Kayla Lynnet: Hola, linda. Mi Kay, linda y hermosa. No sabes lo feliz que me hacen tus palabras, bella, de verdad. El apoyo que me estás brindando con este nuevo fic es algo que no sé cómo pagártelo, y también la ilustración, ¡que por Kami, está tan hermosa! Daré todo de mí para que este fic sea digno de tu bella ilustración, linda.
Ahora, hablando sobre el capítulo, jajaja. Ahora sí estás con pase libre para insultar todo lo que quieras a ese cerdo de Chokyukai, literal, jajajaja, porque yo también lo odio por cerdo. Me alegro de que su otra vida sea un cerdo, jajajaja.
Mukotsu, otro ser repugnante que merece cárcel por maldito, así que puedes insultarlo todo lo que quieras.
Inu y Miroku, ¡nanai para los dos! Son tan lindos, y Miroku, sí, hasta le faltó poco para decirle "hija" a Kag, jaja. E Inuyasha, mmm... pues Inuyasha también es muy lindo con Kag, y la va a proteger contra todos.
Ahora Kagome sabrá lo que es tener una verdadera familia, y sus padres y hermano ya podrán descansar en paz, porque su hija ya está en un lugar donde sí la quieren.
Gracias por todo, linda.
Saludos.
Cbt1996: Hola, linda. Pues, ¿Qué te digo? Aunque tú ya sabías de este primer capítulo, me va a encantar leer tus reacciones en los próximos capítulos, linda.
Ahora, hablando del fic: Hay muchas cosas por saber, sí, y claro que mientras vaya avanzando los capítulos lo sabremos poco a poco, jijiji.
Oye, si no, ¡por él no tiene tanto drama tampoco!, jijiji. Solo un poquito, jijiji. Este no será tan triste, linda, lo prometo. Este es bonito.
Si es menor de edad, puede ser una tortura ese pequeño detalle para un cierto peliplata, jajaj.
Gracias por el apoyo, linda.
Saludos.
Annie Pérez: Hola, linda. Bella, me alegra verte por aquí. También me hace muy feliz saber que te gustó la historia. Ojalá este capítulo también sea de tu agrado.
Gracias por leer, linda.
Saludos.
Karii Taisho: Hola, linda. Sesshomaru siendo Sesshomaru, jajaj. Sí, el bar fue algo fuerte, pero muyyyyy necesario, jijiji.
Miroku, un ángel del cielo, defendiendo con uñas y dientes a una pobre niña como Kagome. Y Sesshomaru, tendremos que ver cuál será su reacción, jajajaja.
Morí con lo de la cancha para Inuyasha, jajaja. Sí, esa fruta está verde, ¡Inuyashaaaa! Espera a que madure para darle la primera mordida, jajajajaja.
¡Woooo, bella! Si te gustó Miroku en el capítulo 1, en este capítulo lo amarás aún más, jajaj.
Este Inuyasha no vive en un departamento, mi bella. Este es más hogareño, vive en una linda casa con un lindo patio, jijiji.
Muchas gracias por leer, bella.
Saludos.
CAPÍTULO 2
*Perspectiva de Inuyasha*
Al llegar a mi casa, estacioné el auto y salí para abrirle la puerta a Kagome.
-¡Llegamos, Kagome! -le dije.
Ella bajó, pero aún se le notaba algo asustada. Cerré la puerta detrás de ella y caminamos hacia la puerta principal.
-Entra -le indiqué.
-Gracias -susurró mientras nos dirigíamos al living.
-Siéntate, por favor. Prepararé la cena, ¿vale? -Di unos pasos hacia la cocina cuando su voz temblorosa me detuvo.
-¿Por qué me salvaron? -preguntó con gran curiosidad.
Me di la vuelta para mirarla a los ojos, solté un suspiro y me acerqué a ella, sentándome en la mesita del living.
-A decir verdad, -comencé a relatar-, Miroku y yo estábamos en ese lugar porque fuimos estafados.
-¿Por ese hombre feo? -me preguntó y yo sonreí.
