Nota de Autora: Habitualmente, coloco estas notas al final de cada capítulo, pero está vez hice una excepción porque les quiero pedir disculpas de haber demorado excesivamente. Creo que me he ausentado (y no quiero exagerar pero) casi por medio año, ¿No? En fin, ya he tenido suficientes vacaciones creo yo. Así que, ¡actualizando!
Espero les guste este capítulo. Realmente espero que lo disfruten.
De antemano, gracias por los votos/kudos y por todo el apoyo que está recibiendo este fic. Últimamente me han llegado varias notificaciones de que hay más lectores que están agregando esta historia a sus listas de lecturas y a sus ¡Favoritos! O sea, ¡Estoy muy feliz! Que alguien favoritee tu historia es algo muy bonito.
Muchas Gracias (•ᴗ•)*。
2 de marzo de 2008
Harry se sentía abrumado por la Inmensa cantidad de trabajo que tenía:
Ahora mismo se encontraba agarrándose la cabeza con ambas manos, despeinándose aún más su cabello, mientras se recargaba con los codos sobre su elegante escritorio.
Abrumado, contemplaba las pilas de cartas enviadas por familias que solicitaban iniciar un proceso judicial contra Ron. En todas ellas, aseguraban tener pruebas suficientes contra él. Concretamente, aseguraban poseer recuerdos pertenecientes a quienes habían sido sus víctimas.
De repente Ron tenía muchas personas que querían verlo ejecutado, o retorciéndose en Azkaban.
Todo esto es una locura... era lo que Harry repetitivamente tras leer cada carta.
Algunas de las personas que enviaban esas peticiones formales, adjuntaban una copia del recuerdo en cuestión. Argumentando que no era seguro enviar los originales, ya que habían sido advertidos de que en el Ministerio solían desaparecer aquellas evidencias que, "casualmente", incriminaban a Ron... Algo que a Harry le llevaba a recordar, que dentro del Ministerio aún existían esas personas que a cambio de una generosa cantidad de Galeones, harían lo que sea...
Cuanto más investigaba, más se desfiguraba la imagen de quien había sido su mejor amigo. Había llegado al punto de no caberle en la cabeza cómo Ron había podido cometer tantas injusticias, y atrocidades en algunos de los casos.
Harry creía que su cabeza iba a estallar por tanta información... pruebas... testimonios... recuerdos de víctimas desmemorizadas al mejor estilo Lockhart. (Aunque ni Lockhart había cometido crímenes del calibre de los de Ron.)
Inevitablemente, todo este asunto llevó a Harry a realizar una inspección de sus propios recuerdos:
Recordó que Ron siempre había perseguido la fama, la riqueza, y ni hablar de cuantas veces lo había visto babear por mujeres atractivas (aún cuando éste le aseguraba estar muy enamorado de Hermione).
Habían sido muy pequeños cuando él mismo le había enseñado a Ron el espejo de Oesed, y mientras él deseaba tener a sus padres con vida y a su lado; Ron deseaba lo que años después consiguió a fuerza de extorsiones, tretas y crímenes.
Harry siempre había pensado que Ron solo era alguien que ambicionaba el éxito para dejar de sentirse una sombra al lado de él y de Hermione. Pero ahora entendía que Ron siempre había dado muestras de la clase de persona que iba a ser; solo que nadie lo había advertido. Ni siquiera Hermione. Pero él no la culpaba por no prever con quien iba a casarse, después de todo, dicen que el amor es ciego...
Unos golpes en la puerta de su despacho le sacaron de sus reflexiones...
—Adelante —autorizó Harry, sin muchos ánimos de recibir a nadie.
Una joven Auror, llamada Yvana Baker, ingresó en su despacho sin una pizca de formalidad.
—¿Qué hay, Jefe? —saludó la joven
Harry soltó un suspiro, bajó un segundo la cabeza y preguntó:
—Baker, al menos dime que traes noticias acerca de lo que te pedí.
—Traigo dos noticias muy interesantes para usted: una es buena, y la otra no tan buena. ¿Cuál prefiere escuchar primero?
