Un año después del lanzamiento de la serie Gundam Wing.
Relena caminaba por una calle del centro de Tokio con su bolso cruzado al hombro, rumbo a un café que no visitaba desde hacía un año. Hacía tiempo que no volvía a esa zona de la ciudad: atestada de gente, con luces que comenzaban a encenderse en la hora dorada del atardecer, y autos que rugían en cada esquina.
Estaba algo exhausta tras su clase de perfeccionamiento en danza. Su nuevo trabajo en una innovadora obra de teatro estilo kabuki 5D —con pantallas LED, danza contemporánea y coreografías con espadas— la había llevado a tomar clases de ballet para afinar su técnica. Su cuerpo, ahora más delgado, estilizado y tonificado, se había transformado en el de una bailarina que entrenaba a diario y se presentaba semana tras semana bajo los reflectores.
Sacó un pequeño papel doblado con una dirección escrita a mano. Al entrar al café, sus ojos buscaron con rapidez. Al fondo, lo vio. El hombre con el sombrero clásico que usaba siempre, medio oculto en la penumbra del rincón. Odín Lowe.
Había acudido a su llamado por segunda vez ese año. Era raro que él la contactara sin previo aviso, menos para entregar información impresa. La última vez, los documentos que él trajo fueron clave para avanzar el juicio sobre la muerte de su padre, y ahora, ella esperaba que este encuentro fuese igual de decisivo.
—¿Y bien? —saludó fría, sentándose frente a él junto al ventanal empañado.
—Hermosa forma de saludar —respondió él, apagando su cigarro con desdén.
—Usted sabe que no tengo tanto tiempo, señor Lowe.
Relena mantenía la cortesía sin dejar de lado el tono cortante. No quería generar cercanía con un hombre que compartía esos ojos azules prusianos que le causaban nostalgia… y algo más parecido a rabia.
—Sooo~tranquila, hija. No tengas resentimientos conmigo. Siéntate. Te ves pálida. Come algo y te doy la información.
Ella suspiró, resignada. Dejó su bolso a un lado y tomó la carta del menú. Hizo una seña a la mesera.
—Un jugo de naranja, por favor.
—Relena, pide algo más contundente. Yo invito.
—Como le dije, no tengo tiempo. ¿Es cierto que se reunió con mi madre y el bufete de abogados? ¿Hay antecedentes nuevos?
Odín asintió, bajando la voz mientras sacaba un sobre grueso que colocó sobre la mesa.
—¿Recuerdas la búsqueda de los restos del avión?
—Claro. Fue cuando se perdió el rastro. O al menos eso creía.
—Bien. Las fotos presentadas por el abogado defensor no son reales. Mira esto.
Sacó una serie de fotografías. Comparativas. Las originales y las manipuladas. El ala del avión mostraba diferencias evidentes en la pintura.
—¿Está insinuando que las imágenes que salieron en la prensa fueron manipuladas?
—Lo más probable —respondió, llevándose un cigarrillo a la boca sin encenderlo—. Algún periodista comprado por Romefeller, supongo. No culpo a tu familia por no darse cuenta en ese momento. Todos estaban en shock. Lo que intento decir —y aquí bajó aún más la voz— es que estas son pruebas de que hicieron desaparecer los restos verdaderos del avión. Y con ellos, los cuerpos.
Relena se quedó en silencio, atando cabos. Una sombra cruzó su rostro.
—¿Y cómo obtuvo esto, señor Lowe?
—Mi contacto... fue uno de los involucrados en la operación. Y, sí, tenía relación con Romefeller.
Sus ojos se agrandaron. Un escalofrío recorrió su espalda.
—¿Está diciendo que usted sabía que a mi padre lo matarían?
—¿Eh? —el cigarro se le cayó de la boca.
Relena se levantó de golpe, con la melena cubriéndole parte del rostro.
—¡Relena, siéntate! No hagas escándalo.
—No haré escándalo. Solo dígame: ¿lo sabía?
