Kayla Lynnet: ¡Hola linda! El amor que Inu y Miroku empezaron a tener por Kagome es algo muy lindo, pero también puede traer problemas. Miroku cada vez la ve más como su hermana pequeña y va a espantar a todos los hombres que se le acerquen, pero ¿qué hará con Inuyasha cuando vea cosas raras? Porque es obvio que Inu no la ve como su hermana y tampoco como una niña. Wow, esto puede complicar la amistad de ellos dos, pero esperemos que no bella

MirSan es fuego puro y cuando hay inspiración hay inspiración bella jajaja.

Es que el teléfono sonó con una notificación, pues qué querías ¿que Sango no la viera? entre ellos no hay secretos linda jiji.

¡Saludos bella!

Cbt1996: ¡Hola linda! Miroku está tan ciego con el cariño que le tiene a Kag, que piensa que todos la ven cómo él por eso no ve las señales que están ahí frente a sus ojos, pero algún día se dará cuenta de lo que pasa y será al puro estilo Rosa Taisho jajajajajajajaja.

MirSan mmm el pobre Miroku estaba acumulado por varios días, pues que querías mija jajajaja

Ahora a ver qué pasa con esa charla MirSan, porque pueden pasar muchas cosas

¡Saludos linda!

Karii Taisho: ¡Hola linda! Miroku poniendo ojitos de gato muerto y sus chantajes para que Inu lo lleve a su casa jajaja.

Kagome está en modo niña sacando todo eso que tenia de los 14 años y que su tío le quitó, por eso es así de linda y tierna. Y los celos de Inuyasha pueden ser un dulce problema para él.

Verdad, los dos fic fueron con lemon, pero aun así no me salve del puesto de teresa la semana pasada jajaja. Pero te juro que este fic es tierno y lindo, Sango está malinterpretando las cosas, ya verás como van a ir las cosas después, linda, no me condenes antes de tiempo bella.

¡Saludos linda!

Annie Pérez: ¡Hola linda! Esos celos de parte de Inuyasha algo quiere decir; y la charla de MirSan pues en este capítulo lo sabremos ¡Saludos linda!

Guest: ¡Hola linda! Me alegra que te haya gustado linda y espero que este también te guste ¡Saludos linda!

CAPITULO 5

*Perspectiva de Sango*

-¡Es un desgraciado! -exclamé, golpeando la cama antes de levantarme y caminar de un lado a otro como una leona enjaulada.

-Sanguito, cálmate, cariño- dijo preocupado.

-¡No puedo, amor! Es que lo que me contaste... ¡me estás describiendo a un monstruo asqueroso! -expresó con desprecio-. Mira, ¿qué clase de persona vende a una menor de edad? ¿Qué tiene en la cabeza ese hombre? ¿Mierda? Por Dios, pobre jovencita, lo que tuvo que pasar todos estos años viviendo con ese animal.

-Sango, amor...

-Miroku... -Me senté a su lado para mirarlo a los ojos-. Amor, júrame que lo vas a hundir en la prisión. Una escoria como él no puede andar suelta por ahí. Prométeme que lo meterás preso, que serás el abogado de Kagome.

*Perspectiva de Miroku*

Tomé las manos de mi Sanguito para verla a los ojos.

-Amor, no tienes ni que decirlo -le aseguré-. En unos días, ese maldito estará pudriéndose en la cárcel. Solo estoy esperando que ella cumpla la mayoría de edad para hacerlo.

-Gracias, Miroku -suspiró aliviada.

Nos abrazamos con mucho amor. Estaba muy agradecido de que mi bella Sango tuviera un enorme corazón de oro.

Le conté todo lo que pasó: el cómo conocimos a Kag; el favor que le pedí a Inuyasha para que se quedara unos días con ella; el trato que recibió por la vendedora de la tienda de ropa como si fuera una mina de oro; y el paseo por la playa para que pudiera despejar su mente. También le mencioné sobre el incidente con el plato en casa de Inuyasha

-Amor...

-¿Sí, cariño? -dirigí la mirada hacia sus hermosos ojos

-Vamos a la casa de Inuyasha. Quiero conocerla.

-¿Ahora, cariño? -pregunté sorprendido

-Sí, por favor -respondió suplicante.

-¿Y mi trabajo?

-Me dejas en casa de Inuyasha y te vas al trabajo con él. Además, hay que empacar las cosas de Kagome para que vengan a vivir con nosotros.

-¿De verdad, Sanguito?

-Claro, amor. Ella es menor de edad, lo mejor es que esté aquí con nosotros para que no le vaya a traer problemas legales a Inuyasha. Y por lo que me has contado de ella, presiento que nos vamos a llevar de maravilla.

-¡Oh, Sango! Amor, gracias -la abracé para besarla, mientras deslizaba mi mano por debajo de su camisa para tocar su cálido pezón, pero dio un pellizco-. ¡Auch! ¡Eso duele!

-Por pervertido -respondió entre risas-. Ahora cámbiate; yo me daré una ducha rápida, y desayunamos para ir a buscar a Kagome, ¿sí?

-Bueno, amor.

