Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Rumiko Takahashi, yo sólo los tomé prestados para crear mi historia.


Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor.

San Agustín


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Capítulo VI

Amor Romántico

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Por Monikawaii

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El romanticismo es el estado más puro y complicado del amor, porque existe el cariño y afecto como emociones que unen a la pareja, complementadas con esa imperante necesidad biológica, la que cada ser humano posee, la pasión.

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—Pa-pá…

— ¿Eh? —giró él con el rostro confundido.

—Gaga… guuu… —soltó una risotada mientras metía cuatro dedos en su pequeña boca.

— ¡Shun! —lo levantó de la pequeña silla donde se encontraba.

El bebé de cabellos color negro y facciones pequeñas, volvió a reír al mirar la cara de su padre.

— ¡Repítelo! —acercó su rostro al del niño y dijo una vez más—. Repítelo ¿Sí? ¿lo harás? Di de nuevo: pa – pá

El niño se carcajeó, su sonrisa era casi idéntica a la de su madre, al igual que su nariz y sus mejillas. Los ojos los había sacado de él.

La verdad no importaba si no lo volvía a repetir, Ranma estaba completamente feliz. Le había dicho "papá" eso era lo mejor.

Además le había ganado a ella esa apuesta. Giró su vista donde Akane los miraba sorprendida. Estaba enojada, lo sabía.

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Todo había iniciado ese día, era domingo y Akane acababa de salir de la bañera después de un largo baño, de esos que no había tenido en mucho tiempo. Shun se había quedado dormido gracias a su padre quien se encargó de mecerlo y darle el biberón.

Se secó su cabello que le llegaba hasta los hombros, se puso unos pantalones simples y una polera y se echó en la cama esperando poder descansar un poco, Ranma estaba a su lado pero sus ojos no se habían despegado de ella ni un solo momento. Akane se percató en ese instante.

—Oye… Ranma… espera un momento, ¿no estarás pensando en…? —dijo algo preocupada.

— ¿En qué? —le dijo haciéndose el loco. La verdad sí lo pensaba, últimamente los lapsos de tiempo en que podían estar juntos en la intimidad se hacían cada vez más largos. Si no era por el trabajo, o que el bebé lloraba, o porque estaban muy cansados de la ardua tarea de cuidar al niño de ya ocho meses.

—Ah… bueno —y se volteó dándole la espalda.

— ¿Eh? —gimió sorprendido, no esperaba tal rechazo de su querida esposa—. Oye, ¡¿por qué eres así?! —se quejó.

Akane rió entre dientes. No podía creer que a estas alturas no podía ni siquiera decirlo, así que jugaría con él un poco. Nuevamente giró su cuerpo para poder mirarlo a la cara.

—Entonces dime en qué estabas pensando… —puso una voz llena de sensualidad.

—Bueno… es que yo… —se sonrojó poniéndose muy nervioso.

— ¿Mmm…?

— ¡Ah, pues ya sabes! —se acercó a ella para besarla apasionadamente y con desesperación, Akane correspondió de la misma manera.

Sus manos empezaron con su tarea de recorrerla por todo su cuerpo, iba subiendo la ropa con alevosía. Pronto se colocó encima de ella y…

Sonó el horrible timbre del apartamento.

— ¿Quién será? —lo interrumpió Akane.

—No lo sé, ni me interesa —y quiso continuar con su tarea.

—Pero podría ser alguien importante —volvió a decir ella.

—No importa, puede esperar.

Akane ahogó una pequeña risa al verlo tan desesperado.

Pero nuevamente el chillido de ese timbre odioso.

Y luego el llanto de Shun.

—Ranma… lo siento —intentó disculparse, aún a estas alturas las cosas eran difíciles—. Tomaré al bebé, ve a abrir la puerta.

—Está bien —dijo mientras maldecía y abotonaba su camisa china de color azul. Se puso de pie mientras volvía a oír la campana—. ¡Ya voy, ya voy! —gritó enfurecido llegando a la puerta llena de cerrojos que se habían encargado de colocar por si algún loco quisiera invadir su privacidad, la que les había costado tanto mantener.

