14. Cama

Después de un rato es que vuelven todos de la cocina con la cena, sirviéndola en el comedor alrededor de la mesa.

—Aziraphale… —empieza Maggie a la mitad de la cena, llamando la atención de este, que ha estado convenientemente esquivando a Crowley y a su mirada desde que han vuelto de la cocina, hasta se ha sentado al otro lado de la mesa.

—¿Aja? —la mira.

—Antes no se me ha ocurrido contártelo, pero… Ya sabes, con el incendio y todo eso, hay muchos cuartos de la casa que se han quedado sin techo. Sé que sois tres, pero solo tenemos dos que estén disponibles —explica mordiéndose un poco el labio.

Nina la mira frunciendo un poco el ceño, porque¿de qué habla? ¿Cuáles dos? Ni que se hubiera quemado media casa.

—¿Qué? —pregunta Aziraphale con eso.

—Es decir, es que… el resto las camas se destruyeron y… —Maggie mira a Nina con una sonrisita forzada y niega con la cabeza para que no diga nada. Ella parpadea un poco entendiendo, pero sin saber a qué viene esto y se vuelve a mirar al rubio también, asintiendo para confirmar.

—P-Pero… O sea… —Aziraphale mira a Crowley sin poder evitarlo a ver qué opina, este le mira de vuelta un segundo en pánico y luego aparta la mirada sonrojándose al pensar que tengan que compartir el cuarto, fingiendo tener que echar MUCHO picante a su plato.

—Ya sabes cómo está el techo, Aziraphale —insiste Maggie.

—Pero no podemos… Maggie, somos tres —asegura volviéndose a ella, sonrojándose un poco también porque obviamente esto parece el juego del "solo hay un cuarto, solo hay una cama, vamos a tener que compartirla" OTRA VEZ.

—Sí, ya lo sé, pensaba en que dos de vosotros compartierais un cuarto. O sea, puede ser un poco incómodo, pero solo es una noche —le sonríe un poco como disculpándose.

—Pero nosotros no… Y-Yo… —sigue vacilando Aziraphale. Crowley pone los ojos en blanco echándose atrás en la silla como si nada de esto le importara un pimiento porque esto no podría estar siendo más puto obvio. En serio, ¡solo quería un poco de privacidad para calmarse!

—Bueno, entonces decidido —sentencia Asmodeo y señala a Aziraphale y a Crowley con su cuchara, mientras come—. Vosotros dos dormís juntos a ver si le bajamos a la tensión sexual y todos contentos.

—¿Queeeé? —el chillido del de blanco, que se sonroja más.

—¿Qué? Es obvio que ese va a ser el arreglo —Asmodeo se encoge de hombros.

—Disculpa, pero… ¡No tiene nada de obvio!

—Anda ya, pero si probablemente ni siquiera es verdad que no haya cuartos suficientes —sigue el forajido—. Solo quiere que te líes con él de una vez —señala a Crowley que se atraganta un poco con lo que come porque ¡coño! Tampoco hace falta ser así de basto.

Maggie se sonroja un poco con eso porque pues si es mentira y Nina levanta las cejas, entendiendo al fin.

Aziraphale mira a Maggie con la boca abierta como si acabara de descubrir que es una agente doble de la inteligencia británica que en realidad trabaja para los nazis en plena segunda guerra mundial porque él era el único idiota que por lo visto sí estaba creyéndoselo.

—No, no… —interviene Nina para él—. Lo que dice Maggie es cierto.

Crowley bufa con esto sin mirar a nadie, un poco harto.

—Y-Yo —Aziraphale vacila y se vuelve a Crowley cuando este hace eso, entendiéndolo como un gesto de hastío por la situación. Se sonroja y se mira las manos, porque antes parecía que iban a darse un beso y ya se ha reído de él y ahora está bufando como si estuvieran proponiendo matarle—. Tal vez sería mejor que me vaya al pueblo a rentar un cuarto.

—No puedes ir al pueblo, Fell, te están buscando por asesinato ¿recuerdas? —suelta Crowley—. Y este imbécil tampoco puede ir porque se va a escapar —asegura señalando a Asmodeo.

—Yo hace días que os digo que hagamos un menage a trois —responde este y se lleva una fulminación por parte tanto de Crowley como de Aziraphale—. Digo, además ahora somos cinco —cejas, cejas a las chicas.

