Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Aclaraciones: Modern Times. Universo Alternativo.
Advertencias: Fotos sin consentimiento.
Capítulo 10
Naruto contó los segundos faltantes para finalizar la clase. El día de hoy el cerebro no estaba cooperando para entender las lecciones. Mientras el resto de sus compañeros escribían, él se quedaba en blanco, observando a la pizarra, tratando de entender las fórmulas escritas.
Estaba al tanto de las limitaciones intelectuales a las que estaba sometido; reconocía no ser un genio en las matemáticas y sus derivados como Sasuke o Menma, aun así siempre buscaba comprender lo básico; se esforzaba, realmente lo hacía. Desde lo sucedido con sus calificaciones en la preparatoria y el poco desempeño académico aplicado no solo se prometió a sí mismo cambiar esas actitudes, sino también causarle menos problemas a sus padres. Iba en serio con la meta de graduarse de la universidad y conseguir un buen empleo, convertirse en alguien decente dentro de la sociedad.
Los días anteriores, lleno de dudas por cada ejercicio incompleto en su cuaderno de notas, había estado en la biblioteca durante largas horas. Levantarse diario resultaba ser agotador y sumamente cansado, especialmente si añadía su horario de trabajo a la rutina; a pesar de ello, estaba al tanto que no podía pedirle a Yahiko más días libres, le debía horas extras y en serio necesitaba el trabajo o Menma no tendría reparos en botarlo del departamento si no cumplía con la cuota de la renta y los gastos.
Naruto a veces detestaba tener una mente lenta, incapaz de captar con facilidad la información y cualquier otro ejercicio. Hacía lo mejor que podía, hasta metía toda la cabeza al libro, esperando que el conocimiento en éstos se pasara a él y lo ayudará a entender.
Los exámenes antes de las vacaciones de invierno se acercaban, él lo sabía. Y, a comparación de otros estudiantes, él debía esforzarse al doble. Incluso el triple.
—Naruto.
—¿Uh?
Para cuando alzó la vista, Shion se hallaba en frente de él, viéndolo con una mueca divertida. Él se sonrojó levemente al descubrir que el aula lucía vacía y el profesor tomaba sus cosas; la clase terminó y él estuvo tan ensimismado que no lo notó.
—Ah, perdón —tardíamente reaccionó, cogiendo sus pertenencias y guardándolas en la mochila.
Un lápiz cayó y Shion lo recogió, entregándoselo de vuelta a Naruto quien, agradecido, le dedicó otra sonrisa. Ella carraspeó para que el sonrojo en sus mejillas no fuera tan obvio para el rubio.
—¿Estás bien? —preguntó Shion, caminando al lado de Naruto hacia la salida del salón.
—Eh, sí, lo estoy —contestó como si fuera lo más obvio. Amplió más la sonrisa para lucir genuino.
Empero Shion pareció no creérselo.
—Luces cansado. Ido. Pude notar que nada se te quedó en la cabeza —señaló Shion con ojo crítico—. ¿Problemas en entender al profesor?
—Para nada —riendo por la preocupación innecesaria de Shion, él negó—. Solo que... Bueno, es complicado. Usa palabras demasiado... eh, rebuscadas. Me tomará tiempo, pero lo dominaré. En serio. Gracias por preocuparte, Shion.
—No me preocupo, s-solo... —ella, intentando esconder la verguenza de haber sido tan obvia—. Ugh, olvídalo —ajustó más la mochila sobre los hombros, deseosa de salir corriendo. Aprovechó ver a sus amigas en la lejanía para zafarse de la situación—. Te veo mañana, cuídate.
—Uh, adiós... —confundido del comportamiento de la rubia y su pronta despedida, Naruto actúo con normalidad.
Rápidamente recordó que debía estar puntual en su última clase, la cual estaba en el otro lado del edificio. Gruñó por la ubicación, apenas los pies le respondían y la cabeza comenzó a emitir un zumbido detrás de las orejas; recordó que nunca llevaba en la mochila pastillas para cualquier malestar, diciéndose ser alguien capaz de superar los síntomas de un simple resfriado, más le habría gustado llevar consigo algo que pudiese dar alivio al incipiente dolor de cabeza que comenzaba a molestarlo en las sienes.
Viró por los ventanales de la infraestructura el crepúsculo pintarse en los cielos. Sería lindo verlo en la comodidad de su habitación, disfrutando de un día libre sin responsabilidades ni tareas, más hallarse en su realidad solo le hizo sentir el peso que yacía sobre los hombros insoportable. Días como esos lo tentaban a quedarse todo el día en la cama, dejando de lado su energía habitual y entregarse a los pensamientos que animaban a su holgazanería.
Esquivó a ciertas personas en los pasillos y escaleras, dándose cuenta que el tiempo de traslado se le estaba agotando. Maldijo al profesor y esa obsesión con el tiempo; la última vez que llegó tarde, recibió la amenaza de quedarse afuera durante toda la lección. Ese tipo de tretas en el pasado no le habrían hecho cosquillas, empero hoy todo era diferente, así como sus actitudes hacia el estudio y su carrera.
Durante el camino Naruto sacó el celular, revisando el chat personal con Sakura. Los últimos mensajes los contestó en el transcurso del día, algo que le ayudaba a mitigar el fastidio; observar que Sakura le mensajeaba de vuelta en lugar de dejarlo en visto, calentaba a su corazón, incluso considerarse importante para la rosada. Ella, igual que Naruto, se encontraría también ocupada, y aún así tuvo el tiempo de responderle; bien podría no ser una respuesta detallada, más eso le ayudaba a no sentirse olvidado.
El malestar en su corazón venía desapegándose lentamente. La promesa de Sakura de remediar los errores era en serio. Las cosas entre ambos estaban saliendo de maravilla que no tuvo problemas en volver a abrazar la rutina que había mantenido con ella a su lado. Él hacía lo que podía, no ser tan hostigoso ni considerar el desaire de su chica como algo serio y personal; las mujeres debían tener su espacio también. Y Sakura se aseguraba de no dejarlo olvidado.
Le escribió un mensaje, uno corto. Naruto admitía que le habría gustado verla, pero la clase no podía esperar, así que solo se conformó con desearle una bonita tarde y tener la oportunidad de llamarla en la noche, si es que ella tenía oportunidad. Cerró el chat cuando visualizó el edificio donde tomaría la última lección, subiendo los escalones restantes en forma de caracol, gruñendo y culpando al diseñador de la infraestructura por hacerla tan estéticamente agotadora. Observó hacia los adentros del aura y suspiró lleno de alivio al notar la ausencia del profesor; llegó puntual, nada de regaños por ese día.
