Kayla Lynnet: ¡Hola linda! No era un sueño mojado como pensaron, era el sueño mas bello de Izayoi, viendo como sus hijos rescatan a su nuera de ese lugar.
¿Mujer? ¿Quien dijo mujer? Yo no, fue sango, no yo jajajaja
Rin, Rin, siempre tan bella, pero Miroku cuando sepa que su mejor amigo tiene sueños húmedos con su niña, jajaja madre mía.
¡Saludos linda!
Cbt1996: ¡Hola linda! Iza con su sueño, hará lo que sea para que Kag sea la esposa de su hijo, y Sango también. Ella ya está preparando el campo para esos tortolitos jajaja.
Rin es una chica algo traviesa, tanto que a Inu y Miroku no les va a gustar mucho en este cap jajaja.
Sesshomaru siendo sesshomaru jaja.
Inu odia que le digan niña jajaja.
Bella, no faltan 3 días, falta un día para el cumpleaños, osea, hoy por que en el cap 7 cuando termina la charla de Rin y Kag ya pasamos a la perspectiva de Inuyasha y dice dos días después jijiji.
¡Saludos linda!
Karii Taisho: ¡Hola linda! Deja de pensar en esos sueños húmedos cochina jajaja.
Ya ves, por eso te dije que Sango sabía cosas que nadie mas sabía, excepto Izayoi, jajaja, por eso se comporta de esta manera jajaja.
X2 Sango es perfecta en todos los universos.
El artillero pesado mamá, morí jajaja pero que comes que adivinas jajaja. Y los sartenes mmm vamos a ver si los ocupamos linda jijiji.
Sango metiendo la pata con el vestido jaja
Linda no faltan 3 días solo es 1, en el cap anterior, en la perspectiva de Inuyasha, ahí pasaron 2 días, osea solo queda uno siiiii. Y colmillo aguanta, aguanta jajaja
¿Quien será esa mujer? mm jaja
Iza la amo como suegra
Y la risa de Sesshomaru, falsa y fria, ay pero como amo esa sonrisa jajaja.
No juego con los títulos lo que pasa es que tu eres muy perver jajaja
¡Saludos linda!
Annie Pérez: ¡Hola linda! Siiiiiiiii Izayoi conoció a Kag en un sueño, y cuando Sango le dijo de Kag, ella no lo pensó dos veces para ir a verla y confirmar que es su Kag, su Kag de los sueños. En su cumpleaños hay algunas cositas jiji ojalá te guste linda.
¡Saludos bella!
CAPITULO 8
¡FELIZ CUMPLEAÑOS!
*Perspectiva de Kagome*
Un ruido me despertó. Cuando abrí mis ojos y los froté, vi a Inuyasha, Miroku, Izayoi, Sango y Rin en mi cuarto con una torta.
—¡Feliz cumpleaños, Kagome! —gritaron todos juntos.
La emoción me ganó, mis ojos se llenaron de lágrimas y lloré de felicidad. Pero creo que ellos lo malinterpretaron porque sentí cómo Inuyasha y Miroku se sentaron a mi lado, muy preocupados.
—Pequeña, ¿qué tienes? ¿Hicimos algo mal? —me dijo Inuyasha, y yo negué con la cabeza.
—No, todo lo contrario -respondí entre sollozos-. ¡Esto es muy lindo!
—Y entonces, bonita, ¿qué pasa ahora? —fue Miroku quien me habló.
Me limpié las lágrimas y respiré para poder responderle.
—La última vez que alguien me felicitó por mi cumpleaños fue cuando cumplí 14 años, y fue mi familia. Los extraño mucho —dije, mientras cubría mi rostro con las manos debido a la emoción y los sentimientos que me inundaron en ese instante, y lloré de nuevo.
Sentí cómo fui envuelta en un abrazo, tanto de Inuyasha como de Miroku. Los dos me abrazaron con tanto cariño.
—Perdónanos, Kag. Si hubiéramos sabido que te pondrías triste…
—No, Miroku —lo interrumpí—. No estoy triste, al contrario, estoy muy feliz de estar aquí con todos ustedes. Solo que recordé a mi familia cuando celebrábamos los cumpleaños. Éramos muy felices, como ahora lo soy después de mucho tiempo. Gracias por la sorpresa, estoy feliz de estar aquí.
—Kag... —Y ahora fue Inuyasha quien me abrazó más fuerte—. Desde ahora ya no estarás sola, nos tienes a todos nosotros para cuidarte y protegerte.
—Gracias, Inu —le regalé una sonrisa.
—¿Para mí no hay una sonrisa? —me reprochó Miroku, y todos reímos, dejando que la tristeza desapareciera para que ahora todos sonriéramos. Le regalé una gran sonrisa a Miroku.
—Así está mejor —me respondió.
—A ver, niños… -dijo Izayoi tomándolos de la mano- háganse a un lado que Kagome tiene que apagar las velitas.
Los dos se levantaron y Sango se acercó con el pastel.
—Bien, Kagome, pide un deseo para apagar las velitas.
—¡Sí! —dije con una sonrisa. Mi deseo estaba claro, así que miré a todos, cerré mis ojos y pedí mi deseo.
"Deseo que todos aquí sean muy felices por siempre" dije en mis pensamientos y soplé las velitas. Todos gritaron emocionaron y me aplaudieron. En verdad, estaba disfrutando este momento.
—¿Qué pediste? —preguntó Rin con curiosidad
—¡No, querida! Kagome no puede decir su deseo o no se le cumplirá. —dijo Izayoi, y todos reímos porque Rin se cruzó de brazos como una niña pequeña.
Sango dejó el pastel en la cómoda y tomó un regalo y me lo entregó.
—¡Feliz cumpleaños, Kagome!
—¡Gracias, Sango!
Muy emocionada, lo abrí y me encontré con un lindo diario de vida.
—Para que de ahora en adelante escribas puras cosas lindas de tu vida, amiga.
—¡Está hermoso, Sango! —la abracé.
—¡Ahora yo! —exclamó Rin, y me entregó su regalo.
