Capítulo 12 De Vuelta a los Libros (POV Syla)

Era media noche y a Syla le dolían los ojos.

Había pasado mucho tiempo desde que tenía esa sensación; estar absorta completamente en libros, dejando el tiempo fluir a su alrededor mientras investigaba. En este estado su cabeza se sumergía de lleno en la tarea obviando todo lo demás. Apenas se daba cuenta que ya había oscurecido y las velas mágicas se habían activado. Sin embargo, en su interior un dolor constante la había distraído los últimos minutos.

Tenía hambre. Solo había alcanzado a tomar un almuerzo rápido antes de llegar al departamento y meterse de lleno en su cruzada. La lógica decía que debió haber hecho alguna pausa y comer, pero había seguido de largo hasta ahora. Estaba muerta de hambre.

No podía seguir en este estado.

Obligó a su mente a desconectarse. Dejó de lado el libro que estaba revisando y se dirigió a la cocina. Sin magia (no iba a arriesgarse a quemar su comida otra vez, ¡no con hambre!), preparó pastas y se dispuso a comer.

"¡No llegarás a ningún lado con ese estómago vacío jovencita!" —recito una voz de su pasado—

Esta vez no era su padre quien hablaba en su mente sino Dorothy. Más de una vez su madre la había pillado en su cama leyendo toda la noche sin haber comido nada. No era un buen hábito, pero, más a menudo de lo que le gustaría admitir, se obsesionaba con algún tema. En ese estado no quería parar y bueno… quería seguir leyendo hasta descubrir el porqué. Sus otras funciones pasaban a segundo plano cuando se enganchaba con la tarea.

A pesar de ello sabía que, en algún momento, tenía que tomar una pausa y alimentarse.

"Si mamá" —se respondió a sí misma mientras tragaba su último bocado—

Su estómago cesaba de rugir. Comenzaba lentamente a recobrar sensaciones de su alrededor. Veía que efectivamente había pasado el tiempo.

El reloj del comedor marcaba pasada la medianoche. Según sus cálculos, llevaba más de ocho horas tratando de descifrar el misterio de diario y de Zaef Rowle.

No había llegado a nada en concreto. Podría seguir, seguro. No le era nuevo seguir investigando toda una noche de ser necesario, pero sabía que no le serviría de nada Ya se había asegurado de que los secretos que buscaba no estaban en su colección de volúmenes. Syla teorizaba que quizás no estaría ni siquiera en la biblioteca de Hogwarts.

"Hora de sacar conclusiones" —se dijo mientras conjuraba Scourgify para limpiar sus platos. Quizás no se le diera cocinar con magia, pero el lavado se hacía con ella.

Syla volvió a su habitación. Su cuarto era sencillo: una cama, un velador, un pequeño escritorio y su baúl. Su lechuza, Vientoligero, no se encontraba, pero en su ausencia, había un batallón de libros le hacían compañía.

Sus volúmenes (115 tomos, su colección personal) se esparcían a través de torres a lo largo de su morada. Cada una de las seis columnas de libros se alzaba hasta casi el cielo de la habitación. Para ella estaba perfecto y siempre le había parecido el arreglo adecuado para estudiar.

Era importante tener cada tomo a mano para revisarlos. Muchas veces cuando estaba a la caza de una idea, se daba cuenta que un libro referenciaba a otro, que a su vez referenciaba a otro. Tenía que saltar rápidamente de un nuevo volumen, por lo que esta disposición hacia su investigación más expedita.

La gente de Hufflepuff conocía muy bien su "orden". Había una batalla semanal de cuanto espacio una sola estudiante debía ocupar en la sala común (los libros de Syla no cabían en el cuarto compartido así que usaba la sala principal como su espacio privado). Las quejas llegaban, pero Syla siempre pudo mantener su "pequeña" fortaleza de tomos junto a ella.

A sus amigas le causaba curiosidad. A Eve le impresionaba cuanto podía leer y sentía cierta envidia el que ella no pudiera hacer lo mismo con sus libros de finanzas. Anna, en cambio, era más práctica. Simplemente los veía como posibles sillas para acomodarse cuando había una charla interesante en el salón común.