—Cualquiera de ellas.
—Esta bien, le daré la mala noticia primero. Porque en cuanto le de la buena, se va a sentir muy orgulloso de mí —dijo Yvana, hablando apresuradamente, mientras se hurgaba la oreja con el dedo índice.
Harry se aplastó más en su asiento, pareciendo una pelota que estaba desinflándose de a poco.
—Prepárese, jefe, que aquí se vienen las noticias. ¿Se siente preparado?
—A estas alturas del día me siento más exhausto que preparado para... lo que sea... —rezongó Harry.
—Ok, ok... La mala noticia , jefe, es que... aquella joya que usted me ordenó rastrear... me refiero... la joya de su amiga...
—Sí, continúa —Dijo Harry, empezando a perder un poco la paciencia.
-—Esa pulsera de tobillo... que usted ya sabe... muy cara, muy lujosa.
-—Sí, Baker. Ya sé de qué estamos hablando. Yo mismo te confié los recuerdos de la madre de Hermione, para que supieras con claridad lo que estás buscando. ¿Encontraste lo que te pedí que rastrearas?
—No, señor... No la encontré —respondió Yvana con una triunfal sonrisa en su rostro.
Harry se levantó de su asiento, y caminó un poco frente al ventanal de su despacho. Tenía rostro pálido por causa de los corajes que le causaba esa chica.
—Le juro, jefecito, que busqué debajo de cada escombro, entre los restos de los muebles, en los jardines, incluso busqué en las alcantarillas. Pero no la encontré, y eso es una buena noticia.
—¡¿Qué?! —chilló histérico, mientras volteaba para mirarla —Yvana... ¿dónde tienes la cabeza?
—Sobre los hombros, señor —respondió, mirándolo como si él fuese el desorientado y no ella.
—¿Por qué hiciste eso? ¡Para qué! La zona de investigación ya está delimitada, Baker. No tenías porqué irte a la mierda (literal y metafóricamente hablando).
—Quería descartar toda posibilidad de que la joya se encontraba allí, antes de empezar a desviar mi búsqueda.
—¿Qué... qué quieres decir? —preguntó Harry, frotándose la frente para disipar así su enfado.
—Tengo una hipótesis, señor. Y es, que alguien robó la joya en el preciso instante en que su amiga se encontraba inconsciente y moribunda. Por eso, ella jamás registró el momento en que la "perdió" —explicó Yvana, haciendo el gesto de comillas con los dedos
—Esa es una buena hipótesis, Baker... excepto por un minúsculo detalle —refutó Harry —Tu hipótesis implica, que alguien perteneciente al cuerpo de Aurores o al cuerpo de sanadores ha robado. Y eso es casi imposible... ¿entiendes lo que estoy diciendo? ¿entiendes la gravedad de tu acusación implicada en tu hipótesis?
—Sí, señor, pero...
—Saca de tu cabeza esas ideas locas tuyas, ponte a trabajar. Quiero que regreses al campo de rastreo y busques con mucho ahínco por los jardines. Seguramente fue allí donde Hermione la perdió. Y por favor, no me hagas perder mi tiempo, ni dificultes la tarea de tus colegas. Te di este trabajo sencillo, porque sé que no puedo exigirte más. Bien, ahora vete. Y pon ese hocico tuyo a trabajar en serio. Enfócate únicamente en lo que te pedí.
Yvana bajó la cabeza para ocultar lo mucho que quería echarse a llorar. Ella estaba dando lo mejor de sí como sabueso rastreador y su jefe no se lo valoraba. Ni siquiera la escuchaba... Ella confiaba plenamente en su olfato, porque en verdad era infalible. Pero empezaba a pensar que jamás tendría oportunidad de demostrárselo al señor Potter.
—¿Por qué sigues aquí? —le preguntó Harry, sin despegar su vista de lo que estaba leyendo.
Para ocultar su desanimo y las lagrimas, Yvana adoptó su forma de animaga: ella era una Golden Retriever.