Odín bajó la mirada, tocándose el puente de la nariz. Murmuró:
—Si te sientas, te diré la verdad.
Ella se mantuvo de pie, tensa.
—Te gusta manipular a la gente. ¿No es cierto? —dijo, bajando el tono justo cuando notó algunas miradas curiosas.
—Relena hija...
—No soy su hija. Recuerde que ya no soy...
Se interrumpió. El nudo en su garganta fue demasiado fuerte.
—Continúe.
—No tuve injerencia directa. Pero fui llamado para el trabajo. Rechacé la oferta. Y desde entonces... trato de ayudar como puedo. Porque no hacerlo me persigue. Llamémoslo moral, karma... o culpa.
La mesera trajo su jugo. Relena lo tomó y bebió en silencio.
—No esperaba menos de usted —dijo finalmente—. Astuto, útil… pero aún así, peligroso. No emitiré juicio. No aún. Pero si consigue más información que ayude al juicio, hágamelo saber.
Se puso de pie con elegancia, bebió el resto del jugo y recogió el sobre.
—Por cierto, me quedo con esto. Y usted paga.
—¿Eso es todo?
—¿Es que quiere que lo corte para siempre? —lo fulminó con la mirada—. No puedo. Aún lo necesito. Pero cuando todo esto termine, no espere volver a saber de mí.
Ella dio la media vuelta. Pero él la detuvo con un gesto.
—Espera. ¿Te llamaron?
Ella se detuvo en seco. Lo miró de reojo.
—¿Te refieres a Sunrise?
—Exacto. ¿Aceptaste?
—Aún no he respondido.
—¿Lo harás?
—Eso no es algo que deba discutir con usted. Buenas tardes.
Relena salió a la calle. Levantó la mano buscando un taxi. El tráfico era lento. El sol comenzaba a ocultarse entre los edificios. Su reloj marcaba las 6:47 p.m.
Justo cuando pensaba que al fin podría irse, Odín la alcanzó y le tocó el hombro.
—Relena…
—¿Qué ahora?
—Él ya aceptó.
Ella giró lentamente.
—¿Quién?
—Heero. Aceptó volver a Japón para grabar la secuela.
El mundo se congeló por un instante. Relena sintió que el aire le faltaba. Agarró con fuerza la correa de su bolso, como si fuera su única ancla a la realidad.
- Lo siento, creí que deberías saberlo.
Odín se alejó entre la multitud encediendo un cigarrillo, mientras ella quedaba allí, estática.
—Señorita, ¿sube o no? —preguntó el taxista con impaciencia.
—Sí… disculpe —murmuró, entrando al vehículo con voz temblorosa.
Apoyó la frente contra la ventana. El vidrio estaba frío.
—Heero… —susurró, mientras el taxi se perdía en el corazón de Tokio.
Unas horas antes, en Nueva York
El teatro Majestic olía a madera antigua, polvo de telones y sudor de artistas. En el escenario principal, bajo la mirada atenta del director, Heero Yuy ensayaba la última escena de "El Príncipe de las Sombras", la obra musical que lo había catapultado al estrellato en Broadway durante la temporada de invierno.
Su personaje, un asesino redimido por el amor de una mujer que no podía salvar, pronunciaba sus últimas líneas con la misma intensidad que hacía meses mantenía noche tras noche. Los focos no estaban completamente encendidos, solo una luz cenital lo bañaba, marcando su silueta recortada sobre la neblina artificial que aún flotaba tras el ensayo de efectos.
—"Quizá… en otro mundo… en otra vida… yo habría sabido cómo quedarme" —susurró Heero, con la voz rota de su personaje, dejando que la espada de utilería cayera al suelo con un golpe seco.
Silencio absoluto. Una especie de latido contenido se apoderó del escenario hasta que los aplausos espontáneos del equipo técnico rompieron la tensión.
