Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.
Capítulo II: Atracción
Parte 2
Por Monikawaii
Akane se encontraba frente al río, mirando como el agua se llevaba la decoración con el deseo que hace unos momentos había escrito, era la noche del siete de julio, el día de Tanabata. Llevaba un yukata de color blanco, con flores rojas y anaranjadas en la parte inferior y hojas verdes que subían hasta el inicio del obi, el cual tenía otras flores de diferente forma de matices muy suaves. Las flores de colores también adornaban sus hombros, sin hacerlo parecer muy cargado. Kasumi, que estaba a su lado, llevaba un yukata azul marino, con adornos celestes en toda su extensión y un obi de color mostaza. Se encontraba observando a su hermana menor. Ya era muy tarde y él no había llegado.
– Es un idiota –lo dijo casi en un murmullo, pero su hermana mayor logró escucharla
– Aún es temprano Akane, seguro llegará muy pronto.
Kasumi la había convencido de asistir al festival en Nakano, ella no estaba muy contenta, pero su hermana le ofreció prestarle un yukata que su madre había usado, con lo cual logró hacer que asistiera.
Era un lugar enorme, desde que llegaron sintieron las miradas de todos los hombres que no cesaban en ningún momento. No hicieron caso, Akane decidió divertirse, aunque sea un poco, comieron shumais y dangos, pasearon por todo el lugar mirando las atractivas decoraciones. Hasta que Kasumi hizo que Akane escribiera un deseo en las hojas de bambú, para luego llevarla al río. Y ahí se encontraba en ese momento.
Después de que Ranma y su padre se fueron, Soun ni siquiera había mencionado el festival, lloraba todo el día porque tuvo que gastar todos sus ahorros debido al aval que Genma lo hizo firmar hace más o menos un año, utilizando puros engaños. Encima, tuvo que pedirle prestado dinero a Nabiki, quien era peor que un banco por los intereses altísimos que cobraba. Ya se las pagaría cuando regrese.
Por lo menos eso fue un alivio para Akane, ya que no tenía que escuchar a su padre hablar sobre su prometido y planear citas o cualquier cosa con él.
Sin embargo, esos tres días la habían agotado. Tuvo que lidiar con las tres prometidas, que le reclamaban, les revelara donde tenía escondido a Ranma. La molestaban en la escuela, en su casa, en el dojo, y una vez fueron hasta en la madrugada. Ryoga, que llegó justo después de que Ranma se fue, la salvó en tres ocasiones, esos días se había vuelto su protector.
Además, en la escuela se enteraron de la ausencia de Ranma, gracias a una muchacha de cabellos castaños. Por lo que todos quisieron invitarla a salir para el Tanabata. Llegaron a atacarla como antes de que su prometido llegara. Por supuesto, los mandó a volar de una patada.
Después apareció Kuno, alegando que ellos eran Hikoboshi y Ori – Hime y otras idioteces más que sólo él podía pronunciar, lo mandó mucho más lejos aún, por lo menos para que no se mostrara hasta la hora del almuerzo.
Estaba cansada, ya tuvo suficiente esos tres días. Y le dieron ganas de no seguir ocultándolo más, no sabía en que momento su corazón explotaría y le diría toda la verdad, a él, a todos. Estuvo a punto de decirlo esa mañana, que actuaban como una pareja en ocasiones, que ambos se tomaban de las manos al regresar a casa y que lo hacían más seguido las últimas veces. Se imaginó que caras pondrían Shampoo, Ukyo y Kodachi, incluso Kuno y todos los muchachos que la fastidiaban en la escuela.
¿En qué estaba pensando? Shampoo se burlaría de ella y le sacaría en cara todas las veces que lo había besado, incluyendo lo de hace tres días. Y ella no lo había hecho ni siquiera una vez.
Lo del Neko – Ken no contaba, aún cuando fue su primer beso, y que los labios de su prometido se sintieron inmensamente bien junto a los suyos, y a pesar de las miradas curiosas de todos los que los rodeaban; sin embargo, él no lo recordaba en absoluto. Incluso había podido hacerlo con cualquiera.
¿Qué clase de beso había sido ese?
Idiota…
¿Acaso él no deseaba besarla? En algún momento pensó que sí, se lo había demostrado de alguna forma ese día que se escondieron debajo de las escaleras, le dijo lo celoso que estaba, le correspondió su abrazo y después, fue maravilloso. Ella tomó la iniciativa, cuando se separaron, su intención era besarlo, sabía que él correspondería de igual forma y no se quedó atrás. Sus miradas viajaron hasta sus bocas, se llamaron por sus nombres con unas voces tremendamente sensuales, y, al final, sintió un agradable suspiro acariciando sus labios.
Como siempre su familia y ese traje interrumpieron todo. Arruinaban cada momento que podía tener juntos, a solas. Cada vez que daban ápices de avanzar, la intervención de sus padres, sólo los hacían retroceder. Y terminaban diciéndose palabras duras, exclamando lo mucho que "deseaban" separarse. Ninguna de esas palabras calaban muy profundo en sus corazones, pero aún así, hacían que ese miedo al rechazo estuviera siempre presente. Quizá hubiera sido diferente si se hubieran conocido en otras circunstancias.
