Aún tomados de la mano, Remus y Hermione corrieron por el caminito de piedras que conducía a la entrada de casa.

La lluvia estaba siendo abundante y sumamente fría. Esta convertía al camino de piedras en un piso resbaloso y traicionero. Por esa razón, se ayudaban mutuamente a mantener la estabilidad, y con eso, evitar que el otro acabara desplomado en el suelo...

Finalmente llegaron a la entrada y se pusieron bajo el resguardo del techo; allí, Hermione se abrazó a sí misma porque se encontraba en un punto en donde el frío había comenzado a calar sus huesos.

Remus, sabiendo que ella estaba sufriendo las secuelas del maleficio Glacius, se angustió muchísimo. Trataba de ocultar su preocupación por ella, pero no lo estaba logrando... Nervioso y apresurado, buscaba su varita en los bolsillos del pantalón y no la encontraba.

-Leona, no encuentro mi varita... Solo espero no haberla dejado en mi oficina... -decía preocupado, mientras continuaba buscando en los bolsillos.

Temblando, Hermione metió sus manos en los bolsillos del abrigo de Remus; con el que ahora estaba abrigada. Encontró la varita en el bolsillo izquierdo del mismo, y en silencio, se la entregó a él en su mano izquierda.

-Gracias Leona... -dijo algo sonrojado, sujetando la varita; avergonzado porque acababa de quedar como un viejo olvidadizo frente a ella.

Remus no perdió más tiempo y abrió la puerta, utilizando un conjuro para que la casa lo reconociera y permitiera pasar a su legítimo dueño. Tan pronto como la puerta se abrió, Remus la atrajo de la cintura y la hizo pasar de inmediato, para luego cerrar la puerta con el mismo conjuro de seguridad.

-Tengo... que... -intentaba decir ella, pero sus dientes le castañeaban demasiado.

-Lo sé. Lo sé -respondió él, mientras la conducía hacia las escaleras -Acabo de darme cuenta de que no tengo mi bastón... Creo que lo perdí. Pero no te preocupes, Leona, conozco esta casa como me conozco a mí mismo.

-Remus... No siento... No siento mis pies... -dijo temblorosa y preocupada.

-Tranquila, vas a estar bien. Te prepararé un baño caliente y luego ese té de jengibre que tanto odias.

-Sí, lo odio... No... no quiero eso. Por favor, no me hagas beberlo -protestaba Hermione con su voz temblorosa, mientras se dejaba guiar por él.

-Vaya que eres caprichosa -le dijo Remus, riendo por su reacción un tanto infantil.

Después de subir las escaleras, él la guió hasta su dormitorio. Ellos entraron en esa habitación, y acto seguido, Remus encendió con un simple hechizo las luces de la casa. Por supuesto que lo hacía por comodidad de ella; ya que a él eso le daba igual.

Con mucha lentitud Hermione caminó por la habitación, y fue a tomar asiento en un sillón que se encontraba junto a la ventana. Vio a través de ésta como llovía abundantemente. La lluvia apenas le permitía ver la existencia de un jardín debajo.

Remus se acercó a Hermione, y se arrodilló frente a ella.

-Espérame aquí -le pidió, mientras posaba su mano sobre la rodilla desnuda de Hermione -no tardaré mucho.

Al notar que él se ponía de pie, ella lo sujetó por la manga de la empapada camisa que él traía.

-No me dejes, quédate conmigo.

-Leona, no te abandonaré; solo iré a preparar tu baño.

Esta vez fue ella quien lo atrajo, haciendo que él perdiese un poco el equilibrio y quedara arrodillado otra vez.

Reanudaron el beso y por eso Remus olvidó por un instante que ella necesitaba levantar temperatura; pero no con el método que estaban utilizando...

-Leona, tú estás temblando... -dijo preocupado, intentando ponerse de pie. Pero ella no lo dejaba marcharse.

-Estoy bien -le contradijo y lo abrazó. Y sabiendo que él no la rechazaría, acarició una de las cicatrices que cortaba el rostro de Remus y lo besó en los labios, sin dejar de acariciar su cicatriz.

Él solo se quedó quieto, arrodillado frente a ella, suspirando por su culpa. Nunca en su vida había suspirado por una mujer y ahí estaba ahora, como un bobalicón. Pero por supuesto, jamás le contaría su vergonzoso secreto a nadie...