-Sí, por ese hombre feo. Nosotros fuimos educados por una buena familia -Kagome se sorprendió y me apresuré a aclarar ese punto-. Nada de esto tiene que ver con el dinero. Mis padres nos enseñaron a tratar a todos por igual, con respeto, principalmente a las mujeres. Somos buenas personas; claro, a veces solemos ser algo gruñones, aunque yo lo soy más que Miroku, pero eso no significa que sea una mala persona. ¿Entiendes? -dije, mientras tallaba mi cabeza.
-Sí, entiendo -me respondió con una sonrisa tierna.
-No podíamos soportar el descaro de esos dos tipos y la forma en que te trataban. Perdón -tomé sus manos entre las mías- Sé que es tu tío, pero ese maldito planeaba venderte. Eso es motivo de cárcel.
-¿Van a meter a la cárcel a mi tío?
-¿Eso te pondría triste, Kagome? -A pesar de todo lo ocurrido, ella se preocupaba por ese malnacido.
-¡No!, la verdad no. –Un dejo de duda apareció en su rostro–. No sé, ¿eso me hace una mala persona? Porque, para ser sincera, no me importa lo que le pase a mi tío, Señor Inuyasha.
-Solo dime Inuyasha ¿de acuerdo? -ella asintió tímidamente-. Y no, Kagome, eso no te hace una mala persona. Al contrario, muestras valentía al pensar así. No dejes que nadie te diga lo contrario, ¿vale?
-Está bien, pero mi tío ya no vendrá por mí ¿verdad?
-Claro que no, él no volverá a acercarse a ti. Te lo prometo.
-Pero… aún soy menor de edad.
-Lo sé. Y también sé que Mukotsu mencionó que en dos semanas cumples la mayoría de edad, ¿es verdad?
-Sí, es cierto, en dos semanas cumplo los 18.
-Bien, esperaremos esas dos semanas para encarcelar a tu tío. -ella soltó un suspiro de alivio-. Por el momento, tu tío está asustado de que le cierren su local. Además, no sabe dónde estás ahora, así que no te preocupes por eso, ¿sí?
-¿Y qué haré aquí en tu casa, Inuyasha?
-¡Serás mi huésped! Siéntete como en tu casa, ¿vale?
-Gracias -me sonrió con timidez.
Y eso fue suficiente para quedarme atrapado en su hermosa sonrisa por unos segundos, hasta que mi mente hizo clic y me regresó a la realidad.
-Bueno -dije mientras me levantaba-, te llevo a tu cuarto para que te cambies y te des una ducha mientras yo hago la cena, ¿te parece?
-Está bien, gracias.
-De nada. Ven, vamos.
Nos dirigimos al cuarto a través de un pequeño pasillo. Abrí la puerta, invitándola a entrar.
-Este es tu cuarto, Kagome; el mío está al lado del tuyo. Cualquier cosa que necesites, solo tocas la puerta, ¿sí?
-Sí, está bien.
-Te dejo para que arregles tus cosas en el armario y yo regreso a la cocina.
-Bueno.
Me alejé mientras ella cerraba la puerta.
*Perspectiva de Kagome*
Me apoyé en la puerta para tranquilizarme. Habían pasado muchas cosas en tan poco tiempo. Sólo de pensar que hace menos de dos horas, mi tío estuvo a punto de venderme. ¡NO! Mi tío sí me vendió. De no ser por esos dos hombres, mis dos ángeles enviados del cielo, yo habría...
Sacudí la cabeza para borrar esos horribles pensamientos.
-No, Kag, ya pasó. Estás a salvo. El joven Miroku e Inuyasha... -Me sonrojé solo con decir su nombre-. Ellos son buenos, lo presiento. Son dos ángeles que me enviaron mis padres y mi hermanito. Ellos me salvaron de las garras de mi tío.
Sonreí con gran alivio y nostalgia mientras una lágrima corría por mi mejilla.
