—Esta es una adaptación de la saga literaria y de películas conocida como Crepúsculo o Twilight, escrita por Stephenie Meyer y en que pretendo corregir todo lo que yo creo que fueron errores argumentales, tratando de mantener la trama de la obra original, pero dando más profundidad a los personajes. La mayoría de los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, pero he creado personajes menores para incorporarlos y dar sentido al relato. Les sugiero oír "Hear You Scream" de Blackbriar para Izumi, "Let Me Sign" de Robert Pattinson para Itachi, "Into Your Arms" de Ava Max para Sasuke & Sakura, así como "A White Demon Love Song" de The Killers y "Decode" de Panamore para el contexto del capitulo.
Residencia Yamamoto, Forks
Los días habían pasado hasta cumplir una nueva semana e Izumi finalmente había sido de alta del hospital de Port Ángeles, pero no había nadie para acompañarla a casa; su madre finalmente había regresado a Jacksonville pese a insistirle en que la acompañara varias veces en lugar de quedarse en Forks, y su padre estaba hasta el cuello de trabajo, puede que ella supiera que la amenaza de aquel "animal" rondando había pasado, pero la policía no pensaba igual y la búsqueda continuaba. Por ello, en nada fue extraño que la única persona que pudiera acompañarla en su regreso a casa no fuera otro que Itachi, de hecho, este contaba con el permiso de su padre, aparentemente Ryuu Yamamoto estaba encantado con la preocupación del menor de los hijos del doctor Uchiha y no tenía problema en que este llevara a su hija a casa, estacionando lentamente su volvo plateado fuera de casa, volviendo la mirada hacia Izumi sentada en el asiento del copiloto, habiendo conducido más lento que de costumbre para no inquietarla. La Yamamoto portaba una camiseta blanca de cuello alto y redondo, encima una chaqueta de piel beige pálido con capucha y manchas negras, así como la palabra Queen en la espalda, jeans azul claro y cómodas zapatillas negras, al menos una ya que su pierna derecha estaba cubierta de la rodilla hacia abajo por la molesta bota con yeso que le dificultaba moverse, por no decir le impedía, y su largo cabello castaño caía sobre sus hombros en ligeras ondas, soltando un suspiro al observar el exterior por la ventana; de regreso en casa.
—Muchas gracias por traerme— sonrió Izumi, desabrochándose el cinturón de seguridad. —Mi papá quería estar conmigo cuando me dieran de alta, pero el trabajo lo mantiene ocupado, y mi mamá tenía que volver a Jacksonville— su voz sonó ligeramente irritada al decir esto último.
—De nada— asintió Itachi, bajando de su asiento y rodeando el auto para abrir la puerta de ella. —No imagine que su relación fuera tan complicada— agregó, no necesitando decir que había leído la mente de su progenitora debido a su don.
—Pues ahora lo sabes, por eso nunca hablo de ello con mis amigos— confirmó ella, sin inmutarse por ello y ya estando acostumbrada.
—Envuelve tus brazos alrededor de mi cuello— instruyó él, muy al pendiente de ella.
—¿Por qué?— inquirió la Yamamoto confundida, pudiendo caminar por su cuenta.
—Así nos será más fácil entrar— obvió el Uchiha, solo queriendo ayudarla.
En ningún momento se le pasaría por la cabeza a Itachi violar el espacio personal de la Yamamoto, era un caballero educado a la antigua, pero cargarla era la única forma de impedirle sentirse pesada, inútil o impotente debido al yeso en su pierna derecha y la pelicastaño lo entendió en el acto, asintiendo en silencio, alzando sus brazos y envolviendo estos tras el cuello del Uchiha, que envolvió sus brazos bajo las piernas de ella para carga—siendo tan ligera como una pluma para él—, cerrando la puerta de su auto con la espalda y cruzando la distancia entre la entrada y los escalones que daban con la entrada de la casa. Puede que no se encontrara apta para caminar ni subir las escaleras con la facilidad que Itachi, pero Izumi insistió en abrir la puerta, sacando las llaves de su bolsillo, pudiendo ufanarse al menos de ello cuando la puerta se abrió e Itachi ingresó con ella en brazos, cerrando la puerta con su espalda y avanzando con idéntica ligereza hasta la sala, y en el camino todos los recuerdos, tan frescos como si hubieran ocurrido apenas ayer, azoraron la mente de Izumi. Al pasar por la escalera, recordó cómo había huido de Fudo en la plata alta, como este le había roto la pierna y como había rodado por las escaleras, aún recordaba el dolor de sus costillas y los cristales del umbral de la sala rompiéndose, estos habían sido reemplazados, que la casa estuviera en perfecto orden no ayudaba, de hecho le provocó un escalofrío hasta que Itachi la dejó sobre el sofá, alargando la mano para tomar un almohadón y ponerlo bajo su pierna.
—¿Estás bien así?— consultó Itachi encontrando su mirada y aún sin tomar asiento.
—Gracias— asintió Izumi, no pudiendo pedir más e invitándolo a sentarse, lo que él hizo.
—Me quedare contigo hasta que tu padre salga del trabajo— comentó el Uchiha, sintiendo que era lo menos que podía hacer, —si te parece bien— añadió, no queriendo hacerla sentir incomoda ni violar su privacidad si ella lo sentía así.
—Muchas gracias— sonrió la Yamamoto, no pudiendo pedir más, él ya se adelantaba.
Puede que fuera receloso de su parte actuar así, Izumi continuaba teniendo pesadillas sobre lo ocurrido con Fudo, y naturalmente lo que Itachi era le provocaba temor, escalofríos, no quien era, sino lo que era; pero, también estaba profundamente conmovida por su amabilidad, su generosidad, su humanismo, Itachi era perfectamente capaz de abandonarlo todo por la promesa que le había hecho y ayudarla. Además, durante los días en que ella había permanecido en el hospital y antes de ser dada de alta, Itachi le había dado reportes continuos; por las noches, al menos uno de sus hermanos rondaba su casa y se aseguraba de su padre Ryuu llegara con bien—a menos que tuviera turno de noche—y que nadie se acercara a casa sin que alguno lo supiera; Itachi por su parte, le había asegurado durante su viaje desde Port Ángeles, que él relevaría a sus hermanos y vigilaría su casa por las noches de ahora en más, ya que ella se encontraba ahí, y cuando regresaran a clases Fugaku o Mikoto se ocuparían cuando todos los Uchiha—sus hijos—estuvieran en Seattle. Era demasiado en el fondo, tanto que Izumi sentía que rompería en llanto en cualquier momento, Itachi verdaderamente actuaba como lo haría un verdadero amigo, ¿Por qué ella se sentía como una perra miserable por necesitar ser convencida de que no era una amenaza mayor que Fudo o cualquier otro vampiro? Quizás, se dijo mentalmente, todo lo que necesitaba era conocer en profundidad el hombre que él era realmente o que había sido en su tiempo, separar a ser misterio del hombre en él, si era posible indagar en su pasado.
—¿Qué sucede?— preguntó Itachi, no pudiendo leer su mente, mas si adivinando que muchas ideas revoloteaban en ella.
—Dijiste que tenemos un acuerdo; yo guardo el secreto de lo que eres y tú proteges a quienes me importan— citó Izumi, al menos como ella lo entendía.
—Es una simplificación, pero sí— asintió él, ligeramente divertido. —¿Te arrepentiste?— inquirió, habría contenido la respiración si fuera humano.
—No, quiero modificar el acuerdo— aclaró ella, viéndolo fruncir el ceño con desconcierto. —Quiero saber de ti, de quien eres realmente— solicitó dulcemente, viéndolo a los ojos.
—Eso no es un problema, no me molesta hablar de ello— sosegó el Uchiha, sonriendo ante su curiosidad. —Deja que empiece por el principio— meditó por un instante. —Nací en Chicago en 1896, con el nombre de Itachi Ishikawa, hijo de un hombre del mismo nombre y su esposa, Eshima...— inició calmada y pausadamente, sintetizando toda su existencia humana en aquellas palabras.
