Capítulo 9 El Mejor Duelista de la Historia (POV Syla)
Syla se quedó en silencio. Dos de las personas importantes del mundo estaban de pie junto a una cálida brisa de verano. Las dos figuras estoicas no habían iniciado conversación.
Tom Riddle estaba concentrado mirando el horizonte. Sabía que Dumbledore estaba a unos pasos de él, pero no le daba importancia. Parecía simplemente ignorarlo, lo veía como un pequeño contratiempo a su siguiente movimiento. Desde la distancia, Syla no veía atisbos del odio que había presenciado unas horas atrás. Su expresión era simplemente neutra.
Por otro lado, el héroe de la guerra, su ex profesor de transfiguraciones lo observaba firmemente, tratando de encontrar una abertura para dirigirse a él. Firme y estoico, pero con cierta melancolía en su rostro.
Syla no se atrevió a mover ningún músculo. Estas dos eminencias iban a hablar y no quería interrumpir.
"A veces, la mejor intervención que puedes hacer en una situación es escuchar" —solía decir su padre.
Dumbledore redujo aún más la distancia entre ambos e inicio finalmente la esperada charla.
—Me alegro de que hayas venido Tom —comenzó diciendo— No esperaba verte en esa celebración. Tu presencia alegró mucho a viejos amigos. Los magos que participaron en la guerra estaban contentos...
Dumbledore dejó de hablar. Syla no había hecho nada, ni siquiera respirar. Simplemente Albus había decidió que no debía seguir esa veta de pensamiento.
Riddle siguió viendo al horizonte. Se detuvo levemente a ver su reloj antes de seguir perdiendo su mente más allá de este palacio.
Albus continúo hablando una vez más.
—Mira Tom, la guerra fue cruel —prosiguió— Tenemos que vivir con las repercusiones de ella y debemos ser firmes para los tiempos de paz que se avecinan. No podemos concentrarnos en lo que ya pasó, sino avanzar hacia un futuro mejor donde…
Tom Riddle posó con sus ojos en Dumbledore con el mismo odio que Syla había presenciado durante la obra. Una profunda emoción primordial brotaba de él, tan fuerte, que no podía evitar destruir su fachada de mago perfecto. Rastros de un aborrecimiento absoluto al mago que todo el mundo amaba.
—¿De verdad así es como vives Albus? —dijo con un tono indignación— ¿Mintiendo no sólo al mundo, sino que a ti mismo? ¿Cómo puede ser que el proclamado mejor mago de nuestra era pueda ser feliz sabiendo que es el mayor hipócrita de nuestra era?
La tensión que tenía el ambiente era tal que Syla a duras penas pudo controlar su deseo de tomar su varita y ponerse en posición defensiva. Primo la cordura en ella, no hizo ningún movimiento mientras veía
Albus era tan alto como Tom, pero en esta escena se veía aminorado. Los ojos inyectados en sangre de Tom miraban a Albus casi a un palmo de distancia, pero este no apartó la mirada. Dumbledore parecía triste, pero había otro atisbo de expresión en su rostro…
"¿Culpa?" – pensó Syla.
El mago respondió manteniendo la mirada.
—Lo que vivimos Tom no se puede cambiar —dijo Albus con cierta lástima— Tienes que entender que la guerra fue cruel no solo con nosotros sino con el mundo. Hubo que tomar decisiones difíciles por el bien de la mayoría. Lamentablemente, sin sacrificios no es posible lograr la paz.
Tom, incrédulo, se echó a reír.
Era como si Albus hubiera dicho la frase más ridícula de mundo para Riddle. Su carcajada no era en forma despectiva o burlesca, era de incredulidad. A Tom le parecía incompresible lo que acababa de escuchar.
Finalmente, Riddle solo mantuvo una sonrisa en su rostro.
Syla la vío, y por primera vez, mirando esa expresión desgarradora en Tom, sintió lástima por él. Algo había pasado en la guerra que había dañado a Riddle para siempre.
Ella sabía perfectamente el sentimiento. Podía reconocerlo en alguien más.
De un minuto a otro, el aura del mago tenebroso volvió y su expresión segura y de odio volvió.
—¿No ves la ironía en esto Albus? —respondió Tom con un tono ácido— Todo el mundo ve en ti un salvador, pero al momento de hacer un sacrificio, siempre es otro el que paga el precio. No, nunca le corresponde el privilegio al "gran héroe de nuestra era".