Saludó a un par de compañeros a quienes conocía y tomó asiento, permitiéndose respirar hondamente. Naruto sacó un par de libros y su cuaderno, dándose el lujo de navegar en sus redes sociales mientras el docente llegaba.
Dio like a noticias de sus preferencias, rio con un par de vídeos divertidos que incluían animales o bromas a un grupo de personas. No fue hasta que un par de notificaciones desviaron su atención, dando clic y yendo automáticamente. Eran de la cuenta de Sakura en Instagram, fotos que seguramente tomó en la mañana y un estado en tiempo real de ella tomando su segundo vaso de café, rodeada de libros de un grosor capaz de causarle una contusión y el pulgar de arriba, dándose ánimo para sí misma. Naruto sonrió, sintiendo pena y admiración por Sakura. Incluso personas como ella tenían sus propios límites. Le comentó un Fighting! Para hacerle saber que no estaba sola.
Otra burbuja de notificación lo hizo cambiar de perfil sin saber de quién era, solo pasó el dedo en forma automática y cuando reconoció el nombre quiso retroceder.
Desde lo sucedido con Sakura y su casi rompimiento con ella, Naruto procuraba ser más cuidadoso con los escenarios ficticios que su mente creaba, igualmente a quién veía en Instagram, no se consideraba un infiel ni tampoco se atrevería a darle "Me gusta" a publicaciones de otra chica; jamás se le pasaría por la mente. Sin embargo, no podía evitar sentir una inmensa curiosidad con respecto a lo que hacía Hinata en su tiempo libre. Es decir, eran conocidos, podría catalogar su relación como buena, más no se consideraba alguien tan cercano a la joven Hyuga como Kiba y Shino lo eran. Aun así, cada que revisaba el perfil de la chica, bajando por su cuenta y viendo las fotos que ella subía, le generaba un sentimiento extraño.
No hacía nada malo, se decía al darse la libertad de leer y ver; el contenido de Hinata era inofensivo, como el de cualquier chica normal. Aun así el tatuaje de lo que él vio y escuchó amenazaba con despertar de la muerte que él mismo impuso sobre tal recuerdo cuando veía cosas relacionadas con la chica. Naruto se regañaba a sí mismo, agitando la cabeza y saliendo del perfil de la chica, solo para convencerse a sí mismo que si quería mejorar las cosas con Hinata —realmente a ser buenos amigos— debía dejar por zanjado aquella memoria.
Naruto revisó la última actividad de la chica, su estado. Ella estaba tejiendo, por el escenario pudo deducir que se trataba de una cafetería ya que la cámara de la chica captó a más personas sentadas a su alrededor. Sonrió. Parecía ser que Hinata sabía cómo disfrutar su tiempo, tuvo cierta envidia. Sí, ella lucía como la clase de persona que terminaba a tiempo sus obligaciones y tareas, teniendo un espacio libre del cual ocuparse. Sintió curiosidad por cuántos hobbies tendría la morena. Sabía que cocinaba, horneaba pasteles, también era inteligente, por algo Hinata estudiaba Finanzas como Sasuke. Se preguntaba qué otros dones tendría.
Sin duda Menma tenía suerte.
Por el estambre azul eléctrico que ella usaba no fue difícil para Naruto conectar los cabos y adivinar que el regalo era para Menma. Apostaba a que sería un buen obsequio para el clima helado que se aproximaba con el cambio de las estaciones.
Igualmente, bajo la publicación de la joven, ella escribió un Tejiendo junto con los emojis de una hoja de otoño y el estar ocupada, además de añadir en la imagen la canción que escuchaba en el momento.
Naruto levantó la vista para ver si el profesor se estaba acercando, pero solo eran sus compañeros ocuparse en sus propios asuntos o conversar entre ellos; él decidió sacar sus audífonos y dar clic en la canción que Hinata recomendaba.
La melodía era sin letra, parecía ser un artista amateur. Era relajante, dulce y calmada, para nada su estilo quien prefería otros géneros, aun así no le cambió, la escuchó hasta el final, sintiéndose arrullar.
De no ser porque el profesor llegó, azotando la puerta y anunciando el comienzo de la clase, Naruto estaba seguro de haber caído dormido.
Shikamaru tembló con la primera sacudida de aire que chocó contra ellos, mirando mal a Ino quien caminaba animada hacia el centro del jardín.
—No puedo creer que me presté para esto —gruñó audiblemente—. ¿A quién se le ocurre hacer un picnic en otoño? Solo a una desquiciada como tú.
—Es un picnic otoñal, Shikamaru, por supuesto que tiene que ser en otoño —explicó Ino con una mueca de fastidio.
—Está helando.
—Si estuvieras mejor abrigado no estarías temblando. Ahora lo aguantas como un hombre.
—Asumir que por ser un hombre debo soportar estos abusos no es... —la mirada matadora de Ino lo calló. Los consejos de su viejo se repitieron en la cabeza sobre nunca hacer enfadar a una mujer con la capacidad de tumbarle la mandíbula—. Hai, hai. Camina más rápido, el Sol no tardará en ponerse.
Naruto rio por las ocurrencias de Ino y el cómo Shikamaru se veía envuelto. Ese dúo era icónico.
Quiso soportar la idea del Nara con respecto a la decisión de salir de la comodidad de su casa solo para hacer un estúpido picnic, pero a su lado venía Sakura y el día era lindo pese a el aire frío. El consuelo era que no eran el único grupo que tuvo la idea de hacer algo como aquello en los jardines del campus. Muchos querían beber algo caliente mientras el atardecer se dibujaba, además de observar las hojas caer en el suelo o recostarse sobre éstas, escuchando el crujir.
Él y Shikamaru pusieron lo necesario mientras las chicas tomaban fotos, riendo y divirtiéndose. Shikamaru no titubeó en reclamar lo injusto que era el tener que hacer el trabajado pesado, pero bastó que ambas chicas arquearan la ceja y destruyeran el punto del joven al señalar que ellas cocinaron lo que comerían.
—Espero que no me de una intoxicación —musitó Shikamaru con recelo al observar la canasta que las chicas colocaron en el centro.
—Vamos —Naruto intentó ser positivo—, Sakura no cocina tan mal. Ha estado mejorando —rio—. Creo... —susurró esto último sin que Sakura le escuchara.
