Kayla Lynnet: ¡Hola linda! X2 porque yo igual lloré. Ella era solo una niña y pasó por tantas cosas: perder a su familia, el maltrato del maldito de Mukotsu. Ojalá se pudra en la cárcel; Inu quedó en shock con la historia de Kag al grado que solo la abrazó para consolarla. Inu es un amor. Inuyasha y Miroku harán todo para que ella sea feliz.

Y ¿cómo que la autora quiera dar sorpresas? Jajajaj no, yo jamás haría esas cosas jajaja.

¡Sango! Qué cosas del destino que no está; jaja, pero si tienes razón, Inu no le va molestar ni un poco quedarse con ella jajaja.

Saludos linda.

Cbt1996: ¡Hola linda! Cindy yo te dije que este capítulo era para llorar; así que soy inocente en este capítulo jajajaja. Inu es un amor de persona, cómo la cuidó, la abrazó y le habló, nanai; quiero uno así para mí por favor.

Jajajaj Inuyasha. Te recordó a un don diiiiiii jajajajajaja. Pero por ahora es Kag la que tiene a un don Inuyasha en su vida, vamos a ver qué pasa jajaja.

Claro que Inu la ve como una pequeña. Oye que mente tan cochina tienes, Inu jamás sería capaz de pensar cosas pervertidas, es su pequeña jaajaja.

Y cree en mí mujer cuando digo que es un fic bonito jajajaja.

Saludos linda

Annie Pérez: ¡Hola linda! Sí, fue un momento triste y tierno a la vez, vamos a ver cómo se toman las cosas ahora que Miroku llegue a contarles. Saludos linda

Saludos también para Karii Taisho

Saludos linda


CAPITULO 3

*Perspectiva de Inuyasha*

El ruido de la alarma me despertó. Apagué el despertador y froté mi cara con las manos para ver la hora. Eran las 7 de la mañana y aún tenía sueño; era lógico porque me quedé dormido cerca de las cinco de la mañana, y el motivo tenía un solo nombre: Kagome. Ella me robó todos los pensamientos con lo poco que me contó de su vida. Después de escucharla, no pude pegar el ojo.

Me levanté y me dirigí al baño. Necesitaba despejar mi mente, y una ducha me ayudaría mucho. Dejé que el agua tibia corriera sobre mi cuerpo, disfrutando de una sensación relajante.

"Después de este baño, tomaré un café bien cargado". Pensé.

Al terminar la ducha. Busqué entre mi armario y me decidí por un traje color gris, dejando mi cabello suelto, como siempre. Me puse algo de colonia y salí del cuarto.

Al pasar por la habitación de Kagome, pensé en tocar para que desayunáramos juntos, pero desistí rápido de esa idea.

"Ella debe estar muy cansada; lo mejor será que siga durmiendo unas horas más".

Me dirigí a la cocina para preparar un café, pero a mitad del pasillo sentí un exquisito aroma.

-¿De dónde viene ese olor? -me pregunté.

Seguí el aroma hasta la cocina, y me detuve en la puerta para ver a Kagome usando un vestido color rosa con unas flores estampadas en la orilla; además llevaba mi delantal de cocina. Se veía tan linda y tierna. Caminé hacia ella mientras se daba la vuelta al escuchar mis pasos y me sonrió.

-Buenos días, Inuyasha. -Saludó con alegría-. Estoy haciendo unos panqueques con manjar para desayunar y también preparé café. Mejor dicho, calenté el agua para tomar café, es que, no sé usar tu cafetera -me dijo algo avergonzada y yo sonreí por su ternura.

-No te preocupes, Kag. Después te enseño a usarla. -dije. Mientras aspiraba el delicioso aroma de los panqueques-. Mmmm, huele delicioso -ella levantó la mirada y me sonrió.

-¿Verdad que sí? Son muy ricos, te van a gustar.

-Ya lo creo. Oye, Kag, ¿a qué hora te levantaste? -pregunté con curiosidad

-A las 6, ¿por qué?

