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"La felicidad no es la ausencia de problemas, sino la capacidad de afrontarlos" - Steve Maraboli

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Seré el primero en admitir que yo era un dramático desde el fondo de mi corazón.

No es que estuviera gritando y llorando por cada cosa que pasaba en mi vida, pero siempre le había dado un peso a las decisiones y acontecimientos que pasaban en mi vida. Un peso que la mayor parte del tiempo no deberían de tener, pero que por alguna razón siempre terminaba dándole.

Por ejemplo, el comprar un celular. Había demasiadas cosas a considerar antes de hacer una compra. El modelo, la marca, el diseño, las especificaciones internas, el uso que le tienes que dar. Ese tipo de cosas eran molestas para investigar, pero lo hago para tomar la decisión más informada posible. Después de eso, viene la culpa. ¿Por qué gaste tanto en un celular? ¿Para que necesito un celular?, Mi familia pudo haber utilizado el dinero mejor.

Ese tipo de cosas que siempre terminan liderando hacia un único pensamiento que, aparentemente, no todos tienen.

Suicidio.

Aún recuerdo la primera vez que saque el tema a colación. Éramos un grupo de amigos en el cual realmente nunca encaje del todo, estábamos tomando y contando historias. Uno de ellos compartió algo que torno la atmosfera de amigable a densa y, uno por uno, los demás nos abrimos. Fue por solidaridad, al menos desde mi punto de vista. Cuando llego mi turno y mencione que la mayor parte del tiempo termino pensando en el suicidio yo pensé que todos lo hacíamos.

Aparentemente, no es algo que una persona haga. No una persona cuerda.

Nunca realmente volví a tocar el tema, simplemente comencé a fingir que no tenia esos pensamientos. Principalmente porque no quería que nadie se metiera en mis asuntos, pero también porque no quería preocupar a nadie.

En un día normal, el pensamiento de el suicidio es muy normal para mí. Convivo con él. Coqueteo todos los días con él. Casi puedo decir que somos los mejores amigos.

Y eso era cuando todo en mi vida estaba bien. Antes de que todo comenzara a desmoronarse.

La muerte de toda mi familia cercana fue un golpe duro, cambiar totalmente de país lo fue aún más.

Aparentemente, fui uno de los pocos casos en México de los cuales tomaron atención mediática. Mi familia entera había sido asesinada en plena luz de día. Nadie sabia porque ni como, solo sabían que sus cuerpos habían aparecido y que los atacantes se habían asegurado de no dejar ningún rastro que pudiera ayudar.

Así que, con la atención de México sobre el caso, yo, como único sobreviviente de mi familiar, había cobrado atención especial. Lo suficiente como para entrar en el programa de custodia protegida y me habían enviado lo más lejos que pudieron encontrar.

Japón.

Evidentemente, los primeros días (meses, de ser sincero) fueron horribles. No deje que nadie se diera cuenta, porque nadie tiene que enterarse de mis asuntos, pero fueron días malos. Nunca había estado tan cerca de el suicidio como en esos días.

La única razón por la cual no había sido una opción antes era porque le había prometido a mi familia el no hacerlo, sin ella, la promesa pierde un poco de sentido, ¿no?. La razón principal ahora era que el suicidio era la opción de los cobardes. Y yo no soy un cobarde.

Sin embargo, logre seguir adelante. No era como si tuviera otra opción, ¿verdad?. El suicidio es una solución permanente a problemas temporales (Gracias, Robin Williams) y estoy tratando de solucionarlo.

Lo que me regresa al pensamiento inicial.

En mis manos había un panfleto.

La cultura japonesa era rara. Una chica muy hermosa vestida de maid francesa estaba entregando esos panfletos en una plaza pública. Y no aceptaba un no por respuesta (a pesar de que lo intente y de que la chica no hablo una sola palabra).

No tenia información de contacto ni el nombre de la compañía. Simplemente tenía una frase impresa.

"Todos tus deseos se harán realidad".

