CAPITULO 14: Del Amor y Otros Demonios III

Leer las notas al final!


—¡Qué carajos estás haciendo aquí! —Le tomó demasiado tiempo sobreponerse a la imagen que tenía ante sí y sin darse cuenta le dio a su enemigo las armas para lastimarlo. Necesitaba respuestas. Tenía que escucharlo de su boca para darle sentido a lo que veía, sino su corazón buscaría la forma de explicarlo y creería cualquier mentira. Aunque la imagen que tenía ante sí parecía clara y jamás saldría de su mente así acabara con ambos ahí mismo.

A diferencia de Satoru, a Naoya no le tomó mucho tiempo para darse cuenta de la desesperación que mostró y no pasó por alto el escucharlo llamarla por su nombre. Se había equivocado, el novio no era Nanami: era Gojo. La criada había clavado las uñas en una presa aún más interesante. Sus ojos se afilaron y en sus labios se dibujó una sonrisa mordaz al ver la sorpresa y el dolor mal disimulados en el rostro de su contraparte. —¡Inoportuno como siempre! Estamos celebrando nuestro reencuentro y tú sobras niño ¡Lárgate! —La voz de Naoya era tranquila y susurrante como una serpiente. Pegó su rostro al oído de Kasumi y disimulando un beso le dijo con voz queda para que sólo ella escuchara. —Sabes lo que está en juego: una sola palabra y te olvidas de ver a tu familia con vida. —Giró a Kasumi que tenía el cuerpo suelto como una muñeca y la puso frente a él como un escudo agarrándola del cuello para que lo viera. —Te presento a mi amante y espía, me prometió tu cabeza y aquí estás. Dice que está aburrida de ti y que ya no te soporta.

Kasumi vio a Satoru unos segundos antes de esquivarle la mirada. Estaba pálido y con el rostro desencajado, casi podía escuchar su voz al ver la mirada de dolor y decepción con la que la veía, como esperando una respuesta que nunca llegó. Le dolió verlo así, parecía tan joven y desprotegido. Quiso pedirle ayuda, hacerle saber de alguna forma que ella no quería al hombre que la abrazaba, pero el recuerdo de él besándose con MeiMei y el miedo de perder a su familia terminaron por silenciarla. A él no le dolía verla con Naoya, a él le dolía el ego de sentirse rechazado, de perder a su juguete. Él era igual al tipo que la abrazaba, no le importaba lo que pasara con ella siempre y cuando obtuviera lo que deseaba.

Apenas podía verla bajo la tenue luz que salía de la casa. Una parte de él había estado seguro de que ella pelearía y gritaría por él pidiendo ayuda. En su lugar, la vio dejándose besar mansamente entre los brazos de Naoya. Su silencio fue ensordecedor y una daga en el corazón que había dejado de latir. Desesperado, buscó su mirada, esperando una palabra, pero lo único que encontró fue su sempiterna indiferencia antes de esquivarle la mirada con un gesto de asco.

Le faltaba el aire. Había evitado aquellas emociones por tantos años y era una ironía tener que vivirlas frente a su peor enemigo. No quería sentir nada de lo que sentía en ese momento: el dolor, la vergüenza y la humillación se agitaban dentro de él como un remolino y lo primero que le vino a la mente fue una voz que pedía sus vidas, en especial la de ella, no podía dejarla ir con lo que sabía del clan. "Mátalos, acaba con ellos", se repetía una y otra vez.

Durante todo el camino, mientras iba a buscarla había pedido a todos los dioses por ella. En su desesperación había rezado y se había prometido que haría las cosas bien. Había jurado que si la encontraba con vida y a salvo, le abriría el corazón y harían planes juntos. La presentaría a su padre, por el que preguntó tanto. Sacaría a MeiMei de su cuarto y le daría su lugar. La haría su novia ante todos para que supiera que no era un juego para él, que si tenía que tomarse las cosas en serio, lo haría: por ella. Tonto de él. Ahora sólo le quedaban aquellas promesas muertas mientras veía a Naoya tocándola.

Bajo la rabia y la sed de venganza, se asomó una voz pequeña. Podía dejarla ir, ella no tenía información importante. Nada que los grandes clanes no supieran de antemano, él se había asegurado de no contarle algo importante. Le había ocultado sus secretos como a todos los demás. Ella podía irse: cosas sobre la mansión, los entrenamientos y las técnicas no tenían valor. Lo único que se había llevado era su corazón, un corazón vacío y egoísta que no servía para querer ¿Para qué lo había enamorado?

