19. Abogado

A la mañana siguiente los clavos no consiguen despertar a Crowley, pero sí a Aziraphale, que se incorpora en la cama como si fuera una momia que acaba de regresar a la vida, con los brazos estirados incluso.

Parpadea con esa sensación momentánea de no saber dónde está ni porqué hay alguien durmiendo con él hasta que nota que es Crowley.

Está de espaldas a él, hecho bolita en el borde de la cama intentando no caerse, medio destapado y con un pie colgando.

El rubio sonríe un poco al verle y se frota un ojo, teniendo la tentación de atraerlo de la cintura hacia sí y volver a tumbarse a dormir otra vez un par de horas más.

Pero ya habría tiempo de arrumacos matutinos cuando vivieran los dos juntos en Saint Denis.

No había hablado de ese plan con el pelirrojo todavía, pero casi ni era necesario, o sea, estaba claro que... Bueno, no tenía por qué negarse. No iba a preferir seguir siendo prácticamente un forajido en New Austin yendo de aquí a allá con el caballo y sin saber si tendría qué comer al día siguiente.

Las explotaciones del rancho Emerald bien daban suficiente dinero para que ambos vivieran bien y a lo mejor Crowley podría convertirse en un hombre completamente de bien siendo ayudante del Sheriff para que no estuviera todo el día en la casa molestando con tonterías y Aziraphale pudiera leer tranquilo.

Incluso, si esa era su aspiración, convertirse en Sheriff de alguna pequeña comisaría en los suburbios de la ciudad, de esas en las que nunca pasa nada para que Aziraphale no se preocupara en exceso de que de repente acabara muerto en un tiroteo.

Estaba seguro de que sus primos iban a preguntar, pero ya tenía una historia que contar sobre haberlo contratado por protección y aún más con la muerte de Muriel abalando el hecho.

Su tío no podía poner pegas al respecto de tener a alguien contratado para la protección de la casa y sus habitantes y cuando decidiera casarlo nuevamente con alguna muchacha como Miguel con el juez… Pues se negaría o tal vez le permitiría hacer lo que quisiera.

Ojalá haber nacido mujer para poder salir de la edad casamentera a los treinta años y no como un hombre al que podían obligar a casarse aun siendo un anciano.

Por un momento se pregunta si quizás Miguel sigue viéndose con el sospechoso padre de su hijo aun a la vista de su marido… que quizás sí tenía un amorío con alguien más. ¿Alguien del servicio, quizás? O tal vez ese tipo del casino de Blackwater… aunque dijo que hacía años que no se hablaban.

El caso es que si su tío le buscaba a una nueva pretendienta con la que unir las familias y hacer negocios… Bueno, Crowley tendría que ver la boda y eso sería un poco feo, pero Crowley era fuerte, tampoco era para tanto. Y tal vez podría ser su padrino esta vez en vez de Gabriel.

Sería divertido que estuviera ahí junto al altar, todo vestido con un traje negro elegante y súper nervioso… Entonces entraría él, en su traje blanco caminando por el pasillo hasta ponerse junto a él y le arreglaría la corbata en el cuello mirándole a los ojos, un poco sonrojado y sonriendo. Ah, sí, y luego habría una novia. Ehm… en algún lado. O algo.

Aziraphale sacude la cabeza para salir de todos estos pensamientos y le echa las mantas por encima a Crowley, estirando un poco los brazos y levantándose porque además está hambriento.

Se dirige a la ventana para correr las cortinas y Crowley protesta con eso.

—¡Buenos días, querido! —sigue Aziraphale al oír las quejas—. Hoy hace sol y es un día perfecto para ir a resolver los asuntos con el abogado.

Tanto buen humor matutino solo hace que Crowley remolonee aún más y proteste activamente.

—¡Estoy muerto de hambre! —sigue, jovial, mientras se lava la cara en la palangana del aseo —. Me apetecen unos huevos y algo de tocino. Mmmm… ¿crees que tengan pastelitos de crema? Una vez leí que son la especialidad gastronómica de este lugar.

—No podrían importarme menos los pastelitos de crema ahora mismo, Fell… —protesta saliendo de debajo de toda la bola de cobijas que tiene encima.

—Acuérdate que hoy no puedes llamarme así, querido. Soy Francis —le recuerda, mientras se pone sus prótesis—. El jardinero de un rancho de una familia adinerada en Strawberry.

Bosteza y le mira.

