Rook

Rook se apoyó por un momento en la pared del pasillo con un suspiro pesado, tras caminar unos pasos por el pasillo que daba a la nueva habitación de la Inquisidora, mientras se frotaba el rostro con una mano.

Dios, era desolador. Había sido desolador.

Rook no podía entender todos los objetos que había en esa estancia, pero sí pudo entender cada una de las representaciones de las paredes. Cada escena, cada imagen, cada momento, de todos los que fueron, que compartieron el dios y la elfa juntos, cada uno más desolador que el otro.

Y cada uno con más amor impregnado que el anterior.

Por eso Lavellan no había querido hablar de su pasado con Solas. Si tuviera que adivinar, Solas había puesto todo eso allí minuciosamente, como si supiese que algún día lo iba a necesitar la Inquisidora, como i supiese que él mismo necesitaba recordar esos momentos, para no perderse en sí mismo.

O quizás porque era masoquista, mirando cada día esas pinturas, recordando lo que fue y lo que podría haber sido, si solo hubiera dado un paso atrás.

Y el último mural…

Y pensar que el dios élfico de la Traición, la Rebelión y las Mentiras era realmente un ducho pintor. Tanto, que había conseguido reflejar fielmente la figura de la Inquisidora en la pared, casi como un reflejo de la propia Inquisidora en la pared.

Y eso solo le hacía volver al mismo pensamiento de antes.

¿Quizás fue un refugio para Solas cuando todo se le venía encima? ¿O una penitencia autoinfligida?

Supuso que nunca lo sabría, a no ser que le preguntase al propio Solas. Y no creía que le fuese a contestar a eso, precisamente. Si intuía bien, el dios era receloso en sus secretos, pero más aun en sus sentimientos, sobre todo aquellos que relacionaba a Lavellan.

Vamos, pondría la mano en el fuego por ese pensamiento.

En ese instante, Rook escuchó golpes venir de la habitación. Se dio la vuelta, alarmada, pero no dio ni un paso, congelándose en el sitio.

"Vete"

El susurro de la Inquisidora le vino a la mente, de nuevo, haciendo que cerrase los puños otra vez con molestia, haciendo que apretase los dientes, mientras se giraba, furiosa.

Había habido tanto dolor en una sola palabra, en un solo mandato

Y Lavellan seguía sin abrirse completamente a los demás. Lavellan, quién según le había dicho Harding, había sido una luz para y por lo demás.

Lavellan, quién guardaba tantos secretos como el propio Solas.

No sabía que pensar. No sabía decir si ella realmente le caía bien, si desconfiaba de la Inquisidora o si quería ayudarla a aliviar ese peso en sus hombros. Pero, fuese lo que fuese, la propia Lavellan se encargaba de alzar esos muros, impidiendo que nadie los traspasase. Porque Lavellan estaba tan herida por Solas, por todo lo que había provocado amarlo, que se había cerrado en su caparazón, como si esa fuese la penitencia de la propia Inquisidora.

Rook frunció el ceño, más molesta aún.

¿Algún día Rook amaría tanto que se olvidaría de todos sus amigos, de todo el apoyo que le habían dado, desechándolos como si no importasen? ¿Acaso el amor era solo dolor, y por eso la Inquisidora se había olvidado de todo lo bueno?

Rook se dirigió a su habitación, en parte molesta, en parte triste por Lavellan.

Nadie debería sufrir de esa manera, pero ella misma se lo había autoinfligido, o eso le parecía, bufo, sin poder evitarlo.

"Peque, no es así. Hay cosas que…"

Rook dejó la mente en blanco, bloqueando la voz de Tejedor. No, ahora no quería que nadie defendiese a la Inquisidora, no cuando Rook sabía que tenía razón, cuando sabía que no había razón de ser en esa actitud tan egoísta. Tenía amigos que se preocupan por ella, se dijo, pensando en Varric y Harding. Siempre hablaban bien de ella, siempre la apoyaban, pero Lavellan parecía haberse olvidado de eso, centrándose en su dolor por Solas.

