*El origen del mundo: (L'Origine du monde) pintura de Gustave Courbet


De nuevo sábado por la mañana y esta vez no iban a salir, para colmo, a su papá y a su madrastra les encantaba pasar el fin de semana en la casa, todo un fastidio.

Sentados en la cama optaron por ver películas en la laptop mientras Ah-Un retozaban en el piso de la habitación.

Ya estaba planeando todo para el 1 de octubre, iba a dejar a Ah-Un con su papá y le iba a decir que visitarían a su hermano en Osaka, desde el viernes en la tarde, en parte era verdad, pero tenía planeado pasar todo el sábado en el onsen de Arashiyama y regresar antes del anochecer al departamento de Kagome. Así no correrían peligro por los Genin, tendrían privacidad y estarían en un lugar con el ambiente adecuado.

A media película su papá tocó la puerta dos veces y abrió —Jóvenes, voy a ir con Izayoi al super, ¿quieren algo?

—No, pero muchas gracias señor Toga —contestó Rin con una sonrisa.

Su padre cerró la puerta. Y Sesshoumaru dejó de prestarle atención a la película. Escuchó el motor del carro prenderse y en cuanto arrancó, cerró la laptop de golpe, la dejó en el escritorio de al lado y se abalanzó hacia Rin quién no paraba de reír.


Mientras tanto, Toga iba empujando lánguidamente el carrito del super siguiendo a Izayoi, quien se paseaba por el área de las verduras.

—¿Cuánto tiempo les vas a dar? —Preguntó su mujer mientras observaba dos berenjenas que parecían prácticamente gemelas.

—Yo creo que con hora y media es suficiente.

—¿Crees que restringiendo el tiempo vas a evitar que Rin salga embarazada antes de que se casen?

—Oye, si en dos años no han salido bebés, eso quiere decir que Sesshoumaru es el dios del autocontrol, no entiendo cómo lo hace, he pasado varias veces por su cuarto en la noche y nunca escucho que hagan nada.

—Definitivamente salió a su mamá, a mí me embarazarte a la semana.

—Jeje, sí yo no tengo autocontrol y menos con alguien tan preciosa como tú —le susurró al oído


Los labios de Sesshoumaru recorrían su torso desnudo e iban bajando y bajando hasta... —¡No! ¿Qué haces? — gritó Rin espantada al ver la boca de él peligrosamente cerca de su vulva. Se levantó un poco sobre sus codos para observar mejor lo que estaba ocurriendo.

—Quiero besarte.

—Pero ahí no... —sabía lo que Sesshoumaru pretendía, había estado viendo varios videos porno, tratando de estudiar sobre el tema, pero le parecía inconcebible que ese acto en particular realmente pudiera ser disfrutado por los hombres, era un lugar… sucio.

—¿Por qué no? —Sesshoumaru la cuestionó sin alejar su cara de ahí.

—No creo que sepa bien… —cómo decirle que sentía vergüenza y se sentía insegura…

—Rin, por favor, mira cómo me tienes nada más de pensar en saborearte —y para dejarle en claro que era algo que a él le excitaba, se sentó y le mostró su grueso y palpitante miembro —por favor, solo un poco.

No podía decirle que no a la imagen de Sesshoumaru rogándole por besarla ahí… —Está bien —exhaló, se echó para atrás y se tapó los ojos con su antebrazo, no queriendo ver la decepción en la cara de su novio cuando probara el peor sabor del mundo.

El aliento caliente pegó en su delicada piel y luego la lengua húmeda y tibia recorrió toda el área. No iba a poder con esto, necesitaba apoyo. Tomó una almohada y se aferró a ella como si su vida dependiera de ello.

El cuarto se llenó de sonidos húmedos, susurros vulgares y gemidos obscenos, él succionaba su clítoris, lo lamía, a veces la lengua entraba y salía… no podía, era demasiado, algo iba a explotar y no de buena manera—No... —fue la única palabra que fue capaz de articular antes de que ocurriera el desastre.

Todavía un poco mareada por el clímax que la arrolló, se apoyó tambaleante en sus codos para ver la boca y el pecho de Sesshoumaru completamente mojados —p p…perdón… —Así se sentía el fin del mundo «¡ya mejor llévame diosito!» pensó mortificada.

