Kat no pudo más. Aquello fue demasiado para ella. No lo entendía. ¿Por qué Flora les estaba atacando? Era cierto que Amy la había engañado, que había jugado con ella y con Emmy… y que parecía estar completamente loca. Pero… Flora había dicho que era su prometida. ¿Por qué Flora iba a aceptar casarse con alguien como ella?
— Me encanta cómo lo dices… ¿Puedes repetirlo? — Amy sonrió.
— ¿El qué? ¿Prometida? — Flora expresó una extraña sonrisa, acariciando nerviosamente el anillo que llevaba en el dedo. — Es lo que eres.
— Lo sé… por eso me encanta oírtelo decir, Flora… — Susurró Amy, haciendo una leve reverencia. — Espero haber estado a la altura de tus expectativas, mi amor.
— Tú siempre lo estás… — La sonrisa de Flora se ensanchó. — A diferencia del resto.
Su expresión se recrudeció cuando se encaró con Layton y le apuntó con el arma. Su expresión hablaba por ella. Kat jamás había visto tanta rabia en una mirada… desprecio, incluso. Las miradas no mataban, pero aquella había cargado el ambiente significativamente.
— Y bien, profesor… ¿Sigues pensando que soy una inútil? — Dijo, apuntándole directamente con el arma.
— ¡Papá! — Gritó Kat, intentando acercarse. Pero, una vez más, Emmy la detuvo. — ¡Flora, detente!
— Habremos acabado en un segundo, Katrielle. — Respondió Flora, gélida. — Layton responderá a la pregunta y después todo esto terminará.
— Yo nunca he creído que seas una inútil.
Por una vez, había genuina sorpresa y preocupación en el rostro de Hershel. Pero Flora, aún imperturbable, apartó el arma del profesor un segundo para disparar a escasos centímetros de su pie.
— ¿Crees que no me acuerdo? ¿Crees que no recuerdo todas las veces que me apartase cuando intenté ayudarte en tus investigaciones? ¿Cuánto intenté colaborar contigo? ¿Crees que he olvidado que me trataste como una carga?
— Pero, Flora. Si te hubiera pasado algo, yo…
— ¡Eso jamás te importó con Luke! — Exclamó, rompiendo su frialdad, lanzando un sonoro grito. — ¡A él lo llevaste dando bandazos desde que apenas era un crío!
Si Hershel pensaba responder, Flora no se lo impidió.
— ¡Incluso estabas más cómodo colaborando con tus enemigos que conmigo! — Le recriminó. — Colaboraste con un hombre que por poco provoca mi muerte de buen grado, e incluso con esas dos ratas traidoras de ahí.
Señaló a Descole y a Emmy con un dedo acusador antes de volverse. Trataba de sostener la pistola con firmeza, pero le temblaba todo el brazo.
— ¿Tienes idea de lo impotente que llegué a sentirme? ¿Del desprecio que he sentido? ¿Te haces una ligera idea de lo que es saber que sólo me ves como una maceta a la que cuidar? — Le exclamó. — Incluso acudí a tus clases… y me gradué, la mejor de mi promoción. Pero eso tampoco era suficiente para el grandioso profesor Layton.
— Flora…
— ¡No me vengas con "Flora"! — Pateó el suelo. — Me hiciste sentir que no valía nada en absoluto, que era un auténtico despojo… y no fue hasta que conocí a Amy que empecé a sentir que alguien me quería, que veía algo en mí más allá de una molestia.
La propia Amy trató de acercarse, pero Flora parecía estar desatada, porque continuó hablando a pesar de la presencia de su prometida.
— Esta sensación lleva todos estos años oprimiéndome en el pecho, ardiendo en mi corazón. Pero lo peor de todo… fue descubrir que ibas a hacerle lo mismo a Katrielle. — Le apuntó con más firmeza. — Prefiero enterrarte que tener que saber que vas a hacer sentir esta sensación a otra persona.
Amy le puso la mano en el hombro y Flora la miró sin soltar el arma, tragó saliva. La prestidigitadora estaba extrañamente serena en aquel instante, muy distinta a lo emocionada que estaba momentos antes.
— ¿Estás lista para dar el paso final?
— Contigo iría al fin del mundo, Amy… — Susurró Flora, tendiéndole el arma. — ¿Acaso quieres hacerlo tú?
— No… — Amy hizo girar el arma entre sus dedos antes de devolvérsela. — Las dos sabemos que esto es tarea tuya. Tú lo has dicho… tal como me lo dijiste cuando nos conocimos. Quieres hacer las cosas por ti misma.