Triste, la Golden se marchaba de la oficina de su jefe, pero recordó que no podía abrir la puerta con las patas. Así que con sus garras, comenzó a rasgar la madera
Harry levantó la vista para mirarla. Hizo un momento de silencio, y luego fue hasta allí diciéndole:
—Deja de estropear la madera... Yo abriré la puerta para ti.
Harry la dejó salir del despacho, y vio que ella se marchaba con la cola entre las patas...
¿Habré sido demasiado duro con ella? se preguntaba. Pero luego disipó ese pensamiento; pues si ella en verdad deseaba mantener su puesto, le convenía entender rápido la seriedad del trabajo. Y él no la consideraba lo suficientemente seria ni apropiada para desempeñar una labor investigativa.
Minutos después, volvieron a llamar a su puerta. Y creyendo que Yvana había regresado para insistir con lo de su "hipótesis", Harry dijo en voz alta:
—¿No te pedí que te pusieras a trabajar?
—Y eso mismo estoy haciendo, Potter —le respondió Kingsley, ingresando en el recinto.
—Señor Primer Ministro —dijo Harry, poniéndose de pie y apresurándose en mostrar respeto y protocolo.
Kingsley rió, y tomó asiento frente al escritorio de Harry.
—Siéntate, Potter. No te comportes como si yo fuese la Reina —dijo el Primer Ministro —Vine para designarte algo... Merlín Santo, en verdad estoy agotado con todo esto de la "Tragedia de Invierno".
—También yo —compartió Harry.
—Y esto recién empieza... Necesito que le entregues a Hermione esta citación (más que nada, para evitar intercepciones, falsificaciones y todo lo que ya sabes). Sé que ustedes se ven con frecuencia y pensé que sería ideal que tú mismo se lo entregues.
—De acuerdo —aceptó Harry, mientras tomaba el pergamino lacrado con el sello oficial del Ministerio —¿Usted sospecha que el Diablo podría "aparecerse" en este asunto?
—No lo sé, Harry... No pareciera que esté involucrado esta vez. Pero, no debemos olvidar que este señor es un oportunista, y tengo buenas razones para creer que Weasley ha contratado sus servicios. Es por eso que no debemos perder de vista a Ronald: asegúrate de reforzar su vigilancia, Potter. Tengo buenas razones para suponer que el falsificador podría estar trabajando en favor de Weasley...
Harry asintió obediente porque, por supuesto, jamás iba a contradecirle a la persona que le había designado el cargo que hoy ocupaba. Pero ni a Harry ni a Kingsley se les ocurrió pensar, que el Diablo deseaba que ellos creyesen que jugaba del lado de Ron...
viernes, 7 de marzo de 2008
Hacía una semana que Hermione había recibido el alta médica.
Después de abandonar San Mungo, ella se mudó a casa de su tío Alec Granger. Donde allí también se encontraba su madre. Estaría acompañada de su familia el tiempo que necesitara hasta recuperarse por completo.
Según la medimaga Ross, Hermione debía continuar con los tratamientos de inmersión; y por lo tanto, debía concurrir al hospital con cierta regularidad; o en su defecto, realizarse los tratamientos en casa. Sobre todo, cuando ella sintiese que las secuelas del Glacius Letalis se presentaban como entumecimientos de sus extremidades, o en el peor de los casos, como un sentimiento de congelación lenta y progresiva.
Ese sentimiento de congelación que subía por sus pies y avanzaba, debían encender en ella una alarma para evitar que llegue a la altura de su corazón y pulmones: la manera más rápida que tenía a su alcance para neutralizar eso, era tomando baños de inmersión. También tenía recomendado realizar ciertos tipos de actividad física con el propósito de elevar naturalmente su temperatura...
