Capítulo 3 Probando Valía (POV Syla)

"Al menos Syla ya sabía cómo habían terminado los demás postulantes en el hospital" – pensó-

El salón intermedio de Riddle explotó en llamas. La maga apenas había podido conjurar una variante de Aguanmenti para protegerse. Parte de su túnica se chamuscó, pero había salido ilesa del hechizo sin ninguna herida. Agradeció no haber faltado nunca a sus clases de defensa contra artes oscuras y la especialidad de duelos con Galatea. No eran donde era más habilidosa, pero con trabajo duro constante había llegado a estar en los mejores de su clase. Como decía su padre "Trabaja tus fortalezas, y tus debilidades aún más". Bueno, herbología no contaba.

Parecía ser que la cámara de Tom estaba preparada para "incidentes" de esta naturaleza. Ninguno de los artefactos de los estantes sufrió daño y la preciosa alfombra no se quemó. Probablemente tuviera hechizos de protección. Eso no atrapaba tanto su atención como el ataque de incendio que acaba de presenciar. Si, era un hechizo de ataque regular, pero el nivel de potencia que tenía no era normal, menos para alguien que solo la aventajaba dos años. Era un hechizo destructivo conjurado para destruir. Riddle no estaba jugando. Esta era la verdadera prueba.

–Muy impresionante señorita Vablastky –felicitó Tom– Continuemos.

Tom alzó su varita con una toma fuerte y posicionando una postura mixta ofensiva, lo que le permitiría un ataque rápido y la flexibilidad de conjurar protección.

Syla tomó una postura defensiva y puso la varita con una toma ligera. No sabía a lo que se enfrentaba, pero estaba en mucha desventaja. La magia se basaba hechizos, pero la complejidad iba más allá. Esta dependía de los pilares: la ejecución, la energía interna del mago, y por supuesto, la capacidad innata. En sus 7 años de Hogwarts, no había visto un incendio conjurado que pudiera destruir una habitación y hacerlo sin siquiera mostrar signos de cansancio. Eso le indicaba a Syla que Tom tenía mejor ejecución, mayor energía para conjurar y una capacidad innata digna de su reputación.

No había posibilidad de aguantar un duelo con Tom.

Estaba sudando de cansancio por solo conjurar un hechizo de defensa capaz de contrarrestar el primero de Riddle. Sus manos temblaban y tenía miedo, pero no titubeo.

No, había llegado demasiado lejos en su decisión como para cambiar de idea ahora. Tenía que pasar la prueba.

–Ventus Duo –conjuró Tom.

–Protego –gritó Syla.

Una fuerte ventisca se formó desde la varita de Tom, como dos remolinos de aire que fueron hacia ella. Con el contrahechizo logró desviar ambos torrentes separándolos. Estos chocaron contra las estanterías estrepitosamente. Los artefactos de éstos se mantuvieron firmes pero los adornos de las murallas volaron en todas direcciones. A pesar de haber bloqueado el hechizo, Syla perdió la estabilidad y tuvo que apoyarse sobre una rodilla para mantener el equilibrio. Se quedaba sin energías.

Syla se apenas reincorporaba sin perder de vista Riddle que no se había movido desde que iniciaron el duelo.

"Esto no puede seguir así" pensó, mientras se sentía muy cansada. Solo dos contrahechizos y apenas tenía fuerza para levantar su varita. Conjurar dos protecciones habían drenado casi toda su capacidad de conjurar más hechizos. Requirieron demasiada magia. Si seguía tratando de solo bloquear los hechizos perdería su oportunidad. No podía quedarse parada. Tenía que contratacar.

En sus duelos sabía que, si su oponente tenía más magia que ella, tenía que terminar el duelo lo antes posible. Solo necesitaba una abertura.

Un hechizo de gran alcance de Riddle. Uno suficientemente amplio como para buscar un espacio donde esquivar y lanzar uno en el mismo tiempo. No se estaba protegiendo, quizás simplemente por orgullo, pero a ella no le importaba. Una oportunidad era todo lo que necesitaba.

Cambio a una postura mixta ofensiva. Tenía suficientes energías como para conjurar "Expellarmus" y tratar de desarmar a Tom. Tenía que hacerlo en el siguiente hechizo o habría perdido su oportunidad. Esquivar, lanzar un hechizo ofensivo y rogar que ….

–¡Duro! ¡Immobolus! ¡Ebulbio! –conjuro Tom de manera casi simultánea.

"Imposible" pensó Syla. En teoría un mago requería de un tiempo para lanzar hechizos consecutivos. Era muy difícil pero probable lanzar dos seguidos con cierta práctica… ¡pero no tres! Bueno, al menos lo pensaba hasta verlo con sus propios ojos. En general, a cierto nivel, los magos solo murmuraban sus hechizos mientras los lanzaban, pero Riddle los había recitado de manera abierta.

Tres hechizos: uno de endurecimiento, uno de congelación y uno para atraparla en una burbuja.

