Flora entreabrió los ojos. Atrás quedaba aquel día en el que se quedó por primera vez en el sofá de Amelia. En aquel momento, se encontraba junto a ella, apretujada contra la prestidigitadora en aquella cama individual. No era la primera noche y, decididamente, no sería la última. Se acurrucó, provocando que Amy abriese los ojos.

— Buenos días, cariño… — Susurró la pelirrosa. — ¿Qué haces despierta tan temprano? Es sábado.

— Oh… es sólo que me gusta verte dormir, preciosa… — Susurró, con una sonrisa. — Además, pronto nos vamos a graduar… Y no sé qué pasará después…

— Flora… no voy a apartarme de ti por mucho que me gradúe… — Negó con la cabeza. — Contigo siento cosas que no he sentido con ninguna otra persona… siento que tú me ves de verdad como soy…

— Vaya… eso es justo lo que yo siento… — Suspiró Flora. — Es sólo que… no estoy acostumbrada a que nadie me quiera de verdad en su vida. No desde que mi padre murió…

Amy asintió lentamente y acunó a Flora entre sus brazos. Le dolía profundamente saber que el vacío que Layton había dejado en Flora nunca parecía cerrarse del todo. Por más amor que ella le había demostrado, Flora siempre parecía que no era suficiente, que en cualquier momento tendrían que separarse.

— Flora… eres la mujer más extraordinaria que jamás he conocido… Ojalá pudieras verme como yo te veo…

— Olvídalo… vamos a desayunar algo… se me pasará.

Semanas más tarde…

Flora se encontraba sentada en un banco, en la parada de autobús. Su graduación acababa de concluir. La que tendría que haber sido una de las ocasiones más felices de su vida, y allí estaba sentada, sola, vestida con aquel vestido de color crema que ahora sentía que le quedaba ridículo.

Al menos hasta que escuchó el inequívoco sonido de Amelia sentándose a su lado. Parecía una princesa, vestida de blanco. Siempre que Flora sentía que el mundo la había abandonado, ella volvía a aparecer.

— Te sienta genial el blanco… — Susurró, bajando la mirada.

— Me sienta mejor cuando estás a mi lado… ¿Cómo se te ocurre irte sin decirme nada?

— Bueno, parecías muy liada con todo ese cerco a tu alrededor admirando tus trucos de cartas.

— Ni siquiera pude terminar el último truco… necesito la reina de corazones que tienes en el bolso.

Flora alzó una ceja antes de abrir su bolso y extraer la susodicha carta. Negó con la cabeza y la hizo girar entre sus dedos antes de devolvérsela.

— Siento haber estropeado tu truco, cariño.

— Eso es lo de menos, Flora… — Suspiró Amy. — Esta era una noche muy importante para nosotras.

— Sí, lo sé… la graduación… y el profesor no está. Como de costumbre… nunca está. — Suspiró Flora. — Ni por mí ni por sus propios alumnos…

— Flora… — Amy suspiró. — Mira en el bolsillo interior del bolso, por favor.

Flora, con cierta extrañeza, metió la mano en el bolso. Ella jamás miraba en ese bolsillo, nunca lo usaba. Amy debía estar muy interesada en guardar algo ahí sin que ella lo mirase. Abrió el bolsillo y sus ojos se abrieron como platos.

Recorrió el pequeño objeto entre sus dedos. Un anillo precioso, de plata, con una pequeña gema incrustada en él. Y una inscripción con los nombres de ambas.

— Esto es… — Flora miró a Amy sin creérselo.

La maga sólo asintió en silencio.

— Sé que debería hincar la rodilla, pero… si lo hago aquí no voy a poder devolver este vestido… — Susurró. — Espero que no te moleste.

Flora estaba congelada mirando la joya. Amelia siempre le había dicho cuando la valoraba, pero ver aquel anillo, aquella muestra total de amor total y absoluto… hizo que le temblaran tanto las manos que por poco se le cae.