Lamentablemente para Hermione, su cuerpo no había sanado de manera ideal y aún le quedaban secuelas a causa del maleficio de congelación. Pero a ella no le pesaba el tener que continuar con el tratamiento, tampoco le desagradaba mantenerse activa; ni las pociones que debía consumir como parte del tratamiento. Lo que le molestaba, era la rigurosa dieta que debía seguir para poner en orden su metabolismo: tenía prohibido comer pastas, o cualquier producto hecho de harina, y tampoco podía consumir azúcar en ninguna presentación. Su dieta ahora se basaba en proteínas, grasa; y por último frutas, todas las que ella deseara comer.
Y Hermione agradecía que al menos no tenía prohibido consumir frutas, porque era lo único dulce que podía saborear en esos momentos... Y es que estaba amargada de su vida:
Entre sus manos sostenía el Curriculum Vitae que presentaría en esa completa y necesaria farsa. Esa entrevista de trabajo representaba la seguridad de Remus y su equipo; pero también el adiós a los pocos momentos de felicidad que tenía en su haber. Y aunque no deseaba cederlos, iba a hacerlo. Porque no se encontraba muy lejos el día del juicio. Ya el Ministerio se lo había notificado a través de Harry.
Quería llorar. Pero no debía. En todo caso, debía poner el semblante de alguien que va nervioso a su entrevista, y no el semblante de alguien que parece estar yendo a su propio funeral.
De pronto, llamaron a la puerta del dormitorio que ahora ocupaba.
—¿Hija?... ¿Puedo pasar? —preguntó la señora Granger, del otro lado de la puerta blanca.
—Sabes que sí.
Su madre ingresó, y ambas se miraron a los ojos...
—¿Sabes qué, Cariño? Creo que no deberías ir porque... Krakenwell es un lugar muy frío, y no creo que el clima del puerto te vaya a sentar bien en tu condición. Además...
Hermione esquivó la mirada de su madre...
La señora Granger lo sabía. No tenía pruebas, pero tampoco tenía dudas de que su hija estaba haciendo algo que le causaba mucho dolor. Pero no sabía exactamente qué había detrás de esa "entrevista", y con lo cual, no sabía de donde agarrarse para evitar que ella fuera.
—Debo ir, mamá. No puedo fallarle —confesó Hermione.
—¿Fallarle a quién?
—Al señor Bellingham —mintió.
—No estás obligada a ir —le contradijo su madre —Y tampoco estás obligada a aceptar el puesto que te ofreció el Bellingham ese... Hija, si es por dinero, no te preocupes: yo seré tu apoyo hasta que te recuperes enteramente. Sinceramente, prefiero que retomes tus estudios, que te gradúes; que recuperes tu salud, que salgas a hacer ejercicio. No sé... ¡Incluso! acepto que te frecuentes con el hombre lobo casado; aunque sé que eso no es conveniente para ti en estos momentos, por lo del divorcio... Si esto de la entrevista te estresa demasiado, simplemente no vayas, cariño.
—Mamá, necesito trabajar.
—¡Sí, ya lo sé! Ya sé que Weasley te ha dejado sin un penique partido al medio. Pero...
Hermione dejó su curriculum sobre la mesita de noche, se puso de pie y se acercó a su madre. Cuando estuvieron frente a frente, con suavidad posó sus manos sobre los hombros de ella y trató de calmarla:
—Mamá, en verdad necesito hacer esto, y... —dijo y después intentó tragar ese "nudo" que tenía en la garganta —... no te preocupes. Solo estoy nerviosa. Eso es todo... Y no se trata de dinero. Se trata de que para mí, trabajar en esa fábrica representa laborterapia. Representa Libertad...
—Sí. Entiendo eso... —dijo la señora Granger, pensando en los años que su hija había vivido encarcelada por su esposo.
—Ya verás que cuando regrese de la fábrica, mi animo habrá cambiado radicalmente. Estaré más dispuesta a reiniciar mi vida... Te prometo que regresaré con la mente limpia. Como si el pasado nunca hubiese existido...
—Me encanta saber que quieres rehacer tu vida. No sabes cuánto me encanta eso. Pero... ¿Por qué, hija? Por qué siento que ese "vivir como si no tuvieras pasado" que dices, en realidad no te está haciendo muy feliz. ¿Por qué percibo eso?
