CATORCEAVA COPA
Despertar de golpe era algo a lo que se había acostumbrado con el paso de los años, debido a lo demandante que podía ser su trabajo para que se integrara a labores incluso fuera de su horario fijo. Estaba ya configurado a escuchar la alarma de su despertador y estar de pie, el tono de su celular y estar con el arnés y el arma listos, e incluso a que tocaran a su puerta para ser guiado a algún operativo de último minuto. Pero ser despertado por muchas voces infantiles, animadas, que hacían demasiado ruido en su sala, no era algo que esperara a media semana.
Levi abrió los ojos entre parpadeos rápidos, y mientras asimilaba que se trataba de los niños, miró al techo de la sala, donde había dormido la noche anterior. La luz del sol pegaba con fuerza contra su techo grisáceo claro, y las cortinas hacían un terrible trabajo en evitarlo. Apretó la boca y se enderezó en su lugar, logrando apenas sentarse en su sillón. Miró su estado actual con detenimiento: pantalones de vestir, sin camisa, calcetines y los zapatos abandonados en la esquina de la alfombra. No traía su reloj, y su cartera estaba acompañada de su celular sobre la mesa de cristal de centro. Inclinó la cabeza y tronó su cuello.
Había sido una noche dura.
Luego de cambiar a los niños a su cama, donde apenas logró apretujar a los trece en posiciones cómodas, Levi se movió hacia la sala para dormir en el único sillón largo en forma de L que tenía. No era el más cómodo, pero ningún sillón estaba hecho para dormir, así que no se quejaba. No había tenido energía para cambiar su ropa por su pijama, y por primera vez en mucho tiempo, había ignorado las voces del orden y el autocuidado para dormirse con la misma ropa con la que llegó. Mandó un vago y sencillo mensaje a Hanji para avisarle que ya estaba con los niños, y en menos de diez segundos, se quedó dormido boca abajo con el teléfono desbloqueado a su lado.
Al recordar esto, giró a la izquierda y buscó el aparato. Lo encontró en el piso sobre la alfombra, quizá lo había empujado mientras dormía. Se inclinó y lo tomó, notando, con disgusto, que se había quedado sin pila durante la noche, probablemente de haber olvidado bloquearlo al quedarse dormido.
El día debía empezar de una forma u otra, especialmente ahorita que tenía a once niños, probablemente hambrientos, en su casa. Estiró los brazos sobre su cabeza y se puso de pie. Caminó hacia la dirección de los gritos incontrolables, y rezó porque no estuvieran saltando en su cama. No le importaba que fuese una cama realmente cara, o que se rompiera, le preocupaba que se fueran a caer y romper la cabeza por el poco cuidado que tenían al jugar. Se acercó a la puerta y giró la manija, abriéndola sin ceremonias para encontrarse con ellos. En medio del cuarto, sentados en la cama, estaban sentadas Krista, Annie, Mikasa, Ymir, Jean, Reiner y Berthold, mientras en el piso, con las cobijas sobre sus cabezas, estaban Eren, Connie y Sasha fingiendo ser fantasmas, con Armin parado un poco más alejado. Levi enarcó una ceja a la escena.
—Entonces, el fantasma de ataque dijo: —relataba Armin, con fingida voz de narrador. Levi entonces entendió el juego.
— ¡Peleaaa! —gritó Eren. Movió sus manos debajo de la cobija arriba y abajo, creando un efecto de onda en la cobija para hacerlo ver "tenebroso"— ¡Peleaaa!
— ¿Qué obra de bajo presupuesto es esta? —preguntó el policía mientras se acercaba a los niños.
— ¡Capitán Levi! —exclamó Connie, volteando a su espalda, aunque no podía ver al hombre por la cobija sobre él.
Todos los niños voltearon hacia él con ojos brillantes.
—Estamos siguiendo lo que Armin cuenta para distraer a Krista porque estaba llorando —explicó Shasa debajo de la cobija.
Levi miró a la niña rubia en la cama, fijándose que, efectivamente, tenía el rostro un poco sonrojado debajo de los ojos y las mejillas hinchadas. Cuando Krista encontró la mirada de Levi, en segundos se enderezó en la cama y gateó hacia él. Al llegar al pie del colchón extendió los brazos, así que el hombre la tomó con fuerza y la cargó hasta apoyarla en su pecho. Ella escondió su cabeza debajo de la de él, encajándola en la curvatura del cuello y el pecho.
—Muy bien, hicieron un buen trabajo en animarla, por lo que veo —comentó Levi, felicitando a los niños.
Los cuatro que hacían la obra saltaron en sus lugares, alegres por el reconocimiento, y se pararon para quitarse las cobijas. Levi ignoró cómo las patearon y las aventaron a un lado, pues prefería empezar la mañana lo más tranquilo posible.
—Vamos a desayunar, porque después nos iremos a casa de Hanji —indicó el hombre, señalando la salida.
Los niños salieron trotando uno detrás de otro, y Levi aprovechó esto para ir a conectar su teléfono celular a la luz. Lo encendió apenas la carga se activó, pues tenía que ver si había mensajes de Erwin o la policía sobre el ataque de la noche anterior. Mientras el aparato se terminaba de conectar, Levi giró hacia Krista y la miró fijamente, atento a que no se comenzara a estresar.
—Así que llorando, ¿eh, pequeña? —comentó el azabache. La meció un poco lado a lado— ¿Me dirás por qué?
Krista se encogió en su lugar, pero Levi no la dejó esconderse y la pasó a su lado derecho, donde la meció otro poco. La niña no hablaba con nadie, apenas con Hanji, y eso cuando nadie las estaba mirando, lo cual era un tremendo paso atrás en la interacción humana de la pequeña. Levi había intentado sacarle hasta las palabras más básicas, como "sí" o "no" para que tuviera más facilidad para pedir algo o reclamar; pero nada.
Cuando el celular terminó de configurarse, Levi miró a las notificaciones que iban saliendo en la pantalla y encontró tres mensajes: uno de Erwin, otro de uno de los policías que lo apoyó en el caso de a noche, y por último el de Hanji. Miró la hora y notó que, milagrosamente, eran las siete y media de la mañana apenas marcadas. Abrió el mensaje de Hanji, que le pedía saber cómo estaban los niños, y contestó:
LEVI ACKERMAN
Hola. Todos bien. Mi teléfono no tenía batería. Los niños y yo vamos a desayunar, y después vamos contigo.
