Kayla Lynnet: ¡Hola linda! Es que el MirSan ya llevan un par de años casados, y su noviazgo ha durado por muchos años, la confianza que se tienen es grande.

Sango sabe cosas que los demás no, y tu sabes a lo que me prefiero bella jajajaja.

Inuyasha es evidente que está sintiendo cosas por Kagome, y la mente le puede jugar muchas vueltas.

X2, yo también quiero ese sueño de que me compren cosas jajaja

Y lo de la cerveza es culpa de sango no mía jajajaja

¡Saludos bella!

Cbt1996: ¡Hola linda! Como la canción: me gusta, pero me asusta jajaja.

Quiero que me inviten a comprar también porque yo soy pobre jajajaja.

Miroku es feliz con la familia Taisho, pero ese pequeño vacío por tener una hermana pequeña lo está cegando, Kag ya está por cumplir la mayoría de edad, pero él no quiere ver eso, hasta que alguien le abra los ojos.

Y la reacción de Kag, mm, eso tiene una explicación en este cap bella

¡Saludos linda!

Karii Taisho: ¡Hola linda! Sango en modo "Miroku tu encierras a ese hombre en presión si o si" jajaja.

Casiiiiiii llega el besito, pero no llegó, y quien sabe si falta poco o mucho jijiji.

Miroku es algo despistado y no ve la verdad en frente de él jajaja.

Sango sabe cosas linda, sabe cosas

Sango en modo: Crees que te va a salir gratis la gatita, ok no, mentira. Como dije, Sango sabe cosas; y me temo defraudarte, linda, pero esta Sango no se parece en nada a la de no por él. Es cierto que esta Sango es de lengua afilada, pero no sabe nada de pelea, a lo más, le dará unas cachetadas a cierta mujercita más adelante, pero solo eso.

Sango quiere saber más de la vida de Kag, digamos que "está revisando el terreno", como decimos por acá.

La tarjeta, imagino la cara de Inuyasha si hubiera escuchado a sango jajajaja.

Miroku discutiendo con Sango, mientras Inuyasha estaba botando la cerveza por la nariz jajajajajajaja.

Lo de Kag y pensar en el bar de su tío cuando Inuyasha la vio, eso se aclara en este cap linda, en la perspectiva de Kagome.

Y ese vestido se lo regaló Sango, no yo; sólo para dejarlo en claro, para que no me mates después que leas este cap jajaja

¡Saludos linda!

Annie Pérez: ¡Hola linda! Sango escuchó lo que Miroku le iba a decir, y si, todo salió muy, muy bien. Inuyasha algo está sintiendo por nuestra bella Kag, y sango, por Kami sango

¡Saludos linda!

CAPITULO 6

*Perspectiva de Inuyasha*

Estaba completamente dormido cuando, entre sueños, sentí una leve caricia en mis rostro. La piel de aquella mano era tan suave y delicada que me hacía sentir tan bien. Un ligero susurro en mi oído terminó de despertarme.

-¡Inuyasha!

Abrí los ojos de inmediato al escuchar aquella dulce pero sugerente voz, y me sorprendí mucho más al encontrarme con el rostro de Kagome muy cerca de mi. Sin pensarlo me incorporé, quedando sentado en la cama, lo que fue un grave error de mi parte. Kagome tenía puesto el vestido rojo. ¡Dios mío! ¿Por qué lo tenía puesto? Tragué saliva solo de verla tan… exquisita.

-¡Kag…!

-Shhhhh… -ella me calló, poniendo su dedo en mis labios

-Inuyasha… sé muy bien que te encantó verme con este vestido -susurró cerca de mi oído-. Por eso me lo puse otra vez, sólo para ti.

-¡¿Qué?! -exclamé sorprendido-. Ka-Kagome, no está bien que estés en mi cuarto a estas horas -añadí demasiado nervioso-. Pequeña, ve a tu cuarto ¿sí?

Negó con la cabeza, y después me miró con una sonrisa traviesa. Se veía realmente hermosa.

Por Dios, ¡Qué hermosa se ve!

-Me encanta que me llames pequeña, Inu; pero… no soy ninguna pequeña y te lo quiero demostrar -dijo con seguridad mientras acariciaba mis labios con sus dedos.

-¿Qué…?

Sin previo aviso, Kagome me besó. Sentir sus labios contra los míos me hacía volar en medio del paraíso, deseaba devorar su pequeña boca, pero aún me quedaba un poco de cordura, por lo que me separé de ella. ¡No funcionó! Kag se subió a horcajadas sobre mí sin dejar de besarme

-Ka-Kagome, ¿Qué… haces? -logré decir en un intento de hacerla entrar en razón.

