Cómo entrenar a tu dragón(How To Train Your Dragon) está basada en la serie de libros de mismo nombre de la autora británica Cressida Cowell, y realizada por Dreamworks Animation.
No poseo ningún derecho sobre los personajes y detalles originales de HTTYD.
El propósito de este FanFiction es el de entretener, con eso ya dicho, por favor no me demanden.
DRAGONS: A Twins Story
El gélido calvario de una doncella irascible (Pt. 15)
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–¡Tres monedas de oro! ¡Pata de Yak asada por tres monedas de oro! –gritaba el vendedor a todo pulmón tratando de atraer clientes sin muchos resultados, debido a que la mayoría de los bandidos estaban ocupados intentado entrar a la amontonada arena de dragones –. ¡Vengan por su pata de yak!
El robusto carnicero continuó llamando por unos minutos más hasta que finalmente se percató que sus carnes estaban desapareciendo de su mesa. Y al ver curiosamente sobre esta, se encontró con el par de gemelos Thorston devorando sin ninguna gracia toda su comida.
–oh uh –soltó Tuffnut con la boca llena.
–¡Malditas sabandijas! –bramó el carnicero –. ¡Ladrones miserables!
–Todos aquí son bandidos –comentó Ruffnut antes de ponerse de pie de un brinco.
–Sí, no sé porque le sorprende que le roben –acompañó su hermano ante de que los gemelos salieran corriendo hacía los fríos corredores del campamento, con el carnicero corriendo detrás de ellos, alzando su cuchillo sangriento sobre su cabeza.
–¡Vengan acá ladronzuelos miserables! – los llamaba una y otra vez el carnicero corriendo detrás de ellos, pero su voluminosa barriga lo dejaba rezagado –. ¡Haré un fantástico estofado con ustedes!
–¡Pues tendrá que sacarlo todo del trasero de Ruffnut! –le respondió Tuff, pero antes de que fuera alcanzado por el cuchillo del carnicero, su hermana le dio un puñetazo directo a la nariz que lo derribó por completo.
Tuff cayó al suelo de espaldas, y la nieve aplastada por los constantes pasos de cazadores que habían quedado tan dura como piedra, hizo que resonara con fuerza la cabeza dura del gemelo cuando chocó contra esta. Tuff que estaba acostumbrado a los fuertes golpes en la cabeza, solo se desorientó un poco en lo que las luces de norte bailaban frente a sus ojos.
–Alguien apuntó la matrícula de ese gronckle que me atropelló –balbuceó este perdido.
Pero antes de que pudiera ponerse de pie, la visión del carnicero se cernió sobre él. Una sonrisa malvada se dibujó en los labios del hombre.
–Me atrapado –sentenció el gemelo dramáticamente –, ahora puede comerme. Pero me vengaré cuando mi carne correosa les haga daño a sus intestinos.
La venganza correosa de Tuffnut nunca se llegó a cumplir, ya que antes de que el carnicero pusiera sus manos sobre él, el hombre fue noqueado por completo ante un fuerte golpe de un mazo en su cabeza.
–Quieres levántate, holgazán –le dijo Gobber a Tuff en lo que él y su amiga Smolder aparecieron en la periferia de su vista.
–Hoy no serás alimento de alguien –comentó la vikinga de Chilblain, en lo que arrojaba al carnicero a una montaña de cuerpos inconscientes que tenían en el callejón contiguo.
–Es una lástima –se quejo su hermana con una risita ronca antes de ofrecerle una mano a su hermano.
–Quieren dejar sus tonterías –dijo Gobber ajustando su mazo en lugar de mano –. Aún tenemos muchos cazadores y bandidos que noquear.
Sus palabras fueron recibidas por risitas roncas y maliciosas de parte de los gemelos. No se podía decir sí eso era una buena o mala señal.
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Sobre la colina nevada que erguía sobre el campamento de cazadores, parte del grupo de los vikingos de Berk se habían quedado atrás para vigilar y esperar la señal para acudir con los refuerzos. Siendo estos principalmente los dragones.
