Harry y Hermione se lanzaron detrás de Sirius y Ron. Como sabemos, el Sauce Boxeador casi los machaca a golpes agitando las ramas contra ellos, pero los dos jóvenes lograron esquivar las enormes ramas, y vieron que al pie de sus raíces se abría un estrecho túnel por el que se había lanzado Sirius arrastrando a Ron con sus dientes. Entraron en él y tras recorrerlo, no sin dificultad porque era estrecho y bastante bajo, vieron que acababa en la Casa de los Gritos. Justo entonces, oyeron la voz de Sirius en el piso superior.

—Vamos, dame esa rata, chico. No quiero hacerte daño, solo quiero esa rata.

—¿Quiere matarla?—preguntó Ron, asustado.

—No es asunto tuyo. Tú dámela.

—Lo sé todo. Sé que esta rata no es una rata. Sé que en realidad es un animago llamado Peter Pettigrew. Que fue él quien traicionó a los padres de Harry...

—Si no me la das por las buenas, te la quitaré por las malas.

—¡Vamos!—gritó Harry. —Sirius no sabe que Ron es mi amigo, podría intentar atacarlo.

Harry y Hermione se lanzaron escaleras arriba y no tardaron en estar en una habitación en la que había una cama destrozada sobre la que estaba Ron, con la pierna torcida en un ángulo imposible. También estaba Sirius, que parecía estar completamente desquiciado, y que forcejeaba con Ron para obligarle a que le entregara a la rata-Peter.

—¡Sirius, no!

—¡Harry—exclamó Sirius, soltando a Ron.

—Sirius, no la mates. Déjale vivir.

—¡Esa rata repugnante traicionó a tus padres, fue la culpable de que me enviaran doce años a Azkaban y hace no mucho intentó matarte, lo sé porque me lo contó Remus!—gritó Sirius, muy nervioso. —¡Merece morir!

—Sirius, si lo matas, habrás cometido el crimen por el que se te encerró y yo no podré hacer nada por ti—suplicó Harry. —Déjalo vivir, te lo ruego.

—Harry, ¿te das cuenta de que esa rata de Peter es la causante de que tus padres estén muertos y hayas tenido doce años de vida muy desgraciada!¡No merece que le ayudes! ¿Es que la memoria de tus padres no te importa?

—Sé muy bien todo eso—dijo Harry, apretando los puños. —Pero solo si Peter está vivo y confiesa lo que hizo podremos demostrar tu inocencia de todos los cargos de los que se te acusa.

—Ya es demasiado tarde para eso, Harry.—suspiró Sirius. —El Ministerio nunca aceptará que cometieron un error. Sigo siendo sospechoso del asesinato de trece muggles y soy un fugitivo de Azkaban. Deja que me vengue de ese canalla—señaló a la rata-Peter—y luego tú y tus amigos miráis hacia otro lado mientras me fugo.

—¿Sabes? No me parece tan mal plan—intervino Ron. —Sé cómo funciona el Ministerio y creo que tiene razón. Recuerda cómo trataron a Hagrid el año pasado.

—¡Ron!—le riñó Hermione. —¡Estamos hablando de un asesinato a sangre fría!

—De alguien que intentó matar a Harry hace poco. ¿Es que eso no te importa?—bufó el pelirrojo.—A mí sí. A ti no sé pero a mí sí me importa que maten a alguien de mi familia.

—¡Pues claro que me importa, idiota!—le atajó Hermione. —¡Pero no quiero ser cómplice de un asesinato a sangre fría!

—Entonces vete—dijo Sirius en tono severo. —Esto es cosa mía, no tuya. Tú no estuviste doce años en Azkaban ni sostuviste en tus brazos los cadáveres de James y Lily Potter. Todo eso es culpa suya—señaló a la rata-Peter. —Solo os pido que me dejéis darle su merecido, eso es todo. Si no os gusta, ni siquiera tenéis por qué presenciarlo, simplemente dejádmela a mí y marchaos. Nadie más tiene por qué saber que me habéis visto.