No había usado el nombre de Itachi Ishikawa desde alrededor de un siglo, más concretamente de 1942—había pretendido enlistarse en la guerra solo de nombre para que, legalmente, fuera dado por muerto y pudiera usar otra identidad—habiendo llevado una existencia relativamente humana y cómoda, no tan diferente de Itachi Uchiha, el hombre que era actualmente, el "hijo" de Fugaku y Mikoto Uchiha, "hermano" de Sasuke y Sai, así como "hermano adoptivo" de Sakura e Ino…había pasado tanto tiempo desde que había sido Itachi Ishikawa, esperaba que Izumi no se decepcionara por el contraste con el hombre que era hoy, lo último que deseaba era decepcionarla, más de lo que había hecho. Izumi conocía a Itachi Uchiha, era su compañero de universidad—a la cual debería regresar el lunes tan pronto como se sintiera lo suficientemente bien, siendo apenas viernes por la tarde, e Itachi había faltado a clases ese día solo para estar con ella cuando le dieran el alta y acompañarla a casa, conduciendo por horas y a una velocidad humana—; pero a Itachi Ishikawa…no, no conocía a ese joven de veintidós años, humano, que había nacido hace más de un siglo y vivido todo tipo de experiencias, curiosidades, maravillas y misterios que ella deseaba conocer por su testimonio de primera mano, observando al Uchiha con ojos fascinados mientras escuchaba su relato, diciéndose que al conocer al hombre detrás de la mítica criatura que tenía delante, podría dejar de sentir el temor y la comparativa oscura de asociarlo con Fudo, queriendo distanciarse de ello.
Quería conocerlo de verdad.
1914/Illinois, Chicago
Itachi Ishikawa nació en 1896, hijo de Itachi Ishikawa I y su esposa Eshima Takahashi, creció en Illinois, Chicago, como todos los miembros de su familia antes que él, en la clase media; su padre era abogado y su madre ama de casa, tenían una situación económica muy buena e Itachi pudo crecer rodeado de privilegios, como la mejor educación en las escuelas privadas, lecciones de música y visitas constantes a museos, bibliotecas y demás, siendo ya todo un erudito a los diez años. Itachi adoraba a su madre y no había cosa alguna que le negara y viceversa, mientras que su relación con su progenitor era complicada; Itachi se consideraba a sí mismo un artista y pensador, disfrutaba de componer música y aunque su padre lo respetaba y alentaba eso, siempre estaba sumergido en su trabajo, parecía esperar mucho de él, pero jamás le explicaba cómo cumplir con ninguna de esas expectativas. Itachi cumplió dieciocho años en 1914, y aunque su padre no intentó presentarle las relaciones con el sexo opuesto, el joven caballero las aprendió por su cuenta, teniendo un cercano grupo de…amigas, de su clase y que se encontraron ofreciéndole el presentarle el incursionar en esa materia sin que él lo pidiera siquiera, lo cual lo tomó por sorpresa, y más que ninguna de ellas reclamara a posteriori una promesa de matrimonio, pues en su mente lo más alto a lo que un hombre de su edad podía aspirar—siendo un pianista consumado—era una unión por amor, y luego formar una familia, pero la oportunidad apropiada no se presentó a él, que se volcó a sus estudios.
1914 fue un año especial; Itachi intentó concentrarse en su futuro como pianista, sus profesores siempre lo instaban a ello, pero no pudo evitar tener su atención dividida, leía sobre la Gran Guerra—ya la llamaban así—que asolaba Europa en los periódicos, ya siendo una realidad, habían transcurrido alrededor de 30 años desde el último gran conflicto Europeo y aunque Estados Unidos continuaba recuperándose de la guerra de Secesión hace más de cuarenta años, la visión idealista de una guerra atraía a muchos sin importar su edad, pero en especial a los más jóvenes. Estados Unidos aún no se involucraba de lleno en el conflicto, este era demasiado reciente—se había declarado el año anterior, pero apenas ahora había interferencia y combates reales—y el país tenía una soterrada política aislacionista, siempre había sido así, pero la idea de pelear por algo más grande que él se grabó a fuego en la mente del joven Ishikawa, y el sermón religioso de cada domingo en la iglesia no ayudaba, las palabras en latín decían; Dulce et Decorum Est Pro Patria Mori; Dulce y Honorable es Morir por la Patria. Cuando el RMS Lusitania—un barco inglés—se hundió con más de 100 estadounidenses a bordo por un torpedo alemán un año después, en 1915, la opinión pública comenzó a cambiar, estadounidenses inocentes estaban muriendo en una guerra que tenía lugar en Europa, pero se insistió en la neutralidad, y aunque Itachi se enamoró de la vida idealista de un soldado, no pudo enlistarse, apenas y tenía dieciocho años, y cumplió 19 ese año.
La edad estándar para que un hombre se alistara en lugares tan conocidos como la Academia Militar de West Point en Nueva York—donde se preparaba ya a los soldados para la guerra—, era de veinte años o veintiuno más exactamente, cuando se debía pasar por un examen médico y físico muy estricto que aprobara su capacidad para sostener un arma; pero aunque lo deseara de todo corazón y el vivir por una causa más grande—el sueño de cualquiera—, los padres de Itachi pertenecían a la clase media, y le imposibilitaron dejarlo todo y partir a la guerra que tenía lugar en Europa. El refugio de Itachi en esos primeros años y meses de guerra fueron las notas musicales que componía al piano, intentando sosegar su mente joven, impetuosa y temeraria, y los libros, devoraba las novelas una tras otra y luego se lanzó a los libros de historia, intentando entender el lugar que ocupaba en el panorama mundial, ambicionando tanto pese a ser tan joven, pero al mismo tiempo sintiendo miedo y nervios, deseaba entender el propósito por el que vivía, pero al mismo tiempo quería ser cobarde, no quería pelear, deseaba quedarse en Illinois para siempre, encontrar a su otra mitad, casarse, formar una familia y ver los años pasar con tranquilidad. Pero, ¿Era una meta realista? Ni siquiera lo sabía, solo que todos a su alrededor no paraban de hablar de la guerra, el patriotismo rebosaba e Itachi se vio envuelto por ello, pero calló su opinión a menos que sus padres estuvieran de acuerdo con ello—su padre, mas su madre no—, y así comenzaron a pasar los años…
Dos Años Después, 1917
Cuando Estados Unidos se unió a la Gran Guerra Europea en 1917, Itachi ya contaba con 21 años, pero no tuvo ocasión de enlistarse e ir a la guerra como deseaba, el primer en ser reclamado por ser un hombre mayor fue su padre e Itachi se quedó en casa, protegiendo a su madre que le rogó desesperadamente que no fuera, que no la dejara sola, e Itachi no tuvo el corazón para discutir con ella, pero el paso de los meses y las nulas noticias de parte de su padre lo hicieron sentir nervioso, le hicieron sentir que no lograba quedándose en casa y más cuando muchos de sus amigos o vecinos—algunos menores que él—, mentían sobre su edad con tal de enlistarse. Esa mañana y como todos los días, Itachi se hallaba sentado a la mesa del desayuno junto a su madre, a quien ayudó a servir la comida, saliendo a buscar el periódico y regresando solo para enfurruñarse al leer las novedades de la guerra en la primera plana, llevándose una mano a las sienes y pidiendo paciencia, queriendo tanto marcar una diferencia y sentir útil si se enlistaba en lugar de quedándose en casa, Pero, ¿Qué estaba haciendo? Se sentía innecesariamente frugal, delicado, afeminado, relegado al puesto de las mujeres en su tiempo, no pudiendo hacer nada más que dejarse llevar por el tedio, ¿Cómo era eso una opción? Eshima observó a su hijo por el rabillo del ojo mientras terminaba de servir sus dos tazas de café, esperando a que él rompiera el silencio, esperando poder sosegar sus inquietudes.
—Continúan reclutando, madre— comentó Itachi, dejando el periódico sobre la mesa.
—Sí, estoy muy consciente de eso, Itachi— asintió Eshima dejando la tetera sobre la mesa. —¿Y?— inquirió, esperando que él profundizara en ello.
—Pues, fue bastante malo que no me uniera cuando era voluntario, como sí hizo mi padre— señaló el Ishikawa como si fuera evidente, y lo era para él.
—Itachi, esta no es una guerra como crees— negó su progenitora, no necesitando saber de guerra para saberlo. —No sé parece a ninguna guerra que se haya visto...— los rumores que oía eran espantosos, como salidos de una pesadilla.
—¡No me interesa!, ¡Debería estar peleando!— insistió el azabache con impotencia, alzando la voz y deseando hacer algo.
—No es pelear sino ir al matadero, ¿Eso es lo que quieres?— acalló ella sosteniéndole la mirada. —Morirías por nada, ya es bastante malo que tu padre se halla enlistado, apenas y sabiendo algo de la guerra, siendo un completo estúpido— desdeñó sin titubeos.