—He pensado que podría ser a plantación de algodón de Nina, aunque me temo que eso pueda resultar sospechoso para un espectador con dotes de observación.

—¿Qué pretendes entonces? ¿Ser el jardinero de la casa de campo de la familia Archangel? —pregunta pasándose una mano por el pelo.

—¡No! Eso es aún peor —le mira a través del espejo.

—Pero es la finca más grande de Strawberry. Yo podría ser la niñera —propone sonriendo.

—Pues sí es la finca más grande, pero… no quiero que me relacionen con mi familia.

—Es que no sé qué otra familia iba a tener un jardinero de uñas perfectas contratado a tiempo completo para que finja trabajar y que pueda pagarse un abogado como Levi.

—¡Los jardineros también pueden tener cuidado de su manicura! —protesta.

—Dijo la persona que cree que las plantas son objetos. Anda, díselo tú misma —se gira a su planta y le acomoda mejor las hojas.

—Por lo menos yo no las trataría con más cariño que a una persona.

—Tampoco lo hago yo. Esta está secuestrada y pobre de ella que se marchite —la señala.

Aziraphale pone los ojos en blanco con lo delirante de esta conversación y va a seguir vistiéndose. Crowley se echa de nuevo en la cama, mirando el techo.

—No pienso esperarte si no te levantas —advierte el rubio.

—Tranquilo, con lo que tardas en comer, tengo tiempo —no se mueve.

—Tendrías que afeitarte bien para que no se te note nada la barba o no se creerán que eres una mujer—le recuerda.

—Vaaaale, vale —se incorpora otra vez y se levanta bostezando de nuevo.

Tras un buen rato de abluciones matinales bajan para descubrir que sí hay pastelitos de crema, pero tienen que ir a la pastelería del pueblo porque en la cantina de la posada solo se sirven gachas.

Así que todo el buen humor de Aziraphale se escuela por el caño mientras mastica sus gachas con desgana y Crowley trata de que no se note que se está burlando de él por ello, mientras piensa en que va a tener que llevarle a la pastelería de todos modos en cuanto salgan del abogado.

Encontrar la calle Olmo es relativamente fácil y de ahí el despecho de Levi, es un edificio de dos pisos de madera blanca con detalles en turquesa. Tiene un porche con un balcón sobre él y una placa de metal dorado colgando a la entrada.

Aziraphale mira Crowley de reojo y pasa delante. Dentro, de la pared frontal, cuelga un cocodrilo de tres metros entero disecado sobre el mostrador donde hay una chica recatada y bien peinada.

—Howdy, señorita —saluda Aziraphale acercándose a ella y levantándose un poco el sombrero—. Buscamos al señor Levi.

—Ah… Buenos días ¿tenían hora concertada?

—Hum… No, pero nos preguntábamos si tendría un hueco para atendernos.

—Déjeme que lo consulte. ¿Cuáles son sus nombres?

—Ahm, él… la es… —vacila girándose a Crowley para que se presente.

—La señorita Crawly —sonríe él—. Antonia.

—Ah —asiente la chica tomando nota en un libro de registros y luego se vuelve a Aziraphale—. ¿Y usted?

—Ehm, yo soy Francis. Soy Jardinero —explica Aziraphale fulminando un poco a Crowley porque ¡Crawly suena exactamente igual que Crowley y se supone que están de incognito! —. Ella es mi esposa.

—Ehm… ¿Esposa? —la chica vacila porque ha dicho señorita.

—Sí.

—Vale, entonces el matrimonio Crawly —asiente por que debe haber oído mal y toma nota de nuevo.

—¿Qué? ¡No! —protesta Aziraphale porque ¡nunca accedió a que tomarían el apellido del caza-recompensas! Ya aprieta los ojos porque ya tuvo este problema con el estúpido médico de Blackwater, parece que no aprende.

—Oh, ¿no? —la chica vacila un poco porque le están haciendo un lío.

—No le haga caso a mi marido, está un poco nervioso —explica Crowley.

—Uhm. Está bien, ¿cuál es el motivo de la visita?

—Queremos hablar de un asunto de un caza-recompensas proscrito —explica Aziraphale y Crowley aprieta los ojos.

—¿Les ha robado o algo? ¿Una estafa? —la chica le mira.

—¿E-Estafa? —pregunta el rubio sin acabar de entender de qué habla.

—¿Le pagaron por adelantado por un trabajo que acabó por no realizar? —propone ella.