-Sólo lo que tú deseas, Inu -susurró en mi oído, enviando un escalofrío por todo mi cuerpo, especialmente en cierta parte baja.

-¿Qué?

-Lo vi en tus ojos, Inu. Me mirabas con deseo cuando tenía puesto este vestido, y no me lo puedes negar.

-Kag, yo no…

-Shhhh, no lo niegues, porque yo igual te deseo, Inuyasha

-Kag… -quise tomarla por la cintura y besarla nuevamente, pero debía contenerme- ¡No! ¡Kag, eres menor de edad! No debemos

-Shhhh, nadie tiene que saberlo. -Volvió a besarme.

Ya no tenía más fuerza de voluntad para resistirme. ¿Qué fue lo que Kagome me hizo para ser tan débil con ella? Mandé todo al demonio mientras rodeaba su cintura y la pegaba más a mí. Ella soltaba suspiros en medio del beso.

-Inu… Inuyasha… ¿Cuánto me deseas?

-Pequeña… yo… mmm

Solté un quejido cuando Kag empezó a refregarse en mi entrepierna.

-Kag, no hagas eso, por favor -musité

-¿Qué cosa? -preguntó con picardía disfrazada de inocencia-. ¿Esto? -y volvió a hacerlo.

La abracé más fuerte al sentir una exquisita sensación recorren mi cuerpo. Kagome comenzó a jadear lo que provocaba que mi respiración se acelerará más. Estaba completamente excitado y ya no quedaba ni una pizca de raciocinio en mí.

-No… no sabes lo qué haces -le reproché

Pero ella me sonrió y me mordió el labio, haciendo que mis ojos se cerraran, se sintió tan bien, tan… delicioso.

-Sé lo que hago, Inu.; y quiero hacer más que esto.

Tragué con dificultad sintiendo cómo mi control se desvanecía poco a poco. Si ella no paraba, no sabía de lo que yo sería capaz hacer; o quizás sí, pero no podía, no debía. De pronto, sentí que comenzó a mover su cadera, provocando que mi deseo nublara mi mente; aun así, intenté detenerla. De nada sirvió. El beso que nos mantenía unidos subió de intensidad, se hizo más ardiente, más pasional mientras su boca recorría mi cuello dejando pequeños y suaves mordiscos a su paso. Sin darme cuenta, mis manos se aferraron a su cintura, ayudándola a moverse más.

-Kag… Kagome… Por favor… para ya con esto -supliqué mientras mantenía mi cabeza escondida entre su cuello.

-Sé que lo deseas, Inu. Lo quieres al igual que yo -susurró en mi oído para después lamerlo con sensualidad.

Traté de insistir, luchando contra mis propios deseos e impulsos para no cometer una locura, pero ella no me estaba ayudando. Tomó mi mano y la llevó debajo de su vestido; aunque pude detenerla, no lo hice y ese fue un gran error; Kag no llevaba ropa interior. Levanté la mirada para encontrarme con sus mejillas sonrojadas y un brillo inquietante en sus ojos. Entonces, le hice la pregunta que, tal vez, me condenaría para siempre.

-Kag, ¿Sabes lo que puede pasar si sigues con esto? -Terminé de meter mi mano debajo de su vestido para acariciar sus piernas.

-Quiero… -soltó un sensual suspiro y acercó a mis labios para lamerlos-… Quiero ser tuya, Inuyasha -susurró y me besó.

Ya no había vuelta atrás, la poca fuerza que tenía se fue al carajo. Puse mi mano libre en su nuca y la besé con intensidad, como si mi vida dependiera de ello. Con la otra mano seguí acariciando su pierna, pero ella me sujetó la mano para ponerla en su intimidad y solté un gruñido por el fuego que ardía dentro de mí.

De un solo movimiento, la dejé en la cama y me coloqué a horcajadas sobre ella, besándola con hambre, con una intensidad que desconocía en mí. Abrí un poco más sus piernas y bajé hasta su centro para acariciar ese bella flor que guardaba para mí. Empecé a acariciarla suavemente por encima, explorando cada centímetro. Poco a poco, la caricia se hizo más intensa, más voraz, y sentí su humedad en mi mano, despertando mi lado salvaje.

Regresé a besar su boca, bajando a su cuello, y no era suficiente para mí. Recorrí su piel desnuda dejando un ligero rastro de mi saliva hasta llegar a sus pechos, y los besé por encima de la tela de su vestido, sintiendo su duro pezón sobre ella. Definitivamente no llevaba nada de ropa interior.

