Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Rumiko Takahashi, yo sólo los tomé prestados para realizar mi historia sin fines de lucro.


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"La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco".

Platón.

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Capítulo VII

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Amor Real

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Por Monikawaii

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El amor que dura más tiempo no es aquel que inició en la cama de forma pasional, es aquel que nació a través de una amistad, que se reforzó con el tiempo, que está lleno de confianza y cariño, aceptando al otro como es. Por lo tanto es el tipo de amor que dura para siempre.

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Era un día invernal, la nieve caía fuera de su pequeño departamento en el cual había vivido durante casi quince años. Sus hijos acababan de irse a dormir, era muy tarde y Akane buscaba ciertos documentos que le había pedido su esposo para el dojo. Sacó la pila de papeles, hubo uno que especialmente le llamó la atención.

Abrió los ojos con lentitud sorprendiéndose poco a poco por lo que estaba observando.

Era el acta de su segundo matrimonio, todo estaba escrito correctamente, pero al voltear la hoja, en letras muy pequeñas había algo más.

«Certificado no válido»

—E-es… falso —murmuró. Pero velozmente se levantó y llamó desesperada a Ranma. Ambos decidieron llamar al dojo Tendo. Kasumi contestó con preocupación, pero la mujer de cabellos cortos no quiso darle una explicación a ella y pidió hablar con su padre. Aunque fuera muy tarde. Necesitaba aclarar esto ahora sino no iba a poder dormir tranquila. Él también se encontraba ansioso e inquieto.

Sus pensamientos los abrumaban. Habían vivido tanto tiempo divorciados, y nunca habían vuelto a casarse. La espera se hizo eterna.

Sus corazones se quedaron tranquilos cuando Soun le explicó que él y Genma lo habían planeado así, habían comprado ese certificado en una tienda de artículos robados. Y que lo mismo habían hecho con su acta de divorcio. Todo para evitar su separación.

Akane se maldecía internamente, y recordaba que en realidad nunca había ido personalmente a la prefectura a adquirir el acta de divorcio. Y Ranma tampoco.

Su padre se deshacía en disculpas, había olvidado decírselos.

Y se dieron cuenta que sólo se habían casado una vez, todo lo ocurrido posteriormente a su separación era mentira, nunca se habían divorciado. Al menos le quedó el consuelo de haber hecho una hermosa ceremonia la segunda vez.

Pero pronto la alegría los embargó, sus rostros cambiaron a una expresión de tranquilidad y luego de felicidad. Porque nunca habían llegado a separarse formalmente.

Se echaron en su cama matrimonial, ella se giró de cara a él. Lo observó atentamente, estaba de perfil. Ahora era un hombre maduro, tenía cuarenta años. Sus hombros se habían anchado, conservaba sus músculos por el ejercicio que había realizado durante toda su vida. Su rostro tenía las facciones más duras por la edad, y mantenía su cabello largo amarrado a una trenza, seguía siendo muy guapo. Un recuerdo feliz llegó a su mente.

—Ranma…

— ¿Sí? —volteó su cabeza para mirarla.

— ¿Qué sería de ese pequeño animal? —preguntó sonriendo ante las memorias que le llegaban en ese instante.

— ¿Cuál animal? —él se vio confundido.

—No me digas que lo olvidaste, a ese loro, por culpa de él fue que…

Ranma mostró un ligero sonrojo, no pensó que esas situaciones podían ocurrirle a su edad, ya era mayor, tenía un hijo en la secundaria y una niña en la primaria.

—Sí, ya lo recordé —giró su rostro al otro lado para que su esposa no pueda ver su lamentable estado.

Aún a pesar del tiempo no podía olvidar aquellos sentimientos que había tenido ese día, al escuchar esas dos palabras que lo estremecieron y tanto había esperado…

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— ¡Vuelve aquí! —gritaba Ranma mientras perseguía al pequeño animalejo verde que corría torpemente con sus patas, ya que sus alas habían sido cortadas no podía volar, aún así, era muy veloz.

—Jojojo —repetía con su voz gruesa y ronca. Se escabullía entre sus manos, se escondía, pero igual gritaba «Te amo».

Konatsu había encontrado a ese loro en la calle, estaba algo desplumado, parecía que había peleado con un animal más grande. Lo llevó al restaurante de Ukyo y ambos lo cuidaron hasta que se puso bien. Lastimosamente tuvieron que salir de viaje hacia la montaña, pues en invierno las ventas crecían un montón. Se lo llevaron a la familia Tendo para que lo cuidase durante una semana. Y ahí fue donde comenzó su martirio.