La vi entrar al baño mientras yo me cambiaba con una sonrisa. Tengo la mejor mujer del mundo a mi lado.

*Perspectiva de Inuyasha*

-Kag, el desayuno te quedó exquisito como siempre.

-Me alegra mucho que te haya gustado, Inu -respondió con una sonrisa, pero inmediatamente su atención se desvío a su teléfono.

-¿Pasa algo, Kag? No has dejado de ver el teléfono.

-¡Eh!... bueno, es que le mandé un mensaje a Miroku, pero no me respondió. ¿Se habrá molestado por haberle hablado tan temprano? -preguntó con un dejó de preocupación y tristeza.

-No, claro que no, Kag. Tal vez aún no ve el mensaje -le aseguré para tranquilizarla.

-Pero aquí me sale 'mensaje visto'... o eso creo.

-¡A ver!

Me acerqué a ella para ver el mensaje y nuestros rostros quedaron demasiado cerca, lo que provocó que mi corazón latiera aceleradamente. Cerré los ojos para después enfocarme en el mensaje y, como me había dicho Kag, el mensaje había sido leído. ¡Qué raro! Pensé.

-Inu, ¿hice mal en haberle mandado ese mensaje? -su preocupación iba en aumento. Sonreí para darle ánimos.

-Claro que no, pequeña. Miroku, cuando se despierta, es algo tarado a veces -ella comenzó a reír por la broma-. Tarda en responder porque su cerebro aún no se conecta con la tierra.

-¡Inu, no seas malo! -su risa iba en aumento.

-No lo soy -apreté su pequeña nariz.

-¡Ashhh! ¡Oye! -se quejó al mismo tiempo que me daba un pellizco en el brazo.

-¡Oye! -exclamé, quejándome también.

-Tú empezaste primero.

-¿Ah, sí? -la lancé una mirada traviesa-. Ahora veremos quién pierde-. Me lancé sobre ella, pero fue más rápida.

-¡No! -gritó, poniéndose a correr hacia la sala, pero en dos segundos la atrapé para tirarme al sillón con ella a mi lado y empecé a hacerle cosquillas.

-¡Aaaahhhh! ¡No! -gritaba sin poder parar de reír-. ¡Por favor, Inu! ¡Para!

-¡No! Hasta que digas: "No debo pellizcar a los mayores".

-No… nunca lo diré -respondió con dificultad sin dejar de reír.

-Bien, tú te lo buscaste.

Seguí haciéndole cosquillas; ella se removió y sin darnos cuenta, ya está a muy cerca de mí, por lo que la tomé entre mis brazos recostándola en mi regazo sin dejar de hacerla reír.

-¡Ya! ¡Ya! ¡Para! -suplicó entre carcajadas-. ¡Tú ganas! -me detuve un momento para escucharla-. No… No lo vuelvo a hacer

-¿Lo prometes? -

-¡Sí, te lo prometo! Para, ya.

Me detuve, pero no la solté. Se sentía tan bien tenerla abrazada y no sabía por qué, solo podía entender que me encantaba tenerla entre mis brazos.

Ella abrió sus ojos después de tanto reírse para verme, y mi mano se movió sola directo a tocar su flequillo para hacerlo a un lado de su bello rostro, e inmediatamente se sonrojó. Cómo amaba verla sonrojarse.

Nuestros rostros estaban tan cerca el uno del otro que terminé acariciando sus mejillas, que su color rojo se intensificó y eso me hizo sonreír. Toqué su pequeña nariz y después mi dedo fue hasta sus labios. Ella soltó un suspiro que me hizo estremecer.

-Eres tan linda, Kag -susurré, acercándome a su rostro mientras ella cerraba sus ojos.

Estaba por besar sus labios cuando el timbre de la casa sonó, regresándome a la realidad. Me separé de Kagome y con toda la delicadeza la dejé en el sillón, mientras estaba completamente roja sin entender nada. Y era normal, porque ni yo entendía qué estuve a punto de hacer.

-Eh... la puerta. Voy a ver quién es -le dije a Kag, y solo asintió.

Caminé hacia la puerta y al abrirla, me encontré con Sango y Miroku.

-¡Hola!

-¿Sango?

-¡No! Soy su hermana gemela, tonto -respondió con sarcasmo.

-Ja, ja, qué chistosa -respondí de la misma manera, mientras los saludaba.

-Pasen

-Gracias -respondieron al unísono.

Nos dirigimos hacia la sala, y cuando Kag vio a Miroku, corrió hacia él para abrazarlo.

-¡Mir! ¡Viniste a verme! -Se lanzó a sus brazos con contenta.

-Hola, Kag, ¿Cómo estás? -Le preguntó Miroku correspondiendo su abrazo.

Una incomodidad me invadió cuando Kag lo abrazó, pero mi vista se fue a Sango. ¿Cómo tomó ella ese abrazo? Mi duda crecía al no ver ninguna reacción de su parte.

Miroku se separó de Kagome para hablarle.

-Kag

-Sí

-Mira, ella es Sango, mi esposa. -Kagome se sonrojó y agachó la cabeza en señal de vergüenza.

