Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Rumiko Takahashi, yo los tomé prestados sin afán de lucro para mi historia.
Siempre hay algo que aprender en el amor...
El Arte de Amar, Erick Fromm
Capítulo V
Amor Complicado
Por Monikawaii
Qué complicado se vuelve el amor cuando hay problemas, ya no con prometidas ni pretendientes, ni siquiera por la familia que se entromete. Esta vez era algo diferente, algo que ellos mismos habían buscado con deseo y anticipación.
Un llanto dentro de la habitación los despertó a ambos.
—Te toca…—Akane dijo entre sueños.
—Te toca a tí…—el cansancio lo vencía.
—Yo fui la última vez.
—Eso no es verdad.
El llanto se hizo más fuerte.
— ¿Me estás diciendo mentirosa? —y empezó con su mal humor… de nuevo.
—No mi marimacho, nunca lo dije —al fin pudo despertar y vio a su esposa que lo miraba con furia con los ojos muy pequeños y con unas grandes ojeras. Se asustó.
El llanto se convirtió en un grito.
—Mi amor… —usó su característica voz de ultratumba que siempre daba resultados—. Tráeme al bebé…
—Está bien, está bien, iré —se levantó rápidamente a traer a su pequeño hijo de tres meses para que su "linda" esposa le dé de lactar.
¿Hasta cuándo debían soportar esto? Esas malas noches eran un suplicio, sin poder dormir ni practicar porque el cansancio los vencía a cualquier hora del día, mientras tenían que hacer las tareas del hogar. Además de los cambios de humor de su esposa que no se comparaban cuando fueron adolescentes, porque ahora era peor. Además tampoco podía hacer el amor con ella. ¿Una cuarentena?, ¡tenía que esperar todo ese tiempo que ya hace tiempo se había cumplido!, pero ella seguía diciendo que no quería nada, que no tenía ganas. Él era un hombre por Dios ¿qué no entendía?, no podía aguantar por mucho tiempo más.
Después de su segundo matrimonio, se habían dedicado a hacer el amor como unos posesos, la abstinencia de ese año que estuvieron separados los ayudó. En las mañanas, a la hora de almuerzo, en el baño, cualquier palabra los encendía como una llama, terminaban besándose apasionadamente y luego agotados en la cama. Incluso el dojo se había vuelto uno de esos lugares donde despertaba su deseo pasional.
Akane se sorprendió cuando se enteró de su avanzado estado, a sus veintiséis años aún no había pensado en embarazarse, el tiempo había pasado tan rápido que no se dio cuenta que llevaba dos meses de retraso, se habían estado cuidando durante los primeros meses desde que volvieron a estar juntos, pero no recordaba el día dejaron de hacerlo y las consecuencias aparecieron pronto.
Su cabeza comenzó a llenarse de incertidumbre y las dudas empezaron a aparecer.
¿Ranma estaría de acuerdo?
Mientras más esperaba, mayores eran sus sospechas, así que decidió que iría a comprar una prueba cuando se hiciera de noche y él estuviera dormido. Salió sigilosamente del departamento que compartía con Ranma, no quería decirle nada aún, no es que no quisiera que se enterara, pero como era un tema tan delicado e imprevisto, decidió que lo averiguaría sola. Se colocó una cafarena y un pantalón de color negro, unos lentes oscuros y salió muy despacio, casi de puntillas intentando no hacer ruido.
Ranma la había observado bastante nerviosa durante los días previos, parecía que no lo escuchaba, se le notaba ida y preocupada. Tampoco quería estar con él. La conocía demasiado bien como para saber que algo traía entre manos, especialmente esa noche. Se hizo el dormido y cuando sintió que Akane dejó la habitación, se levantó rápidamente y la siguió.
Su cerebro no hacía las conexiones necesarias cuando la vio entrar a una farmacia, no entendía lo que estaba pasando. ¿Estaría enferma? ¿Con gripe?, se cuestionaba. Continuó observando hasta que su esposa salió muy nerviosa. Pensó un momento en aparecerse frente a ella o seguir espiándola, al final decidió lo que haría y…
— ¡¿Qué diablos haces aquí?! —el grito de Akane interrumpió sus cavilaciones. Lo había descubierto.
— ¿Eh? ¿Desde qué momento tú…? —dijo nervioso.
— ¡Habla! ¡¿Por qué me seguiste hasta aquí?! —lo tomó fuertemente de la camisa y lo acercó a ella.
— ¡Pues qué rayos te sucede! ¡¿Por qué estás vestida así?! ¡Estás actuando muy extraño desde hace días, ni siquiera quieres…! —detuvo sus palabras
— ¡¿Qué?!
—Ya sabes… —exclamó tímidamente.
— ¡No, no sé! ¡¿De qué hablas?!
—Ya sabes… —se tomó la cabeza con ambas manos en señal de desesperación—. ¡Ya sabes y me molesta! ¡Soy un hombre Akane, tengo mis…mis…!