Mandó el mensaje y se apresuró a abrir el de Erwin, para sólo dejarlo en visto.
ERWIN SMITH
Me notificaron de la situación de a noche. Hoy cumplirás turno nocturno para que te recuperes y te retiras mañana a las 7 am. Después regresas a tu horario normal.
Levi agradeció silenciosamente esto, y decidió ignorar el mensaje hasta que tuviera que empezar a trabajar. No iba a estresarse de más, ya de por sí tenía un horario del asco.
Se volvió a Krista y le peinó el pelo con la mano libre, y ella se inclinó hacia su mano. Bueno, quizá con palabras no podía sacarle mucho, pero, entre ellos, los gestos eran más que suficientes.
Los niños entraron corriendo por la puerta a pesar de que Levi les gritaba, desde la calle, que no lo hicieran. Hanji los miró, uno a uno, mientras extendían sus brazos hacia ella en cuando la vieron.
— ¡Maestra Hanji! —gritaron todos.
— ¡Hola, mis enormes niños! —saludó ella con una enorme sonrisa. Se hincó en el suelo y apretujó a todos entre sus largos brazos, no logrando rodearlos del todo— ¿Cómo están? ¿Se portaron bien?
— ¡Sí! ¡Nos portamos muy bien! —dijo Connie con una sonrisa orgullosa y las cejas arqueadas.
Levi entró por la puerta con Krista y Annie en brazos, y enarcó una ceja con ironía hacia el niño. Usó un pie para cerrar, pues las manos las traía ocupadas con bolsas reutilizables llenas de compras que hizo en camino a la casa de la mujer.
— ¿Y no dieron problemas? —preguntó Hanji a los niños.
— ¡Ninguno! —aseguró Sasha.
Levi dejó a las niñas en el piso para que pudieran acercarse a Hanji, y él se dirigió hacia la mesa redonda entre la cocina y la sala para colocar las compras. Comenzó a sacar los artículos mientras los niños seguían taladrando a Hanji con la historia de su estadía con él.
Aprovechó ese tiempo e inspeccionó a la mujer con cautela. Hanji iba vestida con una blusa de manga larga y cuello alto color café rojizo, un pantalón café oscuro ajustado y sus pantuflas. Su característica coleta descuidada estaba hecha, con ligeros chipotes de cabello que salían alrededor de su cabeza. Sus lentes estaban puestos apenas entrelazados en sus mechones sueltos, y no traía ningún tipo de joyería. Ella no solía traer accesorios, pero al menos llegaba a ponerse aretes, o un collar, pero evitaba los mismos cuando trabajaba en el laboratorio para no contaminar nada. Por último, notó lo rojiza que estaba la zona alrededor de su nariz, pero más allá de verse húmeda se veía irritada, quizá por los pañuelos desechables que usaba.
— ¡... la película más fea! —dijo Eren.
— ¿De verdad? —preguntó Hanji con una genuina e infantil curiosidad— ¡Entonces hay que verla dos veces!
— ¿Qué? ¿Porqué? —se quejó Reiner, quien se cruzó de brazos y se sentó en el sillón mientras Hanji le dirigía su atención.
—Porque hay que analizar qué aspectos llevaron la película a que fuera tan mala —explicó la doctora—, más allá de que haya cosas que te aburrieron, debemos ver qué decisiones pudieron tomar en lugar de las que tomaron. Es un estudio a fondo.
—Primero vayan a estudiar a fondo su cuarto y guarden sus cosas —ordenó Levi desde la cocina.
Los niños se apuraron y tomaron sus cosas del piso, a donde las habían arrojado para disgusto del policía, y corrieron hacia su cuarto mientras le gritaban a Hanji que los esperara para comer y que siguieran contándole sobre su aventura en el trabajo de Levi.
Cuando todas las cabezas desaparecieron por la esquina del pasillo, ambos adultos se quedaron en silencio. Levi eligió continuar guardando los nuevos productos que consiguió. Esperaba que esa breve desconexión de ambiente le diera más libertad a Hanji de hablar con él y estar más tranquila para responder preguntas.
Para sorpresa de Levi, él no tuvo que dar el primer paso.
— ¿Qué hicieron?
Detuvo su mano cuando colocaba el cereal en la repisa. Volteó ligeramente la cabeza hasta encontrarse con la mirada seria de la castaña, quien se acercó hacia el comedor y se cruzó de brazos.
—Causaron un caos en la oficina y Weilman los vio.
— ¡¿Weilman fue a la oficina?! —cuestionó con susto. Se acercó por un lado a él y se recargó en la encimera. Una mirada preocupada se mostraba debajo de sus anteojos— ¿Acaso te... te...
—No, no me despidieron, tranquila —Hanji suspiró de alivio—. Pero la trabajadora social estaba ahí con Erwin y vio todo el caos. Quiere hablar conmigo.
Si el rostro de Hanji ya estaba pálido, lo que restaba de colores se perdió totalmente. Levi empujó el cereal de vuelta hacia la estantería y se volteó a Hanji. La tomó de los hombros y los apretó suavemente, esperó que eso fuera un poco como un ancla.
—Ey ey, tranquilízate —pidió el policía—. No pasará nada malo, Riko Brenzka es discreta al respecto, y estoy seguro de que nos ayudará con la situación de la tutela y los documentos si le explicamos, a fondo, lo que ocurre.
Hanji cerró los ojos y se apoyó contra la encimera. Sus manos se movieron nerviosas contra sus piernas. Levi había visto este gesto más veces de las que le hubiera gustado, pero se sentía algo nostálgico al volver a presenciarlo, como si le autorizaran a cruzar otra barrera de intimidad, a la cual había perdido el derecho de escalar desde hace mucho.
—Oye —la llamó en voz baja. Ella lo miró de reojo—, dejemos de pensar en eso por hoy. No tenemos a nadie aquí persiguiéndonos por respuestas, los niños están bien, y tienen suficiente para comer por toda la semana sin que te preocupes por los gastos.
Hanji abrió la boca, y Levi levantó una mano extendida al frente, esperando una batalla.
— ¡No es caridad ni lástima! —aclaró él— Es cuidado. Los niños son mi responsabilidad porque así lo elegí, y, por ende, cualquier cosa que pueda ponerte en peligro o en apuros se vuelve mi responsabilidad, porque si tú estás mal, ellos están mal. Estoy asegurando mi zona de riesgos, por así decirlo.