—¿Qué? ¡No, no! Es un caza-recompensas bueno y no debería haber una orden de búsqueda y captura en su nombre, queremos saber cómo podemos retirarla —explica Aziraphale.

—¿R-Retirarla? Oh. Ehm… ¿cuál es el nombre del caza-recompensas? —pregunta ella y Aziraphale vacila porque no puede decirle que es Crowley si han dicho que se llaman Crawly!

—Anthony J. Crowley —interviene el pelirrojo ante la vacilación.

—Antho… eh? —la chica le mira, porque ¿no acaba de decir que ella se llama Antonia Crawly?

—Es mi hermano —explica ella.

—¿Sus padres les pusieron Antonia y Anthony? —inclina la cabeza.

—Nací yo primero y pensaron que nunca iban a tener un heredero varón. El nombre es una tradición familiar, así que me lo pusieron a mí y cuando nació mi hermano de improvisto pues se lo pusieron a él también —explica el pelirrojo.

—Pero… entonces ¿Crawly es su apellido de soltera? —pregunta súper confundida.

—Eh… No. No —interviene Aziraphale—. Yo… Yo soy Crawly. Su apellido de soltera es Crowley. Se parecen, pero no son el mismo, si quiere se los deletreo.

—F... Ángel, no marees a la chica —pide Crowley, tomándole del brazo y tirando de él hacía unas sillitas que hay ahí para esperar—. Estoy seguro de que lo ha entendido, anda, vamos a sentarnos.

Aziraphale le sigue, sonriendo un poquito porque le ha llamado ángel, pero es que han hecho un completo desastre y está seguro de que Levi va a darse cuenta.

—Esto ha sido una calamidad, tenemos que prepararnos mejor para entrar a hablar con él —susurra, acompañando la ropa para que no se le arrugue al sentarse recatadamente.

—No me digas, y yo que pensaba que nos gustaba hacer el ridículo —protesta el pelirrojo de vuelta, tan sarcástico, tirándose en la silla con las piernas abiertas y cruzándose de brazos

—Pues tú eres el que le ha dicho que te llamas Crawly, ¿qué pasa contigo? —le da una palmadita en la rodilla con el dorso de la mano para que se siente bien.

—No es como que tu seas mucho mejor en eso, ¿te recuerdo que tu caballo se llama Aziraphale?

—¡Ya se llamaba así cuando me lo diste!

—¡Es un caballo, no es como que no puedas cambiarle el nombre! —protesta y el rubio bufa—. Mira, solo he… vacilado, ¿vale? —pone los ojos en blanco y se incorpora un poco, cruzando las piernas—. Además ¿no dijiste que la idea era pedir ayuda para trabajar con MorningStar?

—Pues ayer que se lo mencioné a la chica del gumbo…

—Era chili —le corrige.

—¿Qué? —le mira saliendo de sus pensamientos.

—Era chili, llevas desde ayer llamándola así mal. Es chili —explica y Aziraphale pone los ojos en blanco porque el detalle sin importancia.

—Lo que digo es que ella se puso a gritar como una loca solo porque le mencioné. Tal vez habrá que ser prudentes —valora.

—Ah… decían que estaban liados, podría ser eso —se encoge de hombros.

—¿Eh? —le mira.

—Ya te dije que decían que ella hacía favores sexuales para escalar en la organización. Algunos rumores decían que esos favores se los hacía a MorningStar, lo que no tiene ningún sentido, porque… también decían que él estaba liado con una hija de casa buena y además podría haberse conseguido a prostitutas mejores que Belcebú.

—Puedes dejar de decir todo eso de este modo tan soez —riñe.

—Pues no sé cómo más quieres que te lo diga, si no te lo explico claro luego sacas conclusiones raras —le mira por encima de las gafas.

—Saco conclusiones raras porque tú te explicas mal —replica, a pesar de que sabe que es mentira y cuando Crowley va a replicar de regreso es que sale un hombre de una de las puertas laterales. Usa un traje de tres piezas gris y zapatos de piel de cocodrilo. Lleva el pelo oscuro repeinado a un lado como si se lo hubiera lamido una vaca, el mentón cuadrado bien afeitado y tiene los ojos de un verde intenso.

—¿Señor Levi? —pregunta Aziraphale poniéndose de pie y yendo a estrecharle la mano.

—El matrimonio Crawly, ¿verdad? —los mira a ambos estrechándole la mano a Aziraphale de vuelta y levanta una ceja porque la secretaria ya le había dicho que eran raros—. Por favor acompáñenme por aquí —hace un gesto para que vayan a la puerta.

