignoró y comenzó a besarla con desesperación, mientras la presionaba con su cuerpo contra el muro que estaba tras ella. Los días que había estado evitándola solo acrecentaron su deseo por ella y el jueguito anterior no había hecho más que encenderlo. Para Bulma también había sido una tortura estar sin él, y a pesar de estar aún molesta, no se pudo resistir al calor de su cuerpo. Respondió al besó, permitiéndole el acceso al interior de su boca sintiendo como si no lo hubiera besado en meses.

El beso se hizo aun más profundo y la científica deslizó una de sus manos entre ambos, para alcanzar el miembro del saiyajin por sobre su pantalón y comenzar a acariciarlo. Ante esto, él la dejó hacer un momento pero al siguiente, y sin previo aviso, la volteó y le bajó el buzo, junto con las bragas, mientras la sostenía del estómago, contra él. "Maldita mujer… ¿Por qué no puedo dejar de desearla?... definitivamente tengo que llevarla conmigo…" Pudo apenas pensar mientras bajaba un poco su propia ropa y tomando su miembro, lo posicionó sobre la intimidad de ella, sintiendo su humedad y calidez. Tenía demasiadas ganas de penetrarla, pero no era prudente, por lo que solo dejó su miembro entre las piernas de ella y comenzó a restregarse contra su vulva, con un suave movimiento que fue subiendo en intensidad al tiempo que sujetaba a la muchacha por las caderas. Bulma respiraba con dificultad apoyada contra el muro, sosteniéndose con las manos y antebrazos. La sensación era tan irresistible que, entre jadeos y gemidos, deslizó una de sus manos hasta su propio centro para estimularse, hasta que finalmente alcanzó su orgasmo. Vegeta al sentir la mano intrusa no aguantó más y se retiró, para terminar masturbándose y liberándose sobre una de las nalgas de la muchacha, emitiendo un gruñido grave, casi inaudible. Cuando se sintió sosegado, se apartó y acomodó su ropa, mientras observaba el desastre que había causado.

- ¡Maldición! – exclamó ella, subiéndose los pantalones al tiempo que se volteaba - ¡ahora tendré que subir a ducharme!... ¡Auch! – exclamó, volviendo a bajar su ropa por el lado de la cadera - ¿Estos son tus dedos?

Se podían distinguir claramente un pulgar y tres dedos del saiyajin. Él se sintió algo incómodo ya que no era su intención dejarle alguna marca pero la necesidad fue tanta que le costó medir su fuerza.

- Bah, quéjate en el momento, mujer… - le dijo, tratando de bajarle le perfil al asunto.

Bulma lo miró a los ojos, conocía perfectamente bien esa mirada contrariada que tenía el saiyajin después de que intimaban. Duraba a lo sumo un minuto, pero en ella podía ver la lucha interna que mantenía el príncipe, entre el sosiego y la culpa. Sintió que tenía la batalla ganada, por lo que se sonrió, volviendo a acomodar su ropa, y le dijo - ¿Ya te decidiste?

Vegeta quedó estático un momento ya que efectivamente estaba en ese momento en que evaluaba sus actos, pero por suerte recordó lo del viaje, volviendo a su actitud normal - No y digamos que tú tampoco has hecho méritos. Ahora dame ese prototipo para que terminemos con este asunto.

-Como digas… – dijo sacándose la armadura – Aquí la tienes…

Le entregó la prenda con algo de brusquedad y apenas Vegeta la recibió comenzó a lanzarla a poca distancia de sus manos evaluando su peso. Se sorprendió al notar que era más liviana inclusive que las verdaderas armaduras, y aun había que considerar que perdería unos gramos más al retirar el sistema de encapsulamiento.

- ¿Y? ¿Qué te parece? – preguntó ella triunfal, cruzándose de brazos, esperando un halago por parte de él.

Vegeta frunció y le preguntó, sin mirarla, mientras estiraba la prenda para verificar la elasticidad

- ¿Qué hay de la resistencia? - Bulma infló su pecho con orgullo y le respondió - Es aún más resistente que la que trajiste.

Él entrecerró sus ojos intentando no delatar su asombro ante las capacidades de la mujer. Sin pensarlo intentó algo, evitando decirle algún cumplido. Creó una pequeña esfera de ki y la aproximó a la armadura

- ¿Qué demonios crees que haces? – preguntó la muchacha, con algo de temor - ¿Qué acaso no se nota? - le respondió él con burla - ¿Ves que no eres tan lista como dices? - Bulma lo miró molesta y se cruzó de brazos - Por supuesto que sé lo que intentas hacer y por lo mismo te digo que no puedes hacerlo aquí...

- ¿Qué ocurre? ¿Tienes miedo de que la dañe? – preguntó el saiyajin, sin deshacer la esfera.

-Haz lo que quieras… Pero si llegas a estropear mi laboratorio, olvídate de mi ayuda para nada más.

- ¿Con quién crees que estás hablando?… Sé perfectamente bien lo que estoy haciendo… Además, tu padre hace un tiempo que reforzó los muros de los laboratorios - dicho esto, acercó la esfera a la armadura y, acto seguido, aumentó un poco más el tamaño procediendo a presionarla contra ésta y sonrió genuinamente al ver que la esfera se deformaba sin derretir o dañar la blanca superficie.

Bulma se sonrió orgullosa de su creación al ver la reacción de Vegeta- Espero que esté conforme, su majestad… Pero ahora, si me disculpas, debo ir a cambiarme - le comentó avanzando hacia la salida.

- ¿Cuántas harás? – preguntó Vegeta, sin levantar la vista de la armadura, haciendo desaparecer la esfera. Ella detuvo su marcha, para responder - Tres ¿por qué preguntas?

-Con dos será suficiente – afirmó, volteando a mirar a la muchacha.

-De acuerdo… pero te las entregaré cuando aceptes que te acompañe...

-Me las entregarás cuando estén listas – la corrigió – Y recuerda que solo te quedan dos días.

Vegeta dejó la armadura sobre la mesa y salió del laboratorio. Bulma se quedó mirando la armadura y enseguida comentó en voz alta – Lo quiera o no ese malcriado empacaré mis cosas para el viaje… Siempre me salgo con la mía y esta vez no será la excepción.

Salió de su laboratorio, pero antes de ir a su cuarto decidió que era mejor empezar con la confección de las armaduras. Preparó los materiales y dejó funcionando la maquinaria, que estaba ubicada a la salida de su laboratorio, en la habitación de ingreso. Una vez verificó que todo funcionaba en orden, subió a cambiarse para ir a cenar con sus padres.

Vegeta por su parte observaba su nave desde el techo de la Corporación. Se sentía complacido de tener tantos humanos trabajando y a su disposición para cumplir con sus requerimientos. Así que hizo algo inesperado, levitó y descendió junto la nave ingresando con propiedad, sin saludar a nadie, con ese caminar arrogante tan propio de él. Recorrió el lugar inspeccionándolo y de vez en cuando hizo algunas preguntas a los técnicos, además de algunas observaciones que fueron acogidas de inmediato por el personal, el cual daba por sentado que se trababa del personaje misterioso que había encargado dicha nave. Sin embargo, algunos de los trabajadores lo reconocieron y sabían de antemano que era una persona muy importante y cercana a los Briefs, por lo que evitaron a toda costa molestarlo, ya que era legendaria la reputación de malas pulgas del hombre.