Su plan de contra atacar fracasó. El cuerpo de Syla se limitó a moverse por instinto. Esquivó los dos primeros sabiendo que recibiría el tercero de lleno. Fue lo mejor que pudo hacer con los años de práctica acumulados. Mientras recibiera Ebulbio, conjuró un hechizo de "Evanence" para no quedar atrapada en la burbuja del hechizo.

Todo sucedió en un parpadeo. Logró esquivar y deshacerse de la burbuja mientras la impactaba.

Habían pasado tan solo 10 segundos del intercambio anterior de hechizos y ya no podía más. Su vista estaba borrosa por el cansancio. No podía ver ni siquiera a Tom como se desaparecía. Sin fuerzas en las piernas, comenzó a caer de espaldas al suelo.

Mientras caía vio pasar un hechizo sobre ella. No había sido su intención esquivarlo. Simplemente el haberse dejado caer logró que no la impactara de lleno. Solo pudo ver pasar un borrón de color... ¿rojo?

Si bien su cuerpo no reaccionaba mientras caía, su mente seguía funcionado. Si el hechizo era de ese color ¿acaso había sido Crucio, el hechizo de Criaciatus? ¿Uno de los tres imperdonables? No enseñado en la escuela, pero Syla sabía que muchos magos lo aprendieron durante la guerra cuando fue levantada su prohibición.

Tom no había dudado el lanzarlo contra ella en esta "prueba".

Quiso gritar, quiso ponerse en guardia, pero su cuerpo no reaccionó y finalmente golpeó el suelo.

Su cabeza se azotó contra el piso al mismo instante que Tom aparecía de pie sobre ella. Con un rápido movimiento le pisó la mano que llevaba la varita. Sus dedos se quebraron en el acto.

De los ojos de Syla brotaban lágrimas de dolor. Ya no sentía la mano y no podía respirar bien. La frustración la empezó a inundar.

Tom no había tenido piedad. Era una bestia, tal como había visto en su visión del futuro. Era sin duda la fuerza que necesitaba para lograr su objetivo… pero había fallado.

"¿Por qué fallo de nuevo? – pensó Syla mientras comenzaba a lloraba desconsoladamente– Padre… Madre…no otra vez…".

Sintió como Tom se agachaba y presionaba su varita contra su sien.

–Y otra postulante que no cumple mis expectativas–dijo Riddle en un tono neutro– señorita Vablastky, temo que a pesar de sus credenciales no ha podido lograrlo. Esperaba más pero no has podido siquiera lanzar un hechizo contra mí. Una lástima, no veo algo más que necesite de usted.

Syla lloraba. No gritaba, no gemía de dolor, solo lloraba. No podía ver del todo a Tom por las lágrimas, pero sus palabras si la sentía con claridad. Le dolían. Se sentía triste por haber fallado otra vez. No podía sentir más que frustración, pero mantenía la mirada firme. Al menos en esta ocasión, aun fracasando, no desviaría la mirada. No como la última vez.

–Debería borrarle la memoria y mandarla al hospital como hice con los otros –dijo apretando más la varita contra la sien de Syla– Sin embargo…

Tom volteó su mirada al escritorio. No sabía que había llamado la atención de Riddle, pero la presión sobre su mano bajó levemente. Syla no perdía la conciencia, pero más por testarudez. Se había prometido hace mucho que no volvería a desviar la mirada ante la adversidad.

No podía ver bien la expresión de Riddle, pero si sintió que de un momento su mano quebrada dejaba de sentir presión. Escuchaba pisada de que Tom se alejaba mientras murmuraba un hechizo.

Sintió como su visión mejoraba, su cabeza dejaba de darle vueltas y su mano dejaba de doler

Eran claramente los efectos de Vulnera Sanentur, el hechizo sanador más poderoso en combates mágicos. Tom lo había conjurado sobre ella.

Más por miedo que otra emoción, se incorporó buscando rápidamente su varita. La levantó hacia Tom, pero este ya se encontraba lejos, sentado en su escritorio. Como si todo lo que hubiera pasado carecía de importancia.

Syla respiraba agitada. La sangre que había brotado de su cabeza y sus lágrimas molestaban, pero sus ojos no se apartaron del mago. Su dolor había desparecido, pero sus energías no.

Hubo un silencio en la habitación solo quebrado por el jadeo de ella. Finalmente, Riddle alzó la voz sin apartarse de sus libros.

–Mi tiempo se acaba y no puedo retrasar más mi investigación –dijo mientras daba vuelta una página con cierta frustración– Señorita Vablastky, me temo que no puedo prescindir de sus servicios. Está lejos de haber aprobado, pero debo hacer una excepción con usted... Solo por esta vez.

Riddle murmuró accio. La postulación voló desde suelo donde yacía hasta sus manos. La firmó en el acto con su varita.

–Desde mañana pasas a ser mi investigadora mágica, pero ante mis ojos esta aún estás aprueba – dijo al volver a posar sus ojos en Syla- Sino mejoras en dos meses, me veré obligado a borrar tu memoria y tendré que recurrir a medidas más drásticas para mis planes.

Riddle revisó la página actual haciendo nuevamente una mueca de frustración. Dio vuelta una hoja del libro.

