Remus la esperaba bajo el umbral de la puerta de la oficina. Estaba muy nervioso porque sabía que momentáneamente se quedaría a solas con ella. Tanto era así, que le sudaban las manos y el corazón le galopaba con violencia en el pecho.

Desde el sitio donde la esperaba, podía escuchar con claridad las últimas indicaciones que Bellingham le daba a Hermione:

-Tiene que regresar el lunes, a las siete de la mañana, y pasar primero por el consultorio del Doctor Ponds. Él le realizará unos chequeos para que le confeccione su ficha médica. Y es obligatorio. Forma parte de las políticas de mi fabrica: para mí un trabajador sano es sinónimo de producción.

-Entiendo -asintió ella.

-Y luego, deberá ir al departamento de textiles, que es en el segundo piso, allí debe permitir que le tomen las medidas y en base a ellas, se le proveerá de la indumentaria de trabajo, y también el maletín reglamentario con el logo de la fábrica. Por último, usted deberá ir al piso veintidós, dónde su jefe de piso, es decir Remus, le otorgará su credencial y un distintivo. Y bien, Hermione, eso es todo. El lunes próximo usted empezará con su trabajo.

Edward estrechó la mano de Hermione a modo de despedida y ella correspondió el apretón.

-Gracias, señor Bellingham.

-Ni lo mencione -replicó él -Hasta la próxima semana.

-Adiós -se despidió Hermione.

Después de que ella saliera de la oficina, Remus cerró la puerta...

Él no era el único que estaba nervioso y exaltado. Ella también lo estaba, y bastante:

A Hermione le temblaban las piernas y temía desmayarse nuevamente. Rogaba por que eso no le sucediera, porque ¡Dios, que vergüenza!... De pronto sus mejillas se pusieron rojas y se sintió como una boba colegiala, enamorada de su profesor...

Y lo que le preocupaba más, era que todo su cuerpo parecía tener consciencia propia y que pronto dejaría de obedecerle a la voz de su razón. ¡No podía arrojarse a los brazos de él! ¡¿En qué estaba pensando?! No debía hacer eso. ¿Qué iba a pensar Remus de ella?

-Leona... -fue él quien decidió romper ese silencio tan cálidamente tenso -yo... ¿Te gustaría ir a tomar un café? Hay una cafetería estupenda allá en el Mercado de Especias. ¿Quieres que vayamos, antes de que regreses a casa?

-En verdad me gustaría mucho, pero no puedo...

Remus no supo disimular su desánimo y Hermione al notarlo, le explicó el porqué:

-De seguro ya lo sabes, todo el mundo lo sabe. Me estoy divorciando de Ronald. Es difícil decirte esto a ti. Ron me ha impuesto una condición para firmar mi petición de divorcio: debo probar que no le he sido infiel ni una sola vez. Y él específicamente me acusó ante la corte de... de haber estado contigo.

-Pero eso no es verdad... -susurró él.

-Sí... Es decir no, no es verdad pero... le creen a él. Porque, Ron se me adelantó y presentó unos recuerdos suyos como prueba de que algo sospechoso existe entre nosotros. Y aunque no son suficientes, porque no ha podido probar nada, me tienen bajo "observaciones" por esa razón. Y mostrarme contigo en público en estos momentos no me es conveniente... Yo ya no soporto ser la señora Weasley. Quiero dejar eso atrás, quiero que todo esto termine de una vez, sin más dilaciones. Mostrarme en público contigo, sería darle razones para estirar más el proceso.

-Claro... Entiendo... -asintió Remus, sin poder aceptar lo que Ron le hacía a ella -¿Sabes lo que te está haciendo?... Está buscando de cualquier manera continuar manteniéndote controlada, subyugada. Y eso es una manera de extorsión; ¿legal? sí, legal... Pero no deja de ser extorsión: "Yo no te aprobaré esto, si tú esto o lo otro" Si no conoceré esa treta... Eso es extorsión hasta la mierda, y el que diga lo contrario es porque está siendo bien untado.

-Acabas de resumir toda mi vida matrimonial al lado de Ron -le confesó Hermione, tratando de no quebrarse pero su voz la delató -Y... él no es buen perdedor. No me dejará en paz así sin más

-Sí, ya estoy entendiendo eso... Y lo que más me cabrea es... que aún después de todo lo que ha hecho, todavía le den oportunidad de apelar. Cuando para mí debería ir directo a la cárcel, ¡sin juicio ni mierdas!