Nina arruga la nariz y Maggie carraspea sonrojándose un poquito, pero acaba por fruncir el ceño y negarse fervientemente.

Ojos en blanco de Asmodeo para todos porque con gente así de cerrada no se puede.

—Pues no sé qué es lo que propones entonces —Aziraphale ignora un poco a Asmodeo, mirando a Crowley con el ceño fruncido.

—¿Qué propongo… yo? ¿Y por qué iba yo a proponer algo? —le mira fijamente también con el ceño fruncido.

—¿Sabes? Es muy fácil solo sentarte ahí y criticar todo lo que hacen los demás y no hacer nada más que reírte cruelmente —replica este.

—¿Qué yo solo te critico? —protesta, incrédulo de lo que le está diciendo.

—¡Pues sí! —levanta la nariz.

Crowley sigue con la boca medio abierta, mirando a todo el mundo y señalándoles a Aziraphale como "¿Vosotros estáis oyendo esto también? ¿Es que nadie le va a decir nada?".

—Todo te parece mal todo el tiempo y de todo te quejas. No hay una sola cosa que te guste o te parezca bien, ni siquiera sé qué haces aquí conmigo ayudándome —le mira fijamente.

—¿Que qué hago ayudándote? ¿Eso me estás preguntando? —repite y todos los demás evitan sus miradas, incomodos con esta discusión.

—Todo me lo criticas y te quejas. TODO. Que si soy demasiado optimista, que si soy un soñador, que si esto va a ir todo mal, que si debería conformarme, que si soy un idiota por hablarle de frente a la gente, que si soy demasiado amanerado y ridículo, que si uso palabras muy raras que nadie entiende —enumera con los dedos.

—¡No es como que tú no te quejes de mi igual! —se defiende Crowley.

—¿De qué me quejo yo? ¡Si soy la persona más conformista y adaptable que conozco! —exclama Aziraphale y la verdad, TODOS en la mesa carraspean a la vez. Eso hace que se miran unos a otros y se sonrían un poco.

Aziraphale frunce el ceño con esto.

—¿Eso es lo que pensáis todos? ¿Que yo solo me quejo de todo? —protesta mirando a Maggie y a Nina, un poco dolido.

—No es que te quejes de TODO —intenta negociar Nina—. Pero…

—¿Pero? ¿En serio hay un "pero"? —protesta Aziraphale indignado, levantándose y dejando su servilleta en la mesa—. Si llego a saber que soy persona non grata aquí desde luego me lo habría pensado antes de venir.

—¡Aziraphale! —exclama Maggie, preocupada porque se haya ofendido mientras este se larga.

Crowley pone los ojos en blanco porque cielos con la reina del drama que hasta va a irse de la cena. Todos se giran a él y éste mira a unos y otros, incómodo.

—¿Qué?

—Pues que ¿a qué estás esperando a ir a arreglarlo? —le riñe Nina.

—¿Arreglar qué? Es él el que está mal —se defiende Crowley.

—Que vayas de una vez —Maggie le quita el plato del que aún estaba comiendo de delante.

—Pero… ¿Y qué queréis que haga yo? —se queja un poco porque no había acabado, pero igual se levanta.

—En serio, Crowley, ¿no te lo imaginas? —insiste Nina.

—¡Que te lo tires! —exclama Asmodeo haciéndole sonrojarse otra vez.

—¿Podríamos parar con este asunto? —protesta masajeándose las sienes otra vez.

—Mira, su cuarto está en el piso de arriba, es la tercera puerta a la derecha —explica Maggie y luego vacila.

—Si necesitas un cuarto para ti solo igualmente puedes usar el que está delante del suyo, puerta con puerta —añade Nina, porque tampoco es como para obligarles a ninguno de los dos si no están cómodos.

—Llévate esto —Asmodeo le pasa un condón de todos modos. Crowley lo mira arrugando la nariz, pero igual lo toma apretando los ojos.

Nina lo empuja al pasillo y luego cierra la puerta del comedor a su espalda. El pelirrojo se queda ahí mirando la puerta cerrada un instante antes de soltar el aire por la nariz con frustración y dirigirse hacia el cuarto que Maggie le ha dicho.

—¿Aziraphale? —le llama golpeando la puerta, pero no hay respuesta. Suspira otra vez—. Venga, no me obligues a dormir en el pasillo como si fuera un perro —insiste.