-Mmm… Inuyasha… se siente tan bien… -expresó entre jadeos. Escuchar su voz me nublaba todos los sentidos.

-Eres tan deliciosa, mi pequeña.

-Inu… Inuyasha… mmmmm

Tener a Kag de esa manera ante mí, me encantaba. Sabía que después me iba a arrepentir, pero no podía seguir conteniendo mis ganas. Bajé mi mano e introduje un dedo en su interior con delicadeza; su calidez y humedad me envolvieron por completo.

-Mmmmm -ella se arqueó hacía mí.

-¿Te gusta, Kag? -susurré en su oído, dándole una ligera mordida.

-S-s-sí…, me gusta…

Por un momento, saqué mi dedo de su interior y la levanté suavemente para desatar el nudo de su sensual vestido, dejando que la tela cayera lentamente hasta que sus hermosos y redondos senos quedaron al descubierto. No pude evitar relamerme los labios al verla, simplemente perfecta. Ella me sujetó por la nuca para llevarme a uno de sus pechos, y sin esperar más, mis labios rozaron su suave y rosado pezón, lamiéndolo con delicadeza, sintiendo como su respiración se aceleraba. Soltó un gemido al contacto con mi lengua; lo estaba disfrutando.

-Mmmm, Inuyasha… -arqueó su espalda y se removía tan exquisitamente debajo de mi cuerpo.

Quería hacerla subir al cielo, necesitaba llevarla al paraíso, así que llevé mi mano nuevamente a su entrepierna, introduciendo mi dedo con desesperación en su cavidad.

-¡Aaaahhhhh! ¡Inu!

-Vamos, pequeña… di mi nombre…

-Mmmmm

Su intimidad estaba tan húmeda, que eso provocaba que mis dedos aceleraran sus embestidas. Kag quiso cerrar las piernas debido a la sensación que estaba experimentando, pero no se lo permití.

-¡Inu… Inuyasha! -se quejó.

-Dime… -dije mientras seguía lamiendo sus pezones.

-Por favor… hazme tuya. -Levanté la mirada y sus ojos brillaban por el deseo y la pasión-. ¡Hazme el amor, Inu!

Por un instante, me quedé viéndola. Mi mente solo pensaba en las mil formas que la haría disfrutar del momento, así que no pensé más; me separé de ella para deshacerme de mi ropa y me subí sobre ella. Me sonrió de una forma tan tierna, tan dulce y me perdí en su bella sonrisa.

Estaba a punto de besarla cuando algo extraño pasó; su hermosa figura se estaba desvaneciendo frente a mis ojos. Quise abrazar su cuerpo contra el mío, pero nada pasó, simplemente desapareció.

-¿Kagome? -Abrí mis ojos al instante y me senté en la cama para mirar a mi alrededor-. ¡Fue un… sueño! -Susurré. Estaba solo en mi cuarto-. ¡Maldita sea! -Exclamé con rabia. Tomé mi teléfono para ver la hora-. Las siete de la mañana.

Dejé mi teléfono en la cómoda, me levanté rápidamente de la cama, pero un dolor en mi entrepierna me detuvo.

-¡Maldición! Lo que me faltaba. -Me refregué la cara por la frustración mientras recordaba el sueño-. Era tan real -Susurré y me maldije internamente por ser un maldito pervertido, ¿Cómo podía soñar algo así con mi pequeña? Peor aún, ¿Qué pensaría si se llegara a enterar de lo que le iba a hacer en mis sueños?

Golpeé mi cara por la rabia. No podía pensar de esa manera, no debí soñar con Kag; ella era menos y, además, estaba bajo mi protección, no podía sentir deseo por ella. Terminé de levantarme de la cama, pero con gran incomodidad por la molestia en mi entrepierna.

-¡Maldición! -exclamé, dirigiéndome al baño para darme una ducha con agua fría-. ¡Maldito sueño! ¡Maldito vestido! ¡Maldita Sango por comprarle ese vestido! Esta no le perdono Sango, ¡NO TE LA PERDONO! -grité en el baño mientras abría la regadera.

*Perspectiva de Kagome*

El desayuno estaba listo, solo faltaba que Inuyasha bajara. Una sonrisa me acompañaba mientras terminaba de poner la mesa. De pronto, la vergüenza me invadió al recordar lo que había ocurrido anoche y me sonrojé. Y es que Inuyasha no me quitaba los ojos de encima; esa mirada era tan penetrante que no pude estar más tiempo cerca de él. Tuve que mentir diciendo que estaba cansada y que por eso me iba a mi cuarto.