—¡Gracias, Rin! —Exclamé emocionada. Era una caja grande. Lo abrí y en su interior, había un precioso juego de maquillaje—. Está muy bonito, Rin.
—Me alegra que te guste, Kagome —expresó con una dulce sonrisa—. Ahora que ya eres toda una mujer y preciosa, habrá muchos chicos detrás de ti, amiga. —Me sonrojé por su comentario, mientras ella se reía traviesamente.
—¡Eso no es chistoso, Rin! —dijo Miroku en un tono algo molesto. Ambas lo miramos, y la sonrisa se me borró cuando Miroku, pero sobre todo Inuyasha, miraron con ojos acusadores a Rin.
—¿Por qué no, chicos? Kagome ya está en edad de tener novios
—¡Por supuesto que no! —gritaron ambos
—Ya, ya, no peleen —intervino Izayoi para relajar el ambiente que comenzaba a ponerse tenso. Luego se acercó a mí y también me dio un regalo—. Feliz cumpleaños, hija —me abrazó dulcemente, se sentía como estar de nueva cuenta en los brazos de mi madre.
—¡Gracias, Iza! —dije con la voz temblorosa y correspondí ese abrazo.
Abrí el regalo y mis ojos se nublaron por las lágrimas. Era un cuadro de plata, pero mi sorpresa fue por la foto que tenía, no podría creerlo.
—Mamá… —susurré y vi a Izayoi llorando—. ¿Cómo es que…?
—Hablé con Miroku, que está a cargo de tu caso en contra de tu tío. Contrató un detective privado para hacer algunas averiguaciones. —Respondió con seriedad—. Resulta que tu tío quiso vender la casa de tus padres, pero no pudo porque está a tu nombre. Entonces decidió vender todo lo que había dentro para después arrendarla.
—¿Qué? -dije sorprendida tratando de procesar esa información.
—Después fui a hablar con los inquilinos para saber si aún había cosas de ustedes en esa casa. Me dijeron que aún había cajas en el ático, y muy amablemente me dejaron ir a revisar, pero solo estaban llenar de cosas viejas y rotas, hasta que en una caja pequeña encontré esta foto de tu familia.
—Sí —dije, volviendo a mirar el cuadro y acaricié la imagen—. Esta foto… —susurré, pero lo suficientemente audible para que todos pudieran escucharme—. Esta foto fue cuando cumplí 14 años. Fue mi último cumpleaños con ellos. —Llevé la foto a mi pecho para llorar en silencio, pero con una sonrisa de felicidad por tener este bello tesoro conmigo—. Gracias, Izayoi, muchas gracias —la abracé con toda la devoción y gratitud del mundo.
—Shhh, ya, pequeña Kag. No llores. Hoy es un día de felicidad para ti. Regálame una sonrisa.
Me separé de ella y le regalé la sonrisa más grande y sincera de mi vida.
—Sí, Iza, tienes razón. Seré feliz porque mi familia así lo habría querido.
—Así se habla, cariño —me respondió Izayoi—. Ahora termina de abrir tus regalos, ¿sí?
—Sí —respondí limpiando las lágrimas.
—Bien, creo que ahora es mi turno —se acercó Miroku para darme un abrazo—. ¡Feliz cumpleaños, hermanita!
—Gracias, hermano —le respondí muy feliz.
Me entregó una caja pequeña, y al abrirla, me encontré con una linda pulsera muy brillante.
—¡Qué lindo, Miroku! Mira cómo brilla.
—Claro, linda, es de diamantes —me dijo sin problema.
Su respuesta me sorprendió, me quedé viéndolo, pálida.
—¿Cómo que diamantes?
—Sí, diamantes.
—¡Por Dios, tuvo que costar una fortuna! -exclamé preocupada
—Nada de eso, Kag. Es mi regalo, así que no acepto un no por respuesta.
Le regalé una sonrisa de agradecimiento.
—Gracias, Mir. La cuidaré con mi vida para que no se pierda.
Todos sonrieron por mi comentario, haciendo que me sonrojara un poco.
—No te preocupes, Kag. Es solo un regalo, y si se pierde, te regalo otra. No hay problema.
—Miroku —pronuncié y lo abracé—, muchas gracias por ser más que un hermano para mí, Mir. Eres como un padre.
—No tienes nada que agradecer. Lo hago con cariño.
—Bien, bien, creo que falta Inuyasha, ¿verdad? —escuché a Sango decir, sacando a Miroku y dejando que Inuyasha se acercara a mí.
—¡Feliz cumpleaños, pequeña! —me abrazó, y correspondí su abrazo—.
—Gracias —le susurré.
Cuando nos separamos, abrí su regalo. Era un hermoso juego de collar, artes y anillos. Tenían una lágrima de un color rojo intenso, rodeado de pequeños cristales.
—¡Qué hermoso! —susurré.
Escuché que Inuyasha me decía:
—Es un juego de rubíes. ¿Te gusta, Kag?
—¿Eh? ¿Rubíes?
—Sí, y antes de que digas nada, no acepto un no por respuesta. Y te repito lo que te dijo Miroku: no importa si se pierde alguna pieza, no pasa nada. Yo feliz te compro otro —terminó de decirme con una sonrisa.
Me quedé hipnotizada con su mirada y me sonrojé, volviendo la vista al estuche con el juego de rubíes.
—Gracias, Inuyasha, está muy hermoso —lo abracé—. De verdad, gracias.
—Me alegra que te guste, Kag —me susurró y dejando un beso en mi cabello.
—Bien, ahora dejemos que la cumpleañera se levante para que comamos la torta, porque se les va a hacer tarde para la fiesta —dijo Rin.
—Sí, Rin tiene razón. Tenemos que ir a la casa de Iza antes de que lleguen los invitados —pronunció Sango.
—¿Invitados? ¿Qué invitados, Sango? —pregunté con gran curiosidad.
—No te preocupes, linda, solo son algunos invitados, los más cercanos a la familia —me respondió Izayoi.
—Bueno... —dije en un susurro, no muy convencida.