—— o ——
En el piso veintidós, piso en dónde Remus y su equipo se encontraban trabajando, solo se escuchaba el rasgar de una pluma sobre un pergamino, los tintineos que Pansy producía en su laboratorio al preparar pociones, y ocasionalmente también se escuchaban los estornudos de Feathers...
Pero en términos generales, aquel piso en el que siempre reinaba el caos, los gritos, las correteadas y el apremio por terminar una "Obra de arte", hoy estaba sumido en un extraño silencio de funeral...
Y es que el que estaba de duelo era Remus. Y todo su equipo lo sabía muy bien:
En los últimos días él había estado más irritable de lo normal, y fumaba más que que de costumbre.
Generalmente, él era un líder de buen carácter, pero en esos días no había hecho otra cosa más que sacar a relucir sus feas garras y sus temibles colmillos de hombre lobo. Él podía ser un hombre amable, comprensivo y muy gracioso cuando estaba de buenas; pero cuando algo le afectaba a su lado oculto... mejor alejarse.
Y eso es lo que estaba haciendo su equipo. Porque no había quien aguante a esa bestia (ni Pansy). Y siendo hoy un día especial (pero no en un buen sentido) su equipo prefería dejarlo trabajar solo en su oficina, y evitar molestarlo...
De repente, el tranquilo silencio se interrumpió por una orden que Remus rugió:
—¡Bullstrode! ¡O Feathers! Cualquiera de ustedes. ¡Tráiganme algo fuerte!
Los dos mencionados salían a los tropezones para hacer caso de la orden; pero la princesa del piso, salió tranquilamente de su laboratorio para amenazarles:
—Le arrancaré el pellejo al que le lleve alcohol...
—Pero Pansy, ¿No lo oíste? Está rugiendo... —dijo Feathers, temblando de pies a cabeza —Me da mucho miedo cuando se pone así.
—Phill, A te asusta tu propia sombra—replicó Pansy.
—Bueno, a mí también me está dando miedo el capitán, Pansy. Y yo no me asusto fácil —dijo Millicent.
—Solo no le den de beber. ¡Es una orden! —les regañó la morena —Y no se atrevan a contradecirme.
—Pansy, ese hombre ya no habla como un ser humano. ¿No lo escuchas? En vez de hablar, suelta gruñidos —dijo Millicent con mucha preocupación, mientras Feathers asentía con la cabeza.
—Pues poco me importa si ahora mismo se desgarra la piel para que salga Moony. ¡Solo hagan caso de lo que les he dicho! -—respondió Pansy con firmeza, y se dirigió a la oficina de su mentor.
Remus supo que era ella quien había ingresado, porque sus inconfundibles pisadas y su caro perfume la delataban...
—¡Tú! ¡Grandísimo irresponsable, cómo te atreves a exigir bebida cuando estamos trabajando! —rugió Pansy.
Feathers y Millicent estaban paralizados en el pasillo, escuchando todo...
—Ay no, Phill... -—susurró Bullstrode.
-—Tú cómo te atreves a hablarle así a tu padre! ¡Irrespetuosa! -—le regañó Remus, mientras daba un golpe en la mesa —Y lo que es peor, ¡Cómo te atreves a evitar que me embriague en MI oficina! ¡Bullstrode! ¡¿Qué mierda pasó con mi maldito whisky?! ¡Me estoy deshidratado!
—¡No, Millicent! —contradijo Pansy, al escuchar como Bullstrode iba corriendo a buscar lo que el capitán exigía —Y si tanta desihidratación tienes, bebe un té ¡de tilo! Preferentemente.
-—No puedo beber té de tilo, querida Pansy, porque no tengo tolerancia a eso. Me relaja tanto, que luego no tengo la tonicidad suficiente para sostener la pluma.
—"Oh, pobrecito"... —ironizó Pansy —pobre hombre lobo que con solo un sorbo de té termina tumbado en el suelo. Yo creo que debes ser el único licántropo en esta tierra, al que le tocó la desdicha de no poder tolerar un té de tilo. Pero el whiskisito de fuego sí... El whisky es una bebida ligera para ti, ¿No?
