El lunes a la salida de la escuela Sango y Rin ya estaban en el cementerio esperando a que Kagome soltara toda la sopa con detalles.
—Pues... cuando llegó Inuyasha, abrí la puerta y se me fue encima, para cuando llegamos a mi habitación, ya casi no teníamos ropa encima. Él no paraba de decirme que olía delicioso y que qué le había hecho, yo no entendía a qué se refería, había utilizado el mismo shampoo de siempre y no me había puesto ningún perfume en especial. Pero su miembro no había parado de gotear así que supuse que algo había de diferente en mí que le resultaba irresistible. Luego… como si estuviera drogado olfateó mi zona íntima sobre la tela… y gruñó. Rompió mi ropa interior con sus garras y me devoró como si no hubiera un mañana. Lamía, succionaba y metía su lengua tan… grotescamente que yo no supe de mí, me vine muchas veces y cuando sentía que ya no podía más, me giró, elevó mi trasero y se adentró con fuerza dentro de mi…
—¡Qué! —Gritó Sango, Rin escondía toda su cara tras la mochila, incapaz de ver a su amiga a los ojos, no podía creer todo lo que acababa de escuchar —¿Y no te dolió? No puedo creer que fuera tan brusco, fue tu primera vez, ¿no?
—La verdad, sí dolió bastante, pero me gustó sentir ese dolor, no sé cómo explicarlo, creo que yo tampoco estaba en mis 5 sentidos.
—No puedo creerlo, ¿y después? —Sango urgió a su amiga que continuara con el relato.
—Pues me dio duro así de perrito, supongo que es lo natural para ellos, mordía mi cuello y mi hombro ligeramente. Después de que me hiciera venirme de nuevo, pero de una manera muy diferente, él terminó. Cuando recuperamos el aliento, salió de mí y me besó tiernamente, sus ojos estaban rojos, pero poco a poco regresaron a la normalidad. Al cabo de un rato me pidió perdón y me preguntó si me había lastimado, yo le dije que no, y ya más consciente de lo que había hecho le pregunté por el condón y él me dijo "¿cuál condón?", así supe que estábamos fritos…
—Ay Kagome... —Sango negó con la cabeza.
—Él dijo que no me iba a pasar nada porque no estaba sangrando, yo no entendí de qué estaba hablando y comencé a alterarme, fue entonces que Inuyasha también se preocupó y le hablo a su hermano. Sesshoumaru y Rin llegaron, discutimos, nos dimos cuenta que ellos solo conocían el ciclo reproductor de las perras…. eeeeehhh… entonces Rin salió con una idea americana, algo sobre una pastilla mágica.
—La pastilla del día siguiente —Asintió Sango.
—¿La conoces? —Ahora Rin preguntó asombrada, sin duda alguna Sango era una mujer muy sabia.
—Sí, pero nunca la he tomado, alguna vez se nos rompió el condón, Miroku estaba muy mortificado y yo investigué cuanta cosa pude por internet, ahí me enteré de su existencia, aunque toda la ilusión se esfumó cuando leí que los menores de edad no podían comprarla, finalmente hicimos cuentas y decidimos arriesgarnos, ya que solo faltaban 5 días para que me bajara y efectivamente no pasó nada.
—¡Qué valiente! —Rin y Kagome elogiaron a su amiga.
—Claro que no, soy una irresponsable, en realidad no deberíamos andar haciendo estas cosas siendo menores de edad… pero la carne es débil —confesó Sango mordiéndose el labio y cerrando los ojos, probablemente recordando cosas indebidas. —En fin y luego ¿qué pasó?
—Pues, Sesshoumaru dijo que lo mejor sería pedirle ayuda a su madrastra, así que fuimos a su casa y la señora Izayoi compró la pastilla, habló con mi mamá por teléfono y la convenció de no decirle a mi papá… el papá de Inuyasha estaba furioso, golpeó a Inu un par de veces. A la mañana siguiente llegó la pastilla, me la tomé y le hablé a mi mamá y pues ufff, me dijo que cómo era posible que no confiara en ella, que siempre ha estado dispuesta a escucharme etc. etc. me solté a llorar pidiéndole perdón y bueno, nunca más me va a dar permiso de quedarme sola hasta que sea mayor de edad para que no vuelva a acostarme con Inuyasha…
—Bueno todos sabemos que nada les va a impedir volver a hacerlo, una vez que pruebas esa cosa no hay marcha atrás —las sabias palabras de Sango resonaron entre los pilares de las tumbas.
—¿En serio? —preguntó incrédula Rin —¿Pero ahora dónde lo van a hacer?
—Lugares no les van a faltar, los almacenes de la escuela, el bosque, algún pasillo poco concurrido de la biblioteca… además Inu al ser demonio puede acceder a otros espacios más aislados.
