Capitulo 2. La nueva misión
— Bienvenida… de nuevo —. Saludó Avad.
Aloy sólo agachó la cabeza en forma de respeto, no podía inclinarse como todos los demás pobladores frente al Rey Sol, y eso sólo porque lo sentía como un igual. Además, nunca había preguntado si debía hacerlo, Avad, era muy sencillo.
— Veo que ha mejorado la ciudad —. Fue lo primero que se le ocurrió decir a la joven.
— Trabajo duro durante días, semanas y meses —. Cuando Avad dijo la última palabra volteó a ver a Aloy, un tanto como reclamo.
Aloy le reconoció el tono.
— Avad, lo siento, mi trabajo también requiere de mucho tiempo y esfuerzo, lo sabes — Explicó ella.
Los demás, que estaban a su al rededor no entendían mucho, incluso Marad que era el más sereno de todos ahí se dio cuenta de algo que quizá ya había sospechado. Desde que Aloy había pisado Meridian la primera vez y se dirigió directamente con Avad, Marad había notado una característica mirada en él, y esa no la había visto desde Ersa. Según Marad, Avad estaba profundamente enamorado de Ersa, pero no lo suficiente como para proponerle matrimonio, además, todo el asunto con el Rey Sol loco Jiran y los asaltos rojos, jamás se les dio la oportunidad. Pero conforme fueron pasando los días, y después de la muerte de Ersa, Avad no había sentido ningún otro tipo de atracción por nadie más hasta que conoció a cierta chica que venía del salvaje Este, Aloy.
Como consejero del rey y jefe del ejercito carja, Marad, había propuesto que Avad consiguiera una candidata para ser su esposa, luego de la batalla de la Ardiente, Marad estaba seguro de los sentimientos del Rey Sol hacia Aloy, pero era casi imposible que la chica aceptase tal cargo, y así, conforme fue insistiendo el Rey Sol por fin aceptó que debía conseguir pareja, y no lo hizo de buena gana, aún habría que encontrarla.
— Aloy, está noche tendremos un baile — Anunció Erend, rompiendo el silencio incomodo.
— ¿Baile? — Preguntó ella.
— Sí, después de que dejé Cadena Chirriante, por la noticia de que Avad estaba buscando novia, se me ocurrió la brillante idea de celebrar un baile. Como antes — Explicó Erend, lo decía emocionado y el aliento a alcohol explicaba porqué.
Aloy se puso pálida de repente y Avad agachó la cabeza.
— Por fin, nuestro Rey aceptó mi propuesta. A mi parecer, es mejor un heredero mientras el joven Itamen crece — Agregó Marad.
Beta, quien no había dicho nada desde que vio al Rey Sol, sólo observaba la cara de decepción de Aloy, claro que los demás no la notaron porque estaban más felices por la "noticia", incluso, volteó a ver al susodicho Rey Sol, él igual estaba sumamente triste.
— Aloy, creí que no volverías — Le dijo casi en un susurro.
Y ella sólo le sonrió, como si no le hubiera importado.
— No hay porqué dar explicaciones —. Contestó ella también en un susurro, sonriendo aún.
Ambos jovenes sólo se miraron, mientras los demás a su al rededor no se daban cuenta de lo que tenían enfrente, sólo querían celebrar la dichosa fiesta en honor al Rey y para estar en búsqueda de una "prometida", aunque para Aloy sólo era una cacería de mujeres y eso le parecía de lo más bajo.
— Bien, es hora de irnos, Beta — Dijo por fin Aloy.
— ¿Qué? ¿No te quedaras al baile? — Preguntó ofendido Erend —. Pase dos días en organizarlo… bueno, la idea fue mía pero esperaba que te quedaras.
— Sabes que tenemos asuntos más importantes que atender, Erend — Aloy lo regañó y recalcó una vez más que estaba molesta.
Erend la miró y supo que no debía decir más.
— Aloy, ¿podémoslos hablar… a solas? — Pidió Avad, desesperado e indicó a los demás con su mirada que debían retirarse. Como era una autoridad, todos obedecieron.
Beta fue tomada del brazo por Erend, quien dijo la llevaría a conocer la demás partes de la ciudad en donde él prácticamente había ayudado a su hermana a salvar, y Beta aceptó, pero seguía preocupada por Aloy.