-Hermione... -suspiró el nombre de quien le estaba destrozando su guardia alta -Solo Dios sabe el esfuerzo sobrehumano que estoy haciendo para no aprovecharme de tí...

-Pero yo sí lo deseo... Te deseo tanto. No quiero esperar... -susurró ella.

-Mujer... En serio, no me estás ayudando... No soy de piedra... Yo, toda mi vida te he deseado.

-Entonces ¿por qué?

-Porque si tú no te sientes bien, y yo continúo, ¿Cómo crees que me sentiré después? Me preocupa que luego te pongas peor. Debemos hacer algo para que no caigas en hipotermia: Ven, acompáñame.

Remus la tomó de la mano y volvió a guiarla. Esta vez, ambos ingresaron en el cuarto de baño que se encontraba oculto tras un ancho librero repleto de libros.

-¿La estantería es la puerta del baño? -preguntó risueña.

-Sí, es que... A veces leo cuando, bueno, ya sabes... -respondió sonrojado.

Ella rió por eso, y le confesó:

-Honestamente, ya no me sorprenden tus excentricidades; ahora solo espero que aparezcan.

-Que bien por mí entonces, porque eso significa, que no te horrorizaras cuando conozcas otras excentricidades mías.

En un rápido movimiento de varita, Remus abrió las llaves del agua. La tina comenzó a llenarse de agua tibia, mientras que el espejo del botiquín se empañaba casi de inmediato.

Momentáneamente, Remus dejó su varita sobre la mesada del lavamanos. Y aunque él no sentía el frío que ella sí, sus manos temblaban. Y aún más, cuando sin decir una palabra, comenzó a ayudarla a quitarse la ropa mojada:

Primero fue su propio abrigo el que acabó en el piso, cayendo pesadamente por lo empapado que estaba. El mismo destino tuvo el bolsito de cuentas que traía Hermione; luego fue el abrigo de ella. Pero cuando Remus comenzó a desabotonarle la camisa, sus tortuosos dedos adquirieron una torpeza que hasta allí nunca habían mostrado tener. Al notar esto, Hermione tomó sus manos y sin mediar palabras, le hizo entender que ella se encargaría de quitarse la camisa. Entonces la dejó hacerlo, pero no se quedó quieto...

Sin pedir autorización, Remus paseó sus manos por la silueta de Hermione. Enteramente la tocó, con el pretexto de que buscaba la cremallera de la falda; él solo buscaba mirar su cuerpo...

Después de obtener con su tacto las imágenes que deseaba, bajó la cremallera, solo para dejar caer al suelo la molesta prenda.

Ahora, sin tela que estorbara, sus manos ya no tendrían que conformarse solo con la insinuación del cuerpo que lo tentaba. Ahora tenía imágenes explícitas de una piel suave que rogaba por calor.

Y Remus deseaba ofrecerle la hoguera que ardía por ella...

-Hermione... -la nombró con la voz del animal que se ocultaba en su profundidad -mira hacia abajo.

Ella hizo caso del pedido, y vió que bajo la tela del pantalón se insinuaba un desvergonzado bulto. Inconscientemente, Hermione lo rozó con su muslo y Remus reaccionó tomándola de las caderas, para pegarla a su cuerpo casi con brusquedad.

-¿Ves que sí quiero? ¿Ves cuánto te deseo?

-Sí... -respondió ella con agitación. Pues además de verlo, podía sentirlo...

Lo abrazó, dejando que sus manos se acomodaran tras la nuca de Remus y cuando volvieron besarse, ella enredó su mano derecha en el cabello lacio de él. Ese cabello suave y tranquilo; y tan contrastante con la personalidad de su dueño.

Sin romper el beso, continuó tocándola. Y gracias a que sus manos recorrieron la espalda de Hermione, pudo ver que ya no traía puesto el brasier, pero al bajar sus manos por las suaves curvas de la castaña, se encontró con una pequeña molestia hecha de encaje. Pero no le molestaba del todo, porque el tocar ese pedacito de tela estimulaba sus más bajos instintos...

El lobo bajo el disfraz de humano, le rugía que debía arrancar ese pequeño estorbo para poder saciar su hambre, su sed y la necesidad de refugio. Todo eso, lo obtendría hundiéndose sin obstáculos en esa fogosa hembra que en vano intentaba disimular sus gemidos.