Naoya se dio cuenta de su debilidad y dejando a Kasumi a un lado usó su velocidad para ponerse frente a Satoru y activar su técnica poniéndole una mano en todo el pecho. Terminaría el trabajo que no pudo hacer Fushiguro. La criada le estaba dando una oportunidad que no dejaría pasar. Le daría la paliza que lo llevaría a la muerte. —Demasiado lento. —Satoru no tuvo tiempo de activar su infinito. El tiempo se congeló y salió disparado al recibir un golpe en el abdomen que le rompería las costillas a cualquiera.

Kasumi apenas vio como Satoru quedaba atrapado en una especie de espejo para salir volando hacia atrás con el golpe que le dio Naoya. Se quedó en su sitio, con el estómago vacío, viendo como Naoya iba tras él para continuar con la pelea. Satoru no podía morir con un golpe así, ella había visto de lo que era capaz. Escuchó ruidos como ¿Explosiones? No. Eran como enormes vidrios rompiéndose a lo lejos.

Las personas empezaron a salir de sus casas, huyendo horrorizados, como si pudieran presentir el caos que venía, todos corrían, menos ella. Era su oportunidad para buscar a su familia, se acercó a las personas que pasaban, pero todos abrían los ojos asustados al ver su cabello y las marcas que tenía en la piel. Escapaban de ella sin dejar que los tocara. Los más atrevidos la empujaban, insultándola y maldiciéndola, culpándola por el fuego y caos que había empezado a extenderse, los estallidos de los vidrios cada vez más cerca del lugar donde empezó la pelea.

Kasumi trató de avanzar con las personas, cubriéndose el cabello, cuando vio a unos muchachos amigos de sus hermanos. Con temor, tocó el hombro de uno de ellos haciendo que volteara e inmediatamente se puso un dedo sobre los labios para que no dijera nada. El muchacho la vio asustado y estuvo a punto de salir corriendo, cuando vio su rostro y sus ojos llenos de lágrimas. —Por favor, no te vayas. ¿Sabes dónde están? Dime si viste algo. Él los tiene, necesito encontrarlos, por favor, ustedes son sus amigos.

Los muchachos cruzaron miradas ansiosos y uno de ellos habló. —Estaban reuniéndose en tu casa, cuando apareció él… no le vimos el rostro porque estaba cubierto, pero salió de entre los cultivos… —El vidrio rompiéndose estalló a unos metros y un hombre salió volando hacia a ellos tan rápido que apenas tuvo tiempo de ponerse delante de los chiquillos para cubrirlos.

El hombre apenas pudo frenar enterrando sus pies en la tierra para evitar golpear con su impacto a las personas que corrían. Kasumi lo vio de pie unos segundos antes de que cayera de rodillas jadeando con esfuerzo, luchando con todas sus fuerzas por ponerse de pie. —Salgan de aquí... Rápido… —No pudo continuar por la tos y la falta de aire. Casi no se podía distinguir el cabello blanco entre los mechones rojos que empezaban a gotear. Los recuerdos de su primer encuentro le vinieron a la mente y el miedo a verlo muerto resurgió. Él estaba mal, ya no importaba lo que había pasado entre ellos. No importaba si él la quería o no. No quería que Naoya lo siguiera lastimando.

Había recibido una serie de golpes en la cabeza, que cada vez lo aturdían más, haciendo sus movimientos más erráticos, atrapándolo en la técnica de su enemigo con más facilidad a cada toque. El bastardo tenía claro el objetivo y sabía a donde debía ir, por lo que no había parado de atacarlo en el mismo lugar una y otra vez después del primer golpe que acertó.

En un inicio intentó activar el infinito, pero después de varios golpes en la nuca sus reflejos dejaron de ser lo suficientemente rápidos y cada vez que lo intentaba, la cabeza le dolía más y más por la complejidad de su técnica. La desesperación lo embargó cuando Naoya lo empezó a lanzar contra las casas de alrededor, pensando que quizás Kasumi había buscado refugio en alguna de ellas. Veía a las personas correr entre el fuego y buscaba con desesperación el rostro de Kasumi antes de caer mareado y tomar aire antes de contraatacar.

Intentó alejarse de las casas arremetiendo contra Naoya con todas sus fuerzas, pero sus reflejos eran demasiado lentos, sus movimientos cada vez más torpes, una presa fácil para el toque del Zenin que sólo debía poner su mano y dejar que los movimientos descoordinados de su oponente lo congelaran para asestarle golpes en la nuca una y otra vez. Optó por renunciar a la activación de su técnica y en cambio se concentró en reunir su energía en la cabeza, como un casco invisible, para protegerse de los golpes.