Por eso, los momentos a solas que compartía con él, valían tanto para ella. En esos instantes, él no actuaba como un presumido, ni tampoco la insultaba. Sólo se quedaba con ella, en silencio, sin mirarla, pero siempre protegiéndola. Esa confianza y seguridad que le brindaba cuando estaba a su lado, era lo que más le atraía de él.
Le gustaba mirarlo entrenar y luchar. Su porte tan varonil y sus brazos fuertes que la aferraban fuertemente a él, cuando ella estaba en peligro. Y sobre todo que él haría lo que fuera para estar con ella.
El anterior Tanabata se lo había demostrado. Se dejó morder por un tigre, le dispararon con balines, casi se quema con los fuegos artificiales, todo por recuperar un papel con su nombre escrito, que los separaría si sus nombres no estaban juntos en las hojas de bambú. Y al final pronunció esas palabras, que no supo interpretar en ese instante.
Nosotros somos como Hikoboshi y Ori – Hime, realmente sólo nos vemos una vez al año, pero cuando lo hacemos, nosotros…
¿Nosotros qué? ¿Qué habrá querido decir? Hikoboshi y Ori – Hime eran amantes, pero sólo podían verse una vez por año, debido a que el padre de ella no aprobaba su relación porque él era un labrador, sin embargo Ori logró que pudieran encontrarse un día al año, cuando el río fluía y el cielo estaba despejado, entonces ella bajaba por el río y pasaba el día con él.
Pero él no estaba ese día con ella.
– ¡Regresaré Akane, lo prometo! –recordó su voz femenina gritándole antes de irse.
Confió en sus palabras, lo había esperado y él no se dignó a aparecer. De nuevo todas las inseguridades invadieron su mente.
Tal vez Ranma se arrepintió de haber aceptado, de todas formas, no habían aclarado nada entre ellos.
Su hermana mayor la miró con preocupación, preguntándose que estaría pensando su hermana pequeña. Akane frunció el ceño, tratando de no hacer caso a esos pensamientos.
Escuchó una voz conocida y una risa insoportable. Giró su cabeza. Ahí se encontraban ellas. Shampoo y Kodachi, la habían seguido.
Después de dejar a Kasumi en un lugar seguro, Akane, tuvo que salir huyendo, ya que al tratar de pelear contra ellas, se había herido el brazo izquierdo con una rama que sobresalía de un árbol, y luego se había caído. Entonces no pudo luchar más. Llegó hasta un pequeño bosque cerca y se escondió detrás de un arbusto.
¿Qué culpa tenía ella de esto?
Obviamente ella no sabía donde estaba Ranma. ¿Acaso eran taradas? Estaría con ella en estos momentos.
Se había roto el hermoso yukata que llevaba puesto, el yukata de su madre. Incluso se había manchado con sangre. Unas lágrimas cayeron por su rostro.
– ¡Ahí está!
Se distrajo, quiso correr, pero sintió unos brazos fuertes que la levantaron llevándosela a toda velocidad. Era Ryoga. Aunque estaba agradecida, se pudo observar un leve gesto de desilusión en sus facciones. Se escondieron detrás de un árbol muy ancho. El chico del pañuelo sacó la cabeza para ver donde se encontraban, en ese momento de distracción, no se fijó que Akane ya no se encontraba a su lado.
– ¡Noooo! –Ryoga gritó, sus planes para pasar el Tanabata con Akane, estaban frustrados, no sabía por quien.
Akane sintió que le tapaban la boca con unas manos grandes, estaba asustada y trató de zafarse, pero luego se calmó cuando escuchó esa voz que había oído tantas veces.
– Soy yo Akane, no grites
– Ranma…
Quería llorar, sus ojos se nublaron por las lágrimas que deseaban salir. Pero decidió que no sería así y se hizo la fuerte. De todas formas la pasó muy mal por su culpa. Frunció el ceño.
– ¿Akane?
– ¡¿Quién te crees que eres? ¡¿Eh? ¡¿Sabes acaso como la pasé durante tu ausencia?
– ¿En serio? ¿Me extrañaste?
Una sonora cachetada cayó sobre su mejilla.
– ¡¿Por qué hiciste eso? –Ranma estaba confundido. No entendía por qué estaba tan molesta.
– ¡Como que por qué! ¡Por tu culpa tuve que soportar estos tres días el acoso de tus pesadas prometidas, a Kuno y a todos en la escuela! ¡¿Te parece poco?
¿Te parece poco?, ¿te parece poco? Las palabras resonaban en la cabeza del muchacho de la trenza. Ella tampoco sabía lo que tuvo que pasar para llegar a donde estaba. Tuvo que huir de su padre, Akane no entendía lo difícil que fue hacerlo. Dormía amarrado a él, entrenaba amarrado a él, iba al baño amarrado a él. Realizó una y mil peripecias para escapar y cuando lo hizo, tuvo que llegar caminando al lugar, porque no tenía dinero, encima Nakano estaba a una hora en tren desde Nerima y sólo llevaba un poco de comida y agua. Y encima ella venia y lo golpeaba.