Espera unos segundos, pero sigue sin haber respuesta.

—Venga, por favor. No me quejo de todo lo que haces, haces cosas muy buenas y que… admiro bastante. Un poquito. Ehm… relativamente —admite.

Sigue sin haber respuesta tras unos segundos.

—O sea, tal vez sí me quejo de algunas cosas, pero es que eres tremendo. Además, ese es nuestro rollo, ¿no? O sea, pelear un poco por todo, es como… una forma un poco rara de coquetear o algo así. ¿No? —insiste vacilando un poco porque... esto es algo que siente y no es tan fácil verbalizarlo.

Crowley espera un poco otra vez, pasándose una mano por el pelo y vuelve a vacilar antes de golpear de nuevo la puerta.

—¿E-estás ahí? —pregunta porque igual se ha confundido de puerta o algo así mirando al resto del pasillo y la puerta de detrás de él es la que se abre un poquito.

El pelirrojo se sonroja de golpe y se da la vuelta porque sí se había equivocado de lado. ¿No ha dicho que a la izquierda?

—E-Ehm… —vacila de nuevo al ver uno de esos ojos azules a través de la rendija de la puerta.

—Uhm —Aziraphale le mira. Con el ceño fruncido y Crowley se humedece los labios porque no sabe que tanto ha oído, pero es que… keep it cool, Crowley.

—H-Hey —saluda el pelirrojo y sonríe un poco de ladito.

—¿Qué quieres? —la mirada azul sigue fija en él, sin sonreír ni un poquito.

—Uhm… —vuelve a vacilar—. Me preguntaba si… ¿Estás bien?

—Sí. Tranquilo. Puede irse al pueblo o dormir con Asmodeo o lo que sea y aun así voy a pagarle lo que acordamos por el trabajo —responde fríamente, volviendo al trato de usted porque quien sabe que comidas de coco mentales se ha hecho mientras Crowley no subía de que a este lo único que le importa de todo esto es el dinero.

—¡Espera! —pide a la desesperada, apretando los ojos antes de que cierre la puerta.

—¿Qué? —le mira, duramente.

—Uhm —vacila otra vez y luego toma aire y lo suelta para calmarse a sí mismo—. Mi… disfraz incluye un complicado corsé que no estoy seguro de que pueda quitarme sin un poco de ayuda.

Aziraphale vacila también y cierra la puerta, pensando en ir por unas tijeras y luego, a medio camino aprieta los ojos porque… no quiere que esto acabe así.

Crowley parpadea frente a la puerta cerrada, porque definitivamente no esperaba que eso fuera lo que pasara. Cuando ya está poniendo los ojos en blanco para irse, de malas, la puerta vuelve a abrirse, pero esta vez no se ve a Aziraphale dentro.

El pelirrojo la mira de reojo y vueeelve a poner los ojos en blanco, pero esta vez se le escapa un poco la sonrisa al empujarla para meterse dentro.

Aziraphale se finge ocupado tras la puerta, con unos libros que ha sacado de algún sitio y con sus zapatos que ha traído antes, como si no se hubiera dado cuenta que ha entrado.

Crowley se humedece los labios y le mira, cerrando la puerta a su espalda, apoyándose en esta y pensando que en cuanto rato puede estar pretendiendo que le ignora de esa manera… y la verdad es que le hace gracia que lo haga.

Aziraphale hasta nota que sonríe y se le escapa un poco la sonrisita también un poco, pero levanta la nariz y mira su libro pasando páginas arriba y abajo.

—He vuelto —anuncia Crowley.

—Ya lo veo… —le mira de reojito y luego se vuelve al libro.

—Y… ¿Este es el plan?

—A lo mejor deberías disculparte.

—¿Disculparme por qué? Si es… Angie la que ha liado todo con lo de los cuartos —se defiende señalando fuera.

—Maggie.

—Lo que sea. Yo no he hecho nada —ojos en blanco.

—Te has reído de mí —cierra el libro y le mira.

—¿Qué? ¿C-Cuándo? —vacila con eso, echándose un poco atrás.

—Antes de cenar. En el comedor —explica mirándole fijamente.

—No me… No me he reído de ti ¿Por qué iba a reírme de ti? —le mira con el ceño fruncido, bastante confundido.