Sinceramente no pude dormir en toda la noche pensando en Inuyasha. Su mirada era igual a la de los hombres que llegaban al antro, pero ¿por qué no me sentía incómoda con él, como con los demás? Cuando otros me miraban así, hasta asco me daba, pero con él, no.

¡Qué extraño! pensé.

—Buenos días, Kag... —la voz de Inuyasha me sacó de mis pensamientos. Ya estaba listo para el trabajo con un lindo conjunto de tecno color negro. Le sonreí para saludarlo.

—Hola, Inu, buen día. El desayuno está listo, siéntate, por favor, yo te sirvo.

*Perspectiva de Inuyasha*

Cuando llegué a la cocina, la vi de espaldas a mí, y mis ojos, sin querer, recorrieron su cuerpo completo. Llevaba uno de los vestidos que le compró Sango.

¡Sango! ..., pensé con ganas de estrangularla.

Volví mi vista hacia Kagome y a su vestido color celeste, con tirantes en los hombros y que le llegaba hasta los muslos, remarcando su diminuta cintura. Sería tan fácil quitarle ese vestido, pensé, y de inmediato me recriminé. ¿Qué mierda estás pensando, idiota? Maldito pervertido... y maldita Sango.

Preferí saludar a Kagome para dejar de pensar locuras.

—Buenos días, Kag... -Ella se dio la vuelta y me saludó con una sonrisa.

—Hola, Inu, buen día.

Me quedé pegado con esa sonrisa, pero ella me sacó de mis pensamientos.

—El desayuno está listo, siéntate, por favor, yo te sirvo.

Me senté y ella me sirvió café. Empezamos a desayunar. Yo me estaba comiendo una tostada con mantequilla y ella una con mermelada. Me quedé como idiota viéndola comer. Ella, inocentemente, lamió el dulce del pan un par de veces, y luego, su vista chocó con la mía; inmediatamente se sonrojó y guardó su pequeña lengua para después evitar mi mirada y suspiré. Tomé nuevamente mi tostada, la terminé de un solo bocado y el café de un sorbo, necesitaba salir de aquí y despejar mi mente.

—Ya me voy, Kag, se me hace tarde.

—¿Pero no vas a desayunar más, Inu?

—No, gracias, no tengo hambre. Ya me voy.

Me levanté y salí como un rayo de la cocina. Estaba claro que, si seguía aquí, no sé de qué sería capaz.

Tomé mi maletín y caminé hacia la puerta, y al abrirla, me encontré con la persona que menos pensé ver hoy en mi casa.

—¿Tú? —dije incrédulo.

—Hola, cariño, ¿Cómo estás?

—Pero ¿Qué haces aquí? —dije, mientras me paraba frente a ella para que no viera dentro de la casa.

—Cariño, ¿esa es la forma en que me recibes? -preguntó muy sorprendida-. ¡Qué falta de respeto!

—Perdón... ¿Qué haces aquí, madre? -corregí el tono de mi voz.

—Así está mejor. -respondió con una enorme sonrisa.

—Madre, sabes que a esta hora voy a la empresa, ¿Qué haces aquí?

—No te preocupes, ve tranquilo. No vine a verte a ti —me dijo, mientras recorría la mirada detrás de mí, intentando entrar. Nuevamente me puse enfrente de ella para impedirle el paso.

—Madre, ¿a qué has venido? —Le rogaba a los dioses que no fuera por Kagome.

—Cariño, ya sé de Kagome. No tienes que esconderla de mí.

—¿Y… cómo sabes de Kagome? —pregunté nervioso, hasta que cierto nombre vino a mi mente: Sango. ¡Maldición!

—Fue Sango la que te contó, ¿verdad?

—Hijo, no te enojes con ella. Sango hizo lo correcto en contarme. Ahora muévete, que quiero conocerla -me hizo a un lado y entró a la casa buscando a la chica en cuestión.

—Madre, Kag es muy tímida, y tú, con tus exagerados afectos, la vas a asustar -comencé a quejarme.

—No seas insolente con tu madre. Bien que te gustaban cuando eras niño.

—Pero ya crecí, y Kagome no es una niña, madre.

—Eso lo diré yo. Ahora, dime ¿Dónde está?

Mi madre siguió buscando en la sala, mientras yo resoplaba con fastidio por la chismosa de Sango. Ya me debes dos, Sango, pensé, mientras seguía a mi madre. Justo entonces Kagome apareció frente a nosotros.

—Inu... -se sorprendió al ver a mi madre, quien la miraba con una gran sonrisa y mucha curiosidad-. Mmmm... ¡hola!