Eshima se arrepintió de sus palabras de inmediato, no quería hablar de e esa forma ni mucho menos hacer que su hijo pensara mal de su padre; Itachi y ella se habían casado siendo muy jóvenes, una de tantas uniones acordadas por sus padres, lo normal en la clase media, pero ambos se habían enamorado pese a sus dispares papeles—él abogado, ella ama de casa y él ahora soldado aunque a le disgustara el que más la idea de ser viuda—y eran felices, pero esta nueva era, este nuevo siglo, sus cambios y la guerra que ahora amenazaba con destruirlo todo no eran del agrado de la matriarca Ishikawa. Preguntándose cómo seguía teniendo esperanza en que su madre entendiera su forma de pensar, Itachi se levantó de la mesa y acercó a los ventanales, cruzando los brazos sobre su pecho mientras negaba en silencio, entendiendo las razones de su padre para haberse enlistado, ambos podían tener muy poco o nada en común, pero su padre había entendido lo mismo que él sentía en su interior, que el mundo estaba cambiando y o seguían la corriente que provenía de Europa o pretendían ser ajenos a todo y vivían en una burbuja; siendo tan joven, Itachi estaba en medio de ambas opciones, no sabiendo qué hacer y no recibiendo ninguna ayuda o guía tampoco. Suspirando sonoramente, Eshima se levantó de la mesa tras los pasos de su hijo, guardando inicialmente una distraía prudente, situando sus manos sobre sus hombros y rodeándolo hasta estar frente a él, igual que había hecho en sus años de infancia cada vez que se frustraba, y no deseando que se alejara.
—Aun eres muy joven, Itachi— recordó Eshima a su hijo, deseando anclarlo a la realidad.
—Ya tengo veintiún años, madre— refutó él encontrando su mirada con la suya. —Todos están mintiendo sobre tu edad para poder enlistarse, todos van al frente mientras que yo...— quedarse en casa haciendo nada solo le provocaba impotencia.
—Sé que quieres pelear, eso es un testimonio de tu carácter, y me enorgullece, pero este no es el momento de que pelees— interrumpió ella, acunando su rostro en sus manos. —Un día llegará tu momento, confía en mí, pero por ahora todo lo que puedo hacer es pedirte…suplicarte, que te quedes. Tu padre es un adulto, ir a la guerra fue su decisión y lo hizo sin contemplar el daño que le causaría a mi corazón— puede que ya estuviera muerto, ni siquiera podían saberlo. —Si él muere, tú serás el único futuro de esta familia, de nuestro apellido. Pero más que nada, tú lo eres todo para mí, hijo, y no podría vivir sabiendo que te deje ir a la guerra, que te perdí por mi estupidez— él era todo lo que ella tenía, no podía perderlo. —Por favor, quédate, no vayas— rogó con la voz quebrada.
—Pero, madre, es mi deber…— volvió a insistir Itachi, entendiendo su sentir, pero no pudiendo desertar de su responsabilidad si la guerra continuaba.
—Habrá otras guerras— obvió Eshima, habiendo crecido oyendo de ello. —Enlístate para la siguiente, no ahora en que se sabe tan poco— si había otra guerra a futuro, ya sería un adulto, no un joven como ahora. —Por favor, por mí— insistió incansablemente.
—Está bien, madre— asintió él finalmente con un suspiro cansado, viéndola sonreír.
Para sosegar a su madre, Itachi envolvió sus brazos alrededor de ella y la atrajo en un cálido abrazo; lo supiera entonces o no, su madre tenía razón al impedirle ir a la guerra, pues esta continuó durante todo 1917, cuando Estados Unidos oficialmente se unió al gran conflicto europeo, pero finalmente en Noviembre de 1918 se firmó un armisticio que puso fin al conflicto, al menos temporalmente en lo que acordaba la paz de los victoriosos Estados Unidos, Francia, Inglaterra e Italia contra los derrotados Alemania, Austria y Turquía. Los soldados de los bandos victoriosos estaban felices, la guerra había causado suficiente muerte, pesar y dolor a todos por los seis años que ya había durado, pero la sensación de júbilo duraría poco; rotos, deformados, traumados, quemados y destruidos, cientos y cientos de hombres de ambos bandos—victoriosos o derrotados—tuvieron que volver a sus vidas de antes, imposibilitados, amputados y a ello pronto se sumó una pandemia como no había conocido el mundo desde la edad media. Años en trincheras, en condiciones inhumanas, rodeados de ratas, suciedad y podredumbre, desataron la peor pandemia desde la Peste Negra, y el virus permaneció en los cuerpos de los soldados que fueron enviados de regreso a sus países y no repararon en la condena que llevaban hasta que esta se adueñó de ellos, de sus esposas, de sus hijos y de su país, iniciando otra guerra, una silenciosa y que no distinguía a inocentes de culpables.
Era la Gripe Española.
Diciembre de 1918/Illinois, Chicago
La Gran Guerra había sido lo peor que el siglo XX había visto, y apenas era el inicio, lo siguiente en devastar a Europa y el mundo fue la Gripe Española, una nueva pandemia surgida durante el final de la guerra, pero en la que nadie reparó hasta que tuvo lugar el cese al fuego y entonces ya era tarde para hacer algo al respecto. La epidemia de influenza de 1918 tuve efectos más severos y duraderos que cualquier otra gripe que se hubiera visto hasta entonces; había fiebre muy alta, tos, acumulación de líquido en los pulmones, la piel se tornaba pálida hasta tornarse casi azul, como la de un cadáver, había una gran dificultad para respirar y los pacientes más severos comenzaban a perder el cabello, era un estado de debilidad absoluta del que no parecía haber escape, y la muerte podía suceder en cuestión de horas, días o semanas. El padre Itachi Ishikawa regresó enfermo del frente y ni siquiera lo sabía; contagió a su esposa Eshima, quien mostró síntomas al comenzar a visitarlo en el hospital, por lo que fue internada también y su hijo enfermó casi al mismo tiempo, solo que su caso fue más agudo, su juventud no parecía bastar para salvarlo y la condición de la matriarca Ishikawa empeoró cuando su esposo falleció, pareciendo que la misma sombra oscura se alargaba sobre su adorado hijo. Fue en este contexto, que la atención de Eshima se enfocó en un médico en particular del hospital, a quien ella veía como el más amable y la única salvación para su hijo, la única razón que le quedaba para vivir, sabiendo que solo él podía salvarlo.
El panorama de otra guerra le era indiferente a Fugaku Uchiha; había sido médico durante la Guerra de Independencia Americana, y durante la Guerra de Secesión en el Bando de la Unión; se había radicado en múltiples ciudades cercanas a Illinois desde inicios del siglo XX, un lugar encantador para vivir, trabajaba en el Hospital Memorial Northwestern Memorial antes de que la guerra terminara, y estuvo en primera línea cuidando a los primeros pacientes de la pandemia llamada por todos como "Gripe Española". Los días parecían mezclarse entre sí como su rutina de trabajar en turnos de catorce horas diarias, regresando a casa para parecer humano, continuando con sus estudios y mejorando continuamente sus técnicas, preguntándose qué habría pasado con la chica conocida como Mikoto Sagara a quien había atendido en Ohio en 1910, y quien le había sido imposible de olvidar; había esperado que la rutina de cuidar de otros durante la guerra lo hiciera olvidar, pero no había sido así, estaba claro que se había enamorado, aunque le había tomado 300 años experimentarlo de verdad. La Gripe Española lo tomó por sorpresa, había visto brotes de gripe y virus antes, pero nunca una epidemia desde el siglo XVII; casi todos sus pacientes morían sin importar su edad, género, creencias…y él no tuvo reparos en quedarse más horas con el propósito de ayudar, y a nadie le extrañó, los médicos y enfermeras estaban sobrecargados de trabajo y también enfermaban.
—Doctor...— llamó una paciente en la sala que el Uchiha visitaba, y a quien se acercó pronto. —Por favor, salve a mi Itachi, es todo lo que tengo— rogó con casi un hilo de voz.
—Haré todo lo que pueda, se lo prometo— aseguró Fugaku, guardando las distancias por apariencia y siendo sincero en sus palabras.
—Solo usted puede ayudarlo, por favor— suplicó Eshima, estando convencida de que aquel hombre de alma noble era la salvación para su hijo.
Fugaku estuvo a punto de preguntar a la mujer de qué hablaba, pero Eshima tosió agotada y volvió a caer en la inconsciencia, respirando débilmente, tanto que, por su experiencia, Fugaku vaticino que se encontraba en sus últimas horas de vida, él deseó quedarse a su lado y acompañarla hasta que muriera, pero ya había trabajado durante diecinueve horas ese día y debía retirarse a casa o sus colegas de trabajo sospecharían aún más de lo que ya lo hacían, por lo que se marchó contra sus deseos de quedarse y ayudar. Ser inmune a la enfermedad no dio ningún consuelo a Fugaku, a ojos de terceros le permitía ayudar, pero ser tan distante de la añorada mortalidad humana era un tormento para él, le recordaba más que nunca lo diferente que era, que no era un humano y ello ensombreció sus días, aunque se empeñó en concentrarse más en lo que podía hacer, que en lo diferente que era a los demás por ello. Las palabras de Eshima Ishikawa resonaron en la mente de Fugaku mientras estaba en casa, preguntándose exactamente cómo podía salvar a Itachi Ishikawa, porque aquella mujer confiaba tanto en él como la última esperanza de su hijo, ¿Acaso…? No, nadie había descubierto lo que era en siglos, ¿Cómo podía haberlo hecho ella? Y aunque lo supiera, ¿Qué madre querría condenar a su hijo a semejante existencia? No, Eshima Ishikawa era solo una mujer moribunda, o muerta, según se enteró él al regresar al trabajo al día siguiente, intentando seguir con su rutina de siempre por horas y horas, visitando la habitación del joven Ishikawa.