Cuando el azabache se volteó, Hanji lo miró moverse por la pequeña cocina con naturalidad, encontrando imposible iniciar una discusión contra tan buen argumento. Así que sólo suspiró y lo ayudó a terminar de desempacar las compras, esperando que esa pequeña y tranquila convivencia fuera suficiente para llenar el silencio.
—Pero las plantas reaccionarán a la luz, por eso hay que cuidar en dónde las pongan —explicó Hanji—. Las dejamos en la ventana detrás de una cortina semitransparente para que no haya riesgos de que la luz y el calor las dañen.
Los niños lanzaron un sonoro "Ooohh" luego de la explicación. Estaban todos sentados en la sala de la casa, apretujados en el único sillón largo y el piso, con los más pequeños sobre las piernas de Hanji. Después de que habían almorzado juntos, la mujer decidió no preocuparse extra por todos los problemas que le aquejaban (pues eso podría hacerla empeorar de salud nuevamente), así que los puso a todos a ver una película que terminó transformándose en una lección de biología y jardinería.
Levi se había quedado en la casa para acompañarlos, pero para no invadir el espacio de todos se quedó sentado en la mesa del comedor y desde ahí, con un café negro, miró la televisión sin participar en la plática.
El día estaba pasando increíblemente rápido para el policía. Había querido convivir más con ellos, quizá empezar a formar una especie de relación familiar para que los niños, Hanji y él pudieran tener las cosas más fáciles conforme avanzaran los días. Parte de su mente se desvió a empezar a maquinar cómo podía ayudar con la casa que le había sido dejada a Hanji: ir a revisarla, averiguar qué actualizaciones y cambios le hacían falta, comenzar a conseguir los muebles que necesitaran los niños y, quizá, Hanji. Había muchas cosas dando vueltas en su mente, y aunque preferiría disfrutar un poco del día libre que le habían dado, le estaba siendo imposible desapegarse de los pendientes con calma.
Su teléfono sonó con fuerza, rompiendo el ambiente tranquilo que de la sala. Extendió la mano hacia el aparato sobre la mesa y lo levantó hacia él. No se dio cuenta de la mirada de Hanji siguiéndolo mientras él se ponía de pie e iba al pasillo para contestar, con curiosidad y preocupación malamente ocultos en esos orbes cafés.
El contacto de Petra parpadeaba con la fotografía de la chica. Contestó de inmediato.
—Ackerman. ¿Qué ocurre, Petra?
—Capitán Levi, necesitamos su observación acerca del caso de los Titanes del Mar y los Titanes del Rey.
—Dime.
—La última investigación forense del encuentro entre ambos bandos arrojó una pista que nadie había notado hasta ahora —explicó la pelirroja—. Los doctores encontraron que los cuerpos recogidos tenían una marca oculta, como si hubiesen sido quemados con algo metálico, algo similar que hacen con la numeración de ganados.
Levi frunció el ceño y se cruzó de brazos.
— ¿Qué tipo de marcas?
—Símbolos. No hemos logrado determinar qué significan, pero parece que son inventados. No coinciden con ningún idioma, ya sea activo o muerto. Quizá necesitamos un analista más especializado, los que sacaron esta información dicen que apenas y pudieron suponer qué hacer.
Se llevó los dedos libres hacia el puente de la nariz, y lo presionó mientras pensaba en la información.
— ¿Todos tienen esas marcas? ¿Qué tanto varían entre ellas?
—Todas son idénticas, y sí, todos las tienen —respondió la chica—. ¡Ah! No aclaré, quienes tienen las marcas que le comento son los Titanes del Mar. Los Titanes del Rey no cuentan con ninguna distinción.
— ¿Cómo pudieron identificar qué cuerpos pertenecen a cada bando? —cuestionó el azabache.
—... Hay un integrante que pertenece a la élite de la ciudad, capitán.
Levi chasqueó la lengua. Se hizo a un lado del corto pasillo entre la sala y los cuartos y se recargó en la pared. Miró al techo, contemplativo, pues el que se involucrara gente poderosa siempre, siempre, era un problema.
— ¿A qué familia?
—Uno de los pertenecientes a la familia Reiss.
Los ojos de Levi se abrieron de golpe, tal cual un par de platos, y miró hacia un punto invisible delante de él.
— ¡¿De la familia del gobernador?! —exclamó con sorpresa.
—Sí, señor.
El peso de la noticia le pegó fuerte contra las sienes. Torció la boca y golpeó su cabeza contra la pared una vez, pensando, analizando.
—Esperen a que vaya mañana y arreglemos todo. Por el momento recopilen la información, y mándenme una compilación de todos los datos, los revisaré en cuando llegue al departamento.
—Sí capitán.
Colgó la llamada en cuando escuchó a Petra comenzar a comunicar sus órdenes a los demás. El aire se había vuelto tremendamente pesado de respirar en poco tiempo, pero se alegraba de que hubiera suficiente luz para mantenerlo despierto por los reflejos en su vista periférica. Guardó su celular y caminó de regreso al comedor, donde los niños se habían apilado en el piso (bastante cerca del televisor, para su disgusto) mientras Hanji parecía preparar algo en la cocina. Se acercó a ella con cautela y observó sus acciones.
— ¿Te tienes que ir?
La pregunta lo tomó por sorpresa, por lo que la miró con los ojos muy abiertos.
—No, sólo me informaron de algo —respondió él. Miró hacia los niños, deteniéndose un segundo en cada cabeza—. ¿Has pensado en qué harás a partir de ahora?
—Quiero mudarme a la casa con los niños, la que me está dejando la señora Amanda —respondió la castaña. Giró un poco en su lugar y miró a Levi mientras continuaba con su tarea de cocinar—. Mientras estuve enferma tuve tiempo para analizar algunas cosas: de momento no puedo darles no solo una vida digna aquí sino tampoco asegurarles un desarrollo adecuado. Que tengan sus propios espacios será fundamental conforme crezcan, y el que yo también tenga mi espacio es importante. Tengo que encontrar otro trabajo pronto, por lo que dejarlos en el departamento tampoco es opción, así que mudarnos vendrá de la mano de meterlos a una escuela.
—De la escuela me encargo yo, Hanji —señaló Levi. Se cruzó de brazos, se acercó a ella y se recargó en la encimera de la cocina en la que ella trabajaba—. Ya te dije que por cosas que yo puedo solucionar no tienes que preocuparte. Estoy en esto contigo porque esos niños me preocupan, así que no pases por alto lo que puedo ofrecerles.