Crowley mira a Aziraphale, nervioso, levantándose tras él.

Les acomoda en un despacho que parece extremadamente lujoso con butacas de cuero peludo de vaca, revestimientos dorados y muebles de madera noble que para un observador experto sería obvio que todo lo es de vista, la calidad dista mucho de lo que promete realmente.

—Por favor, tomen asiento —le ofrece con un gesto de la mano yendo a sentarse él en una butaca ominosa al otro lado de un escritorio lleno de papeles y libros.

Aziraphale vacila un poco viendo la gran librería que hay en una de las paredes, acercándose a ver los títulos de los libros en los estantes mientras Crowley se acomoda en la butaca del mismo lado de su cama.

—Tiene aquí una interesante colección —asegura Aziraphale yendo a tomar uno de los libros y notando que no pesa nada y parpadeando un poco porque parece estar hecho de cartón.

—Ah, sí —Levi se levanta yendo a hacer que lo deje en su sitio sin sacarlo—. Por favor, Señor Crawly, le ruego tome asiento y me cuenten que les trae aquí.

—Se trata de mi… cuñado —Aziraphale se sonroja al decir eso, soltando el libro y acercándose a la mesa como le han pedido.

—El… proscrito —Levi le mira.

—Sí —Aziraphale asiente mirando a Crowley de reojo, pero este no dice nada porque piensa que cuanto menos intervenga, menos posible es que descubran lo que sucede.

—Tengo alguna información sobre el susodicho —explica el abogado buscando por ahí y sacando una carpeta de cartón blando, poniéndola frente a sí mismo en la mesa—. Yo ayudé a procesarlo en su momento y puedo explicarle algunos de los cargos en su nombre, pero no creo que sea una buena idea que me contrate para defenderle ahora.

—¿U-Usted ayudó a procesarlo? —vacila Aziraphale que no había pensado en esa posibilidad, Crowley aprieta los ojos porque él tampoco, pero tenía todo el sentido, claro. Los Diablos querían verle muerto o entre rejas después de que se largó, como con todos, hacía perfecto sentido que ocuparan a Levi para denunciar a los traidores.

—Por supuesto, mi despacho está al servicio de la justicia —hace una sonrisa de tiburón—. Y más aun tratándose de criminales tan peligrosos. Entiendo que ustedes sean familia y no sé con qué debe haberles convencido para que quieran hacer esto, pero no debería dejarse influir solo por una actitud de falso arrepentimiento y algo de labia, señor Crawly —explica Levi mirando a Crowley fijamente ahora, que se tensa completamente, cambiando de posición en la silla.

—¿Q-Qué? —Aziraphale vacila y mira a Crowley de reojo—. ¿Falso arrepentimiento?

—Esto es más común de lo que cree —asegura el abogado.

—Á-ángel, quizás este hombre tenga razón y sería mejor que nos olvidáramos de esto y nos fuéramos —comenta Crowley un poco angustiado ahora, pensando que quizás ha hecho venir a Belcebú y a los suyos a por ellos en cuanto ha sabido quienes eran.

—Pero querida, estamos hablando de tu hermano —sigue Aziraphale sin entender qué es lo que quiere Crowley, pero un poco tenso también—. No hemos llegado hasta aquí para irnos con las manos vacías.

—Él mismo te ha dicho que no hay mucho que se pueda hacer —el pelirrojo señala a Levi.

Aziraphale mira a Crowley intensamente esperando que entienda, se humedece los labios y luego vacila volviéndose a Levi.

Crowley parpadea, porque le parece que el rubio está planeando algo, pero no tiene ni idea de qué y esto SIEMPRE es una mala idea. ¿De verdad no podemos salir de casa de alguien tranquilamente y caminando, diciendo adiós y dándonos la mano como personas normales? ¿Es que en Saint Denis la gente no sabe despedirse sin montar un tiroteo?

—Otra cosa, señor Levi —sigue el rubio—. La verdad, me preocupa esto que me está diciendo sobre mi cuñado y pienso en sí podría tener… digamos, amistades peligrosas que pudieran perturbar la paz de mi casa.

—¿Y qué quiere que haga yo al respecto?