-Todos mis deseos…-

Pero ¿Cuáles eran verdaderamente mis deseos?

Ni siquiera podía tomármelo en serio, ¿Deseos a esta edad?, la idea me provocaba risa.

Podría pedir literalmente lo que sea (es mi propia cabeza, independiente de si se cumplan o no, está permitido soñar), pero lo único que se me vino a la cabeza fue…

-Deseo mi muerte.-

Esperé dos segundos y luego sonreí. Por supuesto, no había funcionado. Me siento un poco tonto ahora.

Tiré el folleto y comencé a ir hacia mi cocina. Tenia hambre.

-¿Me repetirías tu deseo, humano?.-

Saque la cabeza de el refrigerador, asustado, cuando escuche una voz en mi apartamento. Vivía solo.

Justo en donde había tirado el folleto se encontraba una chica pelirroja, muy hermosa, y me miraba con una divertida sonrisa.

Yo era dramático en el fondo, pero no tan dramático como para aparecer en medio de el apartamento de alguien sin que nadie supiera como lo había hecho.

Esto no estaba bien. No era ni siquiera posible. Siempre comprobaba las cerraduras de las puertas y las ventanas, varias veces. No podía haber forzado la puerta, el ruido lo habría alertado, mucho menos romper los vidros de la ventana. En el improbable caso de que hubiera dejado la puerta abierta, no era posible que él no hubiera notado que se abría la puerta; en el caso más probable de que hubiera dejado las ventanas abiertas, estaban en un segundo piso. Nadie podría subir un piso por fuera de un edificio y verse como si simplemente hubiera aparecido en la existencia.

-No recuerdo haberte invitado, extraña. -

La chica sonrió. Sus dientes perfectos lo hicieron sentir inseguro con respecto a sus propios dientes, que se encontraban manchados por el cigarro y el alcohol.

-No lo hiciste. Pero que amable eres, dejándome entrar de todos modos. -

Rei. Más para ocultar mi creciente incomodidad que por algún sentido verdadero de gracia.

-Realmente impresionante. ¿Lo ensayaste antes de aparecer? -

La pelirroja se movió por su casa (SU casa) como si le perteneciera. Sintió que su ojo se movía ligeramente y la incomodidad siendo reemplazada por molestia. ¿Quién se creía esta chica? Era mi apartamento (MIO), pero ella caminaba por el lugar como si le perteneciera. Como si hubiera estado en su casa miles de veces. Encontró la única silla que había en todo su departamento y se sentó. Parecía tan ridículo, pero ella parecía estar sentada en un maldito trono en lugar de en una silla barata.

Sus movimientos eran lentos, metódicos. Tenían una gracia antinatural. No era natural. No era posible que algún humano pudiera moverse de una manera tan calculada. Algo dentro de mí me decía que había algo mal con esta chica.

La sonrisa que tiene en su cara es de gracia. Como si estuviera disfrutando toda la situación. Bien podría estar haciéndolo.

-No necesito ensayar; no para algo como tú. -

Ahí estaba. Una pista. Una confirmación que ella me estaba dando. Ya sea que fuera su intención o no, había confirmado mi intuición. No eran lo mismo. Lo podía sentir en mis huesos. Ella era un peligro. No sé cómo, ni porque, pero algo me grita que ella es mucho más peligrosa de lo que su apariencia dice.

-Si, mencionaste lo mismo al principio. ¿Te importaría explicar? –

La chica me miro a los ojos. Tiene unos ojos muy hermosos. Verdes y azules. Siempre había tenido envidia de las personas que tenían los ojos de color.

-Siempre creí que cuando la gente siente miedo, su primer instinto es huir. Pero tu te quedas, fingiendo que no pasa nada. Fingiendo que todo está bajo tu control. -

Por alguna razón, hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo. ¿Había una amenaza en sus palabras? ¿Había una ligera inflexión en su tono, una ligera fluctuación en su discurso? ¿Solo es su cuerpo diciendo que no debería seguir con esta conversación?