Su rostro se llenó de una sorpresa que no era del todo grata al ver quién se encontraba en su puerta.

—Ranma no verse muy feliz.

No ella…

No ahora…

—Ah, sí, Shampoo… —intentó aunque sea sonreír.

La joven amazona vestía un hermoso vestido chino de color rojo pegado que le llegaba hasta los tobillos con una abertura en uno de los costados. Estaba adornado con flores amarillas y pétalos de color verde. Los bordes eran dorados. Llevaba un moño grueso como peinado, mantenía aún su flequillo y sus cabellos que caían a los costados de su rostro. Aún desplegaba sensualidad, aún cuando su cara se veía más madura. Pero ella siempre había tenido una belleza impactante.

—Saotome —Mousse apareció detrás con un bebé en su espalda, otro un poco más grande colgado en su pierna derecha y una niña de unos cuatro años tomada de su mano. Él llevaba el mismo atuendo de siempre aunque de color verde. Y todos los niños vestían ropas chinas.

—Pasar mucho tiempo —Shampoo le sonrió coquetamente—. Venir de visita con esposo pato tonto, ¿Ranma no dejarnos pasar?

No tuvo opción. Detrás de él apareció Akane con el niño en brazos.

—Ranma, ¿quién…? ¿es? —su voz se apagaba conforme preguntaba—. Ah, Shampoo…

—Vaya, Akane seguir idéntica —la observó de pies a cabeza y sus labios se curvaron en una sonrisa—. Aunque... ya no usar bonitos vestidos y tener arrugas en la frente…

¿Quién había invitado a venir a esta china odiosa? Pensó la mujer de cabellos oscuros y giró su vista hacia Ranma, quien hizo un gesto de no saber nada. Aún así no iba a dejar que la molestara, cambió un poco su expresión, pero si ella tenía todas las de ganar.

—Mi amor… —le habló cariñosamente a su esposo—. ¿Puedes sostener a NUESTRO Shun por un momento?

— ¿Eh? —la miró con confusión—. Cl-claro, Akane.

Shampoo miraba la escena con cólera, mientras Mousse iba detrás de sus hijos más grandes que no paraban de correr.

—Iré a prepararles algo a nuestros invitados.

—Shampoo no querer lo que Akane cocinar —se burló de ella mientras cruzaba sus brazos.

—Pues te aseguro que su comida es pasable ahora —intentó calmar los ánimos Ranma, sin éxito.

— ¡¿Qué dijiste?! —había enfurecido a su adorable esposa.

—No, tranquila, por favor, Akane, te acompañaré —puso su mano grande en la espalda de ella y la guió hasta la pequeña cocina, mientras ella intentaba zafarse.

La amazona había estado allí por sugerencia de su bisabuela, a pesar de todo no quería perder esa amistad de su adolescencia. No los había visto en años, desde que contrajeron matrimonio por primera vez. Cuando se enteró de su separación quiso regresar, pero le fue imposible ya que esperaba su primera hija con Mousse. Y así el tiempo se fue yendo y su amor se fue agotando, por lo menos es lo que creyó hasta ese día.

Miró nuevamente la puerta por donde la pareja había desaparecido, la curiosidad de no saber qué hacían la mataba, quería escucharlos hablar pero no podía así que intentó acercarse un poco. Hubiera preferido no hacerlo, Ranma acariciaba el rostro molesto de Akane, él se reía, su bebé también y luego la besó. Recordó el sentimiento que había marcado su adolescencia desde que lo conoció, se sintió celosa y molesta, no podía soportar verlos juntos. ¿Por qué fue esa chica violenta y no ella la que se quedó con él? ¿Qué tenía de especial Akane? Ella era más bonita, más sensual, podía satisfacerlo de todas las formas posibles. Pero no la eligió a ella y al final se tuvo que conformar con ese pato tonto. No era que no lo quisiera, pero el sentimiento no era el mismo que tenía por el joven de la trenza y que el paso del tiempo no había podido borrar.