-¿Qué? -dije sorprendido- ¿A las 6, Kagome? Es muy temprano.

-Sí. Pero, no te preocupes, estoy acostumbrada a levantarme a esa hora.

Pensar que su tío la obligaba a despertar muy temprano para ponerla a trabajar, me llenó de coraje. Aunque traté de controlar mi rabia, Kagome se dio cuenta.

-¿Estás enojado, Inuyasha? ¿Hice algo malo?

Su voz preocupada me sacó de mis pensamientos. La miré y sonreí para tranquilizarla. Me acerqué a ella y tomé sus manos; acto que la hizo sonrojar. Por alguna razón, me encantaba ver ese sonrojo en ella.

-Kag, ya no te levantes tan temprano, ¿de acuerdo? Descansa un poco más. Ni yo me levanto tan temprano, -sonreí

-Pero ¿y el desayuno?

-Puede ser para más tarde, ¿sí?

-Pero...

-Pero nada, Kag.

-No estoy acostumbrada a dormir tanto -respondió apenada. Tomé su rostro entre mis manos para mirarla a la cara y ella se volvió a sonrojar.

-Kag, escúchame muy bien, ¿sí? Ya no estás obligada a levantarte tan temprano, ¿vale?

-Mmmm. ¿A las 7? -preguntó con una sonrisa tierna. Ladeé la cabeza y sonreí

-¡A las 8! -respondí divertido

-¿A las 7 y media?

-¡Hecho! -acepté con resignación-. Ni un minuto menos.

Ambos sonreímos al cerrar nuestro primer trato. Nos quedamos así por unos segundos, y una vez más, mi mirada se posó en sus labios. Ella, inocentemente, los abrió, y yo quedé hipnotizado mientras me acercaba. Justo en ese instante, sonó el timbre de la casa y mi mente volvió a la realidad. Me separé de Kagome y la miré a la cara; sus mejillas estaban ruborizadas y sentí el impulso de acariciarlas. El timbre volvió a sonar y traté de tranquilizarme.

-Voy a ver quién es, ¿vale? -le dije a Kagome.

Ella asintió y continuó preparando el desayuno, mientras caminaba hacia la puerta para ver quién había llegado.

Al abrir la puerta, me encontré con Miroku.

-Hola, Inuyasha ¡Buen día!

-Hola, Miroku. Pero ¿qué haces aquí tan temprano?

-Vine a desayunar con ustedes.

-¿Y tu mujer? -pregunté con curiosidad.

-No está -respondió encogiendo sus hombros.

-¿Qué? ¿Sango te abandonó?

-¡Claro que no! Sólo tuvo que salir, pero después hablamos de eso -dijo mientras miraba hacia dentro en busca de alguien-. ¿Y Kagome dónde está?

Justo en ese instante, ella se asomó por la cocina, con una cuchara en la mano y con el delantal aún puesto.

-Hola, joven Miroku, ¿cómo está? -Miroku la queda viendo de pies a cabeza para después mirarme con un semblante muy serio.

-¿La pusiste a trabajar, Inuyasha? -me reprochó muy molesto.

-¡No! Claro que no, Miroku, ella...

-¡Perdón! -interrumpió Kagome-. Joven Miroku, fui yo quien le pidió a Inuyasha que me dejara cocinar. Es algo que me gusta mucho. No se enoje con él, por favor, joven Miroku -le suplicó en medio de una reverencia.

Miroku nos observó, alternando su mirada entre Kagome y yo.

-¿Inuyasha? ¿joven Miroku? -dijo algo incrédulo-. ¿Acaso me perdí de algo, Inuyasha? -Me miró con ojos acusadores.

-Entra, Miroku. Hablaremos en mi despacho. -Cerré la puerta detrás de mi amigo y después me dirigí a Kagome. -Kag, si quieres, puedes empezar a desayunar.

-No, -dijo negando con la cabeza-. Mejor los espero para desayunar todos juntos.

-Está bien. Ya volvemos, ¿sí?

-Sí.

Me dirigí al despacho con Miroku, y una vez adentro, él fue el primero en hablar.