Ella sonrió. Le hacía un poco de gracia escucharlo hablar así, cuando toda su vida había tenido una imagen muy serena del profesor Lupin. Y ahora le tocaba verlo muy indignado por lo que Ron le estaba haciendo, valiéndose de tretas legales.

-En gran medida, todo esto que me está pasando ahora, es culpa mía, Remus. Porque, yo no supe frenar las cosas antes de que todo se saliera de control... Me siento una... grandísima imbécil... Una completa inútil que no supo resolver su vida...

-No... -dijo él y automáticamente, como si sus pies tuviesen vida propia, se acercó a ella y la abrazó -No es así. No te digas eso...

Para Remus era preferible que le dijesen malparido; a que le dijesen inútil. Se horrorizaba de solo escuchar esa palabra, y peor aún era sentirse de ese modo. Remus odiaba el sentimiento de inutilidad. Por eso podía entender cómo se sentía ella.

-Todos metemos la pata, Leona. Todos... No te castigues por haber cometido errores.

-Mi metedura de pata me llevó a perder demasiado. Perdí cosas que ya no tendrán repuesto ni reemplazo -se lamentó ella -Ojalá solo hubiera cometido un simple error.

-En defensa tuya, Leona, diré que... Hay personas que cometen peores cagadas que las tuyas. Y te lo confieso a ti, yo la he cagado muchas veces más de las que te puedes llegar a imaginar... -dijo Remus con una profunda sinceridad.

Ella volvió a sonreír, y se abrazó a él. Se sentían tan cómodos de esa manera, que hasta habían olvidado que aún se encontraban en el vestíbulo de la oficina del jefe. Pero la secretaria, Trudy, se los recordó:

La secretaria había abandonado un momento su puesto para ir a entregarle unos documentos a Bellingham, y fue allí cuando se encontró con, según su punto de vista, una muy cariñosa parejita...

-Ajem... -carraspeó la mujer y se cruzó de brazos, sin dejar de sostener un carpeta amarilla.

Remus y Hermione se distanciaron un poco, ambos incómodos, como si les hubiesen pescado cometiendo un delito o algo por el estilo.

-Trudy... -quiso excusarse Remus. Pero la secretaria no se lo permitió:

-Usted Lupin, hace lo que quiere ¡cuando se le antoja, y donde se le antoja también!

-No, no, Trudy. No es lo que estás cre... creyendo -tartamudeaba nervioso, porque ella siempre le informaba al jefe sobre sus cuestionables actos.

-A mí el jefe me dio a entender que en cuanto la entrevista terminara, acompañaría a la señorita Granger hasta la Hollinería por seguridad de ella. Pero puedo observar que la señorita corre más peligro al lado suyo, Lupin; que regresando sola. ¿Usted por qué está acosando a su subordinada?

-¡Yo no soy un acosador, Trudy! -dijo Remus. Ahora, genuinamente ofendido -¡Qué estás diciendo! Yo no cometo abuso de poder. No hago esas cosas. Hago otro tipo de cosas, cierto, ¡pero abuso de poder no!

-Por favor, no lo malinterprete. Él y yo nos tenemos mucha confianza, porque, nos conocemos desde hace años. Y Remus jamás me ha acosado -lo defendió Hermione, calmadamente.

«No que tú recuerdes, Leona mía» pensó Remus.

-De cualquier manera, señorita -replicó la secretaria -él se comprometió con cumplir su responsabilidad de acompañarla, y nada más. Si ustedes dos son muy amigos y se quieren mucho, sepan que para eso existen los fines de semana y los lugares privados, para visitarse y charlar todo lo que quieran... Pero aquí, en los pasillos de la fábrica, no. Aquí se viene a trabajar; no a confraternizar con los colegas. ¡Y mucho menos! Tratándose de una relación donde uno de los dos se encuentra subordinado al otro.

-No. No insinúes cosas... que no son -tartamudeaba Remus, solo que esta vez lo hacía estando molesto; no nervioso.

-Yo no estoy insinuando nada, señor. Solo estoy recordándole una parte importante del reglamento de ésta fábrica, que a mí parecer, nunca está de más repasar; y en particular tratándose de usted, Lupin -se defendió Trudy -Ya que tiene una muy, muy marcada tendencia a "olvidar" las reglas. Además, dudo mucho que al señor Bellingham le agrade el hecho de que se está tomando ciertas "licencias" con su subordinada...

-¡¿De qué licencias hablas?! -se molestó Remus -¡Yo no estaba haciendo nada esta vez!