Akane lo miraba enojada, parecía que en ese instante iba a mandarlo a volar lejos.
— ¡Mis necesidades! —gritó finalmente, dejando de lado la vergüenza.
— ¡¿Sólo en eso piensas?! ¡Eres un idiota!
— ¡Pues yo no fui el único que pensé en eso todo este tiempo, te recuerdo que tu empezaste y…! —Akane le tapó la boca con una de sus manos, recordando lo sucedido durante los seis meses anteriores, en los que ella muchas veces tomaba la iniciativa. Se sonrojó y torpemente hizo caer la bolsa que cargaba en la otra mano, dejando en evidencia lo que contenía. Ranma la miró sorprendido, por fin comprendía.
— ¿Qué…qué es eso? —expresó con dificultad.
— ¡N…nada! —ella levantó la bolsa rápidamente e intentó irse.
— ¡No te irás! ¡¿Qué te sucede?! ¡Dijiste que haríamos todo juntos! ¡¿Lo recuerdas?! ¡¿Y ahora sólo estás dejándome de lado?! —estaba enojado—. ¡No me gusta lo que estás haciendo, Akane! —exclamó con mucha cólera.
Ella se quedó en silencio. Él tenía razón. Otra vez estaba cometiendo los mismos errores antes de su separación y estaba ocultándole un problema que era de ambos. Esta segunda oportunidad debía ser distinta. No se entendía a ella misma.
—Lo siento —murmuró. Quería llorar en ese instante.
— ¿Akane? —se preocupó cuando vio salir una pequeña lágrima del ojo de su esposa.
—Fui a comprar esto —le mostró la pequeña caja, la prueba de embarazo.
Ranma la vio sorprendido pero no articuló palabra alguna.
Ella esperaba deseosa su respuesta, pero no llegaba. Y una vez más las dudas comenzaron a aparecer. Tal vez se había arrepentido.
¿Quería tener un hijo con ella?
¿Lo que le mostró no era importante para él?
¿Debía huir en ese momento?
Volvió a mirar a su esposo que tenía el rostro confundido.
—Está bien, si no quieres… —tenía que ser fuerte, saldría adelante sola, no necesitaba de él. Tenía que convencerse de eso.
—Akane ¿qué es eso? —dijo finalmente, sonriendo nerviosamente y tomándose la cabeza con su mano.
— ¿Ah? —se estaba haciendo falsas ideas.
— ¿Akane? ¿Son dulces? ¿Para eso viniste? —acercó su rostro al de ella—. Lo único que no entiendo es… —sus labios hicieron una mueca parecida a una sonrisa—. ¿Por qué los compraste en una farmacia? Eres tan boba —rió fuertemente.
Una bofetada sonora cayó en su mejilla.
Su marido era tan estúpido y ella haciéndose de tantos problemas.
— ¡Idiota! —suspiró—. ¡Es una prueba de embarazo! —ahora sí esperaría una verdadera respuesta por parte de su bobo esposo.
— ¿Eh? —se quedó con la expresión de idiota, su queridísima marimacho lo acababa de golpear, pero no puedo reaccionar ante eso porque lo que ella dijo después lo dejó atónito—. ¡¿Q-q-qué?!
Los miedos de Akane quedaron infundados cuando regresaron a casa. Era lógico que él estuviera nervioso, pero su expresión no era del todo de preocupación. Lucía… ¿feliz?, sí, podía catalogar su rostro lleno de felicidad. Él no podía ocultar fácilmente lo que sentía y ella lo sabía.
Akane rápidamente se metió al baño.
¿Qué haría si estuviera embarazada?
¿Un hijo?
Definitivamente eso cambiaria sus vidas por completo. Ellos no lo habían planeado, sin embargo era una posibilidad inmensa. Se sentó y esperó sin paciencia.
Ranma estaba afuera, ella no salía aún. Comenzó a morderse las uñas desesperadamente. Iba de un lado hacia el otro, se subía las paredes como una araña, empezó a hacer planchas, miraba por la ventana, se tambaleaba.
— ¿Ya? —repetía una y otra vez y siempre obtenía un fuertísimo ¡Espera! Desde el baño.
Un momento después, la puerta del baño se abrió y salió una Akane con el rostro cubierto entre sus cabellos despeinados.
— ¡Qué! ¡¿Qué?! —no podía más con la curiosidad.
Sus ojos se encontraron. Su mirada estaba llena de brillo, no sabía si de alegría o tristeza.
—Es…
— ¡¿Qué?!
—Positivo.
Nunca imaginó que llegaría a ser tan feliz, durante su vida jamás sintió esa dicha por la que había sido embargado en ese instante. Iba a ser papá. Iba a tener un hijo… con ella.
Akane reconoció para sí que se había equivocado y lo había subestimado. Comprendió que él siempre permanecería a su lado, mientras la abrazaba fuertemente como un niño pequeño porque esa era su máxima demostración de amor y protección.
