Gudai Niuwu: Bruja antigua.

'BAJO LA PIEL'

Capítulo 1: 'Destinos'

Xie Lian hizo ademán de acercarse, pero se contuvo. Shi Qingxuan le solicitó que la audiencia fuera privada, por lo que respetaría sus deseos. Observó al hombre parado a su lado. Cuando sus ojos se encontraron un brillo cálido acompañó la pregunta que salió de sus labios:

- ¿Gege? -

-San Lang…Shi Qingxuan solicitó reunirse contigo a solas-. Al notar que arqueaba la ceja se apresuró a capturar su mano entre las suyas, presionándola suavemente. Hua Cheng no era propenso a otorgar favores a nadie, pero esperaba ser capaz de influenciar un poco para favorecer a quien consideraba uno de sus pocos amigos. -Él va a solicitar algo a San Lang. Desconozco qué es, pero quiero pedirte que, si está en tu alcance dárselo, por favor lo hagas. Sé que te estoy importunando…-.

-Gege-. Acunó el rostro de Xie Lian entre sus manos. -Tranquilo, todo está bien. Lo que sea me pida, se lo daré, no necesitas afligirte más sobre ello-.

Una sonrisa de alivio iluminó sus rasgos faciales.

-Gracias-. Sus ojos se desviaron donde su amigo esperaba al costado del camino en medio del bosque, apoyado pesadamente contra un robusto tronco. -Lo he notado algo disperso últimamente. Cuando lo presioné para que hable conmigo, me hizo la solicitud. Quiero hacer más por él…pero no me deja-.

Hua Cheng lo abrazó unos momentos antes de apartarse.

-Espérame aquí, ya regreso Gege-.


Shi Qingxuan vio acercarse al Rey Fantasma. Acomodó bajo su axila la horqueta del bastón largo que usaba de apoyo para poder caminar largas distancias con relativa estabilidad. Tenía que estar atento a su entorno, a la mínima variación en los caminos de tierra. De lo contrario, terminaría perdiendo la otra pierna debido a su indeseada y extrema torpeza.

'¡Ya voy hermano, solucionaré todo y nos veremos pronto!'

Exclamó mentalmente, dándose ánimos para continuar con su cruzada. También para infundir coraje. Lluvia Carmesí que Busca una Flor se acercaba a él bordeando el camino. Las sombras del avanzado atardecer llenaban de contraste el rostro y las formas del Ser Supremo, presentándolo de manera aterradora ante sus ojos. Desconocía cómo Su Alteza Real el Príncipe Heredero no sentía lo mismo cada vez que lo tenía cerca. Sino todo lo contrario. De todas formas, ahora mismo el miedo atenazaba su mente todo el tiempo. Toda su percepción estaba distorsionada. Y Su Alteza Real el Príncipe Heredero había sido conquistado. Suspiró para sofocar la envidia que despertó en su corazón. Él estaba solo y continuaría sus días hasta que muriese.

Una sonrisa nerviosa curvó sus labios. Con una breve inclinación de su rostro a modo de saludo dio inicio a su alborotado discurso:

-Buenas tardes Lluvia C-Carmesí que Busca una F-Flor. Agradezco enormemente que haya aceptado mi solicitud. Sé que quizás…no, sí es muy atrevido de mi parte. Pero mi alcance ahora es más bien limitado para conseguir…-.

-Shi Qingxuan, dime exactamente cuál es tu petición-.

-Necesito una perla del mar de Aguas Negras-.

Los ojos de Hua Cheng se agudizaron.

- ¿Gudai Niuwu? - inquirió.

Shi Qingxuan se aseguró que Xie Lian estuviera lejos y no hubiera escuchado el nombre por accidente.

-Todo estará bien, Rey Fantasma. Su Alteza Real el Príncipe Heredero no se verá afectado en ninguna forma. Lo juro-.

El Supremo asintió, tras lo cual preguntó:

- ¿Planeas algo contra él? -

Una risa seca y falsa escapó de los labios de Shi Qingxuan.

-Es una Calamidad. Nada puedo hacer en su contra-.