—Reporte— solicitó Fugaku, pretendiendo relevar a la enfermera de turno en el pasillo.
—A Itachi Ishikawa no le queda mucho tiempo— anunció con su voz opacada por la mascarilla que cubría su rostro. —Es una pena, es un muchacho de solo veintidós años, pero pronto estará en paz— ya había perdido a sus padres por la epidemia.
—No podemos saberlo— desestimó el Uchiha, negándose a darlo por muerto aún.
—Sería un milagro si se recupera, doctor— obvió ella, no habiendo visto a nadie recuperarse luego de estar en el umbral de la muerte por tanto tiempo.
—Yo me ocuparé desde aquí, puede irse a casa— sosegó el pelicastaño con una ligera sonrisa ladina, habiendo visto a la joven mujer trabajar tanto como él.
Aliviada por aquel descanso, la enfermera inclinó respetuosamente la cabeza ante el doctor Uchiha y procedió a retirarse, en tanto Fugaku aguardaba hasta que el pasillo estuviera en solitario para ingresar en la habitación; la condición del joven Itachi Ishikawa era tan mala como la de los pacientes que habían compartido habitación con él, pero ahora que todos estos habían muerto, tenía la habitación para él solo. El diagnóstico de Itachi Ishikawa no había sido alentador desde el principio; se había debilitado desde antes que su madre, en cuestión de días y apenas probaba comida, respirar le era dificultoso y pese a ser tan joven, Fugaku había vaticinado que apenas viviría una semana, pero el médico en su interior se negaba a renunciar, no quería que alguien tan joven muriera con toda la vida por delante, no era justo, tenía solo veintidós años; tres menos de los que tendría Mikoto Sagara a quien él no podía apartar de sus pensamientos. Cuando Fugaku ingresó en la habitación, cerró la puerta a su espalda, observando a Itachi, quien yacía inmóvil y recostado en la cama, apenas y respirando—él podía escuchar los débiles latidos de su corazón—, murmurando entre sueños, delirando a causa de la fiebre que no lo abandonaba desde hace semanas; sabiéndose inmune, Fugaku se acercó a la cama para sentarse, observando de cerca al moribundo joven, no sabía si merecía la pena convertir a Itachi Ishikawa, a su mente venía Fudo Imaruoka, que se había alejado completamente de él pese a haberlo convertido con intención de compartir la inmortalidad.
Itachi podría rechazar la inmortalidad y odiarlo, Fugaku lo entendería, no tenía por qué aceptar convertirse en un monstruo…No, se dijo Fugaku, Itachi no tenía por qué ser como Fudo, podía beneficiarse de la nueva vida que él podía darle, podía hacer el bien con ella e incluso podía disfrutarla, y la sola esperanza hizo que Fugaku se convenciera de actuar, inclinándose lentamente sobre el moribundo joven, enfocado enteramente en su yugular, siendo rápido en morder y cortar con sus colmillos para dejar fluir su ponzoña en su torrente, tan solo bastando una breve pero certera mordida antes de alejarse. Fugaku se retiró velozmente, apenas y habiendo probado la sangre el joven Ishikawa, agradeciendo su autocontrol y limpiándose los restos de los labios, observando al debilitado joven que era presa del mayor dolor, agradeciendo su debilidad y que le impidió gritar, Fugaku recordaba perfectamente el dolor y no necesitaba empatizar para recordar lo desgarrador que había sido, pero él no había tenido a nadie para ayudarlo a pasar por el tormento, mientras que él permaneció junto a Itachi, agradeciendo tener turno aquella noche y cubrir aquel lugar, así nadie sabría lo que había hecho. Fugaku no se movió del lado de Itachi Ishikawa por las próximas horas, recordando exactamente cuánto tomaba el veneno en recorrer el cuerpo de un humano, sosegándose cuando el dolor del joven pareció comenzar a desvanecerse y con ello la debilidad exterior que este había mostrado por semanas, pareciendo ahora más vivo que nunca, aunque ello le costó el latir de su corazón.
Todo era una lenta agonía para Itachi, casi podía sentir como cada latido parecía ser el último y como cada respiración le costaba más y más…pero, de pronto todo cambió, se trataba de un agudo dolor que comenzaba en el costado derecho de su cuello y que pronto se extendió por sus venas como fuego incandescente, no había nada con lo que compararlo, era doloroso como ninguna cosa que hubiera sentido antes y lo sumergió en una agonía peor que la que había experimentado hasta ese momento, Itachi deseó gritar desesperadamente, pero se encontró imposibilitado, no tenía fuerza para nada y a la vez mucha fuerza estaba naciendo en su interior, pero no entendía cómo. Itachi sintió el dolor recorrer cada parte de su cuerpo de forma tan específica que casi sintió que sabía cómo era su propia anatomía, desde las venas a los huesos y músculos, algo en lo que nunca antes había reparado, pero apenas comprendió aquello, un nuevo dolor lo recorrió, pero era diferente, se concentraba en su garganta como un ardor, como fuego caliente, y enviaba pulsante dolor por todo su cuerpo, dolor que lo hizo abrir los ojos. Al realizar esta acción, Itachi despertó en un mundo diferente, podía ver cada grieta en las paredes, los detalles del enyesado y pintura, la textura del cristal en la entrada, las astillas en la madera, escuchaba hasta los más lejanos y diminutos pasos, sentía los movimientos de hormigas, arañas o el vuelo de moscas, pero nada le impidió enfocarse en el hombre sentado frente a él en la cama, un rostro muy familiar para el Ishikawa.
—Itachi— llamó Fugaku al mismo tiempo que el joven Ishikawa abría los ojos. —Está bien, tranquilízate— sosegó, como si advirtiera sus turbulentos pensamientos.
—Doctor Uchiha— reconoció Itachi profundamente extrañado, sentándose sobre la cama.
—Sé que probablemente tengas muchas preguntas sobre lo que te pasó y tenemos mucho tiempo para contestarlas— inició el Uchiha, adelantándose al sentir del chico, —pero tienes sed, ¿No es así?— se anticipó, viendo al joven asentir para sí.
—Sí, necesito agua— aceptó el Ishikawa, suponiendo que ese era el ardor que sentía.
—Me temo no tienes sed de agua— difirió el pelicastaño, viendo al chico fruncir el ceño con extrañeza. —El dolor que experimentaste fue por mí, tuve que transformarte para salvarte— intentó explicar, teniendo sumo cuidado con sus palabras.
—¿Transformarme?— repitió el azabache extrañado, pero a la vez anticipándose a ello.
—En un vampiro— completó Fugaku, viendo la sorpresa en los ojos del chico, mas no su aceptación. —Sé que la idea parece extraña, una completa locura...— intentó ser claro con sus palabras y no confundir al chico, no queriendo que se asustara.
—Le creo— interrumpió Itachi para sorpresa del doctor Uchiha. —No sé cómo...pero sé que me está diciendo la verdad— casi podía leer los pensamientos en su mente.
—Calmemos la sensación en tu garganta entonces— invitó el doctor Uchiha, levantándose lentamente de la cama, midiendo cada movimiento.
Recordando lo torpe que había sido al despertar convertido en vampiro Fugaku realizó cada acción con medido cuidado para que Itachi no destruyera nada por error, sintiéndose aliviado cuando esto pareció ser fácil para el chico, y procediendo a abrir las ventanas que sabía daban vista del patio exterior y el bosque colindante, y que no había guardias a esa hora y por la epidemia como para asegurarse que nadie saliera; Fugaku fue el primero en cruzar el umbral velozmente e Itachi no dudo en seguirlo. Lo que Itachi sintió fue inseguridad, no tenía idea de que estaba haciendo exactamente, pero no pensó en voltear, no albergaba dudas, sino que en su lugar siguió al doctor Uchiha a quien ya conocía desde que su padre había estado internado bajo su cuidado, siguiéndolo hasta internarse en el bosque, esbozando una irrefrenable sonrisa al percibir tantos sonidos diferentes, tantos olores, al distinguir tantos movimientos…Vampiros, parecía imposible, Itachi había crecido escuchando sobre los mitos, pero algo en la mente del doctor Uchiha, fácil de leer de forma extraña, lo había hecho creer que era verdad, aunque no entendía que. Mientras se internaban en el bosque en busca de algo que calmara su sed, el doctor Uchiha la explicó lo que harían, le explicó que él no se alimentaba de sangre humana sino animal, y que le enseñaría a hacerlo también, lo que el Ishikawa no dudo en aceptar, más cuando el doctor le habló de la última voluntad de su madre, haciéndole saber a Itachi que ahora estaba solo, que no tenía nada ni a nadie…excepto al doctor Uchiha.