Se paró con dificultad, apoyándose sobre una rodilla y volteando a ver a su alrededor. —¡Qué esperan! ¡Váyanse de aquí! —Buscó a Kasumi con la mirada una vez más, vio a los niños y alguien más que llevaba una capucha. Cualquiera podría ser ella. A estas alturas podría haber muerto entre el fuego o atrapada bajo los escombros. Sólo quería verla una vez más y que le dijera de frente que todo había sido mentira, sólo así, podría irse en paz.

Jadeaba por el esfuerzo que requería concentrar su energía. Tomó aire y salió al encuentro de Naoya una vez más, aunque en el último momento le pareció escuchar su nombre. Los gritos habían desaparecido, parecía que finalmente todos habían podido escapar. Sólo quedaba el fuego que se esparcía y que pronto llegaría a la casa de Kasumi. Cómo le hubiera gustado que aquel fuego borrara de su memoria la última imagen que tuvo de ella. Se quedó quieto mientras la recordaba. Ahora que todos se habían ido, podía cambiar de táctica sin el temor de herir a los demás. Ya no iría al encuentro con Naoya, lo esperaría en su lugar.

Naoya se acercó con una sonrisa confiada. —Pronto irás a hacerle compañía a tu padre. Aunque al menos él puede hablar ¿De qué te servirá tener el cuerpo intacto cuando tu cerebro termine de morir? Sólo unos golpes más… —Intentó golpearlo, pero para su sorpresa lo esquivó. Continuó tratando de acertarle, pero era en vano, aquel tipo era un maldito mounstro, después de tantos golpes aún era capaz de esquivarlo ¿Cuántos más tenía que asestarle para que muriera de una vez? Al final logró tocarlo y ambos salieron despedidos hacia atrás con el último golpe de su enemigo.

Kasumi se había acercado corriendo justo a tiempo para ver un cuerpo salir volando hacia sus pies. Se acercó con cuidado sin poder distinguir de quién se trataba.

Satoru volteó despacio al sentir los pasos acercarse y estiró la mano para tocar sus tobillos. Sólo ella podría estar ahí en medio de la confusión y el fuego. —¿Has venido a rematarme?

Sus manos siempre tibias ahora estaban frías, su toque suave temblaba y su voz era apenas un susurro. El pecho se le llenó de miedo y angustia al verlo tan débil y se lanzó hacia él. —¡Satoru! —Se agachó con cuidado para abrazarlo y dejarle besos en el rostro. Con su manga aún mojada le limpió el rostro, mientras buscaba con cuidado la herida de donde salía la sangre.

—Kasumi… perdóname. —Estiró su mano para acomodarle el cabello detrás de la oreja. —Perdóname, prometí cuidarte… Es mi culpa…

—No, fui yo. Yo debí esperarte, debí hablar contigo. Es mentira, todo lo que él ha dicho, es mentira. Tiene a mi familia, no sé dónde están. —Vio su mirada perdida antes de cerrar los ojos y sintió su mano caer poco a poco. Los ojos se le llenaron de lágrimas y el corazón de desesperación cuando vio la mano que sostenía su cabeza empapada en sangre. —Satoru, no te duermas, por favor… no te duermas, abre los ojos… no te vayas…

Con un susurro más bajo que los anteriores respondió. —Te creo, a ti si te creo... —Tomó su mano y se la llevó a los labios para darle un beso aún con los ojos cerrados. —Perdóname, dame cinco minutos para descansar… sólo cinco…

Su corazón le decía que si él cerraba los ojos nunca más los volvería a abrir, esa sería la última vez que escucharía su voz y sentiría su calor. Lágrimas de impotencia salían, si tan sólo pudiera usar la técnica inversa, pero apenas podía producir energía a voluntad. Era una inútil como le había dicho Naoya, como se lo decían los ancianos. Por su culpa Satoru se iba entre sus brazos y ella no podía hacer nada para evitarlo. —Satoru no te vayas, quédate conmigo… al único que quiero es a ti, te quiero a ti.

Lo vio abrir los ojos con dificultad y sonreír despacio agarrándola de la mano para llevarla a su pecho. —Yo también… yo también…

No podía producir energía, no podía curar y menos atacar. Lo único que podía hacer, era sostener su herida para detener el sangrado. Juntó sus labios con los de él y lo sintió frio, su respiración casi imperceptible. Si pudiera darle parte de su vida en aquel beso se la daría entera, porque si había alguien que podía cambiar las cosas era él. Él la había rescatado y le había dado una nueva vida. Si ese era el final, quería irse con él. Se quedó abrazándolo con los labios sobre los suyos hasta que sintió las manos de Naoya enredándose en su cabello para jalarla con fuerza, pero ella se abrazó a Satoru hundiendo su rostro en su cuello como lo hizo tantas veces antes y lo cubrió con su cuerpo.