—¿Es ella? -me preguntó con un leve chillido

—Sí, madre.

—Wow, ¡pero qué cosita tan linda!

Mi madre se acercó a ella para abrazarla. Pude ver a Kagome tensarse, así que preferí intervenir antes que la siguiera asustando.

—Kagome, ella es mi madre -le dije para tranquilizarla

—¿Tu mamá? -expresó muy nerviosa y asustada por el repentino abrazo

—Sí, cariño, soy su mamá. Me llamo Izayoi —dijo mientras la soltaba.

—Mucho gusto, señora Izayoi, yo me llamo Kagome Higurashi, para servirle —dijo, haciéndole una reverencia.

—¡Oh, pero si me la como! ¡Es tan tierna! —exclamó mi madre, apretándole sus mejillas. Kagome solamente le sonrió.

Yo también sonreí al verlas juntas, pero mi sonrisa se desvaneció de inmediato cuando una idea pasó por mi mente. ¿Acaso mi madre quería llevársela?

—Madre, ¿a qué has venido? —solté de golpe mientras ella me miraba como si la respuesta fuera obvia.

—Ya te dije, cariño, vengo a conocer a esta señorita tan linda... y… ¡A llevármela!

—Madre, Kag está bien aquí. No puedes llevártela —dije, mordiéndome la lengua, tal vez sonando demasiado protector, pero mi madre me miró y soltó una carcajada. Kagome y yo la miramos sin entender.

—Cariño, no te asustes. No me la voy a llevar a vivir conmigo, aunque ganas no me faltan. Sé que tú no me dejarías hacer eso, ¿verdad, cariño? -Su actitud me estaba confundiendo. Entonces ¿A dónde la llevarás?

Me puse nervioso. Si había alguien que me conocía a la perfección, era mi madre. ¿Acaso ella sabía algo? No, imposible, pensé.

—¿Hijo, me escuchas?

—Eh... sí, sí te escucho. Entonces, ¿por qué dijiste eso?

—Bueno, cariño, lo que quiero decir es que me llevo a Kagome para hacer las compras de su cumpleaños.

—¿Cumpleaños? —susurró Kagome detrás de mi madre, haciendo que los dos la miráramos.

Mi madre se acercó a ella.

—Sí, cariño, en unos días es tu cumpleaños, ¿verdad?

—Sí... —susurró ella.

—Bien, entonces hay que celebrarlo. No todos los días se cumple la mayoría de edad, ¿verdad, Inuyasha?

Me quedé viendo a mi madre. Detrás de esa sonrisa, escondía algo, estaba muy seguro.

—Inuyasha...

—Sí, madre, ya te escuché. Está bien, puedes llevártela contigo, si ella quiere, claro.

—Cariño, ¿quieres venir conmigo? La pasaremos muy bien. Sango también nos va a acompañar, ¿qué dices?

—Pues...

—Oh, vamos, no me dirás que no, ¿verdad?

—Bueno... está bien.

—¡WOW!, ¡Qué linda niña! —dijo mi madre para abrazarla de nuevo.

Esa palabra, "niña", ya me estaba hartando. Todos le decían así. Kag no es una niña, es una... Callé mis pensamientos al recordar ese sueño tan vívido.

—Hijo, ya puedes irte. Yo me voy con Kagome.

—Está bien, pero deja que llame a los guardaespaldas.

—No, cariño, no hace falta. Ya están afuera, esperándome.

—¿Cómo? —pregunté sorprendido.

—Cariño, ¿crees que tu padre me dejaría salir sin escoltas, más sabiendo que vengo por Kag? ¿Puedo llamarte Kag, cariño?

—Sí, está bien -respondió Kagome aún con timidez.

—Bien. -Nuevamente su mirada se enfocó en mi-. Como te estaba diciendo, hijo, tu padre ya me envió varios elementos. No te preocupes.

—¿Mi padre sabe de Kag? -Las sorpresas no dejaban de llegar. ¡Maldición, Sango!;

—Claro, corazón, entre nosotros no hay secretos.

—¿Y Sesshomaru? -pregunté con un atisbo de preocupación.

—Mmm... aún no lo sabe, pero tú dile, hijo.

Perfecto, pensé. Ahora todos sabían de ella.

—Bien, es hora de irnos. Kag, ¿estás lista, linda?

—Sí.

—Bien, entonces vámonos, ¿sí?

Mi madre tomó a Kagome del brazo y caminó hacia la puerta, mientras yo las seguía. Nos despedimos una vez estando afuera; ellas se fueron en el auto de mi madre, mientras yo me dirigía a la empresa. Sonreí por la actitud de mi madre, porque, después de todo, le cayó bien a Kagome.