Y eso no era justo. Ni para ella ni para toda la gente que la quería.

Abrió su puerta, soltando el aire de su pecho lentamente mientras intentaba calmarse. Se acostó en su sillón-cama y empezó a meditar, solicitando al cansancio que la sumiese en los brazos de su amigo el sueño. Inspiró, una vez más, mientras su cabeza se quedaba en blanco, y su corazón ralentizaba el ritmo de sus latidos.

Era hora de pedir consejo sobre los dioses al culpable de todo.


La bruma se apartó, por cada paso que daba. Las ruinas flotando, parecidas a la del más allá, fue lo primero en lo que se fijó. Caminó un poco más, volvió a acercarse al barranco que la separaba del dios, que la esperaba en lo alto, con esa figura siempre amenazante, pero cada vez menos superior para ella. Al verla, Solas sonrió zorrunamente, pero Rook le devolvió la sonrisa, posando una mano en su cadera, haciendo que el dios creyese que simplemente estaba fanfarroneando.

Pero no Solas, pensó Rook, ampliando su sonrisa, dejado que los sentimientos que había tenido al acostarse se reordenasen, dejando solo la satisfacción en su pecho.

Ah, qué pena que Solas no pudiese leerle sus pensamientos, porque le encantaría ver la cara que pondría el dios al descubrir que ella había visto todos esos murales secretos. Quizás no le diría nada, por amabilidad hacia la Inquisidora, aunque su corazón ahora mismo estuviese ligeramente enfadado con ella.

Solas alzó una ceja ante su silencio, pero no perdió la sonrisa. Dio un paso hacia ella, peligrosamente cerca del barranco, como si no tuviese miedo de caer.

—Qué pronto has vuelto. Veo que la situación debe de ser más acuciante de lo que esperaba— Cruzó sus manos detrás de la espalda, socarronamente, adoptando su habitual postura de superioridad.

Rook rodó los ojos, sin apartar la mano de su cadera, y ladeó la cabeza ligeramente al mirarlo, perdiendo la sonrisa.

Vuelta al dios del sarcasmo, cómo no.

—Hola, Lobo Terrible —le dijo, trasluciendo su cansancio a través de su tono, mientras entrecerraba ligeramente los ojos al mirarlo.

Solas paso una mano por su barbilla, ampliando la sonrisa ante su saludo.

—O puede que me equivoque, ¿no Rook? —le preguntó, ignorando la bienvenida de la elfa—. Puede que vengas a decirme que mis preocupaciones son infundadas. Que no pasa absolutamente nada—dijo, con esa sonrisilla odiosa—. Al final, y cito textualmente tus palabras, no soy más que el Dios de las Mentiras, la Traición y la Rebelión, ¿verdad, Rook? —le preguntó, utilizando su argumento anterior, pero añadiendo mucha más burla.

Rook volvió a rodar los ojos, exasperada y alzó los brazos, moviéndolos en el aire.

—¿En serio, Solas? Por eso no le caes bien a nadie —le discutió, señalándolo bruscamente, con acusación.

Solas enarcó una ceja ante su dedo, sin perder la sonrisa.

—Estuve a cargo de una rebelión entera contra los dioses, que duró siglos y culminó con la creación del velo y la destrucción del imperio élfico —argumentó, sin necesidad de añadir más.

Rook levantó las manos, girándose levemente hacia un lado, poniendo los ojos en blanco.

—Vale, es solo una de las razones por la que nadie te aguanta—dijo, entre dientes, pero dándose cuenta de algo, inevitablemente, mientras sentía la risa bullendo en su interior.

¿Será posible, pensó Rook, sin evitar la sonrisa que recorrió su rostro, que Solas le empezase a caer bien?

Al instante, la presencia de Lavellan apareció, sin darle tiempo a pensar más, ya que vio como aparecían en una bruma, delante suya, haciendo que Rook hiciese todo su acopio para que no se le notase su sorpresa, apartando el rostro de Solas como si estuviera harta de él.