—¡Eso es! ¡Eso es, Yuy! —gritó el director desde la platea con una sonrisa—. ¡Ese es el final que quiero mañana! ¡No le cambies ni una pausa, ni una respiración!
Heero bajó ligeramente la cabeza en señal de aprobación. Caminó hacia el lateral del escenario, secándose el sudor del cuello con una toalla.
—¡Oye, fue brutal! —le gritó Jessica, una de las actrices del reparto, mientras pasaba cerca—. Siempre me haces llorar en esa parte.
—Te pasaste, hombre. Esa energía fue increíble —agregó uno de los técnicos que ajustaba luces en lo alto.
Varios miembros del equipo le dieron palmaditas en la espalda cuando cruzó el telón. Incluso el tramoyista, que rara vez hablaba, alzó el pulgar en señal de respeto. La atmósfera era eléctrica, pero teñida de cierta tristeza: era el ensayo general de la última función.
En los camerinos, la energía era distinta. Entre vestuarios colgados, pelucas sobre cabezas de maniquíes y latas vacías de bebida energética, algunos actores ya se estaban quitando el maquillaje. Dave, su compañero de camerino, lo esperaba sentado frente al espejo con una toalla al cuello.
—No me creo que mañana se acabe todo esto —dijo Dave, sacándose las botas de escena—. Broadway te va a extrañar.
—Tal vez yo también la extrañe —respondió Heero sin mirarlo, mientras se sentaba y aflojaba sus guantes de cuero.
—¿"Tal vez"? ¡Por favor! —rió Dave—. Viviste más entre estos telones que en tu departamento.
Heero solo alzó una ceja. Se quitó lentamente la chaqueta de escena, aún concentrado en algo que parecía no tener nombre.
—Bro, ¿estás bien? —preguntó Dave, más serio ahora—. Te noto raro desde hace unos días.
—Estoy bien —respondió Heero, aunque su tono no terminó de convencer.
Dave no insistió. En cambio, abrió su bolso y sacó un sobre blanco.
—Por cierto, esto llegó para ti hace un rato. No sé si es importante, pero el tipo que lo trajo dijo que venía de Japón.
Heero lo miró al fin. El sobre no tenía remitente, solo su nombre, escrito con una caligrafía elegante. Lo tomó sin apuro.
Dave continuó hablándole mientras se aplicaba crema en las manos.
—Dicen que hay productoras japonesas buscando revivir viejos clásicos… ¿Qué te apuesto que es un reboot de algún anime retro?
Heero rompió el sello con el pulgar. Dentro, una hoja cuidadosamente doblada llevaba el membrete dorado de Sunrise Studios. Lo leyó en silencio. Su rostro se mantuvo estoico, pero Dave notó el leve movimiento en su mandíbula, una tensión fugaz.
—¿Qué es?
Heero guardó la hoja en el sobre con lentitud.
—Me están convocando.
—¿Convocando a qué?
—A volver a ser yo. A ser… Él.
Dave frunció el ceño, sin entender.
—¿Te están ofreciendo un papel?
Heero finalmente lo miró, como si le hablara desde otro tiempo.
—Me están llamando para filmar la secuela de Gundam Wing.
Un silencio denso llenó el camerino. Dave dejó de moverse. Solo el tic-tac del viejo reloj de pared se impuso unos segundos.
—¿Y vas a aceptar?
Heero se levantó, se acercó al perchero y tomó su chaqueta de calle.
—Ya acepté.
Y con eso, salió del camerino sin mirar atrás.
Días después en Tokyo.
El sonido del piano resonaba en el estudio de danza, marcando el compás de la pieza clásica que Relena debía interpretar. Sus zapatillas de ballet golpeaban suavemente el suelo mientras giraba, pero algo no estaba bien. Los movimientos, que antes habían sido tan fluidos y seguros, hoy se sentían torpes, descoordinados.
—¡Relena! —gritó el director desde la barra—. ¡Concéntrate! No es un ensayo para que te pierdas en tus pensamientos. ¡Quiero precisión, no una interpretación de "Cisne Negro"! ¡Vuelve a intentarlo!