Dumbledore, finalmente apartó la mirada hacia el suelo. Parecía que esta vez las palabras del joven mago le habían llegado fuerte y claras.
Tom simplemente sacudió la cabeza.
—Hubo una época que cuestionaba mis acciones por ti Albus —confesó Tom— No tenía tu favor y me preguntaba si mi pensar no estaba del todo correcto. Las dudas que cargaba quedaron enterradas juntos a tus pecados.
Riddle apunto a la cintura de Dumbledore. Una varita de un color amarillento colgaba de la cintura del mago.
—Solo verte empuñar esa varita de forma triunfal es todo lo que necesito para recordar quién eres en verdad —dijo buscando con la mirada a Albus que aún miraba el suelo avergonzado— Yo no tengo tiempo para esto Albus. A diferencia tuya, yo sí tengo que hacerme cargo de mis responsabilidades.
Era el final de discusión. No hubo más palabras después de ello. Tom mirando con odio y Albus agachando su cabeza en vergüenza.
La escena había terminado.
Hubo un momento de silencio en el patio del palacio. Albus permanecía inmóvil mientras que Tom dejaba la rabia desvanecerse para, poco a poco, recuperar su aura calmada y calculadora. Pasado unos minutos, un pensamiento pareció llegar a él.
Metió su mano en su túnica para sacar su reloj antiguo. De forma inmediata, levanto su mirada hacia las escaleras donde debía estar su carta de salida. Syla estaba exactamente donde se suponía que debía estar a la hora acordada.
Hizo una mueca de satisfacción y la llamó.
—Señorita Vablastky —elevó la voz moviendo su mano— ¡Por aquí!
Ella se acercó mientras miraba a Dumbledore y Riddle. Ambos aparentaban una normalidad extraordinaria aun después de lo ocurrido. Parecía que la escena que había visto Syla jamás había aparecido.
"Lo esperaba esta clase de situaciones de Tom… pero no del profesor" —pensó para sí.
Albus giró hacia ella. Su expresión sombría anterior había cambiado a una muy afable. Le recordaba la carismática cara que le había conocido toda la vida en clases. Le rompía un poco el corazón saber que aquella nunca había sido realmente genuina del todo. Ahora conocía que era capaz de esconder en ella.
Pero es sensación ya no era importante. Syla tenía un papel que cumplir.
—¡Profesor Dumbledore! —dijo emocionada— ¡Que alegría verlo! Veo que se ha encontrado con Tom Riddle que justamente estaba buscando. Antes que todo su discurso estuvo increíble. ¡Fue tan bueno como la obra misma! ¿Verdad Tom?
—Así lo fue —respondió el joven mago con un tono alegre. Su máscara estaba es posición— De verdad lo fue. Elegante y conciso. Justamente discutíamos de esto antes que llegar. Maestro Dumbledore, le presentó a mi nueva maga investigadora, Syla Vablastky. Fue alumna suya en Hogwarts.
—Así es —dijo aceptando la mano de la maga mientras mantenía su sonrisa falsa— Chica intrépida, bastante curiosa y una de las favoritas de Galatea. Nunca faltó a ninguna clase durante sus años de escuela. No sabía que había comenzado a trabajar con Tom. La felicito señorita Vablastky. Se que se esperan grandes cosas de usted.
—Los años de escuela darán fruto profesor —dijo guiñándole un ojo—
Miró de reojo a Tom que miraba su reloj una vez más. Ya era la hora que el traslador funcionaría para el regreso.
—Creo que es hora de irnos profesor —continuó Syla— Con Tom tenemos mucho por trabajar, solo podíamos dar una vuelta por la fiesta. ¿Nos vamos?
—Así es Syla —respondió Tom.
—Fue un placer profesor Dumbledore —dijo Syla—-
—El placer fue mío joven Vablastky—respondió Dumbledore.
Cambiando ligeramente un tono más sereno, se dirigió a Tom.
—Hasta que nos volvamos a ver joven Riddle —dijo Dumbledore con un tono sereno.
—Hasta entonces —dijo Tom con tranquilidad—
Syla y Tom desaparecieron en el acto junto al reloj traslador.
En el lugar solo quedó un mago y sus preocupaciones.
El héroe de esta era miraba el horizonte buscando que era lo que Riddle podía ver.
—
"Objetivo no logrado. Imagino que era inevitable" – pensó.
Una aparición en una larga distancia ya era dura para su estómago.
Dos apariciones eran apenas tolerables, en los límites humanos.