-Me molesta... -gruñó él, dominado por la naturaleza de Lunático -Me molesta esto...

Las manos de Remus le dejaron en claro a qué se refería, cuando él enredó sus dedos en los costados de la braguita. Y aunque decía sentirse molesto por ese pedacito de tela; aún así, no paraba de jugar con los lazos de los costados, ni dejaba de acariciarle la piel y de recorrer las curvas de sus caderas.

Abandonó los labios de Hermione, porque quería marcar un camino de besos por toda su piel. Y ella, al darse cuenta de las intenciones de Remus, perdió el ritmo de su propia respiración.

Totalmente agitada, recibía los besos que él iba dejando en la piel de su cuello y entre sus senos. Pero cuando él se arrodilló para besar su vientre, Hermione sintió que un relámpago blanco iluminaba su mente, dejándola libre de todo pensamiento. En ese estado, ella permitió que Remus le quitara la última prenda que la cubría...

A él le había resultado un placer delirante el poder deslizar hacia abajo aquella diminuta prenda, mientras de paso tocaba las piernas de la excitada mujer que reclamaría como suya.

Se puso de pie frente a ella, y sin mucho esfuerzo, la tomó de la cintura, para luego sentarla sobre la mesada del lavamanos. Con suavidad él le tocaba los muslos, mientras se acomodaba entre sus piernas...

Ella soltó un gemido que no pudo disimular. Un gemido que resultó una exquisitez para los oídos de Remus... Tal vez no podía verla; pero al menos podía escucharla, podía tocarla y sentirla. Y eso iba a hacer; iba a sentirla en profundidad...

Con una sonrisa pervertida en sus labios, él empujó la erección que escondían sus pantalones contra la desnuda intimidad de ella. Hermione soltó un gemido suave y se preparó para disfrutar del segundo empujón que él le dió.

Ambos buscaron besarse, mientras continuaban moviéndose para masturbarse de esa manera...

Hermione había logrado colar sus manos por debajo de la camisa mojada de Remus; mientras él no cesaba de hacerle sentir la prueba de su deseo por ella.

No conforme con haberse ubicado entre sus piernas, Remus llevó su mano izquierda hacia abajo, y comenzó a tocar su sexo. Haciendo que ella interrumpiera el beso, para jadear desesperada, arqueando su espalda, y deseando saciar su necesidad de aire.

Remus sintió en sus dedos la humedad de ella, y fue suficiente para desear beberla...

Volvió a arrodillarse frente a ella, y sin tomarse pausas, Remus lamió la intimidad de su hembra. Y ella sollozó por causa del placer que sentía... La lengua de él recorrió cada centímetro de esa piel sensible y cálida.

Por ese instante, la mente de ambos dejó de existir. Él solo era gobernado por las decisiones que Lunático tomaba, mientras ella no pensaba. Solo se dejaba llevar por la excitación y el placer egoísta. Porque solo Hermione disfrutaba, mientras Remus sentía que su miembro iba a estallarle...

Hermione sentía que en verdad Remus deseaba comerla, cuando succionaba su carne de manera hambrienta. Para luego deslizar su lengua por cada parte de su piel sensibilizada. Su cuerpo decidió por ella el aceptar entregarse, llevándola a abrir más sus piernas. Gesto que los instintos primitivos de Remus interpretaron como un «Necesito más de ti, dentro de mí»

Remus volvió a acomodarse entre las piernas de su Leona, volvió a acariciarlas. Bajó sus manos por su piel hasta llegar a los pies. Le quitó los zapatos de tacones y después de eso recorrió el camino de regreso. Iba a tocar su sexo otra vez; quería tenerla gimiendo porque se la metiera de una estocada. Pero el momento de lujuria que estaban gozando, fue arruinado por el ensordecedor timbre del teléfono...

Ese horrible sonido, significó para ellos una violenta devolución a la realidad. Ambos estaban agitados, con sus corazones bombeando como si no fuera haber un mañana, y abrazados en una postura sexual. Así recordaron que nada de lo que habían estado haciendo debían hacer, por el bien de los dos...

-Remus... -dijo ella con voz débil -creo que tal vez, deberías contestar.

-No -replicó él, mientras dejaba descansar su frente en el hombro de Hermione -yo debo continuar contigo.