—Definitivamente estás perdido por ella, ¿no? Al punto de que tus papilas gustativas perdieran su función.
—Oi, Shikamaru... Te recuerdo que te comes lo que Ino hace para no dañar sus sentimientos.
—Porque es problemático tener que lidiar con ella cuando se pone sensible cada que critico su comida. ¿Siquiera tienes idea lo mal que se pone cuando llora? —Shikamaru soltó el aire como si hubiera ido a la guerra—. Mamá no me dejaba entrar a la casa hasta que Ino dejara de llorar y yo me disculpara sinceramente.
—Tu madre sí que es dura —comentó Naruto, imaginando a la señora Nara con un semblante firme y estricto para moldear a Shikamaru de esa manera.
Su amigo podía ser un perezoso la mayoría del tiempo, con un pensamiento que le hacía recordar a un filosofo por lo abstracto que sus comentarios resultaban en ocasiones, sin embargo, el tipo era listo. Demasiado. Podría estar a la par que Sasuke, pero Shikamaru era demasiado flojo cómo para querer ganarse el título del genio número uno. Aun con esas actitudes era alguien que respetaba a las mujeres. No importaba cuántas veces Ino pudiera sacarlo de quicio, él nunca la insultaba ni le decía cosas hirientes; podía dar a conocer su descontento, pero contrario a negarse a participar, le seguía la corriente a Ino.
—¿Qué madre no lo es? —preguntó el Nara al dejarse caer sobre el pasto cubierto con la manta de cuadros, cerrando los ojos por un momento antes de enfocarse en Ino quien ponía más platos, no concordaba con el número de las personas presentes—. ¿Invitaste a alguien más, Ino?
—Claro —respondió la rubia—, tenerlos a ustedes dos sería aburrido. Le pedí a Chouji pasarse, dijo que sí cuando le dije que traería comida. También invité a Kiba y a Shino, dijeron que llegarían un poco tarde, pero que era seguro tenerlos aquí.
—¿Y a Hinata? —preguntó Shikamaru con una ceja alzada.
—También. Aunque no es seguro que pueda venir... Ha estado ocupada con sus cosas y no sé si tenga tiempo de sobra para pasarla con nosotros.
—Su vida es ocupada. Siempre lo ha sido —susurró Shikamaru al sentarse—. Y no dudo que cuando termine de estudiar lo sea todavía más.
Sakura asintió a lo dicho por Shikamaru.
—Es la heredera de su familia, por supuesto que tendrá muchas responsabilidades cuando termine. Incluso siendo una estudiante ya debe cumplir con ciertas cosas. A veces siento que su padre no la deja respirar, digo, es grandioso que ella pueda salir con nosotras, pero siempre debe regresar a tiempo a casa o su primo la recoge puntualmente... No entiendo cómo Menma puede pasar tiempo con ella con el apretado horario que Hinata maneja.
—Bueno, eso es sencillo de responder —participó Ino en la conversación, sonriendo de una manera que la hacía lucir como una experta en el tema—: Hinata está enamorada; no le importa sacrificar el tiempo que tiene para ella y dedicárselo a Menma.
—Aun así... —Sakura frunció levemente el ceño, se desconocía si era por la mención de Menma o por otra razón—. Ella debería centrarse en sí misma. Digo, es bueno que salga con alguien y quiera pasar tiempo de calidad con su novio, pero, sus estudios y vida son más importantes. A veces los romances en la universidad no son para siempre.
—Wow, duras palabras, sobre todo viniendo de ti, Sakura —Ino miró a su amiga con cierta advertencia en el azul de sus ojos—. Especialmente cuando estás en una relación.
No fue difícil para Sakura captar el mensaje encriptado de Ino. Observó a Naruto quien estaba más ocupado en jugar con las hojas secas. Carraspeó.
—La situación de Hinata y la mía son distintas... Yo no tengo una empresa a la que dirigir cuando termine mis estudios, puedo darme ciertas libertades.
—Ah.
El suspiró de Shikamaru cortó la reciente tensión en el ambiente y las dos chicas le observaron.
—Hablar de otras personas es problemático —comentó—, ¿por qué no iniciamos con este picnic y así puedo regresar a casa, eh?
—Siempre tienes que ser tan impaciente, Shikamaru.
—Se me congela el trasero, mujer.
—Ni siquiera llevamos cinco minutos, no seas un exagerado. Ten, bebe esto, te mantendrá caliente —Ino le pasó un vaso lleno de té al joven quien, suspirando, lo tomó y agradeció, sacándole una sonrisa a la rubia.
Sakura se movió nerviosa, especialmente con Naruto estando callado. Desde que hablaron del tema el rubio no compartió opinión alguna en la conversación, preguntándose si se habría aburrido o simplemente no quiso participar. Eso venía pasando cuando hablaban de Hinata. No sabría decir si aquello se debía a la discusión hacía un mes atrás y el comportamiento erróneo de Naruto en acusar a Hinata de serle infiel a Menma con Sasuke al basarse en unas simples fotografías que no tenían relación alguna; quizá prefería mantenerse ajeno a los asuntos de Hinata al sentirse arrepentido de levantar falsos.
Aun no lo había hecho disculparse honestamente con su amiga al respecto, y dudaba de si quiera hacerlo. Hinata era sensible con esos temas y no quería que la relación entre esos dos se volviera incómoda, o que ninguno supiera cómo actuar en la presencia del otro.
Se acercó hasta el chico, tomando la mano de él entre las suyas. Naruto apenas reaccionó, observándola con sus ojos azules. Ella le sonrió, tratando de ser cálida.
—Hey —llamó su atención—, estás muy callado.
—¿Uh? —apenas reaccionó, sin tener el impulso de apretar el agarre de Sakura—. Ah, sí... Creo que tengo algo de frío —se removió en su chaqueta.
—No me hagas caso, ¿sí?
—¿Uhm? —la observó con más atención, sin tener idea a qué se refería—. ¿De qué hablas?
—De lo que dije —aclaró Sakura—. Sobre los romances de universidad, yo... No hablaba de nosotros.
—Lo sé.
—No quiero que te afecte.
—No me afecta, Sakura. En serio. Entendí lo que dijiste.
—Es solo que, bueno, nuestra relación es distinta a la de Hinata y Menma. Yo no tengo una responsabilidad así de grande sobre mis hombros ni tú tampoco. No vivo con la incógnita de que mi padre venga un día y me diga que debo casarme con el hijo de un socio para unir dos empresas...
Naruto frunció el ceño ante lo último dicho por Sakura.
—¿Qué?