La maestra suspiró pesado sin darle reconocimiento visual mientras terminaba de cortar los alimentos.
— ¿Qué haremos con lo de la trabajadora social?
—Reunámonos ambos con ella, no quiero tratar nada por mi cuenta sin tener en la mesa tus opiniones y comentarios —respondió Levi.
— ¿Y cuándo hay que verla?
—Te aviso mañana que vaya a trabajar, quiero ver si puedo mover nuestra cita una semana más tarde porque antes quiero conseguirnos más chances de que te den la custodia.
— ¿Ah sí? —preguntó Hanji con genuina sorpresa. Dio media vuelta hacia él y colocó una mano sobre su cadera— ¿Y cómo piensas hacer eso?
— ¡Mira, una araña viuda negra!
— ¡Armin, no la agarres! —ordenó Levi y corrió hacia el niño en segundos. Le tomó la mano que estaba lista para tomar el insecto y lo jaló hacia él— No andes tomando insectos, aunque sepas qué son. ¡Y mucho menos arañas!
—Pero las viudas negras no son tan peligrosas como las violinistas —respondió el niño rubio con toda su inocencia.
—Viuda negra, casada, violinista, pianista, lo que sea, no-las-agarres.
Caminó de regreso al pasillo sin soltar al infante, quien no refutó ni se quejó en favor de seguirlo.
Luego de hablar con Hanji en la cocina y convencerla de dejarlo ver la casa, habían realizado el tedioso viaje junto a los niños hacia el lugar. Para evitar que volviera a pasar lo mismo que vivieron con la camioneta de Nanaba, el azabache había solicitado que le fuera prestada una camioneta de la sede en la que trabajaba y así habían logrado transportar a los niños sin problema alguno.
Esperaba una casa larga o muy al estilo de las típicas vecindades de pueblo, por lo que se sorprendió bastante cuando encontró una casa de campo grande, alta y bastante bonita como las que podrías encontrar en algún pueblo de París (se atrevía a hacer la comparación gracias a que había viajado a ese país una vez cuando seguían un caso). La edificación era de madera, tenía tres pisos y lo que parecía ser un ático pequeño donde el techo terminaba en punta. Tenía tejas viejas cafés y rojizas, partes de las paredes eran de ladrillo y enormes con ventanales de piso a techo, pero estaba notablemente en mal estado, pues Levi no podía ignorar las manchas de mugre que tenían las ventanas, la madera picada, la mala hierba que crecía en los alrededores y la desagradable textura mohosa de los bordes y esquinas de la edificación. Esta casa requería mucho trabajo.
Tomó firme la pequeña mano de Arlet y caminó hacia el fondo del pasillo, donde los demás niños estaban corriendo y jugando. Hanji apareció saliendo de una puerta al fondo, la última del pasillo a la izquierda, y se acercó a él con unos papeles que iba leyendo mientras cargaba a Annie con el otro brazo.
—Según los papeles que me dejó la señora Hudson, la última vez que la casa tuvo mantenimiento fue hace veinte años —explicó Hanji—. Lo que le hicieron fue cambiar la madera del piso, tapices de la cocina y primera sala, agregaron nuevo cableado y algunas tuberías fueron cambiadas, pero no todas. Sólo se enfocaron en las del baño, pero las de cocina y exteriores se dejaron fuera del plan.
—Debió de haber pegado con el presupuesto con el que contaban —comentó Levi. Miró al piso debajo de sus pies y notó el nuevo moho que comenzaba a hacerse en la madera, floreciendo de forma desagradable entre las tablas. Bufó—. Tendremos que hacer grandes cambios. ¿Sabes cuanto invirtieron en esas mejoras mínimas?
—Unos cuantos miles, pero te aseguro que esto no roza ni de cerca tu salario mensual —bromeó la castaña sin dejar de ver a los papeles—. Hubo algunos cambios más pequeños que venían incluidos con lo de la tubería, como el cambio de llaves y el impermeabilizante para el techo. No estaría de más echarle un ojo a ver si sigue en condiciones.
—Para el tiempo que tiene no debería de estar tan dañado, pero lo cambiaremos de igual forma —comentó Levi—. Quiero ver el resto de la casa.
Tomando la delantera, él los guio por los pasillos para llegar a los niños, quienes comenzaron a amontonarse alrededor de los dos adultos para continuar la exploración de la casa. Llegaron a las escaleras y subieron al primer piso. Los adolescentes pronto empezaron a subir usando sus manos por el ansia de llegar hasta arriba antes, lo que a Levi le provocó un pequeño salto al corazón.
— ¡No pongan las manos en el piso y dejen de correr! —ordenó, logrando que muchos de ellos se pararan de inmediato y comenzaran a caminar normal, pero eso no menguó la excitación infantil— No toquen nada.
Las escaleras rechinaban con sus pasos y las notaba inestables, algo más que arreglar. Los barandales estaban quebrados de algunas zonas, además de que eran de madera, por lo que no le daban ningún tipo de seguridad acerca de recargarse. Llegando al segundo piso, un enorme ventanal de vidrió al otro lado del pequeño pasillo central dejaba entrar bastante luz natural; este era un detalle que Levi extrañamente disfruto, a pesar de ser tan contrario al tipo de estética que él prefería en una casa. El primer piso tenía cuatro puertas que dirigían a distintas habitaciones que, a simple vista, se veían grandes.
— ¿Sabes cuántos cuartos hay?
Hanji levantó los papeles y buscó la información entre el contenido.
—Hay seis cuartos, cuatro en el segundo piso, dos cuartos de cada lado, y cada lado comparte un baño completo. En este piso hay dos cuartos con baños completos para cada uno. Cada cuarto tiene su propio closet grande, y los dos de este piso tienen walk in closets.
—Vaya, vieja pero bien equipada —comentó Levi. Se volteó a Hanji y soltó a Armin, quien corrió inmediatamente detrás de sus hermanos hacia los otros cuartos—. Revisa los cuartos y dime en cuál te quieres quedar. Yo vigilo a los niños.