Ambos se detuvieron en un claro, prestando atención a cada sonido, Itachi podía anticiparse a lo que sea que el doctor Uchiha fuera a decir, como si pudiera leer su mente y ello lo hizo sonreír ladinamente, siguiendo el ruido de un arroyo cercano y teniendo cuidado del menor de sus pasos, acechando al inofensivo ciervo que bebía de este, abalanzándose sobre su cuello antes de que este pensase siquiera en escapar y drenando hasta la última gota de su sangre. Todo sucedió demasiado rápido, antes de que Itachi tuviera claro lo que había hecho, sintiendo el preciado líquido inundar su garganta y calmar el dolor que había sentido, volviendo la mirada hacia el doctor Uchiha a quien sintió acercarse, siéndolo asentir y felicitarlo en silencio, aunque Itachi pudo leer sus pensamientos y sentir el júbilo ante su veloz aprendizaje. Después de esa primera cacería, Itachi regresó al hospital, aparentó normalidad y fue dado de alta en cuestión de días, y aunque el doctor Uchiha lo ayudó a volver a su vida de antes, en menos de una semana Itachi se mudó con él; su madre había muerto, su padre había muerto, nunca volvería a tener una familia real, pero el doctor Uchiha se volvió la figura paterna que había necesitado durante toda su vida, estaba ahí para animarlo, alentarlo y apoyarlo en todo, y a su propio modo ambos comenzaron a vivir como padre e hijo, la inmortalidad y extraña soledad que padecían los hizo unirse, y ello hizo que su nueva vida fuera más hogareña, como una familia. Hasta que Mikoto se unió a ellos tres años después…
Presente/Residencia Yamamoto, Forks
Escuchando el relato de Itachi hasta que este llegase a su fin, Izumi no pudo evitar sentirse todavía más fascinada por él, saber que había vivido el turbulento inicio del siglo pasado era cosa, pero escucharlo de primera mano, sus experiencias, sus creencias, que él desnudara su alma y quien era realmente ante ella la conmovió y sobrecogió enormemente, le permitió ver realmente al hombre que había bajo el exterior perfectamente estoico y reservado de un caballero atemporal, pero que ahora sabía era un perfecto caballero del siglo XX. Aficionada a la historia, sus ires y venires, Izumi había estudiado sobre la Gripe Española tanta como sobre la Peste Negra, pero no podía imaginarse cómo había sido para Itachi padecerla, perder a sus padres por ello y luego despertar en un mundo completamente diferente, que conocía, pero del que al mismo tiempo ya no formaba parte o no como antes al menos; habría sido devastador que no hubiera contado con alguien como Fugaku, verdaderamente él se había convertido en su padre, no solo por estar ahí para él como tal, sino teniendo en cuenta lo pésima que había sido su figura paterna original y a quien debía su nombre. Itachi aguardó en silencio por varios segundos, apenas y observando a Izumi por el rabillo del ojo, diciéndose que, de ser humano, su corazón latiría desbocado, le sudarían las manos y temblaría ligeramente, deseando tanto agradarle, no deseando ser un monstruo a sus ojos, pero diciéndose mentalmente que era lo menos a lo que podía aspirar, era su realidad después de todo.
—¿Alguien debe estar muriéndose como te sucedió a ti, para ser vampiro?— preguntó Izumi, aludiendo su situación antes de que Fugaku lo convirtiera.
—No, por ejemplo; Sasuke fue convertido por las razones egoístas de alguien en el siglo XIX y Sakura despertó sola en medio de la nada en 1920— señaló Itachi, comprendiendo que ella pensara así. —Solo Fugaku convertiría a alguien que no tuviera otra opción; primero me convirtió a mí, luego a Mikoto en 1921, y se casaron poco después— apenas y pudo frenar la sonrisa que se adueñó de sus labios por recordarlo.
—Entonces ella no es tu madre— mas bien afirmó ella, esbozando una ligera sonrisa.
—No, pero es lo más parecido que he tenido a una desde que mi verdadera madre falleció en 1918— aclaró él, orgulloso de poder llamar madre a Mikoto, y a ella le encantaba.
—Ya sé de tu padre, ya sé de tu madre, de Sakura, de Sasuke...— nombró la Yamamoto, emocionada a la par que genuinamente interesada. —¿Qué hay de Ino y Sai?— inquirió, esperando que su curiosidad no fuera un problema.
—Fugaku convirtió a Ino en los años 30, la encontró moribunda en un callejón, con las venas abiertas— resumió el Uchiha, diciéndose que Ino no tenía problema en que él dijera eso, pero no más. —Y luego ella convirtió a Sai en 1935, lo salvó de morir— no profundizó en los detalles, porque ello requeriría consentimiento de Ino y Sai.
Itachi no pudo evitar sentirse ligeramente incómodo hablando de los demás miembros de su familia, no porque quisiera o pretendiera guardarle secretos a Izumi, habían hecho un acuerdo verbal por una razón y él honraba su palabra como caballero del siglo XX que era, ya no teniendo porque ocultar nada de ello con Izumi; pero, necesitaba pensar mejor cómo hablar de ellos con Izumi, en lugar de hacer meras síntesis al respecto, omitiendo ciertos detalles de sus vidas a menos que estos quisieran que los contara, pero debería consultarlos primero e Itachi ya podía adivinar que Ino querría que se callara completamente, siendo un tema muy sensible para ella. Todo era aterrador, muchísimo, pero al mismo tiempo también fascinante, creer conocer el mundo y luego enterarse de que no era en absoluto como se creía hacia que el suelo desapareciera bajos los pies de cualquiera e Izumi se sentía así, era natural, pero al mismo que sentía temor, también sentía mucha emoción, el mundo era un hervidero de cosas que no entendía, pero que deseaba conocer, investigar, indagar, mas teniendo tantas historias tan diversas y provenientes de personas tan distintas…Mas, rememorando la mordida de Fudo y que reposaba en su muñeca derecha, aunque la cicatriz o contorno de la mordida no fuera visible, Izumi sintió un escalofrío, se preguntó exactamente qué habría pasado si Itachi si no la hubiera salvado, le aterró pensar en ser un vampiro, y deseó saber más de cómo se podía convertir a un humano en uno, por fascinación y para evitar que pasara.
—¿Y para convertir a alguien solo se debe morder?, ¿Cómo Fudo hizo conmigo?— inquirió Izumi, tragando saliva a causa de la ansiedad que sentía.
—En esencia sí, por el contacto de la ponzoña o veneno en la boca del vampiro con la sangre humana, pero yo te quite de encima a Fudo, de otro modo te habría drenado toda la sangre— diferenció Itachi observándola atentamente, intentando sosegar sus inquietudes. —Al morder a un humano, comienza una especie de frenesí por el contacto y sabor de la sangre humana, es casi imposible resistirse— explicó, hablando por experiencia propia. —Fugaku tiene un control excepcional y en gran parte se debe a que nunca ha bebido sangre humana— solo la había probado para convertir a alguien.
—Pero tú lo hiciste, no bebiste mi sangre— diferenció ella, recordándolo muy bien.
—¿Lo recuerdas?— afirmó él, enormemente sorprendido por sus palabras.
—Es imposible olvidar a alguien succionándote la sangre— obvió la Yamamoto con sarcasmo, lo que los hizo sonreír a ambos. —¿Por qué lo hiciste?— preguntó, deseando poder leer su mente como él quería leer la suya.
—No quería que fueras un monstruo como yo, ni quería que murieras— contestó el Uchiha con total honestidad, debiéndole eso más que nada.
—Gracias por eso, de verdad— asintió la pelicastaña, conmovida por su empatía. —¿Es por Fugaku que no te alimentas de seres humanos?— suponía que el doctor Uchiha no lo obligaba a alimentarse de animales, pero no podía estar segura.
—No, es una decisión propia— aclaró el azabache con voz calmada a la par que muy seria. —No quiero ser un monstruo, o eso intento todo el tiempo— no podría tolerar existir de volver a errar tan desproporcionadamente.