"Buenos tiempos" —pensó mientras tomaba uno de los tomos, cambiándolo de posición de una pila diferente. Le gustaba hacerlo porque le daba la sensación de que hacía que las ideas se traspasaran de un lado a otro.

Horas atrás había ido directo a su baúl mágico para sacar y regar los libros en su alcoba. Pensaba que podría encontrar información sobre lo que había presenciado el día de hoy

"Un diario con un alma" – musitó—

Como si todos los sucesos de las últimas 48 horas no fueran suficientes (partiendo por la prueba de Tom hasta su abrupta salida del ministerio hacia Drumgstag), el más importante había ocurrido al final.

La primera pista concreta de su visión.

El diario que supuestamente tendría que ser parte de los secretos para desafiar a la muerte resultaba ser un mago apuesto pelirrojo que deseaba enseñarle en cambio el arte definitivo del combate mágico.

De todos los escenarios posibles, este iba más allá de lo que podía haber imaginado. No tenía claro cómo proceder con tan poca información. Sus libros eran limitados, Tom la había dejado sin indicios de porqué le había pasado su diario. Con Riddle fuera en misión secreta, no tenía con quien discutir sobre entender la funcionalidad del diario.

No había nadie que pudiera acudir para preguntar, a excepción del mismo diario, lo cual no parecía ser el camino.

Syla se detuvo un momento y volcó sus pensamiento a un área restringida en su mente.

"Quizás" —comenzó Syla a pensar— "Si tratara de forzar otra visión… Solo una breve… Lo suficiente para saber cómo usarlo... solo volvería unos minutos a ese estado… podría saber más sobre….

"¡No!" —se dijo bruscamente— "Me lo prometí. No iré de nuevo por ese camino. No voy a... No. Simplemente no puedo".

Syla había transitado por un camino miserable hasta hace solo una semana atrás. Oscuros pensamiento la habían llevado a una depresión profunda después de su graduación de Hogwarts. Perdiendo el encanto a la vida, encontrándose en una delgada línea de cordura… no fue un buen momento.

En medio de ese estado, apareció la tercera su visión. La tercera que había tenido durante toda su vida. Una que le mostró vistazos de posibles futuros. Una que le mostró un camino donde podría arreglarlo todos sus errores.

O así lo había querido interpretar.

"Trabajar con Tom Riddle y aprender sus secretos para derrotar a la misma muerte. Es todo lo que necesito saber" —pensó.

Ver el futuro era una habilidad peligrosa de la magia e implicaba que Syla debía estar en un estado límite para que surgieran. Todas sus visiones habían sido accidentales, ninguna premeditada.

Teóricamente había la posibilidad de forzar una si alcanza ese estado peligroso de la semana anterior, pero Syla se había jurado no volver a marchar por ese camino. Nunca más. Sabía por lo que le había enseñado a su tía, llevar una mente no preparada a ese estado podría no traerla de vuelta. No era un camino que quisiera transitar.

No, sus problemas los resolvería de otra manera. Tenía más herramientas que una simple habilidad familiar para resolver sus dificultades. Encontraría su camino. La pista principal ya la tenía.

"Uno de siete" —dijo en voz alta en la habitación. Como si exponerlo hacia la habitación le diera más certeza que era cierto.

Eran siete objetos que necesitaba según su visión, y ya había encontrado el primero en el transcurso de días. Aprendería a usarlo el diario arreglaría su desastre. Solo tenía que encontrar la forma de que este la ayudara, aun siendo un libro tuviera un alma propia (y apuesta).

"Si tan solo fuera tan simple" —se refutaba a si misma—

"¿Qué tenía que ver el espíritu de cabellos de fuego con vencer a la muerte?"—

"¿Por qué este elemento mágico se manifestaba en forma de un mago idéntico a uno de carne y hueso?"—

"¿Cómo Riddle había creado un artículo así?"—

"¿Había Tom atrapado el alma de un mago o era acaso una personificación de una de sus ideas?"—

Syla no había llegado a ninguna pista concreta, pero por dentro de toda manera estaba satisfecha con tal resultado. Era parte de una investigación encontrar varios caminos sin salidas. Tenía que conjeturar y encontrarle sentido a las pequeñas pistas que había encontrado.