Dos apariciones y un estómago lleno de scones no tenían remedio.
Syla vomitaba directamente sobre la alfombra de basilisco en la oficina de Riddle. Todos los scones y pastelillos se regaban por el piso.
"Bueno, al menos le saqué una mirada a Robbie con el vestido antes de perder la dignidad" – pensaba mientras ocurría su escena indecorosa.
Los mareos no cesaban y eran más fuerte que nunca, pero no podía quedarse de brazos cruzados (menos cuando su boca no lo hacía). Syla usó todas sus fuerzas y el hilo de cordura mental que le quedaba para recitar dos encantamientos.
—¡Evanesco! ¡Scourgify! —conjuró.
El primer hechizo hizo desaparecer los rastros que había dejado en la alfombra. El segundo limpió la alfombra para dejarla libre de cualquier rastro y olor. Syla siempre pensó que era curioso como el hechizo desvanecedor realmente, no desvanecía, sino que hacía aparecer el objeto en otro lado. Probablemente el depósito de basura más cercano.
En cambio, el hechizo limpiador, efectivamente conjuraba una especie de limpiador universal, de efectividad decente, para restaurar un objeto sucio. Era interesante porque…
"Basta Syla" – se interrumpió— "Dejemos los fabulosos misterios de la magia para otro día... ¿Dónde está Tom?
A diferencia de ella, aparecerse de forma seguida no le provocaba ninguna sensación de malestar al joven mago. Syla se incorporó y, combatiendo las náuseas, se obligó a acercarse al escritorio de la sala. Sobre ella había una mochila. Tom se movía de un lado a otro llenándola con una serie de pergaminos y artefactos mágicos. Parecía tener prisa.
Hizo un sobresfuerzo para apoyarse en el mesón y ver con más atención. Riddle no le prestó atención a su movimiento. Estaba inmerso empacando y su rostro parecía muy preocupado. Chequeaba una y otra vez sus objetos mágicos y hacía notas mentales. Syla, recuperándose poco a poco, no entendía porque Riddle estaba tan apurado.
Ella miró sobre la mesa y divisó un mapa.
Era un plano general de Gran Bretaña. No demasiado detallado, pero representativo. Las figuras tenían cierto movimiento y resaltaban los lugares principales. Entre ellos estaba el Ministerio de Magia, Hogwarts, Azkaban, un pueblo llamado Hangleton, y varias otras locaciones. Entre ellas, estaba resaltada una en particular, encerrado en un círculo.
Instituto Durmstrang
La revelación hizo que el mareo desapareciera por un instante.
El directo de la escuela, quién había portado numerosas pieles y se había sentado a la derecha del ministro.
Ese era el objetivo de Tom Riddle en la travesía al palacio.
Todos los problemas de la mañana para entrar al evento, todas las actuaciones que interpretó Riddle mientras estuvieron allá, el riesgo a usar a su recién nombrada maga investigadore, su exposición a tener que conversar con Dumbledore… todo para hablar con el hombre de las pieles.
"De seguro conversaron en la comida privada, pero… ¿sobre qué asunto?" – Syla seguía con la mirada clavada al icono de la escuela Durmstrang en el mapa- "¿Por qué tantos problemas para hablar con este hombre en particular? ¿Qué información había obtenido Riddle que hacía que estuviera corriendo ahora?"
Syla quiso ahondar más en sus pensamientos, pero el mareo había vuelto. Su cabeza volvía a dar vueltas y su mente dejaba de funcionar. Mantenía su mejor postura y seguía de pie al lado del mapa. Era todo lo que podía hacer.
Hubiera querido más tiempo, pero lamentablemente, Tom, que había terminado de empacar. Comenzaba a dirigirse a ella así que hizo todo el esfuerzo sobrehumano posible para escuchar lo que tenía que decir. No podía perderse este momento.
Tom se dirigió a ella, entregándole unas llaves que sacó de su bolsillo.
—Señorita Vablastky —dijo en su tono neutro. El Tom amable se había quedado en el Palacio y había vuelto el tipo que conoció ayer— Me temo que no tendremos más tiempo por el momento. Quedas a cargo de mis investigaciones y eres, por ahora, la jefa del área de investigación avanzada y subjefa del departamento de misterios.
"Bien Syla, ascendida en menos de 48 horas. Nuevo récord" —se dijo.