Esta vez poco convencido, Hua Cheng extendió su palma derecha hacia arriba. Con los dedos extendidos fue aproximándolos hasta que se unieron todos por las yemas. Gotitas de agua cristalina se condensaron en el aire, girando en un pequeño remolino que el Fantasma asió, desarmándolo, pero sin que ninguna gota cayera al suelo. Extendió el brazo hacia Shi Qingxuan, éste abrió su mano bajo el puño y dentro de ella cayó una diminuta perla negra, cuyo brillo penetraba en su mente, amenazando con hundirlo en la hipnosis. Se apresuró a guardarlo entre sus ropas para disminuir su influencia sobre su psiquis. Después de todo, era un humano y elementos como ese lo afectaban de forma prejuiciosa.

-Ten cuidado-. Le dijo Hua Cheng.

-Ja ja ja, cualquiera diría que te preocupas por mí. Pero ambos sabemos que no es cierto-.

-Yo no-, dijo sinceramente. -Pero Gege sí. Acciones imprudentes pueden acarrear problemas-.

-Ya soy un problema Lluvia Carmesí. Desde el día en que nací. Me engaño pensando que soy importante por los esfuerzos que hago por los demás que viven en el templo. Pero no es así. Estaban allí antes que llegara, seguirán allí una vez que ya no esté. Soy por completo irrelevante-. Se volvió con cierta dificultad, bajando al camino. Habló sobre su hombro a modo de despedida: -Espero ser capaz de hacer que nos veamos pronto Hua Cheng y poder negociar otras alas de pollo para mis amigos-.


A medida que la altura aumentaba, parecía que menos aire ingresaba a sus pulmones. Pronto el terreno se volvió más escabroso. Las diminutas piedrecillas le lastimaban el pie bueno, y el otro que se arrastraba pesado sin voluntad a su lado prefería no verlo. Pero tenía que seguir subiendo la montaña, si no conseguía su objetivo, de todas formas, seguramente moriría de una infección por las innumerables lesiones que adornaban su cuerpo. La medicina era demasiado costosa e inaccesible para las ganancias de un méndigo en los tiempos que corrían.

Gudai Niuwu. Conocía su existencia a partir de rumores en la Corte Celestial. Pero siempre era tratado como un ser más perteneciente al mundo de los cuentos para niños que a la realidad tangente. Pero en la fortaleza de Aguas Negras, uno de esos desechos humanos que estaban allí lo mencionó mientras estuvo encerrado con ellos.

'Quizás…quizás tú sí puedas soportar lo que tengas que hacer'. Era lo que el extraño le había dicho entre febriles susurros.

En ese momento se percató de que no eran monstruos, sino personas. Aquellas palabras seguramente eran repetidas a todo recién llegado, como una alternativa a la existencia actual a la que todos casi se imponían voluntariamente. Porque allí nadie estaba privado de huir, nadie los detenía. Pero sus mentes y espíritus vencidos eran los verdaderos captores.

Se detuvo unos segundos presionando su puño sobre los ojos, tratando de desterrar los recuerdos que evocó su línea de pensamiento.

'Descuida hermano. Ya lo solucionaré todo. Nos veremos pronto.'

Asió el rústico bastón con fuerza, sintiendo los callos ya lesionados en la piel de su mano. Afortunadamente quedaba poco en su largo viaje. No recordaba cuándo fue la última vez que bebió algo o que le hincó el diente a alguna comida rancia. Pero poco importaba. Pronto llegaría. Se lo indicaba el leve latir que provenía de la perla negra guardada entre sus harapientas ropas. Tenía que seguir adelante. Tenía un propósito. No se quedaría de brazos cruzados. Quien sabía, quizás hasta lograba algo remarcable que hiciera imprimir su nombre en la mente de todos aquellos que osaron olvidarlo.

Fracasado era un apelativo que se quedaba corto para describir su performance como humano. ¿Dónde estaba su destino de rico comerciante? Había semanas en las que con suerte tenía un pan al vapor duro para comer.

No…no, no, no, no. Eso no podía continuar así.

Se rio con ganas, como un loco que prefería reír con todas sus fuerzas antes que llorar intensamente.

No tuvo en cuenta su ya menguada fuerza física. El agotamiento lo golpeó como un saco de arroz contra la rocosa superficie, perdiendo la conciencia antes siquiera sentir el impacto de la caída.