El teléfono no paraba de sonar, mientras ellos continuaban abrazados; cada quien deseando internamente que quien llamaba se cansara y los dejara en paz. Pero quién llamaba, era una persona muy insistente y muy molesta...

Remus tanteó la mesada hasta encontrar su varita, la tomó y la utilizó para atraer con un Accio el teléfono. En ese proceso, sintió que Hermione quería escapar de sus brazos, pero él la aferró de la cintura y le plantó un beso en los labios.

-¿A dónde vas?

-Tomaré mi baño -respondió ella, empezando a temblar otra vez. Ya que todo el calor de la excitación la había abandonado en cuanto el teléfono no dejó de fastidiarlos.

-Sí. Lo siento. Olvidé que lo necesitas.

Él mismo le ayudó a bajar de la mesada y luego le ayudó a entrar en la tina. Mientras ella tomaba su baño de inmersión, Remus respondió de la siguiente forma el diabólico aparato:

-Más te vale que sea de vida o muerte, infeliz; porque si no le es, te maldeciré eternamente, seas quien seas.

-¡Soy tu esposa, Remus! -respondió una furiosa Nymphadora.

La voz de Nymphadora había sonado tan estruendosa, que Hermione, quien se encontraba a un metro y medio de distancia del teléfono, la escuchó claramente. Y él corazón de la castaña se sintió estrujado por la culpa... Remus no podía ver el remordimiento que había en los ojos de ella, ni como había bajado la mirada; avergonzada de haberse dejado dominar por la necesidad...

Ella no podía entender, cómo había podido ser tan imbécil de dejarse hacer el amor, cuando bien sabía que no debía. Hasta había llegado a olvidar la existencia de la mujer que ahora regañaba a Remus:

-¡Estoy harta de tu putrefacto jefe!

-¿De qué hablas? -preguntó Remus, como alguien al que acababan de despertarlo de un golpe en la cabeza -¿Qué te hizo Edward para que lo llames podrido?

-¡Porque lo es! ¡Es un viejo podrido en vida! -replicó Nymphadora, taladrando el tímpano de Remus; tanto, que él decidió mantener el teléfono un poco alejado de su oído -Cada fin de semana, ¡ese jodido viejo! Te retiene allá; ¡y tú! Como eres terrible imbécil, ¡te dejas explotar por él!

-Para de gritar... Por favor -dijo Remus, casi ordenándole que lo hiciera -Te escucho perfectamente, ¿Sabes?

-¡No, no lo haces! Nunca me escuchas, ¡Por eso te grito! ¿Ya olvidaste lo que te pedí esta mañana, Remus? -al ver que su esposo no respondía, Nymphadora continuó -Te pedí que le pidieras a ese jamón rancio que tienes por jefe, que te dejara libre este fin de semana, ¡y que llegaras temprano a casa! Pero ya sé que no lo hiciste. Sé que no lo hiciste, porque tu amado explotador me llamó para decirme que te dió mucho trabajo para este fin de semana, ¡y que te quedarías retenido allá!

-Nymphadora, ¿en serio?... ¿Para eso me llamaste? ¿Para despellejar a mi jefe? Por cierto, gracias a ese "jamón rancio" como le llamas tú, gracias a que él me contrató; hoy no tenemos una hipoteca asfixiandonos y pudimos pagar el tratamiento de Teddy... Por si se te olvidó, te lo recuerdo.

-Gracias a él, casi no veo al inútil de mi esposo. Y cuando lo deja libre, el muy impotente llega a casa demasiado cansado para cumplir con sus deberes maritales. ¿Tengo que agradecerle eso también?

-Bueno, yo no sé que esperas de mí, Nymphadora. Tú lo acabas de decir: ¡soy un impotente! ¡No se me para! No le pidas a un impotente que haga de semental, ¡Pídele a otro que lo haga por mí, y deja de estar tocándome los cojones, quieres! ¡Ya me tienes los huevos por el suelo!

Hermione levantó su cabeza, medio sorprendida y medio asustada. Se quedó mirando a Remus, mientras lamentablemente le tocaba continuar escuchando la discusión de ellos...

-¡Y yo no sé que tanto trabajo tienes que hacer allá! ¡Eres un puñetero decorador de tarjetas! No un estratega de ventas. A ver, ¡¿Cuántas tarjetitas tienes que hacer ahora para complacer a tu jefe?!