—Pues me imagino que conoce a muchas personas. Me han hablado de los servicios de protección que ofrece el señor MorningStar y me preguntaba si sabría dónde puedo encontrarle —explica. Crowley se lleva la mano a la cara porque esto se lo pueden preguntar a alguien en Saint Denis mismo y ahora mismo deberían estar largándose de aquí antes que vengan los diablos, ¿qué parte es la que no entiendes, Fell?

—¿El señor MorningStar? —Levi mira a Aziraphale fijamente ahora.

—Me han dicho que se encuentra en Saint Denis y que usted trabaja a veces para él, quería saber si acaso tendría su contacto —el rubio le sonríe, con paciencia y Crowley se come las uñas, de ansiedad intentando agudizar el oído por si se oye barullo desde la recepción.

—Permítame preguntarle la dirección a mi secretaria —Levi se levanta porque piensa que si sale unos instantes va a conseguir un poco más de tiempo a que lleguen estos inútiles, que a saber dónde demonios están.

Aziraphale asiente y cuando el abogado sale del cuarto, Crowley se lleva las manos a la cara lloriqueando.

—¿Qué demonios haces, Fell? Van a matarnos como no nos larguemos ahora.

—Lo sé —responde el rubio levantándose y tomando una carpeta de por ahí en la pila.

—¿Por qué le estás pidiendo la dirección? Alguien podría dárnosla en Saint Denis —explica el pelirrojo parpadeando un poco al verle hacer eso.

—Sí, ya lo sé —sigue y saca los papeles del archivo de Crowley, cambiándolos por los de la carpeta aleatoria, para que no parezca que se la han robado y Levi se dé cuenta en cuanto vuelva. Le pasa la carpeta con sus papeles al pelirrojo, que parpadea un poco—. Lo que quería era que saliera del despacho. Esconde esto, lo leeremos después.

—¿Qué… qué… qué? —Crowley vacila con la carpeta en las manos porque no se le había ni pasado por la mente robarle al abogado.

—¡Rápido! ¡Antes de que regrese! —le apresura Aziraphale, intentando poner los papeles que quedan en el escritorio lo más parecidos a como estaban posible—. Métetelos aquí en el pecho, igualmente te falta un montón para rellenar el vestido ahí.

—No puedo creer que vayas a… —empieza Crowley saliendo de su estupor, haciendo lo que le ha sugerido de manera un poco torpe, arrugando un poco los papeles.

—Shhh —pide silencio Aziraphale, volviendo a sentarse en su silla recatada e inocentemente—. Hay que saber tus cargos para poder desestimarlos.

—Pero ¿sí te das cuenta de que esto es robar?

—Claro que no es robar. Él puede ir fácilmente y sacar copias de tu expediente en los juzgados de donde te procesaran. Nosotros no podemos hacer eso sin que te presentes tú ahí y te atrapen —explica levantando la barbilla y sin mirarle.

—Vale, llámalo como quieras —sonríe de lado igual—. No soy yo quien tiene que pelear con los argumentos morales.

—Señor Crawly —Levi entra de nuevo en el despacho mientras Aziraphale fulmina a Crowley, ambos se giran a la puerta.

—Aquí tiene la tarjeta —Levi levanta dos dedos mostrándosela y sonríe enseñando los dientes.

—Ah… muchas gracias —Aziraphale se levanta y se acerca a tomarla.

—Le recomiendo encarecidamente que se mantenga al margen de estas personas, Señor Crawly —comenta, apoyándose en el marco de la puerta.

—Lo entiendo, pero un hombre tiene que proteger a su familia —explica él y mira a Crowley de reojito, sonriendo un poco y sonrojándose levemente. El pelirrojo se levanta y le devuelve la sonrisa del mismo modo.

Levi vacila con eso, ¿quizás ha valorado mal? Pensaba que esta mujer era Crowley disfrazado y que había engatusado con dinero a este pobre paleto rubio, pero quizás sí era una mujer. Esas miradas de amor no se fingían por dinero.

Aziraphale pasa por su lado hacia la salida y cuando Crowley le sigue, el abogado le toma del brazo deteniéndole.

El pelirrojo traga saliva con eso y fuerza una sonrisa en lo que Levi le mira entrecerrando los ojos porque la verdad, si tuviera que conocer a todos los idiotas de la banda de arrastrados de MorningStar…

Crowley hace un movimiento brusco para soltarse y un gesto con los dedos para saludarle como si llevara el sombrero aun sin llevarlo.

Fuera, está Belcebú hablando con la secretaria con algunos hombres con cara de aburrimiento a su alrededor y Aziraphale está paralizado en la puerta. Crowley se estrella contra él de camino a la salida.