—Bien, ya salgamos del cuarto para que Kagome se cambie y desayunemos antes de irnos.
Y así, todos salieron dejándome sola en mi cuarto. Tomé entre mis manos el cuadro donde estaba la foto de mi familia.
—Mamá, papá, hermano... ¡sé que fueron ustedes los que me trajeron a estas personas tan buenas! —susurré, abrazando la foto con una sonrisa de agradecimiento a mi familia, porque aún me cuidaban desde el cielo.
Dejé la foto en mi cómoda y me levanté. Tomé todos los regalos y los guardé con cuidado. Agarré el estuche del regalo de Inuyasha y llevé mis dedos para acariciar la linda joya.
—¡Es bonito! —susurré.
Cerré el estuche para guardarlo también. Caminé al baño y me di una ducha. Cuando salí, me puse un conjunto deportivo y unas zapatillas, me peiné y bajé con los demás.
Todos estaban en la mesa esperándome. Desayunamos amenamente y después partimos el pastel.
—Kagome, te vas a ver hermosa hoy, ¿verdad que sí, chicos? —dijo Izayoi alegremente.
—Estoy de acuerdo contigo, Iza. Kagome se ve muy hermosa hoy —respondió Sango con una sonrisa.
El halago me sonrojó un poco.
—¿Ya terminaron, chicos? Se les va a hacer tarde —volvió a hablar Izayoi mientras se levantaba para limpiar la mesa.
—Mamá, aún no termino —se quejó Miroku.
—Ya, Miroku, ¡en la casa comerás más, glotón! —exclamó Sango.
Todos reímos mientras le quitaban el plato. Entre todos limpiamos los platos y nos fuimos a casa de Izayoi. Yo me fui con ella e Inuyasha, y en el otro auto iban Miroku, Sango y Rin.
—Kagome, fue buena idea haber llevado todos los vestidos a mi casa para no tener que cargarlos hoy —dijo Izayoi.
—Sí, Iza, fue una buena idea.
—Por favor, si van a hablar de vestidos, me tiro del auto —comentó Inuyasha con una sonrisa, lo que hizo enojar a su mamá.
—No seas insolente con tu madre, niño —y lo golpeó en la cabeza.
—Shhh, solo era una broma, mamá —se quejó tallando su cabeza.
Iza y yo solamente reímos.
Después de unos 40 minutos, Inuyasha dijo que habíamos llegado.
—Listo, ya llegamos —respondió mientras apagaba el auto.
Me quedé asombrada. Más que una casa, parecía un palacio.
—Es muy grande —susurré.
—¿Te gusta, linda? —me preguntó Izayoi mientras salía del auto cuando Inuyasha le abrió la puerta. Después me la abrió a mí, pero se me olvidó darle las gracias porque mis ojos estaban fijos en la hermosa casa.
—¿Te gusta? —volvió a preguntar Izayoi.
—Sí, está hermosa, parece un palacio.
—Bueno, de hecho, es una mansión -respondió con una risa suave-. Vamos, entremos.
Entramos y todo era hermoso. Un hermoso patio con muchos árboles de sakura, y el patio principal ya estaba decorado para la fiesta.
—¡Qué lindo está todo! —escuché a Miroku detrás de mí, con las chicas.
—Sí, está muy bonito —respondí.
Todos caminamos hacia la casa. Al entrar, fuimos a la sala de la mansión.
—Oh, mira, querida, ahí vienen mi esposo y Sesshomaru.
Me di la vuelta y vi a dos hombres muy parecidos a Inuyasha acercarse. Quedé impresionada por su parecido.
—Son casi iguales —susurré.
—Esa es la genética de los Taisho, linda —me respondió Rin mientras corría a abrazar al joven Sesshomaru.
—¡Wow! ¿Ella es Kagome? —preguntó el esposo de Izayoi.
—Sí, cariño —respondió Izayoi—. Kagome, él es mi marido, Inu no Taisho, y él es Sesshomaru Taisho.
—Mucho gusto, señor Inu no Taisho, joven Sesshomaru —hice una reverencia a los dos—. Muchas gracias por permitir que hagan esta fiesta, señor. Muchas gracias —e hice otra reverencia.
—Pero qué encanto de muchachita. Mucho gusto, soy Inu no Taisho. Es un placer conocerte, Kagome. ¿Puedo llamarte Kag?
—Sí, claro —Respondí tímida.
—Qué linda.
A decir verdad, el señor Inu no Taisho portaba una presencia que intimidaba a cualquiera. Alto, ojos dorados, cabello platinado atado a una coleta, que quien lo viera, pensaría que es de esas personas poco amistosas. Pero era todo lo contrario, al menos conmigo se estaba portando muy amable.
—Hola, mucho gusto. Soy Sesshomaru Taisho. Un placer conocerla, señorita Higurashi.
—Hola, mucho gusto, joven Sesshomaru —le extendí la mano e hice una reverencia, al igual que él.
—Solo dígame Sesshomaru, señorita Higurashi.
—Está bien, pero si usted me llama Kagome, o Kag, como prefiera Joven Sesshomaru
—De acuerdo, Kag. Toma —extendió una caja hacia mi—, ¡Feliz cumpleaños!
—Muchas gracias, Sesshomaru —le dije con una reverencia y me dispuse a abrir el regalo. Era un lindo estuche de terciopelo y, al abrirlo, encontré un bello collar.
—¡Oh, qué lindo collar de diamantes, Sesshomaru! —pronunció Miroku a mi lado.
Miré a Sesshomaru para dar las gracias.
—Muchas gracias, Sesshomaru, ¡está hermoso!
—Me alegra que te haya gustado.
—Bien, bien, ahora me toca a mí. Ven, Kagome.
Inu no Taisho me sujetó de la mano y me llevó afuera ante los ojos atónitos de Inuyasha.
—Padre, ¿a dónde la llevas? —le preguntó con gran curiosidad.
—A que vea su regalo. —Todos nos siguieron para saber de qué se trataba
—Listo, Kagome, ¡feliz cumpleaños, linda!