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Ranma se encontraba en su habitación, estaba echado boca abajo encima de su futón leyendo un manga que acababa de comprar. Las imágenes comenzaron a recordarle los hechos vividos hace un año en Jusenkyo.

Un muchacho sostenía a una jovencita, la abrazaba fervientemente y lloraba mientras gritaba dos palabras que lo hicieron estremecer.

En ese manga la chica había muerto.

Recordó ese momento de pronto, las imágenes se hicieron vivas y lo que veía ya no era a ese personaje del manga, era él sosteniendo a Akane, volvió a rememorar la angustia que había sentido ese instante. No recordaba si en verdad había gritado esas palabras o las había pensado, pero de alguna forma Akane lo había oído.

—Te amo… —susurró. Se tomó los cabellos con ambas manos mientras cerraba sus ojos fuertemente—. ¡No, no puede ser! ¡No lo dije! ¿o sí? ¿En verdad dije «Te amo»? —sorprendentemente en ese momento su boca podía articular esas palabras. Si Akane estuviera allí no creía poder hacerlo.

Se preguntó si en verdad la amaba, ese día sus sentimientos afloraron repentinamente. No tenía idea que podía sentirse así. Sabía para sí que se sentía atraído hacia ella, incluso que le gustaba mucho. Pero no que tenía un sentimiento tan profundo.

Finalmente suspiró.

—Te amo —volvió a susurrar, levantó su cabeza mientras miraba el foco encendido—. De todas maneras… tendré que enfrentarla algún día.

Volvió su vista hacia el futón, pero lo que divisó ya no fue el manga, sino al loro que lo miraba atentamente. Lo demás sucedió en cámara lenta.

El pico del animal se había abierto, su lengua negra empezó a moverse y a articular, su voz ronca y gruesa habló.

«Te amo» —luego dio un grito y salió de la habitación.

Ranma se había quedado quieto, no podía moverse de la impresión. Cuando se dio cuenta el loro había salido de la habitación, se levantó lo más rápido que pudo y lo siguió a toda velocidad. Se dirigía a la habitación de Akane.

— ¡Noooo! ¡Espera! —sus manos se acercaron a sus plumas y finalmente lo atrapó.

El perico seguía gritando esas vergonzosas palabras.

— ¡Auxilio! ¡Auxilio! —exclamaba con desesperación también.

Todos salieron de sus habitaciones, observaban cómo Ranma había cogido al loro del pescuezo y lo zarandeaba. Akane se enfureció al ver la escena.

— ¡Qué le haces a ese pobre animal! —le dio un golpe, mandándolo hacia las nubes.

El pequeño pajarraco tenía sus ojos en espiral.

—Ven, pequeñito, te curaré. Ese odioso de Ranma… —la muchacha estaba pensando seriamente denunciarlo a la Sociedad Protectora de Animales, pues hacía lo mismo con P-chan.

El animalillo verde comenzó a despertar del letargo.

—T-t… te-te… —empezó a decir. Akane lo escuchaba atentamente.

— ¿Qué cosa? —acercó su oído al pico del animal.

—T-t… te a-a…

Se escucharon varios pasos y luego el sonido de la puerta abriéndose. Ranma en su forma femenina venía en dirección a ella como si de un rayo se tratase.

Akane cayó por la impresión, se fijó que el loro ya no se encontraba allí, su prometido se lo había llevado.

Salió detrás pero no pudo divisarlos. La pequeña muchacha se había subido al tejado y tenía en sus manos al perico que gritaba fuertemente, intentó cerrarle el pico pero el animal lo mordió intensamente.

Un grito de dolor salió de su boca y el loro saltó hacia las tejas huyendo torpemente.

— ¡Cómo te atreves! ¡Vuelve aquí!

—"Te amo" "ahhh" "Te amo" —movía su cabeza de un lado para el otro, hasta parecía que se estaba riendo—. "Teeee… aaaa…mmm… oooo…" "agua" "cuatro yens" "Samir" "¡Nooooo!" —llegó a la parte del tejado que quedaba encima de la habitación de Akane, pero antes fue atrapado por la pequeña pelirroja que lo había acorralado.

Rió con malicia.

— ¿Creíste que te ibas a librar de mí tan fácilmente? —empezó a acercarse lentamente mientras el animal verde lo miraba con miedo, no había lugar dónde huir puesto que lo había acorralado dejándolo al borde—. No te dejaré decirle eso a Akane.