—¿Qué haces? —protesta él un poco aun sin ver a los otros.

—Están ahí —susurra el rubio.

—Ugh —se lamenta y aprieta los ojos tomándole de la mano para intentar tirar de él.

El rubio se deja, pero rápidamente los hombres se ponen alerta, dándose codazos unos a otros para salir tras ellos sacando las pistolas.

—¡Corre! —grita el pelirrojo tirando de él cuando están fuera y ahí va Aziraphale tras él.

Crowley le mete en un callejón de un tirón, se rompe el vestido que lleva para quedarse en los interiores que parecen también un vestido blanco en contraste con el que llevaba negro y cuando Aziraphale va a protestar porque es el vestido de Nina, el pelirrojo lo empuja contra la pared callándolo en un beso.

Los perseguidores vacilan al verlos, pero buscaban a Crowley, que es un hombre y suele ir vestido de negro. Esta es una mujer y va vestida de blanco. Además, no se habrían parado a besarse así si estuvieran huyendo… Acaban por pasar por su lado pensando que deben estar más adelante.

Aziraphale le besa con intensidad por la adrenalina con el corazón súper acelerado y el caza-recompensas, que pensaba separarse en cuanto hubieran pasado, decide, bajar un poco el ritmo, pero aprovechar un poco más.

Cuando siente que la intensidad baja, Aziraphale respira un poco y baja también, separándose suavemente.

—Tenemos que dejar de usar esto para escondernos —comenta Crowley pensando que ya es la segunda vez que usan este truco y tarde o temprano va a acabar por dejar de funcionar.

—Cuando dejen de perseguirnos —replica Aziraphale volviendo a besarle otra vez.

El pelirrojo levanta las cejas porque no se esperaba eso, pero se lo devuelve de nuevo con entusiasmo. Después de unos segundos, el corazón del rubio se calma un poco y vuelve a soltarle, relamiéndose.

—M-Me ha parecido que venían más —miente sonriendo de ladito.

—Vámonos para el otro lado antes de que vuelvan —pide Crowley sonriendo un poquito también y tirando de él al otro lado de la calle.

Mientras cruzan, a lo lejos, Belcebú, que ha salido un poco más tarde los ve cruzar la calle. Entrecierra los ojos y se humedece los labios. Mira hacia el lado al que se han ido sus hombres y luego cruza la calle tras ellos, decidiendo mejor seguirles a una distancia prudencial para saber que traman en vez de atraparlos para el idiota de Levi.

Aziraphale y Crowley vuelven a la posada en la que se estaban quedando, corriendo por la calle y cuando entran, Belcebú se espera un poco antes de entrar a preguntar a la recepción que nombre han dejado y luego a irse a tomar algo a la cantina, eligiendo una mesa desde que los vea salir cuando vuelvan a hacerlo.

—Por lo menos no ha habido disparos esta vez —Crowley suspira apoyándose contra la puerta cuando están los dos dentro del cuarto de nuevo.

—Empiezo a pensar que es un peligro ir contigo por ahí —responde Aziraphale cínicamente y le tiende la mano—. Trae aquí eso que te has llevado.

—¿Yo? —le mira y se separa de la puerta, igualmente buscando los papeles para sacárselos.

—Yo nunca había estado en un tiroteo antes de conocerte —insiste encogiéndose de hombros.

—Yo nunca había estado en uno por solo ir a ver a un abogado —le pasa los papeles, el rubio los toma, relamiéndose un poco, dispuesto a sentarse a leerlos ahora mismo. Yendo, de hecho, a hacerlo en la cama, sin responder.

El pelirrojo se mira al espejo y saca los restos del vestido que ha tenido que romper porque no puede ir por ahí en ropa interior. Vuelve a ponerse la falda, que, con un par de puntadas, aguantará hasta que lleguen de vuelta a Strawberry, pero el corpiño es impracticable.

—Voy a tener que ir a comprar uno de estos… Creo que Mandy me dio un vestido extra por si me manchaba o algo así —comenta buscando en la bolsa, pero Aziraphale solo hace un "mmm" distraído.

Crowley saca el otro vestido y tuerce un poco el morro porque este no es negro, pero trata de ponérselo, primero el corpiño con la falda negra, pero no pegan nada en forma, así que acaba por cambiarse la falda también. Por lo menos es granate. La chica rubia quería que se llevara uno azul cielo que Crowley casi le tira por la cabeza.