-Muchas. Haré todo lo que me pida -respondió tranquilo, mientras pensaba en complacer a Hermione -Adiós, Nymphadora. Ah, y no pierdas tu tiempo llamando, porque desconectaré el teléfono y me ocuparé todo el fin de semana de lo que me importa. Traducido para que me entiendas: busca un hombre que me reemplace, y no me jodas porque yo no tengo tiempo para ti. Adiós, fastidiosa.

-¡Cuando regreses el lunes, te juro que te arrancaré las pelotas! Porque de todas maneras, ¡las tienes de adorno, animal! -amenazaba una colérica Nymphadora.

Y de no haber sido porque Remus colgó el teléfono, ambos hubiesen escuchado el desfile de insultos que Nymphadora profería a los gritos. Pero ahora, solo quedaron ellos dos, sumidos en un incómodo silencio...

En ese momento Remus recordó que no había nada más deserotizante que su esposa: toda la inspiración amatoria que había sentido, literalmente se había ido abajo.

Lo que Remus no podía ver, era que ese sentimiento de desgano se hizo extensivo hacia Hermione. Pues a ella le había parecido que Nymphadora había hablado enserio cuando dijo que, básicamente, lo castraría cuando regresara. En parte eso la dejaba intranquila y preocupada, pero también arrepentida... Ella pensaba que nunca debió meterse con un hombre casado. Le daría problemas a él, y ahora ella misma también estaba en problemas...

Tanto Remus como Hermione se encontraban con la mente ausente del lugar. Los dos, prisioneros de sus arrepentimientos: él se lamentaba el haberse casado; y ella, de no haber pensado en lo que estaba haciendo...

Como si estuviese en modo automático, Remus hizo desaparecer la ropa mojada que había estado todo ese tiempo tirada en el suelo (el problema era que ni siquiera estaba pensando en un lugar adónde enviar esa ropa, por lo que su subconsciente lo ordenó por él)

-Lamento mucho que hayas tenido que escuchar eso... -fue lo primero que a él se le vino a la mente decir -Pero... más me lamento de haber sido un cobarde al no pedirte a tí que fueras mi esposa, cuando debí hacerlo.

Después de confesar aquello, Remus se encaminaba para salir del baño, llevando en una mano el teléfono; y en la izquierda su varita.

-Remus -lo llamó Hermione, preocupada porque él estaba algo extraño, además de que se marchaba.

Él se volteó y regreso a ella, para darle un beso en los labios.

-Tranquila... -le dijo con suavidad -Solo iba a... cambiarme esta ropa y a desconectar esto.

-De acuerdo -respondió Hermione, mientras notaba que él no se sentía bien. Era extraño para ella el percibir eso, pero podía jurar que Nymphadora le había robado la energía en esa discusión. Lo notaba extraño, como si estuviese débil...

Remus la dejó momentáneamente sola:

Hermione solo se quedó en silencio, disfrutando del tibio baño en la tina y esperando a que él regresara. Y aunque ella parecía haber manejado la frustración mucho mejor que él; en realidad no era así, ella lloraba en su interior...

Hermione había descubierto que una frialdad horrible parecía querer tragarla cuando tuvieron que detenerse. De no ser por la gentil temperatura del agua, seguramente ahora mismo estaría siendo consumida por esa frialdad. En el silencio, mientras escuchaba la intensa lluvia que caía fuera, deseó profundamente que Remus volviera a tocarla, que sus manos volviesen a mirarla con la devoción con la que él lo hacía...

Después de varios minutos Remus regresó. Hermione vio que ahora él traía puesto una remera de mangas cortas y un pantalón azul, de los que habitualmente usaba para ir al trabajo. Su cabello aún estaba algo mojado y tenía los pies descalzos. Era evidente para ella que Remus no tenía frío.

Y vaya que Hermione estaba en lo cierto, porque al licántropo le estaba hirviendo la sangre por ella, aunque él fingía estar muy relajado, y que era "la misma serenidad en persona"...

Con las manos dentro de los bolsillos del pantalón, y parado junto al librero que hacía de puerta del baño, Remus preguntó:

-¿Cómo te sientes?

-Estoy bien -mintió Hermione -¿Y tú?

Él bajó la cabeza y exhaló de forma ruidosa.

-¿Yo? También -mintió él -Pienso que... Yo debería darte privacidad y no estar aquí, mientras tú... estás desnuda en mi tina...

