Capítulo 20: Recelo
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—¿Te interesarías por Takuma como hombre?
Su cara exenta de expresión pronto se transfiguró. Un profundo surco se marcó entre sus cejas a la vez que su boca hizo una hilarante mueca de incredulidad.
—¿Con qué demonios te has drogado?
...
—Listo —Se colgó la mochila en su hombro y bajó las escaleras tatareando.
Reino no había despertado a su lado, pero tampoco le había avisado que saldría, eso solo podría significar una cosa.
Kyoko siguió tatareando, con una sonrisa falsa estampada en sus labios.
Cogió el picaporte con la mano izquierda y abrió la puerta de su oficina.
Parpadeó al no encontrarlo ahí y entonces clavó su mirada en la puerta secreta camuflada de estante.
Debía estar ahí dentro.
Un escalofrío recorrió su espalda y decidió mejor no llamar a la puerta. Sacó un bolígrafo y un papel de su cuaderno y dejó una nota de que iría a la escuela por su escritorio. Luego, asegurándose de que el anillo este en su dedo, salió de la casa.
Ese día había despertado empecinada con la idea de no desaprovechar ningún minuto, si no podía trabajar debía ponerse al día con la escuela y con los deberes de la sección Love me.
Ese día era un nuevo día, y aunque el presidente le haya concedido unos días de reposo, no permitiría que la viesen como un defectuoso electrodoméstico en mantenimiento.
Cacheteó sus mejillas con la mano y caminó resuelta.
Pero unas horas después de terminar con la escuela, entró con el aura oscurecida por las instalaciones de LME.
—Maldita brazo roto —dijo entre dientes mientras pisoteaba su maldito infortunio.
Estaba irritada de tan solo recordar en todas las dificultades que tuvo por culpa de su convalecencia. Había escrito garabatos en su cuaderno y en más de mil ocasiones alguien se había acercado a ayudarla por una simple y cotidiana labor con la que se entorpecía. Había cubierto la venda de su pierna con el largo calcetín cuando percató que la miraban demás, pero aun así siguieron haciéndolo. ¿Tanta lástima inspiraba?
Gruñó.
Si fuese surda o si en vez del derecho hubiese sido el izquierdo que terminase roto sería más sencillo. ¡Ja! Pero aquello no terminaría ahí, ya estaba cerca de dominar el brazo izquierdo. Con más práctica sería ambidiestra.
—¿Mogami-san?
Dio un respingo con la espalda tensa.
Respiró y giró lentamente.
—T-Tsuruga-san, buenas tardes —se inclinó en una pequeña reverencia, y se incorporó, saludando también a Yashiro, quien estaba a su lado.
Ambos se quedaron mirándola en silencio.
—¿T-Tengo algo en la cara? —preguntó, mirándose también su uniforme escolar por si acaso.
—No, no es eso —dijo Ren y la expresión que comenzó a florecer en su rostro hizo que tragase en seco. Era una mirada y sonrisa angelical—. Es solo que estas muy…
—¡No, no tiene que…! —Intentó detenerlo o no escucharlo, pero resultó en vano.
—Estás muy hermosa —repitió para que lo oyese.
Un rubor subió por sus mejillas. Aún no podía acostumbrarse a unos repentinos cumplidos.
Esbozó una pequeña sonrisa nerviosa.
—En realidad… —respondió abochornada—, me esforcé un poco para contrarrestarlo con mi convalecencia.
Ir sin arreglarse sería como si se hubiese entregado a la derrota. Ver su reflejo en el espejo, esa mañana, fue sentir una puñalada en el corazón. Al prepararse para la audición se había teñido y puesto las extensiones que caracterizarían el cabello de Akiko como un acto que atraería la buena suerte. Fue la primera vez que no había optado por una peluca, sintiéndose en la urgente necesidad de realizar algún tipo de rito que le asegurase que obtendría el papel.
Pero fue una ilusa al confiar en que lo conseguiría.
—Mogami-san, ¿no deberías guardar reposo?
—Solo es un brazo roto —dijo entre dientes, restándole importancia.
Comenzaron a caminar lentamente por el pasillo. Yashiro se mantuvo a lado de Ren, en silencio.
—Ayer fui al hospital a verte —comentó Ren, inhalando el dulce aroma de la mujer que cautivaba a todos con cada paso.
—¿Me has visto? —preguntó confusa. El tipo falso. Reino lo había mencionado.
—Sí. Incluso hemos hablado —Él la sorprendió esbozando una escalofriante sonrisa falsa.