—Kagome… -susurré, pero moví la cabeza para que las imágenes de ella se borraran de mi mente.

-¡No! ¡No! ¡No! Y ¡No! ¡No puedo pensar en eso! ¡No con ella! -Me recriminé mentalmente para seguir mi camino hacia el trabajo

*Perspectiva de Kagome*

Llegamos a una tienda muy bonita. En el camino pasamos por Sango, y ahora las tres estábamos aquí, en esta tienda.

—Señora, ¿Qué vinimos a buscar? —le pregunté.

—Cariño, no me digas "señora", dime Izayoi, ¿sí?

—Pero...

—Pero nada, dime Izayoi, así como lo hace Sango, ¿verdad, linda?

—Sí, claro que sí, Izayoi —dijo Sango sonriendo.

—Y bien, ¿Cómo me dirás? —preguntó Izayoi. Solté un suspiro antes de sonreírle.

—Izayoi...

—Muy bien, ahora entremos, ¿sí?

Las tres entramos a la tienda. Tenían muchos vestidos hermosos y mi vista se perdió en ellos. Había vestidos de fiesta, de gala, de todo tipo; era como estar en un paraíso de la moda.

—¿Te gusta la tienda, Kag? —me preguntó Sango.

—Sí, mucho. -le sonreí-. Está muy bonita.

—Bien, niñas, vamos a los vestidos de fiesta -sugirió Izayoi

—Sí —respondimos las dos.

Llegamos a donde había muchos vestidos hermosos. Caminé hacia ellos y toqué la tela. Era tan suave y bonita que no podía creer que estuviera en un lugar así, tan lindo.

—Kag, cariño, escoge tu vestido, linda.

—¿Mi vestido?

—Claro, a eso vinimos. Elige el que más te guste.

Miré los vestidos; eran muy hermosos, pero seguramente costaban mucho dinero. Miré a la mamá de Inuyasha.

—Izayoi, estos vestidos son muy caros, ya han gastado mucho en mí...

—Nada de eso, linda. Este es un regalo mío, no me vas a rechazar, ¿verdad?

—Yo...

—¿Verdad que no, linda? -insistió con una carita triste

—Está bien, usted gana -suspiré resignada

—Gracias, querida. Ahora escoge.

—Sí, Kag, escoge. Yo también voy a comprar uno para tu fiesta de cumpleaños —dijo Sango.

—¿Fiesta de cumpleaños?

—Claro, linda. Vamos a hacer una linda fiesta. Yo quería rentar un salón, pero por ser menor de edad, mi esposo me dijo que no se podía porque llamaríamos la atención. Así que después pensé en la casa de mi hijo, pero no caben todos. Por eso lo haremos en mi casa, ¿no es una buena idea, linda?

—¿En su casa? -pregunté nerviosa

—Claro, linda. Tengo un lindo patio, te va a gustar mucho. Ahora menos charla y a escoger los vestidos. Ve con Sango mientras yo escojo el mío, ¿sí?

—Bueno, gracias.

—Qué linda eres, Kag. Bueno, ya vayan.

Sango me tomó de la mano y caminamos hacia los vestidos.

—Kag, ¿Qué color quieres para el vestido?

—Pues, no sé...

—Rojo —me dijo ella con una sonrisa. No sé por qué, pero me sonrojé.

—No, Sango, porque tus vestidos rojos no tapan nada.

Ella soltó una risa.

—Sí tapan, Kag. Tapan lo que deben tapar —y me guiñó un ojo-. Mmm, Por cierto, Kag...

—¿Sí? —le respondí mientras veía unos vestidos verdes.

—¿Qué te dijo Inuyasha sobre el vestido?

Lo que tenía en las manos se me cayó, pero lo recogí inmediatamente.

—¿Inu... Inuyasha? ¿De qué me hablas?

—Pues, sobre el vestido. Te dijo... algo después de que nosotros nos fuimos.

—No, no, claro que no. Yo me fui a dormir antes de que ustedes se fueran, ¿recuerdas?

—Así lo recuerdo. Entonces, ¿no hablaron más sobre eso?

—No —dije, esquivando su mirada.

—Mmm, bueno —fue todo lo que me respondió

—Mira, Kag, este está muy lindo.

Volví mi vista hacia ella. Tenía un vestido blanco de tirantes, con mucho escote y una abertura en la pierna que llegaba hasta arriba.

—Sango, esta abertura está muy arriba...

—Claro que no, Kag, yo lo veo hermoso.