La castaña bajó a Annie al piso y esta se acercó a Levi pidiéndole la mano. El azabache la tomó y caminó con ella en dirección a donde los gritos de los niños se agrupaban en un incómodo eco que rebotaba en la habitación del fondo a la derecha. Al asomarse por la puerta los encontró brincando y señalando todo el cuarto, como si estuvieran rodeados de cosas que realmente no había. Revisó los alrededores del cuarto y no encontró ninguna puerta que llevara a un baño o el closet, por lo que se imaginó que era una de las salas destinadas a ser oficina o biblioteca.
— ¿Qué hacen?
Los niños voltearon a él inmediatamente y se acercaron. Sus rostros mostraban una emoción indescriptible, Levi la atribuía al descubrimiento del que no sabían conscientemente que sería su nuevo hogar.
— ¡Estábamos diciendo que esto es como un castillo! —mencionó Armin.
— ¡No, es como una fortaleza! —corrigió Connie.
— ¡Yo creo que es como una casa de príncipes y princesas! —opinó Berthold llegando detrás de sus hermanos— Vi de estos en los libros del orfanato, son iguales.
—O como una fortaleza de guerreros —sugirió Reiner.
Mientras todos daban su punto de vista, Levi se acuclilló para prestarles toda su atención en el proceso de diálogo.
— ¿Y no lo ven como una casa simplemente? —preguntó con calma— Quizás podría ser la casa de ustedes.
Los niños se miraron entre ellos con curiosidad, pensativos. Levi los dejó procesar su pregunta, esperaba que eso les diera el leve indicio de que, efectivamente, sería su nuevo hogar.
—Si viviéramos aquí, ¿quién se quedaría con nosotros? —preguntó Mikasa. Era muy raro que ella hablara, lo que llamó la atención de Levi.
—Hanji se mudaría con ustedes. Ella no los dejaría solos —respondió como si fuese obvio.
— ¿Y tú sí? —preguntó Eren. Levi frunció el ceño a la pregunta— ¿Tu no te mudarías con nosotros? ¿No quieres quedarte aquí?
Si era honesto, Levi había comenzado a acostumbrarse a que los niños casi que rogaran porque él fuera más constante en sus visitas y estadías, pero incluso esta pregunta no sólo lo descolocó, sino que lo desanimó. Aunque el plan de su responsabilidad en la vida de los infantes caía con una enorme tarea de ser un tutor completo, Levi había proyectado, por la posición de Hanji, que jamás se le permitiría ser una especie de figura presente en la vida como algo más allá que un proveedor económico o de seguridad, no como una figura familiar. Quería respetar eso en favor de no volver a quebrantar lo poco que había logrado establecer de relación entre él y la profesora, pero las dudas incluso iban a su cabeza de vez en cuando: ¿podría pretender una vida familiar con los niños? ¿Hacerles ver que él no los veía sólo como un rubro a cumplir, sino como algo que él decidió tener en su vida? ¿Hanji le permitiría ese lujo de involucrarse más? Había empezado bien con la situación familiar de Connie, luego incluso había podido tener más contacto con los antecedentes de Historia, por lo que poco a poco todo era mostrado a él con más confianza, pero aún no estaba en una posición estable para responder el tipo de preguntas que Eren hacía.
—No me quedaré porque tengo mi propio departamento y trabajo. Además, primero tenemos que acondicionar esta casa para que ustedes puedan vivir aquí, así que estaremos bastante tiempo juntos arreglándola para que puedan disfrutar de su espacio —respondió el azabache lo más sutil que pudo, esperaba darles algo de calma con un tono amable bien practicado por su trabajo—. En cuando vivan aquí verán que se olvidarán un rato de mi presencia; estarán más concentrados en adornar sus cuartos a su gusto, decorar la casa con Hanji y conocer a los vecinos. Verán que mi presencia no les hará tanta falta como creen.
Aunque los niños se distrajeron con la idea de la decoración y pronto lo hicieron el tema de conversación, Levi notó que Eren no se integró a ellos. El niño de ojos verdes fruncía el ceño y miraba desanimado al piso, como si no le complaciera la respuesta de Levi.
—Ya elegí mi cuarto.
La voz se Hanji atrajo la atención de todos, lo que los hizo voltear a la puerta. La profesora apareció ahí y sonrió a los niños.
—Ustedes dormirán en el piso de arriba, dividiremos los cuartos una vez que los hayamos arreglado —explicó la mujer mientras entraba y se dirigía a todos. Puso sus manos sobre sus caderas e inclinó la cabeza—. Vendremos a arreglar la casa para que después seleccionemos los grupos. Por ahora sólo estamos viendo qué hay que arreglar.
Jean bufó a la espalda de todos, lo que llamó la atención de los adultos.
—Esta casa está podrida —murmuró el chico.
Levi enarcó una ceja a Jean, pero no pudo contradecirlo, la casa estaba verdaderamente en malas condiciones.
—Hay maneras más amables de decirlo, Jean —interfirió Hanji. Se acercó al chico y lo tomó del hombro, lo que provocó que él se encogiera por el miedo, pero ella no mostró enojo en ningún momento—. La casa necesita cuidado, como todos nosotros, para estar bien. Una casa descuidada está así porque no ha tenido quien la cuide. Es lo mismo con las personas: si nadie nos cuida, ¿cómo crees que repercuta en nosotros?
Jean se encogió de hombros ante la pregunta, pero le mostró toda su atención.
—Podemos crecer tristes, con miedo, inseguros, y esa es una manera de estar "podrido" por dentro. Pero dime algo ¿te gustaría que te dijeran que perciben eso de ti?
El niño apretó los labios y bajó la cabeza al piso, con una expresión pesada en su rostro.
—No —respondió en voz baja.
— ¡No te preocupes!
Todos voltearon a Eren cuando este giró hacia Jean y caminó con una sonrisa para él.
— ¡Aquí nadie se quedará solo! Todos nos cuidaremos entre nosotros, a ti también, y estaremos bien —dijo el joven Jaeger con convicción.
Jean le mostró una sonrisa animada al instante, y Hanji le apretó el hombro suave para atraer su atención.
— ¿No creen que la casa merece el mismo nivel de atención? Después de todo, nos va a recibir como sus inquilinos por mucho tiempo, espero.
— Tienes razón, maestra Hanji —respondió Jean—. Viviremos aquí todos juntos, y la casa cuenta.
— ¡Pero yo no quiero dormir con Jean! —gritó Sasha al fondo.
—Yo no quiero dormir con Sasha —opinó Connie.
