—Esta es una adaptación de la saga literaria y de películas conocida como Crepúsculo o Twilight, escrita por Stephenie Meyer y en que pretendo corregir todo lo que yo creo que fueron errores argumentales, tratando de mantener la trama de la obra original, pero dando más profundidad a los personajes. La mayoría de los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, pero he creado personajes menores para incorporarlos y dar sentido al relato. Les sugiero oír "Hear You Scream" de Blackbriar para Izumi, "A White Demon Love Song" de The Killers para Itachi, "Animals" de Imagine Dragons para Utataka, "Eyes On Me" de Celine Dion para Sasuke & Sakura, "Liar" de Camila Cabello para Fugaku & Mikoto, "Young and Beautiful" de Lana del Rey para Ino & Sai, y "Decode" de Paramore para el contexto del capitulo.


Hablando honestamente, Izumi no había creído que extrañaría regresar a casa hasta que llegó el fin de semana; Itachi había sido maravilloso con ella, apenas y la dejaba sola, y cuando él no podía estar con ella, Izumi era escoltada por sus dos amigas Tamaki y Shinko como si fueran su séquito personal, tampoco podía realizar actividades deportivas hasta que le quitaran el yeso, por lo que se aburría como una ostra, incluso necesitaba ayuda para subir y bajar las escaleras de su residencia en Seattle, por lo que regresar a casa y ser autosuficiente fue un consuelo para ella, su padre era sobreprotector, pero le daba su propio espacio. Ocupada lavando su camioneta la tarde de ese sábado, siendo una de las pocas actividades que podía realizar con el molesto yeso envolviendo su pierna, la Yamamoto vestía un suéter rosa –como la camiseta debajo—de profundo cuello en V, cerrado escasamente por tras botones y estampado en múltiples cascabeles japoneses naranja y rojo, de mangas ceñidas hasta las muñecas, jeans acampanados y botines planos color almendra, con su largo cabello castaño cayendo sobre sus hombros y tras su espalda. Arrojando la última cubetada de agua a su camioneta, dando por terminada su labor, Izumi alzó la mirada hacia la calle de su vecindario, sorprendiéndose al ver el distintivo volvo plateado de Itachi estacionado a una cuadra, pero apenas reconoció esto, la pelicastaña se sobresaltó cuando una veloz figura se dejó caer del árbol se su patio, a la parte trasera de su camioneta y finalmente aterrizado a su lado; era Itachi.

—Hola— saludó el Uchiha nada más aterrizar junto a ella, esbozando una sonrisa ladina.

—Hola— correspondió la Yamamoto tras superar su sorpresa. —No te mataría actuar más como humano, no olvides que tengo vecinos— reprendió, pasando su mirada por la calle para asegurarse de que estaban solos y nadie lo había visto actuar…así.

—Lo siento, no pude evitarlo— se disculpó el azabache sinceramente, demasiado emocionado para poder contenerse. —Lo discutí con mi familia y quiero invitarte a mi casa, si no tienes problema— no tendrían clases el lunes, debido al 1 de Noviembre.

—¿A tu casa?, ¿Con tu familia?— inquirió la pelicastaña solo para estar segura.

—Sí, ¿Hice mal?— Itachi temió haber cometido el peor error por haber pensado en ello sin consultárselo, pero su familia quería conocerla y él quería que ella los conociera

—No…— contestó Izumi lo mejor posible, controlando sus nervios. —¿Y si no les agrado?— planteó por fin, atemorizada de la sola idea de aburrirlos.

—Déjame entender, ¿No te asusta estar en una casa llena de vampiros, sino pensar que no les agrades?— cuestionó el Uchiha con una inevitable sonrisa.

El entorno de Izumi, tener que comenzar a formar parte de su vida social—cuidándola en todo momento en que estuviera en su mismo espacio, siendo una labor autoimpuesta y que abrazaba voluntariamente—y volver a relacionarse con humanos estaba despertando algo que Itachi creía dormido o muerto en su interior; el deseo de normalidad, no la normalidad que la mayoría de los humanos concebían, sino poder sentirse humano otra vez, sentir que podía recuperar aspectos de su vida que parecían inverosímiles, algo que le ofrecía su estilo de vida "vegetariano" y su preciado autocontrol si de sentir apetito por la sangre humana se refería. Y no podía olvidar sus modales procedentes de la época en que había vivido al momento de morir como humano, en 1918; lo común en un hombre era que, de relacionarse tan estrechamente con una mujer—como él hacía con Izumi—, era que la presentara a su familia, pues él ya había conocido a su padre el jefe de policía Yamamoto, mas jamás habría esperado la respuesta que Izumi le dio y que casi lo hizo reír. Humana, mundana, viva, envejeciendo lentamente debido a su naturaleza y procedente del siglo XXI, Izumi creía ser todo menos interesante, la verdad el mundo de los vampiros—del que Itachi le hablaba cada vez que estaban solos—le resultaba muchísimo más fascinante y místico, de ahí que creyera ser insignificante comparada con la familia del Uchiha, que habían vivido por décadas o siglos, seres temibles en verdad, mas benévolos en comparación con Fudo.

—Qué bueno que te diviertas a mi coste— señaló Izumi con sarcasmo. —Todos ustedes son vampiros inmortales, ¿Cómo se supone que parezca interesante en comparación?— ellos debían tener cientos de historias interesantes que contar, y ella ninguna.

—Izumi, eres más interesante de lo que crees— protestó Itachi sinceramente, fascinándose diariamente con ella. —No eres como nadie que haya conocido; eres fascinante— era humana, pero al mismo tiempo muy contradictoria e irreal, maravillosa.

—Okey, ya me estás adulando para quedar bien— desestimó ella nada más escucharlo. —Vete— despidió a modo de broma, alegre de volver a verlo.

—Es tu problema si no me crees, pero nunca miento estando contigo— aclaró él, haciéndose el ofendido…antes de que su olfato detectase algo. —Creo que si es mejor que me vaya— señaló lo más educadamente que le fue posible.

—¿Qué pasa?— preguntó la Yamamoto, no esperando que su visita fuera tan corta.

—Una complicación— contestó el Uchiha, no siendo una mentira. —Nos vemos mañana— se despidió cortésmente, ya contando las horas para ello.

El hedor a lobo o Metamorfo era inconfundible y antes de dar pie a un posible conflicto, Itachi prefirió retirarse, dirigiendo una amable sonrisa a Izumi quien, si bien se mostró confundida, no dudo en despedirlo de ese modo, siguiendo con la mirada en tanto el azabache cruzaba la distancia hasta su auto en un actuar perfectamente humano, habiéndole prometido que intentaría controlarse. Tras subir a su auto, Itachi encendió el motor y procedió a mover este para salir del vecindario…mas, no pudo evitar el encuentro con el ahora viejo líder de la tribu Jinchuriki, Harusame, cuya camioneta se movió en la misma calle que él transitaba, y aunque todos sus instintos lo llamaron a eliminar lo que él consideraba como una amenaza, sosteniendo la mirada al Kirigakure y viceversa, Itachi se esforzó por no fallar la confianza que Izumi tenía en él, continuando con su camino como si no sucediera nada. Harusame era un anciano, además, jamás había podido transformarse en un lobo como si sus predecesores—él había conocido al anterior líder de la tribu Jinchuriki, junto con Ino, Sai, Mikoto y Fugaku—, pero en la actualidad no era quien decidía qué se hacía para con ellos, los "Fríos" como los llamaban, ese era el joven Han Iwagakure, el primero de los miembros más jóvenes de la manada en convertirse en lobo en reacción a la presencia de vampiros en la zona. Todo lo que Itachi deseaba era que no sucediera ningún enfrentamiento, porque Izumi tristemente quedaría en medio de todo, mas él la protegería a como diera lugar, ese era su juramento para con ella…


Demasiado emocionada por la invitación que Itachi le había hecho, ilusionada por conocer a su familia, a quienes solo había visto de lejos y de quienes había oído auténticas maravillas por boca de Itachi, Izumi inicialmente no reparó en lo que el Uchiha había denominado como "complicación", siguiendo con la mirada a este mientras subía a su auto y agitando su mano a modo de despedida, ante lo que el azabache le sonrió desde su asiento, pero la atención que le dirigía le permitió notarlo todo. Itachi había dicho "complicación", como el motivo para marcharse, y ella lo entendió cuando su reluciente volvo se encontró con la camioneta de Harusame—conducida por Utakata como siempre—, ambos vehículos circulando por la misma calle, pero en direcciones opuestas; a su mente vinieron las leyendas de la tribu y que ella había crecido escuchando de la madre de Utakata, también lo que había leído del libro que había comprado; los "Fríos" eran vampiros, pero que eran los Jinchuriki era demasiado confuso en la mente de Izumi, que únicamente observó el breve encuentro en silencio, no sabiendo qué pensar. La camioneta de Harusame continuó con su trayecto por la calle como si nada hubiera pasado, estacionándose junto a la suya; el primero en bajar fue Utakata, que extrajo la silla de ruedas de su padre de la parte trasera y lo ayudó a bajar en una rutina ya ensayada, dándole tiempo a Izumi de rodear su camioneta y acercarse, yendo forzosamente lento—para su frustración—debido al yeso en su pierna y que le valió recibir una mirada preocupada de Utakata al instante.