–Esto es tan patético –se quejo Snotlout con la barriga fría contra la nieve del suelo –. ¡Debería estar ahí abajo! –masculló tercamente en lo que todos, incluidos los dragones, solo rodaron sus ojos en frustración –. Yo estaría haciendo mejor trabajo que esos gemelos idiotas.
–Snotlout, piénsalo por un instante –le dijo Honey a su lado, cubierta de la helada por el ala escamosa de Furry –. Si alguien hubiera pensado que hubrías hecho mejor trabajo que los gemelos, te habrían elegido en primer lugar para que los acompañaras –explicó mordazmente –. En cambios te dejaron aquí… conmigo –agregó con gran desdén en su voz.
Snotlout por un minuto meditó las palabras de la joven, hasta que finalmente soltó vociferando:
– ¡Que mierda…!
Pero sus palabras fueron enmudecidas rápidamente por la joven pecosa al taparle la boca.
–Sí, una mierda –repitió la gemela pecosa apartando asqueada la mano de la boca de su primo cubierta de baba.
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Hiccup, Astrid, Eggingard, Blaizebite y Toothless se encontraban en la entrada posterior de la arena de aquel campamento. Era principalmente un largo corredor formado por varias jaulas con dragones atrapados. Un par de guardias vigilaban la entrada principal, pero estos pronto se marcharon en lo que un grupo de bandidos se alejaron del lugar empujando una jaula bastante pequeña para el whispering death que yacía adentro.
–Es nuestra oportunidad –musitó Hiccup, indicándoles a las chicas y a los dragones a correr en dirección de las jaulas antes de que fueran vistos.
Por suerte, la mayoría de los bandidos se encontraban dentro de la arena escuchando las palabras Arngrim para percatarse del nightfury, el monstrous nightmare y los tres chicos colándose por la parte de atrás. Ya una vez entre las jaulas, se percataron de que la situación era mucho más terrible de las que se imaginaron.
En cada una de las jaulas, sin importar su tamaño había un dragón cautivo, y la mayoría, apenas podía moverse dentro de su prisión. Casi todos estaban amordazados y algunos hasta atados de las garras.
–¿Cuántos dragones han capturado estos cazadores? –masculló Astrid examinando una jaula repleta de pequeños terrible terrors.
–Demasiados, arwww –contestó Eggiganrd en voz baja –. Todos los años se reúnen los peores días de tormenta para intercambiarlos por oro o más dragones.
–Eso es terrible –dijo Hiccup frotando la cabeza de su dragón de ébano en un ademan consolatorio ante la crueldad que presenciaban –. Pero si lo piensan, nosotros no éramos muy diferentes, cuantas generaciones murieron en una guerra que era innecesaria –continuó en lo que examinaba un candado roído que mantenía la jaula cerrada.
Ante sus palabras, una melancolía mayor se apodero de sus compañeros, pero en la rubia fue un golpe directo a los deseos de venganza que la consumieron. Pero al contemplar a su alrededor, y vio cada pobre bestia enjaulada, un pobre animal que no había sido amado como su Stormfly, se sintió como la peor en el mundo. Como había dicho Hiccup: no muy diferente a los cazadores.
Esos dragones eran incomprendidos con un futuro incierto. Y en cierta forma, ella se había sentido por igual cuando pensaba que se encontraba sola contra el mundo. Pero en cambio, había cruzado las aguas de norte para recuperar a su dragona en compañía de amigos. Y en cierta forma, Astrid también había sido encontrada en ese viaje por un ser querido.
Hiccup le había dado la esperanza, raciocinio y sentido en momentos donde no lo había, y seguramente él podía hacer lo mismo por esos dragones en ese campamento… y como lo había hecho para Astrid en muchas ocasiones.
–Se debe hacer algo… –soltó Astrid en voz alta, a lo que Eggingard sacudió sus brazos delante de ella para hacerla bajar de voz.
–Lo haremos –dijo el gemelo pecoso –, pero primero hay que encontrar a Stormfly…
–No solo hablo de ella –comentó la rubia volviéndose en dirección del chico –. Me refiero a nosotros.
–¿Qué?