–Recuerda, tienes hasta el final del verano. Usa tu tiempo bien, Señorita Vablastky y no vuelva a decepcionarme.

–Si señor –atinó responder Syla, no sabía que pasaba por la cabeza del mago, pero si podría trabajar con él, nada más le importaba.

–Mañana estarás a las 9 de la mañana en esta misma oficina. Ven con ropa de gala ya que tendremos festividad a cuál acudir. Se puntual –respondió.

–Si señor –respondió Syla.

Sin más que decir, Tom cambió de tomo y comenzó a revisarlo. Pareciera ser que de verdad había terminado con ella y con su veredicto.

Syla, respiró hondo, limpió lo mejor que pudo su rostro. Recogió su varita del suelo, se puso la capucha ocultando su rostro. Se retiró de la habitación.

Caminó directamente al ascensor del piso. Miró al suelo durante todo el trayecto preocupándose de no alzar la vista ante nadie. Su ropa no estaba tan mal, pero su cara era otra historia.

Bajó en el piso -8, la entrada principal y se dirigió a la primera chimenea flu para salir del ministerio.

En el exterior, miró a su alrededor para ver que no hubiera ningún mago cerca. Estaba lo suficientemente vacío como para alzar su mirada lo suficiente para decidir hacia donde ir. Era temprano por lo que no había tanta gente en la calle aún.

"Mejor"- pensó.

Se limitó a doblar en el primer callejón que encontró.

Desconcertada, se hincó a lado de un contenedor de basura, y comenzó a llorar desconsoladamente. Sola, sin que nadie pudiera verla.

Lloraba porque lo que acaba de pasar. Lloraba por fracasar en su primer día. Lloraba por lo días similares que vendrían.

Sobre todo… lloraba por ese día hace dos años. Lloraba porque era toda su culpa y tendría que meterse en este maldito trabajo para tener una chance de remediarlo.

Odiaba que toda la situación, pero odiaba aún más que todo fuera su culpa. Pensaba que con todo lo que había entrenado y aprendido podría hacer la diferencia, pero Riddle le había demostrado que aún había personas a las que no podía hacerle frente. Una vez más estaba indefensa ante las circunstancias. Una vez más le fallaba a sus padres.

"¡Dios!, si tan solo me hubieran escuchado" -decía para si entre lágrimas.

Se quedó un rato apoyada llorando. Necesitaba botarlo, necesitaba sacarlo fuera de sí. No estaba siendo racional y no estaba viendo lo sucedido con su mentalidad de siempre. Pensar en ese día siempre la hacía descomponerse y entrar en este estado.

Pasó así una hora, y cuando ya no pudo llorar más, las fuerzas volvieron a abrazarla. La mano le dolía menos e, internamente, ya no le dolía pensar.

–Basta –se dijo en voz alta, recuperando cierta fuerza mientras se secaba las lágrimas– No hay vuelta atrás. Un paso frente al otro como decía mi padre.

Syla respiro hondo y miró al cielo.

La guerra ya había pasado, pero vivía con las consecuencias de haber sobrevivido. Hoy tenía un mundo de paz, pero no era fácil vivir en él teniendo que lidiar con la consecuencia de la sangre derramada. No era justo, pero era lo que le tocaba vivir.

No todo estaba perdido. Tenía un plan para enmendar sus errores del pasado.

Tenía que volver estar firme para lograrlo.

Syla, pensó y pensó. Llevó su cabeza a pensamientos más felices para recuperarse. Pensó cuál sería su siguiente nueva magia para descubrir. Pensó como estaría Evelyn en su nuevo trabajo en Gringotts. Pensó en si Anna ya se le habría declarado a ese supuesto chico encantador que hablaba en sus cartas. Pensó que tendría que ir a ver a Robby a su piso en el Ministerio uno de esto días. Finalmente, pensó en su mañana mirando el río desde el puente.

Ese último lindo pensamiento le dio fuerzas. Volvió a pensar en su misión.

Pensaba en que hubiera hecho mejor en el combate contra Tom. Pensaba en cómo mejorar en los días que venían. Pensaba en que no sería fácil remediar su error, pero estaba dispuesta a hacerlo.

Ese último pensamiento se quedó con ella un tiempo.

El tiempo voló y las horas pasaron. Syla notó empezaba a oscurecer.

Se miró en uno espejo roto al lado del contenedor. Veía en su reflejo su rostro ensangrentado y con las marcas secas de sus lágrimas. Estaba un desastre, pero, aun así, ya no se sentía mal del todo.

Había recobrado su confianza.

"Las heridas pasan, las lesiones se curan" decía su padre.

Respiro hondo una vez más y se reincorporó.

"Estoy trabajando con Tom" – pensó – "Primer paso logrado. Tengo dos meses enteros trabajando con él. Buscaré el camino para que sean más. No es hora de titubear"

Se reincorporó. Vio como las luces de la ciudad comenzaban a encenderse mientras caía la noche en Londres.

A paso medio rápido, Syla se dirigió a su casa para descansar. Mañana sería su segundo día, y quería hacerlo bien.