-¿Desde cuándo le dices Kag?

-Eso no importa ahora, ¿de acuerdo? Necesito que escuches lo que te voy a decir.

*Perspectiva de Kagome*

Aproveché que Inuyasha y el joven Miroku estaban conversando y decidí preparar más panqueques. Mientras la mezcla se cocinaba, también me ocupé de hacer tostadas, huevos revueltos y café. Cuando todo estuvo listo, llevé a la mesa una jarra de leche, las tostadas doradas, el café humeante, los huevos esponjosos, mermelada, manjar y, por supuesto, los panqueques recién hechos. Luego, limpié la cocina, guardé el delantal y me senté a la mesa a esperarlos, disfrutando del aroma delicioso que llenaba el ambiente.

*Perspectiva de Inuyasha*

Cuando terminé de contarle a Miroku todo lo que sucedió con Kagome, estrelló su puño en el escritorio.

-¡Mal nacido! ¿Cómo fue capaz de hacerle eso a Kagome? -exclamó con rabia.-. Lo voy a hundir en la cárcel por el resto de su maldita vida.

-Tranquilízate, Miroku. Kagome no puede verte así o la vas a asustar y no volverá a confiar en nosotros.

-Tienes razón, pero me da mucho coraje la vida que ese mal nacido le dio. Voy a hacer que se pudrá en prisión.

-Te comprendo, pero primero tenemos que esperar que ella cumpla la mayoría de edad, o si no corremos el riesgo de que el gobierno se la lleve por ser menor de edad.

-Es cierto, tendremos que esperar -expresó seriamente mientras cruzaba los brazos-. ¡Ah! Por cierto, el maldito de Chokyukai ya está detenido. Mañana lo van a sentenciar.

-¡Perfecto! Me parece una excelente noticia. -respondí aliviado-. Ahora, explícame, ¿por qué no está Sango?

-Fue a cuidar a Kohaku. Mi suegro tuvo que salir de viaje porque su mejor amigo falleció y no podía llevar a mi cuñado. Así que Sango se está quedando con él.

-Oh, entiendo. Lo siento mucho.

- Sí, yo igual. -dijo con un dejo de melancolía-. Por cierto, Inuyasha, ¿no te molesta si Kagome se queda unos días más de lo previsto contigo?

-Claro, no hay problema -respondí encogiendo mis hombros, restándole importancia, pero lo cierto era esa idea me agradaba más de lo que imaginaba. Por supuesto que no iba a decirlo a Miroku.

-¡Gracias! -exclamó Miroku.

-Bien, vamos a desayunar.

-Claro.

Salimos del despacho y nos fuimos a la cocina. Ahí encontramos a Kagome sentada en la mesa, jugando con una servilleta.

-Kag, ¿no has desayunado? -le pregunté.

-No, los estaba esperando.

-Gracias, Kag.

Ella sonrío y nos ofreció los panqueques mientras yo servía el café.

-¡Wow! Esto se ve muy rico, señorita Kagome.

-Muchas gracias, joven Miroku, pero solo dígame Kag, por favor.

-De acuerdo, pero si tú también me dices Miroku, ¿vale?

-Bueno, jo… digo, Miroku -ambos rieron.

Nos sentamos a desayunar y, al dar el primer bocado al panqueque, su sabor exquisito me hizo agua la boca. No fui el único en apreciarlo; Miroku también parecía estar encantado, chupándose los dedos con gusto.

-¡Por Kami! ¡Kag, esto es delicioso! -exclamó Miroku con gran dicha.

-Concuerdo con Miroku, Kag. Está delicioso -dije confirmando lo que ya había expresado mi amigo. Aunque ella se sonrojó, nos sonrió con mucha felicidad.

-Me alegra mucho que les guste.

Terminamos el desayuno en silencio, pero no fue un silencio incómodo, ya que tanto Miroku como yo teníamos la boca llena con el exquisito desayuno. Cuando terminamos, ambos la felicitamos.

-Kag, muchas gracias, por el desayuno. Estuvo delicioso -expresamos con gratitud.