— Vaya… no pensé que fueras a congelarte así… Menos mal que no lo he hecho delante de todos… si tienes dudas…

— No… quiero decir… que no tengo ninguna duda. — Flora sonrió. — Claro que me casaré contigo, Amy. Tú le das sentido a mi vida… tú haces que me sienta…

Amy le puso un dedo en los labios para callarla y, acto seguido, la besó y apoyó las manos en sus hombros.

— Como tu prometida, hay una cosa que me gustaría regalarte…

— ¿Qué más podrías darme?

— Algo que sé que genuinamente necesitas…

Presente.

El sonido del disparo había dejado a todos los presentes conmocionados. El humo aún manaba del cañón del arma y Flora la sujetaba con firmeza. Kat observaba la escena atónica y confusa, al igual que el resto. Sólo Amy parecía encontrar natural que Layton permaneciera ileso justo después de que Flora disparase.

— Me has cambiado las balas…

— Aunque no creí que fueses a disparar… realmente estás resentida. — Suspiró Amy, negando con la cabeza.

— O puede que supiera que ibas a cambiar las balas… — Flora negó con la cabeza. — Y sólo quisiera que fuese dramático.

— Bueno, ya me conoces, a eso me dedico… a crear ilusiones. — Susurró, encogiéndose de hombros.

— ¿Ilusiones? — Preguntó Kat. — ¿Cómo que ilusiones?

— Para darle a Flora lo que quería tenía que parecer que os quería matar… Tenía que darle un buen espectáculo.

—¿Qué hay de toda esa gente de ahí fuera? — Preguntó Layton. — ¿De las pilas de cadáveres?

— Autómatas… — Respondió Flora, que continuaba mostrándose fría. — Los mismos que poblaban este pueblo. Cuando llegamos todos estaban estropeados… fundidos. La falta de mantenimiento los había dejado en ese estado… así que simplemente los amontonamos.

— Pero no desperdiciamos la tecnología. — Continuó Amelia. — Nos sirvió muy bien para hacer robots nuevos y poblar la futura Londres… Incluida a Kat.

— Pero… era como yo… la forma de hablar… los manierismos… se parecía un poco a papá, incluso. — Intercedió Kat, apretando a Picarat contra su pecho... — Era como si…

— Como si la hubiera diseñado tu propia hermana… — continuó Emmy. — Es así, ¿Verdad?

— Por supuesto que es así… — Susurró Flora. Su expresión se suavizó de la misma forma en la que lo hacía con Amy. — Nadie conoce a Kat como yo.

— Pero… sabía lo que íbamos a decir…

— Sabía lo que yo iba a decir, Kat. — Corrigió Amy.

— ¿Por qué habéis hecho todo esto? — Preguntó Kat. — ¿Sólo para hacer sufrir a Papá? ¿Tanto le odias?

— Sí. — Respondió Flora.

La total frialdad en su voz dejó claro que lo decía muy en serio. Poco parecía quedar de la jovencita que el profesor había conocido en aquel mismo pueblo tantos años atrás.

— Pero no lo he hecho sólo por eso… — Dijo, con un largo susurro. — Lo he hecho por ti, Kat… No soportaría que te hiciera lo mismo… no soportaría que te arruinase como me ha arruinado a mí. No soportaría que te hiciera sentir sola en el mundo.

— Pero… Flora… yo no necesito a papá para no sentirme sola… — Kat se mordió el labio. — Te tengo a ti… Sé que tú no me olvidarías… por eso mismo me dolió tanto que no acudieras cuando papá desapareció… pero… ahora todo tiene sentido.

— ¿Secuestraste al profesor durante dos meses? — Preguntó Emmy.

— Dile, padre… — Flora se cruzó de brazos. — ¿Cómo fue realmente tu entrada en aquel casino?

— Recibí una nota misteriosa con un puzle, encargándome resolver un misterio.