Un intenso aroma lo trajo de vuelta a sus cinco sentidos. Un grito escapó de sus labios cuando ante sus ojos se definió la forma de una anciana de cientos de años, cuyos músculos atrofiados apenas se lucían bajo una piel traslúcida que se pegaba a los huesos de su rostro y manos de una forma aterradora. Agradecía que el resto de su cuerpo estuviera cubierto con unas simples túnicas marrones porque dudaba poder permanecer en su presencia si tuviera que estar contemplándola completamente desnuda.

La mujer no debía medir más de metro cuarenta, su cabello ceniciento y escaso se hallaba por completo enmarañado. Por el sonido de sus pasos que se arrastraban en el suelo, podía suponer que estaba descalza. Se sentó en el piso de aquella diminuta cueva. Una fogata ardía intensamente cerca de ellos.

- ¿Qué eres? - inquirió la anciana. -No te ves como un hombre completo-. Shi Qingxuan dudaba que aquella anciana hubiera podido traerlo hasta allí por sus propias fuerzas. -No me subestimes niño-, declaró ella leyendo sus pensamientos. Él hurgó entre sus ropas y su corazón se congeló en su pecho cuando sus manos no dieron con la pequeña esfera. - ¿Buscas esto? - Le preguntó, mostrando entre sus decrépitas manos la perla negra.

-Sí…dámelo anciana. Lo necesito, seguro podemos hacer un intercambio…-, expresó desesperado.

- ¡Shh! ...Esta pequeña belleza te ha guiado hasta mí. ¿Acaso quieres marcharte sin aquello por lo que has venido desde tan lejos? -

- ¿Gudai Niuwu? -

- ¿Cómo conseguiste una de éstas? Son completamente imposibles de obtener. Y contesta con la verdad-. Advirtió señalándolo. Sus ojos negros brillaron con promesas amenazantes. -Si mientes lo sabré y te sacaré a patadas de aquí y no volverás a verme jamás-.

-L-Lluvia Carmesí…-.

-Ahh… Chengzhu. Interesante. Eres un remedo de existencia, pero tienes tus medios-.

Shi Qingxuan se las arregló para sentarse, apoyando la espalda en la saliente de la roca cercana a él.

-Dime una cosa, niño. ¿Estás seguro de que quieres seguir adelante con esto? -

Esta vez no se atrevió a preguntar cómo era que sabía lo que iba a solicitarle. Seres tan antiguos como ella no existían tanto tiempo sin conocerlo todo.

-Sí-.

-Lo sé porque la perla me lo dijo. Hurgó en tu cabeza apenas pusiste tus ojos en ella-. Le explicó de todas formas. -Pero no te apresures en contestar, niño. Primero escucha-. Tomó una fina rama de la fogata. Llevó la parte encendida hasta sus labios y sopló hasta que la llama se apagó. Empezó a trazar números en el suelo a medida que enumeraba. -Vas a tener que ensuciarte las manos y el alma. De eso no se vuelve. Un inocente, un culpable y un dios caído-.

- ¿Un dios caído? Pero no…-.

-Tú lo eres-.

-Yo no…-.

-Sí lo eres. Perdiste tus poderes, pero distas mucho de ser un humano. Tu ser está impregnado de divinidad. No como una lámina de oro, sino un inmenso castillo de ello. Si sumas tu corazón…Es todo lo que necesitas para poner en marcha lo que deseas-.

Los ojos claros observaron las líneas negras en el suelo de piedra. Lo sospechaba, pero no iba a retroceder o retractarse. Tuvo más de un año para meditarlo hasta que Hua Cheng regresó. Ahora conocía el precio e iba a pagarlo.

'Espérame hermano, ya voy.'

-La sangre de la Calamidad abrirá la puerta-. De entre su escote sacó una daga, blanca y reluciente. Lista para teñirse con el color de la sangre. Parecía salir de ella un tañido anhelante. Sediento. -Una vez que termines, esto no te servirá de nada. Te la puedes quedar como un recuerdo. Y ahora…- Se inclinó hacia adelante, ofreciendo su mano. Shi Qingxuan la tomó sin vacilación. Apretó los labios cuando sintió el poder fluir dentro suyo. Lo soltó repentinamente y señaló la salida de la cueva. Al observar con atención, vio un array escrito en la periferia del mismo. -Cuando salgas estarás donde el camino inicia. Lo que te di es suficiente para que consigas abrir la puerta-.

-Pero me has dado muchísimo poder Gudai Niuwu-.

-Nunca subestimes a una Calamidad, niño. O terminarás lamentándolo-.