—Siempre y cuando sea en su justa medida... Pues sí —respondió él con una sonrisa ladeada.
—¿Y cuánto sería la justa medida?
—Quince —respondió Remus, mientras encendía un nuevo cigarrillo.
—¡¿Quince vasos?! ¿En el trabajo?¿Te volviste loco? —exclamó molesta.
—No, no quince vasos; quince botellas... —aclaró Remus.
Pansy dio un suspiro de cansancio, y se llevó la mano a la frente porque empezaba a tener un leve dolor de cabeza.
—Mira, sé que por tu condición, tienes más tolerancia a ciertas cosas que una persona promedio. Pero estamos en ¡horario de trabajo! Sabes que no debes. ¡Y mucho menos ahora! Teniendo en cuenta la situación en la que nos hemos metido todos: Malfoy puede aparecerse en este piso para inspeccionar, en cualquier momento, y nosotros debemos ser impecables.
—Que le den por culo a Malfoy... Y a Bellingham también...
—¡Te estás comportando de manera absurda! —le regañó Pansy —Cuando el proceso de extracción de recuerdos sea completado...
Pansy vio que Remus hacía una expresión de dolor. Pero ya iba siendo hora de hablar sobre el tema. Pues, muy infructuoso había sido evitar hablar sobre ello; así que la morena prosiguió, a pesar del evidente malestar que le provocaba a Remus:
—Hermione quedará con una sensación de confusión al salir; se sentirá extraña sin saber porqué. Probablemente Edward le haga creer que durante la "entrevista" sufrió un "desmayo"... Supongo que se aprovecharán de que ella no está en su mejor momento, en cuanto a su salud respecta, para dar esa excusa y solapar con eso la extracción.
—Sí. Lo sé... Yo también pensé en eso —Respondió él con aparente desinterés, mientras fumaba.
Pansy bajó la cabeza, porque lo que quería decirle a continuación, no sabía cómo lo tomaría él:
—Creo que deberías hablar con ella después... después de la extracción, no sé... Tal vez invitarla a tomar un café, o a caminar un poco, o simplemente hacerle compañía. Ella lo va a necesitar mucho.
—Ella no me necesita. Me ha dejado eso muy en claro... Si me necesitara, no me hubiese traicionado.
—¡No seas idiota! Lo que menos ha hecho Hermione es traicionarte. Todo lo que está haciendo es ponerte a salvo; y también a Feathers, a Bullstrode y a mí. Aún cuando no nos debe nada a nosotros tres. Y sin lugar a ningún tipo de duda, sé que esta decisión que ella ha tomado le provoca tanto dolor como a ti... No olvides que ella también sufre los efectos residuales de la Hipnagogia, y necesita de tu compañía. Como tú la necesitas.
—Pansy... —interrumpió Feathers, asomando su cabeza por la puerta de la oficina —Malfoy...
—¿Él ya está aquí otra vez? —preguntó molesta.
—Sí... Y quiere hablar contigo, conmigo, y con Remus —respondió muy serio.
—Dile que pase... —ordenó el licántropo
Draco ingresó en la oficina de Remus con su caminar altanero, presumiendo su impactante uniforme de inspector. Esta era la tercera vez en el día que el platinado les visitaba...
—Ahora he venido a tomar medidas drásticas —anunció Draco, y luego agitó su varita como si quisiera darle un latigazo a Remus. Pero lo que le hizo en realidad, fue colocarle en el tobillo un grillete mágico para mantenerlo preso del escritorio.
—¡Pero qué puta es esto! —gruñó Remus —¡Malfoy! ¡Quítame esta porquería del tobillo!
—Señor inspector. Así es como debe referirse a mí, Lupin. Y no puedo quitarlo: El grillete está hechizado. Solo se abrirá cuando la entrevista de la señora Weasley haya concluido.
