Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer, la trama es completamente mi invención.
Epílogo
Caminar por el parque en esta época del año tenía algo mágico. Las hojas solían crujir bajo nuestros pies, el aire olía a nostalgia y a promesa.
Seguí observando el azul del cielo.
El sol alcanzaba a colarse entre las ramas desnudas de los árboles, tibio, suave, como si también supiera que ya no necesitamos más tormentas.
Edward venía a mi lado, con su mano entrelazada con la mía. Elisa corría adelante, con su abrigo rosa y sus coletas volando mientras intentaba atrapar una mariposa que no tenía ninguna intención de dejarse atrapar. Emmy caminaba junto a nosotros, más alta, más madura, con sus ocho años y esa expresión tranquila que había heredado de su padre.
Me costaba creerlo a veces. Habían pasado cinco años desde aquella fiesta. Desde que sentí que el mundo volvía a construirse bajo mis pies.
Y es que no podía decir que fue fácil. Nada lo era por más que estuviéramos preparados.
Mi relación con Edward se fue afianzando, por así decirlo. No todo era perfecto, teníamos altibajos como cualquier pareja. Elisa vino a reconfortar nuestra unión y nos volvió una familia completa.
Con sus padres fue una total revolución, me convertí en la hija que no tuvieron. Ellos decidieron dejar Chicago a los meses del nacimiento de Elisa y fueron pilar importante en cuanto a ayudarnos a cuidarlas.
Emmy lo tomó bien. Se convirtió en la hermana mayor, al principio le costaba entender que Elisa se quedaría con nosotros, quizá fueron dos semanas donde se rehusaba a que estuviera en casa, pero una vez su instinto protector afloró, ella no pudo apartarse de Elisa.
Lauren y Alec no volvieron a estar juntos. Quizá se dieron cuenta que su amistad era mil veces mejor que una fallida historia de amor. Ella ahora salía con un chico y parecía que iba en serio, mientras que Alec se había vuelto un aventurero en turno, era cada vez más frecuentes sus viajes a cualquier rincón del mundo.
Con Alice. Bueno, con ella fue poco a poco, nuestro acercamiento desde ese cumpleaños de Emmy fue lento, probablemente más lento de lo que imaginé que sería. Tenía a su hija, Rebecca era algunos meses menor que Elisa.
Estábamos en contacto. Aunque siempre habría ese corto silencio que nos llevaba ahí, ninguna de las dos lo mencionaba, ni nunca sacábamos el tema a colación.
Tal vez porque era algo que necesitábamos olvidar…
— ¿En qué piensas? —preguntó Edward, bajando la mirada hacia mí.
Sonreí en un suspiro.
— En todo lo que ha pasado. En cómo llegamos hasta aquí.
Él apretó mi mano con ternura.
― Eres valiente ―susurró, dejando un beso en mi sien.
No lo era.
Jasper salió de la cárcel hacía unos meses. Aunque no lo hemos vuelto a ver y sabíamos que vivía lejos, según dicen, estaba bajo vigilancia y sin posibilidad de acercarse. Pero a veces, el miedo venía como un eco del pasado. Edward se daba cuenta, lo sentía. Podía leerlo en mi mirada. Y por eso, sin que yo le dijera nada, me susurró:
— Nada va a pasarnos. Lo prometo.
Y yo le creía.
Renee… bueno. Estaba en prisión. Asaltó un supermercado hace un año, con un cuchillo en el bolsillo y los ojos perdidos en otra realidad. Ya no me dolía. Solo me confirmaba que algunas personas se marchan de nuestras vidas mucho antes de desaparecer físicamente. Y que soltar también era un acto de amor propio.
Dejé de trabajar cuando Elisa nació. Fue una decisión que tomé sin culpa, por primera vez. Me dediqué a mis hijas, a nuestra casa y a mis estudios. Me gradué en línea. Psicología. Un título que ahora colgaba en la pared de nuestro hogar, junto a un dibujo de Emmy y una hoja con la palabra mamá escrita con crayón por Elisa.
A veces atendía algunos casos. Desde casa, por videollamada. Nada ambicioso. Solo mujeres que como yo, sintieron que su historia se había roto en mil partes. Y que ahora querían aprender a reconstruirse.
— Mamá, ¿puedo llevarme a Eli al columpio? —preguntó Emmy, interrumpiendo mis pensamientos.
— Claro —respondí—. Pero no tan alto, ¿sí?
Ella asintió con una sonrisa paciente y tomó la mano de su hermana menor con una ternura que me desarmaba.
Las vi alejarse. Dos versiones de mí misma, quizás. Una más libre. Otra más fuerte. Las dos más valientes de lo que yo fui a su edad.
Edward me rodeó con su brazo y me acercó a él.
— ¿Lo harías todo otra vez? —preguntó en voz baja. Sabía que se refería a luchar como en el juicio.
— Todo —respondí, sin dudar.
Porque sí. Lo haría. Cada noche en vela, cada lágrima, cada audiencia, cada miedo, cada momento de pérdida. Todo me trajo hasta este banco, en este parque, viendo a mis hijas reír mientras el hombre que amaba me abrazaba en silencio.
No tenía una vida perfecta.
Tenía una vida verdadera.
Y en este momento, eso me parecía aún mejor.
Y mientras el viento de otoño mecía el cabello de mis hijas y el calor de Edward me envolvía como un refugio, lo entendí todo con una claridad tranquila:
No se trataba de volver al pasado para repararlo… se trataba de caminar hacia el futuro con la certeza de que, a pesar de todo, elegí bien.
Elegí el amor.
Elegí la paz.
Elegí vivir.
Hola, un vistazo cinco años después ¿qué les pareció?
Dijeron que si la hija de Alice era de Mike, y no, es así. En mi imaginación siempre supe que tendría su niña pero sería una madre soltera.
Gracias totales por leer