– ¡Qué te pasa niña boba! ¡Tú tampoco sabes lo que yo pasé!
– ¡No creo que haya sido peor!
– ¡No se puede contigo! ¡Escapé de mi padre para venir a verte y estar contigo ¿y así es como me pagas? ¡Qué violenta y marimacho que eres!
La tomó del brazo fuertemente, se detuvo en el momento en que vio el rostro de Akane lleno de dolor, se fijó en su mano, estaba manchada de un líquido carmesí. Su yukata estaba con sangre.
– ¿Akane? –la miró horrorizado y molesto a la vez
– ¡Déjame sola!
– ¡No! ¡Déjame ver! ¡Quién te hizo esto! –su voz estaba llena de furia
La muchacha lo miró molesta. Los ojos de Ranma mostraban fiereza, pero a la vez preocupación. Y pudo entender lo que él estaba sintiendo en estos momentos. Ya no tuvo ganas de seguir discutiendo. Él había venido sólo, dejando a su padre atrás. Su rostro estaba algo manchado con tierra, su ropa estaba sucia. Miró sus zapatos de tela, estaban rotos, él había llegado a ella caminando.
– ¡Habla! –volvió a gritar Ranma
– ¡Está bien te lo diré, pero no grites!
Ranma se quedó en silencio escuchándola.
– Me lo hice yo misma, mientras trataba de pelear con tus prometidas
– Mientes
– ¡Claro que no! ¿Crees que después de lo que me hicieron pasar, todavía las defendería?
– ¡Pero fue culpa de ellas!
Ranma se levantó para buscarlas. Ella lo detuvo tomándolo por el brazo.
– Déjalo así, no sabes lo que me costó perderlas de vista.
– Pero…
– Lo siento…Ranma –susurró la peliazul.
El muchacho se quedó sorprendido por las palabras de Akane. La vio como se agarraba el brazo. Akane intentó levantarse para irse.
– Espera
Ranma agarró su camisa roja sin mangas y la rasgó por uno de los costados. La peliazul lo miró sorprendida, era su favorita y la acababa de romper así.
– ¿Pero qué haces Ranma?
Él la jaló, sentándola en un tronco que había cerca, se arrodilló delante suyo. Tomó su brazo izquierdo con delicadeza, mientras enrollaba el pedazo de camisa en su extremidad.
Akane se sonrojó por el detalle. Sintió un cosquilleo en su nariz, eran los cabellos azabaches de Ranma, quien tenía agachada su cabeza, tomando toda la atención a su brazo. Y en ese momento lo deseó.
Al levantar su vista, se encontró con los ojos de su prometida que lo miraban expectante. Sus mejillas estaban sonrosadas, era realmente hermosa. Una idea se apoderó de él cuando bajó la vista hacia la boca de ella. Pero al final, su cobardía hizo que se fuera alejando lentamente.
Sin embargo, ella lo detuvo, colocando sus manos sobre sus mejillas, antes de poder reaccionar un sentimiento abrumador se apoderó de él. Eran los labios temblorosos de su prometida sobre los suyos.
Se rindió ante ella. No supo cuánto duró, ni en qué momento cerró sus ojos y apretó sus labios inexpertos en los de ella. Muchas emociones se arremolinaron en su cabeza, no podía pensar con claridad. Entonces trató de abocarse a experimentar todas esas sensaciones nuevas que llegaban a él a cada instante.
Se separaron y se miraron sonrojados. Era su primer beso, aquel que deseó tanto, aquel que llegó después de tantos problemas. Aquel que llegó posteriormente a una pelea.
Akane no lo pensó mucho antes de hacerlo, y tampoco se sorprendió cuando él le correspondió, de alguna manera sabía que este era el momento perfecto. Nadie apareció, nadie los fastidió. Fue exactamente como lo deseó.
No fue necesario nada más, ni siquiera una palabra, ella supo en ese instante que fue el primer beso de Ranma, el primero que él le daba a una chica y se lo regaló a ella.
Regresaron a casa tomados de las manos. Probablemente las cosas no cambiarían demasiado, seguirían peleando, pero también avanzando paso a paso, sin apuro. Su relación siempre había sido así.
No pudo imaginarse en ese momento lo que ocurriría más adelante.
Continuará…
Notas: ¿Qué tal? ¿Les gustó? Me rompí la cabeza haciendo esa escena, no quería que saliera tan romántica no apta para diabéticos, ni tampoco tan seca. Quien leyó el manga se ve que hay posibilidades de que ellos avancen un poco más, de hecho, ellos van yendo de a poquitos, quería que se notara y siguieran siendo ellos mismos, no se si lo logré, comenten y critiquen.
Pienso colocar un lime o probablemente lemon, en el siguiente capítulo, tengo una idea que me ronda en la cabeza. El siguiente episodio será Amor Sexual, no se lo pierdan jajaja.
Gracias a todas las personitas que me comentaron. Rusa, Romi, Sandy, Jorgi, Massy13 y Ele.
Los que quieran leer sobre la leyenda del Tanabata, pasen por el foro de Ranma, ahí coloqué toda la información.