Aziraphale se levanta y se le acerca, mirándole a los ojos y escrutándole un poco. Crowley le devuelve la mirada sin entender.

—Jum. Bueno, aunque no hayas sido consciente de ello me has hecho sentir mal y espero una disculpa de todos modos —sentencia cerrando los ojos y separándose.

—Ok, lo que tú digas. Sea lo que sea que haya hecho, no era mi intención dañarte y lo lamento —el pelirrojo pone los ojos en blanco.

—Bien —Aziraphale sonríe de nuevo y Crowley levanta las cejas con eso porque… vale, esta no ha sido para tanto entonces—. ¿Un corsé, dices? Oh, querido…

—Uhm —vacila de nuevo—. Sí, bueno…

—A ver, muéstrame —le sonríe de manera afable con esto.

Crowley traga saliva un poco, porque la verdad, pensaba que iban a hablar un poco o algo de algo antes de pasar a desnudarle y la verdad, ahora no puede sacarse de la mente la imagen de su fantasía en la que el rubio le desnuda y luego le acaricia entero y luego se acuesta con él hasta que no se acuerda ni de su nombre. Ejem. Carraspea.

—T-Tampoco estoy seguro de que pueda quitarme el vestido —asegura y la voz le traiciona un poco, balbuceando.

—Tranquilo, vamos a ver —le hace darle la espalda y empieza por pasarle una mano por el pelo para apartárselo de la nuca.

Crowley tiene un escalofrío y tiembla un poquito, pero se deja hacer, con los ojos muy abiertos y en silencio.

—Ya veo… es de estos que tienen un montón de botones —explica—. Muriel tenía un par de ellos y siempre tenía que ayudarla a ponérselos.

—Ponérselos —repite la última palabra asintiendo para fingir que le ha escuchado algo de lo que ha dicho y ocultar como es que en realidad está en hiperfoco a lo que hacen sus manos y las yemas de los dedos que medio le acarician desabrochándole botón a botón y tratando de calmar a su corazón en mitad de una taquicardia.

—La moda femenina no está hecha para que las mujeres se vistan solas —sigue el rubio parloteando de lo que sea para llenar el vacío mientras sigue desabrochando botones y piensa en qué es lo que va a pasar ahora. O sea, una vez le haya liberado del corsé y lo tenga en su cuarto cerrado, semidesnudo y mientras todos piensan que van a… c-copular o lo que sea. ¿qué?

—S-Solas —asegura Crowley aun sin escucharle porque… o sea es que por muchos botones que haya, un día van a acabarse. ¿Y entonces qué? Vale, o sea, el corsé o lo que sea… ¿Y entonces qué?

—Pero las mujeres no suelen estar solas, eso no está bien visto socialmente —asegura y se tensa un poco porque se le están acabando los botones y cada vez está más abajo.

—M-me pregunto cómo hacen las viudas —valora Crowley.

—¿Qué? —se detiene justo en el borde en el que la espalda pierde su casto nombre.

—¿Eh? —el pelirrojo sale del embrujo un poco también y se da la vuelta de cara a él.

—¿Qué pasa con las mujeres viudas? —pregunta Aziraphale bajando las manos y mirándole a los ojos cuando se da la vuelta.

—Pues… ya sabes. Las que no tienen dinero para tener servicio ni un marido que las ayude—explica quitándose las mangas de los brazos.

—Supongo que… se van a vivir al campo con algún pariente —propone.

—A lo mejor van desnudas todo el día —se encoge de hombros, sonriendo un poquito.

—No sea ridículo —pone los ojos en blanco y le hace darse la vuelta otra vez, tomándole del brazo. Este se deja, dándole la espalda otra vez.

—¿Te lo imaginas? Señoras mayores, así ancianas como Yaya Agnes o Madamme Tracy yendo a la iglesia en ropa interior y enaguas porque no pudieron ponerse sus vestidos.

—Tal vez así es como consiguen un nuevo marido —bromea Aziraphale intentando empezar a tirar de los cordones.

—¿Te parece que eso funciona? —sonríe un poco y gira la cabeza para mirarle por encima del hombro.

—Pues supongo que habrá a quien le guste —tira fuerte de un trozo, sacándole el aire a Crowley.

—¡Ese no! ¡Ese no! —protesta casi sin voz.

—Ya lo veo, ¡ya lo veo! —intenta aflojarlo de nuevo un poco yendo hacia el otro lado—. ¡Esto es difícil!