Pronto todos los niños se enfrascaron en una discusión de quién dormiría con quién y porque eran buenos o malos compañeros de cuarto. Levi los dejó meterse en la innecesaria discusión (después de todo, él asignaría los cuartos si esto se volvía cuestión de peleas) y se limitó a verlos mientras Hanji trataba de calmar el asunto con comentarios amables.
Sí, quizás construir una casa era difícil, pero él creía que sería satisfactorio cuando pudieran llamarlo hogar.
—La última vez que interrogaron a uno de esos presuntos integrantes de los titanes no obtuvieron absolutamente nada —comentó Levi mientras daba vuelta a los registros en sus manos—. ¿Por qué debería autorizar que se reabriera el caso?
Ian Dietrich, uno de los trabajadores directos de Kitz Weilman, había visitado la sede con la finalidad de obtener algo: permiso exclusivo para investigar un caso particular, el caso del "Falso Reiss". Era de noche, Levi estaba cumpliendo con sus turnos nocturnos respectivos a los horarios establecidos por Erwin ahora que él estaba ausente, y esta visita especifica no estaba dentro de lo que él esperaba ver durante el periodo de su toma de máxima autoridad.
—Este caso había sido solicitado al comandante Smith, pero no pudo dar su respuesta debido a su viaje a Mitras. Es por eso que vengo a hacer la solicitud directamente a usted —respondió Ian.
Levi entrecerró los ojos hacia el rubio. No lo conocía personalmente, nunca había tenido el "gusto" de trabajar con el en ningún caso, pero tampoco le había conocido un mal historial o reputación. Desafortunadamente, todo el que trabajara con Weilman era (más bien) perseguido por la mala popularidad de su jefe, y los capitanes y comandantes activos tenían mucho cuidado sobre estos elementos que tenían que obedecer a su dramático jefe. Podrían no tener malas intenciones, pero era obedecer o ser dados de baja. Ackerman ya había tenido algunos encuentros desagradables con Recursos Humanos para demandar ese abuso de poder de parte de Wilman, pero poco o nulo caso le habían hecho al respecto. Le hubiese gustado que Erwin se lo tomara con la misma seriedad que él, pero el rubio estaba estúpidamente enfocado en otras cosas, en opinión del azabache.
Echó la carpeta sobre el escritorio y la miró.
El caso del "Falso Reiss" fue uno que había sido abierto incluso antes de que él se integrara a las fuerzas policiacas. Hace muchos años, la familia Reiss había establecido una especie de herencia del poder político por medio de la línea familiar, una que poco a poco se fue aboliendo para dar paso a las elecciones del pueblo. Los mismos Reiss seguían establecidos en buenos puestos, pues mucha parte de la población de la ciudad consideraba que no habían sido malos gobernantes, pero tampoco los mejores. El actual presidente era un Reiss, pero varios anteriores habían sido de otras familias o nombres, incluso gente fuera de la alta clase, algo que sorprendió incluso a Levi. Pero era bien sabido que hubo un periodo de sombras en el gobierno cuando la familia Reiss estuvo ahí, una conocida como "El trono vacío". Dos hermanos habían sido los aparentes herederos del papel de presidentes, pero nunca habían sido presentados ante el pueblo, sólo se sabía que trabajaban en ello. Se rumoraba que otra mujer también heredaba el papel como la nueva presidente, algo que tampoco se vio. Sin embargo, hubo rumores de un grupo que existió debajo de la mesa de la política, un grupo que era liderado por un hombre conocido como el "Falso Reiss", pues parecía haber logrado emparentarse con la familia a través de un matrimonio, y de alguna manera escaló hasta codearse con esos dos hermanos y la mujer que compartían el poder. La cadena de herencias no era clara para nadie hasta el nacimiento de la hija de uno de esos hombres, la que fue la presidenta Frieda Reiss, quien desafortunadamente murió pocos años después de su toma de poder por una enfermedad con la que nació.
Levi había sido asignado a seguir la investigación del caso hasta que el nuevo presidente se estableció en el poder y pidió que se detuviera la busqueda del dato de este hombre. Según palabras del gobernador, sería una pérdida de tiempo dar con alguien que ni él conocía y ya no influía en su familia.
La fama de este "Falso Reiss" se dio porque parecía ser un hombre que movió hilos con gente que terminó perteneciendo a los Titanes del Rey y los Titanes del Mar, en ambos bandos, lo que llevó al Cuerpo de Exploración a sospechar que había una posible alianza entre algunos miembros de la línea sanguínea de los Reiss que colaboraban con alguno de los grupos a la actualidad, lo que les permitía ocultarse de la ley. Erwin había sido obligado a cerrar el caso, lo que hizo que las sospechas sobre el actual presidente aumentaran, pero ninguno podía ir en contra de las órdenes del gobernador, ni siquiera Levi por mucho que así lo deseara.
El que Ian viniera a solicitar que se abriera el caso nuevamente, sin esperar a que Erwin volviera para autorizarlo él directamente, mostraba clara prisa en que algo le fuera entregado: datos, permisos, información delicada. Algo se estaba cocinando y a Levi no le gustaba desconocer qué plato le iban a servir.
—Aun no me dices porqué debería autorizarlo —señaló Levi. Se llevó una mano a la mandíbula y se recargó en su silla—. No me importa que haya sido entregado a Erwin, eso no me dice nada.
Ian pasó saliva sutilmente, pero el capitán lo notó.
—El jefe Weilman requiere la información de ese caso para un archivo.
Levi no pudo evitar que su cara de desconfianza fuera evidente.
—Eso no me dice nada, Dietrich —respondió con calma. Volvió su cabeza hacia la ventana de su oficina con las persianas parcialmente abiertas y miró al Plato—. Permiso denegado. Regresa a tus actividades normales.
Ian dio un salto en su lugar cuando Levi se levantó y jaló el archivo que él le llevó.
— ¡Espere!
Levi, por instinto, echó el torso al frente sobre su escritorio y encaró a Ian en cuando este extendió las manos hacia el documento en su escritorio e intentó tomarlo. Sus propias manos volaron para tomar las muñecas del rubio y detenerlo en su lugar. Ian se veía nervioso, algo nada común en él; tenía un leve sudor que comenzaba a verse por la frente y sienes, sus mejillas tomaron un tono rojo y sus pupilas apenas se veían. Algo andaba mal.
— ¡¿Qué demonios te ocurre, Dietrich?! —cuestionó Levi— ¿A qué se debe esta insubordinación?