Relena tragó saliva, con el corazón acelerado, y se obligó a realizar otro giro. El sonido de sus pies contra el piso se mezclaba con el eco de su respiración. La exigencia de su cuerpo, de la técnica perfecta, la estaba abrumando, pero lo peor era que no podía dejar de pensar en algo más… en alguien más.
"Heero..." Su mente lo había invocado a pesar de ella. La prohibición que se había autoimpuesto hace un año, la promesa de no hablar de él , comenzaba a desmoronarse. La presión de la danza, la incertidumbre de su futuro, y ese sobre misterioso que guardaba en su bolso, parecían presionarla en todas las direcciones.
—Otra vez. Y esta vez, no quiero verte distraída —ordenó el director, señalando el centro del salón con su dedo. Relena asintió, temerosa de que la frustración la alcanzara.
Respiró profundamente y volvió a intentarlo. Sus giros fueron más firmes esta vez, pero la sensación de no alcanzar el nivel esperado seguía en su pecho. ¿Por qué no podía concentrarse? La danza siempre había sido su refugio, el lugar donde podía poner en orden sus pensamientos. Pero ahora… ahora todo se sentía fuera de lugar.
— ¡Fue una mala decisión, Relena! - bramó el director.
Es frase tocó la fibra de la actriz, sumergiéndola en culpabilidad "No Relena, no lo fue, necesitabas paz en ese momento" pensó auto- convenciendo su mente sacándo esos ojos azules prusianos de su retina.
— Tres,dos, uno, ¡cambio! - gritó el director.
La música cambió, la última nota resonó, y ella se detuvo, sin aliento. El director no dijo nada, pero su mirada lo decía todo. Relena sabía que no estaba satisfecha con su desempeño, y mucho menos él.
—Tómate un momento, Relena —dijo él, suavizando su tono, como si se diera cuenta de que algo más estaba afectando su concentración. Relena asintió, aún con el ritmo de la danza palpitando en su interior, y fue hacia el borde del salón, donde su botella de agua la esperaba. Tomó un sorbo y dejó escapar un suspiro.
La puerta del estudio se abrió, y una figura familiar apareció en el umbral. Hilde, su amiga de toda la vida, entró con una gran sonrisa en el rostro, casi sin previo aviso.
—¡Relena! —saludó entusiasta—. ¡No esperaba encontrarte aquí! ¿Cómo va todo?
Relena la observó por un momento, sorprendida por la presencia inesperada de su amiga. Había sido una buena amiga durante todo el proceso, pero no podía evitar sentirse algo incómoda con su llegada. El día había estado complicado, y el tema de su futuro seguía rondando su mente, especialmente la oferta de Sunrise que aún no había respondido.
—Hilde... —comenzó Relena, forzando una sonrisa mientras se pasaba la mano por el cabello. La idea de contarle lo que realmente estaba pasando, especialmente sobre el posible regreso a la industria del entretenimiento y todo lo que implicaba, la desconcertaba.
Hilde se acercó y se apoyó en la barra, observando a su amiga con una mirada llena de curiosidad.
—Te vi en la clase de danza. ¿Todo bien? Parecías un poco distraída. Sabes que siempre he admirado tu dedicación en todo lo que haces, pero… —Hilde la miró fijamente—. ¿Hay algo que te preocupe? ¿Algo que no me estés diciendo?
Relena sintió una presión en su pecho. No quería hablar de ello, de lo que estaba a punto de suceder, de lo que aún no había tomado una decisión. Era un tema sensible. Algo que podría cambiar todo, pero que aún no estaba segura de querer compartir.
—No es nada, realmente —respondió con rapidez, tratando de restarle importancia—. Solo estaba un poco cansada, eso es todo. Mi mente está llena de pensamientos por el trabajo y la obra… nada serio. No te preocupes.