—Puede ser, pero por el momento quedé lo suficientemente asustada como para volverlo a intentar, además esa pastilla me dio nauseas —Kagome se abrazó a sí misma.
El siguiente sábado Sesshoumaru llegó una hora antes a la biblioteca, fue al pasillo de medicina y tomó algunos libros de ginecología, si en la escuela no le enseñaban lo necesario, él no se rendiría, tenía la responsabilidad de cuidar a Rin y no quería que ella pasara por la misma humillación y malestar por el que pasó la novia de su hermano.
Rin llegó a las 10 y como todos los sábados se perdieron en el pasillo de filosofía y después de manosearse hasta el cansancio por encima de la ropa, Rin se quedó sentada a horcajadas sobre él tratando de recuperar el aliento —Hoy hueles muy bien —le susurró él en el oído, había checado en el calendario y Rin estaba en el tercer día después de la ovulación por lo que todavía se consideraban días fértiles, según lo que leyó en internet. El olor era penetrante, pero no lo desquiciaba como el día más fértil, por lo que se creía capaz de controlarse.
Rin se puso roja, nerviosa, como queriendo pedir algo que no se atrevía —¿Qué sucede? —la cuestionó.
—Hum… ¿cuándo vamos a hacer algo más?
—¿Quieres hacerlo?
—¡Qué! —Rin abrió los ojos aún más, mortificada —¡No! Bueno… sí, pero no, o sea…
Él se había jurado y perjurado que no lo haría hasta tener 18, pero con Rin tan dispuesta, cada vez estaba más seguro de que no iba a poder cumplir esa promesa consigo mismo. —El próximo sábado mi mamá va estar en Kyuushuu por un viaje de negocios, podemos ir a su casa…
Ella asintió sin verlo a los ojos y su corazón se aceleró por la anticipación.
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Él último sábado de octubre, se quedó de ver con Rin a las 9am en el bosque camino a la escuela, le pidió que se fuera bien abrigada ya que hacía mucho más frío en el cielo, que en la tierra, pero nunca imaginó que a su encuentro llegara una pequeña bolilla anaranjada con un par de botas café a penas visibles, sonrió para sí mismo pero no dijo nada, con ayuda del su mokomoko envolvió a Rin, ya que la chamarra esponjosa le dificultaba un poco el agarre, la sujetó firmemente contra su cuerpo y volaron rumbo a frontera con Shimane y Tottori, arriba en el cielo estaba el palacio de su madre.
—¿Quiénes son estas personas? Creí que estaríamos solos… —Rin lo cuestionó en el instante en que pusieron un pie en el palacio.
—Los guardias y algunos juguetes de mi mamá. Ignóralos.
—¿Juguetes?
—Es una mujer soltera, con dinero…
—A... ok, entiendo... ¿pero acaso los guardias no le van a reportar que estuvimos aquí?
—Es lo más probable, pero no creo que a mi mamá le importe, siempre y cuando no cometamos la estupidez de mi hermano y Kagome.
—¿De verdad? No puedo creerlo…
Avanzaron ignorando a los guardias y viceversa. Sesshoumaru caminó por los pasillos con Rin siguiéndolo detrás —Este es mi cuarto, todos los cuartos del palacio están insonorizados, así que nadie podrá oírnos.
—Puedes matarme y nadie se va a enterar —Rin dijo de broma, al parecer estaba nerviosa. Él sonrió, aunque no dijo nada y la invitó a pasar a su habitación.
—Es muy diferente a tu cuarto en la casa de tu papá, este lugar es enorme y lujoso.
Los muebles de madera fina estaban tallados con escenas extrañas, probablemente leyendas de los youkai de otros países, tenían incrustaciones de oro y la decoración variaba entre lo japonés, lo chino y lo de medio oriente. Su mamá había recolectado esos objetos en algunos de sus viajes al extranjero.
—Los estándares de mi madre son diferentes, dame tu chamarra —Rin se quitó la chamarra y luego un sweater y luego un chaleco térmico y finalmente una playera de pana, quedándose solo con una blusa de cuello de tortuga térmica. —Te tomaste muy enserio mi consejo.
—Sí y sí hace mucho frío afuera, pero aquí está calientito.
—Tecnología youkai, ¿quieres comer o beber algo?
—No, estoy bien, gracias... —Rin exhaló y se sentó en la cama mirando a todos lados menos a él, definitivamente estaba nerviosa. Él se acostó y con su mokomoko la envolvió, jalándola y aprisionándola a su lado para tenerla a su merced.
—No tenemos que hacer algo si no quieres, podemos solo platicar… —Sugirió para dejarle una salida, que supiera que no estaba obligada a hacer nada por compromiso o para complacerlo a él. Ella escondió la mitad de su cara en el mokomoko dejando solo al descubierto sus curiosos ojos.