Cuando acaba de vestirse y de recoger, empieza a recoger también las cosas de Aziraphale a toda prisa porque obviamente no van a tardar en encontrar en que posada se están quedando, así que va a ser mejor irse a tomar el tren de regreso cuanto antes.

Se arregla un poco el pelo, se cuelga las bolsas de los hombros y sale del cuarto a toda prisa.

Baja a la recepción a avisar de que ya se van y acabar de pagar lo que falta, esperando que el rubio no tarde mucho en bajar y aprovecha una distracción del posadero para arrancar el cartel de Aziraphale del panel de anuncios y hacer una bola con él, metiéndolo en una de las bolsas. No es hasta veinte minutos más tarde que Crowley decide volver a subir al cuarto.

Aziraphale sigue ahí, sentado en la cama, piernas estiradas y ceño fruncido, pasando hojas.

—¿¡Se puede saber qué haces, Fell?! —protesta Crowley al ver que ni se ha movido.

—¿Mmm? —responde de nuevo sin ni mirarle.

El pelirrojo pone los ojos en blanco, se acerca a la cama y le arranca los papeles de las manos.

—¡Eh! —protesta finalmente mirándole y estirando los brazos para recuperar sus papeles—. No había terminado.

—Tenemos que irnos, ya lo leerás en el tren —responde volviendo a escondérselos en la ropa.

—¿Por qué tenemos que irnos? Lo que tenemos es que estudiar bien todo eso —replica, levantándose igual de la cama y mirando alrededor. Un poco sorprendido al notar que todas sus cosas ya no están y ni cuenta se había dado.

—Esos hombres van a volver y sabrán donde nos alojamos. Mejor volvamos a Strawberry y ahí haremos un plan.

—¿Cuándo has recogido todo? —nota y luego se gira a él—. ¿Y cuándo te has cambiado de vestido?

Crowley vacila un poco con esas preguntas, porque acaba de… estaba… le… UGH.

—Vámonos, ya he hasta pagado.

—¿En serio? —levanta las cejas, siguiéndole igual por las escaleras hasta la calle, donde Crowley detiene un carro al que proceden a subirse.

Belcebú paga su bebida rápidamente y se apresura a salir tras ellos de manera sigilosa, montándose en su caballo al que Crowley no ha prestado bastante atención para reconocer.

—Tenemos que repasar muy bien todo lo que pone en las acusaciones y a lo mejor… ¿Cómo fue tu juicio? —pregunta Aziraphale subido al carro junto a él si notar tampoco la jinete que les persigue.

—¿Mi qué? —Crowley le mira de reojo.

—Juicio —replica el rubio—. Cuando te acusaron y denunciaron por todo eso.

—No fui a ningún Juicio, Aziraphale.

—¿Quieres decir que te acusaron de todos esos cargos y ni siquiera te dejaron defenderte?

—Quiero decir que uno no va a esa clase de cosas si no quiere acabar entre rejas.

—Pero… es que entonces te declaran culpable por incomparecencia, Crowley, ¿Cómo vas a no ir al juicio? —pregunta todo preocupado, medio en riña.

—Pues porque si vas, te declaran culpable por idiota y además te encierran ya que estás ahí —le mira por encima de las gafas.

—¡Pero es que ahora seguro estás en orden de búsqueda y captura! —exclama.

—Exacto, en New Hannover y en Lemoyne, ya te lo expliqué —le sonríe un poquito.

—No, no… ¡Pero Crowley! —protesta apretando los ojos.

—En serio, tratar de ir al juicio es la sentencia de muerte. Lo más fácil es huir y tratar de vivir en otro sitio, o ahorrar lo bastante para comprar documentación falsa y fingir tu propia muerte.

Aziraphale parpadea con todo eso.

—Lo siento, Fell, pero así es la vida. Los que no somos señoritingos adinerados no le importamos a nadie, ni nosotros ni nuestra defensa —se encoge de hombros.

El rubio vuelve a fruncir el ceño con eso, pensando, mientras llegan a la estación.

Crowley se baja con la planta y las cosas y Belcebú frunce el ceño al ver donde están porque va a tener que dejar ahí el caballo, maldita sea y más aún si se van a ir en tren… Espera que uno de esos idiotas sea lo bastante listo como para venir a comprobar si en algún punto se han largado y se ocupe del animal al encontrarlo.