Mentira cochina.

Lavellan parpadeó rápidamente, mirando a sus manos primero y cerrándolas y abriéndolas, como si no creyese del todo donde estaba. Después, se giró hacia ella, confusa, pero con cierto brillo determinado en sus ojos. Rook solo negó con la cabeza levemente, mirándola por el rabillo.

Menos mal que iba a intentar no interferir en sus conversaciones con Solas, pensó, frunciendo los labios ligeramente. Lavellan se colocó a su lado en silencio, sin darse cuenta de la molestia de la pelirrosa.

Solas, al notar su silencio, cambió su expresión a una más seria, quizás creyendo que era por sus palabras.

—Rook, mi información era correcta. Y lo has comprobado —le dijo, casi susurrando, como si temiese la reacción de la elfa.

Rook asintió, mordiéndose el labio y cruzándose de brazos. Después, inspiró y se tragó un poco de su propio orgullo.

Necesitaba la ayuda de Solas, por mucho que no confiase en él.

—Necesito saber que traman los dioses —le pidió, mirándolo con sinceridad en su mirada, queriendo tender una bandera de paz entre ellos dos. Solas inclinó un poco la cabeza, en silencio. En un principio, pareció aceptar esa ofrenda pero Rook pronto descubrió que eran esperanzas en vano. Hizo un pequeño gesto de negación, que provocó un bufido bajo en Lavellan a su lado.

—Ya empieza. Prepárate Rook —le aconsejó la Inquisidora, en un murmullo.

Solas cruzó sus manos a la espalda de nuevo, entrecerrando ligeramente los ojos con desconfianza.

—Pides algo que ningún mortal de este mundo posee. Demuéstrame porque debería ofrecerte a ti esa información, Rook. Demuestra porque eres la adecuada para liderar esta ofensiva —murmuró, desafiándola sin necesidad de decirlo directamente. Rook agachó la cabeza, mordiéndose los labios.

Ella no era la adecuada. Ella solo estaba como reemplazo de Varric, mientras esperaba que se recuperase. Y Sola sabía esto bien, pero quería que ella tuviese la iniciativa, que se diese cuenta de que el equipo necesitaba un líder, alguien en quien confiar.

Qué inteligente era este elfo. Sabía poner a sus enemigos en la cuerda floja solo con palabras, haciéndoles dudar hasta de su capacidad. Y Rook lo estaba sintiendo en sus propias carnes, haciéndola dudar de sí misma, sin mucha dificultad.

Al final, ella no pensaba que fuera una líder. Solo quería arreglar el desaguisado que había provocado casi in quererlo. En ese instante una mano se apoyó en su hombro, reconfortante. Una mano que transmitía una calidez que ahora la elfa necesitaba. Y Rook sonrió, sabiendo quién iba a hablar a continuación, calentándole un poquito el corazón.

—Confiamos en ti Rook. Eres nuestra líder—La voz de Lavellan estaba impregnada de confianza y resolución, y no le hizo falta decir nada más para convencerla. Rook levantó la cabeza, con la barbilla en alto, posando las manos en su cadera.

—Alguien debe tomar cartas en el asunto—abrió los brazos, con confianza—. Y, oye, a lo mejor de todo mi grupo no soy la más adecuada, pero aquí estoy yo. Yo fui quien lo empezó. Soy la única que hay ahora mismo y la que terminará todo esto, con o sin tu ayuda —miró al dios, desafiante. Solas alzó una ceja ante su arrogancia, venida tan de repente.

—Bien dicho, Rook— le sonrió Lavellan, satisfecha por haber dejado mudo al elfo.

Pero entonces, Solas soltó una risa de burla, recuperando la compostura. Se cruzó de brazos, alzando él también la barbilla.

—¿Pretendes convencerme diciendo que todo vale con tal de hacer algo? —le preguntó, con sorna, enseñando levemente los dientes y mostrando un colmillo puntiagudo, casi como una amenaza.