-Yo… ¡perdón! no fue mi...

-Shhh, no te disculpes cariño -le dijo Sango acercándose amablemente a ella-. Sé que le tienes cariño a Miroku, y él a ti. Ya me contó todo, no te preocupes, aquí todos queremos ayudarte.

-¿De verdad?

-Claro -respondió con una sonrisa-. Soy Sango Taijiya Mushin, mucho gusto -le extendió la mano.

-Kagome Higurashi. El gusto es mío -dijo aceptando su saludo.

Sonreí al verlas. Sango era una mujer maravillosa, de buen corazón. Miroku se ganó la lotería con ella, y me alegraba tanto saber que se llevaría tan bien con Kag.

-Linda, Miroku y yo vinimos a buscarte para que te vayas a vivir con nosotros -afirmó Sango y mi sonrisa se borró. ¿Qué mierda fue lo que dijo?

-¡Eh!... yo... -Kagome no sabía que responderles.

-Sí, Kag, tú te vienes a vivir con Miroku y conmigo. ¿No te gusta la idea? -Sango se veía muy emocionada.

Vi algo de confusión en el rostro de Kag y su mirada chocó con la mía, como pidiendo alguna explicación. Sobre mi cadáver sacarían a Kagome de mi casa, sobre mi cadáver.

Me acercó a ellos para dejarles en claro que ella no se iría.

-Sango, no es necesario. Kag está bien aquí.

-Claro que no, Inuyasha, eres un hombre soltero. Eso te puede traer problemas en el juicio.

-Ese es mi problema, ¿de acuerdo? -respondí tajantemente-. Ella se queda aquí.

La cara de Sango se llenó de confusión, al igual que Miroku, ninguno entendía el porqué de mis palabras.

-Hermano, Sango tiene razón. Lo mejor es que la llevemos con nosotros y...

-¿Y qué? -lo interrumpí-. Kag está bien aquí. ¿Por qué la necesidad de llevársela?

-¡Porque es menor de edad! -exclamó con seriedad-. Inuyasha, ¿Acaso necesitas que te recuerde las leyes?

Maldije internamente. Sabía perfectamente lo que eso significaba, pero ni las leyes ni mis amigos me iban a separar de ella. No lo iba a permitir.

-Miroku, Kag se queda aquí y es mi última decisión -respondí con firmeza, completamente seguro de que haría lo que fuera para convencerlos.

-¿A qué te refieres con eso, Inuyasha? Explícate -ordenó con un dejo de molestia.

Estaba a punto de responderle, cuando Kagome nos interrumpió.

-Yo quiero quedarme aquí -declaró y sonreí satisfecho-. Pero si eso le trae problemas a Inuyasha, yo...

-No, Kagome, eso no me traerá ningún problema -me acerqué a ella para acariciar su cabello, pero se lanzó a mis brazos escondiendo su rostro en mi pecho y la abracé para tranquilizarla.

-Shhh, ya, Kag, no me pasará nada, te lo juro.

-No quiero que tengas problemas por mi culpa -su voz estaba llena de temor y seguí acariciando su cabello para tranquilizarla.

-Kag, no los tendré -le aseguré-. Tú quieres quedarte, ¿verdad? -Movió su cabeza en un sí-. Bien, entonces te quedas y fin de la discusión.

-¡Inuyasha! -intervino Miroku extremadamente serio.

Lo miré con la misma seriedad que él tenía. Después sentí la mirada de Sango sobre mí, y al voltear a verla, tenía una sonrisa que me provocó escalofríos.

-Inuyasha, creo que no me escuchaste cuando te dije...

-¡Miroku! -Sango lo interrumpió-. Creo que sí, Kagome se quiere quedar, no hay problema, ¿bien?. Deja que se quede.

-¡Pero, Sango! -exclamó mi amigo con frustración.

-Amor -dijo mientras tomaba las manos de Miroku con ternura-. Nadie tiene que saber que ella está viviendo aquí -mencionó y eso nos sorprendió a todos-. Además, podemos tener una maleta con su ropa en nuestra casa, porque si el día del juicio el juez pide alguna revisión, parecerá que ha estado viviendo con nosotros todo este tiempo. También recuerda que, para ese tiempo, Kagome ya será mayor de edad y se podrá quedar donde ella quiera, cariño. Podemos venir a verla todos los días, si es lo que quieres.

Miroku se quedó pensando en las palabras de Sango. Después miró a Kagome que aún se escondía entre mis brazos.

-Kag, cariño, ¿tú te quieres quedar con Inuyasha?

Kagome separó su rostro de mi pecho para ver a Miroku a los ojos.

-Sí -susurró-. Quiero quedarme con él. -Miroku suspiró resignado y le regaló una sonrisa.

-Está bien, puedes quedarte aquí si eso quieres.

-¡Gracias, Mir! -exclamó muy emocionada mientras corría a abrazarlo-. ¡Muchas gracias!

-Oye, y ¿yo no merezco un abrazo? -preguntó Sango con diversión-. Fui yo quien lo convenció -guiñó un ojo.