Después de que él dijo esas palabras, Hermione entendió que ambos estaban sintiendo algo muy parecido.

-Puedes quedarte, Remus -le autorizó Hermione -Mi privacidad, al lado tuyo, ya no existe. Dejó de existir cuando me desnudaste... Y me hiciste el amor sobre esa mesada...

-Yo no cuento eso como hacer el amor.

-¿Ah, no?

-No... -respondió él, mientras bajaba la tapa del inodoro, para luego utilizarlo de asiento. Y así mantenerse alejado de la señorita tentación.

-¿Para ti no fue nada? -preguntó, tratando de ocultar un ligero dolor en su voz. Porque para ella, ese poco había significado tanto...

-Para mí, eso solo fueron besos y miradas (ya que... yo no puedo mirarte de otra manera, si no es tocándote)... Eso puedes argumentar en el interrogatorio, cuando te pregunten si sucedió algo entre nosotros.

-¿Bromeas, verdad?

-No, hablo en serio -respondió Remus, mientras sacaba del bolsillo izquierdo una cajita de cigarrillos -Porque un beso no cuenta como infidelidad y las miradas tampoco. ¿O acaso es un pecado mirar?

-Ahora mismo no lo sé, Remus... -respondió ella, mientras se secaba una diminuta lágrima -Pero de lo que estoy segura... es de que tu esposa no lo vería del mismo modo en que lo estás planteando...

-Por favor, no la menciones. Ella ya ha cumplido con su cuota diaria de fastidiarme el día -replicó, mientras utilizaba la varita para encender su cigarrillo -Mi madre solía decirme que no alimentara a los demonios, porque si lo haces, te dejarán enfermo y trastornado. Mi mamá no era una bruja, pero cuánta sabiduría femenina... cuánto conocimiento sobre las criaturas diabólicas. Porque es muy cierto: mi diabólica esposa me pone enfermo, y sabe muy bien cómo sacar lo peor de mí.

Hermione se quedó en silencio, pensando en lo que acababa de escuchar. Sabía con seguridad que Remus no exageraba... ella misma había presenciado cuan mal se había puesto después de cortar aquella maldita llamada; y de que Nymphadora no parecía guardarle ningún tipo de respeto ni consideración a su esposo.

Después de estar varios minutos en silencio, Remus le preguntó:

-Leona, ¿te molesta si enciendo la radio un momento?

-No, para nada.

Él se levantó de su improvisado asiento y se acercó al estante donde se encontraba la radio. La encendió y sintonizó la emisora por la que se transmitía el programa de Bobby Tricket. Después de lograrlo, regresó a sentarse sobre la tapa del sanitario.

La voz de Bobby llenó el cuarto de baño, ahuyentando con su entusiasmo la negatividad que había desperdigado Nymphadora...

-Sean bienvenidos a un nuevo programa, mis estimados cerditos -saludó Bobby a su fiel audiencia -Hoy, tengo el honor de tener aquí conmigo a una enigmática mujer. A una experta en aquel satélite que despierta desde románticos y sutiles deseos; hasta la más oscura de las naturalezas... Ella es Ludovica Squirrel, nuestra tarotista experta en Lunalogía.

-Buenas tardes, Bobby. Y gracias por invitarme una vez más a tu programa -respondió la amable voz de Ludovica.

-Para mí es un honor tenerte aquí; además de que mi audiencia debe de estar flipando: he recibido muchas cartas rogando porque vinieras nuevamente a mi programa.

-Oh, eso muy gratificante... -dijo conmovida.

-Ok, entonces... Hoy, hablaremos sobre tu especialidad: la luna. Cuéntanos sobre lo que me estabas diciendo antes del inicio del programa. Sobre sus fases y como ellas influencian en nuestro diario vivir. Me pareció muy interesante: así que, ¿entonces, es verdad que la luna tiene mucha influencia sobre nosotros?

-Así es, Bobby -asintió Ludovica -Antiguamente, se creía que solo los Lunáticos eran sensibles al influjo de la luna. Pero nada más alejado de la realidad: todos los seres vivos (y los no vivos) son susceptibles a la influencia de ella.

-Oh, Dios... Eso de los no vivos, me dió escalofríos, Ludovica...