A Solas no le había gustado esa arrogancia de la pelirosa. Y lo estaba demostrando con toda su postura.

—Cuando estaba con los Cuervos, tuvimos que enfrentarnos a una operación de invasión de los Antaam—Rook empezó a caminar de un lado hacia otro, sin quitarle el ojo al Lobo, con los puños apretados y el ceño fruncido, enseñando los dientes ella también—. Una noche, vi cómo preparaban a prisioneros para trasladarlos a otra ciudad. Eran demasiados para lanzar un ataque.

Rook se paró de golpe, alzando la cabeza, recordando ese momento.

Sería el principio de que la tapadera de la Tejedora saltase por los aires, desvelando su secreto. Aun así, no se arrepintió. Ni ahora, ni en ese momento, recordando la cara de su maestro, enfadado con ella.

Fue la primera vez que lo vio realmente decepcionado con ella. Y eso le había dolido más que nada en este mundo.

—Pero lo hicisteis igualmente— la interrumpió Solas, con un brillo peculiar en sus ojos violetas, perdiendo la sonrisa y descruzando los brazos—. Empleasteis tácticas poco convencionales, confundiendo a los Antaam y liberando a los prisioneros, Tejedora. Deberías estar orgullosa de ti misma.

Rook lo miró sorprendida, en parte porque Solas tuviese esa información y en parte por su medio cumplido.

—¿Cómo lo has sabido? —le preguntó, estupefacta.

—Sus espías. Tiene una red de espías enorme —murmuró a su lado Lavellan, a la misma vez que Solas hablaba:

—Me perseguiste todo un año junto con Varric— Se encogió de hombros, algo indiferente—. Seria negligente de mi parte no investigar a mis perseguidores, teniendo los medios y la gente para hacerlo —alzó una ceja al mirarla, ligeramente—. Y más siendo uno de perseguidores una de las magas más capaces en los últimos tiempos.

Se giró hacia un lado, pensativo, tras unos segundos de silencio, en los que Rook no le quitaba el ojo de encima, intentando adivinar por donde iba a tirar ahora el dios con esas palabras que casi parecían armas físicas en sus labios. Lavellan, a su lado, también mantuvo el silencio, mirándolo, pero con los labios fruncidos, casi como si estuviese resolviendo el puzzle que era Solas.

El elfo alzó la cabeza, con los recuerdos ensombreciendo su mirada. Después, la miró ladeado, con el rabillo del ojo. Su violeta se oscureció visiblemente al clavar la vista en ella.

—Yo pensaba igual principio de la rebelión. Pero ¿son motivos suficientes, Rook? ¿De verdad crees que eso vale para todo? —le preguntó, sin burla en su tono, casi como si le estuviese preguntando genuinamente.

Pero Rook había visto como sus labios se ladeaban ligeramente hacia arriba, antes de que lo ocultase eficazmente. No la creía capaz, se dio cuenta con desagrado. Solas no creía que ella fuera capaz de manejar la responsabilidad.

Empezó a abrir los labios, para discutirle, pero una mano la detuvo. Lavellan se acercó al barranco, mirándola ligeramente, con determinación en su rostro.

—Déjame hablar un momento, Rook. Si quiere la guerra de esta manera, utilizaremos armas sucias —le dijo, con una sonrisa maliciosa.

Ah, pero que bien le caía esta elfa algunas veces, pensó Rook, sonriéndole a su vez, pero sin fijar la mirada en ella. Rook se colocó al lado de ella, disimuladamente. Entonces, Lavellan le tocó el hombro, haciendo que un torrente de sentimientos se desbordase en ella. Rook tragó saliva, sintiendo como Lavellan se apoderaba de su cuerpo y parte de su mente. Alzó un brazo, posando su barbilla en su palma abierta, mientras ladeaba la cabeza, agachándola ligeramente, a lo que Solas frunció el ceño, confundido.

