Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Aclaraciones: Modern Times. Universo Alternativo.
Advertencias: Lenguaje mal sonante.
Néctar de Lavandas
Capítulo 8
Sakura abrió de nuevo el chat —omitiendo el pensamiento de contar cuántas veces habían sido ya— para descubrir, otra vez, que Naruto no le envió mensaje.
Después de la pelea de ayer ella imaginó que era momento de darle un espacio al rubio, dejarlo pensar y reconsiderar si sería sano continuar con su relación. Ella entendía que le hizo daño a causa de su egoísta pensar; haberlo tratado de esa manera, sin tomar en cuenta los sacrificios hechos por Naruto para estar con ella fue un grave error de su parte; uno que sería duro de reparar.
Jamás Naruto la había tratado así. Él siempre era gentil, amable, delicado y un tonto, tenía una particular manera de tratarla, una parte de sí que era exclusivamente para ella.
Verlo de esa manera, con esos ojos azules rabiar de furia la hicieron sentir diminuta, demasiado asustada cómo para defenderse, tan nerviosa cómo para hablar o contradecir las acusaciones que Naruto hizo sin quitarle la mirada de encima.
La lengua le pesó, incapaz de completar una oración, viéndose reflejada a través del brillo lleno de dolor de Naruto cómo lo que realmente era.
Una maldita.
—¡Oi, Sakura!
La voz en la lejanía de Ino la despertó y le hizo darse cuenta del lugar en el cual se hallaba. Se halló desconcertada por todo el tiempo en que estuvo ensimismada, sacudiendo esos pensamientos y acudiendo con rapidez hasta donde su amiga la esperaba.
—¿Qué pasa contigo? —Ino no perdió oportunidad en regañarla—. Te he estado gritando por horas y tú en las nubes. Mi garganta está seca.
—Traía mis audífonos, sorry —se excusó Sakura para no causar una pelea ni dar una explicación sobre su despistes.
Le había pedido a Hinata e Ino salir ese día y no quedarse encerrada en casa, llenándose de pensamientos con respecto a lo sucedido con Naruto. Al momento de haberse ido a dormir después de ser cuidadosa en no despertar a sus padres, dio un último vistazo a su celular, esperando que Naruto le enviara un mensaje con un largo texto lleno de disculpas y faltas de ortografía que ella le corregiría. Pero nada. Aun así ella no dejó de mirar al celular, despertándose, creyendo que no escuchó el tono de mensajes y mirando, de nuevo, el chat.
Se vio tentada a escribirle, ser ella quien tomara la iniciativa pero su orgullo se lo impidió. Había sido Naruto quien trajo a la superficie el tema y él quien generó todo ese caos. Si no lo hubiera hecho, todo seguiría como tal, sin ella quebrándose la cabeza y comenzando a comportarse tan fuera de sí.
Odiaba cómo le estaba afectando, el no tener las atenciones de Naruto como siempre, sus mensajes de buenos días, sus promesas de llevarla a un lugar lindo, sus ojos azules chispeantes iluminarse cuando ella aparecía...
Todo se sentía tan igual a cuando...
—¿Y Hinata? —decidió no pensar y desviar la atención a otro punto. No ver a su otra mejor amiga fue la mejor opción.
Ino suplantó su mueca molesta por una llena de picardía que a Sakura le hizo tener un tic en la ceja.
—¿Qué con esa cara...?
—Le estuve llamando toda la mañana para avisarle de nuestra salida pero no respondió. Volví a intentarlo y fue Menma quien me contestó la llamada: me amenazó de a muerte si continuaba molestándolos.
—¡Y lo dices con una sonrisa!
—Es que me siento tan orgullosa de Hinata —Ino hizo el ademan de limpiarse una lágrima—, al fin perdió su virginidad...
—En serio eres una pervertida —masculló Sakura, caminando de largo de Ino y no queriendo escucharla.
El ruido urbano logró despertarla. Imaginó que ya era de día pues su estómago emitió un rugido leve a causa del hambre que padecía. Aun así no se sintió con la energía para levantarse de la cama, especialmente en su cómoda posición.
Hinata se giró, intentando quitar la capa de sueño descansando en sus pestañas, creando figuras imaginarias en el techo mientras se estiraba, sintiendo una enorme satisfacción de escuchar sus huesos tronar.