—Hola, Harusame— saludó la Yamamoto con una afectuosa sonrisa.

—Hola, pequeña— correspondió el líder Jinchuriki, como si nada hubiera pasado.

—Vinimos a ver como estabas— confesó Utakata, siempre tan transparente. —Lamento no haber podido venir antes— se sentía culpable, sus ojos lo delataban.

—Descuida, me estoy recuperando bien, ya casi ni me incomoda— sosegó Izumi, encogiéndose de hombros con despreocupación.

—Es bueno saberlo, nadie puede con esta alfa— celebró Harusame, orgulloso de su espíritu. —Utakata no podía estar tranquilo en casa, llevaba días queriendo venir a verte— admitió, siempre evidenciando la preocupación de su hijo para con Izumi.

—Gracias por avergonzarme, papá— se quejó el Kirigakure, casi entornando los ojos.

—Siempre, hijo— asintió el líder Jinchuriki, siendo su deber. —También vinimos a ver el partido, Ryuu nos invitó— agregó, viendo a su amigo cruzar el umbral de la casa.

—Por fin llegaron— celebró Ryuu, situando sus manos sobre los hombros de su hija. —Ya tengo las cervezas adentro, ¿Qué trajiste?— preguntó a su amigo.

—Bunpuku Terumi preparó pescado frito para nosotros— evidenció Harusame, alzando la bolsa que sostenía en su regazo.

—Perfecto— celebró el Yamamoto, ocupándose de llevar la silla de ruedas de su amigo, mientras Utakata ayudaba a Izumi a caminar.

—¿Has tenido suerte con ese chico pirómano?— consultó el líder Jinchuriki con interés.

—No, aparentemente se desvaneció luego de atacar a Izumi— claramente aquello frustraba al jefe de policía, lo mortificaba pensar en lo que le había ocurrido a su hija.

—Nunca creí que se tratara de un animal— admitió Harusame con voz seria. —Es mejor que muy esté lejos de aquí, no queremos que nadie más salga lastimado— ya habían tenido lugar suficientes incidentes.

Recibiendo una mirada de Harusame, Izumi no supo si esta era de preocupación, seriedad, paternidad o bien un deje de decepción, el líder Jinchuriki era muy bueno pareciendo entusiasta, jovial y divertido, era una figura paterna muy relajada, pero cuando actuaba con aquella seriedad propia de un líder de tribu, la Yamamoto no sabía cómo sentirse y esa no fue la excepción, congelándose n un momento en su lugar, haciendo que Utakata volteara a verla preocupado, mas ella lo sosegó con una sonrisa, aunque solo por cumplir. Tras entrar en la casa—ella siendo ayudada por Utakata, que la cargó en las escaleras—, dejando a sus padres en la sala para que estos disfrutaran del partido como tanto deseaban, Izumi pudo desentenderse de todo, sabiendo que había cervezas suficientes cerca del televisor para que sus respectivos padres no los molestaran por las próximas dos horas, ella dirigiéndose hacia la cocina y siendo seguida por Utakata, que la ayudó mientras encendía el hervidor para que tomaran algo de café. Puede que fuera más lenta, pero a Izumi le gustaba su autonomía y no iba a ser una inválida, por lo que con su ruidosa cogerá avanzó hacia el refrigerador en tanto el hervidor comenzaba a funcionar, aceptando únicamente la ayuda del Kirigakure para que este extrajera las tazas y platos de la alacena, ella abriendo el refrigerador y cargando en sus manos con un pastel que había horneado esa mañana; su padre ya había devorado la mitad, pero aún había suficiente para Utakata y ella, y quizás para Harusame si él tenía hambre más tarde.

—Así que ese es Itachi Uchiha— comentó Utakata, cerrando la alacena y regresando a la mesa con las tazas y platos.

—Sí, creí que lo conocías— afirmó Izumi, cerrando el refrigerador con la espalda.

—No personalmente— diferenció el Kirigakure en tanto ella servía dos trozos de pastel en sus respectivos platos. —Me preguntaba porque mi papá estaba actuando extraño— agregó, aún sin entender del todo la enemistad entre los Jinchuriki y los Uchiha.

—Cierto, no les gustan los Uchiha— recordó la Yamamoto en voz alta, regresando con el resto del pastel al refrigerador.

—Es un viejo supersticioso— Utakata corrió para abrir el refrigerador y ayudarla.

—Pero a ti tampoco te agrada— comprendió Izumi, cerrando la puerta del refrigerador.

—Simplemente no quiero que te involucres con un chico que no sea bueno para ti— aclaró él, regresando sus pasos a la mesa de la cocina.

—Okey, detén tus caballos— frenó ella, disgustada por la alusión. —Primero, solo somos amigos; segundo, me está ayudando a moverme por la universidad; tercero, su hermana está preocupada por mí, y cuarto; él me salvó de un loco pirómano— puntualizó muy seriamente, debiéndole mucho. —Además, sé cuidarme sola— quería creerlo.

—Lo sé, pero siempre me preocuparas— sosegó el Kirigakure viéndola a los ojos.

—Y tú a mí— correspondió la Yamamoto, agradeciendo su preocupación para con ella.

Utakata deseaba contarle todo a Izumi, todo sobre el mundo que ella creía conocer y que sin embargo desconocía casi por completo, los secretos no le gustaban, siempre había sido honesto con ella y tener que…omitir ciertas cosas se sentía como una traición en su ente, mas al cumplir la mayoría de edad su padre le había explicado que lo hacía por el bien de Izumi y que a la larga ello la ayudaría a llevar una vida próspera y feliz, que era todo cuanto él podía desear, diciéndose que a la larga él siempre estaría ahí para protegerla que era lo importante. Sin embargo, este Itachi Uchiha, a quien acababa de ver por primera vez y a quien desconocía por completo, no le despertaba ninguna confianza, quizás fuera porque era un vampiro, quizás porque sabía que en el fondo esté siempre desearía la sangre de su querida amiga y hermana, solo hacía que Utakata se pusiera más nervioso, por lo que permanecería alerta en caso de que debiera intervenir y apartar a Izumi de él, después de todo ese era su deber como hermano. Aunque desestimó las preocupaciones de Utakata, propias de un hermano al fin y al cabo, como ambos siempre se había visto el uno al otro, Izumi prefirió concentrarse en el momento, acercando sus pasos al hervidor que acababa de apagarse, cargándolo hasta la mesa donde Utakata estaba terminando de preparar sus respectivas tazas de café, sirviendo estás y ambos realizando un espontáneo brindis, sonriéndose el uno al otro y, como en sus años de infancia, soplando el cálido líquido mientras se veían a los ojos antes de beber.

No había que dejar que nada los molestase.


Luego de que el partido terminase, Harusame se había quedado a cenar como de costumbre, por lo que Izumi se sintió aliviada de haber cocinado mucho esa mañana—conociendo el apetito de su padre—y sirviendo las sobras del almuerzo al Kirigakure y a su hijo, respondiendo lo mejor posible a las preguntas que ambos le hicieron sobre el ataque que había sufrido y como estaba llevando el regresar a clases; tras lavar los platos, recibiendo la ayuda de su padre que la estaba mimando bastante desde que había salido del hospital, y ambos yéndose a la cama, la pelicastaña tratando de dormir lo mejor posible pese a su emoción por lo que ocurriría al día siguiente. La mañana del domingo comenzó como cualquier otra para Izumi, quien se levantó temprano y comenzó con su rutina como siempre hasta casi el mediodía, terminando de cocinar el almuerzo y finalmente dirigiéndose a la sala donde su padre estaba limpiando sus armas. Intentando arreglarse lo más posible, pero no queriendo fingir al mismo tiempo, la Yamamoto vestía una blusa negra de escote redondo y mangas ceñidas a las muñecas, encima un suéter o ligero abrigo largo hasta los muslos, de mangas acampanadas, con tres líneas negras en horizontales a la altura de los codos, los muslos y los hombros, jeans azul oscuro y cortos botines negros, con su largo cabello castaño cayendo en ordenadas ondas sobre sus hombros y tras su espalda. Viendo el volvo de Itachi estacionarse fuera de la casa a través de las ventanas de la sala, la Yamamoto sostuvo en sus manos una lata de cerveza que dejó sobre la mesa frente a su padre, siendo momento de ponerlo sobre aviso.

—Gracias— apreció Ryuu, alzando brevemente la mirada hacia su hija.

—Papá, ¿Tendrías problema si salgo hoy?— consultó Izumi, aprovechando el momento.

—¿A dónde irás?— inquirió el jefe de policía, sin dejar de limpiar su escopeta.

—Itachi me invitó a su casa— inició ella, ganándose una mirada de sorpresa de su progenitor. —Su familia quiere conocerme, y quería pasar tiempo con sus hermanos. Sakura quiere ofrecerse como mi enfermera hasta que me recupere— eso último era verdad, Sakura llevaba semanas rogándole a Itachi que la dejara acercarse a ella.

—Que atento de su parte— meditó él, sorprendido y conmovido. —Son buenos chicos, creo que no habrá problema— además, el doctor Uchiha seguramente estaba en casa.

—Bien, porque Itachi está afuera— reveló ella, apretando las manos tras la espalda.