Pero Sesshoumaru sonrió, parecía que ni siquiera la había escuchado, se levantó, la jaló de las piernas hasta que su trasero quedó en el borde de la cama y se hincó frente a ella.

—¿Quieres correrte de nuevo? —murmuró y su pecaminosa boca regresó al origen del mundo*. Ella se asomó y alcanzó a ver que el brazo derecho de Sesshoumaru se movía frenéticamente casi al mismo compás que la boca mientras su otra manó abría sus pliegues. Incapaz de seguir mirando, cerró los ojos y se dejó llevar… y volvió a suceder.

—Dime qué quieres, Rin —alcanzó a escuchar la rasposa voz que preguntaba cosas.

—Más —contestó con lágrimas en os ojos. Estaba segura de que sus gritos y gemidos se escuchaban por toda la cuadra, pero no podía contenerse, era imposible con esos dedos y esa lengua que no le daban tregua.

Se corrió de nuevo, las piernas le temblaban y su cavidad trataba de succionar el dedo que todavía se movía dentro de ella. Entonces Sesshoumaru se levantó se inclinó hacia ella apoyándose en un brazo y con la otra mano dio los movimientos finales para dejar salir con un gruñido el semen caliente sobre su vientre. Y escucharon el motor de un carro apagarse.

Como alma que se la lleva el diablo, Sesshoumaru limpió a Rin con su playera, luego le dio la vuelta a la tela, se secó la cara y el pecho y luego trapeó con ésta el piso. Al mismo tiempo ella se puso el pijama sin la ropa interior porque no supo dónde quedó. Abrió la puerta del balcón, para que se aireara un poco la habitación…

—¡Prende un cigarro! —gritó Sesshoumaru ahora vestido con otra ropa y Rin corrió al escritorio, abrió el portafolio y prendió el cigarro. Segundos después Sesshoumaru se lo arrebató y comenzó a inundar la habitación de humo, fue entonces que reparó en las miradas perturbadas de Ah-Un quienes los veían desde la esquina de la habitación.

Se escucharon dos golpes en la puerta—¿Están presentables? —preguntó el señor Toga al otro lado de la puerta.

—Sí —contestó su novio con indiferencia desde el balcón, como si no hubiera pasado nada.

El señor Toga abrió la puerta y encontró a una Rin sentada en la cama viendo su celular, a unos perros sacados de onda en la esquina y a su hijo fumando en el balcón —¡Cierra la puerta del balcón Sesshoumaru! ¡Estás llenando toda la habitación de humo!

El hijo cerró la puerta del balcón a medio reclamo del papá como queriendo callarlo con el acto, pero el señor Toga continuó reprendiéndolo al otro lado del cristal —¡Cuántas veces tengo que decirte que está prohibido fumar dentro de la casa!

Sesshoumaru se limitaba a mirarlo con desdén y el señor Toga finalmente se rindió —Perdón Rin, solo vine a decirles que ya llegamos, para que bajen a comer —sonrió.

—Muchas gracias señor, ahorita bajamos —ella le devolvió la sonrisa y el señor Toga salió de la habitación.

Sesshoumaru apagó el cigarro y regresó al cuarto ya más calmado a buscar la ropa interior de Rin.

—¿Crees que sospeche algo? —preguntó Rin un poco preocupada.

—Lo sabe.

—¡Qué! —gritó espantada.

—Es obvio Rin, además se tardaron más de una hora en el supermercado a propósito, para darnos tiempo, pero está loco si creé que yo con hora y media tengo.

Rin se quedó en shock —¿Entonces para que prendimos el cigarro y todo?

—Porque hay que seguir el teatro, juegos estúpidos de la sociedad.

Rin no entendía nada de esos juegos —¡Entonces ya no voy a poder verlos nunca a los ojos! —chilló y se tapó la cara con la almohada.

—Rin ellos hacían lo mismo a nuestra edad, es natural. Lo que es tedioso es estar fingiendo que nadie sabe lo que todos saben.

Rin exhaló resignada y caminó hacia la puerta para bajar a comer, cuando se dio cuenta de que Ah-Un seguían en la esquina sin acercárseles —¿Habrá psicólogos para perros? —preguntó al aire.