La habitación de Menma se hallaba a oscuras a pesar de la tenue iluminación filtrarse por los espacios de las cortinas. Sabía que él hizo todo eso para dejarla dormir un poco más. Ese pequeño acto le calentó el corazón, agradecida completamente por las atenciones de Menma con respecto a ella, sobre todo al saber que no había tenido una buena semana a causa de los compromisos a los cuales su padre la instó a participar.
En cuanto la cama comenzó a tornarse incómoda, Hinata se propuso a levantarse, percatándose de su desnudez que logró teñirle las mejillas de rosa pastel. No era la primera vez que Menma y ella tenían relaciones, se había vuelto parte de su relación demostrarse afecto a través de caricias y contacto físico, aun así eso la avergonzaba, sobre todo la manera tan irracional en la cual se comportaba con Menma estando en pleno acto.
Buscó sus ropas para cubrirse pero no las halló por ningún lado, desconcertándola. Encontró una playera que Menma usaba, tomándola prestada hasta que pudiese encontrar sus ropas, avergonzándose de sobremanera de sentirse tan ligera de ropa al no tener ninguna prenda interior con ella.
Ya que Menma no estaba a su lado, Hinata supuso que estaría en la sala o la cocina, o seguramente fue de compras para abastecerse. Hizo la cama, una mínima contribución por su estadía en la casa de su novio, pensando si no habría sido incómodo para Menma quedarse toda la noche, sobre todo viviendo con Naruto.
Sin embargo, gracias a Ino, ella supo que Sakura y Naruto se habían separado del grupo para descansar un rato. Y cuando no se presentaron en la fiesta, Ino zanjo el tema al asegurar que ambos se fueron a algún motel cerca a pasar la noche. Eso la hizo sonrojarse por la normalidad con la que Ino le decía esas cosas.
No fue díficil para Menma convencerla de quedarse cuando cerró sus brazos alrededor de ella, besándola apasionadamente y llevando sus manos a través de su piel desnuda, besando sus muslos y pies, viéndola a través de sus zafiros oscurecidos a causa de la excitación.
Recordarlo provocó en Hinata pausar su acomodo y llevarse las manos a la cara para aplacar el bochorno.
—Centráte —se regañó a sí misma para no dejarse llevar por los aun frescos recuerdos, desviando la atención a dejar lo mejor posible la cama de Menma.
Se acercó al espejo de cuerpo completo que estaba detrás de la puerta para arreglarse y no verse tan mal. En su escrutinio ella encontró marcas rojizas en su cuello, piernas y muñecas que no dudaba fueron obra de Menma.
—Mou —frunció el ceño al saber la enorme tarea que sería ocultarlas de los ojos estudiosos de su padre y primo que ya sospechaban que había comenzado a salir con un chico.
Peinó sus cabellos con los dedos ante la falta de sus herramientas de arreglo personal, saliendo al pasillo. Buscaría a Menma para reclamarle.
En el momento en que Hinata salió de la habitación de Menma fue inevitable —a causa de su aceleración— chocar con el cuerpo que se cruzó en el momento de su salida. Su frente chocó contra algo duro y húmedo, escuchando a continuación un suspiro ahogado.
Se quedó quieta, aspirando el jabón sobre la piel cubierta por perlas de agua, alzando lentamente la mirada para toparse con unos ojos azules completamente distintos a los que ella estaba acostumbrada a ver.
—¿N-Naruto-kun?
.
Él sabía que la chica no tenía la culpa de nada pero, mierda, comenzaba a odiar su voz.
No dejaba de escuchar sus suspiros descontrolados en su cabeza una y otra vez; no importaba cuántas veces cerrara los ojos o se escondiera debajo de las almohadas, el susurro de su encantadora voz derretirse lo seguía maldiciendo y recordándole su crimen.
Esa mañana Naruto se encontró en medio de su cama, demasiado cansado como para iniciar otro día y atemorizado por los pecados cometidos. Decidió quedarse ahí hasta escuchar que los demás habitantes se marcharan. Después de la salida del alba, escuchó a Menma hacer ruido en el baño para eventualmente hacerse el desayuno; el aroma a café y tostadas se lo confirmaron. Luego le escuchó salir. ¿A dónde? Francamente no importaba si ahora tenía el departamento para sí solo y de ese modo deshacerse de la evidencia.
Ya no estaba erecto y la esencia de su deseo desapareció en el bote de la basura que ahora mismo desecharía. No quería que nadie supiera lo que ocurrió anoche ni de lo que fue capaz de hacer. Salió de su habitación, llevando su ropa interior inservible; no podía darse el lujo de tirar ropa de buena calidad pero no tenía otra alternativa. Si deseaba pasar desapercibido el hecho de que se corrió pensando en la novia de su hermano, debía hacer sacrificios.