Ian tembló un poco y se echó hacia atrás, claramente asustado. Levi lo soltó poco a poco, pero no abandonó su posición defensiva. El rubio llevó sus manos a los lados y se paró firme.
— ¡Disculpe, capitán Ackerman! —exclamó, sorprendiendo a Levi— ¡Me retiro!
— ¡Ian q-
Ian salió corriendo de la oficina y azotó la puerta contra la pared. Levi trotó hacia la puerta y la detuvo mientras se asomaba, justo para ver al rubio desaparecer en el ascensor. Los demás elementos que estaban en el Plato miraron hacia Levi por la sorpresa, pero este no les devolvió el gesto. Nanaba apareció por el pasillo que daba a los archiveros del piso y miró con el mismo desconcierto hacia el elevador antes de ver a su amigo.
— ¿Qué pasó? —preguntó la rubia.
Levi se encogió de hombros.
—Estaba estreñido, supongo —se volvió sobre sus pasos y caminó al interior de su oficina— ¡Vuelvan a trabajar!
Cerró la puerta detrás de él, separando el silencio de su espacio del sonido de oficina del Plato, y se pasó una mano por la cara. Definitivamente iba a pelear con Recursos Humanos porque a Weilman le quitaran su placa, ese nivel de terror que tenían sus subordinados por no poder cumplir sus encargos era enfermizo.
Caminó hacia su escritorio y miró el archivo del Falso Reiss con recelo. Algo verdaderamente le estaba llamando a indagar más en ello, aunque no tuviera un verdadero motivo por el cual meter la nariz ahí. Se acercó al folder y lo abrió, releyendo todo lo que él ya sabía que contenía, pues él había escrito mucho de ese contenido, en realidad el más reciente.
Quizás la curiosidad mató al gato. Pero él no era un gato, era un hombre, y la curiosidad humana no era ociosa como la de un animal, era en búsqueda de respuestas que daban claridad o conocimiento valioso.
Dio media vuelta y salió de su oficina, cerrando la puerta con suavidad para no alertar tanto a sus subordinados. Caminó hacia el elevador y captó la atención de Nanaba, quien se había quedado hablando con unos archivistas que parecían apoyarla en algo.
— ¿A dónde vas?
—A orinar.
La rubia le sonrió y enarcó una ceja con diversión.
— ¿Con el archivo de un caso?
—Por si me quedo sin papel.
La risa de la mujer resonó con fuerza mientras él desaparecía detrás de las puertas.
FLASHBACK
— ¿Por qué a cada persona que pregunta por nosotros le dices que nos conocimos en tiempos diferentes?
Levi le frunció el ceño mientras cerraba la puerta de su casa.
— ¿A qué te refieres?
—Al pastor Nick le dijiste que nos conocimos en la primaria, y ni siquiera fuimos juntos —respondió la castaña—. A la florista Lila le dijiste que nos conocimos en el trabajo, al cocinero del restaurante chino le dijiste que nos conocimos por amigos en común en una fiesta universitaria, y a otros les dices que nos conocimos en apps de citas, ¡apps de citas!
— ¿Qué tiene de raro?
— ¿Tú usando apps de citas? ¡JA!
Levi se acercó a ella y la miró desde abajo de la escalera. Hanji estaba hasta arriba de una escalera deslizante que habían puesto sobre un enorme librero que él había construido para que ella pusiera su inmensa colección de libros que, para su mala suerte, seguía creciendo cada día. Lo había hecho luego de ver cómo estos se habían acumulado en el departamento de ella cuando vivía sola, ocupando las pocas sillas que tenían, mucho camino en el piso e incluso su cama, y se negaba a ver eso mientras vivieran juntos y casados. Él ocuparía el otro lado de la cama, no una compilación de estudios sobre biología marina.
—Ten cuidado, no vayas a resbalar —le indicó Levi. Llevó sus dos manos a ambos lados de la escalera—. No les doy el dato correcto por metiches.
La estruendosa risa de su esposa sonó por la vivienda.
— ¡Pero no tiene nada de malo! —reclamó Hanji. El libro en su mano fue devuelto a su lugar— Creo que deberíamos decirles sin miedo alguno cuándo nos conocimos.
— ¿Y para qué quieres que todo el mundo sepa de nosotros? —murmuró Levi.
Un ruido fuerte y el temblor de la escalera le indicaron que se alejara, justo para dejar a Hanji caer frente a él cuando se deslizó por el barandal. Aunque a él no le gustaba que hiciera eso (por miedo a que se lastimara) se había cansado de pelear para detenerla. En su lugar se dedicó a abonar más al seguro médico, por precaución.
La miró: vestía una camisa blanca de tirantes y unos pescadores del mismo color, con una sobre camisa verde claro y unos huaraches horribles cafés. Su cabello estaba recogido como casi siempre y, alrededor de su cabeza, un trapo blanco con cuadros amarillos detenía su desastre de pelo mal peinada. Sus anteojos estaban en su lugar sobre su nariz, desagradablemente sucios.
Levi hizo una mueca y se los quitó para limpiarlos con el trapo que él siempre cargaba.
—No quiero que todos sepan de nosotros, sino que sepan la verdad. No me molesta que sepan cómo te enamoraste de mi maravilloso cerebro —se burló ella con una sonrisa orgullosa.
Él la ignoró y se alejó de ella hacia el sillón de la sala. Se sentó en él y continuó con su tarea de limpiar los vidrios de los anteojos.
—Me avergüenzo de ello.
Hanji jadeó.
— ¿De decir que te enamoraste de mí?
Él la miró de inmediato con el ceño fruncido... bueno, más fruncido.
— ¡No, idiota! —regañó— Me avergüenza que sepan que... bueno, que sepan que te conocí siendo un don nadie que no podía ofrecerte lo que te merecías. Tu diste casi todo al inicio, me mantuviste, me cuidaste, básicamente te encargaste de mí, y yo no he podido recompensártelo adecuadamente. Me da vergüenza que quedes mal ante la gente por mí.
Aunque en el pasado jamás se habría abierto, Levi había aprendido a decirle todo a Hanji sin pelos en la lengua porque ella le exigía que no diera vueltas a los asuntos y fuera claro. Siempre le dijo que la falta de comunicación mataría la relación, y, ante los ojos de Levi, la relación de ambos era la única que valía mantener a flote si su vida se iba al diablo.