"Una conclusión no es más que la suma de diminutas piezas recolectadas en el camino" —habló una voz en su cabeza, esta vez la de señor Vablastky.

"Gracias padre" —pensó—

Era verdad. Leer y no encontrar nada no era tiempo perdido. Eran solo distintas desviaciones de la ruta principal que la llevarían a la verdad.

Las fuerzas la abandonaban. La comida y la pausa le recordaban lo cansada que estaba. Leer horas había sido duro, pero era aún más después de la ida al palacio y el encuentro con Zaef Rowle.

Necesitaba dormir, pero antes tenía que recapitular. Tenía que ordenar las ideas que había encontrado. Solo entonces se daría descanso.

Syla se acercó a las pilas de libro. Tomó tres de ellos, lo que había marcado mentalmente como los que dieron algún resultado y los llevó a su cama. Se sentó en ella y respiró profundo.

Tomó en sus manos el primer volumen.

Era un tomo verde musgo con detalles en amarillo. En su reverso, yacía el controversial título de "Directorio de Sangre Pura". Era un libro anónimo… bueno, tan anónimo que todo el mundo sabía que Cantanlekus Nott lo había escrito para "preservar el linaje de las grandes familias". Había sido publicado en 1930, hace ya casi 20 años, y para bien o para mal, era un buen directorio de los 28 familiares que proclamaban ser de sangre pura y de no tener ningún miembro muggles en su historia.

El libro hacía una revisión de cada miembro de cada familia desde los tiempos medievales hasta la fecha de su publicación. Desde la extensa familia Black hasta la pequeña de los Burkle; cada miembro sin excepción había sido un mago puro, y por ello, estas familias tenían, en teoría, estaba un peldaño sobre el resto en el mundo mágico.

"Una estupidez"— reafirmaba en su cabeza.

Para empezar, la investigación del tomo era, por lo bajo, imprecisa. Si bien todos los magos importantes, como los ministros de magia o los grandes investigadores se encontraban listados, obviaban ciertos otros que, probablemente hubieran tenido descendencias con muggles. Syla misma sabía de al menos de un Olivander que había sido hijo de madre muggle y ni siquiera aparecía en el índice de magos de menor relevancia.

No solo eso. Familias enteras como los Potter habían sido descartadas del directorio aun cuando cumplieran el criterio de no tener muggles en su familia. ¿La razón? Simplemente que ellos habían tenido afinidad y amistades con muggles.

Todo un esfuerzo de recopilación sesgada para validar el estatus de 28 estirpes.

"De nuevo, una estupidez"— reafirmaba en su cabeza.

A Syla siempre le había parecido una bobería esta postura contra los muggles. No había ninguna prueba que un mago nacido de una familia mágica era mejor que uno venido de una familia muggle. La creencia de que la pureza de la sangre concebía magos más dotes carecía de fundamento.

Y aun cuando hubiera alguna prueba, para Syla no era lo más importante. Ella sabía que los valores y la calidad de la persona eran infinitamente más relevante que la cuna donde una persona hubiera nacido. Tenía claro esta verdad y estaba agradecida por sus padres por la manera que la habían criado bajo este concepto.

Aun cuando ella provenía de cuna mágica, descendiente de padres magos e inmersa con la comunidad mágica, nunca en su familia habían hecho la distinción de la herencia maga o muggle dentro de ella. No era un tópico relevante. Sus parientes no magos eran queridos con el mismo cariño que cualquier miembro de la familia.

Para ella, sobre todo los demás, destacaba dos: su tía Sophie y su tío Wax.

Por un lado, estaba su tía Sophie Vablastky, esposa de tío Alexander y cuñada de su padre. Era una brillante enfermera que había dado servicio durante la primera guerra muggle. Su tío mago la había conocido hace más de 20 años y desde entonces han estado juntos. Su tía Sophie se había integrado a la vida mágica, pero, aun así, durante todos estos años, seguía prestando servicio al mismo hospital muggle. Sin importan los lujos de la mágica, ella seguía con su misma dedicación a su profesión muggle.