Rogó a las divinidades en turno de que la joven Hyuga también se hubiera marchado del departamento. Quizá acompañó a Menma a su salida y ahora estaba solo. Eso sería un gran alivio porque aun no sabía cómo comportarse delante de Hinata.
Pasó lo más rápido por el pasillo con dirección al baño. Necesitaba una ducha urgentemente, con agua fría de preferencia para quitar toda la maraña de su cabeza. Pero el cuerpo nuevamente le traicionaba en cuanto pasó frente a la habitación de Menma. Tragó seco.
Era el mismo jodido lugar en el que se quedó anoche, viéndolo todo. La única diferencia era que ahora la puerta se hallaba cerrada y no semi-abierta como anoche. Pensó en la probabilidad de que ellos siguieran adentro, haciéndolo en silencio, con Hinata gimiendo cerca del oído de Menma mientras éste la penetraba...
—¿En qué mierda estás pensando, Naruto? —gruñó completamente enojado con sus pensamientos al traer de regreso las vívidas imágenes que se disponía a borrar.
Haberse masturbado pensando en otra chica que no fuera Sakura era un crimen del cual Naruto no estaba dispuesto a perdonarse, especialmente si la susodicha era la novia de su hermano. Bien no podía llevarse de maravillas con Menma, que tenían demasiadas diferencias que lo único que tenían en común era el apellido, pero quería a su hermanito y no iba a traicionarlo así. No iba generar un conflicto solo porque su voluntad le hizo actuar erróneamente.
Él quería pensar que fue el momento, no estuvo pensando bien a causa del alcohol ingerido y el hoyo en su corazón a causa de la discusión con Sakura, así como el factor que la joven jamás dejó de pensar en Sasuke, incluso estando con él. Probablemente el cerebro no le funcionó bien y se quedó ahí, como idiota, viendo algo que no debió. Claro que eso no justificaba sus acciones pero jamás se atrevería a hacerle eso a Sakura ni a Menma.
Sin embargo, la mirada perlada de Hinata clavársele directamente, justo en el momento en que el brillo de sus ojos aumentaba y el temblor ligero que sacudió todo su cuerpo cuando la lengua de Menma llegó al punto mágico de su cuerpo, como si supiera de su presencia desde el primer momento, no lo dejó en paz.
Llevaba la expresión del rostro femenino tatuado en su mente, uno que necesitaba urgentemente borrar si deseaba comportarse como siempre con Hinata. El hecho de haber peleado con Sakura y dejar en duda si su relación seguía o no, no le daba el derecho a hacer ese tipo de cosas. No era así. Daba su corazón de manera completa y dudaba siquiera que existiera otra chica por la cual enamorarse perdidamente como lo estaba de Sakura.
Aun doliendo, Naruto seguía amando a Sakura.
Pero ese amor no era suficiente para detenerlo y llegar hasta la puerta, con la piel de su mano cosquilleándole por tomar el pomo de la puerta y abrirla. Solo quería cerciorarse de que no estuvieran ahí; de que ella no estuviera dormida al otro lado, completamente desnuda debajo de las sábanas.
Inmiscuirse en la privacidad de su hermano no era algo que Naruto hiciera a menudo. Había aprendido la lección cuando hizo algo similar en la adolescencia, ganándose un brazo roto a causa de la pelea que tuvieron. Pero algo le instaba, algo desconocido que jamás estuvo ahí antes y que pareció despertar en cuanto esos ojos plateados le hicieron ver lo que amar significaba.
Afortunadamente la puerta no se abrió, tenía llave. Naruto se separó, respirando agitadamente por las acciones de su cuerpo que no concordaban con sus reales pensamientos ni intenciones. Lo agradeció y solo pudo barrer sus cabellos, preguntándose qué demonios estaba haciendo.
Empero también le confirmó una cosa.
Hinata seguía ahí.
Debía ser rápido.
Su plan consistía en tomarse una ducha, ir a su cuarto a vestirse, llevarse consigo las evidencias y desecharlas a la basura. Tendría que ser discreto para no levantar sospechas ni que ninguna vieja chismosa del vecindario comenzara a generar rumores por ver cómo sospechosamente sacaba la basura. Sería simple. Él era un maestro en eso de la improvisación, era uno de sus dones.
Después se iría. No importaba a qué lugar, solo quería estar afuera. Quizá podría ir con Sasuke-teme o ir al centro de bateo de Yahiko a gastarse algo de dinero y sacar sus sentimientos a través de una serie de lanzamientos. Sonaba bien y a un mejor plan.