Finalmente el joven de ropas chinas salió y la vio sentada cargando a un pequeño niño.

— ¿Son tus hijos? —preguntó.

—Sí —le brindó una sonrisa triste—. Mousse ser ardiente —intentó poner a prueba al chico.

Ranma se carcajeó. No lo logró.

—Jamás lo hubiera pensado de ese pato.

— ¡Te escuché, Saotome! —el padre de los tres niños se acercó a él, pero su pequeño lo jaló para seguir jugando—.¡Li Feng! ¡Li Wei! ¡Espérenme! —y continuó persiguiéndolos.

Shampoo lo miró riendo y jugando con sus hijos.

—Mousse ser buen padre.

—Así parece.

El bebé estaba sentado en las piernas de Ranma y tenía en sus manos una sonaja que agitaba con fuerza.

— ¿Cómo llamarse bebé? —preguntó.

—Shun, ¿verdad que es fuerte? —lo tomó por las axilas y lo puso frente a frente—. Eres como tu mamá ¿no? ¿verdad? —el niño se carcajeaba mientras él le hacía cosquillas en el estómago con su cara.

—Pero ser hermoso… como su padre.

Akane que llegaba con una caja de shumais escuchó con furia lo último. La china se había percatado de su llegada así que decidió molestar un poco más.

— ¿Sólo tener un hijo? ¿Akane no poder satisfacer a esposo? —se acercó un poco a Ranma rozando sus pechos en su brazo.

— ¿Eh? Oye… Shampoo… no… —sintió la enorme aura de su esposa que emanaba fuego.

— ¡¿Qué crees que haces?! ¿Eh? —puso la caja en la pequeña mesa central.

—Shampoo sólo bromear —miró a la joven—. ¿Por qué? ¿Akane aún estar celosa de mí?

Ranma se vio de pronto en su adolescencia, mirando a estas chicas que peleaban absurdamente por él. Definitivamente la amazona no traía nada bueno. Además sólo se comportaba así cuando Akane estaba presente.

— ¡Ya basta! —interrumpió.

Se giró hacia la joven amazona.

— ¡¿Qué diablos te pasa?! ¡Dijiste que Mousse era ardiente y un buen padre! ¡¿por qué te comportas así?!

Luego dirigió su vista a Akane.

— ¡Akane! ¡te dije que tus celos son infundados! ¡¿Acaso no estamos juntos ahora?!

Esas palabras le dieron una estocada final a la china. No se esperaba que él actuara de esa manera. Definitivamente ya no eran más unos muchachos inmaduros, la adultez los había alcanzado.

Mousse y los niños observaban la escena algo asustados. Al final Shampoo fue quien se puso de pie.

—Ya nos vamos… —su cerquillo tapó su rostro—. Shampoo lamentar —hizo una venia que imitaba a una disculpa. La verdad no podía permanecer más en ese lugar mirando como esa chica se había quedado con lo que debió ser de ella. Había sido un error ir a visitarlos.

Porque ahora ella llevaba una vida junto a él, al chico pato que nunca quiso aceptar, pero que terminó por conquistarla, no de la forma que ella hubiera querido, pero aún así, había sido su decisión casarse y no se echaría para atrás.

El amazona de cabello largo, ahora atado a una cola, se dio cuenta de la emociones intensas que molestaban a su esposa. Y pensó que esta era una visita corta pero necesaria para finalmente darse cuenta. De todas formas, nunca esperó ser amado como alguna vez ella amó a Ranma. Y aún así, él no tenía la culpa del amor no correspondido de Shampoo porque siempre había estado enamorado de Akane. Sintió algo de rabia, pero esta vez estaba dirigida hacia su mujer. Hizo el mismo ademán y se despidió.

—Me dio gusto haberlos visto a ambos. Espero que sean muy felices, es mi deseo de todo corazón.

Los niños se despidieron diciendo adiós con los brazos. Shun los miraba contento.

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Akane ponía la ropa en la pequeña lavadora que habían adquirido mientras él cuidaba a su pequeño hijo.