-¡Sabe de qué hablo! No sé haga el desentendido. Y usted sigue sin responder a mi pregunta: ¿Por qué sigue aquí? y no está cumpliendo con la tarea que se le asignó.

-Porque ahora mismo, estoy perdiendo mi valioso tiempo, discutiendo contigo, ¡por eso! -respondió Remus con mucha antipatía por Trudy -y... ¿Se puede saber? ¿Por qué es que tú estás aquí, y no estás Trabajando?

Indignada porque precisamente él le hiciera esa pregunta, ¡Él!

De manera defensiva Trudy respondió:

-Para que lo sepa, Lupin. Yo no ando paseándome por los pasillos por mero gusto. Vine, a entregarle a nuestro jefe unos documentos relacionados con la señorita aquí presente. Ya que necesitan ser sellados, para que luego usted pueda confeccionar las credenciales que ella utilizará.

-¿Credenciales? -preguntó un poco confundido.

-¿Ya se le olvidó que es usted quien realiza ese trabajo? -preguntó la secretaria, solo para fastidiarlo -Perdón, pero ¿Quién es el "pica papeles" de esta fábrica?

-Oh... cierto... sí, ese soy yo -dijo Remus, recordando que, efectivamente, él también realizaba ese trabajo. Y lo había olvidado, porque no era una tarea que realizara con mucha frecuencia -¡Gracias por recordármelo, eficiente secretaria!

-¡No hay de qué, señor troquelador! -ironizó ella.

-Bueno, espero me sepas disculpar, Trudy. Pero ya no puedo continuar cultivando nuestra franca enemistad. Ya que debo retirarme a cumplir con mi misión, que es, acosar a mi subordinada y cometer abuso de poder -se disculpó Remus cínicamente, logrando con eso enfurecer más a Trudy -Por favor, camarada Granger, ¿Sería tan amable de seguirme? La acompañaré pervertidamente a su destino... Y de camino a la Hollinería, podremos confraternizar sin problemas. Si usted así lo quiere, por supuesto...

Remus pasó caminando tranquilamente al lado de Trudy, dando leves golpes con su bastón e ignorando las miradas fulminantes que la secretaria le enviaba; en cambio Hermione estaba tiesa, esperando que en cualquier momento la secretaria sacara su varita y lo maldijera por la espalda...

-Vamos, camarada Granger -la apresuró Remus desde el ascensor -estoy ansioso por confraternizar con usted.

Avergonzada y sonrojada, Hermione se despidió de Trudy y acto seguido se fue corriendo hacia el ascensor. Segundos después de que ella ingresara, las puertas del mismo se cerraron.

Solo ellos dos ocupaban ese reducido espacio, y el aire volvió a ser tenso y sofocante.

Ninguno se atrevía a decir algo:

Hermione rogaba por qué él dijese cualquier cosa. Porque ella tenía la mente en blanco y no se le ocurría ni una tontería que decirle. ¿Y quién se lo creería? Hermione Granger, que siempre tenía a mano un tema interesante que discutir, que incluso más de uno le había llegado a decir que tenía incapacidad para cerrar la bocota... ahora estaba sin palabras...

-Eso que presenciaste -dijo Remus, captando toda la atención de Hermione -Por eso, no te preocupes. No es la primera vez que discuto con Trudy. Ella y yo jamás nos hemos llevado bien.

-Pensé que ella iba a lanzarte una maldición -confesó Hermione

-A decir verdad, también lo pensé. Lo percibí cuando pasé a su lado, y he de suponer que no lo hizo porque tú estabas -dijo Remus, mientras inconscientemente se tocaba una cicatriz que tenía en el lado izquierdo del cuello. Cicatriz que Trudy le había hecho al maldecirlo alguna vez...

-¿Y por qué ella te detesta tanto? -preguntó curiosa.

-Bueno... Eso es porque... me considera una persona insurrecta y vulgar. Y no comprende porqué nuestro jefe no me castiga como es debido, o porqué directamente no me echa a la calle.

-¿Crees... que ella le dirá algo a Bellingham? -preguntó temerosa -Me refiero, respecto a lo que vio.

Casi automáticamente, ella se arrepintió de haber hecho esa pregunta...

-No lo creo. Porque... no estábamos haciendo nada... -respondió nervioso -¿Qué podría decirle?... ¿Sabes qué? No sé porqué pregunto eso cuando ya me la estoy imaginando: «Oh, señor Bellingham, no sabe el crimen imperdonable que acabo de ver en el pasillo. Vi a dos viejos amigos abrazándose. ¡Merlín nos proteja de ese quebrantamiento del reglamento!»