No había sido un monstruo en 1918, cuando había despertado convertido en vampiro, porque inicialmente solo se había alimentado de animales como Fugaku le había enseñado y ello se había mantenido cuando Mikoto se había unido a ellos, ambos le habían enseñado a no sucumbir a la sed de sangre humana...pero, tras la luna de miel de la pareja, Itachi había escuchado cosas de otros vampiros cercanos a Fugaku, se había visto tentado a probar la sangre humana y había estado por su cuenta por un par de años, lo que lo había convertido en el individuo frustrado, molesto y en guerra consigo mismo; el hombre que era hoy o vampiro, era realmente un monstruo y sabía que Izumi tenía todas las razones del mundo para odiarlo, y él esperaba que lo hiciera. Mordiéndose el labio inferior, Izumi deseó romper el silencio que se gestó diciéndole a Itachi que no pensaba que fuera un monstruo, un monstruo no pensaba en los demás, simplemente hacía o tomaba lo que deseaba, como había hecho Fudo, el miedo que este le había hecho sentir aún se sentía en su interior, seguía teniendo problemas para dormir por las noches, pero las pesadillas ya no eran como antes, en medio de la bruma veía aparecer a Itachi y espantar todos esos demonios que ella no veía, pero a los que temía. Diciéndose que Itachi quizás no creería lo que ella pudiera decir, Izumi alargó una de sus manos y la situó sobre su brazo derecho, sorprendiéndolo y haciendo que volviera la mirada en su dirección, esbozando una sonrisa ladina y a la que ella correspondió.
No creía que él fuera un monstruo.
Dos Días Después
La pesadilla era muy vivida, tanto como cualquiera de las que Izumi hubiera tenido antes, se veía corriendo por su propia casa, por la planta alta, corriendo de algo que se movía demasiado rápido para distinguirlo, pero que el final siempre le rompía los huesos, la mordía y se alimentaba de ella, provocándole el mayor de los dolores que se pudiera imaginar…Los ojos de Izumi se abrieron y todo lo que distinguió fue bruma, el sueño seguía pesando sobre ella, impidiéndole distinguir o comprender del todo lo que tenía delante, moviéndose de forma torpe y lenta sobre la cama, alargando sus manos sobre el colchón para sentarse, agradeciendo que su lámpara de noche—que había dejado encendida con esa intención—iluminara lo suficiente la habitación para desvanecer los demonios que aún la acechaban. Sentándose torpemente sobre la cama, Izumi apoyó su espalda contra el respaldo, suspirando sonora y pesadamente, echándose el cabello—que llevaba suelto—hacía atrás, despejando su rostro, inspirando aire profundamente y dejándolo salir de sus pulmones con lentitud, contando mentalmente cada respiración, alargando sus manos hacia las sabanas, sintiendo el tacto de estas y diciéndose que todo estaba bien, un ejercicio que había hecho desde pequeña, pero que no le impidió notar algo, o a alguien. Como si se tratase de un guardián, pues era la comparativa más acertada, Itachi se hallaba de pie junto a su ventana, y él la había visitado ese día usando la misma ropa que lucía en ese momento. ¿Qué hacía ahí?
—¿Itachi?— reconoció la Yamamoto. —¿Qué estás haciendo aquí?— inquirió, carraspeando para aclararse la garganta.
—Vigilarte— contestó el Uchiha como si fuera obvio, se lo había prometido.
—¿Mientras duermo?— más bien afirmó ella, ligeramente divertida al mismo tiempo.
—Fudo te atacó cuando yo no estaba aquí— señaló él en su defensa. —No dejaré que te vuelva a ocurrir nada por mi negligencia— era su decisión protegerla en todo momento.
—Si te hace sentir mejor, no veo que lo ocurrido haya sido por tu negligencia— puntualizó Izumi, no queriendo que se culpara por lo que no debía. —¿Y no te molesta hacer esto?— preguntó, no habiéndosele ocurrido que haría algo así.
—Descuida— tranquilizó Itachi, no teniendo problema con ello. —Además, me es fascinante verte dormir— su humanidad le provocaba nostalgia y encanto a la vez.
—¿No babeo o sí?— consultó ella, sonrojándose de vergüenza ante la sola idea.
—No que haya notado— contestó él, esbozando una ligera sonrisa al imaginarlo.
—Dios...que vergüenza— la pelicastaña se cubrió el rostro con las manos, entre abochornada y riendo de nervios por lo mismo.
No se imaginaba siendo una visión poética de contemplar para nadie, y estuvo a punto de preguntar más al respecto a Itachi, pero prefirió no hacerlo; su padre y madre roncaban sonoramente desde que ella tenía memoria, y aunque ella no lo hacía—había compartido habitación con Utakata y sus amigos, y nadie se había dejado—, se sentía muy abochornada por ello, imaginando toda clase de escenarios en su mente. Ya que no podía leer la mente de Izumi, Itachi no podía saber qué imagen tenía la Yamamoto de sí misma en ese momento, pero él no tenía problema con ella, de hecho lo hacía sonreír a cada momento el haberla visto dormir y que luciera tan diferente de su día a día en la universidad desde que la conocía; usaba un pijama muy cómodo, pantalones anchos beige pálido de estampado escoces gris oscuro, una camiseta sin mangas más bien masculina, de cuello redondo y con las palabras "I Nee Fredom" de un brillante naranja, y su largo cabello castaño, ligeramente ondulado, se hallaba despeinado, aunque ella lo hubiera acomodado ligeramente al despertar como acto reflejo. En persona, en su día a día y en la universidad desde que él la conocía—y según había escuchado antes de eso—, Izumi siempre vestía como una dama (el concepto que él tenía de una dama), cómoda, pero al mismo tiempo elegante, con joyas, maquillada y llamando la atención, pero ver a la verdadera Izumi tenía un encanto que nadie podía negarle a Itachi, y dudaba que alguien fuera de su padre y madre la hubieran visto así, por lo que era un premio para él.
—¿Cómo entraste? Nos despedimos hace horas— inquirió Izumi, ahogando un bostezo.
—Por la ventana— contestó Itachi, viéndola parpadear de la incredulidad. —Suerte que no la dejas cerrada, y es peligroso, cualquiera puede entrar— juzgó, hablándole severamente con los más de 100 años que le llevaba de diferencia.
—¿Cómo tú?— bromeó ella, ante lo que el azabache le sostuvo la mirada. —¿Desde hace cuanto lo haces?— cuestionó con inevitable curiosidad.
—Desde que saliste del hospital— respondió él, sorprendiéndola todavía más. —Lo siento, debí decirte...— intentó disculparse, no queriendo incomodarla con su presencia.
—No, está bien— interrumpió la Yamamoto con una irrefrenable sonrisa. —Gracias, de verdad— no le bastaban las palabras para agradecerle.
—De nada— asintió el Uchiha, no esperando que ella le diera las gracias. —En ese caso, espero que no te moleste lo que hare en unas horas— aludió, viéndola arquear una ceja con curiosidad. —Estacione mi auto a un par de calles, te llevaré a la universidad— reveló, volviendo a tomarla por sorpresa.
—Oye, puedo conducir, no necesito chaperón— aclaró la pelicastaña, enorgulleciéndose de ser autosuficiente hasta ese momento de su vida.
—Izumi, si no lo hago yo, lo hará mi hermana, y créeme que Sakura no consideraría tu opinión— advirtió el azabache, ante lo que ella solo pudo aceptar. —Además, así estarás más protegida— no podían permitirse bajar la guardia.
—Está bien— accedió ella, sonriendo al imaginar ese escenario. —¿También me vigilaras en Seattle? Para que pregunte— se dijo al verlo sonreír ladinamente como respuesta.
Quizás sonaba raro y ella fuera la persona más rara del mundo por ello, pero Izumi sintió muchísimas tranquilidad por las palabras de Itachi, volviendo a recostarse lentamente sobre el colchón y dirigiéndole una ligera sonrisa; dormir sola le aterraba como si fuera una niña, por ello había dejado encendida su lámpara de noche, ni siquiera la presencia de su padre espantaba sus pesadillas, porque nadie podía ser como el monstruo que la había tocado, nadie era así de omnipotente dentro de lo que ella conocía…excepto Itachi. Él también era un vampiro, como lo había sido Fudo, pero no era un villano sediento de sangre humana ni disfrutaba de hacer sentir terror o pánico a otros, de ahí que ella se sintiera en paz, tranquila y protegida con su presencia, rememorando su historia y que él le había contado ese día, diciéndose que ahora sabía todo sobre ese hombre tan peculiar, maravilloso y amable, que era capaz de usar todo su arsenal de peligrosas habilidades solo para protegerla. Viendo a Izumi cerrar lentamente los ojos mientras lo observaba, volviendo a dormirse, Itachi volvió a esbozar una sonrisa ladina, encantándose con la forma en que su pecho ascendía y bajaba lentamente al respirar, los latidos de su corazón sonaban como música para su agudo sentido del oído y, aunque sonara tonto, Itachi mentalmente aprovechó la quietud de la noche y el estar al lado de la bella Yamamoto para idear una nueva melodía que tocar en su piano, diciéndose que quizás pronto hubiera confianza suficiente entre ambos para invitarla a escuchar…
Universidad de Seattle
Tal y como Itachi le había dicho antes de que volviera a dormirse, cuando Izumi despertó y se preparó para ir a la universidad, Itachi ingresó por la ventana de su habitación de nueva cuenta, ayudándola a bajar su equipaje para la semana y bolso, apresurándose en cargar esto en su auto y ayudándola bajar las escaleras, aprovechando que su padre se hallaba profundamente dormido, mas Izumi de todas formas le preparó un desayuno ligero y le dejó una nota sobre la mesa de la cocina antes de salir, casi entornando los ojos con divertimento cuando Itachi la cargó en brazos hasta su auto, colocándole el cinturón de seguridad y rodeando su auto a una velocidad inhumana—debido a la carencia de luz solar—, antes de subir y encender esté, comenzando su viaje. Itachi normalmente conduciría mucho más rápido, pero eligió hacerlo lentamente para que Izumi no se asustara, dirigiéndose de inmediato hacia el apartamento que ella compartía con sus amigas, ayudándola a bajar su equipaje del auto y subir hasta allí para acomodarlo todo, agradeciendo que sus amigas no estuvieran, aparentemente habían encontrado cómo llegar a Seattle sin ella desde que se había lesionado, y apenas todo estuvo en su lugar, Itachi volvió a ayudarla a bajar del edificio, subiendo nuevamente a su auto y finalmente dirigiéndose a la universidad; Itachi no necesitaba pasar por la casa que compartía con sus hermanos fuera de la ciudad durante la semana, tenía todo cuanto pudiera necesitar en ese momento, estacionando su auto donde siempre al llegar a la universidad.