Una vez hubo quedado conforme con su inspección se retiró y subió a su habitación, ya que no tenía ganas de cenar con "la familia", por lo que esperaría hasta entrada la noche para ir por su cena, y aunque no le faltaban ganas de ir a ver a Bulma, pospuso cualquier visita a su cuarto solo por el afán de seguir fastidiándola con lo del viaje.

Estaba por amanecer cuando sonó el despertador de Bulma. Ésta con pereza acercó una mano y lo detuvo, dejándose caer nuevamente en la cama para llevarse ambas manos a sus ojos y convencerse de que debía levantarse - Hoy debo dejar todo listo… - se giró, metiendo una mano bajo la almohada para sacar el rastreador que había dejado allí desde algunas noches atrás. Lo observó un instante antes de colocárselo - Mmm… ¿? ¿Está en su cuarto? Esto sí que es raro… Aunque se ha llevado evadiendo mi pregunta… Es un cretino desconsiderado - se retiró el aparato y se dispuso a empezar su día pensando en que lo mejor era no darle mucha importancia a los berrinches del príncipe ya que era obvio para ella que él no podía vivir sin ella, aunque fuese para hacerle la vida a cuadritos por ahora.

Vegeta estaba tendido en su cama. La noche anterior no había ido a ver a la mujer, aunque ganas no le faltaban, porque esperaba que fuera ella la que lo buscara. Al no ocurrir se decepcionó, inclusive se sintió tonto, pero prefirió no darle más importancia de la necesaria. Sabía a la perfección que ella aún estaba molesta con él por no darle una respuesta concreta con respecto al viaje y aunque deseaba hacerlo, debía admitir que le gustaba verla ingeniándoselas para convencerlo.

Cerró sus ojos por un momento y meditó "El entrenamiento fuera estuvo bastante bien, sin embargo es molesto no poder probar mis nuevas técnicas… Además, ese estúpido namek ¿cree que no me di cuenta de su presencia? Lo más seguro es que ese idiota de Kakaroto lo haya enviado a espiarme… Pero para su mala suerte no vio ni la mitad de mi poder… Kakaroto, cuando regrese del espacio volveré convertido en un súper saiyajin, que no te quepa duda de ello… Venceré a los androides, luego te haré trizas y borraré esa estúpida sonrisa de satisfacción de tu rostro… (puso atención a un sonido) … Mhn… Ya despertó…"

Se levantó y al instante sintió movimiento en la habitación contigua. Sonriendo se puso de pie, y fue a su cuarto de baño para luego salir, coger algo de ropa y dirigirse al balcón.

Bulma estaba disfrutando de su ducha pensando ensimismada en todo lo que tenía que terminar ese día sin siquiera percatarse que había alguien más con ella en el cuarto de baño, hasta que se giró.

- ¡Vegeta! – exclamó, al tiempo que intentaba cubrirse sin mucho éxito tras la mampara.

-Sí, el mismo… - respondió con una sonrisa ladina.

- ¡¿Qué demonios haces aquí?! ¡Largo! – gritó, abriendo la hoja de vidrio para lanzarle cuanta cosa tenía a mano.

Vegeta evadió todo e intentó calmarla - No hagas tanto escándalo – le recomendó, mientras se sacaba con calma su ropa interior e ingresaba a la tina – decidí acompañarte

- ¡¿Qué crees que haces?!

- Solo vine a tomar un baño contigo…Y deja de cubrirte, ridícula.

El corazón de Bulma latía con fuerza. En el fondo estaba indecisa entre dejarlo o echarlo. Vegeta se percató de la duda en sus ojos por lo que, aprovechándose de esto, la tomó por la cintura y la acercó a su cuerpo a lo que ella no se resistió pero le dijo – De haber sabido que vendría su alteza me hubiese levantado más temprano…- Vegeta se sonrió y le dijo – No trates de complacerme solo para que te acepte en el viaje.

-No lo hago. Es solo que tengo mucho que hacer hoy y no tengo tiempo para jugar.

-Bueno, ahora sabes que se siente que te retrasen… - Bulma frunció un momento pero enseguida lo besó brevemente para enseguida decirle – Entendí tu indirecta, Vegeta, pero en serio no tengo tiempo para juegos. Sólo compartiremos la ducha y ya.

-Mujer… ¿crees que estoy aquí solo para darme un baño? Ni lo sueñes… - le dijo, volviendo a besarla, mientras apartaba los brazos de la muchacha para poder acariciarla. La recorrió por completo, disfrutando de la sensación que le provocaba la espuma sobre la suave piel de ella por unos momentos, pero luego la obligó a girarse con cuidado y comenzó a estimularla con una de sus manos, mientras apoyaba su mentón en el hombro de la muchacha y su mano libre se dirigía a uno de sus pechos. Cuando la sintió estremecerse, la sujetó por la cintura y la hizo girarse nuevamente para que ahora ella lo estimulara a él. Bulma así hizo y cuando él alcanzó su liberación, la atrajo hacía sí y se quedaron en esa posición unos momentos más, disfrutando de la sensación del agua deslizándose sobre sus relajados cuerpos. Les costó apartarse, pero Bulma fue la primera en alejarse. Tomó el jabón y comenzó a lavar el pecho del saiyajin. Este se sonrió y se dejó hacer, mientras le decía - ¿Intentas convencerme de algo?

-No… solo quiero ser atenta contigo…

-No eres muy buena mintiendo…

Ella lo miró a los ojos "Al igual que tú, Vegeta" - pero siendo honesta contigo… ya no me interesa acompañarte.

Vegeta cerró sus ojos un momento, disfrutando de las "atenciones de ella" para enseguida decirle -Mmm… Puedes quedarte si quieres…

Bulma lo miró a los ojos, sorprendida - ¿Estás diciendo que puedo ir?

Vegeta iba a responder pero justo en ese instante, fueron interrumpidos por Bunny.

- ¡Hija! ¡Buenos días!... – se oyó a la señora ingresando a la habitación - ¿estás en el baño?

Tanto Vegeta como Bulma pusieron cara de circunstancia.

- …este… SI, AQUÍ ESTOY, MAMÁ – gritó ella al tiempo que salía de un salto de la bañera y le ponía seguro a la puerta, mientras el saiyajin cubría sus oídos.

- ¡Venía a asear tu habitación, querida! ¡Además preguntan por ti allá fuera! – dijo la señora, aproximándose a la puerta del baño.

Vegeta se recompuso de los gritos y se cruzó de brazos, con el agua aun recorriendo su cuerpo. Bulma mientras tanto estaba desnuda, apoyada de espaldas a la puerta y le hacía señas a Vegeta para que le alcanzara una toalla. Éste solo se sonrió y comenzó a retirarse la espuma, volteándose, quedando de espaldas a ella.

- ¡Mamá, ya termino! – respondió, tomando de un mueble una toalla para cubrirse y enviándole una mirada recriminadora al saiyajin.

-¡Mientras terminas, limpiaré un poco tu desorden!- le gritó su madre.

Ahora fue Vegeta el que se puso nervioso. Se giró y comenzó a hacerle señas a Bulma para que despachara pronto a la mujer.