—Suéltalo estúpida, está muerto.

Pero ella no lo escuchó y se aferró aún más a él, sin importarle el dolor al sentir como perdía varios mechones. Sujetó la herida con fuerza, mientras el fuego empezando a rodearlos.

—No voy a perder el tiempo contigo. Muévete u olvídate de tu familia.

—Ellos ya no están. Si estaban aquí es imposible que estén vivos y aunque los tuvieras no te servirán de nada, porque yo me quedaré aquí con él.

Frustrado, desvió la mirada hacia el fuego que los rodeaba y las cosechas que empezaban a prenderse. Tenía que salir pronto de ahí con ella.

—Como quieras. —Levantó la mano para golpearla. Debía de tener cuidado de no excederse. Sólo sería lo suficiente para dejarla inconsciente y llevársela.

Sintió un golpe terrible en las rodillas y salió despedido varios metros lejos de ellos. A pesar de recubrirse de energía en el último momento, sintió el impacto empujando sus huesos hacia atrás. Apenas podía moverse, al menos una de sus rodillas estaba rota. Entre quejidos ahogados se acomodó de lado concentrando todas sus fuerzas en la zona herida para ponerse de pie y salir de ahí.

—¡Satoru! —Sintió sus brazos envolviéndola con un suspiro. —¡Estás aquí! —Le dio varios besos por el rostro, mientras le limpiaba las lágrimas de emoción que caían sobre él. —No te esfuerces, por favor.

—Estoy bien… sólo necesitaba descansar un rato. —Con la ayuda de Kasumi se sentó para sacarse la chaqueta que llevaba y ponérsela a ella encima. —Tú estás muy fría. Toma. —Le dio un beso en la frente y ambos se levantaron despacio después de unos minutos. —Creo que ya sé dónde están. —Ella lo vio con ojos brillantes. —Pensé que me empujaba hacia las casas sólo por diversión, pero en realidad me estuvo alejando de tu familia, me pareció verlos entre los cultivos en el último choque. Ve a buscarlos, yo me encargo de él.

—¡Pero tu herida! Tienes que buscar ayuda ¡No puedes pelear así! Por favor… no quiero que te siga haciendo daño.

El se agachó y le llevó la mano a la cabeza: ya no sangraba. —La he reforzado con energía, estaré bien hasta que llegue Shoko; la mandé llamar antes de venir aquí. Ve con tu familia, rápido… —Lo vio preocupada mientras lo abrazaba para escuchar su corazón y asegurarse que no era un sueño. —De prisa, no soy el único que se levanta usando su energía.

Naoya estaba de pie, los dientes apretados aguantando el dolor que le causaba estar ahí y los ojos furiosos. Había sido constante y preciso en sus golpes, había ido por la nuca, estaba seguro de haberle acertado cada uno de los golpes y el maldito seguía en pie. El verdadero mounstro era él.

Kasumi salió corriendo a donde le indicaba Satoru mientras él se acercaba a Naoya. —¿Qué pasa? ¿Te has escaldado?

—No estaría tan confiado Gojo. Sé dónde te golpeé. Aunque logres activar tu técnica el cerebro se te fundirá y ese será el fin de tu clan.

—Eres un debilucho, mi abuela pegaba más fuerte. Ven, te enseñaré a golpear.

Los dos atacaron. Naoya esquivó la patada de Satoru y él bloqueó el golpe a la cabeza. Hubo un par de choques más que lograron esquivar. Ambos estaban a un golpe de perder y lo sabían, el refuerzo de energía que usaban para mantenerse en pie los desgastaba y hacía sus golpes cada vez más débiles. Naoya esbozó una sonrisa de triunfo al lograr tocarlo en el hombro, cuando sintió un golpe desgarrador que lo dejó sin aire y ambos rodaron acompañados del estallido de vidrios.

Kasumi había estado tratando de avanzar esquivando el fuego y el humo cuando escuchó el sonido del vidrio rompiéndose y volvió sobre sus pasos preocupada por Satoru. Lo vio a lo lejos avanzando mientras tropezaba. —¡Satoru! —Iba a su encuentro gritando su nombre cuando sintió las manos de Naoya atrapándola de nuevo.

—Un paso más y te mato. —Escupió sangre a un lado, pero no dejó de presionar el vidrio contra su abdomen. El pecho le ardía al respirar, podía sentir un par de costillas rotas y el humo no ayudaba. —Hora de irnos.

—¡Suéltala! —Gojo intentó acercarse, pero Naoya presionó el vidrio haciéndole un corte.