Avad y Aloy empezaron a caminar al rededor de la plaza, también sus sirvientes se habían retirado.
— Lamento que te hayas enterado de esto — Comenzó él.
— ¿Por qué te disculpas por eso? Si lo decidiste es porque por fin aceptaste esa propuesta de Marad, y porque estas seguro — Dijo Aloy, mas relajada.
— Ah, sí. Seguro no — Confesó él — Veras, todos tienen razón en algo, yo nunca aspiré al trono y un heredero es la mejor solución… por ahora. Aunque si te soy honesto, la idea me aterra.
Aloy lo miró y pudo soltar una carcajada, no de manera irónica, realmente la había hecho reír.
— Si fuera mi situación yo estaría igual — Contestó ella.
Luego de que Aloy terminara la frase ambos se voltearon a ver, y rápidamente apartaron la mirada y se sonrojaron.
Ninguno de los dos quería hablar de sus verdaderos sentimientos, por parte de la cazadora no se le daban ese tipo de relaciones y lo que ella sentía aún no estaba muy claro ¿cómo le explicas a alguien que jamás ha sentido el amor de manera romántica como ella? Ni siquiera lo sabía, lo único que sentía era que debía salir corriendo de ahí y dedicarse a lo que sí era buena. Y por el lado del joven rey, sabía que le gustaba más de lo que podía imaginarse, y él sabía lo que era sentir amor por alguien, y creía estarlo de Aloy, pero no quería parecer tan desesperado, cómo la última vez que la vio. Uno de los consejos que Marad le dio, un día sin ser "consejero real" sino sólo como amigo fue: "Deja que las cosas se den de manera natural, si está destinado para ti lo será". No había entendido a qué se refería, hasta que volvió a mirarla.
— ¿De verdad tienes que irte? — Preguntó Avad queriendo saber, pero no quiso sonar como un limitante.
— Sí — Contestó ella velozmente — Sólo estamos de paso, mi intención jamás fue llegar aquí y… quedarme.
Aloy miró a Avad nuevamente, ¿recuerdas la promesa, Aloy? Se preguntó a si misma, y luego agrego a su comentario:
— Pero volveremos… algún día.
Para el Rey Sol solo fue una promesa vacía, ya que cuando hablaba ella se trababa, no sabía mentir, ¿de verdad no quería volver?
— Es una pena, de verdad me hubiera gustado que estuvieran aquí por lo menos a que se realice ese "baile" — Avad hizo las comillas en el aire y continuó: — Pienso que será un fracaso.
— Me encanta ese pesimismo tuyo — Contestó Aloy con ironía y luego se echó a reír — Bien haremos un trato.
Avad quien ya se haba rendido por completo puso de nuevo atención a la joven.
— Nos quedaremos, pero prométeme que la pasaras bien — Propuso ella con voz firme.
El joven solo asintió con la cabeza y le regaló una sonrisa.
De hecho, Aloy, al terminar de hablar se preguntaba así misma si era verdad lo que acababa de decir, pero ya lo había hecho así que no había marcha atrás y sólo le rezaba a la Madre o a quién sea, que ese dichoso baile se realizara lo más pronto posible.
Estando en casa de Olín, la joven pelirroja sólo se recostó en una cama mientras su cabeza daba vueltas, y hasta que Erend y Beta abrieron la puerta, se acordó de ellos.
— ¡Aloy! Estás aquí — Dijo Beta.
— Sí… — Contestó Aloy bajando las escaleras — Beta, ¿qué dices si nos quedamos un par de días más aquí?
— Bueno yo… estoy a tu completa disposición, pero si me lo preguntas de ese modo, creo que sí, sí tu quieres — Contestó Beta, mirando a su hermana un poco distraída.
— Beta, Aloy, las dejo… mañana vendré por ustedes, hay cosas que hacer aquí — Se despidió Erend y luego salió del lugar.
Para cuando él abandonó la casa, el ambiente se volvió menos pesado, ya que a Aloy se le dificultaba un poco más expresarse cerca de Erend.