Flora asintió. Tomó el arma de nuevo entre sus dedos y apuntó al profesor Layton directamente. Tiró del gatillo sin dudar y un terrible estruendo resonó por la sala, sólo entremezclado por el agónico grito que escapó de los labios de Katrielle.
Unos años antes.
Flora acababa de terminar su proyecto de fin de trimestre. Su primer año en la facultad estaba avanzando todo lo bien que cabría esperar. Era, con diferencia, la mejor alumna de la clase de su padre. Y eso, por desgracia, no tenía tantas ventajas como le gustaría.
Si saber que cada vez que su padre no acudía a las clases solía significar que estaba viviendo una gran aventura con Luke no era suficiente, además tenía que soportar las envidias del resto de alumnos que estaban convencidos de que su padre inflaba sus notas.
Así que, además de verse reducida a ser poco más que un florero para él, no le quedaba más remedio que pasar los días sola, puesto que nadie parecía querer acercarse a ella. Al menos hasta aquel día. Estaba pasando sus apuntes a limpio cuando escuchó a alguien acercarse.
Con curiosidad, pero con cierta reticencia, elevó la vida para encontrarse con una muchacha de su misma edad, de piel oscura y ojos verdes, con el cabello de color caoba formando una media melena, vestida con un discreto traje azul marino.
— ¿Puedo ayudarte?
— Eres Flora, ¿Verdad? — Preguntó, con una gran sonrisa. — Flora Reinhold.
— Sí, soy yo. — Flora había bajado la vista un segundo para mirar de nuevo sus apuntes, pero volvió a enfocarse en la muchacha.
— Me preguntaba si podrías ayudarme… — Las mejillas de la chica se ruborizaron un poco. — Tengo algunos problemas con el temario… sobre Akubadain… no termino de entender los diagramas.
— ¿Qué es? ¿Una broma que tienes con tu grupo de amigas? — Suspiró. — Porque no eres la primera ni la última.
— No, no es ninguna broma. Puedo pagarte, si quieres. — Le dijo, mordiéndose el labio. — De verdad, no quiero suspender…
— No quiero dinero…
— Bueno, entonces… Devuélvemelo.
— ¿Disculpa?
Amy alargó la mano y la colocó tras la oreja de Flora. Cuando la apartó, tenía una moneda en la mano, que hizo girar entre los dedos.
— ¿Qué quieres, impresionarme? Porque no es tan fácil. — Suspiró Flora.
Amy cerró el puño alrededor de la moneda y, cuando volvió a abrirla, tenía una pequeña manzana entre los dedos que le tendió a Flora.
— Vaya, retiro lo dicho… ese es un mejor truco. ¿Ese es tu hobby?
— Adoro la magia, es a lo que me quiero dedicar cuando salga de aquí.
— ¿Y por qué estás estudiando arqueología?
— Mis padres no valoran mi pasión… querían que tuviera una carrera… esta parecía la más divertida. — Sonrió, acariciando el brazalete de su mano izquierda. — Aunque no quiera dedicarme a ello siempre me han gustado las culturas antiguas.
— Es una lástima que tus padres no te escuchen. Sé lo que se siente. — Suspiró Flora. — Supongo que puedo ayudarte con tus tareas…
— ¿Qué te parece si a cambio te invito a comer?
— Estará bien no comer sola por una vez…
Unos meses más tarde…
Flora empezaba a impacientarse. Ya se había malacostumbrado a comer acompañada. Estaba a punto de rendirse y sacar la fiambrera que había preparado cuando vio a Amy llegar corriendo. Se detuvo frente a ella y empezó a respirar sofocada.
— Siento llegar tarde…
— Me tenías preocupada… ¿Qué ha pasado y qué llevas puesto?
Flora no apartaba la vista de la cabeza de Amy. Su amiga llevaba un gorro de lanza muy grande que le cubría la cabeza casi por completo, ocultando su pelo. Lo cual era altamente sospechoso porque no era un día especialmente frío… de hecho, Flora estaba segura de que se estaría sofocando.
— Oh… bueno… verás… es que le pedí una cosa a mi peluquera y no terminó de entenderme… llegué tarde porque discutimos y… — Amelia estaba roja como un tomate. — Me prometes que no te vas a reír… ¿Mucho?