Hermione no aguantó más, y soltó una carcajada... No sabía si eran sus nervios, o el hecho de verlo imitar a la secretaria, o el escucharlo hablar tan apresurado y nervioso; el caso era, que él le había hecho reír.

Y Remus al escuchar su risa, se relajó y se sintió complacido, para luego sentirse un tipo desdichado: Estaba al lado de la mujer que le encantaba y no podía ni debía... Estaba tan cerca de ella, y él no debía ni rozarla...

-Tienes razón -dijo ella, sonriéndole -Me preocupo por algo sin importancia. No hemos hecho nada malo.

-Sí, no te preocupes, Trudy es una alarmista. Reaccionó como si nos hubiese encontrado con los pantalones abajo... -dijo Remus, revelando sin querer lo que en realidad deseaba.

Y ahora, le tocó a él lamentarse de lo que acababa de decir. Porque el silencio tenso que había sido ligeramente ahuyentado, regresó con mucha más fuerza esta vez.

Lo que hacía la situación más difícil para ambos, era el estar demasiado cerca y escuchar la respiración agitada del otro.

De repente, las puertas del ascensor se abrieron y quien ingresó pudo sentir el aire pesado y caliente que había allí dentro...

Quien había ingresado era un hombre relativamente joven, que trabajaba en el sector de empaque. Había ingresado al ascensor acompañado de una pila de cinco cajas que él transportaba haciéndolas levitar, y que ocupaban demasiado espacio.

-Buenas tardes -les saludó a ambos.

Hermione solo le sonrió con incomodidad, mientras que Remus reconocía esa voz.

-Hola, Robert ¿Cómo te va? -saludó Remus.

-¿Edward te dejó salir temprano hoy? Que milagro -dijo Robert, mientras ocupaba uno de los rincones.

-Solo por hoy... Dudo que esto se repita -respondió Remus, diciéndolo con pesar.

En el siguiente piso, las puertas del ascensor volvieron a abrirse y esta vez ingresó más gente, lo que obligó a Remus y a Hermione a retroceder, quedando ocultos al lado de las cajas de Robert.

Remus sabía que si apenas levantaba su mano, podría tocarla, pues ella estaba a su lado, casi pegada a su cuerpo...

Al bajar un piso más, nuevamente las puertas se abrieron e ingresó más gente. Incluso habían quedado magos sin poder abordarlo, ya que el ascensor había llegado a su máxima capacidad.

Con lo cual, al retroceder un poco más, Hermione pudo sentir la respiración de Remus en su cuello, y en su espalda sentía los latidos de ese corazón alborotado...

-Dios, Remus... tú corazón... -susurró Hermione, preocupada por él.

-Eso es normal -susurró él en respuesta, restándole importancia.

-No puede ser eso normal... -replicó algo molesta, porque ¿Cómo podía él restarle importancia a su propia salud?

-Sí lo es... -le contradijo él -Cuando estoy cerca tuyo, eso es lo normal -confesó sin poder seguir callando lo que sentía.

Ella se quedó sin palabras, sintiendo internamente que se derretía por culpa de él... Que Merlín le ayudara a reencontrarse con su capacidad de articular una frase coherente; porque estaba perdida en el placer de saber que era ella quien le provocaba aquello. Lo único que se le ocurrió hacer, fue rozar su mano con la de él...

Remus aceptó esos suaves roces que ella le hacía, pero no se sentía conforme; así que aquello que comenzó en caricias sutiles, terminó en que ambos entrelazaron sus manos. Una muestra de afecto que cualquier pareja haría en público, ellos lo convirtieron en un gesto erótico que debían ocultar de los ojos de los demás.

Remus jamás imaginó que tomarla de la mano le haría sentir tanta plenitud. Era un sentimiento que no recordaba haber tenido antes. ¿Cómo un gesto tan simple podía generar tanto? Pensaba él. Disfrutándolo en silencio junto a ella...

Cuando finalmente el ascensor llegó a la planta baja, las puertas se abrieron y casi todos comenzaron a salir atropelladamente. Era el horario de salida del trabajo; por lo que todo el mundo tenía prisa por marcharse. O casi todos...

Remus y Hermione fueron los últimos en salir de allí, y cuando lo hicieron, tuvieron que dejar de tomarse de la mano.

Ambos fingían que nada había sucedido allí dentro, y en silencio, se dirigieron a las puertas principales.