.

.

.

El siguiente sábado 17 de septiembre Sesshoumaru trabajó y el 24, último sábado de septiembre, el papá volvió a dejarlos solos, Sesshoumaru quería que se repitiera lo de hace dos semanas, pero ella no lo dejó —es que, estoy en mis días —bajó la mirada apenada, sintiéndose culpable, pero él la abrazó y besó su cabeza.

—No te preocupes, acabemos de ver la película de la semana pasada.

—Hum.. bueno es que yo quería probar algo… —después de ese día en que Sesshoumaru la había convertido en una de las fuentes flotantes de Osaka, se propuso ver muchísimos más videos porno, se sentía en total desventaja al no tener experiencia en esos ámbitos y quería que su novio se sintiera tan bien atendido como él hacía con ella.

Sesshoumaru alzó una ceja interesado —adelante…

—Espera, —Rin sacó a Ah-Un del cuarto y cerró la puerta —ahora sí, amm siéntate en la silla del escritorio.

Sesshoumaru obedeció, pero la vio con desaprobación, probablemente ya imaginándose qué quería hacer. Ella se hincó frente a él sonriendo y llevo sus manos al resorte del pants para bajarlo —Rin, no tienes que hacer esto, podemos pasarla bien solo viendo la película.

—Pero yo también quiero probar, debemos estar a mano.

—No es competencia.

—Tampoco penitencia —sonrió metió su mano liberando al miembro ya algo duro «no que no» pensó victoriosa al notar que en el fondo a Sesshoumaru le excitaba la idea de que ella lo degustara.

Pasó su lengua por lo todo lo largo y luego cerró sus labios en el glande, notando que la carne de ahí tenía una suavidad y textura diferente al tronco. Con la punta de la legua tocó la apertura y probó ese líquido ligeramente salado que salía de ahí.

Sesshoumaru la observaba serio, aunque se notaba que la mandíbula estaba fuertemente apretada. Comenzó a succionar ayudándose de la mano, como había visto en los videos y esa cosa creció y se ensanchó aún más, intentaba llegar tan lejos como lo hacían las actrices, pero tenía miedo de vomitar, quizá con la práctica algún día lo lograría.

Ella miró la reacción de Sesshoumaru y para su deleite, estaba con los labios ligeramente abiertos y la miraba como si la fuera a matar, sería masoquista, pero eso la hizo gemir, parecía un animal saboreando a su presa. Ella siguió y siguió, ya hasta le dolía la mandíbula y él no daba señales de que fuera a acabar.

De pronto Sesshoumaru llevó las manos a su cabello y comenzó a hacer una especie de coleta, se levantó de la silla obligándola a ella a enderezarse para poder seguir alcanzándolo y jaló de la coleta hacia atrás, para que ella lo viera a los ojos mientras él marcaba el ritmo jalando de su cabello ligeramente. Nunca imaginó que se pudiera sentir tan bien que te jalen del cabello.


¡De dónde rayos Rin había aprendido a hacer esas cosas! Intentaba con todas sus fuerzas no embestir su cara, no venirse en su boca, no jalarla del pelo, no acabar jadeando como perro en celo, pero le estaba resultando casi imposible… sus manos se movieron solas; juntó todo eso hermoso cabello en una mano y se levantó de la silla.

Tirando de la coleta hacia atrás, la forzó a mirarlo hacia arriba, mientras su grotesco miembro se abría paso en esa pequeña boquita que se esforzaba por contenerlo, no iba a aguantar más y mucho menos con esa mirada de inocencia y adoración con la que Rin lo veía…

—Rin —suspiró ya no podía, debía detenerla, pero entonces como si ella supiera qué ocurriría, abrió la boca y sacó la lengua ansiosa por recibirlo. No pudo contenerse, apretó su agarre en el cabello asegurándose de que ella lo mirara todo el tiempo a los ojos y con su mano derecha asistió a su miembro para vaciarse dentro y llenar la boca de Rin.

Ella tragó todo con algo de dificultad y ayudándose con las manos para que no cayera nada al piso y luego le sonrió. Él quedó jadeando; como el perro que era.