—Lo digo en un sentido hipotético —señaló la Haruno por la mirada significativa que su novio le dio. Rio, nerviosa, arrepintiéndose de usar aquel ejemplo—. Lo que trato de decir es que nuestra relación es fuerte, ¿okay? No tomes en serio lo que dije. Solo fue el momento...
—Ya entendí, Sakura —alivió Naruto a su novia, viéndola suspirar. Parecía estar genuinamente preocupada por cómo le había afectado el comentario. Le sonrió para borrar la cara de preocupación—. En serio. Eh, ahora, ¿qué vamos a comer? Me muero de hambre.
—Tú siempre tienes hambre —susurró Shikamaru.
Naruto se señaló con orgullo.
—Tener buen apetito es sinónimo de buena salud.
—En tu caso es glotonería —atacó Ino con una sonrisa maliciosa.
—Ja, qué graciosa. Lo que pasa es que me tienes envidia de que yo no engorde por comer lo que quiero...
—Si crees que tienes el metabolismo acelerado por simple genética, olvídalo, deben ser las lombrices que anidan en tu estómago por consumir tanta comida chatarra —contraatacó Ino.
—Hey, yo no tengo bichos —se defendió Naruto. Luego miró a su novia—. ¿Verdad, Sakura?
La chica se quedó callada, dejando en desventaja a Naruto quien sudó frío por la mirada que la Haruno le lanzaba.
—Tomando en cuenta tu alimentación, no sería incorrecto pensar que tal vez...
—¡Sakura-chan!
—Bromeo. De tener parásitos, créeme que no te besaría siquiera. Pero si debes disminuir tu consumo en el ramen instantáneo, Naruto. U optar por el casero.
Después de un par de risas, las luces que algunos estudiantes colocaron en los árboles casi desnudos por la nueva temporada iluminaron los rincones de los jardines. El convivio no era del todo malo, incluso con las peleas que Ino y Naruto mantenían. No pasó mucho tiempo para que el resto de los invitados llegaran. Chouji había llevado botana que Shikamaru aceptó gustoso, ya que la comida que Ino en compañía de Sakura prepararon no era del todo digerible. Pese a las miradas de advertencia de las dos chicas, el chico de cabellera colorada comió de todo sin poner queja, sacándole sonrisas a Ino por ver que alguien disfrutaba de su cocina.
Al cabo de unos minutos, Kiba y Shino se integraron. Naruto preguntó varias cosas a Shino, tenía rato sin verle, incluso le agradeció por el regalo en su fiesta de cumpleaños, algo que Shino aceptó silenciosamente. Kiba vociferó la informodidad en la textura de los tallarines que le sirvieron e Ino le ordenó solo comer y no criticar, haciendo al castaño mascullar maldiciones antes de dar un profundo trago a su bebida.
—Neh —Sakura miró a Ino—, ¿Hinata vendrá?
Ino revisó la hora en su reloj y suspiró.
—Probablemente no. Ya está oscuro. Algo debió presentarse.
—Sí, ese algo tiene nombre y apellido —proclamó Kiba como una revelación absoluta e innegable—: Menma Uzumaki.
—Aww, alguien suena celoso —Ino tomó la oportunidad para jugar con el castaño, quien al escuchar su comentario se sonrojó levemente.
—No lo estoy —debatió.
—Eso es algo que un hombre celoso diría —Sakura remarcó, con una sonrisa traviesa.
—Hey —señaló a las dos chicas presentes—, no se alíen. Las dos son peligrosas cuando se juntan.
—Vamos, Kiba —Ino rodó los ojos—, todos sabemos que en algún momento tuviste un crush en Hinata.
—¡Eso no es cierto! —gritó Kiba, ahora con la cara colorada
Naruto se acercó más al círculo, viendo a Kiba en aprietos, murmurando cosas incomprehensibles pero que seguramente eran maldiciones dirigidas a las chicas.
—¿Te gustó Hinata, Kiba...?
—¡Claro que no, idiota!
Kiba le propinó un golpe con el puño cerrado a Naruto por andar preguntando idioteces, sacándole un grito al golpeado que de inmediato le miró amenazadoramente.
—¡No tienes que golpearme! Con negarlo bastaba —él se sobaba el golpe, dolió—. Actúas como si lo que Ino y Sakura dicen fuera cierto.
Kiba preparó el puño para darle otro golpe a ese rubio zopenco que solo abría la boca para empeorar las cosas.
—Hinata es nuestra amiga —intervino Shino, ganándose las miradas de todos—. Lo ha sido desde que la conocemos. Ninguno ha albergado un sentimiento más allá que un cariño fraternal. La vemos como una hermana pequeña.
—Exacto —asentía Kiba.
—Es natural que las personas asuman eso de Kiba, o de mí. Y sería cansado aclarar algo que otras personas no entienden, así que Kiba y yo dejamos de hacer eso al saber a la perfección cómo es nuestra relación. Nada fuera del otro mundo, si me lo preguntan.
—Ajá, lo que Shino dice —señaló Kiba a su mejor amigo, agradecido de que decidiera abrir la boca para defenderlo.
—Además... —el chico más silencioso del grupo se quitó las gafas por un momento, dejando ver sus ojos negros mientras limpiaba los anteojos con un pañuelo—, Kiba no sería una buena pareja para Hinata. Es demasiado explosivo.
—Claro, claro, soy... ¡Oi, Shino!
Shino ignoró a su amigo.
—Hinata está en una relación, ninguno de nosotros intervendríamos de no ser necesario, así que asumir que Kiba tuvo un interés romántico en Hinata es demasiado injusto.
—Hai, hai, entendimos —Ino rio nerviosamente ante la seriedad de Shino; no quiso causar daños colaterales, solo divertirse a costa del castaño—. No te enojes, Shino.
—Pasando a otro tema...
La voz de Shikamaru desvió la atención de todos para observar al chico de coleta alta señalar con el dedo la figurilla de una Hinata caminar hacia ellos con prisa. Le costaba un poco debido al peluche de gran tamaño que llevaba en sus brazos, una foca de tonalidad blanca con ojos grandes y tiernos de tonalidad oscura.
—Perdón por llegar tan tarde... —se disculpó la joven, haciendo una reverencia. Ino le ayudó con su bolso para que Hinata pudiera tomar asiento.
—Para nada, lo importante es que pudiste llegar. Pensamos que no vendrías —comentó Sakura, mirando con atención al peluche, sintiendo los labios cosquillearle por preguntar—. ¿Estabas ocupada?