-Me hace muy feliz saber que les gustó, chicos.

-Bien, Kag. Ahora ve a arreglarte, porque tú y yo vamos a hacer unas compras.

-¿Compras? ¿De qué hablas, Miroku? -preguntó con curiosidad.

-Voy a llevarla a comprar ropa y todo lo que necesite.

-Miroku, anoche ya me compró ropa. No hace falta más, de verdad -respondió Kagome apenada.

-Claro que sí, Kag. La que compré anoche solo alcanzaba para pasar la noche, así que vamos de compras.

-Miroku, no hace falta. Yo me encargo de eso -intervine con un dejo de molestia, ya que esa idea la tenía en mente para hoy en la tarde.

-No te preocupes, Inuyasha, yo me encargaré -dijo poniendo una mano en mi hombro-. Por cierto, ya se te hace tarde para trabajar.

-¿Y tú no vas a trabajar, Miroku? -le pregunté, cruzando los brazos y mirándolo con los ojos entrecerrados.

-¡No! Pedí el día libre. -respondió encogiendo los hombros-. Kag, ve a arreglarte, ¿sí?

-Pero, Miroku...

-Pero nada, linda, ve.

Miroku le dio unos empujoncitos para que ella saliera de la cocina. Después de que Kag se fue a su habitación, lo miré con recelo

-Oye, no hace falta. Yo me encargo de sus gastos.

-Claro que no, amigo. Ya te pedí el favor de que te quedes con ella. Tampoco te voy a pedir que te encargues de sus gastos.

Quería decirle que no era ningún problema para mí hacerme cargo de sus gastos, pero el hacerlo, implicaba que me pidiera una explicación del por qué. Por suerte, Kagome entró en ese momento, usando un vestido blanco, zapatillas blancas y su cabello suelto.

-Estoy lista -dijo desde la puerta de la cocina.

Me quedé embelesado admirando su belleza. Kagome irradiaba inocencia por donde la vieran.

-¡Qué linda te ves, Kag! -dijo Miroku caminando hacia la puerta para salir con ella, pero me adelanté y me puse entremedio.

-Vamos en mi auto, ¿de acuerdo?

-Se supone que tú vas al trabajo, Inuyasha -expresó Miroku desconcertado.

-No. Me voy a tomar el día libre también. Por algo soy el jefe -dije con orgullo.

-Como quieras -dijo Miroku.

Los tres salimos de la casa y nos subimos a mi auto. Por supuesto que yo iba a manejar, Miroku se sentó a mi lado, y Kag iba en el asiento de atrás, fascinada por el paisaje que no pudo ver anoche debido a la oscuridad.

-.-.-

Llegamos al primer centro comercial y nos bajamos. Miroku le abrió la puerta a Kagome para que pudiera bajar del auto.

-Gracias.

-De nada -respondió Kagome.

Entramos a la plaza y nos dirigimos hasta sector de ropa de mujeres; ahí se nos acercó una vendedora.

-¿Les puedo ayudar en algo? ¿señorita, caballeros?

-Sí, por favor -respondió Miroku-. Mi hermanita llegó anoche de viaje y sus maletas se extraviaron en el aeropuerto.

-¡Oh! Qué lástima. Lo siento mucho, señorita.

-Gra-gracias- dijo Kag algo confundida mientras Miroku continuaba con su mentira.

-Bueno, como le estaba diciendo; este angelito… -miró a Kagome para abrazarla de modo paternal y luego miró a la vendedora- …ya no tiene nada de ropa. Lo perdió todo en el aeropuerto. ¿Usted me puede ayudarme a llenar su clóset con lo mejor que tenga? Desde ropa, accesorios, perfume y todas esas cosas que las mujeres usan, por favor.

Quedé viendo a Miroku con asombro por su gran actuación, y Kagome casi pega un grito del susto por el gasto que él iba a hacer en ella. Lo que me causó un poco de risa fue la actitud de la vendedora, quien miró a Kagome como si se hubiera ganado la lotería.