Me señaló al frente y, cuando dirigí la vista, solté un grito de emoción. Le pasé mi regalo a Sango para que lo cuidara y corrí a abrazar y besar mi regalo.
—¡Un pony! ¡Por todos los Kamis! ¡Un pony! —chillé de emoción.
Era un hermoso pony blanco con manchas color café. Lo abracé y lo besé; era tan lindo. Mi gran sueño de niña.
—Me alegra que te guste, Kagome. -expresó el señor Inu no-. Mi esposa Iza me contó el otro día, que cuando salieron, le dijiste que de niña te habría gustado tener un pony, así que ahora ya tienes uno.
Dejé el pony ahí mismo y corrí a abrazar al señor Inu no Taisho.
—¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Me encanta, me encanta mucho!
Cualquier persona que me viera me juzgaría por actuar como una niña, incluso podrían llegar a pensar que tenía mentalidad de una niña, pero realmente, estaba dejando salir todas mis emociones, esas emociones que por mucho tiempo mantuve reprimidas por la vida tan oscura y cruel que viví a lado de mi tío. Todo lo que estaba viviendo con los Taisho era nuevo para mí, y eso era como una caricia para mi corazón. De repente, las carcajadas de Iza, Sango y Rin me sacaron de mis pensamientos.
—¿De qué se ríen? —pregunté, algo confundida.
—Oh, perdón, querida, es que las caras de mis hijos están para una foto.
Me di la vuelta para ver a Inuyasha y Miroku, y ambos estaban mirando a su padre con cara de enojo.
—Oh, hijos, no se enojen. A Kagome también le gustaron los regalos que ustedes le dieron, pero si ahora le gusta más el que su padre le regaló, no es nuestra culpa —volvió a reírse con las demás chicas.
Caminé hacia ellos con una sonrisa.
—Chicos, a mí me gustaron mucho sus regalos, de verdad. –Los dos me sonrieron.
—Gracias, Kag, pero sabemos que no podemos competir con un pony —respondió Miroku.
No dije nada, solo los abracé con cariño porque, en el fondo, amaba los regalos que me dieron, pero... un pony es un pony —pensé feliz.
—Disculpe por venir a molestar, señora, pero los invitados están por llegar —comunicó la chica encargada de la fiesta.
—¡Por Dios, tienes razón! —exclamó Iza—. Gracias, linda.
—Bien, con permiso —se dio la vuelta y se retiró del lugar.
—Bien, chicas, vamos, tenemos que cambiarnos. Kagome, vamos.
—Sí, ya voy —respondí. Corrí hacia mi pony, lo abracé una vez más y me fui con las demás chicas.
*Perspectiva de Inuyasha*
—Bravo, padre, ¿por qué no nos hablaste del pony? —pregunté un poco molesto.
—¿Estás loco? Permitir que ustedes dos compren un pony a lo loco... no, gracias. Además, los conozco, y sé que ustedes iban a optar por cosas caras, como joyas. ¡Hasta Sesshomaru compró un collar carísimo! —exclamó mi padre.
—Pero es un collar elegante, padre —se defendió mi hermano.
—Oye, el nuestro también lo es —le respondió Miroku.
—Sí, ya lo creo. Mejor me voy a cambiar, nos vemos después —dijo, y se marchó.
—Yo haré lo mismo. Ustedes también vayan a cambiarse —agregó mi padre.
—Sí, padre —respondimos, y nos fuimos a cambiar.
-.-.-
Después de una hora, bajamos a la sala a esperar a las chicas y a mi madre.
Yo llevaba un traje de etiqueta color negro con una corbata platinada, y mi padre, al igual que yo, vestía un traje negro, pero su corbata era dorada. Miroku llevaba puesto un traje azul oscuro y la corbata también era azul. Sesshomaru llevaba un traje gris con una corbata platinada.
—¡Oh, pero qué guapísimos están! —Esa fue la voz de mi madre cuando bajaba por las escaleras.
Se veía hermosa en su vestido color esmeralda. Mi padre se acercó a ella para ayudarla con los últimos peldaños.
—Amor, te ves hermosa —le dijo mi padre mientras la besaba.
—¡Aaah! ¡Por favor, hagan eso en privado! —exclamé y ellos comenzaron a reír.
—Hijo, eso lo dices porque no has encontrado a la mujer que te acompañará toda la vida, como yo y tus hermanos.
No dije nada, me quedé callado, y la imagen de cierta jovencita sonriendo llegó a mi mente.
—¿Y las chicas, mamá? —preguntó Miroku a mi lado.
—Las chicas ya vienen.
Miré hacia las escaleras y la primera en bajar fue Rin, que llevaba un vestido amarillo. Sesshomaru se acercó y también la ayudó a bajar las escaleras para luego depositar un beso en su mano. La segunda fue Sango, que tenía puesto un vestido azul metálico. Miroku también la ayudó a bajar, pero este fue más descarado, la besó frente a todos.
—¡Oye, vayan a un hotel! —le grité en tono de burla.
—Eso lo dices por envidia —me soltó Miroku, y todos reímos.
Mi vista se enfocó en la parte superior de las escaleras y la vi. Quedé con la boca abierta. ¡Por todos los dioses, Kagome se veía hermosísima! Era la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Llevaba un vestido largo color rosa que destilaba inocencia y sensualidad a la vez.
—¿Te vas a quedar ahí mirándola toda la noche, hijo? Ve a ayudarla —me susurró mi madre al oído, y yo caminé automáticamente hacia Kagome. Tomé su mano y la ayudé a bajar.
—¡Te ves hermosa, pequeña!
—Gracias —me dijo con una sonrisa tímida mientras caminábamos hacia donde estaban los demás.
—¿Verdad que se ve hermosa? —exclamó feliz mi madre, y todos los presentes le dimos la razón.
Justo en ese momento, una empleada nos interrumpió.
—Disculpen, los invitados están llegando.
—Oh, gracias, querida —le respondió mi madre.