-Que divertido. Incluso ahora estas tratando de racionalizar esto. –

Que molesta es.

-Si bueno, si no me dices lo que esta pasando, solo puedo asumir. –

Ella suspiro de buena gana. Como cuando llego de un día agotador en el trabajo y me quito mis zapatos. Como cuando estoy acostado en mi cama listo para dormir y suspiro de buen humor.

- ¿Sigues sin entenderlo? Tu pediste un deseo. Estoy aquí para cumplirlo. –

Mis cejas se alzaron. Estaba solo cuando "pedí un deseo". Estaba seguro de eso. No había nada en ese panfleto que indicara que tenia algún dispositivo (e, incluso entonces, no conozco ningún dispositivo que exista que pudiera transportar a una persona de un lugar a otro en un abrir y cerrar de ojos).

- ¿Debo asumir que no eres de un servicio de prostitutas? -

Eso lo dije simplemente para obtener una reacción. Para ver si puedo meterme con ella.

Su cara ni siquiera se movió un centímetro más allá de una leve sonrisa cordial.

-Se puede arreglar, si es tu deseo-

Bien, si quieres jugar, vamos a jugar. De todas formas, no creo que haya vuelta atrás de lo que sea que sea esta interacción.

-¿Y qué…exactamente…crees que deseo?.-

Ella pasea la mirada por la habitación, sin ni siquiera inmutarse. Creo que es lo más cercano que ella me dará a un encogimiento de hombros, porque así se sintió.

-Esa es la pregunta, ¿no? ¿Qué deseas realmente? –

Algo en esa ultima palabra estaba fuera de lugar. Fue más dulce, más seductora, más calmante. Me hizo sentir débil. Fue solo una pequeña inflexión en su voz, en sus palabras. Algo tan sutil que me había costado incluso notarlo.

Doy un paso atrás y sacudo la cabeza, sintiendo algo dentro de mi cerebro por un momento antes de que desaparezca como si nunca hubiera estado nada ahí.

-Bueno, deseo muchas cosas. Una comida caliente, buena compañía, una buena noche de sueño… –

Ella inclina su cabeza y la apoya sobre su mano. Mirándome. Sus ojos son difíciles de leer, pero puedo jurar que parece divertida.

-¿Me convocaste por una comida decente y una noche de sueño? –

- ¿Tienes estándares más altos que cumplir? –

Ella ríe, como si acabara de decir algo encantador.

-No soy yo quien debería preocuparse por estándares esta noche. –

La risa se atora en mi garganta, pero la fuerzo a salir.

-¿Eso lo decidiste tu?. –

-Lo decidiste tu mismo cuando me convocaste. –

Ella suspira de nuevo. Un poco menos alegre, pero no de forma negativa. Se levanta y siento que todo mi cuerpo se tensa. Mis manos se convierten en puños aún cuando se, desde lo más profundo de mi ser, que ella ni siquiera tendría que esforzarse para matarme.

-Esto es divertido, humano, pero no soy fan de perder mi tiempo. Ahora, dime, ¿seguirás negando la verdad? –

Aprete los dientes y me prepare para lo que sea que ella pudiera hacer. Si moría, moriría en mis términos. Si no lucho por mi vida no es mejor que el suicidio, y yo no soy un cobarde.

-¿Qué verdad? –

Los ojos de ella se llenaron de algo oscuro. Muy oscuro.

-Si quieres morir, solo tienes que pedirlo. –

Siento que mi piel se eriza. De nuevo, no hay nada en su tono más allá de una cordial neutralidad. Ningún indicativo de agresión. Ni siquiera había una inflexión en su voz como la vez anterior. Lo dijo como si fuera una pregunta genuina. Como si estuviera obligada a preguntar más que porque realmente le interesara.

Era mi boleto dorado para morir y quien me lo entregaba era tan malditamente irritante.

Si hubiera sido literalmente cualquier otra persona, hubiera estado encantado. Ella me molesta tan profundamente que me niego a deberle gratitud a alguien así.