—El ministro Spencer vendrá a fin de mes a buscar el traslador pulsante que le he prometido. Tienes la misión de fabricarlo para entonces —hizo una señal hacia uno de los estantes — Los planos del prototipo están dentro de ese baúl. No he resuelto el problema de la superposición de encantamientos. Tendrás que resolverlo en mi ausencia.
Tom tomó el mapa encima la mesa y lo guardó. Se acercó a Syla y puso su brazo sobre el hombro apretándolo. No suficientemente firme para hacerle daño, pero si con fuerza para llamar su atención.
En otra ocasión a Syla le hubiera parecido amedrentador, pero ahora estaba más preocupada de mantener su estómago a raya y concentrarse para captar lo que Riddle le iba a decir.
—No suelo darle a mis subordinados tanta soltura y confianza como me he visto obligado a hacerlo contigo —replicó— Dadas las circunstancias, es lo que debo hacer. No me decepciones. Aun estas a prueba.
Syla asintió.
—Si pregunta la gente por mí, dirás que estoy saliendo y viniendo de Borgin y Burkes. Dirás que nos vemos ocasionalmente para coordinar la línea investigativa y que estoy ocupado para recibir personas. Tú lo harás en mi nombre ¿Queda claro?
Syla volvió a asentir. Sabía que cualquier otra replica llevaría la conversación lejos del nivel de confianza que debía darle a Tom ahora. Saber de qué Riddle tenía un motivo para estar preocupado y obligarse a confiar en ella contra su voluntad la aterraba. Se preguntaba qué clase de secreto tendría para tener que tomar decisiones apresuradas.
Al fin su dolor de su estómago y sus mareos disminuían dejando entrar otras emociones. Reflexión y decisión.
—Bien. —dijo mientras Tom giraba y caminaba hacia los estantes—
Riddle se acercaba a una de las vasijas que estaban ordenadas de maneras extraña. Todas de lado, pero perfectamente equilibradas. Riddle estaba a punto de tomarla cuando se detuvo en seco.
Syla, por primera vez desde que lo conoció, lo vio dudar.
Riddle se giró su rostro hacia ella.
—Cuando me vaya abrirás el cajón derecho de mi escritorio. Ahí encontrarás un libro. Úsalo hasta mi regreso. No lo saques de esta habitación y procura mejorar señorita Vablastky. Lo necesitamos.
Con esas últimas palabras, Tom Riddle tomó la vasija y desapareció.
—
Syla estaba sola en la oficina.
Era ahora la subjefa del departamento de Riddle, dueña de la rama de investigación avanzada experimental, y al parecer, tenía un trabajo importante que desarrollar el mismísimo ministro Leonard en persona antes de fin de mes.
Se quedó de pie unos minutos entendiendo su situación actual. Había pasado una montaña rusa en apenas dos días y, por primera vez, tenía un momento para meditar. Tenía que tomar el peso de los eventos.
La decisión de postular con Riddle una semana después de su visión; el combate de ayer con Tom; su momento llorando en la calle al lado de un vertedero; la ducha reparadora; la cámara de las 12 puertas; el traslador en forma de reloj; en el palco en el palacio viendo la ceremonia; los scones; hablar con Robbie y Evelyn por primera vez desde la graduación; la charla entre Tom y Dumbledore; vomitar sobre el basilisco… y Tom despareciendo.
Lo último era lo que le molestaba en verdad. Riddle ausente y sin saber cuánto tiempo estaría afuera.
Su plan del último mes se había centrado en trabajar con Tom. Había arriesgado todo para la oportunidad de estar en su departamento de investigación para llegar a su círculo. Su apuesta había funcionado. Estaba aceptada (provisionalmente) y a su cargo, sin embargo, con él estando lejos, le iba a ser difícil aprender de sus artes mágicas. Hoy había estado a la altura y esperaba que, siendo útil, Tom se abriría a confiar más en ella.
En cierto sentido, lo había logrado. La confianza para darle las llaves de su oficina y sus responsabilidades. Pero pasaría tiempo antes que le compartiera su conocimiento.
"Bueno, no es cierto del todo" —mirando a su alrededor— "Mal que mal, estoy en la oficina de los secretos"
Si bien Riddle no estaría aquí, sus investigaciones sí. Estaban a a su disposición. En su ausencia, podría intentar descifrarlos. Solo le había dejado una asignación relevante, la del traslador experimental, y si podía resolverlo rápido, el resto de tiempo sería suyo para husmear sus experimentos.