— ¿Te sucede algo? — Preguntó Beta llena de curiosidad y al mismo tiempo estaba preocupada.
— No, es sólo que este…mm… Meridian, me trae recuerdos un poco nostálgicos — Explicó Aloy, aunque ella en realidad mentía un poco.
Claro que sentía un poco de nostalgia estando ahí, pero sus sentimientos como humana la hacían dudar de lo que realmente quería expresar, pero no podía.
— Bien, Beta, no nos extenderemos mucho aquí, así que no te acomodes mucho — Aloy le sonrió — Sólo, no te encariñes.
— ¿Eso es malo?
— No, pero entiende, mi naturaleza es libre… No puedo estar en un solo lugar, y menos si no hay algo qué hacer — Aloy explicó pero por alguna razón se volvió a enojar.
—Tranquila — Pidió Beta — Quizá eres tú quien deba darse un paseo por aquí y tratar de hacer lo que hace la gente "normal".
Aloy la miró con recelo. ¿Cómo era posible que una chica que básicamente toda su vida la vivió encerrada, le estuviera dando un consejo? Pero odiaba admitirlo, tenía razón. Ella, al contrario de Beta, había tenido interacciones con otras personas, pero jamás ha hecho algo como esas personas, toda su vida ha sido una aventura, o en otro términos, sólo una misión, una en donde ella es el peón. Así que después de reflexionarlo un rato, Aloy se calmó y sólo bufó con desesperación.
— Tienes razón, Beta, creo que me comporto como una fría máquina ¿no?
— Si es una pregunta, sí — Contestó Beta sinceramente — Si es sólo para que te diga que no, es un sí.
Aloy la miró de nuevo confundida, quizá sí esperaba un "no" por respuesta.
— Está bien, hice un trato con Avad… nos quedaremos a la dichosa fiesta y nos iremos, y es todo. De ahí, te prometo que tratare de ablandarme un poco — Dijo por fin Aloy.
— Bien, eso me gusta — Dijo Beta — Sé humana, Aloy.
Al finalizar aquellas palabras, Aloy sintió como sí alguien le estuviera repitiendo lo mismo cada dos segundos. "Sé humana… Sé humana" ¿Pero que rayos trató de decir? ¿Qué no se supone que lo era? Al parecer no. Así que la pequeña cazadora se quedó petrificada esperando una respuesta que no iba a llegar, y para antes de que decidiera irse a descansar, sólo se tomó el cabello llena de frustración y se rindió.
A la mañana siguiente, tal cómo lo había prometido, Erend pasó por las hermanas para que vieran la estupenda vista y arreglos que había al rededor de la plaza principal en donde se celebraría la fiesta. Algo que animaba un poco a Aloy, es que había escuchado a ciertos ciudadanos hablar, y decir que les importaba un comino si el rey encontraba pareja o no, la fiesta era la excusa perfecta para dejar de preocuparse tanto por los tiempos difíciles que habían pasado. Para la joven, eso fue como tomar un té relajante, por lo menos los pobladores no centrarían tanto su atención en ella o en cualquier otra chica.
Y como era de esperarse, Aloy se había escabullido al desierto que estaba cerca de Meridian para poder cazar algunas máquinas, ya que como iban a partir después de dicha fiesta, no quería irse sin recursos. Y mientras lo hacia, sus compañeros sólo se limitaron a mirarse entre ellos porque ya sabían que no los iba a ayudar con los preparativos que, en palabras de la misma Aloy, era una fiesta ridícula.
— Sí que es escurridiza — Dijo Beta, quien ayudaba a Erend a alzar una carpa.
— ¿Quién? ¿Aloy? Por supuesto, ya nos ha hecho esto varias veces — Contestó él con cara de preocupación, aunque según Beta, estaba así por la fuerza al levantar dicha carpa.
Beta lo miraba atentamente, el que ella mencionara a Aloy no era en vano, ya había días atrás en los que había notado cierto color rojizo en las mejillas de Erend cuando se trataba o se hablaba de su hermana, y no, no era por el calor.
— ¿Puedo preguntarte algo? — Preguntó Beta con curiosidad y usó cierta voz burlona.
— ¿Qué sucede? — Erend no dejaba de pelearse con la cuerda de la carpa.