— Amy… No me gusta hacer promesas que no puedo cumplir, ya lo sabes… — Sonrió. —Anda, enséñamelo.
Amy respiró hondo y se quitó el gorro. Su cabello cayó en cascada, formando una media melena de un vivo color rosa. Y Flora no pudo evitar echarse a reír, llevándose la mano a los labios en un inútil intento por contenerse.
— Ya lo sé… Estoy ridícula.
— No, para nada… — Flora negó con la cabeza. — Me río por la cara que has puesto… en realidad… te pega… Te queda bien.
— Es una suerte que nadie pueda mentirme… —Amy sonrió. — porque te juro que sería incapaz de creerme que eso me lo dices en serio.
La risa de Flora esta vez fue incontenible y a Amy se le contagió. Lo cierto es que toda aquella situación era tan irreal que no veían otra reacción a aquello.
— Sabes… me encanta esa marca de tu hombro… la que te sale cuando ríes…
— Tú siempre sabes si soy sincera… no la necesitas para saber si río de verdad. — Dijo, sonrojada.
— Bueno, pero es bonita, Flora… Bueno, como el resto…
— Anda, Amy… saca la fiambrera, no digas nada de lo que te arrepientas…
Unos meses más tarde.
Amy estaba ya con el pijama puesto, se había lavado los dientes después de cenar y estaba preparada para irse a dormir. El cabello rosa caía desordenadamente sobre sus hombros. Se había alargado hasta convertirse en una melena propia de un león. Había llegado no sólo a acostumbrarse al color rosa, si no a tomarle muchísimo apego.
Estaba a punto de subir las escaleras cuando alguien llamó a la puerta. Sorprendida por la hora, pero más que dispuesta a averiguar de quién se trataba, sobretodo teniendo en cuenta que en el exterior estaba lloviendo con fuerza.
Cuando abrió, se quedó de piedra al ver a Flora, completamente empapada y sollozando. Se quedó congelada sin saber muy bien cómo reaccionar.
— ¿Puedo pasar?
— Claro, claro… siéntate… te traeré un chocolate y algo de ropa limpia… Debes estar helada.
— Gracias, Amy…
Flora se dejó caer en una de las sillas del comedor, sin molestar en cambiarse, mientras Amy preparaba el chocolate y se lo colocaba delante. Flora se mantuvo en silencio mientras daba el primer sorbo.
— Es sobre tu padre, ¿Verdad?
Flora simplemente asintió.
— Me lo temí desde que no vino esta mañana a clase…
— Se ha ido con Luke… — Susurró, golpeando la mesa con el puño. — Ha vuelto a abandonarme…
— Flora…
— ¿Qué tengo de malo, Amy? ¿Qué es lo que pasa conmigo? ¿Por qué no confía en mí?
Amy no sabía qué contestarle, y Flora lo sabía. No conocía suficiente al profesor para entender sus motivaciones. Así que hizo lo mejor que podía hacer en aquel momento. Acercó su silla a la suya y le dio un abrazo a flora mientras esta permitía que las lágrimas saliesen de sus ojos.
— A veces le odio… — Susurró, en voz muy baja. — Odio cómo me trata… cómo me ignora… cómo me hace sentir como si… no fuese más que una molestia insignificante.
— No sé si siente eso, pero… si es así… está equivocado y es un idiota. — Suspiró Amy. — Por muy profesor universitario que sea.
— Amy…
— Flora, tú eres la persona más increíble que he conocido nunca. — Susurró, acariciándole lentamente la mejilla para limpiar sus lágrimas, mirando a sus ojos enrojecidos. — Y si el profesor no lo ve… es que es un imbécil.
— ¿De verdad crees que no me pasa nada malo, Amy? — La miró, con ojos suplicantes. — ¿De verdad crees que no estoy… rota?
— Flora… ¿Cuándo te he mentido yo? Aparte de con los trucos de magia, claro.
Flora bajó la mirada y asintió lentamente con una sonrisa triste.
— ¿Puedo quedarme aquí esta noche? — Le preguntó, secándose las lágrimas. — No soportaría tener que volver a esa casa vacía.
— Flora… puedes quedarte aquí cuanto quieras… — Amy asintió. — A mí tampoco me gusta estar sola y mi mayor compañía son las palomas con las que preparo mis espectáculos. Si no te importa dormir en el sofá cama, claro.
— Oh… no será un problema… — Sonrió Flora. — Muchas gracias.
— Oh… y date una ducha antes de dormir, no quisiera que te resfriaras.