-Mamá -susurré con nostalgia-, Tú me salvaste de ese mal hombre enviándome a esas dos personas. El joven Miroku fue muy amable conmigo, incluso me compró ropa. Pude ver sinceridad en él, al igual que en cada palabra que me dijo. Me miró como un hermano ve a una hermana. Nunca vi deseo en sus ojos; me era fácil reconocer eso en los hombres. Después de todo, así era como me miraban todos los que iban al antro, pero él fue diferente, me trató con respeto. E Inuyasha...
Me quedé pensando en ese hombre de ojos dorados, mientras lo volvía a decir su nombre en medio de un suspiro.
-¡Inuyasha! Él también es una buena persona. Pero él no me miró como el joven Miroku, aunque tampoco lo hizo como los demás hombres. Es la primera vez que un hombre me mira así, y no sé decir lo que es. ¿Por qué siento esta emoción cada vez que pienso eso?
Volví a sacudir la cabeza para deshacerme de esos pensamientos.
-Mejor me voy a bañar y a cambiar de ropa para ver en qué puedo ayudarle al joven.
Sonreí cuando recordé sus palabras: "Solo dime Inuyasha, ¿de acuerdo?" Inuyasha fue demasiado amable conmigo. Me di cuenta de que aun llevaba puesto su saco; me lo quité con cuidado y no sé por qué, pero lo abracé como si fuera un peluche. La tentación me ganó y lo llevé a mi nariz para oler su fragancia. Su perfume era exquisito o ¿sería su olor?
En ese momento, me sonrojé intensamente mientras tiraba el saco en la cama.
-¡Por Kami, ¿Qué estoy haciendo?! ¡Qué vergüenza!
Corrí a encerrarme en el baño y me metí bajo la regadera, dejando que las primeras gotas de agua me ayudaran a disipar la vergüenza que sentía.
*Perspectiva de Miroku*
Entré a casa y dejé mis llaves en el portallaves. Caminé hasta la sala preparándome para hablar con Sango.
-¡Amor, ya llegué! -Espere un momento y nadie me respondió-. ¿Amor? ¿Sango, estás en casa?
La casa estaba en total silencio, solo había unas lámparas encendidas. Busqué a mi esposa en la cocina y en la habitación, pero no había nadie
-¡Qué raro! -dije mientras regresaba a la sala.
Al acercarme al comedor, vi una nota. La tomé y era de Sango.
"Amor, te estuve llamando, pero no atendiste tu teléfono. Sabía que estabas en una reunión muy importante, por eso no quise insistir. Amor, me llamó mi padre. Resulta que su mejor amigo, el señor Tallin, falleció y tuvo que viajar de emergencia. No pudo llevar a mi hermano Kohaku porque tiene un examen muy importante en el colegio y tampoco lo quiso dejar solo. Así que me quedaré unos días con él. Mañana hacemos una videollamada para explicarte mejor ¿sí? Te dejé la cena en el microondas, solo tienes que calentarla. Te amo, besos. Tu Sanguito."
Sonreí cuando terminé de leer la nota y la dejé nuevamente en la mesa para revisar mi celular y, claro, tenía ocho llamadas perdidas y dos mensajes de Sango. No los pude escuchar en su momento porque, por error, mi teléfono estaba en modo silencio.
Tuve la intención de llamar a Sanguito para escuchar su voz, sin embargo, ya era demasiado tarde y seguramente, ya estaba dormida, sobre todo porque tenía que levantarse muy temprano para llevar a mi cuñado a la escuela; así que dejé mi teléfono en la mesa y me dirigí a la cocina para calentar la comida en el microondas mientras me lavaba las manos. Inmediatamente mis pensamientos viajaron hacia Inuyasha y Kagome.
-Inuyasha ya aceptó que Kagome se quede en su casa. No creo que le moleste que se quede por unos días más. -me dije mientras caminaba hacia el baño-. Mañana iré a verlo hasta su casa
*Perspectiva de Inuyasha*
Estaba en la cocina preparando unas deliciosas verduras cuando escuché a Kagome detrás de mí.
-¿Necesitas ayuda?