-Muchas gracias, Sango -Le dijo con una enorme sonrisa y la abrazó con efusividad

-De nada, Kag. Puedo llamarte Kag, ¿verdad?

-Claro.

-¡Bien! -Sango volvió a sonreír y después dirigió su mirada hacia nosotros-. ¿Y ustedes no tienen que irse a trabajar ya?

-¡Si! -respondí.

-Bien, porque yo me voy de compras con Kag.

-¿Qué? -dijimos los dos.

-Sí, lo que escucharon. Kag y yo vamos de compras.

-Pero Kag ya tiene su clóset lleno, amor -exclamó Miroku

-Ay, Miroku, de seguro que ella no tiene nada a la moda. Con el gusto de ustedes dos, apuesto que lo que diga es verdad.

-Claro que no, la que le escogió la ropa fue la vendedora -Miroku se defendió

-Con más razón, amor. Las vendedoras solo te venden lo más caro y no lo que está de moda.

Ni Miroku ni yo supimos que responder ante su afirmación.

-¿Ven? Tengo razón -Sango miró a Kag-. Kag, ve a arreglarte para que salgamos.

-Pero si ya estoy vestida -respondió confundida.

-Sí, linda, pero tu cabello no. Está todo despeinado.

Ella se sonrojó y fue corriendo a peinarse. Sango me quedó viendo, pero esquivé su mirada, y ella no dijo nada más. Sin embargo, se acercó a mí y extendió su mano enfrente mío.

-¿Qué?

-¡Tu tarjeta!

-¿Qué? -pregunté más confundido-. ¿Y para qué la quieres? -Sango sonrió con diversión.

-Inuyasha, si te vas a quedar con ella, entonces te harás cargo completamente de sus cosas. Tu tarjeta.

Sin decir nada, le entregué la tarjeta, después de todo, tenía mucha razón.

-Toma, por mí no hay problema.

-¡Gracias! -Exclamó satisfecha.

Se acercó a Miroku con la intención de despedirse, pero lo hicieron con un beso, a lo que hice una mueca de asco para molestarlos.

-¡Ay, por favor! ¡Váyanse a un hotel! -les grité dándome la vuelta, pero ellos ni caso me hicieron.

En ese momento, Kag bajó por la escaleras ya lista para irse con Sango.

-¿Lista? -le preguntó con una sonrisa.

-Si -respondió un poco avergonzada.

-¡Súper! -exclamó emocionada-. Amor, tú ve con Inuyasha, yo me llevaré el auto, ¿sí?

-Claro, amor -asintió Miroku.

Los cuatro salimos de mi casa y nos subimos a los autos.

-¡Que se diviertan! -les dijimos a las chicas.

-Claro -respondió Sango, y nos fuimos.

En el auto, saqué mi teléfono para marcar un número.

-¿A quién llamas, hermano? -Preguntó Miroku con mucha curiosidad.

-A los guardaespaldas.

-¿Eh?

-Hola. Quiero que custodien a Sango y a la señorita que va con ella, se llama Kagome. ¿Les quedó claro? -escuché su respuesta afirmativa-. Bien, adiós -corté la llamada.

-¿Crees que es necesario, Inuyasha?

-Sí. Con ese idiota de Mukotsu suelto, aún hay que tener mucho cuidado.

-Sí, es verdad.

-Bien, apurémonos en llegar al trabajo o si no, no nos vamos a quitar a Sesshomaru de encima.

-Inuyasha, ¿Cuándo le diremos a los demás sobre Kag?

-Cuando ella cumpla los 18, Miroku. Va a ser lo mejor. Así evitaremos muchos problemas.

-Sí, tienes razón.

*Perspectiva de Sango*

-Mira, Kag, esta es mi plaza favorita, te va a encantar.

-Se ve muy bonita.

-Sí, y la ropa, ¡Wow!, te vas a enamorar de ella inmediatamente.

Le tomé la mano y entramos de inmediato a la plaza. Kagome admiraba todo a su alrededor.

-Lo primero que vamos a hacer es un arreglo a nuestro cabello -Kagome me soltó la mano asustada.

-¡No! ¡No quiero cortarlo!

-Tranquila, Kagome, no lo vamos a cortar, solo vamos a arreglarlo -dije para tranquilizarla.

-¿Arreglarlo?

-Sí, como sacar las puntas, tratamiento para el brillo y suavidad, ¿vale? -Me miró con un atisbo de duda, pero asintió-. Perfecto, vamos.

Seguimos avanzando y llegamos al salón de belleza,

-¡Hola, Jakotsu!

-Hola, mi Sango, ¿Cuándo llegaste? -preguntó con emoción

-Anoche, y vine a verte inmediatamente. Mi cabello te extraña.

-Y yo a tu cabello, hermosa. -Dijo acariciándolo; después, enfocó su mirada en Kagome-. ¿Y quién es esta encantadora jovencita, Sango?

-Es mi amiga Kagome. -La acerqué un poco más a nosotros para poder presentarla.- Kagome, él es Jakotsu, el mejor estilista de Tokio.