Hiccup clavó sus ojos tan verdes como un profundo bosque en ella, y la rubia casi se pierde en su inmensidad. Tragó saliva antes balbucear:
–Hiccup… lo que trató de decir…
La chica dio un paso adelante aproximándose al joven pecoso, pero en cambio Hiccup la miraba como un borrego asustado.
–Astrid no creo que sea el mejor lugar y momento para esto –respondió él alzando sus manos.
–Pero no puedo dejarlo pasar –insistió ella dando otro paso seguro y determinado –, ni por un momento más…
Quedaron un palmo sus rostros. De un lado Astrid tratando de encontrar el valor para admitir que se había equivocado, pedir perder y agradecer la compañía y afecto del muchacho, y como deseaba que no la dejara sola nunca más; pero por el otro, Hiccup, confundido con el reciente comportamiento de la rubia, esperaba lo peor con sus siguientes palabras.
–¿Acaso ustedes son novios? –soltó de repente Eggigand sacando a ambos jóvenes del trance que estaba.
–¿Qué? –musitaron ambos en lo que se volvieron a la chica con piel de oso y la mirada expectante de sus dos dragones.
–Sí –respondió rápidamente Hiccup.
–No –dijo Astrid a su vez.
–¿No? –soltó inmediatamente Hiccup.
–¿Sí? –masculló Astrid.
–Arww… –gruño Eggingard. Y su leve rugido fue imitado por otro dragón, uno que rápidamente reconocieron.
–¡Stormfly! –bramó Astrid finalmente reconociendo a su dragona atrapada en una jaula al fondo.
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Stoick le echó un último vistazo al bandido que yacía inconsciente en el suelo en lo que se acomoda varias piezas de sus ropas sobre la suyas, especialmente aquellas decoradas con huesos de dragones.
–No estoy muy seguro de esto –escuchó detrás él musitar la voz quejumbrosa de Fishlegs. Al volverse se encontró al joven regordete vistiendo casi ridículamente varias partes de las ropas de otro bandido que incluso le quedaban grande a pesar de su regordete cuerpo.
Barbara, a un lado de él, tambaleaba en lo que trataba de contenerse la risa. Por suerte para ella, sus ropas de viaje y su gato de guerra, le daban la suficiente cubierta para mezclarse entre los cazadores.
–Silencio –sentenció el líder vikingo antes de marchar directo a la muchedumbre que intentaba adentrarse a la arena amurallada con nieve – y comienza a caminar.
Marcharon entre los cazadores tratando de mezclarse sin muchas dificultades, nadie realmente ponía atención a sus alrededores, estaban más interesados en acercarse lo suficiente a Arngrim y escuchar lo que tenía que decir.
Pronto se encontraron empujándose los unos a los otros al adentrándose por igual a la arena. Stoick, Barbara y Fishlegs lograron alcanzar un lugar cerca de una baranda hecha con un tronco viejo, donde podían ver y oír con claridad de Arngrim apresar de la multitud a su alrededor; apretados contra un desconocido de brazos bronceados y una capucha sobre la cabeza.
El desconocido llevaba un dije colgado al cuello que le pareció sumamente similar a Stocik.
–Jefe Stocik… –lo llamó Fishlegs en su susurro distrayéndolo, y señalando una dirección opuesta a la entrada la arena – mire por allá.
Por una gigantesca compuerta enrejada hecha de hierros oxidados, se encontraban un par de bandidos intercambiando sacos obviamente repletos de monedas de oro, por cajones de madera con un misterioso contenido. Pero lo que realmente señalaba Fishlegs, era a una persona en particular.
–Savage –masculló Stoick casi con bilis –. ¿Qué estará haciendo aquí?
La presencia de uno de los seguidores de Alvin the Treacherous era una mala señal, pero por desgracia no estaban en una posición que pudieran hacer mucho al respecto. Lo único era esperar a la señal y con suerte, ponerle las manos encima una vez que caos se desatara.