Con dificultad se puso de pie, agarrando con fuerza la daga mientras arrastraba la espalda por la pared rocosa. Tomó su patético bastón con su brazo bueno, ubicándolo bajo la axila del brazo flácido.

- Créame Gudai Niuwu, jamás cometeré la estupidez de suponer que conozco a alguien, o de que las palabras que me dicen son verdad-.

-Lo bien que haces, niño. Si llegas a ser capaz de regresar, ven a verme. Eres de lo más interesante-.

Shi Qingxuan observó el array unos momentos. Sí que debían ser valiosas esas perlas si eran capaces de darle alcance a tamaño objetivo.

Avanzó con paso tambaleante. Pero nada tenía que ver con su falta de convicción. Sino porque en poco más de un año de ser humano (o al menos algo parecido a uno), su ineptitud, credulidad, inocencia y tantos defectos más, lo llevaron a ese estado de miseria absoluta en su vida. Y así no lo quiso aceptar cuando todo explotó en su cara, debía reconocer que su hermano era el culpable.

El amor por su estúpido hermano pequeño los maldijo a los dos.

Lo arreglaría.

'Ya voy hermano, pronto te veré.'


El primer impulso de He Xuan cuando vio a alguien atravesar un portal directamente a su cuarto fue tomar su espada de la vaina que colgaba en el respaldo de su cama. Pero al ver el evidente estado de invalidez del extraño, se relajó un tanto.

Vestía solo unos pantalones, pero era esperable ya que descansaba en la privacidad de su cuarto. Se sentó al borde la cama, apoyando los brazos sobre sus muslos. Su largo cabello lacio y negro cayó libre a su alrededor. Se trataba sólo de un extraño decrépito. Por un momento pensó que era alguien que venía a decirle la razón por la que seguía existiendo luego de completar su venganza.

-Viejo, lo que seas que buscas, te has equivocado de lugar, tenlo por seguro-. Lo que fuera que iba a agregar murió para siempre en sus labios cuando unos ojos claros y verdes como el mar en calma lo observaron fijamente entre las aberturas de un enmarañado cabello castaño. Avanzaba hacia él con una inestable marcha. No podía ser él. -S-Sh Qi…-, farfulló estupefacto. Lo vio tropezar. Iba a caer. Se apresuró a su lado para sostenerlo de su lado débil. Pasó el miembro flácido por encima de sus hombros y con el otro brazo le rodeó la cintura. Sentía los huesos marcados bajo su tacto. Había perdido peso extremadamente desde la última vez que lo vio en esa fiesta celebrada en los dominios de Hua Cheng. En esa vez, lo notó algo apagado y algo tambaleante, pero nada más.

Debió seguirlo, ver el estado real en el que se encontraba, de esa forma quizás…

El brillo metálico y la velocidad con la que lo blandió, seguido de un intenso dolor lo dejaron confuso. Incrédulo bajo los ojos hacia su flanco derecho. Un hilo de sangre brotaba sobre sus músculos, pero un flujo más grueso se deslizaba por el blanco y reluciente filo de la daga.

Antes de poder sentir siquiera ira por el ataque a traición notó la fría sonrisa del otro entre los mechones sucios y sin brillo del largo cabello del otro, mientras le decía:

-Ahora nos vamos a dar un pequeño paseo, 'amigo'-.

Sacó el arma de su interior con un movimiento limpio, dejando que el espeso líquido cayera al suelo ante ellos. Éste se iluminó con estelas doradas e inscripciones en un idioma que desconocía.

Sentía que su existencia se dividía. Algo pesado caía hacia atrás, lejos de sí pero su espíritu era agarrado firmemente por Shi Qingxuan para arrastrarlo hacia la oscuridad que se abrió debajo de ellos.

Tomo por ridículo el primer pensamiento que lo hizo concluir que tras él estaba dejando su cuerpo. Ahora no era nada más que un maldito fantasma.

Pronto una intensa negrura los rodeó para ser reemplazado por la orilla de un canal por el que transitaba el torrente violento de agua turbia. Las evidencias de una salvaje tormenta aún se veían en el cielo y en las precarias edificaciones del pueblo. Ambos observaron al joven que estaba de rodillas ante el puente.