Pero Hilde no estaba convencida. La mirada de su amiga se tornó más inquisitiva, como si hubiera notado esa ligera falta de sinceridad en su tono.
—¿Seguro que no estás ocultando algo? No es como tú… —Hilde la observó con intensidad, cruzando los brazos. Luego su expresión se suavizó—. Si hay algo que necesites hablar, ya sabes que siempre estoy aquí. No tienes que cargar con todo sola.
Relena se quedó en silencio por un momento, mirando a Hilde. Había algo en la sinceridad de su amiga que la hacía sentir culpable por no compartir lo que estaba pasando. Sin embargo, lo que le preocupaba no era sólo la oferta que aún no había aceptado, sino la promesa no escrita que se hizo a sí misma : No hablaría de él nunca más.
El "innombrable", como lo llamaban entre ellas. No podían tocar ese tema, no podían revivir los recuerdos de lo que alguna vez fue su relación. Habían acordado evitar cualquier mención de su nombre.
—Hilde, sabes que te lo diría si fuera necesario —relató Relena, intentando darle un toque más casual—. Es solo que… ¿sabías que algunos trabajos en el extranjero están saliendo por estos días? Quizás pueda tener algo que ver con eso. Pero en fin, no es gran cosa.
Hilde parecía más relajada, pero aún había una chispa de duda en su mirada. Relena podía sentir la preocupación de su amiga flotando en el aire, pero no podía abrir la puerta de los recuerdos ahora. Ni siquiera para ella misma.
—No me convence, pero... —Hilde suspiró, aceptando el silencio de su amiga—. Está bien. Si en algún momento decides hablar, ya sabes dónde encontrarme.
Relena sonrió, aliviada de que no insistiera más. Mientras su amiga daba media vuelta para irse, la joven se quedó en el borde de la barra, observando su reflejo en el espejo. Las palabras de Hilde seguían resonando en su mente. La danza había sido su refugio, su escape, pero incluso en este espacio sagrado, los recuerdos no dejaban de acecharla. ¿Qué pasaría si aceptaba la oferta? ¿Volvería a enfrentarse a todo lo que dejó atrás?
Suspiró profundamente, sabiendo que, tarde o temprano, tendría que tomar una decisión.
—Relena —dijo Hilde, girándose antes de salir—. Tengo que hablar contigo sobre algo importante. Te esperaré afuera, ¿sí?
Relena la miró y asintió, aunque con una ligera inquietud. A pesar de las palabras suaves de su amiga, no podía quitarse la sensación de que había algo más detrás de ese mensaje. La espera de Hilde en el pasillo era un recordatorio de que no podía escapar por mucho tiempo de las decisiones que tenía que tomar.
Relena terminó su ensayo sintiendo la tensión en sus músculos. A pesar de los esfuerzos, no podía quitarse esa sensación de insatisfacción, como si algo estuviera faltando, algo en su interior. Caminó hacia los vestuarios, donde se cambió rápidamente, dejándose caer en un banco con un suspiro de agotamiento. Su mente seguía dando vueltas, pero algo la tranquilizó: en unos minutos estaría fuera de este lugar, al menos por el día.
Recogió su bolso y salió al pasillo. Allí, al final del corredor, Hilde la esperaba, apoyada contra la pared con una expresión relajada. Al verla, la joven se sintió un poco más aliviada; tal vez una charla con su amiga podría despejar las nubes que la acechaban.
—¿Todo bien? —preguntó Hilde con una sonrisa mientras caminaban hacia la salida del estudio.
—Sí, solo un poco cansada —respondió Relena con una sonrisa ligera, pero sus ojos revelaban algo más. No sabía cómo decirlo, pero el peso de la oferta que aún no había tomado seguía presente.
—¿Sabías que esta manzana tiene la mejor chocolatina caliente de la ciudad? —comentó Hilde, intentando hacer una charla más ligera, como siempre lo hacía—. Tal vez podríamos ir después de esto. Algo para relajarnos, ¿qué opinas?