—No mucho, un par de materias en las cuales tenía dudas. Le pedí a uno de mis senpai ayuda con uno de los temas y no medí el tiempo...
—Ah, ¿no será aquel guapo de cabello albino que vimos la otra vez? —preguntó Ino con un arqueo pícaro en sus cejas.
Hinata rio suavemente, ligeramente incómoda.
—Otsustsuki-san solo me ayuda.
—Y no he dicho lo contrario.
—Ino —Sakura puso un alto a su amiga en poner incómoda a Hinata. Decidió cambiar de tema—. Lindo peluche, Hinata —la sonrisa pícara no pudo ocultarse en Sakura—, ¿dónde lo conseguiste, eh?
—Sí, parece sacado de un festival, como los que hacen en mi vecindario —señaló Chouji, no dejando de comer sus frituras.
La cara de Hinata se sonrojó tanto que Kiba tuvo que abanicarla.
—Oigan, déjenla en paz, todos sabemos quién se lo dio —defendió Kiba a su amiga.
—Shh, no lo arruines —reclamó Ino con un gruñido.
—Alguien más pudo dárselo —comentó Sakura, encogiéndose de hombros—. Hinata tiene muchos pretendientes.
—E-Eso no es cierto —dijo Hinata, más avergonzada—. Además, yo no aceptaría regalos de otro chico, no sería... correcto —explicó, abrazando el peluche pegado a su pecho.
—Solo bromean contigo, Hinata —Shikamaru acarició la cabeza de Hinata, recriminando a las dos chicas con la mirada—. No te dejes influenciar por sus mañas.
—Hey, no nos hagas lucir como si fuéramos malas —dijo Ino, ofendida—. Solo digo que no es malo aceptar regalos de alguien más. ¿Neh, Sakura?
Sakura respingó en su sitio por la pregunta sorpresa de la rubia, quedándose muda por un momento.
—Bueno... —rascó su mejilla, mirando a otro lado—. No lo sé... ¿Depende de la situación? Si es tu cumpleaños y tus compañeros quieren darte algo, ¿no sería educado aceptar el gesto?
—Sí, pero yo me refiero a cuando un chico te regala algo. Si es algo lindo y quien te lo da es apuesto, adelante.
—Ino —Shikamaru suspiró por los consejos que Ino estaba soltando al aire.
—¿Qué? —la susodicha se encogió de hombros—. Yo lo haría.
—Es fácil para ti porque eres soltera, no pongas a Hinata en el mismo saco que tú. Ella es una buena chica —recalcó Kiba, alborotando el cabello negro azulado de Hinata como si fuera un cachorro que proteger—. No mal influencies con tus tácticas sucias.
—Dejen de tacharme como un mal ejemplo
Naruto dejó de escuchar las discusiones de su amigo desde hace un rato. La conversación se tornó aburrida para sus oídos hasta que Hinata se integró.
La observó sentarse entre Shikamaru y Kiba, escuchando en silencio lo que el resto decía. Chouji, dándose cuenta que la chica seguramente estaba incómoda, le ofreció una de sus botanas que la joven Hyuga aceptó con una sonrisa dulce, pero sin despegarse del peluche. Puso interés en el objeto inanimado. Era lindo, adorable. Resultaba inimaginable pensar que Menma conseguiría algo así para Hinata. Intentó recrear en su mente el escenario de su hermano caminar con ese peluche tan grande por la ciudad para dárselo a la chica. Le causó gracia, pero ésta no duró mucho cuando veía a Hinata ser más silenciosa de lo normal, con la mirada cabizbaja.
Suspiró.
—Hey —detuvo la discusión de todos—, no hagan sentir mal a Hinata —dijo al ver a Ino y a Sakura, éstas sorprendiéndose un poco de la mueca seria del Uzumaki—. Seguramente viene cansada de sus clases, que las escuche hablar de cosas que ni al caso no es algo que ella esperaba encontrarse al reunirse con nosotros. Dejemos de hablar de tonterías y mejor cambiemos de planes. Comienza a helar y no creo que quedarnos aquí por más tiempo sea una buena idea. ¿Por qué no vamos a comer algo? De preferencia caliente.
—Aunque suene como una señal del Fin del Mundo, Naruto tiene razón —intervino Shikamaru—. Podríamos enfermarnos. Vayamos a otro lugar, uno que sea más cálido y con sillas, mis piernas no me responden.
—Okay —Ino no objetó y empezó a guardar las cosas, Shikamaru tenía razón, hacía frío—. Y ya que te ofreciste, Shikamaru, iremos a tu departamento.
—Sí, sí, cómo sea. Solo vayámonos —replicó el Nara.
Mientras recogían las cosas y todos se levantaban, quejándose de que las piernas les cosquilleaban por las posiciones mantenidas, la mirada aperlada de Hinata se conectó con la de Naruto. Éste, después de un rato, le dedicó una sonrisa amplia que Hinata correspondió con un inaudible:
Gracias.
—No hagan tanto ruido —gruñó Shikamaru, cargando las cosas del picnic además de las compras que Ino hizo a último minuto, viendo a su amiga brincar por el pasillo que conducía hasta su departamento—, o harán que todo el edificio se queje de mí.
—¿En qué momento pasamos de un simple picnic a una fiesta? —señaló Sakura, viendo las bolsas con alcohol que Ino compró—. Ino.
—Relájense —acostumbrada al lugar por todas las veces que había visitado a Shikamaru, Ino se detuvo frente a la puerta y sacó la llave del hogar del chico, abriendo en un instante la puerta—, tenemos derecho a beber un poco, tampoco es algo atroz.
—A veces no puedo con esta mujer —susurraba Shikamaru al adentrarse a su propio apartamento, viendo a Ino sentirse en casa al prender todas las luces—. Al menos respeta mi privacidad.
—¿Por qué? ¿Tienes algún secreto que no quieras compartir públicamente, Shikamaru?
—A no ser que quieras ver mi ropa interior, te sugeriría que cuides por dónde camines.
—Qué asco —Ino no tardó en comunicar su nauseabundo sentir—. Ugh, hombres.
Naruto e Hinata fueron los últimos entrar, la Hyuga hacía el intento por no avergonzarse por los diálogos tan honestos que Ino y Shikamaru compartían entre sí, avanzando con cuidado en el recibidor y acomodando sus zapatillas.
—Esos dos nunca se cansan —comentó Naruto con una sonrisa divertida, cerrando la puerta detrás de sí, escuchando el movimiento de los demás en dejar las cosas compradas en la cocina y hacer espacio en la sala del lugar—. Siempre se la viven peleando.