— ¿A ti te gusta Aloy? — Preguntó ella por fin.
Y Erend no esperaba tal cuestión, así que su primera reacción fue soltar la última cuerda de la carpa que quedaba por amarrar al tornillo en el suelo, e hizo un gran revuelo, pues dos o tres cuerdas más se habían soltado, entonces del otro lado de la carpa, se escucharon los fuertes quejidos de los demás ayudantes.
— N-no… ¡NO! — Contestó Erend sumamente apenado e ignorando por completo a los demás, pero se había puesto colorado.
— Lo siento, me dio esa impresión.
Beta de nuevo tomó la cuerda que había soltado Erend para ayudarlo a atarla.
— No — Erend se afinó la garganta — Yo, sólo la veo como una amiga.
— Pues a mí no me lo parece — Contestó ella de nuevo tratando de persuadirlo.
— Beta… — Erend hizo una pausa para por fin colocar la cuerda en el último tornillo y luego continuó — Aloy es una chica guapa, se le nota a kilómetros, y es sólo una amiga…
Una de las cosas que podía hacer el Rey Sol cuando Marad ni los pueblerinos, estaban cerca, era escabullirse de su trono y bueno, básicamente de sus responsabilidades. Se había dejado su traje y se había puesto una capucha para que nadie "lo reconociera" aunque sí lo hacían, sólo pedia discreción. Y justo en ese momento se había acercado a Erend y a Beta que estaban conversando, por supuesto había parado la oreja antes de acercárseles bien y eso fue cuando escuchó la palabra "Aloy".
Justo detrás de donde estaban colocando la carpa, había puestos en donde se pondrían comida o bocadillos para los invitados, entonces Avad se había puesto ahí para que nadie lo escuchara ni lo vieran, ademas ahí alcanzaba a escuchar todo lo que decían esos dos. Y para nada le estaba gustando para donde iba esa conversación, y fue entonces que comenzó a mirar las acciones y posturas que tomaba Erend cuando Beta preguntaba cosas incomodas, sobre todo si se trataban de Aloy.
— Por favor, Erend, te conozco poco tiempo pero eres demasiado fácil de leer — Continuó Beta quien seguía juguetona.
— Bien, no te diré que tienes razón, pequeña, pero digamos que desde que conocí a Aloy me pareció bastante atractiva, y el tipo de chica que debía estar conmigo, pero es todo…
— Eso es una tontería, he visto como te le quedas viendo, y créeme yo sé de esas cosas — Dijo Beta
— ¿Así? ¿Y cómo? Si se supone que tu querida secuestradora no te dejaba salir — Ahora fue el turno de burlarse de Erend.
— Pues leyendo — Beta contestó con ironía, ya nada podía lastimarla y había tomado a juego la pequeña broma de Erend.
— Está bien, digamos que te creo, pero leer no se compara con la vida real ¿cómo puedes apostar a qué … estoy enamorado de Aloy? — Preguntó Erend, pero cuando dijo la última frase se había puesto rojo como tomate.
— Si tuviera un espejo ahora mismo, esa sería tu respuesta.
— Ok, entiendo, lo que no entiendo es a dónde quieres llegar con todo esto — Contestó rendido Erend.
Beta sólo se rio.
— Olvídalo, sólo estoy jugando contigo… ponía en practica un ejercicio que leí hace tiempo, en un libro de psicología — Explicó Beta, y soltó una risa inocente al final.
Erend solo le hizo una mueca de disgusto.
Y detrás de ellos se encontraba un lastimado Rey Sol que había escuchado toda la conversación, y sólo pudo sacar la misma conclusión que Beta: Erend, también, estaba enamorado de Aloy.
— ¿Qué haces aquí?
Avad dio un brinco hacia atrás, ya que por supuesto no esperaba tener compañía o que alguien lo reconociera, pero no era otra más que la misma Aloy.
— ¡Aloy! — Gritó Avad, y luego se afinó la garganta — Lo siento, yo… vine a ver en qué podía ayudar.
— No es por criticar tus métodos, Avad pero desde ahí no se puede hacer mucho — Aloy se burló y le mostró su sonrisa.