—Suena bien. —Relena sonrió, aliviada por la pregunta trivial—. Me vendría bien un descanso.
Ambas salieron a la fría noche de Tokio, las luces de la ciudad parpadeando en el horizonte. Mientras caminaban por la acera, Hilde se acercó un poco más a Relena, como si estuviera a punto de soltar algo.
—Oye, hablando de cosas divertidas, uno de mis compañero de estudio de teatro y diseño me pidió que te diera tu número. —Hilde soltó la frase con una ligera sonrisa, como si estuviera esperando la reacción de Relena.
Relena la miró, sorprendida. No era raro que alguien de la producción mostrara interés en conocerla, pero la idea de dar su número tan fácilmente la hizo pensar un momento.
—¿De verdad? —Relena alzó una ceja—. ¿Y tú qué le dijiste?
—Bueno... le dije que te lo preguntaría. —Hilde parecía un poco incómoda por la situación—. ¿Qué opinas?
Relena pensó por un segundo. Sabía que su amiga le estaba ofreciendo la oportunidad de conocer a alguien nuevo, quizás una distracción. Y aunque no lo dijera en voz alta, la idea de tener una conexión más en su vida social le parecía atractiva, especialmente porque había estado tan absorta en su trabajo.
—Está bien. —Relena suspiró y sonrió con amabilidad—. Pásale mi número. No tengo problema.
Hilde la miró, con una expresión que pasó de la sorpresa a una ligera duda.
—¿Segura? —preguntó, levantando una ceja, claramente sorprendida por la respuesta tan abierta de Relena.
Relena se encogió de hombros, sonriendo levemente para disimular lo que sentía por dentro.
—Sí, estoy segura. No pasa nada, Hilde.
La amiga no pudo evitar mirarla fijamente unos segundos más antes de asentir. A pesar de la leve confusión, parecía conformarse con la respuesta.
—Bueno, si estás segura… —Hilde sacó su teléfono móvil y empezó a escribir—. Ya te lo paso, entonces.
Relena, aliviada por la conversación trivial que había logrado mantener sin tocar temas delicados, la observaba mientras caminaban. Pero en el fondo, la mente de Relena seguía centrada en el futuro incierto que la esperaba.
—Ah, antes de que se me olvide —dijo Hilde, levantando la vista del teléfono mientras se detenían frente a la puerta de una tienda de conveniencia—. Quería contarte algo importante.
Relena frunció el ceño, preguntándose si la "importante" noticia era algo relacionado con la obra o quizás alguna otra sorpresa de la producción. Se giró hacia ella, curiosa.
—¿Qué pasa? —preguntó, un poco más atenta ahora.
Hilde respiró hondo, claramente considerando sus palabras.
—Bueno… ¿sabes lo de Gundam Wing, verdad? —Hilde la miró con cautela, buscando cualquier reacción de su amiga.
Relena tragó saliva, sabiendo lo que venía. De alguna manera, lo presintió. Fue como si todo a su alrededor se hubiera detenido por un segundo. Su estómago se apretó al instante, y su mano tembló ligeramente cuando agarró la botella de agua que tenía en la mano. Intentó hacer un sorbo, pero el líquido se derramó por su rostro.
—¿Qué… qué dijiste? —Relena tartamudeó, limpiándose rápidamente.
Hilde observó la reacción de su amiga, sorprendida.
—Lo siento, no quise asustarte. —Hilde sonrió nerviosamente—. Me refería a que… recibí la noticia de que Sunrise está trabajando en una secuela de Gundam Wing. Y, bueno… ¡Dúo ya aceptó la oferta para volver a la serie!
—¿Qué? —preguntó, apenas creyendo lo que había escuchado—. ¿Dúo… ya aceptó?
Hilde asintió, dándole un momento para procesar la información.
—Sí, ya lo hizo. Y, por supuesto, pensé que tal vez… tú también recibirías una oferta, ¿no? —Hilde la observó con curiosidad, notando la tensión de su amiga—. ¿Lo hiciste?