Al notar que los empleados salían por las puertas que daban al jardín de la fábrica, Hermione preguntó:

-Remus, ¿No deberíamos tomar la salida del jardín?

-Sí, ese es el camino más corto, pero como dijiste que no querías que nos viesen juntos, pensé que deberíamos tomar el camino más largo y menos concurrido. La mayoría no elige el camino largo... Perdón, creo que tal vez debí preguntarte si eso te parecía bien.

-Me parece perfecto -respondió Hermione, encantada de poder caminar con él sin tener observadores encima.

Remus sonrió fugazmente al escuchar la respuesta de Hermione. Un gesto que lamentablemente ella no alcanzó a ver.

Ambos se marcharon de la fábrica y tomaron el camino que los condujo a la zona del puerto de Krakenwell...

El aire del lugar era frío y el cielo estaba cubierto de nubes densas y plomizas. El mar, era una masa turbulenta que no cesaba de golpearse contra las rocas negras que protegían las plataformas. Aún así, con todos esos avisos de que se avecinaba una tormenta, ambos caminaban muy tranquilos, ocultando que disfrutaban mucho la compañía del otro.

Internamente Remus contaba los pasos que debía dar y Hermione jugaba nerviosamente con la correa de su bolso de cuentas, mientras notaba que ellos eran los únicos locos que se atrevían a caminar por allí con el clima que había...

-Las tormentas de aquí son muy famosas por ser de las más violentas. Pueden durar de una noche a dos días -dijo Remus, logrando que ella lo mirase -Dime, además de nosotros, ¿hay otros caminando por aquí?

-No... -respondió ella, comenzando a tiritar -solo nosotros dos.

-Sí... Lo supuse... Nadie quiere estar fuera de casa cuando el clima se pone así... A veces, cuando Edward me da trabajo extra que hacer, me quedo los fines de semana. Tengo una casa muy cerca de aquí... Ocasionalmente, Teddy pasa los fines de semana conmigo, mayormente suele ir a casa de su abuela Andrómeda. Y él, detesta las tormentas de aquí. Lo ponen muy nervioso...

-Yo también tenía miedo de las tormentas cuando era niña -dijo ella, tratando de disimular que había comenzado a padecer el frío y a temblar demasiado -¿Bellingham suele darte mucho trabajo?

-Últimamente sí... -respondía Remus, mientras se quitaba su abrigo -Pero hoy no lo ha hecho...

Remus se detuvo, haciendo que ella también lo hiciera y sin preguntar, gentilmente él le entregó su abrigo.

Hermione lo aceptó en silencio, apenada porque él lo había notado sin que ella se lo dijese...

-Leona, ¿Por qué pensaste que no me daría cuenta?

-No quise decirlo, porque simplemente quería ignorarlo -respondió Hermione, intentando negar que empezaba a sentirse mal.

-¿Algo así como... "si cierro mis ojos, entonces no existe"?

Ella rio suavemente por la comparación...

-Algo así... Sí... -admitió Hermione.

-Sí... Yo también lo he hecho muchas veces, y jamás me ha funcionado.

Remus le sonrió de esa manera que a ella la dejaba totalmente desvalida...

-En realidad, no te lo dije porque aún no quiero marcharme... Quería seguir pasando tiempo contigo...

-¿Quieres estar conmigo? -preguntó Remus, dejando expuesto en esa pregunta un deseo muy íntimo que él guardaba.

-Sí -respondió ella sin dudarlo.

Él se había prometido a sí mismo que no lo haría; que ya no correría tras ella, que la dejaría en paz... Pero ella le había dado el «sí»...

Remus dejó caer su bastón, haciendo resonar los tablones de madera sobre los que estaban parados.

A ninguno de los dos les importó que alguien tal vez podría llegar a verlos, o que la tormenta estaba a nada de desatarse; se besaron. Se dieron su "primer beso" allí, en el puerto de Krakenwell...

Remus se permitió abrazarla, estrechando su cintura con ambos brazos, porque inconscientemente tenía miedo de que algo se la arrebatara.

Ese beso disolvió todo el dolor que habían traído durante esas semanas, y les trajo solo un poco alivio a sus almas... Solo un poco...

Como era de esperarse, el ambicioso licántropo deseaba más de ella; pero los besos que su castaña le daba eran suaves y sin prisa. Él no quería admitirlo, pero ella le hacía sentir que lo amaba. Y Remus consideraba que el amor era un veneno dulce que debía evitar...