Ella se sentó a su lado, sacándolo de sus pensamientos. Ambos se miraron intercambiando una serie de preguntas no dichas en el pasado.
— ¿Te refieres a cuando te conocí en la zona donde vivías con tu mamá?
—Un basurero, Hanji, dilo como es —respondió Levi. Le entregó sus anteojos y ella se los puso.
—No veo que sea algo malo que hables de ello en cuanto a nuestra relación. Yo veo admirable todo lo que has cruzado para lograr a lo que tienes hoy, que, por si no recuerdas, es más de lo que yo tengo por mi cuenta —comentó la mujer con una sonrisa—. Piénsalo: pagas la renta, mantienes esta casa en pie, el seguro médico corre de parte tuya, eres un capitán en el trabajo, ¡uno de los más importantes elementos del Cuerpo de Exploración! Un policía reconocido, en quien la gente confía. A quien yo amo, por supuesto. No me avergüenza nada de tu historia, para mi nunca fuiste un don nadie.
—Hanji, no tenía nada y tampoco hacía algo para salir adelante.
—Levi, ¡eras un niño! Tu no sabrías como salir adelante, tu mamá hacía lo posible por encargarse de ello, y aunque al final no tuvo éxito, lo que ella jamás hizo fue poner la responsabilidad sobre ti. El que como niño no tuvieras en mente la idea de salir a trabajar no es que fueras un don nadie, es que no te cargaron con una tarea que no te correspondía —explicó ella con calma. Llevó sus manos hacia las de él y apretó con suavidad sus nudillos—. No me da vergüenza con quién me casé, ni cuándo te conocí, ni que tenemos que dormir en una cama individual porque no nos alcanza para la matrimonial, ni cuando tuve que reciclar un vestido de fiesta de segunda mano para que fuera mi vestido de boda. No me interesa nada de eso, ¡te amo! Y eso debe ser más que suficiente para que a la gente no le importe cómo ni cuándo nos conocimos, que sólo vean que te amo con todo mi corazón.
Levi fue jalado por los brazos de Hanji, y no se quejó cuando fue envuelto en ellos en un fuerte abrazo acompañado de los cariños verbales de la mujer. Él cerró los ojos contra el hombro de ella, aspirando su aroma y relajándose. El tema era pesado de abordar, hablar de su pasado generalmente lo ponía mal, pero all verse abrazado y cuidado por esa mujer, la que ahora llevaba orgullosamente el apellido Ackerman, lo hacía regresar a la realidad y agradecer que su pasado ya no era más su realidad.
Agradecía tanto tener a esta loca obsesiva de los libros y el estudio junto a él. Agradecía amanecer escuchando algún documental de historia en la televisión mientras ella preparaba el desayuno. Agradecía las estúpidas preguntas que surgían mientras estaban en la cama en medio de la noche, y saciar su curiosidad y emoción con cualquier juego o viaje. Agradecía ser amado por esa castaña forense que lo sacaba de quicio una vez al día por lo menos, y agradecía poder amarla de vuelta.
FIN DEL FLASHBACK
Apoyó la pierna contra la estantería mientras detenía el cajón. Los archivos de los casos cerrados habían sido movidos no hacía mucho hacia una nueva área, pero la organización había sido cuestionable al respecto: muchos casos contenían información cruzada con otros, por lo que fueron reclasificados y unidos en una especie de mapa mental físico que los unía entre los estantes sin una clara organización. Fechas estaban entrelazadas, nombres, ubicaciones, y hacía más difícil la búsqueda de datos. Levi estaba harto de tener que gastar horas y horas dando con la letra que buscaba porque todos los archiveros tenían el abecedario completo en desorden.
Finalmente dio con el documento que buscaba: Extensión 2: El Falso Reiss – Archivo Numerado 3329 - Recopilación Múltiple - Estado: Cerrado.
Abrió los papeles hasta dar con uno de los reportes intermedios que había llegado a leer en el pasado, porque había algo, una leve espinita, que le decía que debía volver a leerlos. Había un dato, algo de información, que él creía ya saber, pero no recordaba.
"... para la finalización de un movimiento de mejora. Según declaraciones de los sospechosos detenidos, el hombre tenía el suficiente poder para poder persuadir a todos de realizar un golpe de estado. Se tienen documentos que afirman ser registros de una vieja reunión en la que el hombre fue anfitrión e informaba a todos de su plan de ataque. Las últimas investigaciones arrojan que este hombre fue conocido erróneamente como Leo Reiss, cuyo verdadero nombre era..."
El corazón de Levi dio un salto y el documento debajo de su brazo cayó al piso. Volvió a leer el nombre: una, dos, tres veces. Lo leyó de nuevo, parpadeó, una vez más leyó. Era imposible.
"... Grisha Jaeger."
Levi soltó el aire y su boca tembló.
—Maldita sea, Eren.
¡HOLA A TODOS! ¿Cómo estááán? :'D
Les debo una disculpa más grande que el titan fundador de Eren :'c
Se que he tardado mucho en actualizar y me apena mucho.
Desde hace ya varios meses he pasado por situaciones que me han mantenido bastante alejada de escribir los fanfics, tanto este como el sasusaku. Perdí totalmente la inspiración y ganas de escribirlos, del sasusaku porque, seré honesta, no me gusta hacia dónde ha ido el manga de Boruto y me desanimó muchísimo la historia, y este de Shingeki porque perdí el hilo de lo que estaba haciendo. Detrás de ello pasé por muchos cambios muy fuertes, personales y familiares, que me impedían escribirles un capítulo de calidad, y el entregarles cosas mal hechas, como en mi otro fanfic expliqué, es algo que no me gusta. Esto lo hago con mucho cariño a la obra, y si ustedes se dan el tiempo de leerla, me gustaría darles algo que valga la pena, por ello prefiero tardarme mucho en sacar un capítulo que darles algo a medias o desganado, no creo que se lo merezcan.
Por ello, nuevamente me disculpo, y espero que con este capítulo de vuelta se hayan divertido y comenzado a ver por dónde va a ir la historia, pues ya quería comenzar a abordar un poco la trama del pasado de los niños con el presente de Levi y Hanji, empezando por Eren como pueden ver jajaja.
Ojalá nos veamos pronto en otro capítulo, les agradezco mucho a quienes siguen dándose una vuelta por acá, por sus comentarios y, sobre todo, por seguir leyendo.
¡Cuídense mucho!
Ana Kogane Holt :D