—Quieto. No creo que puedas curarla si esto termina dentro.

Se quedó en su sitio, apretando los puños con cólera. La cabeza le volvía a doler, la luz vibrante del fuego lo mareaba y no lo dejaba pensar con claridad. Estaba usando gran parte de su energía para compensar el daño recibido. Naoya debía estar igual, pues estaba seguro de haberle roto varios huesos. Barajaba sus opciones, cuando la escuchó. —Satoru por favor, déjame y ve por ellos. No los alcancé.

—¿Satoru? Vaya, veo que has hecho un buen trabajo… domesticándolo. —lo dijo de forma burlona y con una sonrisa triunfante para disimular el dolor y la humillación de no lograr su objetivo a pesar de haber estado tan cerca. Aunque la información que tenía ahora valía mucho más que cualquier otra cosa sobre el clan enemigo. Las palabras de su padre vinieron a su memoria; si no podía vencer aquella fuerza bruta, le quebraría la mente y el corazón. Aquella expresión de cólera y desesperación, iba más allá de un capricho o de alguien reclamando a su sirviente. Ese era el rostro de aquellos idiotas que caminan con el corazón en la mano. —Vamos preciosa, tu premio espera en nuestro cuarto. —Y antes de que pudiera esquivarlo le dio un beso a Kasumi para provocarlo, mientras hundía un poco más el vidrio para mantener alejado a su rival. Al terminar la volteó poniéndola delante de él mientras buscaba la salida más rápida.

Con lágrimas, volteó a verlo. Ya no le dolía el labio, ni el cuerpo, ni siquiera el vidrio que la cortaba lentamente. Lo único que sentía era el miedo de que creyera en las insinuaciones de Naoya y la angustia de saber a su familia condenada por su culpa. —Es mentira, no lo escuches… por favor, ve por ellos, por…

Naoya le dio un golpe en la cabeza haciendo que perdiera la conciencia para ponerla sobre su hombro. Disimuló el dolor del esfuerzo y concentró toda su energía en las rodillas lastimadas para poder salir de ahí antes de que se le acabaran las fuerzas. —Lo siento, siempre se mete en el papel hasta el final. Pero ya la escuchaste, ve por su familia si es que el fuego y el humo no los han alcanzado aún. —Y con burla añadió. —¿No la vas a obedecer?

Si Nanami o al menos Yuji estuvieran ahí, él podría impedir que Naoya escapara, pero ahora estaba atrapado. De nada le servía ir por ella para regresar a encontrar los restos de su familia, ella no se lo perdonaría. —¿Quién carajos crees que soy? Te daré ventaja y luego… voy a hacer que te arrepientas de vivir maldito cobarde.

—Lo veremos. —Y saltando al techo más cercano desapareció corriendo a la mayor velocidad que le permitía la rodilla rota. Tenía que llegar al clan antes de que el esfuerzo acabara con sus energías.

Satoru, por su lado, corrió hacia los cultivos cortando y arrancando las plantas de los lugares por donde pasaba para tener una mejor visión y tratar de detener el fuego. Al cabo de unos minutos los encontró, rodeados de humo. Los chicos aún moviéndose a pesar de las cuerdas, tratando de despertar a sus padres. Cuando lo vieron trataron de retroceder asustados, con los ojos rojos y llorosos, movieron con más fuerza a sus padres y parecía que tosían debajo de la mordaza. —Tranquilos, no les haré daño. —Pero los chicos seguían forcejeando, tratando de escapar de él. Agarró al más grande para que lo viera. —Yo no soy parte de los Zenin. Yo soy Satoru, del clan Gojo. Los voy a sacar de aquí.

El chico, se quedó viendo su cabello blanco bañado en sangre y sus ojos. Su hermana tenía razón, era muy diferente a Naoya. Vio a su hermano menor haciéndole una seña para que se calmara.

Satoru rompió las cuerdas tomando a ambos en brazos, uno en el hombro y otro al costado. Después de dejarlos seguros, volvió por los padres, aunque le costó un poco más de trabajo por el peso y el humo, pero ya estaba listo para ir por ella.

Veía los techos, pensando la forma de llegar a ellos y alcanzarlos, cuando vio a uno de los chicos tratando de entrar a su casa en llamas. —¿Qué haces? Espera con tu hermano, pronto vendrán a ayudarlos.

—Nuestro libro está ahí, es todo lo que tenemos, todos estos años… es de ella.