—Me apunto a ese plan—dijo Ron. —Crookshanks, acércate. Señor Black, tome mi varita—le lanzó su varita. —Si intenta destransformarse, mátelo.

El gato se acercó, las garras fuera. Sirius asintió y la rata empezó a agitarse violentamente.

—Peter, más te vale que te estés quieto. Si intentas destransformarte, te mataré lentamente, como ha dicho ese chico—Sirius alzó una varita que Harry reconoció como la de Ron.—Ese gato, en cambio, te matará rápidamente. Tú eliges—alzó la varita.

Hermione miró hacia otro lado y Ron empezó a acercar la rata a la boca del expectante Crookshanks, que abrió sus mandíbulas. Harry, entonces, tomó una decisión.

—¡NO!—gritó, interponiéndose de un salto entre Ron y Crookshanks, y quedando cara a cara con la varita de Sirius.

—Harry, quítate de en medio—dijo Sirius, la varita temblándole en las manos.

—No haré tal cosa. No voy a quedarme quieto viendo como el mejor amigo de mi padre se convierte en un asesino a sangre fría.

—Harry...tú no lo entiendes. Tú no entiendes lo que es estar doce años encerrado en Azkaban, a la sombra de los Dementores. La mayoría se vuelven locos. Yo no me volví loco porque soñaba con vengarme. Esa rata destrozó mi vida y también la tuya.

—Y si le mantenemos con vida, y confiesa, será la prueba de que tú no mataste a esos muggles.

—Harry...—Sirius alzó la varita. —No quiero hacer esto, de verdad, pero...

Harry vaciló un instante. Pero no se movió. Y se le ocurrió una idea. Se tapó la cicatriz con la mano.

—¿A quién me parezco, Sirius?

—A James...a tu padre. Salvo los ojos, son...

—Los ojos de mi madre, sí. Dime, Sirius, ¿qué es lo que querrían ELLOS que hicieras?

—Querrían que cuidara de ti—Sirius bajó la mirada.

—Y para eso es preciso lograr tu rehabilitación.

Sirius asintió. Harry prosiguió.

—Y solo manteniéndole con vida podremos conseguirlo. Además, si lo matas todo se acabó. Te encerrarán de nuevo en Azkaban y los Dementores te darán el Beso. El profesor Lupin me explicó que es un destino peor que la muerte, te dejan reducido a una cáscara vacía.

Sirius se quedó quieto, mirando fijamente a Harry. La rata-Pettigrew estaba quieta. Ron y Hermione guardaban silencio. Habían comprendido que esta decisión no era suya y no tenían derecho a intervenir.

—¿Y si sale mal? ¿Y si no quiere confesar lo que hizo?—insistió Sirius.

—No hará falta su confesión—dijo Remus, que había entrado en la Casa de los Gritos sin hacer ruido, sobresaltándolos a todos.

—¡Remus! Y...¿quién eres tú?—preguntó Sirius, fijándose en Nymphadora Tonks, que acompañaba a Remus Lupin.

—Hola, tío Sirius—la metamorfomaga sonrió. —No te acuerdas de mí porque la última vez que me viste era una niña. Pero creo que esto te refrescará la memoria—frunció un poquito el entrecejo y su pelo cambió de color.

—¿Nymphadora?—Sirius alzó las cejas.

—La misma que viste y calza, doce años mayor—Tonks sonrió.

—Es increíble, cómo has crecido—sonrió Sirius. —Y por lo que veo, eres nada menos que una Auror. ¿Qué tal está mi prima Andrómeda, quiero decir, tu madre?

—Está bien. Y por cierto, ella nunca te creyó culpable. Pero a lo que íbamos. En la oficina de Aurores hemos desenterrado los restos de la varita de Peter—señaló a la rata—y los hemos analizado usando unas técnicas nuevas. También hemos analizado tu varita. Hemos revisado las declaraciones de los testigos muggles. Y nuestra conclusión es clara: el hechizo salió de la varita de Pettigrew. Lo que significa...

—Que eres inocente—Remus sonrió de oreja a oreja.