—Tú tranquilo, hasta los mejores expertos se toman su tiempo —se burla sarcásticamente.

—¡No he dicho que sea yo un experto! —protesta.

—Estabas casado, por el amor de Dios.

—Pero ¡ella tenía una dama de compañía que se encargaba de esta parte! —vuelve a tirar de uno que no es.

—¡Joder! —protesta doblándose un poco cuando le vuelve a sacar el aire.

—¡Pues eso digo yo! —protesta de vuelta—. ¡Es que no paras de moverte!

—¿Ahora esto es mi culpa? —vuelve a mirarle por encima del hombro.

—¿De quién si no? —le mira a los ojos, perdiendo un poco de nuevo las puntas.

—Solo digo que menos mal que no estás empalmado porque ya se te habría bajado — suelta sin pensar.

—¿Q-Qué? —Aziraphale chilla y se sonroja de golpe con eso porque un poco excitadillo si estaba.

—P-Pues… —vacila y se sonroja también porque ese comentario le ha ido del… "corazón" a la boca sin pasarle por el cerebro.

—No sé qué es lo que espera de esta noche, ni que se está imaginando, señor Crowley, pero… —se detiene, soltándole y encogiendo las manos, volviendo al trato de usted.

—Oh, ¡venga ya! —protesta otra vez con eso y se gira a mirarle.

—Lamento si se ha hecho una idea equivocada de… —da unos pasitos atrás.

—¡Aziraphale! —le riñe, frustrado.

—Quizás sería mejor que sea otra persona quien le ayude —aparta la mirada yendo a fingirse hacer alguna otra cosa.

—¡No me jodas! ¡Vuelve aquí a acabar esto! —protesta, acercándosele, aun sujetando el vestido contra su cuerpo con un brazo.

—Ehm... es que creo que no soy la persona… —vacila mirándole de reojo solo un segundo.

Crowley se quita el vestido por los pies quedándose en calzones y el corsé a medio desatar. Aziraphale le mira de arriba abajo sintiendo bastante calor de repente.

—No me vas a dejar así —se señala a sí mismo.

—Y-Yo creo que ya alcanzas a las cinchas tú solo —aparta la mirada, sonrojado.

—¿Qué coj…? —le mira incrédulo.

—Yo... estoy muy cansado y será mejor que me vaya a dormir. Mañana debemos viajar hasta Valentine y es un camino largo, así que si me disculpas —se da la vuelta y se va a su bolsa.

Crowley le mira incrédulo y se cruza de brazos ahí de pie.

Aziraphale saca su pijama y cuando va a desnudarse le nota ahí MIRÁNDOLE. Vuelve a sonrojarse.

—¿Podrías darme un poco de privacidad? Tengo que ponerme el pijama —protesta el rubio.

—Oh, ¿TÚ necesitas privacidad? ¿Y qué hay de mí? —protesta de vuelta.

—Pues tú eres el que se ha quitado… todo, así, por las buenas —se defiende.

—No me he quitado todo, claramente —le fulmina.

—¿Podemos solamente dejar de discutir por todo? —pregunta apretando los ojos, frustrado también.

Crowley bufa un poco, poniendo los ojos en blanco y se da la vuelta aun de brazos cruzados para darle estúpida privacidad. Aziraphale le mira de reojo con eso, no muy seguro, pero ahí va a sentarse en la cama y a quitarse las botas para desvestirse.

—No puedes solo huir de cada situación un poco complicada haciéndote el muy ofendido o diciendo solamente que estás cansado y que te vas a dormir —protesta Crowley igualmente, de espaldas a él.

Aziraphale le mira de reojo y aprovecha para recrearse un poco en su culo, ya que estamos.

—¿Qué?

—No puedes no enfrentarte a las conversaciones que no son de tu conveniencia.

—¿Qué conversaciones?

—Ningunas, Fell. Ningunas… —suspira.

—Es que no sé qué es lo que quieres —admite en un susurrito, desviando la mirada y quitándose los pantalones.

—¿Qué quiero de qué? —le mira por encima del hombro.

—Pues ya sabes… —le mira también notando su mirada, pero sin pedirle privacidad otra vez, ni siquiera notando que no se la está dando.

—No quiero nada que tu no quieras —explica volviéndose a él mientras se pone una camisa de dormir por la cabeza—. No voy a hacerte nada que no me dejes.