Había reconocido algo, pensó Rook.

¿Quizás era una postura típica de Lavellan, una que solía adoptar cuando se enfadaba? Las palabras empezaron a fluir por su boca, sin darle tiempo a pensar en más:

—No lo sé, Fen'Harel —emitió, en un susurro bajo, con su voz algo más ronca, con una amenaza escondida en cada palabra—. Pero conozco de alguien que, sin tenerlas consigo, se convirtió en líder, derribando a todo un ejército con una avalancha de nieve y haciendo que después se prostrasen de rodillas frente a ella, mientras le dedicaban una oda, llamándola "Heraldo de Andraste", aunque ella no quisiese ese título —alzó la barbilla, orgullosa, aunque en su interior estaba sorprendida por las palabras de la Inquisidora —¿Fue suficiente para ti en esa ocasión, mago apóstata? —le dijo, sin alzar la voz, pero fue como si hubiese lanzado una daga afilada a Solas, quién abrió los ojos, sorprendido. Dio un paso hacia atrás, sin creérselo, con un brillo verdoso en sus ojos violetas, mientras gruñía, emitiendo una ligera luz verde en su mirada. Después, volvió a enseñarle los dientes, furioso.

—¿Cómo sabes eso? —le preguntó, entre dientes, mientras se agarraba el pecho, como si le doliese. Lavellan se separó de Rook en ese momento, haciendo que esta mirase solo por un momento hacia su dirección, pero solo por un segundo, sintiéndose vendida ante el peligro.

Me cago en la puta, pensó, queriendo llevarse una mano al pelo, nerviosa.

Lavellan, de verdad, no puedes soltar una bomba así y después quedarte callada, le dijo a la Inquisidora en su mente, aunque sabía que ella no podía escucharla.

Se encogió de hombros, queriendo parecer indiferente, aunque un sudor frio empezaba a recorrerle la espalda.

¿Se podía sudar en el más allá? Pensó, casi sin quererlo.

—Solo investigo a quiénes persigo y a quiénes me dan el contrato, Lobo Terrible, al igual que tú. Es normal entre los Cuervos —le dijo, chasqueando la lengua, queriendo parecer decepcionada ante sus dudas, aunque realmente estaba a un tris de ponerse a reír histéricamente por los nervios.

Solas la miró fijamente, quieto de forma antinatural, como solo un dios al parecer podía hacer. Su mirada se desvió hacia uno de los lados de Rook. El tiempo pasó entre ellos tenso. Incluso Lavellan se había quedado quieta, tragando saliva, bajo el peso de la mirada de Solas que, aunque no la veía, no desviaba la vista de ese lado, como un depredador buscando su presa. Rook dio un pequeño paso delante de ella, queriendo ocultar ligeramente, aunque el dios no la viese.

Al final, nunca se sabía en verdad que podía o no hacer Solas.

Al cabo de otros pocos segundos, Solas no tardó en asentir, pareciendo convencido. El brillo verdoso desapareció de sus ojos, volviendo a su violeta normal, mientras volvía a su posición, con un rictus en su boca. Rook suspiró aliviadamente en voz baja.

Funcionó. Joder, funcionó.

Iba a rezar a quién fuese desde que saliese de ese sitio.

—Los evanuris— empezó Solas, tras ese silencio tenso—, ansían reclamar su territorio. Y, para ello, necesitaran dos cosas.

Solas alzó uno de sus dedos, empezando a enumerar, dándole la información que tanto ansiaba.

—Primero, La Ruina. Lo que vemos no es más que un pequeño fragmento de lo terrible que fue y de todo su poder. El resto está aprisionado… Hasta que lo liberen —murmuró, tenso—. Y te aseguro que necesitan ese poder.

Levantó otro dedo, con una mirada intensa en su violeta.

—Lo segundo que necesitan son seguidores, pues se hacen llamar dioses. Pero ¿qué es un dios sin alabanzas ni devotos? —le preguntó, de forma retorica. Rook se cruzó de brazos, bufando con molestia.