-Eh… - dijo pensando con velocidad la muchacha - ¡No es necesario!… ¡yo lo hago!

El saiyajin se llevó una palma de la mano al rostro y la deslizó hasta su barbilla. La peli turquesa había cometido un error garrafal.

- ¿Estás bien? – preguntó Bunny con voz de preocupación, detrás de la puerta – tú casi nunca ordenas ni aseas nada…

Bulma comprendió al instante que había metido la pata. Solo había levantado más sospechas en su madre, así que intentó arreglarlo - ¡Sí, estoy bien! Es solo que tengo ganas de desayunar algo distinto… ¿serías tan amable de prepararme unas tostadas francesas, por favor?

- ¡OH! Por supuesto… voy enseguida, querida.

La muchacha sintió que le volvió el alma al cuerpo y se dejó caer de rodillas.

Bunny avanzó hasta la puerta del cuarto, pero antes de salir le dijo - ¡Dile a Vegeta que también prepararé para él!

No existe rojo en el mundo para describir el que cubrió el rostro de ambos. Bunny cerró finalmente y Bulma se levantó, mirando enojada al saiyajin - Demonios, Vegeta ¿Dejaste tu ropa en mi cuarto?

-Hmn… - hizo él, saliendo de la ducha y tomando una toalla para envolver su cadera - ¡¿Y qué mierda querías que hiciera?! ¿Qué me vistiera con ropa sucia? O ¿que saliera desnudo de tu habitación?

Bulma aún estaba nerviosa. Lo que menos quería era que su madre supiera de su desliz con Vegeta porque se pondría insoportable. Se llevó su pulgar a la boca y dijo - No hay que entrar en pánico… Quizás solo lo dijo para que te avisara, por si te veía…

Vegeta avanzó hasta ella, la miró a los ojos y le dijo con calma - Deja de ser tan ingenua. Ya lo sabe…y podría apostar que desde hace mucho…

-Pero…

-Solo te queda convencer a la loca de que no ande de metiche… - y diciendo esto, salió del cuarto de baño y se dispuso a vestirse. Bulma lo siguió y le dijo - ¿Por qué estás tan tranquilo? Tú eras el principal interesado en que ella no lo supiese?

- A estas alturas ya me da igual… De todas formas ya nos vio esa vez en el laboratorio… ¿Crees que es tan estúpida como para haberse creído eso de que me estabas enseñando las costumbres de tu planeta?

-Bueno… ¡NO! ¡Claro que no! Pero ¿Sabes que ahora nos estará molestando cada vez que nos vea para que le demos nietos?

Vegeta se sonrió – Ese es TÚ problema…- se terminó de vestir y se dirigió al ventanal.

-¿Qué, ya te vas?

-¿Y a qué más me quedaría? Por si no lo notaste, se supone que yo no estoy aquí. Así que bajaré a desayunar y más te vale que te tardes en hacer lo mismo… Aunque ambos sabemos que eso no es novedad, pero por fin servirá de algo tu demora – salió de la habitación y saltó a su balcón.

-Uyy… ¡TONTO! - le gritó Bulma.

...

Vegeta ingresó a su cuarto y frunció al ver que la señora ya había pasado por el cuarto de él. "Esa extraña mujer… Siempre me lleva un paso adelante… Definitivamente es la más astuta de esta casa"

Dejó su ropa sucia en el suelo y salió con rumbo a la cocina por el balcón para intentar simular que no venía del cuarto de la muchacha.

Al entrar a la cocina se le hizo agua la boca y pasó a sentarse, saludando brevemente a Bunny. Ésta le sonrió y comenzó a servirle con su acostumbrada amabilidad. Pero extrañamente no le hizo ni un solo comentario sobre lo ocurrido, lo que a Vegeta lo hizo sospechar de inmediato "Hmn… ¿Por qué no dice nada para poder negarlo? Maldita mujer… Debe estar esperando que me delate, pero no le daré el gusto…"

-Vegeta, ¿tú… - Comenzó a preguntar la señora, pero Vegeta se le anticipó y respondió, casi atropellando las palabras tensándose en su lugar -Estuve entrenando en las montañas desde antes del amanecer…

-Ji, ji, ji… - rio la señora - ¡Qué bueno! Pero no era eso lo que te iba a preguntar… Solo quería saber si preferías café o jugo con tus tostadas…

"Maldición" Pensó el príncipe.

Bulma volvió a la ducha para sacarse la espuma que le había quedado en el cabello y frunció al recordar que Vegeta no le había alcanzado a responder nuevamente. Se apresuró y en menos de diez minutos estaba ingresando a la cocina. El saiyajin aun estaba allí, devorando las tostadas.

-Buenos días, mamá… Vegeta…

Éste último solo asintió con su cabeza, mientras engullía.

Iba a tomar asiento, cuando su madre le habló - ¡Querida! Antes de que te sientes, hay unos señores afuera que te están esperando…

Ella miró como desaparecían las tostadas, con algo de desilusión.

-Vuelvo enseguida… - dijo tomando una taza de café, luego miró a Vegeta y le advirtió - Y tú, ¡no te las acabes!

Abandonó la cocina por la puerta del jardín y allí se encontró con los trabajadores.

Mientras en la cocina Vegeta se apresuraba, para poder terminar con todas las tostadas antes de que regresara la muchacha.

Bunny se sentó a la mesa, llevando consigo una taza de té, para enseguida mirar a su Yerno y decirle -Me alegro mucho de que hayas decidido llevar a mi hija a tu viaje…

Vegeta casi se atraganta. Cuando logró pasar la comida, se limpió la boca con su servilleta y respondió -Yo no he dicho tal cosa…

- ¿No? ¿Entonces por qué no te opusiste a que tuviera dos habitaciones la nave?

El príncipe recordó de inmediato que el día anterior había ido a inspeccionar los avances de las obras, aprovechando que Bulma había subido a cambiarse pero no recordaba haber visto a la señora por los alrededores, lo que lo confundía bastante. Decidió hacerse el desentendido - Sencillamente no lo había notado – dijo, algo incómodo, apartando su mirada hacia la ventana, donde se podía apreciar a Bulma hablando con unos hombres vestidos con overoles grises.

La señora le sonrió y bebió de su té, mientras veía hacia donde estaba fijada la vista de él. Había logrado ponerlo en jaque nuevamente y estaba segura de que Vegeta sería el esposo ideal para su hija a pesar de su mal genio.

Se quedaron unos momentos en silencio, hasta que la señora se puso de pie y, despidiéndose, salió del cuarto. Vegeta frunció y cerró sus ojos un momento "Me pregunto si algún día podré descifrar como lo hace… Es como si pudiera leer mi mente mejor que yo mismo"

Cuando regresó la muchacha, se encontró con que la cocina estaba vacía y que no quedaba más que una tostada en la bandeja. Dejó caer sus hombros y con resignación se sentó a comer. Intentó tardar lo menos posible en despachar a los trabajadores, ya que quería hablar con Vegeta para concretar lo del viaje, pero solo consiguió un desayuno frío. Se desilusionó por un momento, sin embargo tenía la esperanza de que él aceptaría.

"Él me necesita… Ya no puede negarlo" Pensó, mientras terminaba de beber su café.