-¡Oye! Soy el mejor estilista del país, ¡y mi premio lo avala! -exclamó con orgullo, al mismo tiempo que comencé a reír

-¡Hola, linda! Soy Jakotsu, pero me puedes decir Jak.

-Hola, soy Kagome -respondió tímidamente-. Usted también me puede decir Kag.

-¡Ahhhh! ¡pero qué ternura! ¿De dónde la sacaste, Sango? -me preguntó mi amigo mientras le apretaba los cachetes a Kag.

-Nos conocimos hace poco, pero ya somos muy amigas, ¿verdad, Kag?

-Sí -logró decir después de soltarse de Jak y esconderse detrás de mí.

-Bien, bien, -dijo riendo al ver la timidez de Kagome-. ¿Quién se va a arreglar el cabello primero? Porque yo quiero ser el que le arregle el cabello a este encanto de muchachita.

-¿Qué te parece si tú te encargas de Kag y Byakuya de mí? -le propuse a Jakotsu, a quien le gustó la idea.

-¡Perfecto! -exclamó-. Entonces, empezamos.

Jakotsu tomó de la mano a Kag y se la llevó mientras yo los seguía.

-.-.-

Jakotsu hizo un gran trabajo con Kagome: le arregló las puntas, le suavizó el cabello dejándolo como nuevo, y también la maquilló y le dio unos trucos especiales para su edad. Ella se veía completamente satisfecha con el resultado.

Nos despedimos de mi amigo y de Byakuya, que también hizo un gran trabajo también conmigo, y nos fuimos directamente a las tiendas de ropa, entrando primero a una de lencería. Nos compramos unos lindos conjuntos, aunque me dio mucha gracia ver a Kag sonrojándose por comprar este estilo de ropa, pero me parecía que ya tiene la edad suficiente para usarla, así que no tenía remordimiento en hacerle unas cuantas sugerencias en colores rojo y blanco. Por mi parte, elegí unos conjuntos en colores rosas y negros

Al terminar, nos dirigimos a una boutique, donde vimos muchos vestidos hermosos. Ayude a Kag a elegir unos cuantos; además, no se me olvidaba que en pocos días ella cumpliría la mayoría de edad, así que le sugería unos cuantos vestidos sexys.

-Mira, Kag, este top está hermoso, ¿lo llevamos también?

-Bueno, Sango, pero… ¿podemos descansar un poco? -su rostro reflejaba un poco de cansancio

-Claro, no hay problema.

Nos sentamos un rato y miré a Kag. Verdaderamente es una chica muy hermosa, y me sorprendía su apego con Inuyasha.

-Dime, Kag, ¿estás muy contenta viviendo con Inuyasha?

-Sí, mucho -me respondió sin dudarlo y sonreí.

-¿Y con Miroku cómo te llevas?

-Muy bien también. Él me protegió de mi tío y de ese hombre feo que quería aprovecharse de mí. Ver a Miroku defenderme así fue como ver a un héroe, como ver a mi papá o un hermano mayor que daría todo por mantenerme a salvo.

-¿Sabes, Kag? La vida no ha sido muy justa con Miroku, desde muy niño ha sufrido.

-¿Por qué?

-Bueno, digamos que la vida le quitó y también le dio.

-¿Cómo? -preguntó un poco confundida.

-Cuando Miroku nació, su madre tuvo muchas complicaciones y murió en el parto.

-Por Kami, lo siento mucho. -expresó con mucha nostalgia y sus ojos se llenaron de lágrimas.

-Sí, yo igual lo lamento -dije en medio de un suspiro-. Cuando eso pasó, Miroku se quedó solo con su padre, pero su mente se perdió debido al shock y no estaba muy consciente para cuidar de él. La familia de Inuyasha, los Taisho, eran mejores amigos de los padres de Miroku, y cuando sucedió lo de su mamá, la tía Izayoi había dado a luz dos semanas antes, así que decidieron encargarse de él hasta que su padre estuviera en mejores condiciones para poder hacerse responsable.

-Entonces, ¿Mir e Inu tienen la misma edad? -me preguntó y yo le sonreí.

-Así es, Kag. Inu es mayor por dos semanas -respondí-. Izayoi se encargó de amamantar a Miroku y por eso, dice que él e Inuyasha son hermanos de leche.

Kagome soltó una risa ligera al escuchar aquello, y es que, si lo pensábamos, realmente era una afirmación algo graciosa. Después, seguí contándole la historia a Kag.

-Cuando Miroku tenía 4 años, su papá tuvo un accidente y murió al instante. Después de eso, los Taisho supieron por parte de los abogados, que el padre de Miroku había dejado un documento cediéndoles la custodia de su hijo por si algún día le faltaba. Por esa razón, es que lo adoptaron, criándolo junto a Inuyasha y su hermano Sesshomaru.

Ella seguía escuchando muy atentamente, y en ocasiones, pude ver cómo derramaba alguna que otra lágrima.