—L-L-Lo siento, no me recuerdo —dijo nerviosa.
—Lo sé —Su sonrisa se hizo más grande y brillante.
—¿E-Eh? —Tragó en seco. Quiso preguntar más, pero él de repente se quedó mirando algo y se alejó, caminando hacia un carro de plataforma.
Cuando cogió las asas y lo empujó hacia su dirección, tuvo el instinto de que debía escapar de ahí, pero sus pies fueron inmovilizados frente al terror al ver su sonrisa extra radiante.
—Me imagino que has caminado demasiado —mencionó con un aire caballeroso—. Sé que tienes una gran sutura en la pierna, Mogami-san.
—No es una "gran", es solo una "pequeña" —objetó con una risa nerviosa que calló al ver su mirada.
—¿Crees que no lo vi ayer? —rechistó con una voz oscura.
Tanto Kyoko como Yashiro retrocedieron, asustados por el enojo expresado en su rostro.
—L-Lo siento por m-mentirle —tartamudeó, tragando en seco—. P-P-Pero no…no quería…—Cerró la boca al ver la fija y amenazadora mirada de Ren. Temblorosa, como una ardilla, se sentó cuidadosamente en la plataforma. Tampoco era la primera vez que, vergonzosamente, era llevada en una—. S-Se lo agradezco mucho, Tsuruga-sama —Lamentablemente, él tenía razón. Caminar mucho y hacer todo tipo de actividades sin considerar su situación, no fue una buena idea. Tal vez él se había dado cuenta al verla caminar. Minutos antes había sentido la sangre humedecer la venda, así que tenía la intención de ir a la sección Love me para cambiársela. Por suerte, el calcetín cubría la venda, porque una vez Ren lo viese, estaba segura que él la haría picadillos por su imprudencia.
Reprimió los escalofríos.
¿No sería malo para su imagen ir por los corredores de LME arrastrando a una chica en un carro de plataforma?
Buscó la mirada de Yashiro, pero él se hizo el desentendido. Ni su manager se atrevía a hacerle la contraria.
Con un aura lúgubre, comenzó a murmurar mientras notaba todas las miradas dirigidas hacia ellos.
—¿Qué piensas de Takuma-san, Mogami-san?
—¿Eh?
Creyó que lo oyó mal, así que ladeó y subió la cabeza para intentar mirarlo, pero era difícil hacerlo desde su posición.
—¿Qué piensas de Takuma-san?
Frunció el ceño y miró al frente. Una pregunta directa, ya oída por segunda vez, una en otra boca. No entendía la razón de la pregunta, ¿acaso ayer sucedió algo?
—¿Por qué de nuevo esa pregunta? —gruñó entre dientes.
—¿Mogami-san? —insistió a que respondiese en alto.
Kyoko suspiró.
—Al principio me pareció un hombre con problemas de misoginia o tal vez paranoia —Pausó y esta vez solo subió la cabeza para buscarlo. Esta vez logró hallar su mirada. Le respondería con la verdad, después de todo no escondía nada—. Evidentemente, Takuma-san tiene problemas con las mujeres. Aunque no duda en halagar el talento de una mujer, se le complica relacionarse con ellas.
—Así es —concordó con seriedad—. Aunque no conozco todas las razones, sé que él tiene graves causas que justifican su desconfianza, pero aun así él lucha por cambiar.
La expresión de admiración que surgió en su rostro la sorprendió.
Una sensación de culpabilidad presionó en su pecho. No había intentado investigar o hacerse realmente amiga de Takuma como el presidente se lo había pedido. Había estado ensimismada en sí misma que olvido a la gente de su alrededor. Realmente merecía quedarse en la sección Love me.
—Entonces, ¿se te dificulto relacionarte con él? —preguntó Ren, volviéndola al presente.
—Muchísimo —recordó—. Pero aunque él siempre desconfiaba y desvariaba con que pretendiese seducirlo…
—¿Seducirlo? —mencionó turbado, pero la idea al imaginarlo le pareció tan absurdo y ridículo que no pudo aguantar la risa.
—¡Tsuruga-san! —Sus mejillas enrojecieron de la vergüenza, más aun cuando su senpai se detuvo y carcajeó.
Le echó una mirada oscura y él cubrió su boca para detenerse. Sus ojos entonces marrones, enrojecidos por lágrimas de risas, parpadearon hasta componer una expresión amena.
—No digo que no seas una mujer bella y sensual, pero no te imagino seduciendo a un desconocido solo por su apariencia, Mogami-san —explicó con aire seductor.
