Capítulo 10 Segundo año (Interludio/Flashback) (POV Tom Riddle)

Ocho años atrás

"Bueno, otro libro de hechizos inútiles" —pensó Riddle dejando el tomo a su lado.

Una pila de volúmenes yacía al lado de Tom en una tarde de invierno.

La sala común de Slytherin estaba vacía. Había llegado las festividades navideñas, periodo perfecto para Riddle ya que le daba tranquilidad necesaria para su inmersión dentro de sus investigaciones. Se había vuelto su época favorita del año desde que el director Dippet le había aprobado la moción de quedarse en Hogwarts en lugar de volver a orfanato Wool durante las vacaciones.

Sin muggles o compañeros magos molestos a su alrededor, podía revisar abiertamente los tomos de la sección prohibida en plena sala de estar. Sin gente husmeando, Riddle podía imponer su ritmo libre de lectura frenético y absorber el conocimiento de los tomos. En general, era un deleite adquirir nuevo conocimiento de esta forma, sin embargo, poco a poco, la magia se había vuelto menos novedosa y más... repetitiva.

A mitad de su segundo año en la escuela, ya había memorizado todos los libros de estudio de Hogwarts hasta al menos cuarto año. Dominando los hechizos elementales, Riddle había buscado aprender la alta magia que solo comprendían sus profesores. Esas capaces de desaparecer volúmenes mayores a una persona o canalizar rayos en plena tormenta. Esas que requerían de movimiento complicados de varitas, cantidades precisa de reserva mágica y palabras precisas para funcionar.

A pesar del deleite de aprender los hechizos más complejos y ampliar sus capacidades, entre más avanzaba en sus estudios, más se daba cuenta lo limitada que era la magia. Si, era cierto, había asimilado hechizos capaces de hacer creer a los muggles que los magos eran dioses… pero, aun así, tenía sus límites.

Sabía que podía castear el mismísimo fuego, más rápido y caliente que cualquier mago de Hogwarts, y, sin embargo, no podría quemar una montaña entera aunque quisiera. Podía transfigurar objetos o pequeños animales, mas no cambiar un castillo completo por un palacio. En todos los conceptos mágicos que había estudiado existían restricciones.

Pensaba que, si accedía a suficientes libros de la sección prohibida, encontraría respuestas para poder superar estas barreras mágicas. Había tenido éxito a media. Si bien había aprendido que era posible realizar rituales, sacrificios o vieja magia para romper esas limitantes, no era posible llevar la magia a los límites a los que quería llegar. Menos aún a vencer a la misma muerte como se había propuesto el año anterior.

Generalmente, la información que adquiría no era apenas digna de leer. Un ejemplo de ello eran los tres últimos libros que había leído.

"Dominación en criaturas oscuras, hechizos complicados para un poderoso veneno, descripción de canticos de luz para poder pasar en un bosque encantado…" —enumero en su mente con desdén.

Hechizos más complicados que los que había aprendido hasta ahora sin duda, pero ninguno que le diera lo que buscaba:

Poder e inmortalidad.

Parte de él tomaba este lapso invertido como pérdida de tiempo. Sin embargo, siempre se recordaba que todo conocimiento aprendido tenía un valor. Había avanzado mucho desde su primer año y, de todas maneras, las lecturas que podía leer ahora era más que alumno de séptimo, no verían jamás.

Además, siendo franco consigo mismo, más allá de sus últimas lecturas, el conocimiento más grande que había adquirido y perfeccionado era aquel que les daba acceso a estos volúmenes prohibidos.

En parte era consecuencia de su éxito desde el año anterior.

Había sobresalido en todas clases. Era el alumno ejemplar de su generación. Tenía el favor de todos los profesores (con excepción de Dumbledore). Sin esperarlo, tal éxito había comenzado a atraer a sus pares. Sus compañeros de Slytherin, poco a poco, lo rodeaban en los pasillos y lo acompañaban a sus clases. Los alumnos mayores preguntaban por él mientras que los menores lo empezaban a seguir.

A Tom, la actitud de sus compañeros de casa no le causaba ni un ápice de afecto. En su primer año, había llegado a la conclusión que ellos estaban solo un escalón sobre sus compañeros huérfanos. Nada más y nada menos. Aduladores, inferiores y desechables.

Sin embargo, al poco tiempo, Tom entendió que tener a su alrededor gente sesgada por su éxito y dispuesta a seguirlo era un recurso de utilidad. Uno al que podía ejercer su influencia.

En su primer año ya había aprendido bastante de la cultura mágica como para entender los impulsos de cada uno. Básicamente era igual a los muggles: solo buscaban posición y poder. Utilizando su encanto y las palabras exactas, podía hacer que sus delirios de grandeza jugaran a su favor. Gente leal con avaricia era muy útil para hacer encargos interesantes… tales como conseguir libros prohibidos para leer durante el receso de invierno.

Era muy sencillo en verdad… solo requería pequeños movimientos y su entrenada sutileza.

Empezaba pidiéndole a Ralph que, por una apuesta que había perdido hace un mes, fuera a hacer un poco de escándalo en la biblioteca. Nada demasiado llamativo, solo una queja a la bibliotecaria vociferando que era incompresible que la última colección de lujo de Quidditch no estuviera en la sección de deporte.