-Miroku siempre tuvo un vacío en su corazón. Él siempre quiso una hermanita pequeña, al grado que los padres de Inuyasha querían dárselo, pero la tía Izayoi ya no pudo tener más hijos. Cuando lo conocí, él me contó toda su historia, y cada vez que paseábamos por el parque, él siempre se quedaba viendo a los niños jugar, pero sobre todo a las niñas. Él se acercaba a ellas y les compraba helados y de todo lo que vendieran en el parque; claro, siempre con el permiso de sus madres. Yo siempre lo acompañé a hacer esos bellos gestos, haciendo que me enamorara de él locamente, ¿sabes?

-Es una historia muy triste, pero a la vez es hermoso ese gesto que Miroku ha tenido.

-Sí, así es, Kag. Y ahora que te veo -tomé su mano con ternura-, puedo ver que en tí encontró a esa hermanita que tanto deseaba.

-Yo igual lo quiero mucho, Sango. Lo quiero como si fuera mi propio hermano, y ahora lo quiero más todavía.

-Me alegra saber eso, Kag -ambas sonreímos-. Mmm... ¿y a Inuyasha cómo lo ves? -pregunté con curiosidad.

-¿Eh? Ja, ja, ja, Inuyasha...

La vi esquivar mi mirada, incluso podía asegurara que estaba algo nerviosa.

-Sí, a Inuyasha, -insistí-. ¿Cómo lo ves a él?

-Pues... creo que de la misma manera -me respondió algo sonrojada.

-Ah, ya veo. ¿Sabes? Inuyasha es un hombre muy guapo, ¿lo notaste?

Sus mejillas se sonrojaron intensamente, que pareció que ardían, y solté una pequeña risita.

-¡Oh, vamos, Kag! No me digas que no notaste lo guapo que es.

-Yo... pues... sí, sí es muy lindo.

-Sí, ¿y qué más? -tenía demasiada curiosidad por saber lo que sentía por Inuyasha.

-Es amable, tierno, cariñoso, muy protector... es muy lindo conmigo -respondió con una sonrisa, pero muy sonrojada.

-Bien -dije asintiendo-. Pero ya fue mucha charla y pocas compras. Vamos por otros vestidos, ¿sí?

-¡Sí, sí!

*Perspectiva de Kagome*

Podía sentir aún mis mejillas arder por las preguntas de Sango sobre Inuyasha. ¿Si lo veía guapo? ¡Claro que era guapo! Muy lindo, y esos ojos color oro me encantaba verlos todos los días. Pero ¿por qué me ponía tan nerviosa al hablar de él?

Por un segundo, recordé lo que sucedió esta mañana: yo estando entre los brazos de Inuyasha y su rostro tan cerca del mío que, por un momento, pensé que él me iba a... Mis mejillas se pusieron más rojas por pensar en eso.

-¡Kag! -Escuché a Sango llamarme, sacándome totalmente de mis pensamientos.

-¿Sí?

-¿En qué piensas, picarona? Tus mejillas parecen dos tomates -dijo entre risas, y eso provocó que me pusiera más roja.

-¡Claro que no! Estoy bien -mentí-. No pienso en nada -Sango soltó una risa que me hizo avergonzarme más. Lo bueno que ella no insistió y eso lo agradecí.

-Mira, Kag, ¿te gusta? -dijo mostrándome un vestido-. ¡Está hermoso!

Miré el vestido que tenía en la mano con atención, y mi mandíbula se cayó al ver la poca tela que tenía.

-¡Por kami! Eso no tapa nada -llevé mis manos a mi boca.

Sango sostenía un vestido muy corto en color rojo, con un tajo al lado de la pierna derecha. La espalda quedaba al desnudo, solo algunos tirantes pasaban por detrás.

-¡Eso no tapa nada! -le dije muy sorprendida.

-Claro que sí, tapa las partes más importantes. Y está hermoso. Yo tuve uno así, pero en color rosado con tirantes negros, cuando Miroku y yo... bueno, ya sabes.

Al escuchar su comentario, mi rostro ardió mucho más, estaba segura de que un tomate se vería pálido delante de mí.

-Pero eso no puedo ponérmelo -afirmé

-¿Por qué no? Eres joven, hermosa, con un cuerpo increíble. Se te verá genial, Kag. Llevémoslo, ¿sí? -me hizo un puchero que me hizo reír mientras me relajaba un poco más.

-Está bien, pero no prometo usarlo.

-Está bien, cuando lleguemos a la casa te lo pruebas y después lo guardas para cuando te sientas lista para usarlo, ¿sí? O cuando quieras tener a tu novio, ya sabes -y me guiñó un ojo.

Me quedé callada, pero mi cara seguía ardiendo por la vergüenza.

-Sango, ya vámonos, ¿sí? Es mucha ropa. No quiero que gastes tanto por mí -le dije algo apenada.

-¿Y quién dijo que yo estoy pagando, linda?

-¿Ah, no?

-No. -Vi cómo sacaba de su cartera una tarjeta para enseñármela-. Inuyasha Taisho invita -y me volvió a guiñar el ojo.

-¿Estás usando la tarjeta de Inu? -pregunté alarmada-. Pero todo esto es mucho dinero.

-Linda, no te preocupes. Él mismo me dijo, con estas palabras: "Sango, toma, esta es mi tarjeta. Compra todo lo que Kag necesite y lo que tú veas necesario para ella, ¿de acuerdo? No pienses en la suma del dinero, tú solo compra".