—¿Ahora?— Ryuu evidentemente estaba sorprendido, recibiendo un asentimiento de su hija. —Dile que pase— permitió, acomodando su escopeta de golpe.

—Papá...¿Puedes ser menos jefe de policía y más mi padre?— pidió Izumi, anticipando sus celos. —Solo somos amigos— aclaró, no habiendo ninguna intención romántica detrás.

—¿Solo amigos? Bien— asintió, dejando la escopeta sobre la mesa. —Seré un ángel—prometió ante la mirada que su hija le dirigió, haciendo una aureola sobre su cabeza.

Como padre, Ryuu tenía la mejor opinión posible sobre Itachi Uchiha, el muchacho era el menor de los hijos del doctor Fugaku y su familia se había vuelto respetada dentro de la pequeño y tranquila ciudad de Forks, había ayudado a Izumi de muchas formas y en especial ahora que se encontraba lesionada...pero, también como padre, Ryuu no podía evitar sentir que todo individuo del sexo masculino tenía oscuras intenciones para con su inocente hija, y que el menor de los hermanos Uchiha pasara tanto tiempo con su hija no dejaba de hacerle ruido, era un gran muchacho, pero hombre al fin y al cabo, mas, si Izumi quería que se comportase, Ryuu no dudo en hacerlo, acomodándose la camisa informar que vestía y levantándose de su lugar mientras Izumi se dirigía lentamente hacia la puerta principal, al mismo tiempo que oía que llamaban a esta. Aguardando ante la puerta, que Izumi abrió, Itachi intercambió una sonrisa con ella antes de entrar en su casa, recibiendo un susurró de ella, que le explicó que acababa de informarle de su invitación, ante lo que el Uchiha no tuvo problema en actuar, ofreciéndole su brazo—del que ella se sujetó para caminar mejor con su pesado yeso—y ambos conduciéndose a la sala donde el señor Yamamoto esperaba; el Uchiha vestía un suéter negro de cuello de tortuga, un abrigo de igual color que permanecía abierto, pantalones gris oscuro y cortas botas negras, con la espalda muy recta y la frente en alto, actuando como el perfecto caballero que era, sin sentirse intimidado por el jefe de policía cuya mente si podía leer.

—Buen día, señor Yamamoto— saludó Itachi lo más respetuosamente posible.

—Buen día, Itachi— correspondió Ryuu, debiéndole idéntico respeto. —Izumi me comentó que tu familia quiere conocerla— mencionó, pasando su mirada a su hija.

—Sí, señor, mi padre está preocupado por ella, y mi hermana en serio se ha vuelto muy cercana a Izumi desde el accidente— confirmó el Uchiha, volviendo la mirada hacia Izumi sujetada de su brazo.

—Además, no sabría que hacer sin él— respaldó Izumi, valorando infinitamente su ayuda.

—No hay ningún problema— consintió el jefe de policía, tanto porque su hija era una adulta como porque confiaba en el chico.

—La traeré de regreso a una hora prudente, señor, tiene mi palabra— prometió Itachi, jurando ser digno de aquella confianza.

—Te creo, muchacho— asintió el Yamamoto, sabiendo que clase de persona era, —dale mis saludos a tus padres— pidió, sabiendo que Izumi estaría en buenas manos.

—Así lo haré, señor— aseguró el Uchiha de inmediato, siendo verdad.

Leyendo la mente del señor Yamamoto—aunque no por completo, pues presentaba un bloqueo similar al de Izumi, aunque mucho más tenue—y comprendiendo su desconfianza para con él, pues era un hombre y él un padre preocupado por su hija, Itachi inclinó respetuosamente la cabeza y se retiró lentamente, intercambiando una mirada con Izumi, que lo siguió, volviendo la mirada por sobre su hombro hacía su padre y gesticulando con los labios que estaría bien, siguiendo los pasos del Uchiha y llevando su teléfono en el bolsillo trasera del pantalón, no necesitando nada más. No era ninguna broma decir que tenía mala suerte; desde los doce años, cuando había comenzado a tener interés por el sexo opuesto como sucedía con la mayoría de las chicas, Izumi había visto como cualquier amague de su parte por formar una relación con un chico o tener novio era empañado por la reputación de su padre como jefe de policía—en sus primeros años había sido parte de la policía, pero sido nombrado jefe durante su adolescencia, para su desgracia—y su madre podía intimidar mucho pese a parecer tan agradable, por lo que ella no había tenido novio y en ese punto de su vida Izumi empezaba a darse por vencida debido a su reputación como "inalcanzable" dentro de su generación en la universidad. Siendo siempre un perfecto caballero, Itachi la cargó en brazos en el umbral de la casa, bajando las escaleras y dejándola sana y salva en el asiento del copiloto, permitiéndole colocarse el cinturón de seguridad y abordando el auto en segundos...


Residencia Uchiha, Afueras de Forks

Sentada en el asiento del copiloto y observando el paisaje mientras Itachi conducía, pronto Izumi se dio cuenta de que no tenía idea a dónde se dirigían, ella había vivido en Forks durante toda su vida y sin embargo no tenía ni la más remota idea de donde estaba el hogar de la familia Uchiha, por lo que la bella Yamamoto se encontró siguiendo con la mirada la carretera que hacia el norte, atravesando un bosque brumoso y tomando una bifurcación que interrumpía la misma y continuaba en un camino de tierra. El bosque era hermoso, magnificando aún más la impresión que, tras varios minutos, le generó la residencia Uchiha tan pronto como estuvo en su rango de visión; la casa perfectamente podría ser comparada con una mansión, muy atemporal en su diseño y debía ser de los años 20 o 30 por su estructura, formando una especie de balcón—del que crecían enredaderas—sobre el río que fluía en la entrada, haciendo que pareciera una isla, y unos gruesos peldaños unían la casa—sostenida por firmes estacas—con el bosque, ante cuya pradera se estacionó Itachi. Izumi se desabrochó el cinturón al mismo tiempo en que, valiéndose por su gran velocidad, Itachi rodeaba el vehículo para abrirle la puerta y cargarla en brazos, permitiéndole observar la lujosa casa con ineludible fascinación, la vivienda estaba pintada de color barniz, dándole un aspecto único y natural, con las tejas de un gris oscuro que a la luz sombría del entorno nebuloso parecían ser roca, con una especie de torre en lo alto, del lado opuesto de la chimenea, parecía un palacio.

—¿Qué tan ricos son todos ustedes?— preguntó Izumi, sin apartar la mirada de la casa.

—Muchísimo, extremadamente ricos— contestó Itachi, sonriéndole. —Nunca pensé que escucharía esa pregunta de tu parte— admitió, haciendo que ella volteara a verlo.

—Pues, ahora sabes lo materialista que soy— bromeó ella con su característico sarcasmo. —Dime— solicitó con falsa exigencia.

—Sasuke podría comprarse un Mercedes todos los meses si quisiera, y Sakura gana unos cuatro millones al mes en el mercado de valores con sus visiones— consideró él únicamente, no habiéndose detenido a pensarlo mucho.

—¿Y tú?— inquirió la Yamamoto, habiendo oído de su vida acomodada como humano.

—Herencia familiar— minimizó el Uchiha, siendo verdad. —Mi familia era una de las más adineradas de Illinois, y yo era hijo único, por lo que todo pasó a mi nombre, así que solo reclamó la herencia cada determinados años como único familiar— técnicamente no actuaba al margen de la ley, pues era el único heredero de todo aquello.

—Eso sí que es suerte— suspiró la pelicastaña, regresando su mirada hacia la hermosa casa. —Trataré de no sorprenderme tanto— prometió, aunque creía fallar en ello.

Apenas Izumi dio un paso hacia los escalones que conectaban la pradera con la casa, sintió uno de los brazos de Itachi alrededor de su cintura y el otro bajo sus rodillas, casi haciéndola entornar los ojos mientras reía, ya que era iluso de su parte creer que Itachi la dejaría caminar siquiera y más estando ahora en su dominio, por lo que la Yamamoto se dedicó enteramente a observar lo que la rodeaba, fascinada; con la delicada pelicastaña en brazos, Itachi cruzó los escalones del puente, no molestándose en guardar su auto en el estacionamiento, ya que más tarde debería de regresar a Izumi a casa como había prometido a su padre y no queriendo separarse de ella, tan solo desenvolviendo su agarre alrededor de la cintura de la Yamamoto para abrir la puerta, cerrando está a su espalda al ingresar y solo entonces permitiéndole bajar a Izumi. Apoyando su yeso en el suelo, intentando no ser tan descoordinada de cómo se sentía, Izumi contempló el vestíbulo de la casa, absorta, pues el interior era aún más sorprende; lo que la recibió fue una gran escalera que parecía abarcarlo todo, como las que aparecían en las películas antiguas, forrada en terciopelo carmesí como una alfombra rosa y lo alto de la estructura estaba coronada por dos barandales gemelos que daban con la plata alta, y del techo colgaba un precioso candelabro de cristal; además, los lados de la escalera—izquierda y derecha respectivamente—daban a las muy amplias e iluminadas desde sus umbrales, todo se veía en extremo espacioso y confortable, como nada que hubiera visto antes.

—Que hermosa casa, es tan maravillosa por dentro como por fuera— elogió Izumi con una sonrisa de completa fascinación.