—E-Eso ya lo sé —admite sacando la cabeza por el cuello y luego los brazos, sin mirarle.

—Entonces ¿qué es lo que te pasa?

—Solo… —le mira—. Me pone nervioso todo esto —admite. Crowley suspira.

—Mira, vamos a… Quítame el corsé de mierda. Me pongo yo también un pijama y… hacemos un plan para mañana, ¿vale? —propone.

Aziraphale parpadea con eso y luego sonríe un poco, calmándose y asintiendo. Crowley le sonríe de vuelta y se da la vuelta… y ahí va el rubio de nuevo, a tomar las cinchas.

—A lo mejor podrías dormir desnudo —bromea el rubio como quien no quiere la cosa, sonriendo un poquito, desatando nudos.

—¿Eh? —se paraliza otra vez con eso y Aziraphale se ríe haciéndole sonreír y poner los ojos en blanco—. Como que ibas a aguantar eso, Fell. Si llevamos las mil y una noches durmiendo en el bosque y bañándonos en el río y aun así todavía necesitas privacidad hasta para mear.

—Bueno, lo cortés no quita lo valiente —se encoge de hombros.

—¿Has… estado con un hombre alguna vez? —pregunta Crowley de la nada.

—¿Q-Qué? —se paraliza un poco.

—Sexualmente, me refiero. O sea, ya me queda claro que las mujeres no son lo tuyo, pero…

—¿Por qué dices eso? —frunce el ceño.

—Te casaste con alguien a quien, cito textualmente: "Querías como a una hermana" —le mira de reojo como si eso lo explicara todo.

—¿Y qué tiene eso? —le empuja un poco para que vuelva la vista al frente y sigue con las tiras.

—Pues describe fácilmente lo que piensas de las mujeres que deberían atraerte —vuelve a mirar hacia adelante.

—Que no me haya sentido atraído sexualmente por una mujer no significa que no me gusten las mujeres.

—Eso es EXACTAMENTE lo que significa —discute.

—No, no es verdad —acaba por finalmente, soltar el corsé completo.

Crowley respira profundamente con alivio, poniéndose las manos en las caderas y moviendo estas como si hubiera llevado toda una armadura metálica.

—¿Por qué no? —le mira, volviendo al tema.

—Pues porque tampoco me he sentido a-así por un hombre y eso significaría entonces que no me siento… que… algo que no se puede —explica con los ojos cerrados, dejando el corsé por ahí y yendo a la cama.

—¿Qué tú no te has sentido qué por un hombre? —no es que sea muy seguro de sí mismo, pero tampoco es tonto, vamos.

—Mejor hablemos de otra cosa, ¿quieres? —no le mira metiéndose dentro de las sábanas.

—¿Me prestas una camisa?

—¿Qué? —le mira.

—No sé dónde han dejado mis cosas y prefiero no ponerme de nuevo el vestido para ir a buscarlas —explica encogiéndose de hombros.

Aziraphale pone los ojos en blanco, pero ahí se levanta a buscar en su bolsa y le lanza una camisa a la cara. Crowley se la pone y la huele un poquito al hacerlo, disimuladamente y luego vacila, porque este es el momento de la verdad. Puede quedarse aquí y meterse en la cama de Aziraphale, quien por cierto ya se ha acomodado en su ladito de la cama en vez de en el centro… o puede irse a dormir al otro cuarto que Nina le ha ofrecido y todos han oído que está disponible.

—¿Y tú? —pregunta Aziraphale abriéndole un poco las sábanas para que se meta porque además pretende seguir hablando con él, mientras se embadurna las manos con alguna clase de aceite.

—¿Yo qué? —sonríe y se acerca, suspirando.

—P-Pues sí has… estado con un hombre antes —explica mirándole.

—La vida de forajido es muy extraña —admite metiéndose en la cama y tumbándose a su lado.

—A lo mejor podrías contarme alguna historia sobre eso ahora —pide apagando la vela y luego tumbándose también, cara a él.

—Sí, sí he tenido sexo casual con algún que otro hombre —admite.

—¿En serio? —levanta las cejas—. ¿Pero con un hombre de verdad? ¿Con un pene?

—Pensaba que te impresionaría menos teniendo en cuenta que tus amigas…

—¿Qué?

—Pues son lesbianas.