Satoru vio su rostro lleno de hollín y el camino que le habían dejado las lágrimas. Recordó las palabras de Naoya "Sé dónde te golpeé. Aunque logres activar tu técnica el cerebro se te fundirá y ese será el fin de tu clan". Vio el fuego consumiendo la casa y sintió el rostro del niño escondiéndose en su pecho, tal y como lo hacía su hermana. Le dio un abrazo rápido y revolviéndole el cabello se volteó para entrar. —Espera, ya vuelvo.

Él también sabía donde lo había golpeado y el riesgo que corría al tener la herida sin tratar. Sabía bien que sólo su energía no sería suficiente para continuar: tenía que activar su técnica; sólo con el infinito podría mermar y apagar el fuego, sólo con el infinito podría alcanzarlos. Si su técnica era el precio por salvarla, lo haría, no importaba lo que sucediera con él después. Y con paso firme se dirigió hacia el fuego mientras activaba su técnica una vez más.

Lejos de ahí, a unas manzanas de la mansión de los Zenin, casi saliendo de la ciudad, Kasumi despertó. Le costó un poco ubicarse y recordar lo que había pasado: Satoru herido, su familia perdida, Naoya tocándola. Se apoyó en su captor y se quedó viendo el horizonte oscuro alumbrado tenuemente por las luces de la calle. Esperando verlo a él en cualquier momento, pero no aparecía y pronto llegarían a la mansión de los Zenin. Sin embargo, los saltos eran cada vez más lentos y los pasos más pesados.

—Ya estamos cerca, no te ilusiones, él no llegará a tiempo. —Sintió un escalofrío terrible recorrerle el cuerpo y por un momento tuvo la necesidad de alejarse de ella. Fue tan rápido que decidió ignorarlo y continuó con la carrera a más velocidad.

—Suéltame. Me das asco.

Sintió nuevamente aquella sensación inquietante en los huesos y en el siguiente salto todo se volvió oscuro por un momento, para luego caer al vacío sinfín.


Notas:

Premio para quien termine de leer las notas

No sé si lo dije anteriormente (creo que sí, pero por si acaso lo repito más detalladamente) Satoru en este momento de la historia NO tiene los seis ojos, PERO los tendrá más adelante. Por lo mismo, está bastante nerfeado: no tiene rojo, ni la técnica inversa (porque no la entiende ni la puede hacer, es como si estuviera bloqueado) y mucho menos púrpura. Sin embargo, para compensar tiene una enorme cantidad de energía maldita, tipo Yuta, recuerden que ambos son parientes lejanos, así que en la época en la que se encuentran ahora (transición Nara-Heian) su relación es más cercana y por ende Satoru también tiene una energía descomunal.

Añadido a esto, como en esta época Nara-Heian se está dando el inicio del desarrollo de la hechicería, algunas de las técnicas que conocemos no están tan evolucionadas o no existen aún y con las maldiciones es igual, ya que estas dependen de la energía de las personas (que en ese entonces no eran tantos como en la actualidad). Un azul del Gojo actual es por lejos mucho más fuerte que un azul de este Gojo antiguo, recuerden también lo que dijo Gojo en su iluminación, hay un "manual" de las técnicas que pasan de generación en generación, por lo que se puede deducir que cada usuario de la técnica va pasando sus conocimientos para el siguiente y con ello el siguiente usuario podrá sacar mejor provecho y desarrollar más la técnica.

Habiendo dicho esto, es por eso que este Gojo antiguo no es tan poderoso comparado a la actualidad. Además, AHORITA su técnica no le exige el uso de los seis ojos.

Me he tenido que leer y releer e investigar las técnicas entre otras cosas para poder ser lo más fiel y apegada al manga y las reglas de su mundo, para no sacarme guionazos cof cof xD

En la técnica de Naoya y Naobito casi no hay variación, sólo en el nombre y en el hecho que dividen el segundo en 12, porque obviamente en esta época no existen las animaciones.

Una última cosa, no crean que me he olvidado, la técnica del Gojo antiguo se llama "Infinito", porque el "Sin límites" viene con los seis ojos que aún no existen.

Y por cierto, no sé si saben del caso de Prichard Colon, pero fue un boxeador que terminó casi en estado vegetal después de una serie de "golpes de conejo" o golpes en la nuca. Básicamente eso fue lo que le hizo Naoya a Gojo quería matarlo, pero para suerte de Gojo es un hechicero y se pudo proteger con su energía. Aunque si le daba un par más quién sabe. Pueden buscar el caso de Prichard, es muy triste porque nunca volverá a ser el mismo. Debido a esto se creó la regla que lleva su nombre donde se declararon ilegales ese tipo de golpes.