A medio día estaban con su padre terminando las conexiones internas viendo con satisfacción que terminarían ese mismo día si nada fallaba. Bulma estaba con su overol y se había tomado unas coletas, para trabajar mejor. De pronto recordó que debía ir a atender la máquina donde había dejado las piezas de la armadura, para comenzar con la siguiente, esto debido a que cada una le tomaba aproximadamente catorce horas en estar listas.

-Papá, vuelvo enseguida… - le indicó a su padre, mientras salía corriendo.

Su padre no alanzó ni a responderle, solo pudo apreciar la espalda de la joven saliendo por la compuerta.

Cuando llegó al laboratorio se encontró al saiyajin, que estaba revisando los muebles.

- ¿Que buscas, Vegeta? - él no le respondió más que con otra pregunta - ¿Dónde los pusiste?

- Bulma lo pensó un momento y enseguida, al darse cuenta de lo que buscaba le dijo - Están en uno de los cajones, con llave – Vegeta se la quedó viendo - Ya ninguno tiene llave…

-¿? ¿Forzaste mis muebles? - preguntó incrédula.

-No fue necesario… - le aclaró el príncipe, sonriéndose ladino - esas cerraduras son inútiles contra mi fuerza.

-Pero eso no te da derecho…

-Son mis trajes - argumentó el saiyajin, dejándola callada un instante porque al siguiente la muchacha bufó y avanzó hasta el mueble, donde abrió el primer cajón que estaba descerrajado y tomó una de las muchas cajas con cápsulas, para enseguida entregársela -Toma… estaba encima…

El cogió la caja y la observó. Luego se la mostró, mientras decía - ¿Cómo diablos querías que adivinara si no las marcas?

Bulma prefirió ignorar el comentario y le preguntó, interesada - ¿Vas a probártelas?

-Sí… ¿tienes listas las armaduras?

Ella se sonrió y le dijo - A eso mismo venía… las piezas deben estar listas, así que solo necesito ensamblar la primera…

-Hazlo – dijo cortante.

- ¿Ahora?

-Sí, es mejor probarlas de inmediato y no tener que lamentarte después cuando escuches un "te lo dije" de mi parte… Créeme que no será agradable para ti cuando tenga que devolverme a este planeta solo por tu ineptitud…

Bulma frunció y se cruzó de brazos - Está bien… lo haré. Pero debo advertirte que te tragarás tus palabras…

-Prefiero tragarme mis palabras que tragarme tus tonterías…

La muchacha sacudió levemente su cabeza haciendo caso omiso al insulto y se dirigió a retirar las piezas, notando con alegría que ya estaba un juego completo. A continuación, volvió a cargar la máquina con los materiales, y hecho esto, tomó las piezas que ya estaban listas y se dirigió a otro artefacto, donde comenzó el ensamblaje. Pasaron unos minutos, durante los cuales el saiyajin ya se había puesto uno de los trajes.

- ¿Por qué tardas tanto? – dijo a sus espaldas, mientras se acomodaba un guante.

-Vegeta… o lo hago bien o lo hago rápido…elige – dijo sin voltear.

Él se sonrió y miró a la joven que estaba inclinada, trabajando. Por lo que tenía una perfecta vista de su trasero.

-De las dos formas puedes hacerlo bien… - le comentó, con doble intención.

Ella se sonrojó, sobreentendiendo por el tono de voz que él le estaba enviando una indirecta.

-Deja de observarme… me estás poniendo nerviosa – reclamó ella, sin voltear.

- ¿En serio? ¿Solo nerviosa? – preguntó aproximándose como un depredador. Ella se percató de sus intenciones por lo que le dijo -Ni se te ocurra, Vegeta… no es el momento ni el lugar…

-Yo no he hecho nada… aún…

Bulma se apresuró en terminar. No tenía tiempo para un encuentro íntimo con el saiyajin, aunque lo quisiera pero por suerte una voz proveniente del laboratorio de Bulma los interrumpió.

-Hija… ¿estás ahí?

Vegeta frunció ante la interrupción de Bunny.

- ¿Puedes contestar? – le preguntó Bulma, aun ocupada con la armadura.

-Te hablan a ti…

-Vegeta, si suelto esto quedará arruinado… por favor…

-Hmn – hizo él entrando al laboratorio. Enseguida presionó el botón del comunicador y apareció Bunny en la pantalla.

-Vegeta… por favor, dile a mi hija que tiene visitas…

El saiyajin solo frunció y apagó la comunicación, volviendo donde Bulma -Ya escuchaste…

Bulma asintió, pensando en que probablemente era el Maestro Roshi. Pero Vegeta no se aguantó la curiosidad e intentó sentir algún ki de los amigos de ella, pero no pudo percibir más que dos muy débiles presencias cerca de los padres de ella.

- ¿Sabes de quién se trata? – preguntó intentando sonar desinteresado.

Ella se sonrió terminando de sellar las piezas y volteó hacia él para responderle pero se quedó impactada un segundo "Wow… Había olvidado como lucía en su traje de combate… No, Bulma, tú misma lo dijiste: No es el momento ni el lugar..." prefirió seguir con la conversación para evitar pensamientos lujuriosos - … ¿C-cuál es tu interés, Vegeta?

-No me interesa quién sea… - respondió él, cruzándose de brazos - pero es sospechoso que vengan a visitarte tus estúpidos amigos justo en este momento…

Bulma suspiró - Para tu información me vienen a ver a mí y no a ti, engreído – le dijo entregándole la armadura – Es el maestro Roshi y solo vino a retirar un submarino que encargó hace un tiempo…

Vegeta se sintió algo tonto. Pero para él nunca estaba demás estar alerta ante cualquier intruso que se atreviera a adentrarse en su territorio.

-De acuerdo – dijo colocándose la armadura – espero que tus padres no le comenten nada del viaje…

- ¿Por qué piensas que lo harían?

Vegeta la miró a los ojos y le dijo - Porque tu madre es una chismosa… y eso te consta.

Bulma se sonrió. Mitad por lo dicho por el saiyajin y mitad por verlo vestido así - Supongo que estamos de acuerdo… Pero no te mortifiques, Vegeta, que yo me encargaré de hablar con el Maestro si es que le han dicho algo al respecto… Ahora si me disculpas, iré por lo que vinieron a buscar para despacharlos y vuelvo enseguida… - comentó, para luego ir hacia la salida y desaparecer tras la compuerta.

Vegeta la vio perderse hacia las oficinas y decidió que sería una buena idea la de ir a imponer su presencia ante los intrusos, pero antes de marcharse recordó que allí había un espejo y se dirigió hacia éste para poder contemplarse. Se paró frente a éste, se observó y sonrío con soberbia "Ahora si soy yo mismo… Debo reconocer que Bulma hizo un excelente trabajo… pero no se lo diré o de lo contrario no habrá quien la soporte…"

Estaban en la sala del primer piso tanto el Maestro como los padres de Bulma y la tortuga, donde Bunny ya había dispuesto unos refrescos y unos bocadillos.

El maestro observaba la nave que estaba en el jardín y se le ocurrió preguntar – Disculpen ¿Están haciendo reparaciones?

-Algo así… Es más que nada por precaución – respondió el profesor.

-Comprendo… por lo mismo le encargué a Bulma el submarino…- dijo el anciano, tomando uno de los bocadillos – Profesor ¿Vegeta sigue viviendo con ustedes?