—Uhm —asintió Hinata, caminando a la par de Naruto hasta llegar a la sala.
Shikamaru notó a la chica quien, tímida, miraba a los alrededores.
—Siéntete cómoda, Hinata —señaló a Naruto quien se dejó caer en uno de los sofá—, a ese tipo no le costó ni cinco segundos la primera vez que lo invité.
—Claro, gracias, Shikamaru-kun —dijo la chica al Nara, quien se perdió en la cocina.
No hubo un momento de paz cuando Kiba salió de la cocina con los brazos cruzados y las cejas fruncidas.
—Si no hay carne, ¿qué sentido tiene beber cerveza? La cerveza y la carne deben ir juntas en toda ocasión.
—Hey, tarado, debo sobrevivir con lo que me dan mis padres a la semana —Ino reclamó en respuesta desde el interior de la cocina—. Coopera un poco y deja tu obsesión por la carne a un lado.
—Ah-ah, claro que no. Es sacrilegio, hasta Shino lo sabe.
—Podemos comprar algo de carne, iría bien con la cerveza —Chouji alzó la mano, totalmente de acuerdo—. Shikamaru guarda la parrilla que traje en la última ocasión.
—Para eso debemos salir al balcón, o el olor se encerrará —la voz cansada de Shikamaru se escuchó—. Hay que limpiar y...
—De eso me encargo —se ofreció Shino.
—Yosh —Kiba chocó los puños—. Chouji y yo iremos por la carne, hay un supermercado cerca.
—No puedo con ustedes. Bien, bien, hagan lo que quieran... Iré a recostarme un rato, hablénme cuando todo esté listo —Shikamaru quiso escaparse de la situación, pero Ino no lo dejó.
—¿A dónde vas? Eres el anfitrión. Ayuda a Shino a limpiar el balcón y preparar la parrilla, estoy segura que debes tener un basurero allá afuera.
—Oye, ya puse mi departamento, en contra de mi voluntad. ¿No es suficiente?
—No.
Sakura rio por cómo Ino maneajaba al pobre de Shikamaru. Si no los conociera mejor, podría estar segura que ese par estaba saliendo. Vio a Ino salir con el Nara hasta el balcón en compañía de Shino quien llevaba los utensilios para preparar todo, escuchando los quejidos de Shikamaru y los reclamos de Ino.
—Bien, regresaremos lo más rápido posible...
Luego Sakura recordó que ese par traería solo carne y no verduras.
—Iré con ustedes también.
La cara de Kiba fue agridulce.
—¿Qué con esa mueca? —la Haruno lo codeó.
—Oye, sé más delicada.
—Claro, Sakura —Chouji aceptó de buena gana. Luego miró a Naruto—. ¿Naruto, quieres venir...?
—Con nosotros basta —cortó Sakura, sin darle mucha importancia a la respuesta de Naruto—. Además, no tardaremos. Si llevamos a Naruto, corremos el riesgo que quiera llevarse todo el ramen que encuentre.
Naruto rio nerviosamente al saber que aquello sería posible.
—Regresaremos rápido, cuiden que ese par no se mate —pidió Kiba al perderse en el pasillo, seguido del sonido de la puerta principal cerrarse.
Naruto suspiró, sintiendo que el silencio en la sala era más que bienvenido. Desde que se reunieron ni siquiera pudo escuchar sus pensamientos. Giró hacia su izquierda, donde Hinata tomó asiento; los hombros los traía menos tensos y el agarre en el peluche se había relejado.
—Es lindo—abrió la conversación, llamando la atención de la Hyuga quien, sin entender, miró a Naruto—. Tiene cierto parecido contigo —puso una sonrisa traviesa—, seguramente Menma lo escogió pensando en ti.
—G-Gracias —susurró Hinata, otra vez con la cara roja—. No esperaba que me lo diera, fue... una sorpresa —una sonrisa suave se formó en los labios de Hinata.
—Viniendo de alguien como Menma, eh, sí, puedo imaginarlo —concordó Naruto, sabiendo perfectamente cómo era el comportamiento de su hermano gemelo.
Otro lapso de silencio cayó. Naruto jugó con la tela de su chamarra, sintiéndose ligeramente nervioso; no había razón, no era la primera vez que convivía con Hinata, más cuando nadie estaba a la redonda, sentía una inquietud extraña colarse por debajo de su piel.
—Uh, Naruto-kun.
—¿Sí?
Cuando ella habló, Naruto giró a su dirección para verla con más atención, descubriendo que Hinata le sonreía con esa misma suavidad con la que ella rememoraba los momentos más dulces con Menma.
—Gracias por lo de hace un momento...
—¿Uh? Ah —rascó su nuca—. Para nada. Las focas son tiernas, igual que tú. Especialmente las bebé...
—N-No me refiero al peluche, bueno... en parte. En el jardín, cuando Sakura e Ino estaban, bueno, hablando sobre los regalos y eso... Gracias por detener la conversación, la verdad no me estaba sintiendo bien con el tema...
Naruto asintió, suavizando sus expresiones.
—De nada. No fue la gran cosa. A veces Sakura e Ino no miden lo que dicen, lo digo por experiencia. Da miedo hacerlas enojar, pero si te están haciendo sentir mal, es mejor que lo digas.
Hinata abrazó el peluche y se recargó el respaldo del sofá.
—Menma-kun me dice eso muy seguido.
—¿Hm?
—Lo de... decir lo que siento. Dice que tengo un problema con negarme a los favores de las personas y eso puede generarme problemas.
Naruto asintió, estando de acuerdo.
—Existen personas que pueden aprovecharse de eso.
—Lo sé... Y lo tengo en cuenta. Pero a veces es difícil. Lo intento, pero —Hinata soltó un suspiró—, no tengo la fuerza que Menma-kun quiere que tenga.
—Eso es porque Hinata-chan es muy amable, cambiar esa parte de ti es complicado, pero no imposible. Sobre todo si es para tu bien. Puedo entender a Menma en ese sentido. Se preocupa por ti. Seguramente tiene miedo de que... Alguien te haga daño.
Hinata cambió la dirección del peluche, poniendo la cara de éste sobre su pecho, acariciando los orbes.
—No quisiera preocupar tanto a Menma-kun. Suficiente tiene con sus responsabilidades. En temporadas estresantes él debe enfocarse en sus estudios, pero busca el tiempo de preocuparse por mí. Siempre... me pregunta si dormí bien, si he comido bien o si quiero pasar tiempo con él... No me gusta robarle tanto de su tiempo... No quiero opacar las cosas que son importantes para él.