-¿De verdad te dijo eso, Sango?

*Perspectiva de sango*

-Claro... -mentí, pero era algo que ella no tenía que saber, ¿verdad?

*Perspectiva de Kagome*

-Bueno, pero ya es mucho y estoy cansada. Vamos a la casa, ¿sí? -le supliqué

-De acuerdo, vamos. Pero el vestido se va con nosotras, ¿vale?

-Está bien, Sango, tú ganas. -dije resignada, porque sabía que seguiría insistiendo.

-¡Súper!

Caminamos hacia la caja para pagar todas las compras y nos fuimos.

*Perspectiva de Sango*

Cuando llegamos a la casa, fuimos a su cuarto y puse música con mi teléfono mientras sacábamos la ropa.

-Sango, ahora hay mucha ropa.

-Claro que no, Kag, nunca es mucha ropa; al contrario, siempre es poca. Mira, ponte este vestido para ver cómo te queda, ¿sí?

-¿Cuál?

Le pasé el vestido rojo y abrió los ojos como plato.

-Pero...

-¡Pero nada! Ve al baño y pruébatelo, ¿sí?

-Está bien, ya vuelvo.

La vi entrar al baño, y yo seguí sacando la ropa, pero me dio sed. Así que dejé las cosas ahí para ir a la cocina a tomar algo de agua, pero antes le avisé a Kag.

-Oye, voy a la cocina por agua, ya vuelvo -dije mientras tocaba su puerta.

-Vale.

Y caminé hacia la puerta.

*Perspectiva de Inuyasha*

Después de una larga jornada en el trabajo, nos dirigimos a casa. Al llegar, estación el auto y vimos el auto de Miroku.

-Mira, Inuyasha. Las chicas ya llegaron.

-Si, vamos.

Entramos, pero no las vimos. Seguramente Sango le estaba probando toda la ropa a Kagome, o eso es lo que pensé al escuchar música en la habitación de arriba. Me dirigí al minibar para buscar algo de beber.

-¡Miroku! ¿Quieres una cerveza? -grité desde la cocina.

-No, hermano. Paso.

-Bueno -respondí encogiendo los hombros.

Saqué la Cerveza y comencé a beber. Al voltear, Sango iba entrando a la cocina.

-Chicos ¿a qué hora llegaron? No los escuché.

-¿Será por la música que tienes allá arriba? -respondí, mientras buscaba a Kagome, pero ella no bajó-. ¿Dónde está Kag? -le di otro sorbo a mi cerveza.

-Ella está arriba.

Sango fue directo a Miroku para abrazarlo, cuando escuchamos unos pasos por las escaleras. Al ver a Kagome, me ahogué con la cerveza, logré escupirla y un poco salió por la nariz; tuve que agacharme para toser. Levanté la mirada y no la aparté ni un segundo de Kagome. Ella traía un vestido rojo que se le veía exquisitamente bien, y con la poca tela que tenía, la verdad era que no dejaba nada a la imaginación.

-Sango, aquí está tu famoso vestido ¡mira ¡ -exclamó en un intento de queja.

-¡Oh! ¡Kag! ¡Qué hermosa te ves? -Corrió hacia ella, la tomó de la mano y le dio una vuelta-. Miren, chicos, ¿No está hermosa? -Yo no sabía ni qué decir, pero Miroku se veía algo molesto.

-Pero ¿Qué le hiciste a Kag? -el enojo en su voz era imposible de ocultar

-¿Qué pasa, Miroku? -respondió Sango en un tono serio.

-¿Que qué pasa? Mujer, ella esa una niña, ¿por qué lleva puesto eso?

-Tiene 17 años, la edad suficiente para usar esa ropa -expresó Sango cruzando los brazos.

-Por Dios, ¡es una niña! -se quejó mi amigo. Estaba claro que comenzarían una discusión.

-Claro que no; en unos días tendrá la mayoría de edad. Además, te recuerdo que yo usaba este tipo de ropa a los 16, ¿acaso ya lo olvidaste? -dijo señalando el vestido de Kag.

-Eso era diferente.

-¿Por qué diferente?

-Por que sí.

Miroku no tenía argumentos sólidos para responderle la Sango. El famoso "porque sí" siempre fue su salida estratégica. Sin embargo, ella no se quedaría contenta con esa vaga respuesta, pero antes de que dijera algo, Miroku siguió hablando.

-Kag tiene vestidos muy lindos que le compré. No tiene por qué llevar puesto ese.

-Amor, son vestidos de niña de 15 años.

-Cariño, Kagome tiene 17, es una niña.

-Va a cumplir 18. Insistió ¿Cuál es el problema?

-Que aún no los cumple.

-Ash, Miroku. Contigo no se puede, cuando eres necio, lo eres y con creces.

¡Bingo! Sango le había dado por su lado, pero la muy tonta tenía que involucrarme a mí, que aún no salía de mi sorpresa.

-Inuyasha ¿tú qué opinas? Se ve hermosa, ¿verdad?