-¿Y si solo quiero ver que tan lejos llegarías? –

Ella parpadea lentamente, considerando. Era la primera reacción genuina que mostraba desde que había aparecido. Por alguna razón, eso hizo que mi piel se erizara aún más.

Volvió a tomar asiento (en MI silla) y ahora parece más contemplativa que divertida. Sus ojos azules se pierden en el espacio por un momento. Mirándome a mí, pero al mismo tiempo mirando a través de mí.

-Bueno, fue un buen primer intento, Rias-tan –

Parpadee cuando escuche la voz masculina. ¿Desde cuando las personas a parecen de la nada?

El hombre pelirrojo que estaba detrás de mi tomando mi té (MI té) había aparecido en algún momento, supongo. Estaba vestido con una armadura ornamentada y demasiado llamativa como para ser algo que realmente se usara en el campo. Y, ¿desde cuando la moda de las armaduras volvió?

-Te dije que no intervinieras, hermano. –

-Bueno, te veías realmente en un aprieto. –

Ella, quien asumo que se llama Rias, se veía malhumorada. Como una niña malcriada a quien le habían quitado su diversión. El hombre pelirrojo, su hermano, parecía como si hubieran tenido esta situación muchas veces antes.

-¿Desde cuando las personas se aparecen en mi casa como si nada?. –

-¿hmm?. Te pido una disculpa, pero tienes que entender que un hermano mayor siempre tiene que cuidar de su hermanita, ¿verdad?. –

Mi propio hermano parpadeo por mi cabeza. Nunca habíamos sido cercanos. Ambos éramos de sangre caliente, imprudentes y tercos. Durante toda la vida habíamos sido conocidos. Personas que se saludaban en las fiestas, pero que nunca interactuaban durante todo el año.

Nunca se lo dije, pero amaba a ese cabron.

Y ahora ya no estaba y nunca podré decírselo a la cara.

Era algo bueno ahora que lo pienso. No quiero ni imaginar que es lo que me diría si me escuchara hablarle de sentimientos.

-Luces como si entendieras el sentimiento. –

Vuelvo a concentrarme. Ambos extraños me están mirando y me encuentro falto de respuesta.

-De todas formas, estoy seguro de que te preguntas que es lo que esta pasando, ¿verdad? –

Asiento, y el hombre simplemente sonríe con calma, algo oscuro burbujea en la superficie de sus ojos.

-Bueno, como estoy seguro de que te has dado cuenta, no somos humanos. Somos demonios. –

A su espalda, un par de alas de murciélago emergieron. Grandes, negras y esqueléticas alas. Lo suficientemente grandes como para cubrir todo el espacio de su pequeño apartamento.

Eso era… no lo que esperaba.

Una parte de mi enloqueció en ese mismo instante. sentí que profundamente en mi algo no cuadro por un segundo.

Exhalo para calmarme. No sabía que eran demonios, pero si sabia que no eran humanos.

No era muy supersticioso, pero supongo que comenzare a serlo a partir de ahora.

-Si, lo supuse. –

Una presión comenzó a emanar del hombre. Algo asfixiante. Puedo ver como el piso comienza a ser comido, la madera y la alfombra comenzando a descomponerse como si no fueran reales. No puedo ver nada diferente, pero estoy seguro de que algo esta haciendo este hombre, algo mucho más allá de mi comprensión.

-¿Y esto no te asusta? –

Era casi divertida esta situación. Si, estoy asustado. Si, quiero correr con cada fibra de mi cuerpo. Si, esta situación es completamente ridícula. Si, muy probablemente estoy teniendo un ataque de demencia y todo esto esta pasando solo en mi cabeza.

Pero, la verdad es que…

-Estoy más aliviado que cualquier otra cosa. –

-¿Oh?. –

Asiento, y meto mis manos temblorosas en mis bolsillos para alcanzar mis cigarros.