Al día siguiente decidieron que irían a ver a un doctor, querían enterarse de que tan avanzado estaba su embarazo. Apenas el ginecólogo pidió fechas, no supieron indicarle con exactitud y la sangre se les subió a la cabeza. Su embarazo ya llevaba cerca de ocho semanas y ella no se había dado cuenta, ni siquiera recordaba el último día de su periodo. Les llamó la atención, su cara daba miedo y mostraba enojo. Parecía que les decía irresponsables con la mirada, y ellos se sentían cada vez más y más pequeños.
Al salir Akane se tapó el rostro con ambas manos. Ese médico la había hecho sentir como un harapo. Ranma se puso frente a ella al notar su tristeza.
—O sea que no lo sabe señora Saotome —exclamó en son de burla.
Ella lo miró confundida.
—Cómo es posible que no lo sepa, muchacha irresponsable —su voz se tornaba cada vez más sarcástica —. ¿No ve que soy un viejo que no ha tenido sexo en años, mi esposa al despertar grita ¡¿Qué? ¡¿Despertaste?!
Akane empezó a sonreír. Él le puso las manos en sus hombros.
—Descuida —dijo—, a mi no me importa lo que piense ese doctor amargado —se acercó más a ella, aunque estaban en la calle, no le importó— Iremos a otro lugar para tus chequeos, ahora que sabes más o menos las fechas necesarias —le dio una media sonrisa y la besó tiernamente.
—Si —respondió ella, apenas acabó de besarlo.
—Vamos —la tomó de la mano y la observó de reojo. Y se imaginó lo bello que sería ver a su esposa embarazada, con esos vestidos tan femeninos y esa enorme barriga y ella mostrándole una de sus mejores sonrisas. Ambos felices, riendo sin parar.
Sin embargo, conforme avanzaba el embarazo, los cambios de humor de su esposa comenzaron a hacerse notorios. Akane siempre se había caracterizado por su fuerte carácter y su fortaleza física y mental. Pero en esos momentos, ni ella misma sabía lo que le ocurría. Estaba irritable, sensible, aún cuando no había tenido malestares, cualquier cosa era necesaria para hacerla llorar.
Pero un día esas lágrimas se canalizaron por una razón, cuando él llegó de trabajar la encontró sentada en su lado de la cama con la cabeza gacha, sus manos en su pequeña barriga y los hombros caídos, estaba llorando. Ranma temió lo peor al verla así, se acercó rápidamente hacia ella gritando su nombre.
— ¡¿Qué pasó? ¡¿Akane?! —la había tomado de los hombros violentamente—. ¡¿Estás bien?! —gritó una vez más con una voz cargada de preocupación.
Ella levantó su vista hacia él y sus labios formaron una pequeña sonrisa. Ranma sintió que su alma volvía a su cuerpo.
—El bebé… —susurró.
— ¿Qué pasa con el bebé? —preguntó nervioso.
—Lo sentí… por primera vez… —tomó las manos grandes de él y las colocó en su barriga de aproximadamente catorce semanas—. Creo que se mueve —dijo emocionada apretando las manos de Ranma un poco más fuerte.
Él cerró los ojos para poder sentir a su hijo, pero fue en vano.
— ¿Lo sientes? Se está moviendo ahora mismo, Ranma… es como un pececito —su rostro se llenaba aún más de emoción y lo miraba anhelante.
Pero no podía sentir nada.
— ¿Ranma…?
—Sí —y asintió finalmente, pero no era verdad, no quería desilusionar a su esposa.
Ella se echó de espaldas en la cama, Ranma acercó su rostro a su pequeña panza y la besó con ternura. Luego puso de nuevo su mano en su vientre y se echó a su lado.
—Gracias… mi amor —le dijo ella con unas lágrimas adornando sus ojos. Él sonreía. Pero pronto el cansancio los venció y se quedaron profundamente dormidos, así, abrazados.
Continuará...
Notas: Sé que no tiene excusa lo mucho que me demoré en publicar este capítulo cuando ya lo tenía escrito. Pero me esforcé en hacerlo más que otros, le corregí varias cositas en las que estaba errando (le agradezco muchísimo a una persona que de vez en cuando se pasa por el foro, así no lo lea, quien me ayudó con mis errores de escritora principiante XD) Espero que no se me haya pasado nada.
Este capítulo nació de observar a mi mejor amiga embarazada y luego con su nenito. A veces nos imaginamos lo fácil que sería tener un hijo y pensamos ¡qué lindos son los bebitos! yo aún lo pienso, pero es tan difícil ser mamá y pasar por todo un embarazo con las hormonas a mil por hora (no en ese sentido) que hacen cambiar de humor constantemente, llevar esa enorme barriga, las benditas malas noches y más problemitas. Aunque trae mucha felicidad, siempre es complicado.
En el próximo veremos algo más al respecto. Espero que este les haya gustado. ¡Comenten!
Un saludo enorme, nos vemos en el siguiente... :)