-Pueden tomar asiento. Les voy a mandar café y té mientras esperan. -Mencionó amablemente-. No se preocupen por su hermanita, que yo la cuidaré.

Sin esperar respuesta, la vendedora tomó a Kagome de la mano y se la llevó casi a rastra a los vestidores para que se probara la ropa.

-Qué amable es la señorita, ¿verdad, Inuyasha?

-¿Amable? -pregunté con una ceja levantada-. Miroku, esa mujer se va a llevar la comisión del año a fin de mes. Es capaz de cerrar la tienda para que no la molesten en toda la mañana.

-Lo sé, amigo mío, -respondió entre carcajadas-, lo sé.

Me reí junto a Miroku. Después llegó otra señorita con café, té y panecillo para hacer amena la espera.

-.-.-

Finalmente, luego de una larga espera de más de dos horas, apareció la vendedora junto con Kagome, quien traía las mejillas sonrojadas, seguramente por lo caro de la ropa. Reí por lo bajo al imaginar la reacción de Miroku; ya quería ver su cara cuando le dijeron el total a pagar.

-Listo, caballeros. Aquí tienen a su hermanita sana y salva. Ahora señor -dirigiéndose a Miroku-, puede acompañarme por este lado, por favor.

Ambos se fueron para pagar la cuenta. Kagome se veía totalmente apenada.

-Inuyasha -dijo en un susurro.

-¿Qué pasa, Kag? -pregunté en el mismo volumen de voz.

-¡Por favor! No permitas que Miroku gaste todo ese dinero. ¡Es una locura! Esa mujer me dio un buen susto, estaba fuera de control. Me hizo probar toda la ropa de la tienda. -Solté una carcajada al ver su carita confundida y asustada.

-Kag, no te preocupes. -le dije poniendo mi mano en su hombro-. Para Miroku este gasto no es nada. Además, yo también tenía pensado venir a comprar contigo en la tarde, pero él me ganó.

-¿Cómo? -exclamó confundida.

-Mejor vamos con Miroku. Quiero ver su cara cuando tenga que pagar -la tomé de la mano y nos acercamos a Miroku.

Ya en la caja, la vendedora le mostró la cuenta, y su expresión no fue lo que esperaba; al contrario, pagó sin problemas con una sonrisa en el rostro.

-¿Me puede enviar todo a la dirección que les voy a anotar, por favor? De preferencia envíelas a las cinco de la tarde, por favor.

- Claro, señor. Como usted diga -asintió la mujer.

-Gracias.

-A usted, señor. Regrese pronto.

-Claro -le respondió con una sonrisa.

Salimos de la tienda en busca de un nuevo lugar para poder comer.

-Miroku, no debiste haber gastado tanto en mí -Kagome se mostraba muy apenada mientras Miroku le sonreía.

-Kag, no te preocupes. Esto no es ningún problema para mí.

-Pero...

-Tranquila, hoy vas a ser mi hermanita menor, así que deja que te consienta, ¿vale?

-Pero...

-Pero nada -Miroku apretó sus mejillas.

Ver es escena, me hizo comprender que Miroku veía en Kagome a la hermana que siempre quiso desde niño. Verlo tan protector con ella me causó demasiada ternura.

-¡Inuyasha! Te vamos a dejar atrás si no te apuras -gritó Miroku diversión.

-¿Eh? -salí de mis pensamientos-. ¡Oye! No se vayan sin mí. -respondí mientras los alcanzaba.

Llegamos a un restaurante clásico. Pedimos ramen y unos refrescos, comimos entre risas mientras le contábamos algunas anécdotas sobre nosotros a Kagome. Al terminar de comer, nos fuimos a caminar por parque hasta que a Miroku se le ocurrió una idea.

-Inuyasha, el día está muy lindo. ¿Por qué no vamos a la playa Isshiki? Estamos a una hora de aquí.

-¿A esta hora, Miroku? -dije viendo mi reloj.

-Sí. A Kag le va a encantar la playa.

"Bien, con eso me convenció".