Avad, quien estaba casi en shock, por verla a ella de nuevo y saber que lo descubrieron espiando una conversación ajena era sumamente vergonzoso.
— Discúlpame, no fue mi intención…
— Descuida, ven — Aloy le tomó la mano para acercarse con los demás y restando importancia a la acción de él.
Ese momento, ese en el que Aloy tomó la mano de Avad, para él se sintió como si el tiempo ya no corriera más, jamás lo habían tomado así y otra cosa, si hubiera sido alguien más quien lo hubiera descubierto en esas circunstancias estaría casi desterrándolo de Meridian, pero no fue así, Aloy era tan diferente a todas las demás chicas que había conocido, la única que no lo trataba como un ser divino, y eso lo volvía loco. Tan solo sentir lo cálido de su mano para él fue bastante excitante, ya que no esperaba tal interacción, y desde el momento en el que supo que la chica ocupaba casi el noventa por cierto de sus pensamientos, había querido acariciar su piel, esto para él era mucho más.
Cuando ellos dos, tomados de la mano habían llegado con Erend y Beta, Aloy tenía cara de pocos amigos y Avad trató de controlar el color de sus mejillas, pero fue muy obvio, al menos para Beta.
— ¿Ya te había presentado a mi hermana? — Preguntó Aloy a Avad, quien inmediatamente lo soltó sin sumarle más importancia al asunto.
Y aunque para Avad había sido una experiencia, para Aloy no se había significado nada, tomarlo de la mano solo para jalarlo, no era nada.
— No, olvidaste ese pequeño detalle — Contestó Avad.
— Lo siento, yo soy Beta — Beta le extendió la mano a Avad.
Ella había interactuado muy poco con las demás personas, este gesto ya no se practicaba en este mundo, por lo visto. Avad y Erend solo la miraron con extrañeza, y el rey sólo pudo expresarle una sonrisa incomoda.
— Es un saludo, Avad… digamos que en tiempo de los antiguos así se saludaban — Explicó Aloy, luego se giro a su hermana — Pero a la realeza no, ¿verdad, Beta?
— Oh, lo siento mucho — Entonces Beta se inclinó como forma de respeto.
— Demasiado formal, hermana — Dijo Aloy ayudando a Beta a volver a erguirse — Avad es un buen amigo de nosotros.
— ¡En serio lo siento! ¡Qué pena! — Concluyó Beta después de la incomoda pero cómica situación.
— Descuida, Beta. Es un gusto conocerte — Dijo Avad de forma amable.
Beta ya no sabía qué decir así que sólo se limitó con una sonrisa nuevamente.
— Avad, esta historia es un poco larga… — Comentó Aloy luego de mirar a Avad que tenía cerca curiosidad en la mirada — Te la contaré luego.
— Sí, eso me parece buena idea, y otra gran idea es que ayuden a todos los demás a trabajar aquí — Dijo Erend por primera vez.
— Justo a eso venía — Contestó Avad.
— Me agrada, qué bueno que eres tan acomedido con tu gente, Avad, sino yo mismo iría por ti — Erend se echó una carcajada — Es enserio.
Al finalizar dicho trabajo pesado, la tarde había caído, y Aloy había ido por un poco de agua, igual Beta fue a alcanzarla luego.
Tal parecía que los días se hacían más largos para Aloy estando ahí, parecía ser que el tiempo le estaba jugando en su contra y a decir verdad, ella creía que algo estaba jugando con su destino. Todavía pensaba en lo que había decidido, pero perder el tiempo de esa manera, le parecía muy ridículo, aunque ya no podía retractarse de lo que dijo, sólo suspiraba para que todo lo demás que pasaba a su al rededor fuera más ameno, ademas le había prometido a ella misma y a Beta que trataría de convivir más con los demás seres humanos que había ahí.
— Por fin mañana será la fiesta — Le anunció Beta.
— ¿En serio?
— Sí, me lo han dicho por allá — Y Beta apuntó a un grupo de personas con las que había convivido desde que comenzó a trabajar.
Aloy asomó la cabeza, no sabía si podía confiar en alguien que no fuera una fuente cercana al "organizador de la fiesta" que era Erend, pero no dijo nada, sólo pidió que fuera real.