—Bien, vamos. Tú, Miroku, ve con Sango; Sesshomaru, con Rin; yo iré con tu padre, y Kagome saldrá con Inuyasha. Y recuerden, Kagome es una amiga de la familia que va a celebrar su cumpleaños con nosotros, ¿está bien?
Todos asentimos.
—Bien, vamos —dijo, y todos salimos al patio.
Le ofrecí mi brazo a Kagome; ella lo tomó y caminamos hacia el patio.
—Te ves muy hermosa, Kag —le susurré cerca, para que nadie me escuchara.
—Gracias, Inu. Tú también te ves muy lindo.
La miré, pero ella esquivó mi mirada. Seguro porque se sonrojó, sonreí por eso y llegamos donde estaban los demás.
Los invitados ya estaban llegando, y como pensé, mis padres habían invitado a los socios más importantes que teníamos. En una mesa especial y muy decorada, dejaban sus regalos para la cumpleañera.
—Madre, ¿el tío Myoga también vendrá?
—Claro, cariño. Myoga y tu padrino Totosai también.
—¿El viejo Totosai está en Japón?
—Inuyasha, más respeto con tu padrino —me reclamó mi madre.
—Solo decía...
—Sí, claro. Y sí, llegó anoche muy tarde a Tokio, así que él también vendrá.
—¡Qué bien! —dije, y mi sonrisa se borró cuando vi a la persona que caminaba hacia nosotros—. ¿Qué hace este aquí? —pregunté con seriedad.
—¡Inuyasha, es hijo de uno de nuestros socios! Era obvio que también vendría —me susurró mi padre.
—Hola, ¿cómo están? —saludó Koga.
—Hola —respondimos todos.
—Hola, Koga —lo saludé de mala gana.
—Hola, Inuyasha —me respondió, pero su vista se fue hacia Kagome—. Así que tú eres la cumpleañera, ¿verdad?
—Sí.
—Ah, pues mucho gusto. Soy Koga Tendo. ¡Feliz cumpleaños, bella señorita! —le tomó la mano y le dio un beso en el dorso.
Quise golpear al maldito, pero Miroku intervino.
—¡Hola, Koga! Cuánto tiempo sin verte —le tomó la mano para saludarlo, y así lo separó de Kagome, lo cual, agradecí internamente.
Por lo que vi en la cara de Miroku, a él tampoco le gustó que ese sarnoso estuviera cerca de Kagome, y cómo no, si ese idiota tenía fama de mujeriego; todas las semanas le tomaban fotos con una mujer distinta.
—Sí, Miroku. Llegué hace unos días de Europa —respondió Koga mientras yo salía de mis pensamientos—. Y cuando mi padre me habló de esta fiesta, no dudé en asistir, y mucho menos perder la oportunidad de ver a esta hermosa dama. —dirigió su mirada nuevamente hacia Kagome—. Espero que me concedas un baile, hermosa.
—Eh... yo... —Kagome se notaba incómoda con la presencia de Koga.
—Koga, me alegra que estés aquí —fue mi madre quien se interpuso.
—Gracias, señora Izayoi Taisho, por la invitación.
—De nada, cariño, es un placer. Mejor, ¿por qué no nos llevas a mi esposo y a mí a saludar a tus padres, cariño?
—Claro, vamos —y mis padres se fueron con él.
Cuando ya no los vi, miré a Miroku.
—¿Qué hace ese maldito aquí?
—No sé, pero a mí tampoco me gusta que esté aquí, Inuyasha.
—Solo espero que no hagan escándalos, ¿de acuerdo? —me advirtió Sesshomaru antes de irse a saludar a unos socios.
—¿Quién es? —me preguntó Kagome.
—¿Quién? ¿El pulgoso de Koga?
—Sí, bueno, hablo del joven llamado Koga, no del apodo que tiene.
—¡El pulgoso! —exclamé con burla
—¡Inuyasha, te van a escuchar! —ella me reprendió
—¿Y qué?
—Kag, si supieras, esos dos se tratan así desde la universidad. Inuyasha le dice "pulgoso" y Koga le dice "bestia".
—¿Por qué se hablan así de feo?
—Larga historia, Kag —le respondí. Pero la miré a la cara—. Kag, trata de mantenerte lejos de él, ¿sí?
—¿Por qué?
—Solo hazme caso, ¿verdad, Miroku?
—Sí, Inuyasha tiene razón.
—Bueno, así será —nos respondió.
El tiempo fue pasando, y la fiesta estaba saliendo a la perfección. Había muchos invitados, y como pensé, a mi tío Myoga y a mi padrino Totosai les cayó de maravilla conocer a Kagome.
Un rato después, comencé a buscarla, lo último que sabía era que se había ido con Rin. Logré verlas a los lejos y había dos tipos con ellas que se estaban riendo.
—Inuyasha, te estaba buscando —escuché a Miroku detrás de mí.
—¿Quiénes son esos idiotas, Miroku? —le pregunté, serio.
—¿Quiénes? —miró hacia donde yo lo hacía—. Son amigos de Rin, Hoyo y Nobunaga, creo que así se llaman. ¿Y qué demonios hacen tan cerca de Kagome? —se preguntó ahora él, serio.
—No lo sé, pero no me gusta cómo esos idiotas le hablan con tanta confianza.
—A mí tampoco.
—Ten, ya vuelvo —Le pasé mi copa a Miroku.
—¿Qué vas a hacer, Inuyasha?
—Tú ve donde el DJ para que ponga música, creo que ya es hora de que Kagome baile en su cumpleaños. Voy por ella, ¿de acuerdo?
—Está bien —respondió, y se marchó hacia el DJ.
Me dirigí hasta donde estaban las chicas, y las risas de aquellos hombres se hacían más audibles conforme me acercaba.
—¡Hola! Y con permiso, me llevo a la cumpleañera —dije tomando la mano de Kag y alejándome con ella.
—¡Inuyasha! —escuché la voz de Rin detrás de mí, pero no le hice caso y me fui con mis padres.