El profesor se acomodó al gatito que se había sentado en sus brazos, antes de responder - Sí. De hecho, debe andar por ahí… Aunque ese muchacho no deja de entrenar ni aunque esté cerca de matarse. Es muy perseverante y resistente…

-Se sorprenderá maestro… se ve tan fuerte y guapo – intervino Bunny.

El anciano carraspeó y agregó - Los muchachos tampoco han dejado de entrenar… De hecho, Krilin ni siquiera se ha tomado un día de descanso, por más que le he dicho que no es bueno estar entrenando de esa forma… Pero los entiendo. El peligro que se avecina parece ser uno de los peores que han enfrentado… aun contando que tuvieron que pelear con ese terrible ser llamado Freezer.

-Sí, supe de eso… Fue algo espantoso - dijo el señor Brief, bebiendo luego un poco de té.

-¿Creen que pueda hablar con Vegeta? – les preguntó Roshi - Por lo que me comentó Krilin, él ayudó mucho a mis discípulos en esa batalla y quisiera agradecerle formalmente… Si es que me lo permiten.

-No tardará en aparecer – comentó Bunny – Siempre que tenemos visitas se presenta… Es como si defendiera su territorio…

Efectivamente, en ese instante hacía su entrada en la sala el saiyajin, vestido con su uniforme nuevo

- ¿Qué hacen aquí?

-Hola, Vegeta – lo saludó el maestro.

-Eso no contesta mi pregunta.

-Vinieron a buscar un vehículo que le encargaron a Bulma – le explicó el profesor.

-Hmn... – respondió el príncipe, sin dejar de observar a los intrusos. Luego le envió una mirada de advertencia al profesor – Espero que sea solo eso… - dio por finalizada la charla y salió hacía el jardín. Tenía la intención de dar un vistazo con más calma a la nave, ahora que no estaban los trabajadores.

- ¿Vieron? – dijo Bunny, sonriendo

-Es verdad, señora… - comentó la tortuga.

-Si me disculpan iré a hablar con él – dijo el maestro, abandonando la sala para salir tras el saiyajin.

Una vez fuera, Roshi encontró a Vegeta de espaldas a él frente a la nave. Tenía en mente evaluar el actual comportamiento del saiyajin, ya que estaba seguro que desde su llegada a la Tierra el hombre había tenido un cambio significativo. Le llamaba poderosamente la atención que no hubiese intentado destruir el planeta o algo por el estilo. Todos le habían dicho que tuviera cuidado con él, que tenía un carácter explosivo y despiadado. Que era la representación del mal, así como lo había sido Piccoro anteriormente. Pero, así como el Namekuseijin cambió, también tenía la esperanza de que Vegeta lo hiciera. Aunque internamente pensaba que eso era ser demasiado optimista.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el mismísimo príncipe.

- ¿Qué quieres? – preguntó el saiyajin, demostrando que estaba consciente de su presencia.

El maestro se atrevió a avanzar un poco más, quedando a un paso de su interlocutor, lo que Vegeta notó y por lo mismo se giró hacia el intruso con bastante desconfianza. No sabía que esperar del anciano, pero lo que fuera no lo pillaría con la guardia baja.

-Veo que te has vuelto muy fuerte…- le comentó el Maestro, agregando - me alegro mucho por ti muchacho…

-Ve al grano. Dudo mucho que hayas venido solo a decirme algo tan obvio.

Roshi lo observó un instante y luego le sonrió - Lo que ocurre es que quería darte un obsequio por lo que hiciste por los muchachos… Además no está de más tener uno de estos. Es uno de mis favoritos y es muy educativo– le dijo, sacando algo del bolsillo trasero del pantalón para enseguida extendérselo a Vegeta – Ten…es un obsequio.

El saiyajin recibió el extraño objeto y lo miró mientras fruncía extrañado. Era un video de jovencitas, posiblemente de una colección de videos pornográficos. Leyó la portada por unos momentos pero al darse cuenta de lo que realmente era lo arrojó a la cabeza del anciano dejándole un enorme chichón.

- ¡Auch! - exclamó sobándose de inmediato su cabeza, mientras agregaba - Bueno… Si no te gustó ese, te puedo traer otros…

Vegeta frunció y le respondió molesto - ¡No me hagas perder el tiempo con estupideces! No necesito esas cosas...

El anciano entrecerró sus ojos observándolo, mientras seguía sobándose la cabeza - Está bien… no te enojes, Vegeta. Creí que sería de tu agrado… De todos modos, te agradezco de corazón lo que hiciste por los muchachos y espero que puedas acompañarlos en la batalla contra los androides…

-Por supuesto que estaré allí…pero no será para unirme a ustedes. Mi objetivo es humillar a ese estúpido de Kakaroto.

Roshi hizo memoria un momento y enseguida comentó - ¡Ah, a Gokú! Sí. Comprendo que aún estás molesto con él…

-Sabes perfectamente que mi intención es hacerlo trizas, viejo. Y deja de inmiscuirte en mis asuntos… ¿Acaso no venías a buscar una nave acuática?

El maestro se sorprendió un momento, aunque sinceramente esperaba una respuesta de ese tipo por parte del saiyajin.

-Tienes razón, muchacho… Te dejaré en paz. Pero por favor, siquiera evalúa la posibilidad de unirte a los otros guerreros...

-Tsk…. Ni en mis peores pesadillas…. – dijo entre dientes, aproximándose a la compuerta de la nave y perdiéndose en el interior.

El maestro recogió con tranquilidad el rechazado obsequio y volvió a ponerlo en su pantalón, mientras avanzaba de vuelta a la casa y comentaba para sí - Supongo que eso ha estado bien… Sin duda será una carta fundamental en la pelea… Mmm, es interesante… Hay cierto cambio en su mirada, como si fuera menos malvado… Me pregunto si Bulma tendrá algo que ver en esto… Nunca se sabe…

Al llegar a la sala, Bulma se encontró con sus amigos y sus padres se retiraron para dejarlos conversar tranquilos. El profesor volvió a la nave y Bunny dijo que iría comprar algunas cosas para las vacaciones de Bulma.

-Hola, maestro… Disculpen la tardanza pero no encontraba la cápsula pero ¡Qué bueno que haya podido venir! – los saludó Bulma, sonriente, para luego extenderle una cápsula blanca con etiqueta verde - Tome, aquí está el submarino que nos solicitó.

- ¡Oh!… Muchas gracias, Bulma… ¿así que te vas de vacaciones?

-Ah, eso…- respondió tomando asiento - Sí, quiero aprovechar de visitar algunos lugares antes de lo de los androides.

-Mmm… Tienes razón en hacerlo. No sabemos si todo saldrá bien.

-Es verdad - asintió ella- Pero no nos preocupemos de eso por ahora. Y dígame ¿Cómo están los muchachos?

-Bien. Krilin continúa entrenando sin parar, y Oolong va regularmente… Pero dime, ¿Cómo has estado tú?

Bulma lo miró extrañada - ¿? ¿Yo? Bien ¿Por qué lo pregunta, maestro?