—Es una casa muy antigua, Fugaku la adquirió en los años 30 y aparentemente fue construida en el siglo XVIII— explicó Itachi, sintiendo ese lugar como su verdadero hogar.

—¿Y la han renovado?— consultó ella, acercando sus pasos a la escalera para ver mejor hacia arriba y sonriendo aún más

—Solo un par de veces por año, Mikoto es muy obsesiva con la decoración— contestó él con una ligera sonrisa divertida. —¿Es lo que esperabas?, ¿O te imaginabas calabozos, ataúdes y fosos?— bromeó, habiendo leído Drácula y otras novelas de "vampiros".

—No esperaba fosos— bromeó la Yamamoto, feliz de no pensar como la mayoría.

—Que duro— el Uchiha se fingió ofendido ante sus palabras. —No puede ser…— maldijo por lo bajo, escuchando la inconfundible melodía de la ópera Carmen desde la cocina.

—¿Qué?— Izumi prestó atención a lo que la rodeaba, reconociendo la melodía.

—Están cocinando el almuerzo— informó Itachi únicamente, sorprendiéndola. —Les pedí que no hicieran esto— se estaban esforzando demasiado, demasiado.

—Cierto, ustedes no necesitan comer— recordó ella en voz alta, conmovida por el gesto. —Al menos escuchan buena música— mencionó, conociendo aquella ópera.

—A Mikoto le encanta la ópera y el ballet— asintió él, tendiéndole la mano.

Itachi había perdido la cuenta a todas las oportunidades en que había preferido salir a cazar algo—aunque no tuviera apetito o necesidad de alimentarse—solo con la excusa de alejarse de su madre cuando dominaba toda la casa con su positividad; Mikoto había nacido a fines del siglo XIX y crecido en pleno siglo XX, por lo que era una dama formada a la antigua; maternal, sometida voluntariamente a los deseos de su esposo, entregada a su labor de cuidar el hogar y que adoraba cuidar de las plantas o encargarse de la casa, siempre escuchando música como ópera y ballet, algo a lo que él estaba acostumbrado, pero no todo el día, por lo que podía ser algo sofocante. Él por otro lado prefería la música clásica y compuesta en piano, componiendo sus propias piezas en momentos de ocio; Fugaku por otro lado tocaba el violín en escasas oportunidades, habiendo aprendido durante sus días como humano; Sasuke tocaba la guitarra como pasatiempo y lo hacía muy bien, pero casi siempre Sakura cantaba con su melodiosa voz digna de comparar con la más prodigiosa sirena, mientras que Ino y Sai no tenían mayor interés en ello, mas el Uchiha no iba a romper la burbuja de Izumi, a quien tomó de la mano y guiándola hacia la cocina. No viendo el problema que Itachi aparentemente sí, Izumi se mordió el labio inferior con anticipación mientras tomaban el pasillo a la izquierda de la escalera, ansiosa por conocer a los demás miembros de su familia, convencida o creyendo que serían tan maravillosos como aquella hermosa casa que no dejaba de sorprenderla.

Todo parecía demasiado maravilloso.


Si la residencia Uchiha ya de por sí parecía grande, la cocina era una maravilla con su suelo de gravilla marrón oscuro como ladrillo, una amplia mesa decorada por dos sillas y con gavetas al costado, así como una mesa contigua para cinco personas y donde reposaban rosas frescas, así como jazmines en la otra, y todos los utensilios estaban perfectamente ordenados pese a que nunca debieran emplearse, y un hermoso balcón daba una vista de las nebulosas montañas, permitiendo que el aire circulara, y múltiples macetas de árboles frutales en crecimiento decoraban el espacio como las enredaderas que adornaban las paredes. Mikoto Uchiha era una mujer medianamente alta, de físico esbelto y envidiable para cualquier mujer, vistiendo una holgada blusa violeta de hombros caídos—que quedaban al descubierto—, cortas mangas ceñidas en los codos, calzas azul oscuro que resaltaban sus piernas, cómodos tacones negros y su largo cabello azabache azulado caía tras su espalda, resaltando la larga cadena de palta de que pendía el dije del abanico rojo y blanco de su familia. Moviéndose magistralmente por la cocina, Mikoto parecía una verdadera ama de casa, no teniendo papilas gustativas para la comida, pero habiendo visto un programa de cocina esa mañana y recordando casa paso, condimentando la pasta y carne, volviéndose hacia Fugaku que agregó la salsa de tomate, intercambiando una mirada con ella y procediendo a revolver, mientras la Matriarca Uchiha se volvía hacia Sai que estaba terminando de preparar la ensalada bajo su atenta mirada.

—Ya llego— anunció Ino, parada y observándolos. —Huele diferente— desdeño, no queriendo para nada a la humana en su mismo espacio.

—Que emoción— Mikoto casi chillo de emoción, ilusionada por conocer a la Yamamoto.

—Calma, Mikoto, o harás que salga corriendo— bromeó Sai, revolviendo la ensalada.

—Ve a pelear con un oso— reprendió la azabache, intercambiando una mirada con su esposo, que apagó la estufa en ese momento.

Haciendo su parte como Mikoto le había pedido, Sai vestía una camiseta gris oscuro de cuello en V—el cual se hallaba desabrochado—y con las mangas subidas hasta los codos, haciendo destacar la pulsera de cuero en su muñeca derecha con el emblema del abanico rojo y blanco, pantalones negros y cortas botas de cuero, dirigiendo una mirada hacia su esposa que se veía disgustada desde que Itachi le había dicho que Izumi Yamamoto visitaría su casa, mas Sai aún no sabía que pensar al respecto, solo que estaba del lado de su esposa como siempre. Fugaku por otro lado se vestía tan formal como en el hospital, por lo que su esposa nunca tenía que decirle nada; camisa azul claro de cuello alto, encima un suéter azul oscuro con bragueta que formaba un cuello en V y de mangas ceñidas a las muñecas, pantalón gris oscuro y zapatos negros, a quien ella dio una mirada, queriendo que todo fuese perfecto, pues esa sería la impresión que Izumi tendría de ellos. Nada más escuchar el anticipado eco del yeso, Mikoto rodeó la mesa de la cocina y acercó sus pasos al umbral al mismo tiempo en que Izumi ingresaba de la mano con Itachi, quien de inmediato pasó su veloz mirada por los miembros de la familia, haciendo que la Matriarca Uchiha cruzara las manos sobre su vientre y tratara de disimular su entusiasmo; estaba eufórica, Itachi había encontrado a alguien, y ya que ella lo amaba como madre, todo lo que deseaba era su hijo fuera feliz, no sería fácil, pero no había nada sencillo en el amor, aunque quizás ninguno de los dos tortolos tuviera idea de ello.

—Izumi, bienvenida— saludó la sonriente Mikoto, tendiéndole la mano a la Yamamoto.

—Ella es Mikoto, es prácticamente mi madre— presentó Itachi, aliviado ante el perfecto actuar de su progenitora.

—Gracias— correspondió Izumi con una sonrisa. —Es un gusto conocerla— solo la había visto una vez, pero era verdaderamente encantadora.

—El gusto es mío— apreció la Matriarca Uchiha. —Espero que tengas hambre, preparamos comida italiana para ti— Itachi había comentado que le gustaba.

—Me encanta la comida italiana— asintió la Yamamoto, ya teniendo apetito.

—Nos diste una razón para usar la cocina por primera vez— celebró Fugaku, rodeando la mesa de la cocina y situándose de pie junto a su esposa.

—No dudes en tutearnos, así nos entendemos todos por aquí— informó Mikoto, queriendo que la bella pelicastaña se sintiera bienvenida. —Quizás ya los conozcas, pero nunca están de más las presentaciones; ellos son Sai e Ino— presentó, volviendo la mirada hacia los demás miembros de la familia.

—Un gusto— saludó Sai, alzando un cuchillo a modo de broma y haciendo sonreír a Izumi.

—¿Dónde están Sasuke y Sakura?— preguntó Itachi al no verlos en la cocina.

—La última vez que oímos algo, Sakura estaba cambiándose de ropa por décima vez— contestó Ino, hasta entonces en silencio.

Como siempre, Ino resultaba apabullante por su sola presencia, digna de comparar con las supermodelos que aparecían en cualquier revista e incluso pudiendo destronarlas a todas con facilidad debido a su figura perfectamente curvilínea y resaltada por su forma de vestía, alta, cargada de garbo y una sensualidad especial, junto a una arrogancia que la hacía parecer una diosa y hacer que el resto se sintiera insignificante. La Yamanaka vestía una blusa beige pálido—que resaltaba su tono de piel—sin mangas, de cuello alto y con un profundo escote en V y que se ceñía a su esbelta figura para destacar sus atributos, un ligero chaleco de lana crema grisáceo que colgaba a la altura de los codos exponiendo sus brazos, ceñidos jeans azul oscuro decorados por tres tachas a cada lado del abdomen para marcar sus caderas, cortos botines color almendra y su largo cabello rubio estaba peinado en ordenadas hondas para caer tras su espalda y sin joya alguna para parecer tan imponente como ya era. Hasta entonces actuando como la perfecta señorita que era, Ino tomó una de las copas de la mesa y la rompió con sus manos en menos de un instante, llenando el espacio con el chasquido, con toda la intención de amedrentar a la humana que la observó con atención y ganándose una severa mirada tanto de Itachi como de Mikoto, mas la de Fugaku no podía interpretarse como de ira sino ligera molestia, en contraste con Sai que bajo la mirada para disimular una sonrisa, siempre de acuerdo con todo lo que su esposa decidiera o hiciera, lo que solo reafirmó el actuar de ella.