"Había una cosa más" —recordó- "El libro de su escritorio".
Tom le había ordenado que usara un tomo que yacía dentro de un cajón. Era la única frase de todo su discurso de despedida donde dudó. Hasta ahora, el mago se había mostrado implacable salvo al mencionar este libro.
Syla no sabía por qué, pero si había algún objeto que podía aterrar a Tom, también le aterraba a ella. Hoy se había dado cuenta lo astuto que era, y lo mucho que meditaba cada movimiento. Era claro que su salida abrupta se debía a su conversación con el director de escuela de Durmstrang.
Entregarle este libro era de esos movimientos apresurados.
Esta verdad la aterraba.
"Enfrenta tus problemas de frente, es donde tus ojos pueden seguirlos"— decía su padre.
Sin embargo, tenía que revisar de que se trataba.
"Aún quedan unas horas para sobrevivir a mi segundo día de trabajo" —pensó.
Estaba hambrienta. Su estómago estaba vacío y su sensación de mareo y asco ya había cesado. Sacó de su bolso unas galletas que había robado de la fiesta y las comió. No aplacó la totalidad de su apetito, pero con ello tenía fuerzas suficientes para enfrentarse al mueble.
Alzo su varita y se propuso a acercarse al escritorio. No sabía de qué sería el libro, pero con la seguidilla de eventos que había tenido, era mejor tomar precauciones.
"Cajón derecho del escritorio" —pensó. Estaba el frente. Puso su mano izquierda sobre la manilla mientras que con la derecha sostenía su varita.
Respiro profundamente. Sus pulmones estaban rebosantes de aires listos para conjurar hechizos.
Tiró del cajón y dio un salto hacia atrás. Tomo su varita en postura defensiva y espero lo peor.
Nada sucedió.
No hubo estallidos ni maldiciones.
Yacía en el interior del cajón un libro. Era simple y negro. Totalmente forrado en cuero a excepción de unos adornos dorados en sus esquinas.
Para todo lo que había temido Syla, era normal pensar que habría sido decepciónate tanta preocupación con el libro, pero no.
Para Syla no era un libro cualquiera
Era el libro de su visión.
El diario de Tom Riddle.
—Siete representaciones. Dos figuras y cinco artefactos —recitó Syla, parafraseando la voz de su visión— La sombra, la serpiente, la tiara, la copa, el guardapelo, el anillo… y el diario.
Syla se acercó y lo tomo. Sus visiones a veces eran borrosas, pero de los siete elementos alrededor del futuro mago tenebroso, este siempre fue el más claro. Los objetos que vio estaban atados al mago tenebroso que derrotaba a la muerte en un futuro distinto. El mismísimo mago que Tom Riddle se convertiría con el paso de los años.
"¿Tom sabía de su visión? No, no era posible, no en el presente. ¿O quizás sí? ¿Acaso Riddle ya había descubierto como vencer a la muerte? No, es su versión futura quién lo hacía, no el Tom de esta era Pero… ¿Qué hace este diario aquí? ¿Por qué me lo entregaste Tom?" -pensaba.
Entre más trataba de entender a Riddle, menos sentido tenían sus acciones.
Lo abrió, sin embargo, en su interior no encontró marca alguna. Estaba en blanco
Era esperable ya que todos los diarios mágicos tenían la particularidad de esconder lo escrito por su dueño. Nadie más podía leer su contenido.
Encontrarse con un libro vacío la debió haber frustrado, pero le causaba el efecto contrario. Temblaba de emoción.
No sabía que era lo que tramaba Riddle, pero no le importaba. ¡Al fin había logrado un avance! Pensaba que pasarían años sin saber nada de los objetos de su visión, pero aquí en sus manos, tenía el primero. Un paso a enmendar su error.
"¿Así de fácil? ¿Los secretos de la muerte en mis manos?" – pensó
—El libro es bonito, pero trata tomarlo del borde: Se suele manchar —dijo una voz a su lado.
Syla dio un brinco y soltó el libro. Este cayó de golpe al suelo.
Un hombre la observaba detenidamente a su lado. Tenía una capa gris y su pelo rojo ondeaba como el fuego mismo.
Syla lo apuntó con su varita, pero éste no se inmuto. Con una sonrisa, fue hasta el diario y lo recogió. Con calma, lo dejó nuevamente sobre el escritorio y se dirigió a ella.
—Saludos Syla Vablastky, soy Zaef Rowle. El mejor duelista de la historia a tu servicio—