Claro que está hermoso, pero me daba pena la abertura en la pierna, pensé.

—¿Entonces no, Kag?

—No, Sango.

—Bueno, sigamos buscando.

Y así fue. Buscamos y buscamos; había tantos vestidos lindos.

Al final del pasillo, di con uno que llamó toda mi atención. Caminé hacia él y lo tomé. Era un vestido color rosa, largo, con escote y tirantes. Muy bonito. La parte del tronco era calada y la parte de abajo tenía capas, como un vestido de novia, pero no tan grande. Definitivamente hermoso.

—¡Qué lindo! —escuché a Sango detrás de mí, y le sonreí.

—Sí, está hermoso —y creo que mi sonrisa lo dijo todo porque Sango me volvió a hablar mientras se acercaba.

—Es totalmente de tu estilo, Kag.

—¿Tú crees?

—Claro, es lindo, inocente, pero con ese toque de sensualidad, igual que tú, Kag.

Me sonrojé, pero sonreí por lo linda que era Sango conmigo.

—Gracias —susurré.

—Solo digo la verdad, amiga —me sonrió para abrazarme, y yo hice lo mismo.

—Y bien, niñas, ¿ya encontraron sus vestidos?

—Sí —dijimos las dos.

Sango elevó el vestido que tenía en la mano. Era un vestido azul metálico, con un escote travieso, de tirantes, y con una abertura en la pierna derecha.

Yo también le mostré el mío a Izayoi.

—¡Qué lindos son sus vestidos, chicas! Miren, este es el mío.

Ella tenía un vestido color verde esmeralda, con mangas ajustadas y largo hasta los tobillos, con un escote en forma de corazón.

—Está hermoso —le dijimos las dos.

—¡Gracias, chicas! Ahora vamos a la caja para pagar, y después compramos lo que falta para la fiesta, ¿sí?

—Vamos.

Las tres fuimos a la caja, y mientras Izayoi pagaba, cubrió el mío, el suyo y el de Sango.

—Iza, yo iba a pagar el mío —dijo Sango apenada

—Nada de eso, Sango. Cuando estén conmigo, yo pago, ¿de acuerdo? O mejor dicho, mi marido —y las tres reímos por su comentario.

Una vez cubierta la cuenta, seguimos recorriendo la plaza, y después a seguir con los preparativos de la fiesta. Fuimos a ordenar el pastel, también a hablar con un organizador para que arreglara la casa ese día, y, por último, fuimos donde Jakotsu para invitarlo y pedirle que él se encargara de los peinados y el maquillaje para el evento. Él, muy contento, dijo que sí y feliz de estar en la fiesta.

Después fuimos a comer algo y, al final, regresamos a la casa de Inuyasha, más o menos a las seis de la tarde. Él ya estaba ahí, esperándonos con Miroku. Bajé del auto y corrí para abrazar a Miroku.

—Hola, Mir.

—Hola, Kag. ¿Cómo estás? ¿Te divertiste?

—Sí —le respondí con una sonrisa, separándome de su abrazo.

*Perspectiva de Inuyasha*

(Un par de horas antes de llegar a casa)

—Entonces, mamá ya sabe de Kag.

—Sí, Miroku, tu Sanguito se lo contó. Y también nuestro padre lo sabe. El único que no lo sabe es Sesshomaru. ¿Tú se lo vas a decir, Miroku?

—¿Yo? ¿Por qué yo?

—Porque tú empezaste todo esto y Sango lo siguió cuando le contó a nuestra madre.

—Inuyasha, ¿es mi imaginación o estás enojado con Sango?

Resoplé, ya fastidiado. Era obvio que estaba enojado con ella, pero no podía darle las razones a él.

—Es tu imaginación, Miroku, no estoy enojado con ella —le dije.

—Bueno, pero, de todos modos, no voy a ser yo quien se lo diga a Sesshomaru. Díselo tú.

—¡Que no!; se lo dirás tú.

—Inuyasha, no seas malo. Sé que me va a regañar.

—¿Y a mí qué me in…? —fui interrumpido cuando la puerta se abrió.

—¿Se puede? -preguntó una chica pelinegra, se trataba de mi cuñada.

—¡Hola, Rin!

Un clic hizo en mi cerebro, y por lo que vi en los ojos de Miroku, también pensó lo mismo. Ambos nos levantamos de nuestros asientos y caminamos hacia ella.

—¡Cuñadita! ¡Qué alegría tenerte aquí!

—Gracias, cuñado. Vine a ver a Sessho, pero está ocupado. Me dijo que viniera con ustedes, que no están haciendo nada.