—Ups…— comentó Ino rompiendo el silenció. —¿Ya te asustaste?— interrogó, desafiante.

—Ni un poco, la verdad— contestó Izumi, no creyendo haber hecho nada para ofenderla.

—Ignora a Ino, eso hago yo— aconsejó Itachi volteando a verla y sosteniendo su mano.

—Sí, sigamos fingiendo que esto no es un riesgo para todos nosotros— protestó la Yamanaka, cansada de su desinterés para con las reglas.

—Jamás le diría nada a nadie, lo prometí— intentó sosegar la Yamamoto, sabiendo por Itachi que los humanos no deberían saber de la existencia de los vampiros.

—El problema es que los han visto en público— respaldó Sai rodeando la mesa y situándose al lado de su esposa.

—Sai— reprendió Mikoto, volviendo su severa mirada hacia sus hijos.

—No, Sai tiene razón— objetó la rubia, cansada de la actitud laxa de todos. —Ella debe tener claro los riesgos, de otro modo seremos nosotros quien paguemos el precio si todo acaba mal— la estaban recibiendo en su casa después de todo.

—En realidad, mal sería si el menú fuera yo— bromeó Izumi en voz alta, para distender el ambiente y recibiendo la melodiosa risa de la matriarca Uchiha.

—Lo siento, no puedo evitarlo— se disculpó Mikoto, cubriéndose los labios como también hizo Fugaku. —Itachi, debiste decirnos de su sentido del humor— señaló a su hijo, no habiendo escuchado algo tan gracioso en mucho tiempo.

—No sé cómo olvide mencionarlo— asintió Itachi, mordiéndose el labio inferior para no reír e intercambiando una mirada con Izumi, quien pareció aliviada.

Una de las mejores cualidades de Izumi innegablemente era su sentido del humor, siempre sabía qué decir para aliviar el ambiente y esa no fue laexcepción, mas otra cosa también rompió con la ligera tensión del momento, era una figura aterrizó velozmente en el balcón de la cocina, con la elegancia de un gato y moviéndose grácilmente, y tras ella una figura igualmente velozmente; se trataba de Sakura, que cruzó del balcón a la cocina con una deslumbrante sonrisa, moviéndose como si flotara en contraste con el elegante caminar de Sasuke que se conducía dos pasos tras ella, como la sombra que seguía a un rayo de luz. La Haruno portaba un vestido blanco de profundo escote en V—que no rebelaba nada en particular—y cortas mangas hasta los codos, abiertas a los lados desde los hombros y corta falda por sobre las rodillas, ceñido a su cuerpo por un listón negro que se anudaba tras la espalda y el vestido estaba estampado en mariposas negras en todo el contorno del escote, en el contorno de los cortes de las mangas, el borde y el dobladillo de la falda así como la caída a cada lado de la cintura, ballerinas negras y con su corto cabello rosado arremolinándose contra sus hombros. Detrás de Sakura, guardando su distancia por el bien de la humana, Sasuke vestía una camisa azul oscuro de cuello alto y ligeramente desabrochado, con las manos cruzadas tras la espalda como un perfecto caballero de la antigüedad y la espalda recta, pantalón negro y cortos botines negros, con su rebelde cabello azabache azulado ligeramente despeinado como siempre.

—Izumi, me alegra volver a verte— la Haruno corrió a abrazar a Izumi, tomándola por sorpresa. —Oh, me encanta tu perfume— celebró al romper el abrazo.

—Sakura, ¿Qué…?— Itachi no sabía qué decir de aquel repentino intercambio.

—Está bien, Itachi; Izumi y yo seremos grandes amigas— aseguró la pelirosa sonriendo con ternura a la Yamamoto.

—Eso espero también— asintió la pelicastaña, deseando lo mismo. —Sasuke, ¿verdad?— nombró a la pareja de la pelirosa, de pie tras ella.

—Sí, es un placer conocerte— asintió el azabache, manteniendo la distancia.

—Igualmente— sonrió ella cálidamente, pudiendo casi palpar su incomodidad.

—Tranquilo, Sasuke, no le harás nada— sosegó Sakura a su esposo en voz baja, estrechando una de sus manos entre las suyas.

—Sasuke es nuestro nuevo vegetariano, es un poco difícil para él— disculpó Fugaku, pues sabía que le exigían demasiado en esa situación.

—Bueno, creo que mejor te llevaré a ver el resto de la casa en tanto ustedes terminan de preparar el almuerzo— consideró Itachi, creyendo que aquello ya era muy incómodo.

—Claro— aceptó Izumi, igualmente entusiasmada. —Fue un gusto— se despidió temporalmente, mas sabiendo que los vería pronto otra vez.

—Nos vemos pronto, diviértanse— deseó Mikoto con una dulce sonrisa, como Sakura.

Envolviendo esta vez uno de sus brazos alrededor de los hombros de Izumi, si es que su mano entrelazada con la suya no la ayudaba a caminar, Itachi agradeció dejar la cocina, sintiendo más que nunca que su familia era extraña comparada con la vida que Izumi llevaba y queriendo alejarla de cualquier posible incomodidad. Tan pronto como Izumi e Itachi abandonaron la cocina, lo que concedió fue comentarios de celebración por parte de Mikoto, quien estaba encantada con la bella chica Yamamoto, era tan o más hermosa de lo que Sakura la había descrito y muy adorable, con una personalidad segura a la par que cariñosa y con un sentido del humor único, Mikoto ya estaba decidida a tenerla de visita en su casa tanto como le fuera posible y se lo hizo saber a Fugaku, volteando a verlo y sintiendo sus brazos a su alrededor. Sakura estaba igualmente feliz, asintiendo eufórica a los comentarios de Mikoto, ansiosa porque Izumi y ella formasen el vínculo de hermanas que había visto en sus visiones, mas nada de ello le impidió notar la tensión en los músculos de Sasuke de pie junto a ella y hacia quien se volteó, acunando su rostro en sus manos y haciendo que se concentrase solo en ella, felicitándolo por el inmenso esfuerzo que había puesto de su parte para actuar como el perfecto caballero que ella sabía que era, abrazándolo por lo mismo. Sin embargo, no solo hubo felicitaciones, también regaños por parte de Mikoto a Ino, observándola seriamente y ordenándole que limpiase los restos de la copa que había roto, viendo a la rubia entornar los ojos…


Cargando en brazos a Izumi tan pronto como abandonaron la cocina y comenzaron a subir las escaleras, Itachi se sintió aliviado, nunca antes había pensado que su familia no fuera…típica, sus fallecidos padre Itachi y Eshima se habían amado y habían sido una pareja típica de su época, Itachi naturalmente había visto de igual manera a Fugaku y Mikoto cuando ambos se habían convertido en pareja y estaba tan desesperado interiormente por normalidad familiar que había recibido a Ino y Sai aunque no creyera que trajeran más que problemas—en lo que se había equivocado—, también a Sasuke y Sakura…pero, empezaba a notar que no era una familia "típica". No es como si debieran seguir los estándares de normalidad a los que los demás estaban sujetos, no eran humanos después de todo, sino vampiros, pero su forma de ver el mundo era muy diferente a estos e Itachi comenzaba a notarlo por pasar tanto tiempo con el círculo de amigos de Izumi—teniendo que relacionarse con ellos al velar tanto por su seguridad, ya sentándose incluso en su misma mesa, en lugar de con sus hermanos—o con su padre a quien veía cada semana al recogerla de casa y regresarla. Por un lado, eso era bueno, le estaba permitiendo a actuar más como humano o lo que debería ser si lo fuera, lo hacía aspirar a algo más que ser solo una criatura sin vida que rondaba la Tierra, que era como se había visto antes de que ella entrara en su vida, más también quería que ella tuviera la mejor opinión posible de su entorno, su familia y de él.

—¿Fue tan incómodo para ti cómo para mí?— preguntó Itachi viéndola a los ojos mientras subían las escaleras.

—Por favor, creo que te fue más incómodo hablar con mi padre para venir— negó Izumi, no habiendo tenido problema alguno. —Tu familia es muy linda; Sakura es muy dulce, Sasuke muy respetuoso, y Mikoto es como un ángel— todos parecían maravillosos. —No imagine que Sai tuviera un humor tan negro— aún recordaba cómo había alzado un cuchillo con falso aire amenazador, haciéndole gracia.

—Y apenas lo estás conociendo— advirtió el Uchiha, acostumbrado a su peculiar sentido del humor. —Fugaku siempre es igual que en el hospital e Ino…es Ino— era mejor no pensar en Ino, ella ya se acostumbraría a la presencia de Izumi, debía hacerlo.