— ¡Joshi Tesako Mokito! ¡Saturo Tukoko! —comenzó a dar nombres al azar—. ¡Tukuero Taduro! ¡Tutose Muefuete!

Ranma cerró los ojos en señal de irritación.

— ¡¿Estás bromeando?! ¡Esos nombres no existen!

— ¡Tukuro Sakayamaaaa! —miraba hacia abajo pero no se atrevía a dar un paso más.

—Ahora sí, no tienes lugar adonde ir —levantó sus manos y las acercó al loro—. Akane no está aquí para defenderte —su rostro se oscureció.

—A…ka… ne —finalmente lo dijo.

Ese animal era inteligente, aprendía muy rápido y lo peor era que él le había enseñado. Se maldijo a sí mismo.

— ¡Akaneeee! ¡Te amo! —gritó hacia los cielos y luego se lanzó al balcón de la muchacha.

— ¡Nooo! —chilló Ranma de desesperación y fue tras él.

El loro había abierto sus alas cortadas, pero eso le había permitido no dañarse al tocar el piso del balcón, se acercó a la ventana y la golpeó con su pico, mientras gritaba el nombre de Akane. Ella salió con una toalla encima de la cabeza pues acababa de bañarse. Vio a la chica Ranma detrás, así que tomó al perico y rápidamente lo metió a su habitación cerrándole la ventana en la cara. Sus ojos se tornaron en forma de espiral y se desmayó.

El loro se hizo el enfermo y tosía con su voz grave.

—Pobrecito, ya verás, pequeño. Le daré una buena paliza a Ranma por haberte hecho esto.

—A-A… ka… ne —repitió.

A la chica se le abrieron los ojos de emoción.

— ¿Así que ya sabes decir mi nombre? ¿quién te enseñó? ¿eh? —le sonrió.

—Akane… te… a… —una vez más sus palabras fueron interrumpidas por la pelirroja quien había roto la ventana de Akane de la desesperación.

Pero fue interrumpida por el golpe de su prometida.

— ¡¿Por qué hiciste eso?! —se agarró la mejilla roja.

— ¡Ya basta! ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Por qué estás maltratando así al pobre animal?! —lo regañaba pero Ranma no la escuchaba. Estaba más preocupado por llevarse al peligroso loro de ahí.

— ¡Me dolió! —exclamó para distraerla.

— ¡Pues qué bueno! ¡Ahora vete de mi habitación!

—Akane, escucha… —intentó decir.

—Akaneee, te a… —fue interrumpida por la voz gruesa del loro.

— ¡Nooo! —gritó nuevamente tomando al perico con sus manos—. ¡Lo siento, Akane! —le presionó el cuello con dos de sus dedos haciendo que la chica de cabellos cortos se desmayara, la levantó poniéndola sobre sus hombros y la colocó sobre la cama cubriéndola con una manta que encontró y luego se retiró velozmente. Realmente era un día agotador.

Finalmente después de tanta lucha, logró introducir al pequeño animal verde en una jaula, la tapó y la llevó a su habitación metiéndola en el armario. Se aseguró de que pudiera respirar abriendo una pequeña rendija.

Y se echó en el futón quedando profundamente dormido. Su padre en forma de panda llegó después y abrió el armario para sacar una almohada. Se fijó en la jaula tapada y la sacó de allí colocándola en el suelo.

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Akane despertó en la madrugada confundida. Estaba tapada con una manta, sin embargo ella no recordaba haberse echado así. Repentinamente recordó que Ranma se había puesto tras ella y le había presionado el cuello. Estaba furiosa, se preguntó dónde habría puesto al lorito. Se dirigió a la habitación donde su prometido y Genma dormían y se encontró a la jaula en el suelo. Entró sigilosamente y la sacó de allí.

Volvió a su habitación y destapó la jaula, el perico había despertado por el movimiento, la miró confundido.

—Aquí estarás bien —sonrió.

—Akane, Akane —repitió gravemente.

Ella volvió a sonreír. Estaba dispuesta a regresar a su cama en ese momento, pero se detuvo al escuchar aquellas palabras…

—Akane… te amo…

Giró su cuello y miró al loro sorprendida.

— ¿Q-qué d-dijiste? —tartamudeó nerviosamente.

—Te amo, te amo… Akane, Akaneee —y finalmente comprendió.