—¿I...inocente?—Sirius puso expresión de incredulidad.

—Sí. Pero si matas o intentas matar a Peter Pettigrew, tendré que arrestarte—dijo Nymphadora Tonks.

—Tú decides, Sirius—intervino Harry. —Si olvidas tu venganza, serás rehabilitado y podrás ser mi padrino, como querían mis padres. Si quieres vengarte, adelante, no seré yo quien te lo impida, ahora que su confesión ya no es necesaria—señaló a Peter y se quitó de en medio. —Pero entonces volverás a Azkaban y los Dementores te reducirán a una cáscara vacía. ¿Qué prefieres?

Sirius asintió.

—Todo tuyo, Nymphadora—señaló a la rata.—Destransfórmalo.

Nymphadora Tonks agitó su varita, y Peter reapareció caído encima de Ron, que se apartó con cara de asco. Antes de que Peter pudiera huir, Ron se giró nuevamente y se echó encima de él.

—Tú no te vas de aquí, hijo de puta.

—Gracias—dijo Nymphadora. —Peter Pettigrew, estás detenido por mortífago, por complicidad con el asesinato de los Potter la noche del 31 de octubre de 1981, por el asesinato de trece muggles usando magia oscura la tarde del 1 de noviembre de 1981, y por ser un Animago ilegal. Remus, Sirius, ocupaos de él.

Remus y Sirius agarraron violentamente a Peter y lo forzaron a ponerse de pie.

—Hola, amigos—dijo Peter temblando.

—Escúchame, rata repugnante—dijo Remus. —La única razón por la que sigues con vida es porque Harry ha intercedido por ti aunque no te lo merecías, y porque no quiero que Sirius vuelva a la cárcel ahora que hemos demostrado tu inocencia. De no ser por eso, te aseguro que te habría matado yo mismo.

—Gra...gracias, Harry, eres un digno hijo de James y Lily—lloriqueó Peter.

Harry apartó la mirada, y ayudó a levantarse a Ron, que tenía la pierna en muy mal estado. Nymphadora Tonks la entablilló usando magia. Salieron de la Casa de los Gritos, Crookshanks por delante, Remus, Peter y Sirius detrás, Ron apoyándose en los hombros de Hermione y Harry, y Tonks yendo de un grupo a otro.

—¿De verdad Sirius es libre?—preguntó Harry.

—De verdad—asintió la joven. —El Wizengamot ha aprobado por unanimidad la revocación de su sentencia. El ministro Fudge y la subsecretaria Umbridge estaban en contra y han intentado obstaculizar todo lo que han podido, pero Fudge no presidía hoy la reunión del Wizengamot porque estaba aquí, y yo me he asegurado, con un poco de ayuda del padre de Ron, de que la subsecretaria estuviera tan ocupada que no pudiera asistir.

—¿Estás diciendo que has buscado que la reunión fuera precisamente en un día en que Fudge no estaría en el Ministerio?—preguntó Sirius, girando la cabeza hacia ellos.

—Así es. Yo no tenía competencia para fijar el calendario de reuniones, pero afortunadamente, mi jefa, la señora Bones, que sí la tiene, me ha ayudado mucho. Es verdad que ella te creía culpable, pero es justa, y las pruebas que yo le presenté la han convencido, y ha logrado que el voto sea unánime. Con Fudge presidiéndola habría sido más complicado, pero hemos forzado un poquito la cosa y todo ha salido bien.

—Muchas gracias, Nymphadora.

—No me las des. Dáselas a Harry, que fue quien creyó en ti desde el principio.

Salieron del Sauce Boxeador. Sirius contempló el castillo de Hogwarts.

—Aún recuerdo cuando atravesé por primera vez esas puertas. ¿Sabes, Harry? Para mí, mi verdadero hogar fue Hogwarts, no mi casa.

Harry asintió. Entendía muy bien ese sentimiento, para él era lo mismo. Pero de pronto, Hermione gritó.

—¡HARRY!—señalaba hacia Remus.