Estaba sentado a un lado de la cama con varios juguetes a su alrededor, mientras su padre se había echado a su lado sin perderlo de vista. Tenía un pequeño tren de juguete que exploraba con atención, miró un cubo a su costado y lo tomó con su otra mano, comenzó a golpearlos uno contra otro fuertemente.

— ¡Ahhhhhh! —el grito del niño sonó como un megáfono al lado de su oído.

— ¿Qué pasó? —exclamó Ranma.

Pero Shun seguía llorando, se había golpeado la cabeza con el tren debido a sus torpes movimientos.

— ¡Qué fuerte eres! Tendrás la fuerza bruta de tu madre —rió fuertemente levantándolo y haciéndolo jugar en sus brazos.

— ¡Te oí! —gritó desde el baño.

Ranma suspiró, lo había dicho a propósito para calmar un poco los ánimos de su mujer.

— ¿Aún sigues enojada?

—Claro que no… ¿por qué me molestaría esa mujer que aún no se ha olvidado de ti? —dijo de forma sarcástica.

— ¡¿Qué no escuchaste lo que dije?!

— ¡Pero bien que tenía sus pechos pegados a tu brazo! ¡Esto es como siempre! ¡Nunca intentas alejarla! —Akane no podía pensar por la cólera que sintió en esos momentos—. Si también hubiera venido Kuno o Ryoga o por último Shinnosuke, te hubieras sentido de la misma manera —dijo al final con la voz un poco apagada.

Ranma sólo se resignó, la verdad era que no quería pelear con ella, además, tenía algo de razón. Si ellos hubieran intentado algo así con su esposa, no vivirían para contarlo. Pero no estaba de acuerdo en algo, porque él ahora estaba con ella, no tenía ojos para nadie más, incluso tenían un hijo. La amaba a ella.

—Shun, ¿verdad que tu madre está celosa? —le habló al niño que se había tranquilizado y lo escuchaba atentamente.

— ¡No es cierto! —gritó.

—Y además es una marimacho gruñona, por eso estoy segurísimo que dirás "papá" primero.

Akane rió fuertemente y entró a la habitación en la que se encontraba su esposo y su hijo.

— ¡Ja! Claro que no. Primero dirá "mamá", siempre dicen mamá primero —se lo arrebató de las manos—. ¿Verdad, mi bebé? ¿Dirás "mamá"? Mira… ma - má —el pequeño sólo reía.

El joven de la trenza se lo volvió a quitar.

—Pues como eres no lo hará —acercó su rostro al de ella.

—Que sí.

— ¿Quieres apostar?

—Por supuesto.

—Entonces si dice "papá" primero el tema estará zanjado y enterrado.

—Y si dice mamá dormirás en el sillón durante una semana y te levantarás a ver a Shun todas esas noches.

— ¡Es demasiado!

Pues sí lo era.

—Está bien —respondió cediendo un poco, no iba a soportar tanto tiempo sin dormir a su lado—. Entonces sólo te levantarás por una semana en las noches a ver al bebé.

— ¡Hecho!

— ¡Hecho!

—Por cierto… —interrumpió Akane—. Hoy tendremos más visitas.

Las familias de ambos llegaron al ring de pelea. Casi todos empezaron a animar al niño para que dijera la palabra ganadora. Kasumi y su padre Soun estaban a favor de Akane. Mientras que Genma y Nodoka, a favor de Ranma. Nabiki y su marido sólo miraban el interesante espectáculo de manera divertida.

Y así era durante todas las tardes. Cuando Ranma llegaba de trabajar los encontraba absorbidos en la lucha.

Había pasado una semana, fue realmente agotadora. Ya todos se habían ido finalmente y ninguno había ganado.

No fue hasta la hora de la cena que Shun decidió que mejor diría "papá" después de que recibiera una deliciosa comida por parte de él.

Ranma se acercó a Akane con un micrófono en mano.

— ¡Lo sabía! ¡Dijo "papá"! —gritaba a los cuatro vientos, mientras recibía una mirada asesina de parte de su esposa.

