CXLI

Cuatro meses luego de la desaparición de Henry

Querido diario:

Vivir con Joyce y Hopper ha sido una buena idea. Aunque nuestra casa es más chiquita que la mansión Creel, tengo mi propio cuarto, pues Joyce les pidió a Jonathan y a Will que compartieran habitación. Pensé que les molestaría, pero ellos aceptaron sin rechistar, y hasta se refieren a mí como su «hermana». Eso no significa que nadie me pida usar títulos familiares (mamá, papá, hermano, etc.): parecen decididos a darme un hogar acogedor y una familia sin pedirme reciprocidad.

No me sorprende de ninguno de ellos, pero, mientras escribo esto, estoy llorando un poquito. ¿Es esto lo que se siente tener una familia? ¿Una mamá, un papá, unos hermanos…? Tal vez suene a que soy ingrata con Henry, pero esa no es mi intención: es solo que las cosas con él siempre fueron distintas. Sí, distintas, por mucho que ambos quisiéramos llevar una vida normal (yo más que él, ahora lo sé, pero el intento estuvo ahí también de su parte, así que, bueno…).

Mi conclusión es que nunca vi a Henry como un hermano mayor ni un padre, aunque entiendo que todos los demás asumieran que así fuera.

Esta es otra prueba más de que Henry y yo somos tan similares el uno al otro y tan distintos al resto que nuestra forma de relacionarnos era otra: una distinta de la norma.

De todas maneras, no dudo ni un momento en decir que Henry era… es mi familia.

Y también, aunque de otra forma, lo son Hopper, Joyce, Jonathan y Will (y Poe, claro está).

Esto último es algo que puedo afirmar recién con toda seguridad desde esta noche. Sí, porque esta noche finalmente junté fuerzas y les pregunté a Joyce y a Hopper si realmente está bien que esté aquí.

En especial después de lo que vieron… esa noche.

Al oír mi pregunta, ambos intercambiaron una mirada que me dejó en claro que ya habían tenido una conversación similar. Y antes de que pudiera dimensionar qué podía significar esto para mí, Joyce me abrazó con fuerza.

Y luego, Hopper nos abrazó a las dos.

Todo lo que vimos esa noche me dijo Hopperfue a una niña que por fin recuperó su libertad tras años de terror.

Al escuchar eso, yo también los abracé. Y lloré un poquito.

Y por eso ahora pienso…

Pienso en que realmente soy afortunada por tener una familia tan bonita.

Por tener a mi papá y mi mamá, aunque me haya tomado bastante tiempo darme cuenta de que eso eran para mí…


Cuatro meses y quince días luego de la desaparición de Henry

Esta versión de la mansión Creel le recuerda a la del otro Henry: una casona que ha sufrido los embates del tiempo, un monumento a una vida pasada similar a un sueño.

La casa es, pues, tal y como la recuerda de su infancia. Como habría quedado luego de la noche de los asesinatos.

Sin rastro alguno de que alguien la hubiera habitado desde entonces.

Empero, Henry, quien tiene los pies cansados, los zapatos destrozados, la ropa sucia y la piel cubierta de sudor y mugre, no piensa irse sin examinar toda la propiedad a la que tanto le ha costado llegar.

Empezando, claro está, por el ático, un santuario de otra vida que aquí posiblemente no sea más que una ilusión.

Y es allí donde la encuentra.

—¿E… leven…? —Su voz suena ronca tras días sin hablar, su lengua reseca a causa de la sed.

Frente a sí, con los ojos cerrados, una Eleven muy similar a la que ha dejado atrás —excepto, tal vez, por el cabello cortado al ras— cuelga sostenida por las macabras lianas carmesíes que aún ahora aparecen en las pesadillas de Henry.

Maquinalmente avanza hacia ella, extendiendo la mano con toda la intención de palpar su mejilla.

Y es entonces que una voz interrumpe el silencio que ha permeado en sus huesos durante todos estos meses:

—Eso no te pertenece a ti.