— Pequeña cazadora — Saludó por detrás Vanasha.
— Hola — Dijo Aloy sonriendo — Me encontraste.
— ¿Así que estabas escondiéndote? — Preguntó Vanasha fingiendo indignación.
— Traté — Contestó Aloy con una sonrisa — Es difícil, estar aquí…
— Tranquila, pequeña, todos estamos emocionados por esta fiesta, hace años que no veía algo así… desde hace años — Informó Vanasha con cierta ilusión en su voz — Y entiendo tu frustración, tanto tiempo siendo un espíritu libre, estar aquí entre edificios es aterrador.
Aloy asintió con la cabeza.
— No creo aguantar más tiempo — Admitió Aloy — ¿Una fiesta? ¿Enserio? Lo que más me parece carente de empatía a todo esto es el motivo.
— Ah sí, eso también — Comentó Vanasha dandole la razón a Aloy — Ni yo estoy de acuerdo con eso, pero ¿quienes somos nosotros para impedirlo? Oh, bueno quizá tú sí. Sé que eres buena amiga de Avad, ¿por qué no le pides que lo pare?
— ¿En serio? — Contestó Aloy con sarcasmo — Él es el que está de acuerdo con todo, de no haber querido hubiera dicho que no.
— Bah! — Exclamó Vanasha — Tonterías, aún así pienso disfrutar este día.
Vanasha le regaló una sonrisa a Aloy, luego notó que ella estaba más incomoda de lo normal. Y pues era verdad, la pelirroja tenía un lió en su cabeza desde que se había enterado del motivo de la fiesta, y seguía en negación.
— ¿Estás bien? — Preguntó la chica carja.
Aloy, sólo la miró con pánico, no sabía lo qué le estaba pasando, pero en cuanto se le vino el recuerdo de que Beta le había dicho que en menos de veinticuatro horas todo sería una realidad, Avad estaría comprometido con una persona diferente y que ella no sabía lo que sentía, se paralizó de repente y se sentía sin aire.
— No — Admitió por fin — Creo que… debo irme.
Aloy se fue corriendo, dejando a Beta y a Vanasha atrás. Vanasha no conocía a Beta, pero no preguntó quién era, con sólo verla a la cara supo que tenía una parentesco con Aloy, y sólo la volteó a ver confundida y con la mirada ambas preguntaron si debían ir tras la chica. Beta entendió y negando con la cabeza le indicó a Vanasha que no la siguiera.
Mientras tanto la cazadora se alejaba más del lugar y se dirigía hacia el mercado de Meridian, en donde había un rio, así que se fue corriendo una vez que se aseguró que ya no había nadie más cerca de ella.
— Me siento como una tonta ¿qué esta pasándome? — Preguntó ella mientras se frotaba la frente con frustración — ¿Qué significa todo esto? De verdad está situación me esta volviendo loca.
Por último la chica se quedó en cuclillas abrazando sus rodillas frente al rio, estaba pensativa ya que soltó un suspiro para dejar salir toda la frustración que sentía, y decidió quedarse tranquila mirando a la nada.
¿Alguna vez me habías visto así, Rost? ¿Tan vulnerable? Se preguntaba la muchacha para sí misma tratando de encontrar una respuesta. Si fue así, ¿por qué nunca me hablaste de esto? O tú Elizabeth, ¿esto que sentías por Tilda era igual?
Cada pregunta que se hacía era más difícil de responder, al menos para ella. Y sinceramente, sí se sentía vulnerable y si hubiera alguien ahí afuera atacándole lo primero que haría sería huir, cómo cuando huyó frente a Vanasha y sintiendo que le faltaba aire.
Después de un rato había regresado a su residencia para poder descansar, o eso al menos era lo que planeaba si su mente de nuevo no comenzaba a bombardearla con pensamientos con dicho Rey Sol. Pero no fue así, cuando su cabeza tocó la almohada de seda y plumas en su interior, pensó que esa misma tarde había actuado fríamente con él, y sólo para no parecer una chiquilla tonta. Le había tocado la mano, le tomó la mano y fingió que no había sentido nada. Sus manos, eran como la seda y las mías, como si de una corteza se tratase. Y después de pensar aquello, cerró por fin sus ojos.