Tan pronto como llegaron a la alto de la escalera, Izumi fue bajada por Itachi, sabiendo cuanto le incomodaba ser una carga para otros—aunque él no la veía así en absoluto, pues apenas pesaba lo mismo que una pluma para él—, permitiéndole observar la plata alta con idéntica fascinación a como había observado el resto de la casa, acercándose con sorpresa y curiosidad entremezcladas hacia lo que parecía ser una gran pintura de casi todo el alto de la pared y la mitad de su ancho, con aparentemente mucho sitio disponible…no, no era una pintura, era una verdadera obra interactiva, si así podía definirse. Lo que de lejos parecía una pintura multicolor eran en realidad múltiples recuadros reconocibles para ella como birretes de graduación, eran de múltiples colores lo que evidenciaba que eran de centros o universidades distintas, algunos iguales entre sí, como si la persona que los hubiera obtenido hubiera estudiado varias carreras en el mismo lugar y se hubiera graduado de todas ellas, o bien era de personas que habían estudiado en el mismo lugar, e Izumi no pudo evitar analizar con fascinación. ¿Era una especie de colección? Los humanos coleccionaban cosas como estampillas, flores, plumas e incluso insectos, ¿Qué coleccionaban exactamente los vampiros?, ¿Birretes de graduación? Izumi mentalmente tuvo el pensamiento siniestro de que les quitaban eso a individuos vivos de sus cabezas, pero desechó la idea tan pronto sintió a Itachi a su lado, recordando que ni él ni su familia se alimentaban de humanos, solo animales.

—¿Son birretes de graduación?— preguntó Izumi volteando a verlo, para estar segura.

—Sí, una broma privada, todos nos hemos graduado muchas veces— asintió Itachi, pudiendo jactarse de ello.

—Imagino que tienen mucho tiempo libre— asintió ella, volviendo a analizar los birretes con mayor fascinación. —¿Qué has estudiado?— inquirió, deseando esa oportunidad.

—Música cuando era humano, literatura, filosofía, historia, medicina y matemáticas— enumeró él, llevando un cuidadoso registro de todo.

—Y ahora Antropología— completó la Yamamoto, intercambiando una mirada con él. —Envidiaría tener tanto tiempo para estudiar, si pudiera, estudiaría Filología e Idiomas, y Relaciones Publicas— confesó, no sintiendo que le bastaría la vida y recursos para hacerlo. —Aunque, desde cierto punto de vista, repetir entrar a la universidad tantas veces debe ser muy aburrido— para ellos habían vivido tanto, debía resultar monótono.

—Si, a veces puede ser monótono— asintió el Uchiha con honestidad, —pero si se tiene la edad que nosotros tuvimos al cambiar, podemos permanecer más tiempo entre los humanos sin que estos noten que no envejecemos— tenían físicamente más de veinte años y menos que treinta, eso daba mucha capacidad de adaptación.

Los vampiros tenían prohibido convertir a niños, estos eran demasiado impredecibles, aunque hermosos como nada según las leyendas, e incapaces de guardar el secreto de lo que eran, tanto que aquellos que lo intentaban eran duramente sancionados y no habían sido pocos los Aquelarres o Covens—clanes o familias de vampiros—que habían sido aniquilados con ese propósito; en cuatro a las personas, la edad variaba, Fugaku jamás había convertido a nadie particularmente joven, de hecho, Itachi era el menor de la familia con 22 años junto con Ino, ambos habiendo sido convertidos a la misma edad, mientras que Mikoto había tenido 28 años, Sai 24 y Fudo…eso era otra historia. Asintiendo ante las palabras de Itachi, apreciando cada ocasión en que él saciaba su curiosidad y le revelaba un poco más del mundo al que pertenecía—pues ella sabía que debía guardar celosamente esa información únicamente para sí misma—, Izumi se sujetó del brazo que el Uchiha le tendió para caminar, no tardando en esbozar una sonrisa al voltear a su izquierda y ver una gran cruz de lo que parecía roble o caoba empotrada contra la pared que separaba el límite del pasillo que seguramente daba con habitaciones o despachos. No era particularmente gracioso, pero si irónico teniendo en cuenta todos los mitos que hablaban de que los vampiros no podían ver cruces o morían al instante, y sin embargo Itachi estaba indemne a su lado, acercándola a luz que tenía el tamaño de una persona y se veía muy antigua, como algo que se encontraría en una iglesia o parroquia.

—Es algo irónico, ¿cierto?— preguntó Itachi, casi como si pudiera leer su mente, casi.

—Mucho— asintió Izumi con una sonrisa. —Parece muy vieja— debía tener décadas.

—Es de principios del siglo XVI, era del padre de Fugaku— informó él haciendo que volteara a verlo con sorpresa y curiosidad entremezcladas.

—¿Era sacerdote o coleccionaba antigüedades?— inquirió ella, siendo opciones válidas.

—No, la talló él mismo y colgaba en la pared sobre el púlpito de la vicaría donde predicaba— aclaró el Uchiha, observando la cruz detenidamente.

—¿Cuántos años tiene Fugaku?— preguntó la Yamamoto, no habiendo pensado en ello.

—Recientemente cumplió 400— contestó Itachi con una naturalidad abrumadora. —Nació en Londres en 1623, era el hijo de un pastor anglicano que se dedicaba a cazar monstruos y perseguir herejes; su madre murió cuando Fugaku nació y él se casó a los veinte años, pero su esposa murió poco después de la boda, tuberculosis— relató lo mejor posible. —Fugaku fue preparado desde su juventud por su padre para perseguir a los monstruos, pero le torturaba condenar a inocentes, mas nunca encontró fuerza para desobedecer a su padre— su actuar pasado aún lo condenaba, Itachi lo sabía bien.

—¿Y qué sucedió?— preguntó Izumi, volviendo la mirada en su dirección.

—Se encontró con un monstruo real y él decidió condenarlo a su estilo de vida— eso es lo que Fugaku le había dicho cuando había preguntado al respecto por primera vez.

Fugaku casi nunca hablaba de eso, quizás había sido el punto más oscuro de su vida, siempre hablaba del presente y de su época previa a relacionarse con los Volturi o durante con ellos, pero nunca de sus primeros días como vampiro, y siendo honesto Itachi no lo culpaba en absoluto, después de todo debía considerar que su existencia era un castigo por los errores que había cometido como humano. Sonaba como una perfecta invitación a una historia de terror, e hizo que Izumi sintiera un escalofrío por solo recordar como Fudo la había atacado; no podía imaginarse al amable doctor Fugaku sufriendo una experiencia similar, puede que hubiera cometido errores en su vida, como todos, pues eran o habían sido humanos, mas ¿Ser condenado a la vida eterna y obligado a alimentarse de sangre? Era un castigo desproporcionado para cualquiera, sobre todo en una época como el siglo XVI en que la persecución hacia quienes eran diferentes y la superstición había abundado. No por primera vez desde que sabía del mundo de los vampiros, Izumi se sintió humilde, había tantas criaturas o seres aludidos en todas las leyendas del mundo, personajes en común, relatados por personas que no habían tenido contacto entre sí en épocas remotas, ¿Cuántos misterios más había en el mundo de los que ella ni siquiera había tenido o tenía idea?, ¿Qué más había allá afuera que pudiera amenazar a su padre, su madre, sus amigos o lo que le importara? Sujetándose del brazo de Itachi y continuando con su recorrido, Izumi intentó no dejar que esa preocupación opacara su día.

Debía ir un paso a la vez.


Dejando que Mikoto y Fugaku terminaran de preparar el almuerzo, con Sai e Ino alejándose de la cocina luego del actuar de esta última, Sasuke y Sakura se dirigieron al único lugar que podían llamar suyo dentro de los terrenos de la casa, un bello invernadero que no pertenecía a Mikoto, compuesto de cristales y vitrales multicolores de flores de cerezo y camelias, pequeño y en cuyo interior crecían las nombradas plantas, aclimatado para el deleite del matrimonio, con un amplio diván en el interior tan pronto cerraron la puerta, y un par de mesas gemelas al costado de cada lado del diván. El invernadero era muy preciado para Sasuke y Sakura, ya que este podía manipular las emociones de los demás o proyectar las propias de forma inconsciente, pues estaban lo suficientemente lejos de toda la familia para no alcanzarlo con su habilidad; permitiéndole sentarse en el diván y enterrar el rostro entre sus manos, intentando pensar mientras Sakura ingresaba tras él, cerrando la puerta a su espalda. Itachi sabía que Sasuke tenía problemas con los humanos y su sangre, ¿Por qué insistía en torturarlo de esa forma al llevar a Izumi a casa? Sasuke amaba a su hermano y estaba contento de haber encontrado a alguien, pero no quería asesinar accidentalmente a esa humana, ya le era muy difícil asistir a la universidad y sentir a tantos humanos tan cerca todo el tiempo, él debería poder ser él mismo en su hogar, con su familia, siempre temiendo recaer en su antigua vida, temiendo volver a probar sangre humana y hacer que su familia lo repudiase, temiendo decepcionar a Sakura y volver a ser el monstruo que había sido antes de conocerla.

—Tranquilo, quedémonos aquí— sosegó Sakura, sentándose velozmente a su lado.

—Detesto perder el control— se lamentó Sasuke en voz alta, frustrado. —Estoy feliz por Itachi, pero me incomoda mucho que un humano venga aquí— temía volver a ser quien había sido antes de conocer a Sakura.