"Un ejemplo de constancia" se dijo.

Por otro lado, estaba su tío Wax, hermano de su madre Dorothy, quién había nacido Squib. Al no tener magia desde pequeño, se integró al mundo muggle a temprana edad impulsado por sus padres, empezando la escuela muggle desde los 12. Él aprendió a saber cómo funcionaba la sociedad no mágica, estudio arduamente y, a su mayoría de edad, comenzó a trabajar en este otro mundo. En particular, logró dominar el "transporte de fluidos no mágicos".

Cada vez que se juntaba con él, era un estallido de risas. Jovial y divertido, siempre trataba de explicar al resto de la familia como las maravillas muggles como los "sistemas de impulsión de agua". Inentendible, pero solo el esfuerzo de explicarle todo su aprendizaje a sus familiares magos era apreciado por todos. El no mago que conquisto el mundo muggle.

"Un ejemplo de superación" se dijo.

Ellos dos demostraban que este libro carecía de sentido. Ninguna de estas 28 familia podía ser mejor si carecía del amor al mundo no mágico. La premisa era errónea.

Había recibido este tomo en una navidad de un alumno anónimo de Hogwarts. Presumía que, cierta facción de la escuela consideraba que ella no debía mezclase con muggles. Una idea que había agarrado fuerza con el reinado de Grindelwald. Probablemente quien se lo había enviado pensaba que, si lo leía, cambiaría de opinión.

Nada más alejado de la realidad.

Aún cuando era un desagrado de libro, Syla lo conservó. Mal que mal, consideraba un pecado botar un volumen. Aun cuando estuviera lleno de mentirías, nunca se sabía cuando en una investigación podría ser útil. Precisamente, el tomo menos querido de su colección era el idóneo para encontrar alguna pista de Zaef ya que los Rowle era una de las 28 familias de sangre pura.

Para su mala fortuna, no había rastro de él.

En los últimos 400 años no había existido ningún Zaef Rowle. Siendo una familia no muy numerosa, dos o tres magos relevantes por generación, había podido revisar rápidamente la historia completa de los 97 magos que habían portado el apellido.

Destacaban muy pocos: Joseph Rowle en la edad media como un poderoso mago y Damocles Rowle como un ministro de magia en el siglo XVIII.

Nada más.

Todos los demás de la familia tenían nula o pequeñas contribuciones al mundo mágico.

Los últimos nombres de la familia eran los hermanos Kevin y Margareth, de apena años a la fecha de publicación de libro. Con ello cerraba el linaje.

Ningún Zaef Rowle.

Otro camino sin salida pensaría mucho.

"Pero no es verdad" –refutó a ese pensamiento — "Así no funciona la investigación"

Zaef Rowle solamente no aparecía en este libro. Eso solo indicaba que, en este libro, no tenía pruebas de su existencia. Nada más.

Era probable que, si hubiera tenido cercanía con muggles o hubiera sido mestizo, simplemente no estaría listado. El sesgo de sangre pura de este libro era demasiado marcado.

Al menos, el no aparecer en este libro, indicaba que no compartiría los alineamientos de estas familias por la sangre pura.

Eso le producía un alivio.

Sonrió.

"Puede que no sepa nada de ti Zaf, pero sé que puedo convivir con un espíritu sin tendencias anti muggle".

Syla se restregó la cara, sus ojos comenzaban a cerrarse, pero quedaban dos tomos aún.

"Bueno, siguiente libro" —pensó mientras dejaba el volumen verde de lado.

Tomó en sus manos el segundo volumen.

El libro era de color naranjo, precioso y adornado con bordes plateados Resaltaban unas letras doradas en su lomo. "50 años de campeones escolares". Era su recopilación favorita de estadística y triunfos de las escuelas de Hogwarts, Drumgstag y Beauxbatons. Uno de sus volúmenes favoritos de su colección.

Este tomo tenía de todo: campeonatos interescolares de ajedrez mágico, estadísticas históricas de lanzamiento de mandrágoras, carrera sobre hipogrifo, y por supuesto, cronología de todos los torneos locales de Quidditch.