— Y, por supuesto, caíste, como yo sabía que harías. — Continuó Flora. — Yo sólo me aseguré de que la nota que dejaste desapareciera. Y no tardaste en perderte en el parque temático que había creado para ti…

— Cuando el profesor intentó escapar fue cuando tuvimos que retenerlo. — Sentenció Amy. — Fue entonces cuando me encaminé en busca de Kat… siento haber conocido a mi nuera de esta forma tan poco ortodoxa.

— Pero valió la pena. — Suspiró Flora. — Por fin he podido demostrar que puedo engañarte.

— No, no era eso lo que quería regalarte, Flora. — Amy negó con la cabeza. — Mi regalo para ti es esta aventura. Todo lo que hemos recorrido juntas para llegar hasta este momento. Eso siempre fue lo que quise para ti.

— Que tonta eres a veces… — Susurró Flora, ruborizándose.

— Siempre decías que odiabas que el profesor saliese de aventuras sin ti… Así que pensé que el mejor regalo de boda sería una aventura a la altura… Y la promesa de que es sólo la primera de muchas…

— No me puedo creer que me haya metido en esto sólo por una broma a Layton. — Bufó Descole.

— De otra forma habría sido difícil localizarte para invitarte a la boda. — Suspiró Amy, encogiéndose de hombros. — La verdad, enviar las invitaciones es un horror cuando la mitad de los invitados están desaparecidos.

— ¿Y ahora qué? — Preguntó Kat, mordiéndose el labio.

— Esa es una buena pregunta. — Respondió Flora. — Ahora qué, ¿Profesor? ¿Vas a denunciarme? ¿Harás que me metan en la cárcel? Tengo el número de un abogado esperando por si tienes el atrevimiento.

— No, no voy a denunciarte Flora. — La voz de Layton sonaba repentinamente cansada, como si fuera mucho más mayor de lo que era. — Siento mucho todo el dolor que te he causado.

— Muy poco y muy tarde, pero servirá. — Bufó Flora. — Hasta te invitaré a la boda… así me aseguro de que no se te ocurra pasarte.

Flora tomó la mano de Amy y ambas se encaminaron a los pasillos de la mansión, desapareciendo entre las tinieblas.

— Papá… — Susurró Kat mientras abandonaban la estancia. — No sabía que Flora te odiase tanto…

—Cometí muchos errores con ella, Kat. — Susurró Layton. Sonaba genuinamente afectado, dolido incluso. — Errores que espero no cometer contigo.

Le puso la mano sobre el hombro y la atrajo hacia sí mismo. Emmy y Descole permanecieron en silencio, aún sintiendo que no pertenecían a toda aquella historia. Flora no había mentido, aquella misma semana recibieron las invitaciones para la boda.

Y Layton se presentó allí para la ocasión. Kat no había podido evitar notar que el profesor había permanecido callado todo el día mientras se preparaban. Algo parecía haber estado rondándole la cabeza mientras se acercaba el momento de volver a ver a su hermana mayor. Y Kat no dejaba de preguntarse qué sería.

Eso quedó más claro cuando el profesor se encaminó directamente a ver a la novia. Flora estaba preciosa con su vestido blanco y perfecto. Tenía una sonrisa en los labios mientras se revisaba frente al espejo. Sonrisa que se desvaneció cuando vio a Layton entrando a través del reflejo.

— Vaya, veo que has decidido venir… — Dijo, de nuevo fría como un témpano. — Lo siento si esperabas acompañarme al altar, la respuesta es no.

— No, Flora… sé que no querrías que fuese contigo, pero… necesito saber una cosa. — Suspiró. — Lo que pasó el otro día en la mansión… ¿Amelia sabe que mentías?

— ¿Disculpa?

— Entiendo que quisieras mentir a Kat sobre mi encierro… pero… ¿A Amy?

— A Amy no le haría ninguna gracia saber que te tuve encerrado dos meses… si no lo sabe, no le preocupará.