—Han pasado décadas desde que probaste sangre humana, Sasuke, has llegado muy lejos— negó ella, no necesitando leer su mente para comprenderlo. —No harás nada, confía en mí— sus visiones le dejaban claro que Izumi estaba a salvo ahí.

—¿Realmente crees que vale la pena confiar en esa chica?— cuestionó él, volteando a verla. —Es una completa desconocida— y no quería que fuera un riesgo para ella.

—Como yo lo era para ti cuando nos conocimos— comparó la Haruno, quitándole las palabras de la boca. —Confía en mí, Sasuke, ella será muy importante para todos nosotros, en especial para mí— sus visiones lo aseguraban.

Sasuke siempre era así de protector, temía que hasta la más diminuta hoja pudiera lastimarla, mas Sakura se sabía a salvo con él y creía firmemente en lo que sus visiones le transmitía, Izumi ya se había vuelto muy querida para ella en poco tiempo y anhelaba compartir vivencias y amarla como la hermana que sería para ella en poco tiempo ; por otro lado, y no por primera vez desde que estaban juntos, desde 1948, Sakura se sintió infinitamente afortunada, sintiendo que estaría perdida en el mundo y sin tener un propósito si no tuviera a Sasuke en su vida, recorriéndolo con la mirada sin disimulo. Sintiendo la más mínima chispa de deseo que su esposa pudiera sentir, siempre atento al más minuto cambió en sus emociones, Sasuke alzó la mirada en dirección al rostro de su esposa, analizando esas hermosas y angelicales facciones, bajando la mirada por su esbelto cuello y elegante anatomía, no pudiendo preguntarse mentalmente si ella sabía lo que provocaba en él al haber elegido un vestido tan revelador para usar ese día. No extraño en absoluto que sintieran deseo el uno por el otro, estaban juntos desde hace más de 70 años, y los vampiros eran seres instintos, esclavos de los intentos animales más básicos, incluido el sexo, tanto como de sus propias emociones de sus pasados humanos, pero la mezcla de amor y lujuria que Sakura siempre tenía que ofrecerle resultaba irresistible como nada que Sasuke hubiera sentido en su vida y jamás estaba satisfecho, alzando una de sus manos y acariciando el rostro de su esposa, mientras sus iris ónix la desnudaban sin disimulo, haciendo sonreír a la pelirosa.

—¿Qué puedo hacer por usted, mayor Sarutobi?— consultó Sakura, sabiendo cuánto le gustaba que lo llamara por su verdadero apellido.

—Algo que una dama nunca haría, algo indecente— contestó Sasuke sosteniéndole la mirada tras analizar su perfecta anatomía.

—Un caballero no me lo pediría— mencionó ella únicamente, fingiéndose escandalizada.

Se lo había dejado claro a Sasuke desde su primera vez; no necesitaba que él la sedujera ni convenciera; lo había visto en sus visiones mientras pasaba de humana a inmortal, su mente había sido un lienzo en blanco en que la primera cosa, la primera y única constante había sido él y no había un solo momento en que no lo deseara, y se lo dejó claro nuevamente a su esposo, arrodillándose sobre el diván, frente a él, estando sus rostros al mismo nivel, atrayéndolo con sus brazos alrededor de su cuello y besando sus labios, sintiendo a Sasuke envolver sus brazos alrededor de su cintura y dejándolo abrir su boca con su lengua. El tacto de Sasuke fue impaciente y necesitado como siempre, haciendo sonreír a la pelirosa en medio del beso, deslizando las mangas del vestido para que este se acumulase a la altura de su cintura, apresurándose en desabrochar el brasier blanco de encaje debajo que solo pareció enardecer su deseo, sintiendo las piernas de su esposa abrirse para acomodarse a cada lado de su cuerpo mientras la recostaba sobre el diván, siempre tan entregada a todo lo que él pudiera desear; normalmente Sasuke podía manipular las emociones de los demás, pero no hacia eso con su esposa, tan solo elevaba la lujuria y deseo que ya sentía emanar de ella, pues sus emociones alimentaban las suyas. En medio del beso, Sakura deslizó rápidamente sus manos por el torso de su esposo, hacía sus pantalones, dándose prisa en desabrocharle el cinturón y luego estos, bajando lo suficientes para no retrasar lo que ella tanto deseaba, echando la cabeza hacía atrás y gimiendo tan pronto como lo sintió en su interior de una embestida.

Sin vacilación, tan solo haciendo a un lado la ropa interior de su esposa, aquella lencería tan elegante con que ella buscaba seducirlo cada día de su existencia, Sasuke penetró en su interior con fuerza y rapidez, hasta el fondo, sintiendo a Sakura arquearse debajo suyo, envolviendo sus brazos alrededor de su espalda en un cálido abrazo, con alegría salvaje, permitiéndole saborear la sensación de ser uno con ella, lo que devolvía la paz a sus sentidos y le permitía olvidarse de todo fuera de aquel invernadero, su lugar. Ese era "su lugar" desde hacía varias décadas, desde que ambos habían comprendido que su lujuria mutua podía ser percibida por todos los demás miembros de la casa, que se había visto afectados por ello, ahí no tenían por qué contener lo que sentían el uno por el otro, solo entregarse sin reservas, que es lo que hacían, el Uchiha retirándose lentamente para volver a embestir contra el interior de su esposa, sintiendo las caderas de la Haruno mecerse al encuentro de las suyas. Envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Sasuke, Sakura rompió el beso para verlos a los ojos, lo había visto cada día a su lado desde 1948, primero había sido su compañero de viajes, su amigo, su guardián y finalmente su esposo, pero aunque lo había visto por décadas en sus visiones, miles de veces, la realidad de tenerlo a su lado le resultaba abrumadora y lo mejor de todo es que era completamente suyo tanto como ella le pertenecía a él, se pertenecían el uno al otro; podía verlo, olerlo, tocarlo y hacer todo lo que siempre había querido hacer, halándolo hacia para un nuevo beso, envolviendo firmemente sus piernas alrededor de sus caderas…


—Esta es mi habitación— anunció Itachi, deteniéndose en el umbral. —Entre libremente, por su propia voluntad, y deje parte de la felicidad que trae— invitó con falsa seriedad.

—Eres muy convincente imitando a Drácula— celebró Izumi, reconociendo el diálogo.

Intercambiando una última mirada con Itachi, solo para estar segura y no queriendo invadir su privacidad, Izumi ingresó en la habitación con el Uchiha siguiéndola un paso más atrás, muy atento a cada una de sus reacciones. La habitación era considerablemente pequeña en comparación con las de sus demás hermanos y padres, por las que se habían paseado desde fuera—los vampiros evidentemente no cerraban las puertas a menos que quisieran privacidad—, pero igualmente cómoda en apariencia, se trataba de un amplio despachó con un pequeño balcón que daba vista a las montañas a lo lejos y a los grandes árboles que coronaban el bosque, y el suelo era color caoba con una alfombra de terciopelo rojo como la que se vería en cualquier sala elegante, y naturalmente había plantas por todas partes, cortesía de Mikoto; un par de helechos decorando el balcón y enredaderas creciendo por el contorno de este y el techo. Gran parte o todo el espacio de la habitación era abarcado por dos enormes libreros de roble macizo, el primero estaba repleto de libros hasta el tope, con varios colocados encima de la parte alta ante la falta de espacio, y el librero contiguo estaba repleto de discos, cd y vinilos en sus empaques, tan o mejor equipada que una tienda de música; tal vez lo que más se resentía a la vista era la ausencia de una cama, pues no había ninguna, aunque sí un escritorio de trabajo de inspiración eduardiana y una cómoda mecedora que colgaba del techo y decorada por tres almohadones, pareciendo más una sala de estar que una habitación.

—No hay cama— mencionó Izumi con extrañeza, volteando a verlo.

—Es porque no duermo— contestó Itachi, imaginando que ella preguntaría por ello.

—¿Jamás?— inquirió ella al no haber tocado ese tema, mas debería ser evidente.

—No, nunca— confirmó él, no extrañándolo demasiado, en cualquier caso. —Mis padres y hermanos si tienen camas en sus habitaciones, pero yo no lo necesito— ellos usaban sus camas para otras cosas. —Esto es suficiente para mí— aclaró, señalando la mecedora, pudiendo pasarse horas sentado ahí y releyendo sus libros.

—Si yo no necesitará dormir, tampoco necesitaría cama con tanto que leer— asintió la Yamamoto, deseando tener tiempo libre para leer todo aquello. —¿Puedo?— consultó, recibiendo un asentimiento antes de acercarse al librero. —Tienes muchísimos libros— ella apenas distinguía algunos que había leído, anhelando examinar el resto.

—La mayoría son primeras ediciones— presumió el Uchiha, pudiendo jactarse de ello.

—Presumido— juzgó ella, entornando los ojos con broma. —Oh, los tienes organizados por año— notó prontamente, organizando los suyos de igual modo.

—Y el resto por preferencia personal— confirmó él, siendo contadas esas excepciones.

—Uy, Hemingway— reconoció Izumi, tomando cuidadosamente el libro de la repisa y sin reparar en cómo Itachi colocaba un cd en el reproductor a su espalda. —James Horner— distinguió tras escuchar las primeras notas, volteando a verlo.

—Es un clásico— defendió Itachi, pues era de sus compositores modernos favoritos.