El rostro de la joven hirvió, abochornada.
—Gracias por confiar en mí al menos en eso —murmuró clavando directamente con sus palabras el corazón del actor—. Sé que lo de…—pausó reacia a que la palabra seducir saliese otra vez de su boca—. Lo de esa paranoia suena absurdo, pero para él no lo era así y fue irritante —continuó—. Siempre me enfurecía y discutíamos por su ridícula paranoia, pero aun así él siempre terminaba ayudándome en todo.
Por un momento se quedó abstraída en los recuerdos. Era la primera vez que percataba aquello.
—Supongo que tienes razón, Tsuruga-san —sonrió—. Él se esfuerza por cambiar.
Después de unos segundos de no oírlo responder, subió la mirada.
Ren le devolvió la mirada con indiferencia. Ella parecía ajena a lo que le había causado, con aquella frase sobre la confianza, así que supo que no lo hizo a propósito y, sin embargo, el hablar tanto de Takuma parecía que le daba más aliento para pensarlo con positivismo. Debía ir directo al punto y no alargarlo más. Debía averiguarlo. Después de lo que ocurrió ayer, no podía confiar en ese hombre. No, nunca confió, desde el principio había mostrado un inusitado interés por ella. Sabía que, a pesar de sus problemas con las mujeres, Kyoko fue la primera actriz, una mujer, a quien se le acercó después de mudarse a Japón año atrás.
—Escuche de Yukihito-san que Takuma-san interpretó como co-protagonista en la audición —comentó casualmente.
Kyoko parpadeó y bajó la cabeza. Giró su rostro y miró inmediatamente a su manager que estaba a su lado.
Yashiro le sonrió débilmente con una expresión nerviosa. En realidad Ren ya se había enterado antes de algún otro modo, él solo le había confirmado y respondido a todo el interrogatorio.
—¿Cómo fue actuar con él, Mogami-san? —interrogó Ren.
Por alguna razón, Kyoko sintió unos escalofríos subir a su columna. Estudió su expresión, pero no lo creyó molesto.
—No sabía que Takuma-san es tan bueno actuando…Él fue…—Calló y ante el recuerdo su corazón se aceleró—. Apabullante e intenso —mencionó seriamente. Aquella interpretación, tan intimidante y avasalladora de Jacob había suscitado al nacimiento de Akiko; él realmente había conseguido despertar el interés y el hambre en esa mujer. Responder y contemplar su siguiente movimiento fue muy intrigante y…—. Fue divertido —dijo en voz alta.
Espero otros segundos de silencio, pero esta vez sintió su mirada clavada a su espalda, así que no tuvo ni una pizca de curiosidad por verlo ya que podía imaginar su cara. Su radar de enojo había olfateado una subida de esa inquietante emoción hacia su dirección. Tal vez tenía una sonrisa brillante o tal vez una cara de supuesta indiferencia.
—Ah, divertido —mencionó sin emoción.
—¿Q-Qué? —murmuró Kyoko—. S-Sí —afirmó para llenar el silencio. Realmente le pareció divertido, aunque el final fue incómodo. Una pequeña parte de sí había salido a la superficie al final, así que aún dudaba de que lo hubiese hecho bien—. T-Tsuruga-san, ya puedo cami…—Trató de cambiar la línea de conversación, pero él la interrumpió.
—Escuché y sé un poco del papel de Jacob —Hizo una breve pausa antes de añadir—. ¿Supo él hacerte sentir cómoda en las escenas eróticas y sugerentes?
Perplejo, Yashiro, quedó atrás boquiabierto. Ren había lanzado una bola muy directa y había hablado sin recato. Se apresuró para volver a alcanzarlos y miró a Kyoko, esperando ver aunque sea una mínima reacción de bochorno, pero sorprendentemente no fue así.
—No hicimos ninguna escena erótica —respondió ella con seriedad—. Solo fue…sugerente.
—¿Si? —Ren la miró con la misma seriedad, creando un silencio incómodo.
Cuando Yashiro creyó que nadie más hablaría, el actor cortó el silencio.
—Para esa clase de escenas la comunicación, resolución y disposición es primordial para que un actor pueda interpretar diligentemente el papel, de otro modo la incomodidad se transmitirá en la cámara. Para obtener una buena interpretación, es importante que entre ambos actores haya entendimiento y plena confianza.
Kyoko calló, recordando las similares palabras que había oído en la audición. Asintió. Sabía que se necesitaba completa resolución para interpretar las escenas explícitas, y como actriz lo tenía.