La música empezó, y cuando llegué donde ellos, les pregunté:
—Bien, ¿quién será el primero en bailar con Kagome?
—Yo —dijo mi padre.
—¿Y por qué tú? —preguntó Miroku.
—Porque yo le regalé un pony.
Todos nos reímos.
Mi padre tomó a Kagome y se fue a bailar con ella. Nosotros nos quedamos esperando nuestro turno, pero la voz de Rin me distrajo.
—¡Inuyasha! Fuiste muy grosero, ¿lo sabías?
—¿Qué pasó? —preguntó Sesshomaru.
—Mi cuñado se comportó muy grosero con mis amigos Hojo y Nobunaga.
—No lo hice —me defendí.
—¡Sí lo hiciste!
—Rin, Inuyasha solo fue a buscar a Kagome, nada más —se metió Miroku.
—Pero la sacó de una manera muy poco educada.
—Rin, mi hermano no es educado, ¿por qué te asombra? —le habló Sesshomaru.
—Pero, amor, mis amigos solo estaban hablando con Kagome, nada más.
—¿Solo eso? Tus amigos se la estaban devorando con la mirada —reprochó Miroku.
—No es verdad. Además, ¿qué tiene? Kagome es hermosa y puede tener amigos y hasta un novio.
Tanto Miroku como yo miramos a Rin seriamente, cosa que Sesshomaru notó e intervino.
—A ver, nos calmamos porque hay invitados y es la fiesta de Kagome, ¿de acuerdo, Rin?
—Sí... —respondió bajando la mirada.
—Por lo que me contaste sobre la vida de Kagome, creo que es muy pronto para que ella interactúe con jóvenes. —le dijo Sesshomaru tomando sus manos—. Mejor hay que darle su espacio poco a poco, ¿vale?
—Pero...
—Pero nada. Ven, vamos a bailar.
Rin no dijo nada más, solo me sacó la lengua y se fue con mi hermano. Yo también le saqué la lengua, en modo triunfal, mientras me sentaba y esperaba mi turno.
Los minutos pasaron. Kagome bailó con mi padre, con Sesshomaru, y con Miroku, mientras yo seguía esperando mi turno.
*Perspectiva de Sango*
—¡Iza!
—Dime, cariño.
—Creo que tenemos problemas con Rin.
—¿Por lo de hace rato, lo dices, linda?
—Sí. Rin no sabe nada de tu sueño, Iza, y estoy viendo que anda en busca de un novio para Kag.
—Eso no me gusta nada.
—Iza, vamos a tener que hablar con Rin para que sepa toda la historia.
—Sí, cariño. Cuando termine la fiesta, hablamos con ella.
—Sí —dije, y vi que Miroku dejó de bailar con Kag y se acercó a mí.
—Sanguito, ahora sí soy todo tuyo —dijo, sonriendo.
Sonreí, tomé su mano y nos fuimos a bailar.
*Perspectiva de Inuyasha*
Cuando la canción terminó, me levanté, y Miroku me cedió el segundo baile.
—Gracias —le dije.
—De nada, hermano.
Tomé la mano de Kag. La música empezó, y nos pusimos a bailar. Llevé mi mano a su cintura mientras que con la otra sostenía la suya, y empezamos a ser guiados por la música.
—Te ves tan hermosa, pequeña.
—Es la tercera vez que me lo dices.
—Y no me canso de decirte lo hermosa que eres, Kag.
Ella me sonrió y recostó su rostro en mi pecho. Ese gesto hizo que mi corazón se acelerara, pero sonreí porque solo conmigo Kag tuvo ese gesto de recostar su cálido rostro en mi pecho.
—¿Por qué no me dijiste que querías un pony? —le susurré en su coronilla.
—¿Me habrías comprado uno? —me dijo, sonriendo y mirándome a la cara.
—Te habría comprado una parcela llena de ponys, si así lo hubieras querido.
—Inuyasha —susurró, y yo la vi a los ojos.
Cómo amo ver sus ojos con ese brillo tan especial.
—Inu, no tienes que comprarme nada. Soy muy feliz solo con vivir contigo.
—¿De verdad eres feliz en mi casa, pequeña?
—Claro que sí. Me siento muy bien viviendo contigo, pero ahora ya soy mayor de edad y tal vez tenga que dejar tu casa —mencionó con tristeza.
—¿Qué? ¿Por qué dices eso?
—No quiero aprovecharme de tu noble corazón, Inu. Ahora que ya soy mayor de edad, tengo que buscar un trabajo y...
—¡No sigas, Kag!
—¿Eh?
—Yo no quiero que te vayas de mi casa. Eso es algo que no está en discusión. Tú te quedas, y punto —le dije, y un nuevo temor de apoderó de mi pecho.
¿Ella irse de mi casa? ¡No! Eso jamás va a pasar, no lo permitiré. Pensé muy decidido mientras la abrazaba más hacia mí.
—Gracias —escuché que me decía.
—¿Por qué me das las gracias, pequeña?
—Por protegerme, aun cuando ya soy mayor de edad, Inu. Muchas gracias.
Y volvió a recostar su rostro en mi pecho. Así nos quedamos, hasta que alguien nos interrumpió.
—La canción ya terminó. Creo que es mi turno de bailar con la señorita —dijo Koga.
Lo miré con odio mientras me separaba de Kag y veía a lo lejos a mi padre, haciéndome una seña para que permitiera el baile. Con una expresión seria, tuve que soltar a Kag mientras él la tomaba de la mano y empezaban a bailar.
Caminé hacia la mesa, y al parecer, todos habían visto la seriedad en mi rostro, porque no dijeron nada, el único que habló fue Miroku.
—Si ese malnacido se propasa con Kag, le voy a partir la cara.
—Miroku, él no hará nada. Está lleno de gente importante aquí, y están sus padres —le susurró mi padre.
Me senté al lado de Miroku y me tomé la copa de brandy de un solo trago, mientras contaba los segundos para que esa maldita canción terminara.
—Me cayó muy bien esa jovencita Kagome —pronunció mi padrino.