Relena tragó saliva y sintió cómo las palabras salían de su boca casi sin querer.
—Sí. —Relena respiró profundamente, mirando el suelo antes de mirarla de nuevo—. Tengo la oferta en mis manos. Pero aún no la he aceptado.
El silencio se apoderó de ambas, el ruido de la ciudad a su alrededor desapareciendo por un segundo. Relena sintió el peso de las palabras. ¿Aceptar o no aceptar? ¿Volver a un mundo que había dejado atrás? ¿Volver a enfrentarse a todo lo que implicaba esa oferta?
Hilde la miró, sin palabras, pero con los ojos llenos de una comprensión silenciosa. Ambas sabían que tomar una decisión sobre esa oferta no sería tan simple.
Hilde, algo incómoda, bajó un poco la voz antes de continuar, como si estuviera a punto de tocar un tema delicado.
—Bueno, amiga, tú sabes que yo no te oculto nada, ¿verdad? Y no tocaría este tema si no fuese importante… y…
Relena ya sabía lo que venía, su estómago se apretó ligeramente y sus manos comenzaron a temblar un poco, pero trató de mantener la calma.
—Dúo no ha perdido contacto con… —empezó Hilde.
—Sé lo que vas a decirme. Sé que Heero aceptó la oferta de la secuela de Gundam Wing. —Interrumpió Relena, dejando escapar un suspiro mientras cerraba los ojos un momento, aliviada por no tener que esperar más.
Hilde se quedó en silencio por un instante, sorprendida por la reacción de su amiga. Luego, sacudió la cabeza, claramente impresionada por la rapidez de la respuesta de Relena.
—¡Lo sabías y no me dijiste nada! ¡Vaya amiga que tengo! Y yo toda preocupada. ¿Cómo sabes? ¿Acaso hablaste con él?
Relena se quedó en silencio por un momento, mirando a su amiga con una mezcla de cansancio y resignación. Luego, finalmente, habló.
—No, claro que no, probablemente me odia por mi decisión de dejarlo… Yo solo me enteré porque me encontré con su padre —dijo Relena, dudando un poco al mencionar ese detalle, como si no estuviera completamente lista para revivir ese encuentro tan reciente—. Por casualidad, en la calle.
Agregó esa última frase mintiendo. Solo ella y algunos miebros de su familia sabían que mantenía contacto con Odín Lowe por motivos de ayuda sobre el caso de su padre.
Hilde la miró fijamente, sin decir nada al principio, simplemente procesando lo que acababa de escuchar. Relena no podía evitar notar la expresión preocupada de su amiga, como si también se estuviera preguntando cómo había llegado a ese punto tan complicado en su vida.
—¿Y qué pasó? —preguntó Hilde, finalmente, con una mezcla de curiosidad y preocupación genuina.
Relena se encogió de hombros, intentando mostrar indiferencia, pero sabía que no podía ocultar por completo lo que sentía.
—Nada. Fue solo una conversación breve. No fue tan importante… —respondió, aunque su tono de voz traicionó la lucha interna que sentía—. No quiero hablar de eso, Hilde.
Ambas se quedaron en silencio, el tema colgando en el aire, dándole a Relena el tiempo que necesitaba para poner sus pensamientos en orden.
Hilde, después de unos segundos de silencio, pareció relajarse un poco antes de decir:
—Sabes, no creo que te odie.
—¿Eh? —Relena levantó la mirada, sorprendida por la afirmación de su amiga.
—Si te odiara, no hubiese aceptado venir aquí. Sé que es muy exitoso con su obra, tiene muchas ofertas de trabajo... ¿Por qué cruzaría el mundo por Gundam Wing? —Hilde observó a Relena con una sonrisa, como si estuviera tratando de calmarla, pero el tono de su voz mostraba algo más profundo.