—¿Lo has logrado? —preguntó de repente Ren, sacándola de su ensimismamiento.
—¿Eh?
—La química y atracción hacia Jacob.
Kyoko lo miró desde abajo, sin parpadear.
Yashiro miró a la actriz y luego a Ren. Después de tantas vueltas, Ren finalmente había hecho la verdadera pregunta de la cual deseaba oír una respuesta. Si era una afirmativa posiblemente alargaría el tema para hacerle entender que esa química no debe ser confundida fuera del set. Ya podía imaginárselo todo.
Cuando Kyoko abrió, cerró y abrió la boca los pasos de Ren ralentizaron hasta casi detenerse.
—¿Ren-kun?
Kyoko cerró los labios.
Los tres volvieron la cabeza hacia donde oyeron la voz, pero Kyoko solo pudo corroborar quien era cuando lo tuvo a su lado.
—¿Kyoko-san?
Takuma la miró con el ceño fruncido. Los miró a los tres, confuso, durante cinco segundos hasta que soltó una pequeña risa.
—Que manera tan particular de transportar a una persona —dijo esbozando una suave sonrisa hacia la actriz.
—Takuma-san —saludó Ren con una sonrisa brillante—. A que se debe el gusto de tenerte por aquí.
—Solo pase por aquí para hablar con el presidente —Desvió la mirada hacia la actriz—. Pensé que el presidente te concedió algunos días de reposo.
—Solo es un brazo roto —repitió Kyoko con una fingida sonrisa.
Pero Takuma frunció el ceño y la miró fijamente en silencio durante largos segundos.
La máscara de falsa pasividad se rompió y Kyoko apretó la quijada, sintiendo un nudo atenazar su garganta.
Cogió su mochila y se levantó de la plataforma.
—Debemos hablar —le dijo Takuma, a lo que ella asintió.
—Tsuruga-san —Kyoko se inclinó en una pequeña reverencia—. Gracias por ayudarme a llegar hasta aquí.
Ren y Yashiro los miraron ir hacia el ascensor.
—Al parecer Takuma-san no consiguió retrasar más la filmación —dijo Yashiro tenso y abatido.
Ren dejó de mirar el vacío, y dio media vuelta para regresar el carro de plataforma. Una vez más la había mortificado, esta vez preguntando tanto por la audición, debió haberlo sabido, su rostro solo era una actuación. Ver su semblante apesadumbrado lo hizo sentir aún más. Ella había trabajado duro, pese a que algunos métodos que eligió practicar para interpretar el papel lo habían torturado y lo seguían atormentando.
—Ella se recuperará —le dijo a Yukihito con seriedad—. No hay nadie más fuerte que esa mujer.
—Es cierto, pero aún así...—El manager no dijo más, ambos lo sabían, ella sufriría. Callaron por un largo minuto—. Ren, en realidad te molesto mucho lo de ayer, ¿no?
—¿De qué hablas?
El esbozo de una sonrisa brillante no detuvo las palabras que salió de la boca de Yashiro al no ser detectada.
—De Kyoko-chan, después de todo ayer dijo que Takuma-san era...
—Yukihito-san —El resplandor de la sonrisa de Ren casi cegó los ojos de Yashiro—. ¿Por qué no me ayudas con el carro?
Yashiro tragó en seco, y encargándose del carro de plataforma, ya no dijo más.
...
El silencio lo decía todo. Lo sabía incluso segundo después de ver su expresión hace minutos.
Entraron en la sección Love me y se sentó, sintiendo que los ojos ya ardían antes de escucharlo.
Clavó la mirada a sus zapatos hasta que lo vio acuclillándose frente a ella.
—¿T-Takuma-san?
Un fuerte sonrojo cubrió sus mejillas cuando él tomó su calcetín y lo bajó delicadamente hasta su tobillo.
—¿Por qué eres tan descuidada? —Sus labios formaron una mueca de enojo.
—Lo siento
—Trajiste otras vendas, ¿no?
—Y-Yo puedo sola —refutó cuando lo vio desenrollando la venda ensangrentada.
—¿Con tu mano izquierda? —La miró a los ojos y Kyoko apartó la mirada abochornada—. Dámelas.
Sin poder rebatirlo, alcanzó su mochila y le pasó una venda.
Con cuidado, él fue enrollando la venda en la zona del corte.
Podía sentir las palpitaciones de su corazón resonando en medio del silencio. Él estaba enojado como lo estuvo ayer al ver su brazo deformado e hinchado. El silencio que guardaba ante el enojo la hacía sentir minúscula anticipadamente, después de todo tenía razón en enojarse porque ella era la culpable.