Sin más que decir, continuen:


No supo cuánto tiempo estuvo ahí. Tenía varios golpes en el cuerpo y un golpe en el rostro. Al levantarse la cabeza le empezó a dar vueltas, obligándola a quedarse quieta mientras veía el camino vacío, aún con la esperanza de verlo llegar. Volteó despacio viendo a su alrededor y encontró a Naoya hecho un ovillo en el suelo, sin moverse. No quiso ni acercarse para ver si estaba vivo o no, tenía que salir de ahí y darle el encuentro a Satoru. Se levantó con gran esfuerzo y el aire gélido de la noche la recibió haciéndole temblar las piernas.

—Kasumi.

Lo vio de pie, jadeando por el esfuerzo, el aura azul que rodeaba su cuerpo fue desapareciendo poco a poco conforme se acercaba a ella a paso lento —¡Satoru! —Se lanzó a sus brazos y ambos cayeron de rodillas al suelo en un beso desesperado como si no se hubieran visto un largo tiempo. Se quedaron abrazados algunos minutos, mientras veían el rostro del otro, pasando la mano con cuidado por sus heridas. —Satoru, no estás bien. Vámonos de aquí por favor.

La abrazó con fuerza para darle su calor y sentirla cerca a él. —Estás herida y muy fría, te puede hacer daño. Pronto llegarán Nanami y Yuji, ellos te llevarán con tu familia.

Bajó la mirada sintiéndose culpable por olvidar a sus hermanos, pero la angustia por él pudo más. —¿Y tú qué vas a hacer? ¿Por qué no vamos los dos? Vámonos, por favor, no vale la pena.

—Tengo cosas pendientes que arreglar con ese idiota. —Le dio una mirada rápida y volvió sus ojos a ella. Vio su labio roto, las marcas que le había dejado en la piel y el corte en el abdomen y la cólera lo inundó reponiéndole las fuerzas. —Además ya está despertando y no nos dejará avanzar. Yo me encargaré de él.

Ella lo besó de nuevo rogándole con caricias lo que no escuchaba con palabras. —Satoru, por favor… ven conmigo.

Escucharon los pasos de Nanami y Yuji que llegaban, uno más cansado que el otro.

—Llévenla con su familia y refuercen la seguridad del lugar con personas de confianza. Llamen a Geto para que les eche una mano hasta que yo llegue.

La ayudó a levantarse y con un último beso se despidió. —Tengo que arreglar esto, sino no te dejará en paz. Te daré el encuentro pronto.

Satoru avanzó hacia Naoya, mientras Nanami le hacía una seña a Yuji para que se la llevara. —Por favor cuide a Satoru.

El rubio volteó con la expresión seria que lo caracterizaba. —Quien necesitará ayuda es Naoya, no él.

Yuji la cargó en brazos y poniéndosela al hombro empezó a correr mientras ella veía la espalda de Satoru alejándose.

Naoya escupía los últimos restos de sangre y tomaba aire, planeando como salir de ahí. El golpe de la caída había mermado sus últimas fuerzas.

—¿Qué haces aquí? Te dije que fueras con Kasumi.

—Ya no tiene fuerzas, es en vano que te quedes. No cometas una locura, Gojo.

—No te metas.

—Lo haré si es necesario.

Se levantó con las pocas fuerzas que le quedaban; no iba a poder hacerle frente, si Gojo iba en serio sus posibilidades de salir entero eran nulas. Sin embargo, la cólera y la frustración de verlo aún en pie a pesar de los golpes, lo reanimó. Él no sería el único que saliera herido de ahí. Usó su energía para reforzar su cuerpo. —¿Crees que eres especial? No eres el primero en caer en nuestra trampa. Ella tiene lástima de las víctimas, pero siempre regresa conmigo porque me pertenece.

—Es mentira. Tenías secuestrada a su familia. Es la única forma en que puedes tener a las mujeres, no eres más que basura.

—Pero me quiere, hemos estado juntos por años haciendo esto. Tú mejor que nadie debe entenderlo ¿Acaso no has estado años con esa mujer, MeiMei? —Vio con una sonrisa como el rostro se le iba desencajando. —¿La mía es muy convincente verdad? Estás en nuestras manos idiota.

—¡Suficiente! ¡No quiero que la vuelvas a buscar y menos a ponerle una mano encima, ni a ella ni a su familia! La tregua por los Fujiwara no te va a salvar si la vuelves a tocar imbécil.

—No eres más que un pobre idiota. Esta vez fue una excepción porque tardó demasiado en volver. Es ella la que siempre me ha buscado, por eso se ofreció a traer tu cabeza, porque quiere ser mi única concubina. Estuvo meses detrás mío, ofreciéndose, hasta que logró meterse en mi cama…

Fue tan rápido que ni siquiera tuvo tiempo de ponerle la mano encima para detenerlo. Le quitó el aire y si no hubiera reforzado su cuerpo probablemente lo hubiera atravesado.