Me volteé para verla. Ella llevaba puesto un pantalón azul con una sudadera del mismo color y unas zapatillas blancas. Ese conjunto de ropa deportiva le quedaba muy bien y se veía más bonita que antes.
-¿Puedo ayudarte, Inuyasha? -volvió a preguntar.
-Eh... no, de hecho, ya terminé. Ve a la mesa mientras sirvo la cena -le dije mientras apagaba la estufa.
-¿Puedo ayudar a poner la mesa? -siguió insistiendo.
-Si quieres. Mira en ese cajón -le señalé-, ahí están los cubiertos.
-Ok.
Kagome sacó los cubiertos con mucho cuidado, como si temiera que se cayera alguno y se rompiera, y los colocó en la mesa con el mismo esmero. Después, la vi tocar un plato.
-Son muy lindos, Inuyasha.
La miré algo confundido por su comentario mientras dejaba el plato en la mesa con una sonrisa.
-Eh, gracias. Pero admito que fue mi madre la que compró los cubiertos. Yo no tengo muy buen gusto para esas cosas.
-Se nota que tu madre te quiere mucho -dijo con nostalgia.
-Sí, es verdad. Me gané la lotería con mis padres y le agradezco a la vida por tenerlos conmigo aún -le respondí, acercándome a la mesa.
Vi la tristeza en sus ojos y me di cuenta de la estupidez que había cometido hablando de mis padres cuando ella ya no tenía a los suyos.
-Kagome, ¡perdón! Hablé sin pensar. No quería...
-No, no te preocupes. Me alegra saber que aún cuentas con tus padres, Inuyasha, de verdad. No te preocupes -me sonrió, y algo en mi pecho se removió.
-¿Comemos? -pregunté tratando de desviar el tema.
-¡Si! -respondió con emoción.
Nos sentamos y empezamos a cenar en un silencio que se volvió incómodo. Ella comía muy despacio, con timidez, mientras que yo trataba de buscar una conversación para romper el hielo.
-Kagome, ¿tienes más familia aparte de tu tío? -me animé a preguntar.
Ella me miró para negar con la cabeza.
-No. Mi única familia eran mis padres y mi hermanito. -respondió sin levantar la mirada-. Cuando mi familia murió, me quedé sola y mi tío me llevó con él.
-¿Qué edad tenías cuando pasó eso?
-Catorce años.
Me sorprendí al escucharla, y la quedé viendo con temor de preguntar lo que sospechaba, pero igual tenía que salir de dudas.
-¿A qué edad… empezaste a trabajar en ese lugar? -Nuestra miradas se encontraron, pero ella la desvió con vergüenza
-Ese mismo día que mi tío me llevó con él -susurró.
"Malnacido", pensé. "¿Cómo fue capaz de hacer trabajar en ese lugar a una niña que recién perdió a sus padres?" Me partía el corazón verla tan triste, así que preferí cambiar de tema.
-¿Te gustó tu habitación?
-¡Sí, mucho! -exclamó con una gran sonrisa-. Muchas gracias.
-Me alegra que te haya gustado. -Vi que finalmente había dejado vacío su plato-. ¿Te sirvo más arroz?
-No, muchas gracias. Ya estoy satisfecha.
-¿Segura? Comiste muy poco.
-Sí, segura, Inuyasha, gracias.
-Bueno. Voy a levantar la mesa. Tú puedes ir a descansar si quieres o ver televisión, lo que más te guste, ¿vale?
-Mejor te ayudo a levantar la mesa, ¿sí? -propuso
-No te preocupes, Kagome.
-Kag. Puedes llamarme Kag. Así me llamaba mi familia.
-Ok, Kag. Pero no te preocupes, de verdad, no es necesario. Eres mi invitada.
-No me sentiría bien conmigo misma si no ayudo en algo, por favor -insistió suplicante.
Solté un suspiro porque no me pude negar al ver sus bellos ojos de suplicando. Podría afirmar que se veía como el gato de Shrek.