—Sí quiero... —susurró contra su pelaje, se veía tan tierna e inocente, lo volvía loco. Decidió dejarle a mokomoko para que lo utilizara como mejor le conviniera, mientras él dirigió sus manos hacia el abdomen y por primera vez se aventuró a tocar la piel debajo de la blusa.
Iba levantando poco a poco la tela al mismo tiempo que lamía y besaba la tersa piel que quedaba al descubierto.
Cuando llegó a sus pechos sintió de inmediato como ella se tensó y apretó con fuerza la estola. Con una lentitud tortuosa fue subiendo la blusa hasta dejar al descubierto el sostén. Lamió la piel que no alcanzaba a cubrir la prenda y movió un poco el mokomoko para poder verla a los ojos y obtener su permiso, tocó el borde de la copa y ella soltó una risita, pero inmediatamente después se cubrió la cara por completo.
Él sonrió y sin más preámbulo bajó la copa por completo llevándose a la boca aquel montículo de carne tierna y jugosa, ganándose de inmediato un jadeo lleno de placer por parte de ella. Hizo lo mismo con el otro pecho, los masajeó, los lamió, los succionó y Rin estaba tan extasiada que ya ni se cubría con el mokomoko, ahora descaradamente gemía mientras las pequeñas manos serpenteaban por su cuero cabelludo y rasguñaban su espalda.
Escaló el delicado cuello hasta capturar esos labios carnosos, se besaron desesperadamente y en algún momento sus ropas de la cintura para arriba desaparecieron. Su fría piel de porcelana se derretía contra la cálida y suave piel de ella, no había sensación más deliciosa en el mundo que esa.
Su mano rozó al botón del pantalón de Rin y ella detuvo el beso, abrió los ojos y se mordió los labios. —¿Quieres que me detenga? —Preguntó él. Ella negó con la cabeza, así que continuó. Desabotonó el pantalón y bajó el cierre, creando suficiente espacio para adentrar su mano por debajo de la ropa interior.
En ningún momento dejó de mirarla a los ojos, quería observar todas sus reacciones y memorizar cada gesto o sonido que ella emitiera, sus dedos se pasearon por la delicada piel y se abrió paso para recolectar un poco de la miel que emanaba de ella y lubricar con ello la pequeña perla que tanto ansiaba tocar.
La acarició lento y con cuidado al principio, pero fue aumentando la presión y la velocidad a medida que el cuerpo de Rin se lo pedía. Hubo un momento en que la mano femenina se aferró a su antebrazo, enterrándole un poco las uñas —me quema —susurró ella, pero sus pies se tensaron y su espalda se arqueó, así que decidió seguir hasta que lo vio, el instante en que Rin llegó al cielo.
Ella abrió los ojos llorosos segundos después ya más calmada y quizás un poco desconcertada. Él sonrió, no entendía como podía verse tan tierna después de eso. Besó la punta de la nariz y se incorporó un poco para quitarle los pantalones y la ropa interior por completo.
Rin dio un respingo y se elevó un poco sobre sus codos para verlo mejor.
—Déjame probarte... — dijo él con voz rasposa y ella negó con la cabeza aumentando el color rojo en sus mejillas. —Por favor —rogó. Jamás le había rogado a alguien, ni siquiera recordaba haber dicho "por favor" alguna vez, pero por ella hasta se hincaría. Rin soltó un suspiro y se acostó de nuevo.
—Estoy segura de que sabe horrible, pero ándale.
Sesshoumaru no perdió ni un segundo, no iba a desaprovechar tan suculenta oportunidad, así que abrió le las piernas y devoró la ofrenda.
Rin no podía creer que tenía la preciosa cara esculpida por los dioses de Sesshoumaru en medio de sus piernas consumiéndola como si de una fruta exótica se tratase. Sentía que no lo merecía, que era un pecado ofrecer tan poco a tan divino ser.
Al principio las inseguridades se apoderaron de su mente, impidiéndole concentrarse en lo que su piel sentía.
Pero repentinamente algo se adentró en ella haciendo presión en su pared interna y comenzó a sentir de nuevo aquel calor en esa zona, ese escalofrío que le recorría desde la punta de sus pies hasta la nuca, pero algo estaba mal —no… ¡esperaaaa! —demasiado tarde, se había hecho pipí en la cara de Sesshoumaru, ese era el fin del mundo, ya no quería saber nada de la vida.
Cuando quiso pedirle perdón, solo alcanzó a escuchar que él le pedía que se corriera de nuevo para él, entre otras vulgaridades.
Y sí, volvió a hacerse pipí una y otra y otra vez, hasta que ya no podía pensar claramente solo susurraba —ya por favor… para.
Gracias al cielo él se detuvo, se acostó a su lado con una enorme sonrisa, estaba empapado de la boca para abajo, pero se veía tan feliz que Rin no dijo nada y se quedó dormida.