Nos fuimos con destino a la playa, y en un lapso de una hora, llegamos hasta allá. Si tenía alguna duda por haber ido, al ver cómo Kagome corría por el lugar, sonriendo, disfrutando del momento, olvidándose de todo malo, hizo que todo rastro de duda se desvaneciera. Miroku y yo sonreímos al verla tan feliz.

-Sabías que ella se olvidaría por unas horas de todo lo malo si la traíamos aquí, ¿verdad, Miroku?

-No exactamente, Inuyasha -respondió encogiendo los hombros-. Tenía que hacer algo para que ella sonriera y se olvidara de lo que pasó en la tienda. Puedo apostar que esa vendedora la asustó con tantas cosas.

-Sí, me comentó que la hizo probarse casi toda la ropa de la tienda -ambos reímos mientras veíamos a Kagome correr por la playa-. Pero vamos, si Kag sigue corriendo la vamos a perder de vista.

La seguimos de cerca mientras se acercaba a la orilla del mar como una niña pequeña, después nos volteó a ver con una amplia sonrisa en el rostro.

-Chicos, ¡esto es hermoso! -exclamó emocionada.

-Sí que lo es -le gritamos los dos.

Y ella siguió corriendo hasta que se detuvo y se quedó viendo algo. Nosotros veíamos lo mismo mientras nos acercábamos a ella.

-¿Qué es eso, chicos? Es la primera vez que veo algo así.

-Eso, Kag -le dijo Miroku-, es un deporte. Se llama Flyboard. Es muy divertido.

Kag se quedó embelesada viendo las maquinarias.

-¡Wow! Es como si estuvieran volando

-¿Quieres subir? -le pregunté. Ella y Miroku me miraron.

-¿Qué? -dijo ella, mirándome confundida.

-Kag -intervino Miroku-, tanto Inuyasha como yo hacemos este deporte desde hace un par de años.

-¿De verdad? -exclamó sorprendida.

-Sí, es verdad -le respondió Miroku-. Entonces, ¿te animas a subir?

-Yo… no sé...

-Anímate, Kag. Sube con Inuyasha mientras yo los grabo desde aquí, ¿sí?

-Mm, bueno -dijo muy emocionada.

-Bien, vamos -la sujeté de la mano y fuimos a donde arriendan las máquinas, mientras Miroku nos seguía con su teléfono en la mano.

Cuando llegamos, le entregué el pase al encargado y nos llevó hasta el muelle; ahí me ayudó a ponerme la maquinaria en los pies. Cuando ya estaba listo, lo encendí y quedé parado en el agua mientras le ofrecía mi mano a Kag.

-Ven -le dije.

El rostro de Kagome reflejaba timidez y miedo, pero, aun así, tomó mi mano para subir poco a poco en la máquina. La sujeté por la cintura y la atraje hacia mí para subirla de una vez. Una vez que estuvimos listos, el chorro de agua nos movió y ella soltó un grito de miedo y se abrazó a mí con todas sus fuerzas, mientras yo sonreía por su reacción.

Comencé a moverme en el agua, primero sí vueltas en círculos y luego di un giro como un trompo en el aire. Kag gritaba de miedo y alegría mezclada con risas que llegaban a mis oídos.

-Kag, te voy a dar la vuelta para que mires al frente -le susurré al oído.

-¿Y si me caigo? -preguntó atemorizada.

-Eso jamás lo permitiré. ¿Confías en mí? -Kagome me miró a los ojos, y sonrió para contestarme:

-Sí, Inuyasha. Confío en ti.

Le giré despacio para que mirara al frente mientras la abrazaba por la cintura y seguía dando vueltas con ella. En un movimiento, la cargué estilo nupcial para dar vueltas como trompo encima del agua. Lo único que mis oídos podían escuchar eran los gritos y risas de Kagome. Verla sonreír y divertirse mientras la sostenía entre mis brazos era algo que no tenía precio para mí. Segundo después, volvió a estar frente a mí, la abracé por ella pasó sus brazos por mi cuello.