Sabía dónde estaban y quién era ese hombre. Porque él mismo había salido en su búsqueda en un pasado distante. Estaban a pocos pasos, pero no se percataba de ellos ya que estaba aún bajo los vestigios de su tribulación, las cuales demandaban de una absoluta atención y tras finalizar, la mente quedaba difusa.

-Tú te quedas aquí-. Dijo Shi Qingxuan, tocando su torso desnudo con la palma de la mano. Al instante se vio impedido a cualquier movimiento que quisiera realizar. ¿De dónde había sacado esos poderes?

Esto que acontecía ante sus ojos era previo a la ascensión de Ming Yi a convertirse en el Maestro elemental de la Tierra. Aún no subía a los cielos, pero era algo que iba a pasar en cualquier momento. Antes que sucediese, un He Xuan aparecería y terminaría con la vida del antiguo humano.

Pero eso estaba a punto de ser cambiado.

Hizo un esfuerzo por liberarse. Para gritar que se detuviera, pero nada pudo hacer.

Escuchó la voz de Shi Qingxuan exclamar:

- ¡Ming Yi! - Tan pronto éste se volvió, el brazo del antiguo dios del viento se movió velozmente cortando el cuello del otro de lado a lado. El cuerpo cayó inerte en el flujo del agua, arrastrándolo lejos de allí. Shi Qingxuan volvió donde él. La sangre cubría su rostro, cuello, brazo y su andrajosa vestimenta. Parecía caminar un poco mejor, al menos ya no necesitaba el bastón, que quedó tirado donde ocurrió el asesinato.

-Vamos 'querido amigo', falta visitar a mi hermano-.

No podía moverse o hablar. Sólo ser empujado nuevamente a ese foso de oscuridad. Se tragó la desesperación que sentía por el otro. Había muerto a un humano. A Ming Yi, nada menos. El Shi Qingxuan que él conoció jamás hubiera cometido tal acto. Era un alma honesta y pura. Amable y cálida.

Pero había cambiado. Y él era el responsable de ello.


El siguiente lugar donde aparecieron era su fortaleza. El día en que completó su venganza.

Shi Qingxuan debía desconfiar del poder con el cual lo mantenía inmóvil, porque antes de apartarse de él, volvió a tocar su torso desnudo insuflando más poder. A raíz de ello, se mantenía en su sitio.

En ese momento estuvo cegado por su deseo de venganza cuando impuso esas condiciones para dejarlo vivo. Pero sabía que alguien de corazón tan bondadoso como Shi Qingxuan jamás dañaría a su propio hermano, aun cuando éste se lo mereciera. Y estaba bien de esa forma. Haber acabado él mismo con Shi Wudu fue su venganza, y le dio la satisfacción sobre los agravios criminales que sufrió. Pero ahora la incredulidad que le generaban los actos de Shi Qingxuan le entumecieron la capacidad de procesar lo que estaba pasando.

- ¡Hermano! ¡He vuelto, hermano! - Exclamó el otrora Maestro del Viento.

El He Xuan del pasado se disolvió en el aire cuando se aproximó al dios del agua. A lo lejos se escuchaban los gritos del Shi Qingxuan del pasado, que estaba sujeto por cadenas a una pared cercana, pero cuya voz se oía como si estuviera bajo del agua.

- ¡Cállate de una maldita vez, imbécil! - Exclamó el Shi Qingxuan del presente a su versión del pasado. - ¡Si hubieras tenido las agallas de hacer esto desde el principio nada habría pasado, estaríamos muertos y en paz, pero no!¡Consentido hasta el hastío!¡Me produces asco! – Luego observó a su hermano de rodillas ante él, que lo miraba sin dar crédito a lo que venían sus ojos.

-Qingxuan… ¿Qué…?¡¿Qué te pasó?!¡Estás invalido!-

-Crimen y castigo hermanito-. Una risa quebrada brotó de su garganta. -La señal de que debí morir esta noche. Debiste arrancarme la cabeza antes de partir, hermanito. Pero no te preocupes, yo lo arreglaré todo. ¡Limpiaré tu nombre y serás honorable otra vez! - Estiró el brazo derecho con el cual agarraba la daga. De pronto su filo pareció prolongarse con un ruido cortante, como si una ráfaga afilada prolongase su alcance y el filo del arma. -Un último vendaval, hermano pecador-. Con dificultad levantó el otro brazo, que pareció haber recobrado cierta movilidad. Su voz se elevó por encima del estruendoso sonido ocasionado por el torbellino dorado que emanaba del poder que fluía por la daga, que se elevaba para luego descender y arremolinarse alrededor de los dos hermanos.