Relena sintió un nudo en el estómago y cerró los ojos, sabiendo exactamente a dónde quería llegar su amiga. No iba a permitir que Hilde construyera ilusiones. No más.
—Hilde, detente ahí. —La interrumpió, levantando la mano como un freno.
Sabía que estaba a punto de cruzar una línea, y no quería escuchar lo que estaba a punto de decir. Relena no estaba lista para enfrentar esa conversación, no aún.
Hilde no lo dejó pasar y dio un paso hacia ella, cruzándose de brazos con una expresión decidida.
—¡No, tú detente ahí, Relena Darlian! —dijo con firmeza, su voz se volvió más fuerte y la irritación empezaba a filtrarse.— No puedes fingir que nada pasó. No puedes seguir así, eres un fantasma, mírate… esquelética, sin vida, tomando pésimas decisiones. No le daré tu número a Rudeus, porque sé que terminarás saliendo con él solo para estar 20 minutos en una cita y luego dejarlo plantado y solo en una mesa, arrancando.
Relena sintió cómo su rostro se ruborizaba de la molestia, pero no podía evitar que las palabras de Hilde la calaran hondo. No quería oír eso, no quería que Hilde tuviera razón.
—¡Hilde, qué dices! —protestó, pero su voz tembló un poco.
—¡Sé que Heero está en tu corazón y tú en el de él! —Hilde levantó las manos en un gesto desesperado—. Lo que vivieron no se borra de la noche a la mañana, ni en once meses. No puedes pretender que no te duele. No puedes seguir huyendo de eso.
Relena dio un paso atrás, sintiendo la presión aumentar. Quería escapar, irse lejos, no tener que hablar más de eso. Pero Hilde no se detuvo.
—¡No sé de él desde que rompimos! —dijo Relena, apretando los dientes, tratando de mantener la calma. —No se ha dignado a llamarme ni a escribirme desde entonces.
Hilde la miró fijamente, y aunque su rostro mostraba frustración, también se veía el dolor por su amiga.
—¡Está dolido! ¡Debe tener miedo al rechazo! ¡Es Heero! —Hilde levantó la voz, realmente molesta, su expresión estaba cerca de la indignación. —¡Es un hombre con orgullo, y es igual de terco que tú! ¡No puedes seguir así, Relena! ¡Ahora tomarás esa carta y llamarás para aceptar esa oferta!
Relena sintió cómo su corazón se aceleraba. La presión aumentaba a cada palabra de Hilde, y lo que le estaba pidiendo era demasiado. Pero no quería ceder. No podía ceder.
—No lo haré, Hilde —respondió, con la voz entrecortada, ya sin poder ocultar la frustración—. No quiero, y nuestra promesa de no hablar de esto la estás rompiendo. ¡Lo estás rompiendo todo! —explotó, su mirada endureciéndose. —Olvídate del chocolate caliente. Me voy a casa.
Relena dio un paso hacia el costado, su corazón acelerado y su mente en un caos total. Sabía que no podía ignorar lo que Hilde le decía, pero tampoco podía aceptar lo que le estaba pidiendo. Las palabras de su amiga resonaban en su cabeza como un eco insoportable.
Hilde se quedó quieta, mirando a Relena alejarse, sabiendo que su amiga estaba tomando la decisión equivocada. Sentía como si todo estuviera a punto de romperse. Pero no iba a dejar que eso ocurriera sin luchar.
Sabía que su amiga no podía seguir ignorando lo que sentía. Sabía que Relena no podría huir de su propio corazón por mucho más tiempo.
—Relena... —susurró, como si las palabras se le atascaran en la garganta, pero ya era tarde.—Lo siento, amiga... pero esto no puede seguir así, haré que aceptes esa oferta a como de lugar.
*El tiempo ha pasado y nuestros protagonistas siguieron sus caminos profesionales ¿Relena aceptará la oferta de Sunrise? ¿Los sentimientos de nuestros protagonistas seguirán intactos?***
Continuará