-Si existen ustedes, imagino que hay más allá de esto. Algo distinto a esta realidad. –

Si así fuera, y su familia estuviera en eso, el cigarro que acaba de encender era en honor a ellos. Si se encontraron en otro lugar, en un peor lugar, el cigarro era un lamento silencioso.

La sonrisa del hombre se ensancha, llena de compasión y comprensión.

-Lo que me lleva a la razón por la cual estoy aquí. ¿Cuál es tu deseo? –

Ah.

Al final, volvemos a lo mismo.

-Si te lo digo, ¿lo cumplirías para mí?. –

El hombre no se mueve, no parpadea, no respira. Solo me mira fijamente. Sus ojos azules, iguales a los de su hermana, se tiñen con una frialdad que hablaba de experiencia. Este era un hombre que estaba bien con asesinar. Este era un hombre que tenia experiencia asesinando. Este era un carnicero, lo puedo sentir en mis huesos.

Abro la boca mientras siento que la angustia me inunda.

Esto seguro de que este hombre puede matarme y no significaría nada para él. Ni siquiera seria lo más relatable de su día.

-Yo quiero…morir-

Mi corazón late con fuerza, como si tratara de advertirme que algo malo pasara. Como si todavía hubiera algo que salvar.

La misma habitación parece respirar conmigo. Como si el mundo entero acabara de aceptar mi confesión.

El hombre se inclina ligeramente, como un saludo.

-Si ese es tu deseo, lo honrare. –

-¡ESPERA!-

Parpadeo y recuerdo que no estamos solos.

La mujer (Rias) también está presente.

Parecía angustiada. Tenia los labios fruncidos y los ojos tristes. Tan tristes y compasivos.

-¿Qué?–

Ella avanza, pisando el suelo con determinación. No es más imponente que su hermano, ni más aterradora, pero hay algo en su mirada que hace que me sea imposible mirar hacia otro lado.

La actitud inhumana que tenia antes de la llegada de su hermano se rompe. Sus ojos son claros y transparentes. Ella tiene los ojos más humanos que yo haya visto en mucho tiempo.

-No puedes tenerlo. –

El hombre parpadea.

Solo entonces me doy cuenta de que el hombre ya no se encuentra lejos de mí, sino justo frente a mí, al alcance de su mano. Su mano alzada. Por como se ven las cosas, estaba a punto de ser asesinado y solamente tomaría una mano.

El hombre sigue sonriendo, pero sus ojos están afilados, concentrados, desprovistos de emoción.

-¿Rias?. –

Ella me aleja del hombre y se interpone entre nosotros. No puedo ver su cara, pero puedo ver que su hermano esta perdiendo la paciencia. La mano que me iba a quitar la vida sigue alzada, pero esta vez apuntando a ella.

No, así no serán las cosas.

Yo no quiero meter a nadie más en esto.

Intento hablar, pero la garganta se me cierra. Intento alcanzarla, pero me encuentro congelado en mi lugar, sin poder moverme.

Tiemblo de esfuerzo y, a pesar de todo, me obligo a abrir la boca.

-No…No importa. Todo estará bien. –

Ambos me miran. Los ojos azules tan parecidos antes no pueden ser más diferentes ahora. Los del hombre siguen siendo fríos, impersonales. Los de la mujer no son nada más que calidez y bondad. Ambos son demasiado para mi y cualquier cosa que pudiera haber intentado decir se niega a salir de mi garganta.

A falta de palabras, trate de sonreírle a la mujer, y eso pareció envalentonarla.

-Claro que importa. –

Ella se acerca a mi y resisto el impulso de dar un paso atrás. Nunca me a gustado que las personas me toquen.

Parece que no soy bueno en ocultarlo, porque ella se detiene a medio paso y simplemente extiende su mano hacia mí.

Y yo...

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Entonces, que les pareció?

No tendrá actualizaciones constantes porque, desafortunadamente, no tengo tanto tiempo libre, pero las actualizaciones serán más o menos de este largo.

Cualquier comentario se agradece.