-Pequeña, no te voy a mentir… Yamcha habló conmigo y me contó que habían terminado la relación y que definitivamente ya no se casarían…

Bulma bajó su vista al refresco que tenía enfrente, quedándose en silenció unos momentos. Roshi al verla así, algo descompuesta le dijo - No te preocupes… Yamcha me pidió encarecidamente que no le dijera a los demás nada de esto…

Ella levantó su vista y preguntó con algo de temor - ¿Y le dijo por qué rompimos?

El maestro suspiró y se puso de pie. Avanzó hacia la ventana y de espaldas a ella dijo – No fue necesario, Bulma… Soy yo el que te debe una disculpa… - ella levantó una de sus cejas y le comentó - Maestro… sé que fue usted el de la idea. Pero Yamcha debió tener el sentido común para saber de quién recibía el consejo…

El hombre se volteó y le sonrió a la muchacha - Bueno… si lo piensas bien, no era tan mala idea…

Bulma apretó un puño, mientras una vena aparecía en su sien - Uyy, ¡Mejor cállese!… - el anciano agitó sus manos frente a la muchacha, intentando calmarla - No te enojes… Fue solo un comentario inocente, Bulma…

Ella se tranquilizó, un poco, y dijo - De todos modos, debo agradecerle… Yo, ya no estaba enamorada de Yamcha. Me hizo un gran favor, en serio...

- ¿De verdad? – preguntó confundido un momento, pero enseguida se aprovechó de las circunstancias, diciéndole – Bueno, entonces supongo que estamos en paz… ¿Qué te parece un abrazo de conciliación, querida? – terminó extendiendo sus brazos hacia ella. Bulma le envió una mirada de furia, al tiempo que le decía - Ni lo sueñe, viejo libidinoso… - él se llevó una mano a su nuca - De acuerdo…Entonces ¿Qué tal un besito?

El golpe no se hizo esperar. Ahora el maestro tenía dos chichones. Uno sobre el otro.

-Eso le pasa por viejo verde, maestro – comentó la tortuga.

-Tú no me digas nada…- dijo sobándose - Por lo menos lo intenté…

La muchacha los interrumpió - Si ya terminó con sus tonterías, quisiera ser yo ahora quien le pida que no le cuente a los demás de esto... Prefiero que Yamcha lo haga personalmente.

-Comprendo y no te preocupes por eso… Ya le había prometido eso a Yamcha y también puedo hacerlo por ti, muchacha...

-Yo tampoco diré nada - agregó la tortuga.

-Eso espero… - los amenazó Bulma, sonando muy parecida a Vegeta, agregando enseguida – Es que el pobre se veía demasiado triste por nuestra ruptura y no quiero hacerle más daño…

Roshi asintió y le preguntó – Sé que es algo personal, muchacha, pero ¿Cómo es eso que dejaste de amarlo? Si mal no recuerdo yo mismo te consolé cuando lloraste con amargura su muerte… Y después de eso hiciste hasta lo inimaginable por traerlo de vuelta a la vida…

Bulma se lo quedó viendo un momento y le respondió – Lo sé, pero lo que sucede, Maestro, es que pasaron muchas cosas desde que murió Yamcha. Creo que hasta maduré más que él… Así que la distancia finalmente acabó con nuestra relación… - terminó mirando hacia la nave, de donde justamente en ese momento descendía Vegeta.

El Maestro notó aquello y sonrió – Lo comprendo, mi niña. Muchas veces el corazón no quiere lo que creemos querer… Así como a veces se encuentra el amor donde menos se le busca.

-Es verdad, Maestro… - le dijo volteando a verlo - Pero no hablemos más de eso ¿quiere? Mejor dígame si ha sabido algo de los demás, de Tien y de Chaoz, o si ha sabido algo de Gokú…

El Maestro se dispuso a responderle con una sonrisa bonachona.

Al atardecer se retiraron sus amigos con la promesa de volver a verse antes de lo de los androides y apenas dejó de divisar el vehículo del maestro Bulma se dirigió a la nave. Encontró a su padre atornillando una tapa de una terminal, así que se acercó a él y le dijo -Veo que has avanzado bastante, papá…

-Sí, pero no te preocupes, te dejé diversión en los niveles inferiores… Falta conectar la calefacción central y las terminales del agua caliente.

- ¿Solo eso? ¡Gracias!… ¡Tú sí que sabes cómo hacerme feliz! - diciendo esto se dirigió a un rincón y cogió una caja de herramientas, yendo de inmediato al nivel inferior. Ya no había escaleras como en la primera nave ya que éstas fueron reemplazadas por una pequeña plataforma de forma circular, similar a la de la entrada de la nave en que viajaron a Namekusei, solo que ésta se activaba por sensores.

-Hija, no te entusiasmes mucho que ya va a ser la hora de la cena… - le dijo su padre antes de verla descender – Sí. Ya verás que terminaré en un santiamén – respondió Bulma, desapareciendo de su vista.

Cuando se detuvo el elevador, la peli turquesa hizo un alto para admirar el lugar. Era tal cual lo había imaginado cuando diseñó los planos. Los muebles ya estaban apernados en sus posiciones, y de donde estaba podía ver las compuertas de las habitaciones. Se sintió feliz y se dispuso a trabajar.

Una hora más tarde se activó el comunicador de la nave activando una luz celeste en el pasillo. Bulma corrió a la consola de mandos y oprimió el botón para aceptar la llamada.

-Cariño ¿vienes a cenar?

- ¡Mamá te ves perfecta!

-Ay, gracias – respondió Bunny, llevándose una mano a la mejilla - Eso es porque siempre me preocupo de mi apariencia…

Una gota apareció sobre la cabeza de Bulma - Me refería a la imagen del comunicador…

- ¡Oh! También, supongo… Querida, te llamaba para decirte que está lista la cena ¿Nos acompañarás?

Bulma se quedó pensando un momento, pero enseguida negó - No creo… quiero terminar con esto ahora… ¿me puedes guardar mi cena en los robots?

-Claro. Pero por favor no te desveles ¿de acuerdo?

-Sí, mamá… Hasta mañana.

-Que descanses querida.

La muchacha apagó la comunicación y regresó a su trabajo. Pero al pasar por una de las habitaciones algo llamó su atención e ingreso para revisar una luz que parpadeaba. La ajustó e iba a salir cuando su atención se desvió a la cama que había en la habitación notando un error de cálculo.

- ¡Demonios! No pensé en eso…

- ¿No pensaste en qué? – preguntó Vegeta, apoyado en el muro de la entrada.

Se puso roja al oír la voz del saiyajin desde la entrada, más que nada por que la había sorprendido pensando en que la cama era algo estrecha para dos personas.

-Este… ¡Vegeta, deja de hacer eso! – respondió volteándose.

- ¿Hacer qué? – preguntó sonriendo ladinamente.

-Eso de asustarme y escuchar mis conversaciones– respondió, cruzándose de brazos, levantando un poco sus atributos.

Vegeta cayó por un mili segundo, bajando su vista por ese mismo tiempo y volviéndola a fijar de vuelta a los ojos de ella - No cambies de tema… Se te olvidó instalar algo. ¿Y bien? ¿Qué es?