No respondí, simplemente no podía, seguía embobado viendo a Kagome y lo sexy que se veía, su cuerpo era malditamente perfecto. Se veía extremadamente preciosa. Sentí la sangre arder por mis venas al pensar que, si así se veía ahora, ¿Cómo será cuando tenga 20 años? De pronto, vi como una mano pasaba frente a mis ojos, lo que regresó a la realidad. Sango sonreía de una manera muy extraña.

-Hasta que reaccionas, Inuyasha. Te estoy hablando y no me respondes.

-¿Eh? -Fue lo único que pude decir.

-Sango, cómo quieres que él diga algo si también está es shock. -Comentó Miroku aún molesto-. Kag es menor de edad y no puede estar usando ese tipo de ropa.

-¿Saben qué? Mejor preguntémosle a ella que opina. -Sango se dirigió a Kagome-. ¿Te gusta ese vestido, Kag?

*Perspectiva de Kagome*

-¿Yo?... pues es muy lindo, pero no estoy preparada para usarlo -Respondí muy apenada, y después caí en cuenta de que los chicos llevaban rato mirándome con este vestido-. No sabía que ustedes habían llegado, chicos.

.¿Lo ves, Sango? -dijo Miroku ignorando mis últimas palabras-. Kagome no se siente cómoda con esa ropa.

¡Shhhh! -Sango levantó su mano para que él no siguiera hablando-. Ustedes son unos aguafiestas.

Escuché cómo Miroku y Sango seguían discutiendo, pero mi concentración estaba enfocada en Inuyasha, su mirada era tan penetrante que hacía que me sonrojara y agachara la cabeza avergonzada.

Dios mío, no me quita la mirada de encima.

Me sentía como si estuviera completamente desnuda frente a él, y eso me ponía demasiado nerviosa. Volví a levantar la mirada y mi corazón latía muy fuerte, como si mi corazón se fuera a salir en cualquier momento. Esos ojos dorados me estaban calando tan fuerte... pero había algo en esa mirada que me estaba asustando. Y no era tonta, conocía esa mirada perfectamente, era la misma que... ¡oh por Dios! Era la misma con la que me veían los hombres en el antro de mi tío. Se trataba de una mirada llena de deseo, y mi cuerpo comenzó a temblar al pensar en eso. ¡No! Tenía que estar equivocada. No soporté más, y corrí escaleras arriba.

-Kagome, ¿a dónde vas?- gritó Sango, e intenté sonreír.

-Me... me voy a cambiar, Sango. -fingí estar tranquila, pero el miedo se hacía presente-. Ya tengo hambre.

-Está bien. Pediremos pizza para cenar, ¿vale?

-Ok.

Corrí a mi cuarto y cerré la puerta detrás de mí, agradeciendo al cielo que Sango no se diera cuenta de nada. Puse mi mano en mi pecho para calmar mi agitado corazón. "Dios mío, ¿Qué fue eso?"

Caminé hacia el espejo y vi que mi rostro estaba muy rojo, así que me fui al baño a lavarme la cara antes de cambiarme.

*Perspectiva de Inuyasha*

Sango encargó las pizzas por medio de la app, mientras yo intentaba controlar mis pensamientos. Tomé un buen trago de brandy, pero de nada me sirvió; ni siquiera esto me ayudaba a quitar de la mente la imagen de Kagome con ese vestido que la hacía ver exquisitamente hermosa. Sacudí la cabeza para intentar borrar esa imagen, pero era imposible.

-¡Llegaron las pizzas! -exclamó Miroku dejando la cena en la mesa.

Justo en ese momento, Kagome bajó las escaleras vestida cómodamente con un conjunto de ropa deportiva que la hacía ver adorable. Internamente, agradecí que ya no llevara el vestido rojo, porque no sé si habría soportado verla con él por más tiempo. ¡Debo dejar de pensar en eso!

Me senté a la mesa al igual que el resto para cenar. Sango hablaba de no sé qué cosa de las compras, mientras Miroku y Kagome le prestaban toda su atención. Pero yo no le podía quitar la mirada de encima a ella. A veces nuestras miradas se encontraban, pero Kag se sonrojaba y esquivaba la mirada. Y así estuvimos toda la cena.

Cuando terminamos, Kagome fue la primera en irse a dormir, supuestamente porque estaba cansada. No sé por qué, pero no le creí. Después, Sango y Miroku se despidieron y se fueron a su casa.

Subí a mi cuarto, pero al llegar al pasillo, quedé viendo fijamente la puerta de la habitación de Kag. Solté un suspiro al recordarla con ese maldito vestido. Negué rápidamente, entré a mi cuarto y me tiré a la cama con los ojos cerrados. Creo que era yo quien no quería olvidar aquella hermosa imagen.

-Kagome... -susurré.

*Continuará...*


Si llegaron hasta aquí, gracias.

Crédito de la ortografía: la bella autora Kayla Lynnet. ¡Gracias, linda!

Posdata: si quieren saber qué vestido es el que Kag se probó, lo encontrarán en los comentarios de la publicación del capítulo en mi página de Facebook. Besos.