—No pienso arrodillarme ante unos monstruos asesinos y corruptos solo porque tengan unas orejas puntiagudas como yo. Ni yo ni muchos elfos —le rebatió, alzando la barbilla. A su lado, Lavellan frunció el ceño.

—Ni tú ni nadie con tres dedos de frente—la corrigió Lavellan, imitando su postura.

—Coincido contiguo— le sonrió Solas, complacido ante sus palabras, suavizando ligeramente su ceño—. Pero a Elgar'nan y a Ghilan'nain les trae sin cuidado los elfos. Buscaran fieles sedientos de sangre y poder.

Solas hizo un gesto con la mano, acompañando sus palabras, desviando la vista hacia el horizonte.

—Déspotas. Canallas. Gente cruel y corrupta, aquella que teme su propia vulnerabilidad y que buscará cualquier oportunidad para hacerse más fuerte— Miró a Rook, fijamente, con seriedad—. Busca a esas personas y te llevaran a ellos directamente.

—Gracias— Rook le sonrió amablemente, agradeciendo sus indicaciones. Solas pareció sorprendido, levantando las cejas incluso, pero asintió, recibiendo el agradecimiento.

Vaya, no estaba acostumbrado a que le diesen las gracias, pensó Rook, ladeando su sonrisa. Casi hasta le parecía algo dulce. A continuación, con una mano en la barbilla, Rook musitó para sí misma:

—Vale, con que tenemos que salir a la caza de gente mala y corrupta. Genial—asintió, complacida por esta información, pensando que el elfo no iba a ofrecerle nada más.

Pero, entonces, Solas dio un paso hacia un lado, haciendo que una de las piedras del suelo cayesen al infinito.

—El Vi'Revas— interrumpió Solas sus cavilaciones, alzando un poco la voz, para llamarle la atención. Rook lo miró, con dudas en los ojos, pero sin hablar, esperando a que continuase.

—Es el Eluvian del Faro. Os puede llevar a cualquier parte, si lográis dominar sus secretos. ¿Lo habéis conseguido? —le cuestionó el elfo, frunciendo el ceño.

Rook negó, abrazándose ligeramente a sí misma.

—Tenemos a una experta de artefacto antiguos intentando arreglarlo. Lo conseguirá —le aseguró, asintiendo, sabiendo que Bellara era más que capaz.

Solas agachó la vista por un momento, su postura cayendo ligeramente.

—Y, Rook, una cosa más —le pidió, en un murmullo.

Solas la miró. Rook vio pesar y arrepentimiento en sus ojos, mezclados con unas cuantas cosas más, que no supo descifrar. Su cuerpo estaba ligeramente inclinado hacia adelante, como si buscara perdón, aunque ese brillo en sus ojos la hacía dudar, ligeramente.

—Yo…—carraspeó, llevándose una mano a la boca y desviando la vista. Se paso una mano por la mejilla, frotándosela ligeramente—. Cuando veas a Varric… Dile que me arrepiento de lo que pasó. Profundamente.

Rook lo miró, en silencio pero asintió.

Al final, era cierto que fue un accidente, aunque Solas podría haberlo controlado. Pero supuso que todo el mundo se merecía buscar el perdón. Ella lo buscaba hoy en día aún, al final.

Empezó a darse la vuelta, para marcharse, queriendo llamar a esa bruma de la inconsciencia, pero la voz de Solas la detuvo de nuevo.

—¿Hay alguien más aparte de tus compañeras y Varric en El Faro?

Rook se detuvo en seco, congelándose ante esa pregunta.

Joder. Solas empezaba a sospechar cosas. Cosas que tenía que ver con cierta elfa a su lado, que se había congelado también, con sus ojos abiertos como platos.

Rook, a practicar. Todas esas clases de improvisación tendrían que servir para algo.

Giró su rostro, inexpresivo, hacia Solas, intentando mostrar algo de confusión en su gesto.