—Sí, a mí también me cayó muy bien —respondió mi tío Myoga.
—Es que Kag es un encanto de mujer —respondió mi madre, pero poco a poco su charla se fue alejando de mí, porque toda mi atención estaba en Kag y el maldito pulgoso de Koga. Mientras pensaba:
Si se atreve a hacer algo, lo mato.
*Perspectiva de Kagome*
Sentí que el joven Koga me abrazaba, y eso me puso muy incómoda, había algo que me hacía rechazarlo. No me gustaba que me tuviera abrazada, todo lo contrario de lo que sentía con los demás. Con los otros me sentí tan a gusto... con el señor Inu no Taisho, con Sesshomaru, y ni hablar de Miroku y, sobre todo, con Inuyasha. Yo quería seguir bailando con él, no con este joven que no me gustaba que tuviera su brazo en mi cintura.
—¿Sabes? Eres la muchachita más hermosa que he visto en mi vida, y créeme, he visto a muchas —dijo Koga.
No lo dudo, pensé.
—Gracias —fue lo único que dije.
—Estaré aquí unas semanas y me gustaría invitarte a salir, ¿qué dices?
—Eh, gracias, pero no —respondí con firmeza.
—Vamos, ¿por qué no?
La conversación no me estaba gustando nada. Me recordaba a esos hombres que me pedían que saliera con ellos, y eso me daba mucho miedo.
—Kag, ¿puedo llamarte Kag, verdad?
—¿Eh? —dije, saliendo de mis pensamientos.
—¿Puedo llamarte Kag?
—Eh, bueno, yo...
—Con permiso, me llevo a la cumpleañera —escuché la voz de Inuyasha detrás de mí, para después sentir cómo me rodeaba la cintura con su brazo. En un movimiento, me separó del joven Koga y me pegó a él, acto que agradecí internamente.
—¡Oye, bestia! Aún no he terminado el baile —dijo Koga.
—Lo siento, sarnoso, pero la cumpleañera tiene que ir a recibir su pastel. ¡Lo siento! —se dio la vuelta y me llevó lejos del joven mientras nos acercábamos a los demás.
—Pequeña, ¿te digo algo? Ese sarnoso...
—No solo me estaba invitando a salir —dije, interrumpiéndolo.
Inuyasha se detuvo para mirarme y después miró hacia atrás, donde quedó el joven Koga.
—¿Qué se cree ese hijo de su...?
—Inuyasha —lo llamé para que me mirara—. Le di las gracias, pero mi respuesta fue un "no", y gracias por sacarme de la pista de baile.
—No dejaré que se te vuelva a acercar, Kag, lo prometo.
—Gracias —le sonreí.
Y volvimos a caminar hacia los demás.
Izayoi e Inu no Taisho traían un enorme pastel, mientras todos cantaban "Feliz cumpleaños". Una vez más, soplé las velitas pidiendo el mismo deseo de la mañana, "que todos ellos sean inmensamente feliz por siempre".
Todos aplaudieron mientras una vez más me deseaban feliz cumpleaños. Luego, Rin se acercó con una copa.
—Toma, Kag, es champán, pruébalo. Supongo que Inuyasha y Miroku no se enojarán por eso, ¿verdad? —dijo, mirando a ambos con ojos acusadores y no entendí el porqué de su comentario.
—¿Pasa algo? —pregunté.
—No, no pasa nada, Kag. Solo Rin, que exagera —respondió con una sonrisa nerviosa—. Y claro que puede beber champán, Rin.
—Bien —ella sonrió y me extendió la copa—. ¡Feliz cumpleaños, amiga!
—Gracias —dije, tomando el primer trago. Me hizo cosquillas en la lengua, pero estaba muy rico.
—Está delicioso —le dije.
—¿Verdad que sí?
—Sí —respondí, mientras íbamos a cortar el pastel.
Los minutos pasaron y, una vez más, me fui a bailar, pero ahora con las chicas. Cada una tenía su copa de champán en la mano mientras bailábamos y tomábamos de las copas.
Ya era muy tarde, y los invitados ya se estaban yendo. Inuyasha me había dicho que ya no tomara más porque me iba a emborrachar, así que le hice caso.
Despedimos a los últimos invitados, y el joven Koga se despidió de mí.
—¡Adiós, hermosa Kagome! —dijo, tomándome la mano y dándome un beso. Luego me susurró algo que me dejó nerviosa—: No me doy por vencido contigo, señorita. Nos vemos pronto —y se marchó con su familia.
Por suerte, ni Inuyasha ni Miroku escucharon lo que ese atrevido dijo. Después de unos minutos, ya no quedaba ningún invitado en la casa.
—Bien, Kag, es hora de ir a casa —me dijo Inu.
—¿Me puedo ir con mi vestido?
—Claro que puedes, Kag.
—Gracias.
Me despedí de Izayoi y del señor Inu no Taisho.
—Adiós, y muchas gracias por el pony.
—De nada, linda. Mañana temprano tendrás tu pony en casa. El patio de la casa de Inuyasha es lo suficientemente grande para que tu pony esté ahí. También mañana te voy a enviar los regalos que los invitados te trajeron.
—Muchas gracias —lo abracé y después me despedí de las chicas—. Adiós, Sango. Adiós, Rin.
—Adiós, nos vemos mañana.
—¡Sí!
—Adiós, Sesshomaru, y gracias por el regalo.
—De nada, Kag. Fue un placer —me respondió, haciendo una reverencia.
Yo hice lo mismo, despidiéndome con una reverencia. Caminé hacia el auto con Inuyasha, quien abrió la puerta.
—Gracias —dije.
—De nada.
Él dio la vuelta y entró al auto, y nos fuimos.
*Perspectiva de Sango*
Vimos cómo Kag e Inuyasha se fueron, y vi a Iza para poner en marcha nuestro plan.
—Amor, ya tengo sueño, vámonos, sí —dijo Rin.
—Oye, Rin, pero primero cambiémonos los vestidos —le dije.
—No, así mismo me voy —me dijo.