—¿Eso te dijo el idiota de mi hermano? -dije molesto

—Sí -respondió encogiéndose de hombros.

—Inuyasha, eso es lo de menos —me habló Miroku, haciendo señas.

¡Oh, ya entendí!

—Rin, ven, siéntate aquí —la senté en mi asiento.

—¿Qué pasa, Inuyasha? -preguntó confundida y mucha curiosidad.

—No, nada. Solo quiero pedirte un favorcito… chiquito… nada más.

—¡Claro! —me sonrió.

—Bien, mira, escúchame bien.

Empecé a relatarle toda la historia y cuando terminé de contarla, ya no estaba tan seguro de haber hecho bien. Rin estaba llorando desconsoladamente.

—¡Cuñada, ya no llores! -exclamé desesperado.

—Si Sesshomaru te ve así, se va a desquitar con nosotros —le dijo Miroku.

—Él tiene razón, Rin. Por favor, ya no llores —le ofrecí un pañuelo, y ella lo recibió.

—Gracias —me susurró.

—De nada, pero nos vas a ayudar, ¿verdad?

—Claro que sí. Yo le digo a Sessho sobre Kag, y también quiero conocerla —me dijo mientras se limpiaba las lágrimas.

—¿Mañana te parece bien verla

—¡Súper bueno! Ya me voy. Cuando llegue a casa y haga una rica comida…

—Rin —la interrumpí—, no necesito los detalles de cómo vas a contárselo, ¿de acuerdo?

—Está bien —dijo con una sonrisa traviesa en su rostro, y después se despidió de nosotros—. Nos vemos mañana, cuñaditos.

—Sí, nos vemos mañana —le dijimos los dos.

Cuando nos quedamos solos, fue Miroku quien habló:

—Inuyasha, ya es tarde. Vamos a tu casa para esperar a mamá y a las chicas antes de que Sesshomaru nos vea y nos dé más trabajo.

—Sí, vamos. No lo pensé tanto. Solo tomé mi chaqueta y caminé hacia la puerta.

-.-.-

Cuando llegamos, vimos que aún no llegaban. Le mandé un mensaje a los guardaespaldas, y ellos nos dijeron que en 40 minutos estarían allí.

Miré a Miroku y le pregunté:

—¿Quieres una cerveza mientras esperamos aquí en el patio?

—Claro.

—Bien —me fui por dos cervezas.

Esperamos los 40 minutos, y al fin llegaron. Cuando vimos el auto, vi a Kag bajar corriendo para saludar a Miroku, y otra vez esa molestia me envolvió.

¿Por qué tiene que ser tan cariñosa con los demás? pensé.

Caminé hacia ellos, y Kag se separó de Miroku para que Sango lo saludara.

—¿Para mí no hay un abrazo? —le susurré desde atrás.

Ella se dio la vuelta, y pude notar un pequeño rubor en sus mejillas, algo que me encantaba. Entonces me abrazó, y yo la rodeé con mis brazos mientras respiraba su exquisito perfume.

—¡Inuyasha, hijo! ¡Ayúdanos con esto!

—¿Eh? —Me separé de Kag mirando a los demás, pero tanto Sango como Miroku estaban sacando paquetes del auto. La única que vi fue mi madre, y su sonrisa era algo que me ponía demasiado nervioso.

—Ya, ya voy, madre —dije, y sin mirarla, pasé a su lado para ayudar con los paquetes.

—¿Pedimos comida italiana? —preguntó Sango.

—¡Oh, a mí me encanta! ¿Les parece bien la idea? —preguntó mi madre y todos aceptamos.

—Bien, comida italiana será —exclamó feliz Sango mientras hacía el pedido.

Entramos a la casa y empezamos una plática amena sobre cómo fue el día de ellas y el de nosotros, mientras esperábamos la cena.

Continuará...


Si llegaron hasta aquí, ¡gracias!

Crédito de la ortografía a la bella autora Kayla Lynnet ¡gracia linda!

ACLARACIÓN: Mis amores, solamente quiero hacer una pequeña aclaración respecto a esta historia. Como sabrán, esta historia se desarrolla en el Japón actual (AU), y de acuerdo con las leyes japonesas, la edad de consentimiento para mantener relaciones sexuales con una chica es a partir de los 16 años. No se busca en ningún momento molestar a los lectores ni mucho menos dejar un mal mensaje. Recuerden que esto es mera FICCIÓN, solo una historia que busca entretener a los lectores. Todos los temas siempre serán tratados con respeto y siguiendo las leyes actuales del lugar donde se origine brindando un poco de realismo al FANFIC.