-Está bien, pero yo lavo y tú secas, ¿De acuerdo?
-De acuerdo, hecho.
-Excelente.
Entramos a la cocina para lavar la loza; estábamos en silencio, y sin embargo, en ningún momento fue incómodo. De repente un estruendoso ruido acabó con ese silencio cuando a Kag se le cayó un plato haciéndose pedazos, mojándola en el proceso.
-¡Por Kami! Yo... yo lo siento tanto, Inuyasha, no fue mi intención -Dijo asustada mientras se arrodillaba para recoger los pedazos de loza.
-Kag, no. Levántate, te vas a lastimar. -ella parecía no escucharme-. ¡Kag...!
-¡Perdón! ¡Perdón! ¡Perdón! Soy una tonta, tonta, ¡Perdón! -comenzó a llorar muy asustada.
-Kag, por favor, no pasa nada -la sujeté de los hombros para levantarla, y automáticamente ella protegió su rostro con sus manos mientras suplicaba-. ¡No me pegues, por favor! Trabajaré para pagarlo, pero por favor, no me hagas daño.
Quedé en shock al escucharla, no podía creer que Kagome me estuviera diciendo esto. Ella entró en crisis mientras lloraba queriendo recoger la loza rota.
-Kag, levántate, por favor.
-No me pegues, Inuyasha -suplicó desesperada.
No lo soporté más y la abracé como nunca en mi vida había abrazado a una mujer. Caminé con ella aún entre mis brazos. Nos sentamos en el sillón mientras acariciaba su cabello en un intento por tranquilizarla.
-Ya, shhh, tranquila, hermosa. No pasó nada, ¿sí? Por favor, no llores más, Kag.
-Yo... yo... -repetía con la voz temblorosa.
-Shhh -Me separé un poco para mirarla a los ojos, pero al hacerlo, una mezcla de dolor y rabia me invadieron.
Me había dado cuenta de una sola cosa: odiaba ver a Kagome llorar, era algo que sobrepasaba mis límites y sentía la imperiosa necesidad de protegerla.
-Pequeña…
-Perdón, yo no quise...
-Shhh, -la interrumpí-, no pasa nada, pequeña. Por favor, ya no llores. No me gusta verte así -le dije mientras le secaba las lágrimas con delicadeza y cariño, y ella cerró sus ojos ante mi contacto.
Volví a abrazarla tranquilizándola por completo, y entonces recordé que su sudadera estaba mojada.
-Kag, ¿llevas una blusa debajo de la sudadera? -no dijo nada, simplemente asintió-. Bien.
Me aparté un poco para ayudarle a quitarse la sudadera. No solo porque estaba mojado, sino porque también tenía una duda que necesitaba aclarar. Mientras estábamos en el antro, la oscuridad no me había permitido ver bien un pequeño detalle, y eso me dejó pensando. Sin embargo, al momento de tomar la prenda, Kagome se alejó asustada.
-Pequeña, confía en mí -le pedí con suavidad-. Jamás te haría daño. Esto está mojado y te puedes resfriar
-Yo...
-Kag, ¿Confías en mí? -le pregunté.
-Sí -respondió
-Entonces, ayúdame con esto, ¿sí? Por favor.
Ella suspiró y se sacó la sudadera con mucha timidez, me la entregó y se arrinconó en el sillón tratando de cubrirse. Tomé la prenda y aproveché para ver sus brazos; en ese instante, me invadieron las ganas de destrozar a Mukotsu con mis propias manos. Mis sospechas eran ciertas, Kagome tenía varios moretones.
Quise verla a los ojos, pero bajó la cabeza, avergonzada. Levanté su rostro con mucha delicadeza hasta encontrarme con su mirada.
-Kag… esto… esto te lo hizo tu tío, ¿verdad? Y por favor, respóndeme con la verdad.
-Sí, -respondió entre sollozos-. Si yo rompía algo, él me pegaba y me dejaba sin comer todo el día. Además, me dejaba toda la noche trabajando de mesera hasta que el local cerraba.