—¿Cómo quién, Solas? —le preguntó, haciendo que la falsedad no se vislumbrase mucho en sus palabras. Lavellan retuvo el aire a su lado. Cogió a Rook del brazo, llegando hacia ella en pocos pasos rápidos.

Negación se filtró en el corazón de Rook, pesada y oscura, quién miraba fijamente al mago, sin hacer caso a la Inquisidora. Vio como Solas tragaba saliva desde dónde estaba, incluso llegando a parecer nervioso. Vio como entreabría la boca, pasando su lengua por uno de sus colmillos ligeramente más afilado de lo normal.

—Una elfa —empezó a decir, mientras apretaba los puños a los lados, pero abriéndolos y cerrándolos cada tanto, con nerviosismo—. Una elfa diferente, peculiar, hermosa. Alguien que es destacable. Alguien… importante en el mundo actual.

Rook inclinó el rostro, tapando uno de sus ojos con su pelo rosa, sorprendida ante el nerviosismo del dios. Tocó su barbilla con uno de sus dedos, intentando reprimir la sonrisa que quería aparecer en sus labios.

Ay, pero qué mono era. Estaba nervioso por saber cosas de Lavellan. Un dios élfico de más de nueve mil años estaba nervioso por una elfa cualquiera.

Aunque lo de "elfa cualquiera" no se le podía aplicar precisamente a la Inquisidora.

—Solas, tienes que ser más específico. No soy adivina. Preguntarme por una elfa así como así, sin más pistas… —le dijo, mirándolo, mientras apoyaba una mano en su mejilla y a la vez se tapaba la boca. El agarre de Lavellan se intensificó en su brazo, transmitiéndole su confusión y algo de traición con ese agarre.

Fen'Harel apretó los puños y bajó la mirada por un segundo. Acto seguido, la clavó en ella, con una intensidad enorme, tanta que ahora le tocó a Rook tragar saliva, perdiendo la sonrisa que se le estaba mostrando en el rostro.

Joder, ahora sí que no parecía dulce. Parecía…desesperado.

—La conocen como la Inquisidora. Es la líder de la Inquisición, quién cerró la brecha hace diez años —se giró ligeramente, con un tic en la mandíbula—. Intenté estar informado sobre ella en estos años pero…digamos que me ha costado un poco—murmuró, con el ceño fruncido.

Rook se hizo la sorprendida, pero sin perder detalle de eso último.

Así que Solas no había podido recabar información de Lavellan en estos años. Es decir, la Inquisidora se había ocultado por algún motivo, mientras le daba caza al Lobo Terrible.

Interesante.

—¿Mi contratista? —Rook negó con la cabeza fervientemente, intentando no reírse de la ironía de tenerla justo al lado, con cara de susto—. ¿Por qué iba ella a contactarme, Solas? Las dos tenemos el acuerdo cerrado y más que listo. La última vez que escuché de ella fue hace un año.

Solas volvió a desviar la mirada, pero a Rook le dio tiempo de mirar la tristeza que se alojó en su mirada, junto con algo de decepción.

—Ella y yo… Fuimos cercanos. Pensé que podría llegar a contactarte antes de llegar hacia mí. Si tuvieses alguna pista…—le pidió, en voz baja, esta vez con sinceridad.

Al lado de Rook, se escuchó un respingo indignado. Lavellan se separó de ella, posando sus manos en la cadera, al mirarlo.

—¿Cercanos? ¿Solo cercanos? —gruñó Lavellan, con rabia.

Ay, Solas, cómo la cagaste, pensó Rook con una mueca.

Así que hizo lo que cualquier amigo haría en estas ocasiones.

Se dio la vuelta , sonriéndole ladinamente al dios, mientras levantaba una mano, despidiéndose.

—Quién sabe. Uy, cómo se me acaba el tiempo. Chao, pescao.

Y desapareció en la bruma, dejando a Fen'Harel con la palabra en la boca y un gesto de incredulidad en su rostro.