Se cuela en la estación tras ellos, robando un sombrero que alguien ha dejado por ahí encima descuidado y subiéndose las solapas de la camisa que lleva.

Crowley compra dos billetes para el próximo tren a Strawberry sin notar nada raro y aprieta los ojos cuando le informan que aún falta una hora para el próximo tren, mientras Aziraphale sigue sumido en sus pensamientos.

El pelirrojo mira hacia el exterior de la estación, rezando porque los idiotas tarden en llegar hasta aquí más de ese tiempo y tira del rubio hacia el andén, dispuesto a ir a sentarse.

Belcebú valora sus opciones, porque podría tratar de llegar a Strawberry con el caballo, pero aun con la hora que le llevaría de ventaja al tren, es un viaje demasiado largo para adelantarlo y podría perderlos una vez ahí, así que decide que se va a colar en el tren, yéndose tras los otros dos idiotas e intentando apoyarse en la pared cerca de ellos, dándoles la espalda a ver si puede oír lo que hablan.

—Es que no tengo ni idea de qué procede si no te presentas al juicio. Vamos a tener que ir a Saint Denis —asegura Aziraphale.

—Ay, no lo digas como si no lo estuvieras deseando hace semanas —Crowley pone los ojos en blanco.

—Bueno, es obvia esa parte, pero me preocupa que me estén buscando también a mí —añade el rubio.

—De todos modos, no es como que tengamos muchas alternativas… —le mira de reojo, echando la cabeza atrás.

—Por lo menos tenemos los disfraces —le sonríe un poquito y a Crowley se le escapa la sonrisa también—. Mañana recogeremos a los caballos en Strawberry y partiremos en tren hasta Blackwater para tomar el ferry.

—¿El ferry?

—Es mucho más rápido cruzar el Flat Iron que dar la vuelta por todo New Hannover donde pueden, además, encontrarnos.

—Ya, pero un ferry… ¿No te parece peligrosa la idea de navegar en una jaula de metal por como tres días sin ningún tipo de escapatoria si acaso alguien nos descubre?

—No se tarda tres días en hacer ese trayecto, lo hacíamos a menudo con mi familia para ir a veranear.

—Uhm, bueno, lo que sea. El concepto es el mismo.

Belcebú vacila al oír esto. Quizás no hacía falta seguirles hasta Strawberry y luego tomar el ferry si el destino final era Saint Denis, pero estos idiotas podían decidir cambiar de idea a la mitad del trayecto y entonces les perdería.

La verdad, el interesaba la idea de ir y entregarles ella misma y cobrar la recompensa que MorningStar ofrecía por los miembros retirados ella sola. Si además Crowley se ocupaba de hacer el camino a Saint Denis por su propio pie y sin coerción, todo eso que le ahorraba.

Pero como cambiara de idea la tendría cruda. Había venido siguiéndoles hasta la estación ella sola, si ahora iba a las taquillas a dejar una nota a Levi, seguro estarían todos esperándoles en el puto muelle de Saint Denis cuando llegaran y a la mierda con su recompensa íntegra.

Se humedece los labios y decide que no, no va a ir a avisar a nadie. Al final, siempre podía cambiar de idea cuando llegaran a Strawberry.

Los otros dos hablan sobre barcos y viajes marítimos ahora.

El rubio está seguro de que Crowley se marea en los barcos a pesar de que el pelirrojo insiste en desmentirlo. Por lo visto tiene que ver con algo relacionado a arriar la botavara o algo así que el caza-recompensas no hace bien, según entiende Belcebú.

La verdad, si no fuera porque el tema del que están hablando no es ese, ella pensaría que es algún tipo de postre pijo o una práctica sexual.

Para cuando llega el tren, Belcebú está un poco mareada con babor y estribor hasta el punto de que ya no sabe ni donde está la derecha.

Los otros dos toman sus cosas y se suben al tren sin más ceremonia mientras ella da un par de vueltas por ahí fingiendo despedirse de alguien y esperando casi casi a que el tren arranque para colarse cuando el revisor de billetes ya se ha metido para dentro.

Aziraphale y Crowley se acomodan en un compartimento vacío y Belcebú hace una mueca de desagrado a eso porque va a ser tremendamente obvio si se mete con ellos al mismo cubículo, pero no va a poder oír de lo que hablan si no lo hace.

Se resigna, sentándose en otro desde el que puede ver el pasillo si es que acaso deciden salir. De todos modos, ya se imagina que no es como que vayan a bajarse de un tren en marcha.