Pero yo la sujeté del brazo con una sonrisa y le dije:
—Claro que no. Apuesto que ya no soportas estos zapatos, ¿verdad? Yo me voy a cambiar aquí, ven a acompañarme.
—Pero, Sango...
—Vamos —le susurré, achinando los ojos, y entonces Rin aceptó. Caminamos hacia la casa.
—Yo las acompaño, niñas —dijo Izayoi.
—Claro, vamos —y las tres entramos a la casa. Nos dirigimos al cuarto donde teníamos nuestras ropas.
—Sango, ¿pasa algo? —me preguntó Rin, cruzándose de brazos.
—Sí, Rin, pasa, y mucho.
—¿Hice algo malo? —dijo.
—No, Rin, claro que no, pero tienes que saber algo muy importante.
—¿Qué cosa? ¡Cuéntame!
Miré a Iza, y ella se acercó.
—Cariño, escúchame con atención, ¿sí? —Rin asintió con la cabeza—. Bien...
Izayoi le contó toda la historia de su sueño sin dejar ningún detalle suelto. Cuando terminó de relatar, todo el rostro de Rin era un poema. Después, saltó como una cabra de monte.
—¡Qué lindo! ¡Qué lindo ¡Qué lindo! ¡Kag de verdad encontró a su príncipe azul! ¡Ahhh, qué lindo! Es lo más hermoso que he escuchado. ¡Qué romántico! —y Rin empezó a dar vueltas en la pieza como si estuviera bailando.
Yo puse los ojos en blanco. Rin nunca cambiará, siempre soñando con los cuentos de hadas.
—Entonces, Rin, ¿nos vas a ayudar con Inuyasha y Kagome?
—¡La pregunta ofende, tía Izayoi! ¡Claro que los ayudo! Seremos tres cupidos para esos tortolitos.
Sonreí por sus ocurrencias, pero feliz de que nos ayudara.
*Perspectiva de Inuyasha*
Llegué a la casa, apagué el auto y ayudé a bajar a Kagome.
—Dios mío, pequeña, ¿cuántas copas de champán te tomaste? —le reproché mientras la sacaba con cuidado del auto y la ayudaba a entrar en la casa.
—¡Solo cuatro! Mmm, me siento algo mareada, pero ¡feliiiiz! —me gritó mientras se sentaba en el sofá y sonreía.
—¿Te gustó tu fiesta? —le pregunté mientras me sentaba a su lado.
—¡Sí, mucho, mucho! Fue preciosa, más que preciosa, ¡fue mágica! Shhhh... y el pony, Inu, ¡el pony! ¡Tengo un pony! —exclamó con felicidad mientras se levantaba y daba algunos saltitos.
—Vaya, si sabía que un pony te pondría así, te habría regalado uno hace días —le dije con una sonrisa.
—Inu, a mí me gustó mucho tu regalo.
—Lo sé, Kag.
—Jamás voy a olvidar este día, Inuyasha, jamás.
—Linda, ¿qué te pareció mi familia? —le pregunté.
La vi sentarse a mi lado para hablar.
—Me cayeron súper bien. Tu papá es lo máximo, y también me cayó muy bien Sesshomaru. Parecía uno de esos hombres de las películas, esos que siempre ganan, ¿a poco no parecía uno de esos?
—Mmmm —respondí.
—¿Sabes, Inu? Ustedes se han convertido en mi familia, muchas gracias —me dijo mientras me abrazaba.
Su abrazo me tomó por sorpresa, haciendo que mi corazón se acelerara un poco. Aun así le correspondí gustoso.
—¿Sabes...? —me susurró.
—Dime.
—Es tan fácil querer a tu familia como la mía. Tus padres ya son como mis padres, porque así los veo a los dos. Las chicas las quiero como a mis hermanas. Nunca tuve una hermana, y ahora tengo dos. Y Miroku... es como mi hermano mayor, ese que nunca tuve. Claro, tuve uno menor, mi hermanito Sota, pero no uno mayor. Y Miroku lo es —me susurró.
—Y yo le pregunté:
—¡¿Eh?! —dijo en un susurro
—¿Y yo, pequeña? ¿Cómo me ves a mí?
Ella levantó la cabeza para verme a la cara, y nuestras miradas se encontraron.
—¿Cómo me ves a mí, pequeña? —insistí
—Pues... yo...
—Dime —insistí nuevamente, mientras mi mano se movía automáticamente a su mejilla para acariciarla—. Dime, linda, ¿cómo me ves a mí?
—No sé... —me susurró.
Sentí algo apretarse en mi pecho con su respuesta. Iba a decirle algo, pero ella volvió a hablar.
—No sé, solo sé que te quiero, te quiero mucho, Inuyasha, pero no como quiero a Miroku. Pero te quiero —me abrazó, escondiendo su rostro en mi pecho. Mi corazón ya estaba al borde de un ataque.
"Me quiere", pensé, "pero de manera diferente".
¿Será el alcohol que la está dejando hablar de esta manera? Pero entonces, ¿no me ve como a un hermano?
—Kag... —le susurré. Y La moví un poco, y una sonrisa se me escapó de los labios. Se había quedado dormida.
Llevé mi mano para acariciar su flequillo y deposité un beso en su frente. La cargué con cuidado y la llevé a su cuarto. La dejé en su cama, le quité los zapatos y la tapé con la colcha.
"Espero que el vestido no sea incómodo para dormir", pensé. Me acerqué a ella y le di otro beso en la frente antes de susurrar:
—Descansa, mi querida Kag.
Salí del cuarto y llegué al mío. Caminé hacia la ventana y miré el cielo oscuro, pero lleno de estrellas.
—Kagome... —susurré, sonriendo—. ¿Qué es este sentimiento que tengo por ti, Kag? Está claro que no es de un hermano a una hermana. ¿Acaso será...? —Di un respiro profundo y luego solté el aire—. ¿Amor...? —susurré.
Continuará...
Si llegaron hasta aqui ¡Gracias!
Crédito de la ortografía a la bella autora Kayla Lynnet, ¡Gracia linda!