—Lo siento... —susurró temblorosa—. Después de todo...lo que hiciste por mí...
—Kyoko-san —Él alzó la mirada y al ver su expresión la bajó de nuevo. Terminó con el vendaje y se sentó a su lado.
—L-Lo siento...—sollozó sintiendo un dolor en el pecho. Cuando intentó tragar el nudo que la asfixiaba en la garganta, sintió que un hilo de lágrima se deslizaba en su mejilla. Sacudió su cabeza y apretó los labios queriendo acallar los sollozos.
—Fue unánime —dijo mirando hacia abajo—. Eres la mejor actriz que interpretó a Akiko —Apretó los puños y entornó los ojos—. Pero no podemos esperar a que te recuperes. El elenco estará completo dentro de dos días, tenemos que hacer la lectura de guion y comenzar a filmar. El cronograma ya está hecho y por más que lo analizamos, retrasar más la filmación significaría perdidas significativas.
—Lo siento —Las lágrimas corrieron por sus mejillas.
—¿Por qué siempre te lesionas o sufres un accidente? Es lo que quiero saber —Arrugó el ceño y le miró a los ojos enfadado.
—Lo siento —bisbisó Kyoko. Enjugó sus lágrimas, pero aún así no pudo parar de llorar.
—Deja de repetirlo —exclamó airado.
—L-Lo sien...—Apretó los labios, pero un sollozo se escapó de ellos.
—Kyoko-san...
Llevó titubeante una mano a su espalda y sintió el temblor que cada sollozo producía a su cuerpo. Odiaba cada infortunio y desgracia que avistaba, odiaba no poder tenerla actuando en su película, odiaba que no pudiese retrasar la filmación, pero lo que más odiaba era tenerla llorando de esa manera a su lado.
Esa sensación que lo ahogaba por dentro no podía reprimirlo. No podía hacer nada para protegerla.
—Lo siento —le susurró él, sintiéndose inútil y enojado consigo mismo. Alejó la mano de su espalda y se levantó.
Kyoko negó con la cabeza e intentó ocultar su rostro.
—Gra...Gracias...por todo.
Takuma asintió y le dio la espalda. Con cada paso que daba oía como a ella se le dificultaba más reprimir los sollozos.
Muchas mujeres le habían mentido con lágrimas falsas y, sin embargo, por más que la experiencia le advirtiese que no confiase, no conseguía que esa desconfianza preventiva llegase para alejarlo de ella. Y eso era lo más terrorífico que podría ocurrirle, confiar en una mujer y además sentir dolor por verla llorar.
Se detuvo frente a la puerta.
Secar las lágrimas de una mujer y abrazarla, un hombre como él no se lo permitía jamás, y tampoco es que pudiese, no tenía ningún derecho cuando ella tenía un novio, pero por una vez, le hubiera gustado olvidar sus miedos y limitaciones, y solo abrazarla contra su pecho y consolarla.
Abrió la puerta y salió, dejándola sola.
Era la mejor decisión, no obstante, el frágil sonido de su llanto que se repetía en su memoria, lo angustió durante todo el maldito día.
Tenía que hacer algo.
...
Era vergonzoso irse tan temprano. Había perdido el tiempo intentando que sus ojos se desinflamen luego de llorar tanto, además de que, como miembro de la sección Love me, tuvieron que excluirla de ciertas tareas al no poder utilizar ambas manos. En casi todo el día había sido un estorbo.
Después de cambiarse de ropa, se quedó paralizada mirándose en el espejo de su casillero. Cada que recordaba a Akiko sentía la amargura latente en su pecho.
No importaba el dinero que gastó poniéndose esas extensiones, tal vez sería mejor quitárselas. Tenía que olvidarla.
Hasta entonces no sabía que perder un papel le dolería así de tanto.
Cabizbaja, se preparó para salir hasta que oyó tocar la puerta. La abrió y un joven de mensajería le entregó un paquete que venía dentro de una bolsa de tela color rosa.
Entrecerró los ojos y lo dejó sobre la mesa, extrañada y desconfiada.
La bolsa era color rosa, pero no creía que fuera del presidente ya que no era de un rosa chillón, era de un rosa claro muy lindo. Revisó su celular, y nadie le había enviado un texto de que recibiría un paquete. Así que solo debía abrirlo, seguramente ahí estaría escrito el remitente.
Curiosa, abrió la bolsa hasta descubrir una caja.
