Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer, la trama es completamente mi invención.
Outtake
Nunca me ha gustado mucho ir a fiestas, pero esa noche había hecho una excepción. Lauren sabía cómo insistir. Y yo, bueno, yo sabía que si seguía quedándome solo en el departamento los fines de semana, iba a terminar hablando con mis plantas.
— Te va a gustar —me dijo—. Es solo una fiesta, feo. Ríete un poco, socializa. Quizá conozcas a alguien que no hable de motores de aviones.
La miré con los ojos entrecerrados. ¿Qué tramaba?
— Lauren, no quiero conocer a nadie —advertí.
Ella se llevó la mano al corazón.
— Feo, me ofendes.
Bufé mientras me dejaba arrastrar por su poca fuerza.
Accedí. Tenía veintidós años, una beca mal pagada en el laboratorio de dinámica y cero vida social. No tenía mucho qué perder.
Recuerdo que estaba apoyado contra la pared del salón, cerveza en mano, observando a la gente bailar como si el mundo no importara. El volumen de la música me dolía en los oídos y estaba considerando seriamente volver a casa cuando Lauren apareció otra vez, arrastrando a una chica junto a ella.
— Edward, esta es Isabella Marie. Bella para los amigos. Acaba de entrar a la universidad. Sé amable.
Le bastó decir su nombre para que yo la mirara de verdad.
Bella.
Tenía dieciocho, aunque parecía más madura que cualquiera en ese lugar. Su vestido era sencillo, negro, suelto. No llevaba mucho maquillaje, pero eso solo hacía que sus ojos se notaran más. Había algo en su forma de pararse, en cómo sostenía el vaso entre las manos, como si no terminara de decidir si quería estar ahí o no.
— Hola, Bella —le dije—. ¿Te gusta bailar?
Me dijo que no era buena. Sonrió un poco, con esa honestidad tímida que me desconcertó. Nadie era así de sincero la primera vez que te conocía.
— Perfecto —respondí—. Yo tampoco.
Le ofrecí mi mano. Dudó un instante, pero luego me la dio.
Tocarla fue como algo extraño. Como si ya supiera cómo iba a sentirse. Como si mis dedos hubieran estado esperándola.
No bailamos, en realidad. Más bien nos reímos. Ella me pisó el pie tres veces. Yo la empujé sin querer al chocarme con alguien más. Pero no me importaba. La estaba viendo de cerca y había algo en ella, algo que no podía entender todavía, pero que me hacía desear que esa noche no se terminara.
— ¿Te gustaría salir a tomar aire? —le pregunté cerca del oído.
Asintió.
El balcón era más silencioso. Y me gustaba porque estaba apartado del bullicio.
Se apoyó en la baranda. Yo la observé de perfil; su cabello se movía con la brisa y tenía la mirada perdida en las luces de la ciudad. Había una calma en ella, incluso en medio de ese ruido. Una especie de tristeza callada, como si hubiera aprendido a vivir en pausa.
— ¿Y entonces? —le dije—. ¿Qué estudias?
— Psicología, creo. Aún no estoy muy segura —se encogió de hombros—. Todo esto todavía me parece un poco irreal.
Asentí.
— Te entiendo. Yo cambié de carrera dos veces antes de decidirme.
— ¿Y ahora?
— Ingeniería aeroespacial.
Me miró sorprendida. Sin embargo, de sus labios apareció una sonrisa cautivante.
— ¿Eres de esos cerebritos que diseñan cohetes?
— Uno de esos —me reí—. Pero solo si hay café y pienso dedicarme más a la aviación.
— A mí no me gusta el café —admitió.
— Seguro que amas comer pizza.
Hizo un mohín.
— Tampoco me gusta.
— No me digas que eres de esas chicas que solo comen lechuga.
— Para nada, creo que soy de buen diente.
Sonreí.
Se hizo un pequeño silencio. Y no era incómodo. Era de esos silencios que te permiten respirar. Ella miraba hacia el interior, probablemente esperando que alguien nos interrumpiera.
— Bella —exhalé sin pensarlo—. ¿Quieres salir conmigo? Otro día, claro. Donde no haya música insoportable ni bebidas calientes.
Se giró para mirarme. Me sostuvo la mirada un momento. Y luego, con una sonrisa suave pero decidida, pronunció.
— No quiero nada serio ahora.
No lo dijo con dureza. No fue cruel. Fue honesta. Otra vez, esa maldita honestidad que me desarmaba.
— Está bien —respondí, aunque algo en mí no lo creyó del todo—. Pero si algún día cambias de idea, estaré por ahí. Sin café y sin pizza.
Ella se rió alegremente. Y en ese instante, supe que no iba a olvidarla.
Bella Swan. Aunque me gustaba más como sonaba, Isabella Marie.
Mi no quiero nada serio, favorito del mundo.
Este fue su primer encuentro. Bella no quería nada serio, ella estaba decidida a enfocarse en sus estudios, pero la vida tenía otros planes para ellos dos. Pienso que siguen pasando su tiempo en familia, y sacando espacio para ellos en pareja, aún son muy jóvenes, solo que ya decidieron no tener más hijos. Así que ellos son solo una pareja más en este infinito mundo ficcional.
Te agradezco infinitamente que hayas llegado hasta aquí, gracias por darle una oportunidad a la trama, gracias sinceras por seguir aquí después de tantos años, gracias di apenas te uniste, gracias siempre por seguirme. GRACIAS. Confío que nos sigamos encontrando en estos lares.
Gracias en especial a Li que está ahí siempre, dándome el ánimo que necesito. A todos mis lectores, presentes, activas y silenciosas, siempre gracias.
Gracias totales por leer