–Huevo de dragón – bramó Arngrim señalando un nido con huevos a su lado, atrayendo de nuevo la atención de los presentes a su persona. Segundos suficientes para que Stoick perdiera de vista a Savage –. No solo son deliciosos en estofado y con un tarro de hidromiel, también es una gran herramienta para controlar dragones. Por generaciones hemos estado cazando dragones, proliferando con sus pieles, alimentándonos con su carne y enriqueciéndonos con sus restos. Pero hay una técnica que pude revolucionar el comercio de dragones y superé los riesgos de la caza.
Las burlas entre los bandidos y cazadores aumentaron entre ante esas palabras. La terquedad vikinga a mantener las viejas costumbres, ante todo.
–Entiendo que para los tercos cabezas dura y necios a los antiguos métodos, no les interese un cambio –respondió Arngrim a los barullos casi riendo de los mismos. Comenzó a marchar de un lado a otro y alrededor de una jaula que se encontraba cubierta con una piel raída –, especialmente de la gloria que traer capturar un dragón; pero ofrezco un método que permitiría tener una mayor cantidad de dragones sin perder tantos recursos y brazos en el camino.
Finalmente, con sus palabras obtuvo toda la atención que buscaba y el silencio de los que dudaban.
–Cría a los dragones. Como simple ganado.
De nuevo los murmullos se multiplicaron entre la multitud, pero no había más burlas entre ellos. Incluso, había más de amenaza y molestia. Solo el hombre a lado de Stoick parecía interesado en las palabras del bandido.
–Antes de que intenten despedazarme, dejen proponer mi propuesta –agregó rápidamente Arngrim con una sonrisa burlona –. ¿Cuál es la razón por la que nunca hemos podido criar dragones? Por qué no animales dóciles, excepto… en un momento crítico de su vida –continuó alzando un huevo del nido –. Hace un tiempo pude encontrar un punto de anidación de los dragones y descubrí su comportamiento único con sus huevos.
Acto seguido, el bandido tomó la piel raída sobre la jaula revelando un whispering death furioso, pero incapaz de disparar alguna bola de fuego debido a la mordaza que mantenía sus feroces fauces cerradas. Arngrim acercó y alejó el huevo del dragón de la jaula constantemente ante la mirada atónita de los espectadores. Cada vez que el huevo era acercado a la reja, el dragón prestaba atención a las acciones del bandido y se mantenía quieto. En cambio, cuando lo aleja, se agitaba y comenzaba a azotarse contra la reja.
–Los Huevos fuerzan a los dragones a obedecer ante el riesgo que algo les suceda –explicó Arngrim – y una vez que nacen, las cría harán cualquier cosa por estar su madre y la seguirán a cualquier lugar por ella. Con ese conocimiento se puede domar hasta la fiera más salvaje.
Para la paz de la pobre madre Whispering death, finalmente el bandido devolvió el huevo al nido.
–Y tengo varias madres y nodrizas disponibles para empezar su propia manada, y solo para aquellos dispuestos a invertir –aseguró Arngrim entre carcajadas en lo que la multitud que se comenzaba a vociferar precios e intercambios –. Y hay una piel de oso polar de regalo con su compra.
–Que horrible – no pudo evitar musitar Fishlegs.
Pero en cambio Stoick, estaba más interesado en el hombre desconocido que había estado parada a su lado todo el tiempo, y había desaparecido, repentinamente.
–Ahora, la segunda oferta del día –soltó Arngrim bruscamente a pesar de los gritos de la muchedumbre –. La ubicación de una isla donde se entre….
Pero antes de que pudiera terminar la oración, un rugido estremecedor acalló la arena y a todos los presentes. Lo siguiente que supieron era que las paredes de la arena congelada comenzaron a derrumbarse.
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Hola a todos.
Cometí un grave error, me di cuenta que en los último tres capítulos olvidé incluir la presencia de Blazebite, el segundo dragón de Astrid y que llevó consigo al rescate de Stormfly. Así que, de momento, hasta que corrija esos capítulos (si es que lo hago), solo imaginen que ahí estaba en el fondo todo tiempo y la razón por lo que no se describe es… porque un mago lo hizo.
Gracias por su compresión y espero que disfruten este capítulo.
Saludos