Se quedó paralizada, con los ojos bien abiertos y con la boca entreabierta.
—¿Q-Qué demonios...? —Sus labios se cerraron y temblaron, intentando contener la emoción que pugnaba por escapar—. E-Eso es...
Caminó de un lado a otro, sin dejar de mirar la caja. Apretó los puños, sacudió la cabeza, pero no pudo contenerse. Se acercó a la bolsa y sus ojos brillaron emocionados observando cada detalle de la caja.
Cerró los ojos y negó.
—No...No soy como antes —Suspiró, abrió los párpados, los cerró y los volvió a abrir. Al mirarlo un chillido de emoción se escapó de sus labios—. Es...Es...¡Es hermosa! ¡Es preciosa! ¡Es majestuosa!
Carraspeó y frunció el ceño. Era solo una ilustración estampada en la caja, era solo...
—Esos rasgos delicados y elegantes, ese vestido vaporoso y perfecto y esas majestuosas y etéreas alas...¡Oh my beautiful fairy!
Se paralizó y frunció lentamente el ceño. ¿Quién se lo había dado? Solo pudo habérselo regalado alguien que supiese que le gustaban las hadas. No creía que después de descubrir que Kuon no era un hada, él se lo hubiese dado; tampoco creía que Yashiro le hubiese regalado algo así sin razón; era imposible que fuese Shotaro...
—¿Moko-san...?
Esbozó una amplia sonrisa. Kanae en unos días regresaría a Japón, tal vez ella se lo había enviado por adelantado.
No, ¿y si en realidad se lo había regalado una de esas personas que creyó imposible?
Tragó en seco. La única manera de saberlo era abrir esa caja y ver si ahí tenía una nota con su remitente, después de todo en la caja no se lo había escrito.
Respiró hondo y, nerviosa, abrió cuidadosamente la caja.
El destello que despedía el contenido la hizo echarse hacia atrás con la boca entreabierta y con los ojos brillantes con los fulgores del éxtasis y el embeleso.
...
Trató de no hacer ruido al entrar.
De puntillas, fue subiendo las escaleras atendiendo con la mirada que el Beagle no se apareciese en algún lado. Visualizó su habitación temporal y se apresuró hasta abrir la puerta y cerrarla silenciosamente.
Una vez adentro y a solas, exhaló el aire que se había contenido.
Dejó su mochila a un lado y se sentó con la bolsa rosa frente a ella.
—¿Por qué...?
Sacó la caja con ilustración de hada. Carraspeó y la abrió con rapidez antes de caer en el encanto, pero su contenido le producía los mismos efectos intensificados.
Sus mejillas enrojecieron.
Tomó con su mano izquierda la muñeca de hada y lo alzó muy alto, sonriendo con ternura.
Tenía las alas traslucidas con brillantinas doradas, un vestido delicado de tul verde claro, una corona de flores y una varita mágica en forma de trébol de cuatro hojas. Estaba hecho de tela, con un rostro adorable y un dulce aroma.
—Te llamarás Evelyn —le dijo sentándola sobre la cómoda.
Dio media vuelta y se encontró con la caja abierta. Ahí aguardaban unas galletas decoradas de hadas más una nota.
Tomó el papel plegado y lo releyó.
Que el hada de la suerte esparza su magia y te llene de abundante fortuna y felicidad
Había sido escrito apresuradamente, eso lo supo por la letra pero también por la siguiente línea.
—Sonríe...—leyó y luego entornó los ojos hacia la tachadura que encubría las siguientes palabras.
La ponía curiosa lo que se había encubierto, pero lo hacía más la razón que tuvo el remitente de enviarle aquel regalo.
Entrecerró los ojos. No era como si tras leerlo de nuevo fuese a descubrir sus razones o pensamientos. Aún así la dejaba atónita.
—¿Takuma-san?
No creía que ese hombre diese fácilmente detalles a una mujer, además de que no entendía cómo pudo saber que le gustaban las hadas.
La puerta se abrió de golpe y pegó un pequeño grito, dejando caer la nota de su mano.
Entretanto, Reino la miraba arriba abajo con el ceño fruncido, Kyoko pisó la nota para que no la descubriera.
—Pensé que regresarías vistiendo tu uniforme escolar —comentó acercandose a ella.
—M-Me he cambiado —respondió sintiendo su pulso acelerado.
Tragó en seco. Aunque él pareciese recelar por Takuma, aquello no era motivo para actuar como si recibiese un regalo de su amante.
Soltó una risa súbita y nerviosa. No podía evitar reíse de sí misma por lo absurdo que era.