Su corazón dio un vuelco total. Hace unos momentos estaba enfadada con él, pero ahora ¿cómo podría? Él había estado evitando que el pequeño animal pudiera decírselo. Empatizó con él, pues si hubiera estado en su lugar, habría tratado de evitarlo también.

¿En qué contexto lo había dicho? Se preguntó. Sin embargo esas eran las palabras que tanto quiso oír.

Estaba feliz. Ahora sabía con certeza que él la amaba.

Se acercó nuevamente al animalillo y le susurró otras dos palabras.

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Ranma abrió los ojos, estiró sus brazos hacia arriba. Miró un pequeño reloj despertador que tenía al lado. Era un día de escuela, finalmente se libraría del animalejo durante unas largas horas. Era su último año y no recordaba haber deseado ir a la escuela jamás. Era la primera vez.

Observó el armario y lo abrió un poco más dejando que entrara algo de luz. No se dio cuenta que la jaula ya no estaba y se dirigió al baño.

Akane se había marchado antes que él a la escuela. Frunció el ceño al pensar que todavía estaría enojada con él.

Pero realmente no iba a dejar que ese loro revelara su más preciado secreto. Además él sería quien se lo diría… algún día. Porque primero tenía que asegurarse de que ella correspondía de la misma manera.

La mañana transcurrió normalmente, solamente había visto a su prometida en clases, pero al parecer lo estaba evitando, cada vez que quería acercarse ella se iba rápidamente dándole excusas falsas como que tenía que ir al baño o a la biblioteca.

Ya era de tarde y no quiso regresar con él, diciendo que se iría con sus amigas a comer por ahí.

Se enfureció. Lo que había hecho no era para provocarle un enojo de tal magnitud. Hizo una mueca y volvió a casa saltando por los tejados. Cuando llegó a casa pensó que sería mejor entrenar. Se puso su gi de entrenamiento y se fue al dojo. Estaba de pie cuando escuchó el sonido de unas patas. Miró fijamente la puerta abierta y lo vio ingresar.

De nuevo había vuelto su tormento, de tanto pensar en Akane se había olvidado del loro.

— ¡Temiro Losoho! —habló.

El muchacho de la trenza entró en desesperación.

— ¡Temoho Laheta! ¡Akane, te amo! —repitió. Aún cuando el muchacho de la trenza dio un paso adelante, el animal no intentaba huir.

— ¡No! —se acercó rápidamente cuando…

— ¡Yo también! —dijo definitivamente con su voz grave.

Ranma se quedó parado como una estatua sorprendido. Y ahí es cuando divisó que Akane entraba al dojo, aún con su uniforme de la escuela. Su rostro denotaba tranquilidad y ternura.

Se vieron a los ojos y pronto se sonrojaron furiosamente, esquivando rápidamente la mirada del otro.

Ella finalmente adquirió valor y dio unos pasos pequeños acortando la distancia que los separaba. Lo observó una vez más, estaba sumamente nervioso.

—Yo también… Tekuro Lakarie —volvió a decir el loro, le había tomado cariño a esos nombres extraños que su anterior dueño extranjero le había enseñado, pero así se dirigía a Ranma—. Te amo… Akane… yo también… —seguía repitiendo.

Ambos agacharon sus cabezas por timidez. Pero la distancia entre ellos era muy poca.

—Yo… —finalmente su cerebro mandó la señal para que se decidiera a hablar. Pero eso fue lo único que pudo decir.

—Ranma… —puso sus manos en las mejillas acaloradas de su prometido como la primera vez que se besaron y se acercó un poco. Él intentó separarse más por la vergüenza que lo embargaba.

No sabía cómo reaccionar. Era tan repentino, sin embargo estaba muy feliz porque ahora se sentía correspondido. No pudo pensar más porque tuvo otra sensación que lo superó. Los labios suaves de ella pegados a los suyos.

No se resistió más y cerró los ojos. Tuvo otra sensación más poderosa. Ella había abierto su boca invitándolo a intensificar el beso. No tuvo más reparos y lo hizo de la misma manera. Percibió su aliento y su sabor. Descubrió todas las sensaciones que podía obtener de un beso profundo y lleno de amor. Sus brazos la asieron detrás de su pequeña cintura acercándola más a él. Akane levantó sus brazos y rodeó su cuello grueso y varonil. Ninguno quería separarse, ni siquiera la falta de aliento fue impedimento, ambos deseaban que durara mucho tiempo más.