—Creo que no había escuchado esta versión— comentó la pelicastaña, paralizándose al sentir a Itachi entrelazar una de sus manos con la suya. —No…— negó al sentirlo acercarse, intuyendo la intención que tenía.

—¿Qué?— el azabache se detuvo de golpe, temiendo haber hecho algo para ofenderla.

—No creo ser buena bailando, menos así— aclaró ella, señalando su pesado yeso.

—Puedo hacerte bailar— desestimó él, aliviado de que ella no se negará por completo.

—Por favor, no me das miedo— protestó Izumi, encogiéndose de hombros despreocupadamente y sabiendo que podía confiar en él.

—No debiste decir eso— advirtió Itachi únicamente, arqueando una ceja ante el desafío.

Esbozando esa sonrisa ladina que tanto lo caracterizaba, y que lo hacía lucir entre presumido y seguro al mismo tiempo, Itachi se movió a gran velocidad para cargarla en su espalda, ni siquiera dándole tiempo a aferrarse antes de saltar por el balcón hacia el árbol fuera de la casa, sujetándose a este sin problema y volviendo la mirada hacia Izumi en su espalda, percibiendo cada diminuta reacción mientras su naturaleza humana se adaptaba o luchaba por adaptarse a su abrupta velocidad; Izumi acababa de decir que no le tenía miedo, pero eso se debía a que él actuaba como humano con ella casi todo el tiempo, reservar sus sentidos intensificados, fuerza sobrehumana y demás para cuando no estaba en su presencia, mas, quizás necesitaba darle una probada de aquello de que era capaz. Itachi fue rápido en su actuar, demasiado rápido, haciendo que Izumi se sobresaltara entre el momento en que la cargó en su espalda y aquel en que saltó por el balcón, sobresaltándola al hallarse de cara con el aire en lo que pareció ser una peligrosa caída…solo que no hubo tan caída, pues Itachi aterrizó contra uno de los árboles del patio, asiéndose firmemente a este sin problema, mas aunque supiera que estaba a salvo con él, la Yamamoto no pudo evitar jadear de pavor a causa de la altura, abrazándose lo mejor posible del Uchiha, envolviendo sus brazos alrededor de sus hombros y cuello, así como sus piernas alrededor de su espalda baja y caderas, o eso intentó debido al yeso en su pierna, ante lo que el azabache sujetó sus muslos entre sus manos para darle seguridad, pero al mismo tiempo apenas parecía tocarla con la punta de los dedos.

—Creí que para cosas como estas te convertías en murcielaguito— suspiró Izumi con la voz temblorosa, recuperándose de la primera impresión.

—Ese es uno de los mayores mitos sobre los vampiros— aclaró Itachi absteniéndose de reír por tan siquiera imaginarlo.

—¿Pretendes matarme?— reprendió ella, aun sintiendo el vertiginoso latir de su corazón.

—No bromees con eso— sosegó él, jamás exponiéndola a un riesgo real. —¿Confías en mí?— cuestionó, queriendo estar seguro.

—En teoría— asintió la Yamamoto, comenzando a tener sus dudas en ese momento.

—Entonces, sujétate bien, mono araña— aconsejó el Uchiha con tono burlón, volviendo la mirada hacia ella por sobre su hombro.

No necesitaba que ella confiara en él por completo, su relación se basaba en un acuerdo no escrito en que él la protegía y ella guardaba el secreto de lo que eran su familia y él, pero al mismo tiempo Izumi quería desesperadamente ser su amiga—lo sabía, ella se lo había dicho—y él deseaba desesperadamente tenerla cerca, por lo que aquel vínculo debería de bastar por ahora, permitiéndole al Uchiha trepar velozmente por el árbol, sintiendo a la Yamamoto aferrarse a él con todas sus fuerzas por temor a caer y no por temor a él, lo que solo lo hizo ser más veloz en su actuar. Aunque diciéndose que debería acostumbrarse a que Itachi actuara así, porque estaba revelándole de lo que era capaz en realidad por primera vez, Izumi no pudo evitar volver a sobresaltarse ante su gran velocidad, mas esta vez también chilló contenidamente de la emoción y río por lo bajo, apenas y pudiendo creer que algo de lo que sucedía fuera real, volviendo la mirada por sobre su hombro hacia el suelo y que se tornaba cada vez más lejano antes de regresarla al frente, solo para sorprenderse cuando Itachi saltó a otro árbol, claramente más alto, casi como si buscara acercarla lo más posible a las nubes y fue una comparación muy acertada. Tras alcanzar la copa del árbol, aquel que sabía era el más grande del bosque, Itachi bajó a Izumi para que ella se apoyase en las ramas de este, estando sana y salva, mas permaneciendo él igualmente cerca, observando atentó como su rostro se poblaba de la mayor incredulidad y fascinación que hubiera visto en tanto ella contemplaba el bosque desde tan privilegiada altura y que era insignificante para él.

—Tiene que ser una broma...— jadeó Izumi, riendo melodiosamente de incredulidad. —Esto no es real, no es posible— no debería serlo al menos.

—Es posible para mí, en mi mundo— presumió Itachi, haciendo que volteara a verlo.

—Esta vista es un regalo— declaró ella, maravillada. —Gracias— apreció, pues realmente significaba mucho para ella disfrutar de algo así.

—Tenerte aquí es un regalo— corrigió él por su parte, sintiéndose así a cada momento desde que la conocía.

Lo perseguía la visión que Sakura había tenido; en ella, podía verse persiguiendo a Izumi por un bosque, pero no a una velocidad humana, de alguna forma ella era tan rápida como él y se veía tan o más hermosa de lo que ya era a sus ojos, tomándolo de la mano y pareciendo iluminarlo todo con su sonrisa, una sonrisa que él deseaba mantener y proteger a toda cosa, esa luminosa sonrisa y que ella esbozó en ese momento le dieron la ilusión de que su corazón dentro de su pecho volvía a latir, aunque fuera imposible. No estaba enamorado de Izumi, eso sería demasiado abrupto, pero su mentalidad del siglo XX y las interacciones que habían tenido solo le daban una interpretación; se estaba enamorando de ella, no sabía si Izumi sentía lo mismo, pero él quería hacerla de su vida y protegerla, ese era su mayor deseo. Sonriendo ante las palabras de Itachi, sintiendo que él siempre sabía qué hacer o decir para hacerla sentir en la novena nube, Izumi recargó su peso contra él, aliviada de sentir sus brazos a su alrededor, había algo muy extraño en el hecho de que pareciera tan humano y que al mismo tiempo no lo fuera, ella debería de sentir miedo pues era un vampiro igual que Fudo, quien la había atacado…Si, era un vampiro y ello debería predisponerla a sentir miedo, sin embargo, Itachi era completamente diferente de Fudo, era su opuesto, era la persona más maravillosa que ella hubiera conocido y se sintió muy afortunada por tenerlo a su lado, sintiéndose segura y fuerte, capaz de hacer lo que fuera y de alcanzar alturas descomunales.

Con él, podía imaginar un mundo feliz.


PD: Saludos queridos y queridas, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, esperando como siempre poder cumplir con lo que ustedes esperan de mi, agradeciendo su apoyo y deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado :3 Las siguientes actualizaciones serán "Avatar: Guerra de Bandos", luego "El Rey de Konoha", y por último "Lady Haruno: Flor de Cerezo" :3Esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, así como todos los dolores de cabeza que seguramente le doy, habiendo actualizado en agradecimiento a su apoyo incondicional), a LizzyMichaellis25 y userZiha (agradeciendo contar con su apoyo y aprobación, y dedicándoles esta historia por lo mismo), y a todos quienes siguen, leen o comentan esta y todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.

Estructura Argumental, Reacciones & Trasfondo: La trama del capitulo gira en torno a Izumi y su presentación a la familia Uchiha, siguiendo lo representado en la película "Crepúsculo" de 2008, ya que los eventos como tal no suceden en el libro o no de igual forma, por lo que yo me tomó una libertad creativa, lo que también permite a la familia Uchiha conocer a Izumi y que ella se relacione con ellos, pues si bien Itachi la protege voluntariamente, también revela secretos del mundo de los vampiros, lo que atañe a su propia familia. Las reacciones de los personajes son igualmente importantes; por un lado, Izumi si bien se siente fascinada por todo, también tiene sobresaltos y señas de pavor como consecuencia de su estrés postraumático, por lo que depende mucho de la presencia de Itachi, por otro lado el actuar de Sasuke puede ser comparado con ansiedad social, aunque en lo hace debido a su deseo de sangre humana y porque siente las emociones de quienes lo rodean. Uno de los puntos fuertes del universo de Crepúsculo y que muchos sintieron quedo al debe era las historias de trasfondo de sus personajes, mucho más interesantes que los personajes principales de la obra, lo que yo destaco, pues si bien Itachi e Izumi son la pareja principal, parejas como Sasuke y Sakura con su incondicionalidad, Mikoto y Fugaku con su devoción o Ino y Sai con su lealtad fácilmente roban protagonismo y siempre aludo sus pasados, siendo importantes en los eventos de la trama. De hecho, en el próximo capitulo exploraremos el pasado de Mikoto.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: un fic inspirado en un What If de la Dinastía Romanov, que aún no tiene título, "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3