El volumen recopilatorio era fascinante, pero había una sección en especial por lo que Syla lo había adquirido al inicio de su sexto año: el apartado oficial de duelos mágicos.

Todos los duelos, ya fueran desafíos oficiales de clubes o campeonatos semestrales estaban integrados al libro. No solo contaba con todas las estadísticas, sino que también generaba un ranking anual que comprendía todos los magos duelistas considerando puntuaciones de sus duelos en competencias.

El libro tenía un encantamiento especial que actualizaba las últimas hojas con la información recolectada por la editorial cada fin de semestre. La versión actual del libro tenía desde 1887 hasta 1947.

Miraba con orgullo como, en las últimas páginas, el nombre "Syla Vablastky" se alzaba en Hogwarts como uno de los top 10 en la escuela de Hogwarts en el periodo 1946—1947.

Syla se había inscrito al club de duelo a inicios de su sexto año. La profesora Galatea Merrythought se había jubilado de la clase de Defensa de Artes Oscuras, pero siguió liderando la línea de duelos por dos años más.

Cuando ella entró en el club en el verano de 1945, era un desastre. Nunca le había dedicado tiempo al arte del enfrentamiento de uno contra uno y no conocía los fundamentos de los duelos. Pero, como todas las cosas, con constancia y dedicación pudo mejorar hasta llegar a la cima en su último año

Pasó de ser la chica que no tenía ranking en sexto año a ser de las mejores diez de Hogwarts en su último año de escuela.

Si Syla tenía una habilidad, era la mejorar constante. El mantra secreto de Helga Hufflepuff.

Evelyn y Anna se habían sorprendido de su decisión, pero como siempre la apoyaron. Ella, en agradecimiento, logró traer a la sala común un nuevo integrante par el círculo; su nuevo amigo Robbie, el chico apuesto que le había ayudado a aprender las primeras postularas clásicas de duelos.

"Ay Robbie" —pensó con cierto rubor recordando su primera interacción en las clases de duelo. Ella pidiéndole que le enseñara la postura mixta mientras tiró la varita al suelo. Pero, desde el primer momento siempre fue amable. El simplemente la tomo del suelo, sin ningún gesto burlesco, y procedió a explicarle con gentileza.

Durante el año que coincidieron en Hogwarts, Robbie le enseñó un par de trucos fuera de las enseñanzas de Galatea. Ella le agradeció incluyéndola en sus aventuras con Anna y Evelyn. Fue un gran trato.

Mientras seguía en el pensamiento, los ojos de Syla se volcaron al pie de página de los mejores duelistas de cada escuela. En ella se encontraba la estadística histórica de duelos entre magos de la escuela. Era un buen resumen, y tenía casi toda la estadística de duelos.

Entre ellos, uno resaltaba. Un registro que le molestaba.

Marca de 27—30 entre Syla Vablastky y Robert Pordmore.

"Algún día tengo que mandar una lechuza a la editorial para corregir esto" —pensaba frunciendo el ceño.

A pesar de su cariño por Robbie, no podía dejar de ser competitiva.

Solo estuvieron juntos en el periodo de 1945—1946 cuando Syla estaba mejorando. Perdió 15 veces seguidas con Podmore en duelos oficiales antes de empezar a ganar duelos. Ella tomó el aprendizaje como cualquier nueva magia y, en un cuarto de año, ya dominaba todas las técnicas básicas y algunas avanzadas. Al final del periodo, Syla ganaba casi todos los encuentros incluyendo los contras Robert. Él solía ganarle muy esporádicamente, y comenzaba a revertir el marcador, pero él egreso de Hogwarts antes que pudiera lograrlo "oficialmente".

En compensación ella sumaba algunos duelos informales. Había algunos menores que no era importantes, ¿pero el que tuvieron durante una cena en el gran salón para ver quien ganaba el último pedazo de pavo? ¡Eso de seguro contaba!

Sin esa corrección, los números oficiales, Robbie la aventajaba en el marcador.