—¿Quién?

—Pues las dos… Ellas, como se llamen, las chicas de esta casa.

—Ay, claro que no son lesbianas —se ríe.

—¿Cómo? —Crowley parpadea con eso.

—A lo mejor es que no entiendes el significado de esa palabra —cae en la cuenta—, para ser lesbianas tendrían que gustarles las mujeres y acostarse entre ellas.

—Exacto —el pelirrojo asiente.

—Y obviamente no es eso lo que pasa. Ellas viven juntas porque no es buena idea que dos mujeres vivan solas. Por cosas como lo de los vestidos que decíamos antes.

—Fell, ellas dos se acuestan —asegura Crowley—. Podría apostarlo. De hecho, probablemente estén haciéndolo ahora mismo.

—¡Claro que no! —el rubio se muere de la risa.

—Aziraphale… —insiste Crowley sin reírse ahora, negando con la cabeza.

—¿Q-Qué? ¿D-De verdad? —le mira, de repente tan preocupado, como si acabara de contarle sobre la verdadera identidad de Papá Noel—. ¿Cómo lo sabes?

—¿Cómo TÚ no lo sabes? —le devuelve la pregunta.

—Porque ellas son… ellas… —vacila, mirándole a los ojos—. M-Muy buenas… amigas.

—¿No las has visto darse un beso nunca o algo así?

—Pues sí, pero eso son cosas que las mujeres hacen, entre chicas no es tan raro como entre hombres porque las chicas… —explica y Crowley niega con la cabeza—. ¿N-No? Oh, vaya —se sonroja un poco, pensando en ello—. Y ¿c-crees que ellas saben que yo…?

—Todo el mundo sabe que tú —sentencia.

—¿D-De verdad? —el horror.

—Abby se inventó lo de los cuartos quemados —insiste.

—Maggie —corrige de nuevo y aprieta los ojos—. ¿Es en serio?

—Lo lamento —asiente—. Incluso me ofrecieron el que queda delante de este si lo necesitaba.

Aziraphale mira la puerta y luego le mira a él en la penumbra porque eso significa que… se ha metido aquí con intención y alevosía, no porque no quedara más opción. Está aquí, en su cama, con él, porque quiere. Porque así lo ha decidido.

—Pensé que era importante que lo supieras —asegura Crowley girándose a mirar el techo intentando sonar lo más tranquilo posible porque aún existe la opción de que Aziraphale le eche de la cama o del cuarto, o se vaya él mismo.

—Oh… —vacila el rubio justamente dándose cuenta de eso. Tal vez debería echarle. O marcharse él mismo. Mañana iban a tener que dar un montón de explicaciones a todo el mundo, pero estaban aquí… cómodamente. Y todas sus cosas estaban aquí. Tendría que llevárselas y encender de nuevo la vela. Además, le estaba contando historias y en definitiva no quería que se fuera—. Que mal —sentencia finalmente sin moverse.

—Uhm —Crowley le mira de reojo con eso porque… ¿Ya está? ¿Van a dormir juntos y ya? ¿Sin gritos ni intrigas ni reproches ni nada? La verdad, suelta el aire con alivio.

Aziraphale vacila, porque asume que Crowley ha tenido bastante oportunidad de marcharse si no era esto lo que quería, pero quizás lo había juzgado mal.

—Bueno a mí me da una pereza infinita levantarme, así que si quieres irte puedes hacerlo —el rubio le da la espalda.

—N-No he dicho que quiera irme —admite el pelirrojo, a lo que el otro sonríe complacido con ello—. Pero si quieres que me vaya…

—Probablemente sería más cómodo, pero no quiero encender la vela y esperar a que recojas tus cosas así que mejor… —se detiene de acabar esa frase como naturalmente le había venido a la cabeza que es "abrázame y cuéntame una historia".

—¿Mejor?

—Te quedas aquí y tratas de ser lo menos molesto posible —suspira.

—Eso, en mi caso, resultará inevitablemente en un intento muy pobre a todas luces —replica Crowley, haciéndole sonreír y girarse cara a él de nuevo.

—Definitivamente —le da la razón y luego se queda en silencio un poco, pensando—. ¿C-Cómo es acostarse con un hombre? —toma valor de preguntar finalmente, pero Crowley ya se ha dormido para ese momento, así que tuerce el morro un poco y trata de dormir también.