Cerré mis ojos para aguantar la ira que me quemaba por dentro. Necesitaba tranquilizarme para no asustar a Kag y para que ella también pudiera confiar en mí.
-Kag, escúchame muy bien -la abracé nuevamente-. Nadie, absolutamente nadie tiene el derecho de golpear a una mujer. Tu tío va a pagar esto muy caro, eso te lo juro. -Poco a poco, su cuerpo dejaba de temblar-. Si por accidente, algún otro objeto se te llegara a romper, no te asuste; no pasa nada, no me voy a enojar contigo. -Kagome se separó de mi abrazo para mirarme con incredulidad-. Lo material se recupera, pequeña. Además, te vuelvo a repetir, quiero que te sienta como si estuvieras en tu casa, tal y como solías ser cuando estabas con tu familia. ¿Me lo prometes?
Sequé una última lágrima traviesa que escapaba de sus hermosos ojos y ella sonrió.
-Lo prometo.
Me perdí en su bella sonrisa, y me estaba gustando verla así de feliz y tranquila. Sin darme cuenta, mis ojos se enfocaron en sus delicados labios, unos hermosos y definidos labios.
-Inuyasha -su dulce voz me despertó de ese pequeño trance-. Si quieres, yo puedo cocinar.
-¿Qué?
-Sé cocinar, limpiar, cualquier trabajo doméstico. Puedo empezar mañana. -dijo mientras yo levantaba una ceja.
-Señorita, ¿quién te dijo que te traje para que hagas el aseo? ¿Quieres que Miroku me rebane el cuello si te ve haciendo eso? Él me dejó a tu cuidado, por si no lo recuerdas
-Es que… no sé cómo pagarte todo lo que haces por mí: el techo, la comida y...
-Nada -la interrumpí-. Kagome, eres mi invitada. ¿Qué parte de 'invitada' no entendiste, pequeña?
-Pero...
-Pero nada -la interrumpí, dándole un ligero toque en la nariz con mi dedo-. Una señora viene a hacer el aseo una vez a la semana, y créeme, es muy celosa con su trabajo. No queremos verla convertirse en una gruñona ¿verdad?
Kagome sonrió nuevamente, pero siguió insistiendo.
-Puedo cocinar los días que ella no venga. Mamá me enseñó desde muy pequeña y me gusta mucho cocinar, por favor.
Y otra vez, ahí estaban esos ojitos de súplica. Solté un suspiro de derrota porque esta charla ya la tenía perdida.
-Está bien, pero solo vas a cocinar. Y que quede claro que es porque tú me estás insistiendo, ¿de acuerdo?
-¡Sí! -exclamó entusiasmada, y me abrazó-. Muchas gracias, Inuyasha.
En ese momento me di cuenta de que nuestro abrazo nos tenía peligrosamente cerca, y al parecer, Kagome también lo notó porque se separó muy rápido de mí con sus mejillas sonrojadas. Verla así me pareció lo más tierno del mundo.
-Kagome, ya es tarde. -me levanté rápido del sofá-. Mejor ve a dormir, ¿sí?
-Pero la cocina...
-No te preocupes, yo limpio. Tú ve a descansar.
-Está bien. Buenas noches, Inuyasha, y muchas gracias por todo. -Dijo mientras se levantaba y tomaba la sudadera.
-De nada. ¡Descansa!
-Tú también, Inuyasha. Buenas noches.
-Buenas noches, Kagome.
La vi caminar por el pasillo hasta que la perdí de vista. Después me dirigí a mi despacho, cerré la puerta y maldije al maldito de Mukotsu por todo lo que le hizo a Kagome. Me dejé caer en la silla y miré al techo para pensar con tranquilidad.
-Esto se lo tengo que contar a Miroku para tomar cartas en el asunto lo más rápido posible. Por ahora tengo que cuidar a Kagome de ese maldito de Mukotsu.
Continuará...
Si llegaron hasta aquí, gracias.
Crédito de la ortografía: la bella autora Kayla Lynnet. ¡Gracias, linda!