"Diablos" —se quejaba para si— "Bueno, sigamos"

Dejando ese dato de lado, Syla se concentró en los cuatro años anteriores de Hogwarts, periodo que probablemente habría la mención de algún "mejor mago duelista", sin embargo, sabía muy bien que no había ningún hombre que tuviera ese título en ese periodo. No, solo había existido un número uno indiscutido en todo Hogwarts y no era un él, era una ella.

Una duelista con el mejor récord histórico de cualquier escuela y, por supuesto, la ídola indiscutible de Syla.

Elspeth Hadden, "la tormenta roja".

Era sin duda la duelista más famosa que hubiera pisado Hogwarts. Había fallecido casi medio año antes de su llegada producto de la guerra, pero su leyenda era conocida por todos. Muy alta y de contextura delgada. Ágil como kneazle pero fuerte graphorn. La maga más inteligente en combate que nadie hubiera visto jamás.

La descripción mitología se complementaba con una larga melena de fuego. Cabellos rojos parecidos a un hermoso atardecer capaces de volverse la tormenta misma al momento del combate. En una fuerza de la naturaleza.

Esa era la forma que Robbie se la había descrito cuando pregunto por ella al conocer en este libro.

Ella ostentaba récords ridículos, mejor que cualquiera que hubiera leído. ¿El más impresionante de todos? Su registro del último año. Un 117—2 que, hasta el día de hoy, se mantenía imbatible. Hasta la fecha, ningún alumno de ninguna de las tres escuelas principales de magia había podido romper tal marca.

En un arte casi exclusivamente masculino, el saber que la mejor duelista había sido una mujer le dio los ánimos para mejorar. Si bien nunca sería como Elspeth, cada vez que practicaba, le gustaba imaginarse en su mente que era la tormenta roja y que nadie podría derrotarla. Un sentimiento tonto e infantil, pero el que le daba fuerzas cuando lo demás no funcionaba.

"Lastima Zaef que no resultaste ser ella"—pensó mientras el recuerdo de su ídola le sacaba una sonrisa en su rostro cansado. Tal como lo había hecho en otras ocasiones.

Zaef era un hombre y Elspeth una mujer. Sexo opuesto, no era la persona que buscaba. Lo único en común era su pelo rojo, y nada más.

Syla había buscado el nombre de Zaef Rowle en el libro, pero al igual que su búsqueda en el libro verde, no aparecía por ningún lado. No había duelista conocido en las últimas cinco décadas que se hubiera llamado así.

Su segundo camino sin salida.

"Pero no uno tan malo" –concluyó— "Puede que no haya estudiado en Hogwarts, Drumgstag o Beauxbatons, pero es innegable que es bueno. Quizás no haya datos que respalde su aseveración de ser mejor duelista de la historia, pero es excepcional."

Dejó el libro a un lado sin dejar ir ese pensamiento.

"¿Es anterior a los últimos 50 años y por ello no aparece en el libro? Es una posibilidad, pero pareciera no ser mayor a Tom… no es conclusivo ¿Ocultó sus habilidades en la escuela y por eso no hay registros de él? Poco probable, al menos tiene que haber tenido duelos para mejorar. ¿Y si fuera un espíritu creado por Tom con pensamientos de duelista? Posible, pero dudaba que Riddle pudiera crear un alma que fuera mejor en duelos que él. ¿Cómo podría darle esta clase de habilidades?" —

Bastantes incógnitas aparecían en la mente de Syla. Le hubiera gustado darle un segundo pensamiento, pero necesitaba dormir.

"No aún" –se dijo— "Queda un último libro"—

Se acercó a un viejo volumen azul, muy desgastado, en el fondo de una de las columnas. Con un rápido hechizo de Accio, el libro salió de la base. Los volúmenes apilados bajaron al unisono y el pilar se mantuvo. Hacer este movimiento requería cierta habilidad de precisión. Syla ya la dominaba por años de práctica (y varios otros años regando libros por el piso en intentas fallidos).

Este tomo no tenía nombre, pero ella lo había bautizado como "Manual de Creaciones Mágicas". Más que un tomo de una colección era una libreta de apuntes de un inefable. Un antiguo colega de su madre de hace muchos años atrás.