Fue imposible no mirarla sorprendido. No esperaba que en esa conversación tan cotidiana ella soltara algo tan personal entre su relación con Menma. Ni siquiera imaginó lo mucho que a Menma le importaba Hinata.
Que ese hermano suyo, quien era egoísta la mayoría del tiempo, se fijara en esos detalles en alguien más era sorprendente. Seguramente si le contaba al respecto a sus padres, éstos brincarían de alegría de saber que su hijo menor no era un tipo sin sentimientos.
—Hey, no digas eso —opinó Naruto, recargándose en el antebrazo del sofá de Shikamaru—. Mi hermano no es alguien débil, ¿sabes? Sabe arreglárselas, por algo no ha tenido un colapso nervioso. Y no digo que lo vaya a tener —rápidamente tranquilizó a Hinata cuando ésta hizo una mueca llena de preocupación—. Lo conozco, bueno, lo suficiente. Es duro como una roca. Si se preocupa por ti a ese nivel, es porque en serio te quiere. Preocuparse tanto por alguien no forma parte de sus pasatiempos, ¿sabes? Y yo lo sé más que nadie. Pero eres especial para él. No temas sentirte así con Menma.
—Es que... —por un momento Naruto vio a Hinata vulnerable, como si le estuviera revelando más de lo que ella quisiera—, tengo miedo... De que Menma-kun... De que él...
—¿Hm?
—Llegue a entregarse tanto que se olvide de él mismo. Me sentiría tan culpable. No necesita hacer esas demostraciones...
Naruto sintió un nudo en la garganta al escuchar a Hinata. No eran las mismas palabras, pero si tenían una conexión con lo que le había dicho a Sakura.
Entregarse completamente a la chica de tus sueños, eso sonaba tan natural para él. No entendía por qué Hinata le preocupaba tanto.
—¿Y esto está mal?
—¿Uh? —ella miró al rubio, sorprendida de la pregunta, especialmente esa mirada llena de inocencia, como si no esperara que tal tema fuera discutido.
—Digo, entregarte por completo a alguien... Si amas a alguien, a tal nivel de olvidarte de todas las cosas que te rodean solo para enfocarte en esa persona, ¿no es normal actuar así?
Hinata quedó callada por un momento, sin saber qué responder a Naruto. Incluso la mirada azul estaba teñida con una firmeza indestructible.
A pesar del desconcierto en la expresión de Hinata, no tardó mucho para que las facciones de ella se relajaran y se suavizaran, como si en su mente algo hubiera hecho clic.
—¿Es así como te sientes con Sakura, Naruto-kun?
La verguenza se instaló en el rostro de Naruto por el ingenioso ataque de Hinata, no soportando verla y girando la cabeza.
—B-Bueno, yo... Eh...
La risa suave de ella le hizo erizar la piel.
—Es lindo —tal confesión le hizo verla con asombro, no esperaba que ella estuviera de acuerdo—. Que alguien sienta eso por ti... es halagador.
—¿Lo...? ¿Lo crees?
—Uhm —Hinata asintió, acariciando la cabeza de su foca—. Quizá no muchos piensen como yo... incluso, lo considerarían algo preocupante, pero...
Ella hizo ese movimiento, un movimiento encantador y mágico que lo tuvo embelesado. Ladeó su rostro, pegándolo a la textura afelpada del peluche, cerrando los ojos y con una sonrisa en sus labios rosados. Hasta ese momento pudo apreciar sus labios rosas, al natural, sin brillo artificial, se veían apetitosos...
—Imaginar que alguien te ame a esas alturas... Supongo que es lo que todo el mundo llama amor verdadero...
Naruto se sintió ansioso; una adrenalina le recorrió por debajo las venas y en su mente se instaló el pensamiento que Hinata le mirara y le sonriera de esa manera.
Sin embargo, la mirada perlada de ella, cuyo brillo era tan puro, estuvo perdida en el peluche que Menma le regaló, pensando en su hermano.
—Uhm, creo que ahora lo entiendo... —susurraba ella—. Nunca alguien se había sentido así por mí antes, todo lo que aprendo con Menma-kun es, de hecho, nuevo para mí, a veces pienso que puedo perderme, estar insegura si camino por una cuerda floja o un puente firme... Creer si mis manos siempre estarán llenas, o en algún momento se vaciarán... Pero gracias a Naruto-kun, tengo la certeza de que lo que Menma-kun y yo tenemos de verdad es especial... Muy especial.
Naruto tuvo el impulso de abrir la boca, la sentía seca, pero desenfrenada en decir algo, cualquier cosa, más la puerta corrediza del balcón con las voces de Shikamaru e Ino seguir peleando lo interrumpieron.
Era de madrugada, la mayoría de la cerveza se había acabado. Las brasas en la parrilla seguían encendidas, pero con menos intensidad que al principio. A pesar del pequeño espacio en el balcón, todos lograron acomodarse, pegados pero cómodos al fin y al cabo. Ino y Sakura estaban juntas, dándose calor, riéndose por unos chistes que Kiba, medio ebrio, decía. Chouji se acariciaba el estómago, satisfecho de la comida con Shikamaru a su lado, luciendo demasiado cansada cómo para quejarse, pero con una lata de cerveza en la mano.
Shino guardaba el resto de comida sobrante, llevándola adentro para guardarla.
Naruto se había quedado cerca del barandal, observando las silenciosas calles del vecindario donde Shikamaru vivía. Era demasiado tarde, era natural que todos durmieran. Removió el líquido aun en su lata, no sintiendo ganas de ingerir más, su hambre y sed estaban aplacadas. Quizá era momento de marcharse, mañana debía ir a trabajar.
—Oi, Sakura, ¿quieres que te acompañe...?
—Shh —Ino calló a Naruto, con su amiga dormida en el hombro—, no la despiertes.
Alargó el cuello para ver que Sakura había caído rendida del sueño, o de la cerveza consumida. O ambos. Sonrió sin evitarlo por lo tierna que lucía con el cabello revuelto y sus labios abiertos ligeramente.
—Ni te atrevas —gruñó Ino cuando vio a Naruto sacar su celular—. Tomarle fotos a una chica dormida es asqueroso y enfermizo.
—Es mi novia —se quejó Naruto al guardar el celular.
—Con más razón, déjala dormir —Ino arropó más a Sakura.