«Bendito veneno» resonaba en la mente de él.

Hermione permitió que Remus deslizara sus manos por su espalda. Su cuerpo recordaba esas caricias, y respondía a ellas con total naturalidad...

Remus se autorizó a deshacerse de las horquillas que sujetaban la indomable melena de Hermione. Solo porque deseaba enredar sus dedos en ese cabello salvaje que bien recordaba...

Estaba extasiado con los labios de "su hembra"; apenas Hermione le había dado un sí, y él ya estaba delirando internamente con que pasaría el resto de su vida al lado de ella. Por esa razón intensificó el beso de manera posesiva, mordiendo el carnoso labio de Hermione, provocando que gimiera en una extraña mezcla de dolor y deseo.

-Lo siento, lo siento... -se disculpaba, susurrando contra los labios de ella -soy un bruto, lo siento, pero es que... es mi manera de pedirte que seas mía.

Remus volvió a besarla, invadiéndola con su lengua, mientras Hermione lo recibía, demostrándole que sí estaba dispuesta a entregarse, y que ya había olvidado que no debía... Y cómo no iba a olvidar, cuando él la tocaba de esa manera; ¿Cómo iba a ser sensata, cuando él le arrebata toda la sensatez con sus besos?...

-Remus... -gimió cuando él comenzó a besar su cuello; y al sentir que su piel era suavemente raspada por unos filosos dientes, rogó por que la marcara -por favor...

-Mi vida... Tú no tienes que rogarme... Soy yo el que debe rogar por ti...

Remus volvió a apropiarse de sus labios, solo que esta vez besándola con más calma. Si había alguien en este mundo con quién podía permitirse ser ocasionalmente tierno, ese alguien, era ella...

La lluvia comenzó a caer con timidez. Al principio solo eran unas gotas gruesas y heladas.

Al acariciar la mejilla de Hermione, Remus sintió como una fría gota se deslizaba por su piel. Él borró el rastro esa gota con sus dedos, delineando delicadamente sus facciones. Reforzando así el recuerdo que atesoraba...

Hermione cerró sus ojos porque esa caricia le transmitía calma. Ella sabía que esa era la manera en la que él podía mirarla. Y jamás en su vida imaginó que disfrutaría tanto ser el centro de atención de Remus, y ahora lo era. Se sentía en el cielo...

Fue ella quien acercó su rostro al de él e inició un roce entre sus labios. Roce que no se consolidaba en un beso, pero tampoco era una caricia inocente.

-Hermione... -Susurró él, empezando a perder la cabeza.

Pero ella lo ignoró y continuó, mientras se atrevía a recorrer los fuertes brazos del licántropo con sus manos.

Fueron caricias que lo impacientaron, y lo llevaron a reanudar el beso de manera desmesurada. Enloquecido la besaba, mientras volvía a aferrarse a su cintura.

-Tú me encantas... -jadeaba como un endemoniado.

-Y tú me quitas la razón -confesó agitada y llena de ansiedad.

Al fin, el plomizo cielo se decidió a dejar caer una densa cortina de agua que los empapó enteramente. Pero a ninguno de los dos le importó... Ambos se sonrieron al ser ligeramente interrumpidos por la lluvia. Sentían que nada podría arruinarlo. Siguieron besándose, y solo cuando Remus la sintió temblar entre sus brazos se detuvo.

Recordó que el que ella tomara frío en su condición no era nada aconsejable...

-Vamos a casa... Soy un idiota, tú no deberías exponerte a este clima. Vamos a casa... -dijo preocupado, tomándola de la mano.

-Pero yo... Estoy bien... -dijo temblorosa, intentando discutir, aunque ni siquiera tenía argumentos sólidos con que hacerlo...

Hermione creía que él la llevaría hasta la Hollinería para que regresara a casa, y por eso había querido protestar. Pero él la sorprendió cuando desaparecieron del puerto para aparecerse en la residencia privada en donde Remus solía pasar solo sus fines de semana...


Nota de Autora: siento que este capítulo me quedó algo cortito, pero es que ya tenía apremio por presentarlo.

Como adelanto les cuento que se vienen tres capítulos llenos de lemon. Como ya había anunciado anteriormente, de a partir de ahora, la historia contendrá muchas escenas de ese tipo.

Espero hayan disfrutado este capítulo. Y espero también poder actualizar pronto.

Como siempre, agradecida con ustedes por apoyar esta historia. Mil gracias.

Nos estaremos leyendo pronto.

Un beso enorme.