El señor Middleton era un mago investigador de cierto renombre. Era mayor a su madre, y si bien eran de área de investigación distintas, paseaba a saludar a distintos pisos, incluso al de Transporte Mágico.

Cuando este jubiló, dejó una serie de libros en los distintos pisos, esperando que algún joven se interesara por ellos una vez que ya no estuviera. Que esa chispa por la curiosidad incentivara alguno a cambiar a departamento de misterio.

Lo que no sabía el señor Middleton, es que su deseo de que alguien se sumara a las filas de departamento de misterio se volverían realidad. Solo que no sería un miembro de otro departamento, sino el de una hija de una de ellas.

Un pequeña Syla no podía llevarse los libros con títulos como "Los Misterios de la Magia" o "Encantamientos Inestables" a su hogar sin que su madre se diera cuenta. Pero este libro azul pasó desapercibido cuando ella lo tomó del estante general de Transporte Mágico. Se lo llevó a escondidas a su casa.

El libro que había tomado Syla detallaba como el señor Middleton realizada sus experimentos de nuevos artilugios mágicos. Sus apuntes detallaban desde su concepción hasta su uso práctico. Crear una puerta mágica sellada con magia, o una chimenea de red flu o un traslador tenía principios similares. Básicamente, en todos los escenarios, un mago debía imbuir una cierta cantidad de magia, interna o del entorno, de tal manera de producir el efecto deseado.

"Muy útil" –se dijo— "Aunque me tomó años tener resultados"

El catalizador de cualquier creación siempre era un encantamiento, un cántico, un ritual, o un equivalente mágico para canalizar la magia. En los cinco experimentos que narraba el libro, la metodología siempre se cumplía.

Syla usó los principios del libro como base para experimentar en sus años de escuela. Pudo crear diversos objetos como detectores de magia a distancia, acumuladores de magia e, incluso, unas gafas que cambian de color. A su madre le causaba curiosidad como había aprendido a hacer estos artefactos, pero su respuesta a Dorothy hacia ella era un mero "lo aprendí en Hogwarts".

"Mejor regalo señor Middleton" –se dijo mientras sonreía—

No era una pista directa a Zaef Rowle, pero si con respecto al diario. Syla sabía muy bien lo difícil que era crear un artefacto mágico complejo. No era simplemente castear un encantamiento y listo. No, requería de generar varias capas de magia detallada, realizar hechizos de enlace para que trabajaran al unísono y, sobre todo, tener la suficiente magia disponible para crearlo.

No importa que tan talentoso pudiera ser Tom Riddle. Crear a un diario capaz de manifestar una persona completa, real o imaginaría, era imposible.

Hasta el día de hoy no existía hechizo capaz de generar un ser humano, ni siquiera un alma artificial. El diario transgredía estos principios por lo que solo había dos explicaciones plausibles a su existencia.

O el diario fue creado a partir de un alma o una fracción de alma imbuida en un objeto mágico.

O alguien se había vuelto dios y había logrado crear un alma de la nada.

De las dos opciones, Syla la segunda no la imaginaba posible. De la primera… al menos conocía la historia de los inferí.

Las leyendas decían que los magos eran capaces de crear muertos vivientes a partir de cuerpos de magos fallecidos. Según el mito, a través de enlaces mágicos, era posible usar estos cuerpos para reanimarlos y ponerlos bajo las órdenes de un mago.

Si el mito planteaba la posibilidad de manipular un cuerpo de un mortal, no era impensado hacer un encantamiento similar para manipular el alma de una persona.

"Zaef Rowle es el alma de alguien que existió" –concluyó.

Tenía su hipótesis. Solo tenía que realizar el método mágico y demostrar si era acertada o no.

Pero sería problema de otro día.

Estaba muerta de cansancio, necesitaba dormir.

Mañana sería su primer día de jefa de departamento. Tenía que entrenar en la mañana con el diario para luego dilucidar que responsabilidades generaba su nuevo cargo.

"Problema de mi yo de mañana" –se dijo mientras se recostaba en la cama con el vestido puesto. No tenía ni fuerzas para ponerse su piyama.

Syla durmió profundamente sabiendo que, después de uno de sus días más largo de cualquier verano, iba en la dirección correcta.