Naruto pudo observar que, pese a pelear la mayoría del tiempo, Ino realmente se preocupaba por Sakura.
—Entonces...
—Sakura e Ino se quedarán —Shikamaru contestó a la duda no dicha de Naruto—. Están ebrias cómo para caminar. Dejaré que duerman en mi cama, yo dormiré en el sofá.
—Gracias, Shikamaru —Ino bostezó ruidosamente.
Naruto suspiró.
—Bien, si ese es el plan... Entonces, me iré primero, debo madrugar mañana.
Al encaminarse a la entrada, Naruto escuchó un motor lejano, no le puso mucha atención al asumir que podría ser cualquier auto. Sus amigos se despidieron de él, cerrando la puerta detrás de sí. Caminó entre la sala, estirándose.
—¿Huh?
La figura de Hinata dormida en el sofá lo sorprendió, no recordaba cuándo regresó adentro. Tenía su cabeza apoyada en el reposa brazos, sin desapegarse de su peluche. El cabello le caía de lado y a simple vista lucía tan inocente.
A pesar de que en el interior no hiciera tanto frío como afuera, Naruto quiso arroparla. Fue un impulso, un llamado tan natural de querer protegerla que no pudo evitarlo. Se sacó la chaqueta que usaba sin preocuparle que la necesitaría más tarde; sobreviviría con la sudadera. A esas alturas la única opción de trasporte que le quedaba era un taxi, no tendría que lidiar tanto con el clima directamente. Se acercó en silencio para no despertarla, dejando con suavidad la prenda sobre su figura, esperando que fuera necesaria.
Ella se removió y por un momento temió despertarla, más eso no sucedió, Hinata continuó dormitando.
De verdad lucía linda así.
Las manos le picaron. Su sentido de alerta le hizo virar hacia el balcón, todos seguían ocupados en lo suyo; miró hacia la cocina, no había señales de que Shino estuviera cerca. Regresó a Hinata y repasó mentalmente si sacarle una foto, en tal estado, se consideraría un crimen.
No tendría por qué serlo, se dijo. El impulso por tomar foto de algo tierno era natural en los humanos. Como ver a un gatito en la acera, tan pequeño y frágil. Nadie llamaba a eso una falta en la moral, o algo por lo cual debería ser multado.
Solo sería una. No hacía mal. Hasta podía enviársela a Menma después.
Sacó el celular rápidamente y se agachó para tener un mejor ángulo del rostro de Hinata. El cabello la ocultaba un poco, así que movió un par de mechones detrás de la oreja, buscando no despertarla, siendo lo más gentil que podía al saberse un brusco por naturaleza.
Las yemas de sus dedos temblaron ante la suavidad del cabello de Hinata. Era... como seda. Se le resbalaba entre los dedos. Intentó no perderse y lo colocó detrás de su oreja. Ahora lucía mejor, nada le estorbaba para sacar una buena foto.
Naruto enfocó la cámara y dio clic.
La foto del rostro de Hinata durmiendo se guardó en automático en su galería.
Menma tocó el timbre, esperando a que le abrieran.
Shino le había enviado un mensaje sobre ir por Hinata, quien se había quedado dormida en medio de la velada salvaje que Ino organizó. Hinata ya le había hablando sobre el estúpido picnic que la Gorila e Ino planearon para ese día, más no esperó que el convivio continuara en el departamento de Shikamaru.
No había podido hablar mucho con ella durante esas semanas, estuvo ocupado. A pesar de ello, buscaba tiempo para ella. Hoy en la mañana había ido a su facultad, dejándole en su lugar preferido en el salón donde ella cursaba la primera materia del día el peluche que compró para Hinata. Tuvo que soportar las miradas de ilusión de muchas chicas por todo el campus, algo que le hizo sentirse un tanto avergonzado; no hacía esas cosas, nunca pensó hacerlas por ninguna chica, pero Hinata le hacía querer actuar de esa manera como si fuera natural.
Quería que ella supiera que, pese a ser tan poco comunicativo, delicado o nulamente romántico, pensaba en ella, todo el tiempo. Por más que intentara enfocarse en lo suyo, los pensamientos relacionados con Hinata siempre lo asaltaban.
El seguro al otro lado lo hizo levantar la vista al mismo tiempo que el rostro de Shino se asomaba. Se saludaron a su manera, sin ser cercanos, pero sin razones por las cuales detestarse. Entró con naturalidad al departamento, dejando las botas en la entrada; no iba a saludar a nadie, solo venía por Hinata.
Shino iba detrás de él cuando se encaminó a la zona central del lugar, encontrándose a Hinata dormida, pero también a Naruto. Esto último le hizo fruncir el ceño de manera automática.
—Naruto —quien habló fue Shino, sorprendiendo al rubio quien pareció estar en un trance—. Pensé que seguías con los demás.
—Ah, es que... Me cansé y tengo mucho sueño —respondió el rubio, viendo con dirección a Shino, encontrándose con Menma quien le lanzó una mirada irritada—. Menma —se enderezó—. Hey...
Él no respondió a Naruto y solo caminó con dirección a Hinata. Vio la chaqueta que la cubría, reconociéndola de inmediato. Chasqueó la lengua y la quitó, lanzándosela al dueño en la cara.
—¡Oi...!
—Cállate, la despertarás —ordenó Menma con una mirada helada que hizo a Naruto temblar ligeramente.
Menma alzó a Hinata en brazos, siendo cuidadoso de no despertarla; ella parecía estar en el Reino de Morfeo porque no lo hizo. Instintivamente, reconociendo la fuente de calor abrigador que la envolvía, Hinata se acurrucó más en el pecho de Menma, sin soltar la foca. Eso le hizo a Menma sonreír levemente.
—¿Te la llevarás en la moto? —preguntó Shino—. No sería lo más recomendable.
—Pedí un auto, está esperando abajo —explicó Menma, caminando con dirección a la salida, sin esperar palabra de los dos chicos—. Dejaré mi moto en el estacionamiento del edificio, ya le mandé mensaje a Shikamaru que pasaré por ella en la mañana.
—Entiendo —Shino asintió, viendo al azabache ponerse el calzado sin problema alguna aun cargando a Hinata—. Si necesitas ayuda...
—No —cortó Menma, mirando por encima a los dos, pero con especial enfásis a Naruto—. Puedo ocuparme de mi novia.
Shino no objetó nada y solo abrió la puerta para que Menma saliera con Hinata, viéndolos caminar por el pasillo hasta que estos desaparecieron de su vista.