Tan pronto como estacionó su auto, Itachi bajo y rodeo este para abrir la puerta a Izumi, ambos se volvieron el centro absoluto de atención para el gran cumulo de alumnos presentes en el estacionamiento fuera de la universidad, esperando a que sonara la campana que anunciara que las clases habían comenzado; Izumi apoyó su bota de yeso en el suelo primero y luego la bota de su pierna izquierda antes de erguirse con Itachi tomándola de la mano y ayudándola a caminar, vistiendo un abrigo verde ancho y una bufanda de colores verde, negro y amarillo alrededor de su cuello con una larga estola cayendo hacia el frente, un bolso negro colgando de su hombro derecho y jeans azul oscuro. A su lado, Itachi vestía una camiseta gris azulado de cuello redondo y que pasaba desapercibida bajo una chaqueta negra impermeable de cuello alto y cerrado, mangas ceñidas, jeans azul oscuro y botines negros, consolidando todo su aspecto general de hombre atractivo y llamativo con unas gafas de sol, así como la sonrisa ladina en su rostro al cerrar la puerta de su auto, comenzando a cruzar el estacionamiento y haciendo que la gente a su alrededor se hiciera a un lado y les permitiera pasar. Desde 1918, cuando había muerto como humano, Itachi había desdeñado actuar como humano, normalmente pretendía serlo hasta cierto punto, pero este día era la primera vez en un siglo que se tomaba la oportunidad de cruzar esa línea y pretender ser realmente humano, la vida social de Izumi en contraste con la suya resultaba contagiosa de adoptar.
—Todos nos están viendo— señaló Izumi en voz baja. —¿Seguro que esto no está mal?— inquirió, no queriendo causarle problemas ni a su familia.
—No todos nos están viendo, ellos no— sosegó Itachi aludiendo a un grupo en su camino…y que en ese momento volteo a verlos. —Okey, ahora sí nos están viendo— corrigió con una sonrisa ladina. —Estamos rompiendo todas las reglas; me voy al infierno de cualquier forma— se sentía aliviado al conocer su destino, en teoría.
—Que consuelo— secundó ella en casi un susurro, que solo él pudo escuchar.
Como una señal de cese al fuego o un empujón para que todos comenzaran con su rutina de siempre, la campana rompió con el extraño silencio que se gestó y todos se dirigieron entre tropiezos hacia el interior, muy embelesados con Izumi e Itachi inicialmente y quienes por su parte avanzaron más lentamente; Izumi tenía contemplado faltar a la primera clase e Itachi había insistido en hacer lo mismo para acompañarla, debía acudir a la oficina del director quien quería ponerla al corriente de las obligaciones que podría saltarse debido a su reciente periodo en el hospital y para darle la bienvenida otra vez. Los pasillos de la universidad fueron una gala de tropas, por así decirlo, no faltaron los curiosos que intentaron quedarse fuera de los salones de clases y verlos a Itachi y ella más de la cuenta, lo que los hizo sonreír distraídamente el uno al otro, muy cerca entre sí tanto porque Itachi la ayudaba a caminar como para detonar mas rumores, divertidos por ser el centro de atención de aquella forma en particular. Cuando Izumi se presentó en la oficina del director, acompañado de Itachi, el director no la aguardaba sola, sino que sus profesores principales también; todos fueron demasiado amables, tanto que Izumi se sonrojó o por lo menos sintió que lo había hecho, pero agradeció todos los trabajos de investigación e informes escritos que le solicitaron hacer para ponerse al corriente, agradeciendo tener tanto que hacer y soltando un suspiro de alivio al abandonar la oficina junto a Itachi casi al mismo tiempo que sonaba la campana del primer recreo.
La rutina le proveía de calma.
La primera clase había sido muy fácil, mas Itachi había tenido que separarse forzosamente de ella, teniendo que asistir a sus propias clases, pero Izumi se encontró siendo perfectamente capaz de caminar y valerse por sí misma como había dicho desde un principio, deteniéndose para guardar todos los deberes asignados en su casillero y caminando más lentamente de lo usual por el yeso en su pierna, pero eran pequeñeces que ella podía olvidar. Todos siguieron siendo muy amables con ella en las clases que tuvo durante la mañana, los profesores de sus clases ya habían hablado con ella y le recalcaron que podía tomarse todo con calma y acoplarse apenas se sintiera verdaderamente recuperada, pero Izumi era buena estudiando, disfrutaba de ello y presionarse mentalmente era un juego de niños, cumpliendo con cualquier actividad escrita que se realizará durante el periodo, y aunque no necesitase un chaperón, Izumi se encontró contando los minutos hasta que sonó la campana del almuerzo, porque así se reencontraría con Itachi. El Uchiha estaba aguardando por ella fuera del salón de clases y, como había hecho antes, la acompañó hasta su casillero para dejar sus pertenencias y luego la ayudó a caminar hasta el comedor, permaneciendo muy cerca de ella en todo momento, cargando con las bandejas con el almuerzo de ambos—él no necesitaba comer, pero si precisaba de aparentarlo—, consultándole si dirigirse hacia la mesa de sus amigos, pero Izumi prefirió que almorzaran en otra, separados para hablar.
—¿El resto de tu familia lee la mente como tú?— preguntó Izumi en un susurró tan pronto como ambos se sentaron.
—No, eso es solo mío— aclaró Itachi, no habiendo conocido a otro telépata desde que era inmortal. —Pero, por ejemplo; Sakura puede ver el futuro y Sasuke puede manipular las emociones de las personas— señaló, siendo sus dos hermanos los otros dos vampiros más prodigiosos que había conocido, nadie tenía sus dones.
—Apuesto a que Sakura me vio venir— sonrió la pelicastaña, pues la pelirosa siempre había sido muy amable y dulce con ella.
—De ser así, nunca me lo comento— difirió el azabache, no habiendo pensado en preguntarle eso a su hermana. —En realidad, sus visiones son subjetivas, porque el futuro puede cambiar, lo que en verdad ve son posibilidades— la misma Sakura no se declaraba una "vidente" ni nada, solo aceptaba ver cosas que podrían suceder a futuro.
—Entiendo— asintió ella pensativamente. —¿Y cómo se conocieron Sasuke y Sakura? Parecen muy unidos— eran muy diferentes y sin embargo tan perfectos juntos.
Los ojos de Izumi se desviaron hacia la mesa que siempre usaban los hermanos Uchiha, enfocándose en la feliz y discreta pareja que la ocupaba; Ino y Sai aún no la ocupaban también ya que acababan de ingresar en el comedor y se dirigieron hacia la fila del almuerzo, mientras que Sasuke y Sakura ocuparon su lugar en la mesa en ese momento e Itachi también volvió la mirada en su dirección, siguiendo la mirada de Izumi. Sakura pelirosa vestía una blusa color vino de cuello alto, sin mangas y que resaltaba su esbeltez así como el cinturón de sus pantalones de tela color negro, cerrando su atuendo con unos botines de tacón y su corto cabello rosado estaba peinado para estar ligeramente ondulado, resaltando unos pequeños pendientes de cristal en forma de lagrima; a su lado, Sasuke vestía una camisa gris oscuro con el cuello ligeramente desabotonado, pasando desapercibida bajo una chaqueta impermeable gris oscuro, casi negra, pantalones gris oscuro y botines negros, con su cabello azabache azulado ligeramente despeinado como de costumbre. La historia de Sasuke era quizás la más interesante de todas, junto con la de Sakura, pero quizás la más sangrienta y menos agradable de escuchar tan prontamente, por lo que Itachi decidió omitir detalles al respecto, así como para no incomodar a Sasuke quien podía escucharlos tan perfectamente como Sakura, aunque ella siempre disfrutaba oír que hablaran de ella, mas con lo entusiasmada que estaba por conocer a Izumi y que él se había encargado de postergar hasta ahora.