Pero ella lo arruinó. ¿Por qué decidió salir en ese momento? Solo le faltaba poco menos de un par de metros para refugiarse en su habitación, hasta estaría dispuesto a salir por la ventana y hacer maniobras para no cruzarse con Hinata esa mañana pero la divina suerte no estaba de su lado.
No desde ayer.
El contacto de su húmeda piel remojó la tela de la playera que supuso era de Menma ya que en ella se veía demasiado grande. La forma de sus pechos no tardó en dibujarse detalladamente y eso le hizo sentirse nervioso.
Naruto apenas usaba unas bermudas y el pecho lo llevaba desnudo, aun chorreando del cabello por salir apresuradamente de la ducha, sintiéndose sudar a causa del encuentro accidental con Hinata quien, apenas consciente, levantó la mirada y nuevamente ese par de tornasoles se le clavaron profundamente.
—¿N-Naruto-kun?
La odiaba. De verdad la odiaba. A ella y a su hermosa voz. Su expresión inocente, como si anoche no lo hubiera maldecido con su canto de sirena que juraba brindarle la más encantadora de las perdiciones que un mortal podría soportar.
Naruto jamás se había sentido tan tentado por arropar a otra mujer entre sus brazos como en esos momentos y eso le alarmó.
—Lo siento —la separó bruscamente, casi gruñendo por cómo sus dedos se hundieron en sus frágiles brazos, escuchándole suspirar de sorpresa.
Debajo de sus pantalones sintió que su miembro reaccionaba con aquel pequeño e inocente gesto.
—Tengo prisa —masculló rápidamente, yendo a su habitación a esconderse, dejando atrás a Hinata sin molestarse en explicarle.
Necesitaba alejarse de ella, olvidar todo lo relacionado a ella hasta que pudiese controlar esos pensamientos en su mente.
Tomó una playera de la montaña de ropa sin acomodar que tenía en un rincón, poniéndosela. Alcanzó el celular y tecleó el número de la persona a quien imaginaba podría ser la solución a su nuevo problema.
—Hey —no le dio oportunidad de hablar en cuanto contestó—, ¿podemos vernos y hablar?
El orgullo le dolió pero dentro de sí sabía que eso era lo mejor.
No podía desear a Hinata.
.
Menma terminaba de estacionar su moto en cuanto vio a Naruto salir disparado fuera del edificio. Lucía apresurado, lo cual le hizo alzar la ceja al no tener idea de a qué hora llegó al departamento. Cargó con una mano su casco y con la otra la bolsa del mandado; no pudo completar el desayuno ya que en el refrigerador no quedaba nada de comida, algo que le hizo maldecir a Naruto por no haber hecho la compra que le correspondía.
Dejó a Hinata descansar en su cama antes de llamarla para desayunar, cerrando la puerta detrás de sí con seguro; si Naruto llegaba, no quería que éste entrara a su habitación —sabiendo lo metiche que a veces era y que no respetaba la privacidad de otros— y se topara con Hinata en esa situación. Recogió su ropa para dejarla en la lavadora, acercándole una de sus playeras en caso de que despertara.
Menma descubrió que el difraz de monja-gótica y sexy que Hinata usó para la noche de Halloween estaba totalmente destruido. Se desesperó tanto en quitárselo que se lo arrancó, dejándola expuesta, con sus medias abrazándole la mitad del muslo cómo una prenda mientras la saboreaba. No era que fuese un gran fanático del juego de roles pero jamás rechazaría a Hinata disfrazada.
Ya que Naruto estaría afuera con Sakura, era probable que éste se quedara con la Gorila hasta el amanecer, dejándole solo el departamento. Lo supo aprovechar, llevando a Hinata más de una vez al cielo, empapándose completamente de ella y saciarse. Después de verla dormitar en su pecho, él se sumió a ella, descansando contra el cuerpo del otro hasta que él despertó, dejándola dormitar más ya que sabía el arduo trabajo que había hecho en las últimas semanas. Seguramente todo con el fin de ganarse el permiso de parte del señor Hyuga para salir de fiesta con sus amigos.
Abrió la puerta del departamento, dejando los Converse negros en la entrada, abriendo la puertecilla que separaba el resto de la morada para toparse con Hinata escribiendo en su diario.
—Oh —ella detuvo su escritura, sonriéndole tímidamente—. B-Bienvenido, Menma-kun.