- ¡Por mis posesiones de hoy, he peleado! Lucharé por aquello que no tengo. Si el destino me lo niega, cambiaré mi suerte. ¡De mi depende mi destino, mas no de los cielos! -

-¡No lo hagas, Qingxuan!- Exclamó He Xuan que en un arrebato de poder liberó su voz, pero no fue capaz de hacer lo mismo con su cuerpo.

Tras finalizar el hechizo de cambio de destino, con un movimiento ascendente del arma, la cabeza de Shi Wudu cayó con un sonido húmedo sobre el suelo. El silencio que continuó se tornó opresivo.

Shi Qingxuan se volvió, con la mirada vacía de quien perdía el alma a pasos agigantados. Se acercó a él. No había lágrimas, su interior estaba demasiado masacrado para siquiera poder derramarlas.

El aura dorada que antes rodeó a los dos hermanos ahora se concentraba solamente en Shi Qingxuan, quien lo observó unos momentos desde su baja estatura.

-No…no debiste hacer esto Shi Qingxuan-.

-Si debí, soy responsable por mi indecisión y estoy a tiempo de corregir mis errores y los de mi hermano-.

- ¿Qué…qué vas a hacer? - Inquirió al ver que levantaba la mano lesionada, en la cual la estela dorada comenzaba a concentrarse rápidamente, como esperando a que le dieran libertad.

-Intenté que Ming Yi no tuviera que morir, pero él nunca tuvo chance de vivir más allá de ese día, su destino estaba sellado. Solo queda un cuerpo que entregar y todo habrá terminado-.

La visión de He Xuan se volvió borrosa. Peleó contra el poder que lo restringía, pero no era capaz. Era un poder antiguo, más que él, y ahora no conseguía descifrar donde se encontraba el lazo débil del mismo que le permitiría deshacerlo.

-No quiero que mueras, Shi Qingxuan. No lo deseo-.

Pero su petición llegó a oídos sordos, chocando en una resolución absoluta.

-Sé que cuando debí, no respondí de la forma que esperabas-. Dijo refiriéndose a esta misma escena, pero tiempo atrás, cuando impuso sus condiciones a un Shi Qingxuan del pasado que no estaba mentalmente preparado para ello. -No habría sido tu vengador, pero eventualmente, si tu justiciero-.

He Xuan ahora se percataba de ello. ¿Cuántas veces él era la única voz de la justicia cuando alguien se alzaba contra otro en falsas acusaciones? ¿Cuántas veces acudió en ayuda de Xie Lian cuando nadie más abogaba por él? Se dejó llevar por la ira en vez de exponer su caso, apelando a su fuerte sentido de la justicia. Pero dándole el tiempo de digerir la verdad en vez de arrojarla en su cara, dando cruentas opciones para forzar su mano.

-Fuiste una Calamidad mediocre-. Llevó su mano hasta donde antes, muchos años atrás latió un corazón humano vivo y caliente, pero que ahora sólo había silencio y frialdad. Como si hubiera encontrado su hogar, las chispas doradas se apresuraron a ingresar en su cuerpo. He Xuan gritó del dolor cuando sintió el calor llevar su ser por completo. -Estoy seguro de que serás un dios magnífico-.

Shi Qingxuan se clavó la daga en su propio corazón, y las pocas gotas doradas que brotaron de su interior ante tan violento acto, se introdujeron también en He Xuan.

El antiguo dios de Viento cayó de espaldas al piso. Una negrura comenzó a consumir su cuerpo. Pero él no emitió sonido alguno acerca del dolor agonizante que debía estar padeciendo.

Solo observaba a He Xuan que fue rodeado por completo con una tenue luz dorada mientras se escuchaban sonidos de truenos que parecían partir la tierra.

El rostro de Shi Qingxuan no transmitía sufrimiento o tristeza, si no paz. Y así fue, hasta que la luz de sus ojos se extinguió por completo y su cuerpo desapareció en la oscuridad.

He Xuan intentó llegar hasta él, impedir como sea su partida. Pero antes de poder rozarlo, fue jalado hacia arriba. A la calidez y luminosidad de un cielo que le daba la bienvenida.

CONTINUARÁ…