Bulma se mordió el labio inferior mientras pensaba en qué decirle hasta que por fin se le ocurrió algo -Nada grave… Solo que quería instalar un escritorio en esta habitación…

Vegeta la observó un momento y le dijo - Hmn… Solo dime de una vez que era para así poder burlarme abiertamente de tu ineptitud… - ella se molestó por la insistencia de él y por la vergüenza que le provocaba aceptar su error, así que le gritó - ¡Eres insufrible! Ahora, déjame terminar o no podrás viajar nunca…

-Ambos sabemos que la nave está lista. Solo estás haciendo conexiones de cosas innecesarias - aseveró el saiyajin.

- ¿Innecesarias dices? Ja… - preguntó sarcástica ella, llevando enseguida un dedo al pecho de Vegeta para agregar - Te diré, señor príncipe de los saiyajin, que lo que tengo que terminar de conectar es para tu ridícula comodidad…

Vegeta se sonrió y se apartó, cerrando sus ojos un momento para preguntarle – Los saiyajin de élite no necesitamos esas tonterías así que ¿No será para TU comodidad, humana?

Bulma ante la pregunta no se contuvo más, sin saber si su respuesta era por el estrés de todos esos días o por la ansiedad que le provocaba la incertidumbre de no haber obtenido una respuesta positiva por parte de él o por estar a la defensiva después de su traspié o simplemente si era acaso su síndrome premenstrual. Simplemente dejó salir todo, apretando sus puños a los lados mientras le gritaba - ¡¿Cómo mierda sería para mi comodidad, maldito imbécil, si ni siquiera has sido capaz de aclararme si viajaré o no contigo?! Te has dado el gusto de hacerme sufrir todos estos días a propósito mientras yo prácticamente me he deslomado para que puedas ir al espacio para disque superar al idiota de Gokú... Solo dime ¿Acaso has pensado en cómo me ha hecho sentir eso? ¿Acaso te has detenido siquiera a pensar en lo que me estabas haciendo?

Vegeta se la quedó viendo impávido un momento, no sabiendo cómo responder a todo eso. Era cierto que se había divertido a costillas de ella solo por ver hasta donde era capaz de llegar por complacerlo pero el asunto se le había escapado de las manos y ahora se arrepentía de no haberla aceptado desde un principio. En otras circunstancias simplemente hubiese alzado su palma y la hubiese hecho volar en mil pedazos por su insolencia, pero el vínculo que había creado con ella se lo impedía, sin contar que era la clave para hacerse más fuerte. Sin embargo su maldito orgullo se interpuso y lo obligó a decirle, con tono de amenaza – Me importa una mierda. Aunque seas mi pareja debes acatar lo que yo ordene y en este momento te ordeno que…

-¡No puedes darme órdenes! – lo interrumpió ella hecha una furia - Soy tu novia, no tu puta esclava…

-¿Quieres apostar? – se sonrió ladino, agregando – Haz hecho todo lo que te he solicitado sin darte nada a cambio, mujer…

Bulma lo miró con ganas de estamparle una llave de en la cabezota pero se arrepintió al último momento y simplemente le dijo- Te odio, Vegeta, y espero sinceramente que te congeles en el espacio – se movió hacia la salida pero el saiyajin la atajó en la puerta, cogiéndola del brazo - ¿A dónde crees que vas?

Ella lo miró con decisión - ¿A dónde más? A cenar y a dormir… - enseguida agregó, insidiosa – o es que acaso ¿me necesitas a tu lado?

Vegeta quedó de piedra sin saber qué responder nuevamente, así que tomó la salida fácil. Frunció y la soltó - ¡Tsk! – hizo volteando su rostro, incómodo - Haz lo que te plazca, mujer… De todos modos ya tomé una decisión… – le comentó, haciéndose el interesante y esperando que ella le insistiera con acompañarlo.

Ella alzó una ceja a modo de incredulidad pero no le preguntó acerca de su decisión. Sentía tanta rabia por la forma en que Vegeta le había estado planteando las cosas, haciéndole todo más difícil y aprovechándose de eso que solo le dio la espalda y cogió su caja de herramientas, para enseguida decirle – Tienes razón en algo… ¡Haré lo que me plazca! – enseguida salió del cuarto hecha una furia y se retiró hacia la casa.

Vegeta apretó sus puños e hizo chirriar sus dientes de la furia. Efectivamente había tomado una decisión y se la haría saber por la mañana.

La muchacha llegó a la cocina y dejó caer la caja que traía en la mano. Se sentía furiosa y hasta algo humillada. No había obtenido más que evasivas cuando sacaba el tema del viaje y ella no iba a suplicar más por acompañarlo. Eso ya lo había decidido y esperaba que él tomara la decisión de llevarla por el solo hecho de que la necesitaba a su lado. Después de todo él era el que la buscaba para pedirle que construyera cosas, él era el que la buscaba para hacerla rabiar y él era el que la buscaba para tener intimidad con ella. Por lo mismo estaba segura de que sería él quien solicitaría su presencia en la nave. No cedería hasta tenerlo rogando por ella. Así que comió un poco y se dirigió a su cuarto sin muchos ánimos. Luego de tomar un relajante baño, salió dispuesta a dormir "Ya verá. Mañana cargaré la nave con mis cosas y esperaré pacientemente a que venga a buscarme… Además ¡¿Quién se cree que es?! Venir a tratar así a la mujer más hermosa e inteligente del Universo ¡No es más que un engreído y un malagradecido!"

Se puso su pijama y se dispuso a dormir. Aunque antes observó las cápsulas que había dejado sobre la mesita de noche donde estaban empacadas sus cosas, solo faltaban su pastillero que estaba en el baño y su libro de notas que mantenía en su mesa de noche. Suspiró y apagó la luz, cayendo rendida casi instantáneamente.

Tuvo un sueño intranquilo y cuando despertó se sentía como si no hubiese descansado. Aun así se hizo los ánimos y se vistió para bajar a desayunar y, como siempre, al llegar a la cocina se encontró a su madre.

- ¡Bulma! – exclamó la señora al verla, dejando caer unos platos.

- ¿Por qué gritas, mamá? – preguntó, cubriéndose sus oídos.

-Es que…

- ¿Qué ocurre? Parece que hubieras visto un fantasma – insistió Bulma, intentando saber por qué el desconcierto de su madre.

Su padre entró a la cocina en ese instante - ¡Querida! ¿Qué pasó? - preguntó mirando a su esposa, enseguida notó a Bulma y la saludó de lo más tranquilo - Buenos días, hija ¿decidiste no ir?

- Ahora no sabría decirte, papá… Supongo que sí, pero depende ahora de Vegeta.

El profesor ahora la miró desconcertado y le dijo -Pero ¿Acaso no lo sabes? Vegeta se marchó...

- ¡¿QUÉ?! – exclamó Bulma, apoyándose en la ventana de la cocina.

Efectivamente la nave no estaba.

-Eso. Que Vegeta se fue anoche apenas estuvo cargada la nave – prosiguió su padre, cruzándose de brazos - Creo que cargó también algunos comestibles, pero no estoy seguro…

Bulma apoyó su cabeza contra el vidrio. Sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas.

-Amor… ¿estás bien? – preguntó su madre.

Ella no respondió. Limpió rápidamente las gotitas fugitivas de sus mejillas y volteó hacia sus padres.

- ¡Es un idiota! Espero que se congele en el espacio…

Su padre la miró con algo de preocupación - ¿No terminaste las conexiones para activar la calefacción desde el tablero?