— No es sensato empezar un matrimonio con mentiras.

— No nos hemos casado aún… y no pienso volver a mentirle. — Dijo, mientras se encaminaba a la puerta de salida. — Pero seré honesta contigo, Hershel… tienes suerte de que me cambiara el arma… porque no tenía ni idea de que esas balas eran de fogueo.

La siniestra sonrisa con la que Flora le miró antes de abandonar la sala le dijo que, probablemente, su hija mayor había tenido muy claro que aquella bala le iba a atravesar el cráneo y a acabar con su vida. Y había apretado el gatillo sin dudar.

— Cuida de Kat, Hershel… no hagas que me arrepienta de haberte dejado con vida…

Layton no sabía si tendría estómago para comer al principio. La ceremonia no tuvo demasiados invitados, pero estaba siendo muy entretenida para la mayoría. El profesor se mantuvo algo apartado de los demás, meditando sobre sus errores con Flora. Sabía que su hija no era una mala persona, pero la forma en la que había mirado antes reflejaba un desprecio que prometía llevarla a la locura más absoluta.

— Oh vamos, es un gran día para las chicas… no deberías estar aquí con cara larga…

Alzó la vista y sus ojos se toparon con los de una mujer que debía tener una edad cercana a la suya, tenía el cabello rizado y oscuro, la piel pálida y una sonrisa encantadora bajo sus ojos color miel.

— Usted es el profesor Layton, ¿Verdad? El padre de Flora.

— Sí, soy yo. — Se llevó la mano al ala del sombrero, como todo un cabellero. — ¿Quién es usted, señorita?

— Soy la madre de Amy. — La señorita dio un trago a su vaso de Whisky. — Soy la señora Morgan, pero usted puede llamarme Augustine.

— ¿Conserva su apellido de soltera?

— Bueno, digamos que el padre de Amelia y yo no acabamos de forma ideal. — Augustine negó con la cabeza. — No tengo mucha suerte en el amor… En eso mi hija me da mucha envidia.

— Bueno, nunca es tarde para eso, señora. — Asintió Layton, perdido en sus pensamientos.

— Es usted encantador… Amy dice que es usted un auténtico caballero… aunque a veces parece que le produce cierto desapego. — Augustine negó con la cabeza. — Sí le soy franca, hace mucho tiempo que deseo conocer a un auténtico caballero.

Layton, no supo por qué, pero al mirar a los ojos de aquella mujer tuvo un terrible presentimiento, como si estuviera a punto de meterse en una jaula con un león hambriento.

— Si me disculpa… creo que el decano Dellman quiere hablar conmigo. — Respondió el profesor. — Ya hablaremos otro día, señora Morgan.

— Eso espero, profesor…

Augustine lanzó un suspiro decepcionado mientras veía al profesor alejarse y su expresión no mejoró cuando vio a su hija acercarse mirándola con expresión de pocos amigos.

— No frunzas el ceño así… te saldrán arrugas y saldrás mal en las fotos, con lo bien que te queda ese vestido.

— Mamá, en mi boda no… — Le dijo, apuntándola con el dedo.

— Sólo estaba tanteando… además, odias a ese profesor Layton… ¿Qué más te da lo que le haga? — Se encogió de hombros.

— En mi boda no. — Repitió, mirándola con firmeza.

— Ah, está bien… tienes suerte de que casi esté borracha… — Bufó Augustine. — Pero no me hago responsable de lo que le pase a ese profesor cuando estés de Luna de miel. Anda, vuelve con tu mujercita… me gusta… me recuerda a mí.

— Flora no se parece en nada a ti, mamá…

— Quizá se parezca más de lo que creas. — Sonrió Augustine, con una sonrisa maliciosa.

Amy negó con la cabeza, decidida a no permitir que su madre se metiese en su cabeza y se encaminó de nuevo con Flora. Tenían una nueva vida llena de aventuras que empezar juntas y no iba a dejar que nada lo estropease.