Luego le pedía a Locan, alumno de cuarto año que lo seguía a todos lados, que durante su turno de la biblioteca dejara accidentalmente la reja de los libros prohibidos. Curiosamente, era el mismo día en el que Ralph hacía su papel, por lo que el sonido de la puerta destrabándose pasaría inadvertido. Locan lo hacía gustosamente, ya que quería acercarse a Tom para ser parte de círculo. Riddle lo felicitaría diciendo que sería parte de "una broma interesante".

Más tarde, conversaba con George en la sala de Slytherin. Este le hablaba de Harold, su "amigo" de Gryffindor con quién tenía un feudo conocido por todos. Bastaba con empujarlo un poco diciéndole que, probablemente, Harold se asustaría si lo desafiaba a ver quién podía robar más libros de la sección prohibida. George tomaba la idea como propia e iba recto como una flecha a enfrascarse con Harold en una competencia a ver quién era más valiente.

¿Resultado final? Ralph sentía feliz de saldar su deuda con Tom, Locan se acercaba al círculo que podría escuchar la historia de George y este último se jactaba de que había robado más libros que el Gryffindor. Este último era descubierto por la bibliotecaria en el acto, sentenciado a limpiar los baños de hombres de la forma muggle como reprimenda.

Todo terminaba con Tom pidiendo inocentemente los libros a George para ojearlos antes de que tuviera que devolverlos anónimamente a la biblioteca.

—Tan estúpidos. Tan fáciles de manipular —decía Tom en voz alta. Esta retumbaba y hacía eco en la enorme sala común.

Otra ventaja del receso de invierno era poder exclamar sus ideas sin preocuparse de ser escuchado.

Miró los volúmenes apilados de la sección prohibida. Esta vez, con una sonrisa.

—No todo el conocimiento está en los libros —exclamaba Tom con cierta satisfacción. La vida le había dado otra fuente de sabiduría a través de la experiencia-

Había descubierto a su temprana edad que tan importante como la magia era la política. Aprendió de muy pequeño en el orfanato que no había mayor poder que decir lo correcto en el momento adecuado. Era todo lo que necesitaba para obtener lo que deseado. Ya sea para obtener beneficios o vengarse de quien osara a ir contra él.

Riddle lo tenía claro. Él no tenía amigos, solo gente inferior a él. En su mente los llamaba "subordinados", disponibles para él en caso de necesitarlos. Debería darles pena que fueran tan fácil manipularlos, pero Tom no sentía esas sensaciones. No con ellos al menos.

Estaba satisfecho con su influencia sobre lo demás… pero, en cierto modo, deseaba otro tipo de desafío también.

Alguien fuerte, algún rival que se le opusiera. Alguien que fuera un reto y lo sacara de su aburrimiento.

Deseaba un poco de competencia

Tom había teorizado en que existiera ese mago que lo forzara a mejorar. Pensaba que teniendo cerca a un enemigo que pudiera hacerle daño lo empujaría a ser más perspicaz, más decidido más atento… ¡Darle la satisfacción de empujarse aún más!

Tristemente había descubierto que tal personaje no existía. Tendría que hacerlo solo

Una vez más no le molestaba en demasía. La decepción del resto de los magos ya era una costumbre para él.

—Pensamiento irrelevante —dijo nuevamente en voz alta resonando por el salón— Tal como lo son estos libros.

Los libros habían llevado a Riddle a tener el nivel de alumnos de tercer año o incluso de cuarto. Su deleite por aprender magia y sobresalir estaban volviendo un mago poderoso a su corta edad. Sin embargo, estaba lejos del nivel que deseaba. El nivel mágico para ir en busca de su padre.

Debería ser suficiente para cualquier chico a su edad.

—Pero no para mi — se refuto— No para mi.

Tendría que seguir mejorando si quería realmente llegar a su sueño. El que le molestaba desde que había aprendido que existía la magia y su potencial.

Riddle sería el mago vencería la muerte.

No sabía cuánto le tomaría, pero entendía que era cuestión de tiempo.

Miró una vez más los libros.

"Bueno, no todo ha sido tiempo perdido" —pensó. Esta vez, habló para sí. Sabía que no había nadie en la torre en la víspera de navidad, pero hay ciertos pensamientos que no compartiría ni con el viento mismo.

Riddle sacó de su manga su diario. Un libro negro simple. Estaba forrado en cuero y solamente tenía unos adornos en sus esquinas. Para otro un simple cuaderno, para él, uno de sus artículos más preciados en la vida.

Si bien podía guardar en su mente casi cualquier información, sentía un goce particular en tomar una pluma e ir anotando sus investigaciones. Sus logros y fracasos al descubrir la magia.

Este diario contenía gran parte de lo que había aprendido. Guardaba sus secretos de forma segura gracias al encantamiento base de éste, así como varios adicionales que Riddle le había incorporado. El acceso a este resultaba infranqueable para cualquier otra persona que no fuera él.

Era, hasta ahora, su único compañero en su cruzada. Lo más cercano a un rival.

Riddle abrió el diario en la mitad. Letras comenzaron a fluir por todos lados formando un listado de libros. Controlo el movimiento de las palabras con su varita, y las fijo formando arreglo en particular. El diario ahora mostraba un listado con los libros robados por George.

Riddle tomó su pluma y tachó el último volumen. Agrego una pequeña nota que decía "Medianamente útil. Revisar en caso de requerir cruzar en un bosque oscuro".

Tom guardó su diario dentro de su túnica no si antes cantar un hechizo de desvanecimiento para ocultarlo.

Se echó en uno de los sillones de la sala mientras planeaba en su mente cuál sería su siguiente movimiento para obtener más conocimiento mágico.