—Lo son, su relación es hermosa— asintió Itachi con una irrefrenable sonrisa. —Ambos llegaron a nosotros en los años 50; se conocieron en un restaurante de Filadelfia en 1948— el interés era evidente en los ojos de Izumi cuando volteó a verla. —Lo primero que Sakura vio al despertar como vampiro fue una visión de su futuro con Sasuke y estuvo buscándolo desde los años 20— la historia era conocida por todos en su familia.
—¿Por veintiocho años?— escuchar aquello sorprendió y helo a Izumi, sonaba casi como un cuento de hadas de los que había escuchado de niña.
—Y cuando Sasuke la vio, se embelesó con su alegría y el amor que sentía emanar de ella. Luego, ambos nos buscaron durante dos años hasta dar con nosotros, porque Sakura nos vio como una familia en sus visiones, y hemos estado juntos desde entonces— confirmó el azabache, igualmente encantado por tan romántica idea. —No sé qué habría pasado con Sakura sin sus visiones, si no hubiera visto a Sasuke ni a nosotros…probablemente habría sido una criatura salvaje, sin nadie para enseñarle lo que era ni cómo controlar su sed— apenas y susurró aquello, claramente algo que no debía saber nadie más.
—Es una suerte que aprendiera por su cuenta, que tenga su don, y que los tenga tanto a ustedes como a Sasuke— agradeció la pelicastaña mentalmente, no pudiendo imaginar a Sakura siendo de otra forma.
—Sasuke diría que él tuvo suerte de conocerla— señaló el Uchiha, conociendo bien los pensamientos de su hermano, que idolatraba a Sakura en todo momento. —No digas que dije eso, es muy reservado— agregó con tono bromista, como si fuera un secreto.
—Okey, no diré nada— prometió la Yamamoto con una divertida sonrisa ante la idea.
No era un secreto en su familia, todos simplemente omitían decirlo; Itachi era real a Fugaku quien lo había convertido y salvado de morir como su familia; Mikoto era leal a Fugaku porque lo amaba y era su esposa; Ino era leal a Fugaku en medio de su frustración por ser algo que no deseaba, porque le debía todo; Sai era leal a Ino, y si ella era leal a Fugaku él también lo era; Sakura había vivido por su cuenta hasta antes de conocer a la familia Uchiha, cualquiera comprendería que no fuera leal, pero lo era y mucho, tanto como si el mismo Fugaku la hubiera convertido o fuera su verdadero padre, pero Sasuke…él siempre estaba en el límite, no era leal a nadie más que a quien deseaba serlo, su principal lealtad estaba con Sakura a quien amaba con todo su corazón y estaba claro que solo había adoptado el estilo de vida de alimentarse de animales y permanecer con los Uchiha solo por causa de Sakura, porque eso es lo que ella deseaba y la hacía feliz. Los ojos de Izumi se dirigieron nuevamente a la feliz pareja, ambos olvidando completamente que existía un mundo más allá de ellos, incluso cuando Sai e Ino se les unieron a la mesa, ambos se entretenían hablando como si no hubiera nadie más y ello hizo sonreír a la Yamamoto, quien regresó su atención a Itachi, casi olvidándose de comer debido a su curiosidad y que él le recordó hacer en silencio, con una mirada, recordándose también hacer lo mismo, no queriendo llamar la atención, o más de lo que ya lo hacían ya que todos intentaban no quitarles los ojos de encima y escuchar su conversación.
—¿Hay muchos vampiros en el mundo?— inquirió Izumi, con mucha curiosidad.
—No tantos vampiros como humanos, por obvias razones, pero si hay muchos— sosegó Itachi, siendo una duda perfectamente común.—La mayoría vive como nómadas; Sasuke lo hizo por mucho tiempo antes de conocer a Sakura y ella llevó una existencia parecida antes de conocerlo— ambos tenían mucha experiencia en ello a diferencia del resto de la familia.—Los nuestros son muy territoriales y son contados los clanes o aquelarres que tienen tantos miembros como nosotros— los nómadas abundaban en el mundo.—Una excepción son nuestros primos de Alaska— agregó con una ligera sonrisa.
—Entonces son reales— comprendió la Yamamoto con una sonrisa.
—Sí, pero no somos primos realmente, mas nos consideramos como tal por nuestra larga amistad, y porque ellos tienen nuestros mismos hábitos vegetarianos— explicó el Uchiha, sonriendo ladinamente.
Para alguien como él, que había perdido hacía mucho tiempo a su familia verdadera, habían pocos placeres de los que disfrutar y, a decir verdad, la mayoría de los vampiros eran tan incivilizados, salvajes, sanguinarios y crueles que perdían su humanidad; Itachi se empeñaba en conservarla tanto como podía así como hacían Fugaku, Mikoto, Ino, Sai, Sasuke y Sakura, todos albergados pequeños pasatiempos mundanos de sus días de humanos o adquiriendo otros propios del tiempo en que vivían; Itachi el piano, Fugaku la investigación, Mikoto la decoración, Ino sus rituales de belleza, Sai sus exhibiciones de fuerza, Sasuke la guitarra y Sakura las compras o el canto. Su estilo de vida vegetariano, el no luchar para sobrevivir, no pelear por la comida como hacían otros vampiros era la razón de su humanidad, la mayoría de los vampiros que consumían sangre humana, en algún perdían su identidad, se convertían en animales o monstruos en toda regla, por ello era que a Sasuke—que había participado en la guerras del Sur—le costaba tanto parecer humano, mas al menos lo intentaba, en tanto otros como Fugaku, Ino nada les costaba ya que jamás habían probado la sangre humana; sus primos de Alaska vivían lejos de la civilización con la misma intención, sin presionarse a sí mismos a diferencia de como hacía la familia Uchiha. Todo era tan nuevo, tan llamativo, tan fascinante, era imposible para Izumi no sentirse encantada por tantos misterios, deseando saber más a cada momento, sonriendo a Itachi y continuando con su almuerzo. Ya habría tiempo para hablar…
PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 He regresado por partida doble, con las actualizaciones de "Caballeros del Zodiaco" y "Vesprada", las siguientes serán "Avatar: Guerra de Bandos", espero que luego "El Rey de Konoha" y por último "Dragon Ball: Guerreros Saiyajin" :3 Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, así como todos los dolores de cabeza que seguramente le doy, habiendo actualizado en agradecimiento a su apoyo incondicional), a LizzyMichaellis25 y userZiha (agradeciendo contar con su apoyo y aprobación, y dedicándoles esta historia por lo mismo), y a todos quienes siguen, leen o comentan esta y todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Flashbacks, Historias & Profundidad: En la trama original de "Crepúsculo", no habían flashbacks contemplados, ni siquiera en el libro "Sol de Media Noche", que relata los acontecimientos del primer libro desde la perspectiva de Edward, por lo que quise desarrollar un poco el pasado de Itachi, inspirándome en lo que se sabe, pero al mismo tiempo en la vida de los jóvenes de inicios del siglo XX, e inspirándome en la película "Bel Ami" donde tenemos una visión más profunda de un personaje de época interpretado por Robert Pattinson, y que es de sus mejores papeles. Los flashbacks, que ya comencé a presentar en capítulos anteriores, contando la historia de Fugaku, ahora la de Itachi y a futuro la de los demás personajes vampiros, permitirán el desarrollo de su personalidades, historias y permitirán empatizar con ellos, algo que no esta al acceso de nadie en los libros de Stephenie Meyer—ya que Edward, Bella & Jacob son el centro de todo, tristemente—, pero que yo si quise poner al alcance, por lo que habrán saltos temporales hacia el pasado en los capítulos que vendrán, así que no se sorprendan demasiado. También doy a Izumi una personalidad más humana en el sentido de que no sabe si confiar en Itachi al principio, porque es un vampiro como Fudo, quien la atacó, pero el tiempo que pasa con él y la oportunidad de conocerlo le permiten develar su verdadera identidad, al mismo tiempo que Itachi se maravilla por todo lo que Izumi es al conocer como es verdaderamente, ya habiéndose fascinado por todos los intereses que tienen en común, y aun hay mucho más por descubrir.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: un fic inspirado en un What If de la Dinastía Romanov, que aún no tiene título, "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