Y así fue su primer beso apasionado.

El loro se tapó los ojos con su pequeña ala.

Se separaron dolorosamente. Se miraron con timidez, había un ligero sonrojo en sus mejillas. Se acercó un poco al oído de él.

—Te amo… —dijo susurrando y se refugió en su abrazo.

Y no se dieron cuenta que el animal verde había abandonado el dojo para repetir esas palabras dentro de la casa, en frente de toda la familia.

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Akane rió fuertemente. Su esposo la veía con el ceño fruncido.

—Y finalmente todos se enteraron y nos casaron rápidamente. Sólo firmamos los papeles.

Él sólo asintió curvando sus labios en una pequeña sonrisa.

—Y desde que el loro volvió donde Ukyo, ella no volvió a molestarte más.

El hombre de la trenza miró hacia el techo.

—Sí, no me había dado cuenta lo de U-chan.

Se callaron un momento, sus pensamientos viajaban a esos instantes.

—Hoy nuestros padres me hicieron muy feliz —Akane finalmente habló, se echó boca arriba, una lágrima caía al lado de su sien—. Y yo que pensé que…

—Esos viejos, siempre haciendo sus travesuras. Pero esta fue la mejor.

—Ranma… lo lamento, si hubiera estado en mis cabales, yo nunca te hubiera pedido el… —se arrepentía de haberse alguna vez separado de él. Siempre lo pensaba, se culpaba y sentía una profunda tristeza.

—Descuida, fue mi culpa también.

Hubo un corto silencio. Ranma escuchó en la oscuridad un pequeño gemido de su esposa.

—Akane… n-no llores —jamás le había gustado verla llorar, cada vez que lo hacía, su corazón se arrugaba y no podía soportarlo—. Ya no existe el «hubiera» —mencionó con tranquilidad acercándose un poco a ella, reduciendo esa corta distancia.

Ella asintió.

—No lo recuerdes ya. Todo pasó, ahora estamos… juntos —la había abrazado.

—Sí —susurró muy despacio limpiándose los rastros de lágrimas que le quedaban.

Hubo un silencio más prolongado. Ella había cerrado sus ojos.

—Te… amo —murmuró Ranma con ternura.

Akane lloró una vez más, pero esta vez fue de alegría.

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Continuará...

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Notas: Pude sacar rápidamente este capítulo. Ya lo tenía todo pensadito con ese lorito. Me encantan esos animales. Hace un tiempo, había una lora aurora verde en una tienda cerca a mi casa que gritaba, su voz era grave y ronca y me parecía sumamente graciosa. Entraba para verla y curiosamente siempre que uno preguntaba el costo de algo ella siempre respondía «cuatro soles» fuertemente. (El Nuevo Sol es la moneda de mi país). Me hacía reír mucho, también silbaba como haciéndote un piropo y gritaba otras cosas como «agua» «Fernandoooo» «tengo sed». Era chistosa. Luego la tienda cerró y no la vi más. Pero hace poco mi vecina se compró una igual, y también grita. Lo malo es que les cortan las alitas para evitar que se vuelen, pero aún así ellas se acostumbran y hacen cariños a sus dueños, además uno puede tenerlas caminando por toda la casa y sólo ponerla en su jaula para dormir. Tengo sentimientos reencontrados con eso... Bueno, entonces se me ocurrió poner un animal así para que molestara a Ranma.

¡Ah! Los nombres que el lorito gritaba tienen un significado oculto, jaja.

Yo no creo que ellos se vayan a declarar así nada más, creo que necesitarían un empujoncito. Espero que les haya gustado y se hayan divertido tanto como yo me divertí haciendo este capítulo.

Por cierto, le dedico este capítulo a Mari, mi compatriota por hacerme reír tanto el otro día, me ayudaste mucho a levantar mi alicaído ánimo.

Y una vez más les agradezco a ustedes lectores. Gracias por sus reviews también:

Kikko: averigué que las onomatopeyas difieren de cada país, pero allá en Japón tienden a decir mucho papá, mamá, aunque el significado de madre sea haha y de padre, chichi, otra variante es otou-san y oka-san.

Gabi: me alegra tanto que te haya gustado. Tu inspiración me llegó, espero que puedas seguir comentándome. Saludos.

always mssb: gracias por pasarte a comentar, Shun es como cualquier bebé, son tan tiernos, me encantan :)

Dejen sus comentarios, sus opiniones son importantes para seguir escribiendo.

Un beso.

Sophy.