—¿Qué ocurre? —le preguntó Reino llevando una mano tras su cintura.
—Nada
Él la miró a los ojos y la besó lentamente en la boca.
—Me hubiera gustado verte en uniforme escolar —Su mano descendió hasta casi tocar sus nalgas—. Sería delicioso meter ambas manos bajo tu falda.
El rostro de Kyoko se calentó.
—Perro pervertido —le gruñó empujando su pecho con su mano.
Reino se rió maliciosamente y entonces descubrió las galletas de hadas y la bolsa rosa en el piso.
—¿Y eso?
Hizo una mueca y cogió la caja entre las manos. Era demasiado rosa y dulce para su gusto.
—E-Es un regalo —respondió tratando de quitárselo, pero él la esquivó.
—Parece muy azucarado...—Reino calló y entrecerró los ojos cuando palpó la caja— ¿Quién te lo regaló?
—¿Eh? ¿P-Por qué? —preguntó mirando sus manos en la caja—. ¿Puede ver quién me regaló con solo tocarlo?
—Parece que esa persona ha pensado mucho en ti.
Kyoko subió su mirada sorprendida a sus ojos.
—¿Quién fue? —interrogó él de nuevo.
—Ah...Ehm...Fue Takuma-san —dijo avergonzada.
Reino bajó la vista a la caja y luego ladeó la cabeza, encontrando la muñeca de hada. Se acercó a la cómoda, echó la caja sobre ella y frunció el ceño.
—Tiene un pésimo gusto —murmuró observando la muñeca con una mueca de disgusto.
Kyoko abrió la boca, indignada. Se acercó a su lado y lo enfrentó con la mirada.
—Evelyn es una hada muy tierna y encantadora —repuso con la mano izquierda en la cadera.
—¿Evelyn?
Las mejillas de Kyoko enrojecieron.
—Es el nombre que le puse —murmuró avergonzada.
—Parece que realmente tienes un interés en ese hombre —le dijo con indiferencia.
—¿I-Interés? —Arrugó el ceño—. ¡Claro que no! ¡¿De qué demonios estás hablando?!
Reino suspiró y meneó la cabeza.
—Después de todo las mujeres solo buscan un rostro atractivo y un cuerpo entrenado.
Kyoko quedó boquiabierta. Al verlo salir, reaccionó y lo siguió, pasmada y enojada.
—Solo es una muñeca, que me guste la muñeca no significa que tenga interés en... —gruñó reacia a la simple idea de decirlo. Él estaba hablando como si fuese un Shotaro número dos, y la enfurecía.
Se apresuró para alcanzarlo a su habitación.
—Es una muñeca bien fea —dijo dándole paso.
Kyoko lo fulminó con la mirada y entró.
—Es muy linda —refunfuñó sentándose en su cama—. A mí me gustan esas cosas.
—Sí, así como te gustan los hombres guapos.
—¿Qué? ¿Me estás tomando el pelo? —preguntó incrédula.
Reino no reaccionó y comenzó a desabotonarse la camisa.
—Ayer después de que terminaron con tu cirugía, estabas actuando graciosa hasta que comenzaste a catalogar a todos por su belleza. No recuerdas nada, ¿no?
Kyoko que se quedó atraída hacia la visión de su ombligo, subió con pasmo la mirada.
—¿Q-Q-Qué? ¡Eso no puede ser verdad!
—Mmmm, pero es cierto.
Reino que había advertido su mirada, se acercó a ella con una sonrisa de satisfacción.
—Caperucita, ¿te ayudo a desvertirte?
Kyoko tragó en seco, sintiendo cómo su respiración se le dificultaba al tener su abdomen tan cerca de su cara.
Estaban hablando sobre algo que desconocía y le parecía imposible y, sin embargo, él súbitamente cambió de tema. No, no era eso. Él le había tendido una trampa, guiándola a su habitación y desnudándose. Quería sexo.
—Perro pervertido —pensó enfurruñada.
Si intentaba volver al tema anterior en ese mismo instante, él tal vez no soltaría nada.
Observó su ombligo y sonrió sensualmente. Tampoco era mala idea complacerlo.
Estiró su mano izquierda y acarició su piel desnuda de arriba abajo.
Sus pupilas se dilataron al ver como su virilidad comenzaba a despertarse.
—Ven —Lo miró a los ojos violetas y se relamió los labios—. Más cerca.
Reino gruñó y se acercó con la respiración cada vez más pesada.