—Ella se está divorciando. Así que no la llames "señora Weasley" —le rugió Remus, conteniendo los insultos —Ella ya no es la señora Weasley.
—Sí, Lupin. Ya sé que está en proceso de divorcio. Pero hasta tanto no termine de efectuarse dicho divorcio, continuará siendo... La mujer de Weasley...
Remus enfureció más al oír eso; y Draco sabía lo que estaba provocando. Al platinado le divertía mucho ver como Remus forcejeaba por zafarse del grillete; mientras literalmente, gruñía como un animal rabioso. Le resultaba muy cómico. Aunque ciertamente, no le hubiera parecido tan divertido si el hombre lobo hubiese estado libre y suelto.
—No entiendo porqué te pones tan rabioso, Lupin —dijo Draco en tono inocente —Empiezo a pensar que crees que Hermione es de tu propiedad... "Oh... Lo había olvidado" ustedes los roñosos tienen esas tendencias cavernícolas... Bien, mi trabajo aquí, ya está hecho. Vamos Parkinson, muévete, Bellingham quiere verte a ti y a la gallinita que está detrás de esta puerta...
Draco abrió la puerta dejando al descubierto que Feathers había estado pegado a ella, escuchando todo lo que sucedía adentro.
—Prefiero que se refiera a mí como la Señora Snape, si es tan amable, señor inspector... —replicó ella. En venganza por lo de Remus.
Por esas palabras, Draco se quedó paralizado unos segundos bajo el umbral de la puerta. Pansy le había hecho un touché traicionero...
—Apresúrate, Parkinson... —fue lo último que Draco le dijo, con mucha acidez en su voz... Acto seguido, el rubio tomó a Feathers del brazo y se lo llevó como si el chico fuese un objeto inanimado.
Remus dejó de forcejear, porque ya había entendido que era inútil hacerlo. Y se dejó caer rendido en la silla sin más remedio...
—Menuda puñalada le diste. Pude sentir cuánto le dolió ese señora Snape. Aún no supera que lo hayas cambiado por su padrino —la felicitó Remus.
—¿Puñalada? ¿Cuál puñalada, Lupin? —preguntó Pansy —yo solo seguía la lógica de él: comono me divorcié de Severus; sigo siendo siendo su mujer. Ahora... Que Draco no sepa lidiar con eso, pues ese es su problema.
Remus rio suavemente, y ella admitió:
—Esa fue por ti.
—Lo sé.
—Lamento no poder liberarte. Pero creo que esto en gran parte es culpa tuya. No debiste decir que la acosarías hasta hacerla jadear. Creo que por eso Bellingham tomó "medidas preventivas" contigo.
—De todas maneras... No tenía pensado hacer lo que dije —dijo Remus — Es la segunda vez en mi vida que me lo prometo, Pansy (pero está vez cumpliré) no... No volveré a acercarme a ella. Dejaré que ella rehaga su vida. Y no me acercaré...
Pansy suspiró cansada...
—Debo irme ya —dijo ella. Ya no iba a tratar de persuadirlo. Y además tenía otras cosas que hacer, y estaba segura de que él no podría cumplirse a sí mismo por mucho que prometiera —Quiero que estés tranquilo, yo cuidaré bien de ella. Y seré muy sutil con su mente.
Remus asintió sin decir palabra alguna, y luego bajó la cabeza.
A Pansy le partía el alma verlo así, porque sabía que había más en ese interior de lo que se veía a simple vista...
Finalmente ella se marchó de la oficina, pensando en que debía centrarse en cumplir muy bien con su trabajo y en velar por el bienestar mental de Hermione.
—— o ——
Cuando la morena ingresó en la oficina de su jefe, pudo sentir claramente la tensión del aire.
En la oficina solo habían tres personas esperándola: Edward, Feathers, y una deprimida Hermione Granger.
—Pansy, te estábamos esperando... —dijo Bellingham con su habitual amabilidad —Bien... Supongo que no son necesarias las presentaciones, pues ustedes dos ya se conocen...
Hermione y Pansy asintieron casi sin darse cuenta de ello.