—Yo no lo oí —y le dio la espalda. Él no se rendía e intentaba llamar su atención. Se aparecía a su lado, mientras ella se volteaba. Se aparecía por el otro llevando dos banderitas de Japón, mientras ella nuevamente giraba con violencia su cuello.

Y no paró durante un largo tiempo, hasta que ella lo detuvo con un gran mazo.

—Mira, Shun necesita un cambio de pañal. ¡Ve y cambia a tu hijo! —lo regañó mientras se dirigía a lavar los platos.

Ranma con un chichón en la cabeza, estaba tan feliz cambiando a su hijo después de todo lo ocurrido. Le daría todo, haría lo que fuera por él desde hoy en adelante. Sin embargo…

— ¡Ahhhhh! ¡Akaneeee! —el grito de Ranma la asustó.

— ¡¿Qué pasó?! —ella llegó corriendo desde la cocina.

El rostro de Ranma no tenía nombre. Parecía un bebito al que al parecer le habían quitado su juguete preferido. Se secaba con una toalla todo el rostro mojado.

Shun lo había hecho.

Se había hecho pis en la cara de su papá.

Lo había olvidado. Akane siempre le dijo que cubriera la intimidad al niño, porque podría ocurrirle un accidente de esos que no quisiera recordar.

—Jajajajajajajajajajaja… —no podía contener la risa. Su hijo la había vengado.

— ¡No me parece gracioso! —y desapareció.

— ¡Lávate bien la cara! —agregó con burla.

— ¡Ya verás, Akane! —su voz cambió a la de una mujer. Se refregaba fuertemente la cara con mucho jabón.

—Ven, ven aquí —la joven había cargado al niño—. Muy bien, pequeñito. Hiciste muy feliz a mamá.

Shun sonreía al mirar a su madre mientras metía su puño dentro de su boca y una gota de baba caía hacia el suelo.

— ¿Te va a salir otro dientecito, no?

Parecía que el niño intentaba contestarle a su madre, balbuceaba y su vocecita sonaba muy tierna a sus oídos.

Él finalmente se apareció en la habitación, aún seguía enojado.

Ella curvo sus labios y le brindó una sonrisa, pero esta vez estaba cargada de ternura y felicidad. Él comprendió que el trago amargo por fin había pasado y la pelea había terminado al fin.

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—Oye, Ranma —expresó mientras se echaba a su lado después de haber hecho dormir a Shun.

—Sí, dime.

— ¿Crees que debo hacerme crecer el cabello… de nuevo? —anunció con inseguridad.

Ranma lo pensó por un instante recordando cómo la había conocido. Su sonrisa y su cabello oscuro y largo cayéndole por los costados. Y luego cuando lloró al haberlo perdido junto con su pasado amor.

—No me gustan las chicas con cabello largo —dijo finalmente—. Creo que ya te hace falta un corte.

Akane ahogó una pequeña sonrisa.

—Ranma…

— ¿Sí? —se giró para mirarla.

Ella rápidamente lo abrazó y continuó con la tarea que Shampoo había interrumpido. Pero esta vez se aseguraría de terminarla.

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Continuará…

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Notas: Hola a todos. Bueno, finalmente pude actualizar esta historia que me tenía algo estresada, pero ¡me vino un ataque de inspiración! Dije que haría una tercera parte del capítulo anterior, pero pensé que el tema iba más hacia el amor romántico, así que lo hice como un capítulo aparte. Debo decir también que le quedan pocos capítulos a esta historia. Me esforcé mucho en crearla para ustedes, investigué ciertas cositas e intenté que sea lo más fiel posible a las personalidades de los personajes. Realmente espero que sea de su agrado.

El otro capítulo de mi UA ya está en proceso también, lo estaré subiendo pronto.

Les agradezco sus reviews a todos, también a la gente que pone alertas y favoritos. Y a todos los lectores que se pasan y no comentan, pero que aún así están presentes.

Un beso grande.

Sophy.