Kyoko llevó su mano sobre su costado, posando sus labios sobre su piel. Lentamente besó su abdomen, deslizándose hacia abajo hasta rozar con la punta de su lengua su ombligo.
—Maldita sea, Kyoko —Apretó la quijada, y llevó una mano a su cabello. Esa mujer le gustaba dominarlo, hacer que se someta para quedar a su merced. Y él no podía evitar caer, no cuando era tremendamente sexy.
—Tienes un lindo ombligo, Beagle —Dibujó con la punta de su lengua su ombligo y comenzó a bajar provocativamente hasta toparse con la pretina de su pantalón.
Se apartó de su abdomen y acarició el bulto que se le había formado entre sus pantalones.
—Quítate el pantalón —ordenó enrojecida y con la respiración entrecortada.
—¿Por qué mejor no te ayudo primero quitándote la ropa?
...
—Sonríe... —susurró cerca de su oído.
Él crispó el rostro.
—Te verías mucho más linda sonriendo —le susurró al otro oído.
Suspiró. Hubiese evitado las molestias si tan solo se hubiese dado cuenta que ella estaba tras su espalda cuando escribía esa nota.
Takuma dio media vuelta y le pegó la boca con su bloc de notas.
Risa gimió de irritación. Le había estropeado el labial.
—Detente antes que pierda la paciencia —le advirtió él a su hermana.
Se alejó de ella, pero ella lo siguió.
Estaban tomando un pequeño descanso, pero le hubiese gustado no haberlo sugerido y seguir trabajando aunque todos le odiasen.
—Hey, Takuma...—le dijo su hermana seriamente.
—¿Qué? —preguntó malhumorado. Tal vez ella ya lo había entendido y no sacaría el tema.
—Kyoko-chan es muy bella. De hecho, es muy sensual.
Él respiró sonoramente, arrepentido de darle la oportunidad de abrir la boca.
—¿Y?
—¿Te gusta? ¿Te sientes atraído por ella? Dime la verdad
Takuma se detuvo y escrutó su expresión. No tenía ninguna expresión burlona, estaba siendo seria para su mortificación.
—Me atrae bastante como actriz, pero también creo que nos estamos acercando mucho más, tal vez pueda verla como una amiga —respondió él. Al verle abrir su boca, la interrumpió—. Ella tiene novio, así que para.
—Lo siento, tienes razón —Lo miró y enarcó los cejas—. Puedes robárselo...
—Risa —la detuvo—. No aspiro a... —suspiró—. No aspiro a buscarme una novia o siquiera a una mujer.
—Sabes, ayer...
—Ya no quiero oír nada —objetó entre gruñidos.
—No es eso. La amiga de Kyoko-chan también es muy bella —mencionó como si no hubiese oído lo que le dijo hace segundos.—. Parecía muy interesada en ti, pero fue muy respetuosa y no intentó coquetear o seducirte. Parecía una buena persona.
—Risa...
—No te gustaría...
Takuma la tomó de los hombros y la hizo callar con la mirada.
—Tengo mucho trabajo —argumentó con severidad—. Será mi primera vez dirigiendo una película. Así que por favor ya no saques el tema.
—Es...Está bien —contestó mohína.
—Gracias por preocuparte por mí —La soltó y esbozó una sonrisa.
—Siento ser tan fastidiosa, pero para eso están los hermanos —Sonrió suavemente—. Siéntete libre de hablar conmigo cuando quieras.
Takuma asintió y la vio alejarse.
En esas fechas, cada año, su hermana siempre le insistía para que se buscase una mujer, pero estar sin novia, o sin una amante (aunque nunca la tuvo), le daba paz mental.
Aunque algunas veces se hubiese tentado, nunca se sintió en la urgente necesidad de buscar a una mujer para satisfacer sus deseos sexuales, principalmente porque poco los tenía, hasta ayer.
La mayoría de veces podían ser pensamientos inofensivos, pero algunas veces no podía evitar rememorar y sentir el calor y la suavidad de sus labios sobre los suyos. La perversidad de sus recuerdos, lo llevaba en ese preciso momento en el que exploraba sus curvas con avidez mientras sentía de cerca su respiración cada vez más entrecortada.
Era una atracción prohibida y atroz. Era enfermizo y aterrador.
Cerró los ojos.
Aquello debía ser solo una confusión. Eran posiblemente emociones suscitadas por Jacob. Solo era algo pasajero. Olvidaría su boca y luego cuando se hiciese su amigo, él se reiría por lo que alguna vez sintió: Una aparente y engañosa emoción.
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