-Kag, confías en mí, ¿verdad? -volví a preguntar

-Sí -respondió con total seguridad.

-Bien, mira, necesito que con tus piernas me abraces por la cintura, ¿sí? -Kagome me miró sonrojada-. Vamos, Kag, confía en mí. Te prometo que todo estará bien.

Aún con sus mejillas sonrojadas, Kagome asintió. La abracé más fuerte por la cintura para ayudarla a que diera un pequeño salto, y en cuestión de segundos, ya me tenía rodeado con sus piernas en mi cintura.

-Bien, Kag, prepárate para la última vuelta.

Me tiré de lleno a hacer círculos en el agua, girando como un trompo, y al final rematé con un giro de cuerpo completo. Ella soltaba grititos de emoción mezclados con risas, y yo mismo me reía junto con ella mientras daba las últimas vueltas antes de acercarnos al muelle.

Miroku la sujetó para que quedara en el muelle y así pudiera quitarme las máquinas de los pies.

-¿Te gustó, Kag? -le preguntó Miroku.

Ella apenas podía hablar de la risa de felicidad que tenía, aspiró aire profundamente buscando controlar sus emociones y su respiración para poder responderle a Miroku.

-¡Sí! Me encantó.-dijo con gran emoción-. Fue lo más arriesgado que he hecho en toda mi vida. ¡Muchas gracias! -le dijo a Miroku, abrazándolo. Después corrió hacia mí para abrazarme también, mientras daba saltitos de felicidad-. Muchas gracias, chicos. Ha sido uno de los mejores días de mi vida.

Los dos vimos a Kag con una ternura que no sabíamos cómo explicar.

-Bien, bien, creo que es mucho por hoy, señorita. -dije rompiendo el encanto del momento-. Tenemos que regresar a Tokio. Recuerda que tienes que recibir tus compras.

-Sí -respondió Kag, muy feliz.

-Bien, vamos -le dije a Kag y a Miroku para regresar a Tokio.

-.-.-

Llegamos a la casa a las 5:40 de la tarde. Por suerte, la vendedora había llamado a Miroku para avisarle que ya estaban en el domicilio, y él les dijo que por favor nos esperaran un momento.

Ayudé a Kag a llevar las cosas a la casa, mientras que Miroku le pagaba a los del reparto. Después de dejar todo en su cuarto, Miroku se despidió de Kagome porque ya era muy tarde.

-Adiós, Kag. Cuídate mucho, ¿sí?

-Sí, Miroku, muchas gracias por todo esto, de verdad.

-No tienes nada que agradecer, linda. Lo hice con cariño -dijo mientras los dos se abrazaban.

-¡Ya, Miroku, se te hace tarde! -exclamé con un dejo de celos en mi voz.

-Sí, sí, ya me voy. Adiós, Kag.

-Adiós, Miroku.

Acompañé a mi amigo hasta la puerta para despedirme de él.

-Nos vemos mañana en el trabajo, Inuyasha.

-Sí, nos vemos mañana, Miroku. Adiós.

-Adiós.

Una vez que perdí de vista su auto, cerré la puerta cuando y me dirigí a la habitación de Kagome.

-¿Se puede? -dije desde afuera.

-Sí, pasa -respondió.

Entré y la vi guardando sus cosas con mucho cuidado, y llena de mucha emoción. Era como ver a una niña pequeña abriendo sus regalos de Navidad, y era una ternura que me traspasaba el pecho.

-Mira, Inu, este vestido es hermoso, ¿verdad?

Me mostraba un vestido color rosa con flores en las tiras.

-Sí, Kag, está muy lindo.

-¿Verdad que sí?

Sonreí como un tonto. La inocencia de Kagome era algo que ya no se veía en estos días y allí mismo me hice una promesa interna: Nadie le va a quitar esa inocencia y carisma a Kag, mucho menos el maldito de su tío. Eso lo prometo.

"La protegeré con mi vida".

Continuará...


Si llegaron hasta aquí, gracias.

Crédito de la ortografía: la bella autora Kayla Lynnet. ¡Gracias, linda!