—Hmm —respondió él, dejando la bolsa sobre la mesa—. ¿Hace cuándo despertarse?
—Hace unos momentos —contestó ella, cerrando su diario con cubierta rojiza, haciéndolo a un lado.
Menma recordó a Naruto.
—¿Naruto estuvo aquí?
Hinata parpadeó y luego asintió.
—Uhm. Pero se fue muy rápido. Al parecer tenía prisa.
Menma miró a Hinata de nuevo y notó que vestía una playera y unos shorts que no dudaba eran suyos por lo enormes que le quedaban.
—Mejor —dijo Menma, sacando las cosas de la bolsa—. Me hubiera enojado que te hubiera visto así.
—¿A-Así cómo?
—Con mis marcas.
El rostro de Hinata se coloreó de rojo granete.
—¡D-De eso quería hablar contigo! —a pesar del pequeño tartamudeo que hizo perder fuerza en su reclamación, Hinata frunció el ceño—. N-No puedes dejarme marcas, m-menos en el cuello. Ahora debo cubrirlas y cuidar de que... ¡Hmm!
El regaño de Hinata se vio interrumpido cuando Menma le puso un pedazo de rollo de canela en su boca, un aperitivo que Hinata no pudo rechazar pero que ni aun así le hizo dejar de ver a Menma con el ceño fruncido.
—Hai, hai. Seré cuidadoso la próxima vez —dijo con diversión, viéndola masticar antes de responder—. O simplemente me enfocaré en tus muslos internos, ahí no tendrás problemas.
Menma rio cuando Hinata comenzó a ahogarse con el pan.
—Ino, ¿podrías darte prisa? —gruñó Sakura al ver que su rubia amiga no avanzaba nada.
—Oye, Frentona, no me harás ganarme un multa. Sé agradecida de que te lleve a donde el tonto de Naruto quiere verte...
—No le digas así —pidió Sakura, viendo a Ino con molestia, provocando que al rubia alzara ambas cejas con sospresa.
—¿Perdón? —avanzó con su auto un poco más pero se detuvo de nuevo para disgusto de Sakura. La primera ronda de la Hora Pico había comenzado—. ¿Acabas de regañarme por llamar a Naruto tonto?
—Sí, lo hice —masculló—. No es justo que lo llames así.
—Wow, Sakura, dime, ¿probaste un nuevo producto en el cabello cuya principal funcionalidad es lavarte el cerebro? ¿Desde cuándo defiendes a Naruto, eh?
—Desde hoy. Ahora, Ino, ¿puedes simplemente conducir y llevarme?
—Okay, okay. Lo haré, pero vas a contarme después qué sucede contigo. Nunca te había visto así de alterada por ver a Naruto —la mirada de Ino se volvió maliciosa—. ¿Qué? ¿Anoche te hizo pasarla tan bien para que hayas quedado con ganas...?
—¡Uhg, en serio no te soporto! —Sakura gritó, borrando la expresión juguetona de Ino—. ¡Hoy estás más odiosa que nunca! ¡Me iré por mi cuenta, gracias por nada!
—¡Oi, Sakura, ¿cuál es tu maldito problema...?! —vio a Sakura abrir la puerta y salir en mitad del tráfico; las bocinas de los demás conductores no tardaron en sonar—. ¡Sakura!
Ya no pudo seguir gritando porque Sakura desapareció de entre el mar de autos, dejándola confundida por ese abrupto cambio de actitud en su rosada amiga. Desde la mañana la notó despistada, demasiado callada; quiso esperar hasta llegar a una cafetería y hablar. Quizá estaba estresada o preocupada por algo, un nuevo tema que aun no compartía con ella.
Pero después de recibir una llamada de Naruto, Sakura pareció recobrar su brillo.
Así como su actitud de mandona.
No le había explicado el porqué la prisa de dejar interrumpida su salida de chicas para que llevarla hasta el otro lado de la ciudad, al centro de bateo donde Naruto trabajaba. Ya que su padre le prestó el auto por ese día con la condición de pasar el fin de semana en el hogar familiar, ella fue la opción más viable para llevar a Sakura y ahorrarle el pasaje de transporte. Sin embargo, la ansiedad de Sakura le estaba sacando de quicio, así como esa nueva actitud le hizo confirmar que algo había pasado entre esos dos.
¿Sakura defendiendo a Naruto?
—El puto Apocálipsis se acerca —musitó, recargando su mano contra la cara al ver que estaría atrapada en el tráfico por un buen rato.