—¡Gojo, no! Debemos irnos, si es cierto lo que dice esto puede ser una trampa para dejar la mansión desprotegida ¡Tenemos que regresar! —Nanami trató de acercarse, pero Satoru volteó amenazante.

—¡Es mentira!

Le costaba respirar, era increíble la fuerza que tenía, era incluso más monstruosa que al inicio de su pelea ¿Cómo rayos era eso posible? —Escucha a tu perro guardián. Estás sacrificando a tu clan por mi amante, eres patético Gojo. Aunque no te culpo, es muy bonita y suave…

Otro golpe, a pesar de que esta vez estaba preparado, apenas pudo frenarlo con su técnica. Sólo un poco más. —Lo único que me molesta es tener que haberla compartido contigo. Antes de que llegaras me dijo que estaba aburrida de ti, porque eres muy pegajoso y no podía quitarte de encima… que tenerte a su lado era un castigo y que no veía la hora de regresar conmigo… que su rostro no te engañe, a ella le gusta el juego rudo… no eres más que un niño mimado, cuando regrese conmigo ni siquiera se acordará de ti…

—¡No te atrevas a hablar así de ella!

Apenas se dio cuenta y estaba tumbado en el suelo recibiendo golpes por todo el cuerpo. Verlo sufriendo, loco de dolor, aunque no fuera por su mano, hacía que los golpes que recibía lo llenaran de satisfacción. Su guardia trató de acercarse para detenerlo, pero ciego de cólera lo golpeó fácilmente enviándolo varios metros lejos de él. Estaba fuera de sí.

Cansado, se detuvo a tomar aire. No iba a caer en su juego, sólo estaba mintiendo para herirlo. Ella le había dicho que lo quería ¿Entonces por qué lo embargaba esa desesperación?

—Llévatela si es lo que deseas. Puedes entusiasmarte todo lo que quieras, al final ella volverá conmigo y seré yo quien la tenga en su cama.

—Mientes.

Lo había logrado, vio sus pupilas contraerse como alfileres y la locura haciendo estragos en su mente. Si lo convencía probablemente hasta podría matarla. Con sus últimas fuerzas le dio una sonrisa triunfante. Si tenía que morir lo haría, pero no sería en vano. Arrastraría a su enemigo con él. Su muerte sería el inicio de una guerra. —Mírate, el engreído y orgulloso heredero de los Gojo, loco de amor por mi mujerzuela.

—¡Basta! —Esta vez dejó ir toda la furia que tenía desde que lo vio tocándola. A la mierda con los clanes y los Fujiwara. Cada vez fue reforzando sus golpes con más y más energía, el color blanco fue cambiando poco a poco en un celeste cada vez más intenso. Quería verlo muerto, no pararía hasta ver su cuerpo sin vida. Una mezcla de recuerdos y miedos inundaron su mente borrando la línea de la realidad y la ilusión. Naoya besándola, ella ignorándolo por semanas burlándose con sus hermanos. Naoya y Kasumi reuniéndose a escondidas en el bosque. Él haciendo el ridículo ante su clan, poniendo en juego su título. Ella entre sus brazos diciéndole que lo quería.

Escuchó a lo lejos la voz de Nanami gritando que se detuviera. Lo tenía encima tratando de sujetarlo para que no continuara. Su mente se fue despejando lentamente hasta ver el bulto de sangre en que se había convertido su enemigo. Pero el maldito aún respiraba.

—No hagas algo de lo que te vas a arrepentir. Si lo matas estarás condenando al clan. No sólo vendrán los Zenin, sino los Kamo y los Fujiwara. Los tres grandes caerán, no sin antes acabar con ella por ser la causante, la torturarán, la muerte será un premio.

Naoya temblaba. Tenía la ropa bañada en sangre, apenas podía abrir uno de los ojos, tenía cortes por todo el cuerpo y respirar era un castigo. Tenía a Gojo sobre él mirándolo con asco. No podía hacer más, ya no le quedaban fuerzas, pero recibir el perdón de su enemigo era más humillante que la muerte. —Yo soy el primer hombre al que quiso.

La furia volvió a apoderarse de él, se deshizo de Nanami fácilmente. El cuchillo sin filo de su subalterno rebotó en su técnica mientras sus puños se iluminaban con un resplandor azul. —¡No la volverás a tocar!

Un fuerte destello azul iluminó los alrededores seguido de un grito y varios destellos más. Los animales de los alrededores salieron corriendo y hasta los grillos cesaron su canto.