—Pansy, Phill... Hagan lo que tienen que hacer. Yo les dejaré solos para que trabajen con la señorita Granger... —dijo Edward y se marchó de la oficina.
En el silencio incómodo, Hermione se puso de pie, y aunque temblaba enteramente, se atrevió a preguntar:
—Pansy... él...
—Aunque no lo admita, él está destrozado. Y no, no vendrá a verte —dijo la morena, un poco molesta con Hermione.
La castaña no pudo contenerse más y acabó soltando las lágrimas que había reprimido todo ese tiempo.
—Pansy... —le reclamó Feathers.
—¿Qué? —respondió ella de mala gana.
—No seas tan dura con ella... —dijo Phill, siendo compasivo —solo mírala: no se lo está pasando bien.
Pansy hizo una inspiración profunda y luego le habló a Hermione de manera más amable.
—Ya no llores... Se le pasará. Confía en lo que te digo, yo lo conozco bien.
—No... —lloraba Hermione —No me lo perdonará nunca, Pansy... Él siente que yo lo he traicionado.
—¡Mi padre es un imbécil! que debería estar aquí besándote los pies como si fueras su diosa protectora; y no dejando que te mueras por él —dijo Pansy, admitiendo que Remus no es perfecto y ella bien lo sabía —Y como segunda al mando, debo decirte que (salvo él) el resto del equipo te agradece lo que estás haciendo.
—Sí. Es cierto —reconoció Feathers —Todos respiramos tranquilos gracias a ti.
Hermione volvió a tomar asiento, preparada para lo que ya sabía que le harían...
—Tarde o temprano... él acabará tragándose su orgullo y corriendo a tus brazos, ya lo verás. Y todo este drama, literalmente, quedará en el olvido —le dijo Pansy, muy convencida de lo que había dicho.
Luego, ella y Feathers se pusieron en la tarea de realizarle a Hermione la extracción y modificación de determinados recuerdos...
Cuando despertó, se sentía aturdida, confundida y como si su cuerpo pesara lo que una pluma. Como si de un solo golpe le hubiesen arrancado un gran peso de encima...
De lo primero que Hermione fue consciente al abrir sus ojos, es de que se encontraba recostada en un diván y que alguien la sostenía con cuidado. Poco a poco su visión dejaba de ser borrosa, y frente a ella se hacía más nitida la imágen de Edward Bellingham...
«Mi jefe...» recordó, o mejor dicho, se activó el recuerdo implantado.
—Oh... ¡Que alivio, señorita Granger, al fin despierta! Nos preocupamos tanto por usted —fingió Edward —Nunca imaginé que se desmayaría de la emoción.
—¿En qué momento me desmayé? —preguntó confundida.
—Usted se puso tan feliz cuando le dije que está contratada, que acabó desmayándose —dijo Edward, soltando una risa divertida y encantadora —¿No es cierto, Remus?...
—Así es... —asintió con voz relajada.
Fue allí cuando Hermione se dió cuenta que los brazos que la sujetaban eran de él...
Ella se sentó, escapando solo un poco de sus brazos, para voltear a mirarlo. Y cuando Remus percibió su mirada le dijo:
—Leona... ¿Cómo te sientes?
—Me siento algo mareada... —respondió y comenzó a temblar en los brazos de él.
Sin importarle que el jefe se encontraba allí, Remus llevó su mano al rostro de ella y la acarició con tanta ternura...
Hermione sintió que todo su cuerpo recibía esa caricia como lo más anhelado en toda su vida.
—Remus, creo que deberías acompañar a la señorita Granger hasta la Hollinería. Solo para asegurarnos de que ella llegue bien a casa.
—Sí... me encargaré de ello... —aceptó Remus. Aunque esa tarea inicialmente iba a ser de Pansy, pero la morena argumentó "estar demasiado ocupada para acompañarla"...
Nota adicional: no se preocupen, estaré subiendo la continuación la próxima semana.
Pronto nos estaremos leyendo (•ᴗ•)
Gracias por leer.