Harry miró. Algo raro ocurría. La luna llena acababa de aparecer tras una nube e iluminaba el rostro de Remus. Remus se había quedado rígido, con una expresión extraña. Sirius palideció.

—Remus...Remus, amigo mío, ¿te has tomado tu poción?

Remus empezó a temblar y agitarse violentamente.

—¿Qué le pasa?—preguntó Ron.

—¡Que es un hombre lobo, Harry!—gritó Hermione.

—¿De qué estás hablando? ¡Eso no es posible!

—¡Me temo que sí!—gritó Sirius, soltando a Peter y agarrando a Remus. —¡Corred, antes de que se transforme por completo! ¡Tonks, ayúdame!

Tonks corrió hacia Remus. Harry se quedó paralizado, sin saber qué hacer. Quien no se quedó paralizado fue Peter, que, dado que en ese instante no había nadie agarrándolo, rápido como el rayo, se transformó en rata y huyó. Crookshanks no reaccionó porque estaba enseñándole los dientes a Remus, el cual, ante los atónitos ojos de Harry, Ron y Hermione, se transformó en un lobo. Sirius se transformó en perro y saltó sobre el licántropo Remus, mientras Tonks lo inmovilizaba. Harry, entonces, recordó las extrañas palabras de Trelawney y se dio cuenta de una cosa: no podía permitir que Pettigrew huyera.

—¡Coge a Pettigrew, Crookshanks!—gritó.

—¡HARRY, NO! ¡DÉJALO!—gritó Tonks.

Pero Harry no escuchó sino que se lanzó tras el gato, que claramente había olfateado una pista. Poco después, llegaron a la orilla del lago, y Harry vio que Crookshanks había saltado sobre la rata y la había inmovilizado. Sacó la varita para hacerle un Petrificus Totalus, cuando de pronto...

Algo no iba bien. Sintió dentro de sí un intenso frío. Seguido de un fuerte desánimo. Todo iba mal. Todo había salido mal. Sirius nunca sería rehabilitado y Remus nunca se transformaría de nuevo en humano y los atacaría y mataría uno por uno. Miró a su alrededor y vio por lo menos veinte dementores, quizá más, que lo rodeaban. Oyó dentro de su cabeza las voces de sus padres. Pero entonces recordó el hechizo necesario.

—¡Expecto Patronum!—gritó.

Una débil niebla blanca salió de la varita. No funcionó.

"Un recuerdo, un recuerdo feliz, poderoso", pensó. "Venga, vamos".

Y le vino un recuerdo a la memoria. Tras la victoria en la final de quidditch, recordó el abrazo que le había dado a Ginny. Y uno tras otro, vinieron a su mente recuerdos de la chica y de lo bien que lo había pasado con ella durante los entrenamientos, de sus bromas, de su vitalidad, de su entusiasmo ("normalmente no es así de tímida", recordó que le había dicho Ron, y ahora veía claro por qué).

—¡EXPECTO PATRONUM!—gritó Harry, cuando los Dementores estaban ya casi encima de él.

Un magnífico ciervo hecho de luz plateada surgió de su varita. Los Dementores retrocedieron y formaron un círculo a su alrededor. Harry hizo girar su varita, y el ciervo empezó a dar vueltas a su alrededor, embistiendo contra los Dementores, ensanchando el círculo.

—¡Resiste, Harry!—gritó Sirius, que venía corriendo colina abajo hacia el lago, varita en mano (Harry vio que era la varita de Remus Lupin). Alzó la varita y exclamó —¡EXPECTO PATRONUM!

Un perro de luz plateada surgió de la varita de Sirius y se unió al ciervo. Ya era tiempo: Harry se estaba quedando sin fuerzas y sintió que de nuevo una intensa tristeza mezclada con fatiga y desánimo lo invadía. El perro rápidamente ahuyentó a los Dementores, que se alejaron. Sirius se acercó jadeante. Harry, agotado, bajó la varita y el ciervo desapareció. Se dejó caer al suelo y todo se apagó a su alrededor.

¡Hola! Espero que os haya gustado. Saludos, pottermaníacos.