- ¡Claro que no! Se supone que se iría hoy, no anoche… ¿Saben? Perdí el apetito. Estaré en mi laboratorio por si alguien me necesita…

Sus padres se la quedaron viendo mientras se marchaba y luego se miraron entre ellos. Una vez que la muchacha estuvo fuera del cuarto, Bunny le preguntó a su marido - ¿Qué pudo haber ocurrido?

-No lo sé… tal vez Vegeta solo le está dando una lección…

-Mmm – hizo la mujer – o tal vez nuestra hija, con lo obstinada que es, le haya dicho que no iría con él esperando que él se lo pidiera…

-Sí, querida. Uno puede esperar cualquier cosa tratándose de esos dos…

Bulma estaba en su laboratorio, y solo permanecía con su cabeza apoyada sobre un brazo, recostada sobre la mesa observando el botón que activaba la comunicación con la nave. Llevaba aproximadamente cuarenta minutos con su dedo índice sobre el botón celeste que parecía burlarse de ella. Suspiró, pensando en qué había ocurrido realmente. La discusión que habían tenido con Vegeta no era como para que se marchara sin siquiera despedirse. Sacó su mano de la consola y se puso de pie sin muchas ganas. Recordó que no había ensamblado la otra armadura. Así que fue a hacer eso de manera casi mecánica. Pero al finalizar, sus ojos comenzaron a nublarse hasta que no pudo evitarlo y dejó que saliera la pena y la rabia que tenía dentro. Se dejó caer de rodillas, mientras lanzaba la armadura a un rincón.

Cerca de las montañas, en un bosque lejano, se podían apreciar fuertes choques de energía y dos cuerpos moviéndose a una velocidad imposible de captar por el ojo humano no entrenado.

-Se fue… - comentó el hombre de cabello negro deteniéndose, al tiempo que abría muy grande sus ojos.

El otro guerreo detuvo su ataque también, para preguntar - ¿De qué estás hablando?

El de las mechas necias se quedó observando el cielo. Su compañero de combate hizo lo mismo por un momento hasta que se decidió a preguntar - ¿Vegeta?

-Sí… - respondió, sin mirarlo, agregando de inmediato – Si te fijas, su ki ya no se siente en la Tierra. Pero no está lejos…

El Namekuseijin cerró sus ojos en concentración un momento, para luego volver a mirar al saiyajin

-Tienes razón, Gokú… ¿Qué pudo haber ocurrido?

-No lo sé… -dijo serio. Pero luego, se llevó la mano a su nuca y volteando a ver a su interlocutor agregó riendo– seguramente Bulma lo debe haber echado de su casa, ja, ja, ja.

El hombre de tez verde frunció - No me hace gracia… Sin embargo, conociendo a esa mujer no me extrañaría… Espero que esto no afecte el nacimiento de ese muchacho.

-Mmm… es cierto… esos dos tienen un carácter terrible… eso va a estar difícil...

Piccoro lo miró fijamente con algo de preocupación.

Gokú le sonrió y le preguntó, molestándolo - ¿Vez que también te mata la curiosidad?

-Yo no he dicho nada – respondió de mala gana el namekuseijin – Además, ese es problema de Vegeta. Si él no quiere nada con Bulma no podemos forzarlo.

-Sí, pero has ido a ver en más de una ocasión que las cosas marcharan bien…

Piccoro se molestó por la acusación - Solo fui porque tú me lo pediste. No intentes cambiar los hechos. Además, si ese psicópata sentía tu ki era capaz de buscar su famosa venganza. No es más que un maníaco…

- ¡Ah! Es verdad, ja, ja, ja… Lo había olvidado… ¿crees que ahora que no está Vegeta, pueda ir a ver a Bulma?

Ahora sí que Piccoro se enojó.

- ¡Mejor cállate y sigamos entrenando!

Diciendo esto se elevó y aumentó su ki, mientras se ponía en guardia. El hombre lo imitó, sin dejar de sonreír.

En eso apareció Gohan, gritando - ¡Papá, Señor Piccoro! ¡Está lista la comida!

Gokú salió disparado rumbo a su hogar -Continuamos después, Piccoro… - se le oyó decir mientras se alejaba.

El Namekuseijin descendió un poco, hasta quedar a la altura del niño y le preguntó, con desinterés - ¿Terminaste tus deberes?

-Sip – respondió el pequeño con orgullo, agregando - Y mi mamá dijo que podré entrenar con ustedes después de comer.

-Mhgr… siempre es lo mismo con tu padre… y con tu madre. Al parecer se turnan para interrumpir.

El pequeño no dijo nada. Solo bajó su vista, avergonzado ante su maestro.

Vegeta estaba sentado frente a los controles, cruzado de brazos, mientras observaba en el monitor las estrellas. Su ceño no podía estar más fruncido y su boca permanecía apretada en una mueca de rabia. Se sentía estúpido y confundido. Intentó culpar a su maldito orgullo de lo ocurrido, pero no pudo pues era lo único que le quedaba de su raza y no podía renegar lo que era.

Observó la consola y vio aquel botón celeste que brillaba y que lo estaba volviendo loco. Se puso de pie y apagó los controles, dejando la nave con la conducción automática. Aún no había fijado un destino y tampoco deseaba hacerlo por ahora. Solo necesitaba pensar en cómo lograría su transformación sin el factor "Bulma". Apretó sus puños con rabia al pensar en que ella había echado todo a perder en el último momento, presionándolo, incitándolo y amenazándolo. Era el colmo. "Maldita sea… nuevamente estoy perdiendo mi valioso tiempo por su culpa…"

Bajó al segundo nivel y entró a una de las habitaciones, dejándose caer en la cama. Cerró sus ojos tratando de olvidar la sensación que tenía en su pecho pero ésta persistía. "Otra vez esta incomodidad, como si no pudiera respirar… maldición. Si tan solo pudiera borrar de mi cuerpo su esencia… ¿Qué estará haciendo? Seguramente debe estar maldiciéndome por lo alto y bajo del planeta por dejarla… Pero es que es tan… Argg, maldita mujer… Que piense lo que quiera, de todos modos llegará a la misma conclusión que yo. Fue su culpa que se quedara…" Cerró sus ojos y se dispuso a dormir. Lamentablemente para él solo tuvo pesadillas que le recordaron su vida pasada, las batallas y su muerte, además de su breve estadía en el infierno. Despertó sobresaltado y bañado en sudor frío "No puedo volver a ese lugar…"

Se levantó y fue a la bodega de donde sacó una botella de vino. Se sirvió una copa y volvió a los controles, llevando consigo la botella. Miró nuevamente el botón sintiendo la imperiosa necesidad de activarlo, pero finalmente sacudió su cabeza y fijó un rumbo en la consola de mandos.

- Debería hacer algo al respecto… pero eso sería aceptar que el error tal vez sí fue mío…- murmuró, sentándose en uno de los asientos, mientras reposaba su cabeza en una de sus enguantadas manos y hacía rotar el contenido de su copa. Nuevamente estaba pensando en ella y le era inevitable, pero la rabia que sentía por su insolencia era más fuerte. De pronto recordó la amenaza de ella con respecto a no esperarlo a que volviera pero prefirió desechar aquel pensamiento, sin saber que sería motivo recurrente de sus sueños y vigilias.

Continuará...