Bobby y su invitada rieron un poco por ello, y luego continuaron:

-Cuando hago mención de los no vivos, no necesariamente me estoy refieriendo a almas de personas fallecidas, Bobby. Me refiero por ejemplo, al mar; también a aquellos seres que no son corpóreos. Es decir, aquellos que no pertenecen a este plano material...

Remus y Hermione, dejaron atrás sus respectivos remordimientos, porque ambos estaban muy concentrados en el tema que había tocado Ludovica. Ya que los dos habían vivido cosas muy extrañas durante las madrugadas. Y eso, para un par de magos experimentados como lo eran ellos, era mucho decir...

-Estas criaturas que no tienen forma ni cuerpo, pertenecen a planos que coexisten con el plano nuestro (que es, el plano material) y, aunque nuestros ojos humanos no los pueden ver, sí los podemos percibir de alguna manera. Ya sea a través de sueños, de señales sutiles. Incluso, existen unas muy escasas personas en este mundo, que pueden comunicarse con ellos. Pero esas personas... Se podría decir que son privilegiadas en un sentido espiritual y mental.

-A mí me encanta el no gozar de ese privilegio, sinceramente... -dijo Bobby entre risas incómodas, evidenciando que ese tema le asustaba.

Ludovica rio y prosiguió:

-Está bien, lo entiendo. Sé que muchas personas no se sienten cómodas con este tipo de temas, pero no puedo dejar de mencionarlo. Puesto que en este año, ocurrirán tres eventos muy importantes relacionados con la luna: a través de ella, sucederán aperturas de portales que permitirán el ingreso y egreso de seres intangibles.

-Ludovica, ¿y cuando estaría sucediendo eso?

-Bueno, a decir verdad, en un principio eran cuatro los portales que se abrirían. De los cuales, uno ya ocurrió, el lunes 11 de febrero, que sucedió gracias a una super Luna Nueva. Y esta fase lunar, Bobby, es una de mis preferidas debo decir, porque como su nombre indica, la luna Nueva (tambien llamada Novilunio) nos marca nuevos comienzos. La apertura de los nuevos ciclos que nos gustaría emprender. Nos propicia a dejar atrás lo que no queremos en nuestra vida para enfocarnos en renovar nuestros propósitos.

-Es como un... ¿renacer? -interpretó Bobby -¿Un volver a empezar?

-Exacto, de hecho, la Luna Nueva podría compararse con el primer día del calendario que regularmente utilizamos. Es el renacer de la Luna. Como alguien sin memoria, sin pasado, que va a volver a empezar un ciclo...

-Interesante modo de verlo, Ludovica... -se sorprendió Bobby -Y hoy por ejemplo, ¿en qué fase nos encontramos y a qué nos invita?

-Hoy nos encontramos en un hermoso cuarto creciente (otra de mis fases preferidas) Realmente es una fase maravillosa para crear, para sembrar, y cultivar todo aquello que queremos que crezca, precisamente. Por ejemplo, si decides empezar a cultivar una relación o una planta en esta fase, ten por seguro que crecerá bella y fortalecida.

-Oh, ya veo porqué es de tus fases preferidas. Sé que a ti te fascinan las plantas.

-Sí, amo la naturaleza -admitió Ludovica.

-Y... ¿La luna llena? Esa luna que tantas pasiones despierta en nosotros ¿qué trae consigo?

Tras escuchar esa pregunta, tanto Remus como Hermione se inquietaron...

-Ay, Bobby... -suspiró Ludovica antes de responder -la luna llena, es una luna tan generosa como peligrosa...

-No me asustes, Ludovica, por favor -rogó Bobby entre risitas nerviosas.

-La luna llena, es una fase que a alcanzado su plenitud, una fase de iluminación y fortaleza. Es esa iluminación la que permite ver lo que a nuestros ojos es invisible. Hay quienes por causa de esta fase, muestran involuntariamente su verdadera naturaleza. La naturaleza que se esconde bajo las apariencias...

-Eso... Me recuerda mucho a los mitos de los hombres lobo -acotó Bobby.

-"Sí... Mitos..." -dijo Ludovica en un tono ligeramente irónico y misterioso -Se debe de tener mucho cuidado y respeto por la luna llena, Bobby, porque resulta impredecible lo que nos puede traer... Por otro lado, esta fase es propicia para los encuentros amorosos fructíferos y para pedir deseos desde lo más profundo. Sin importar si es de noche o de día; ya que la luna, aunque no la veamos, está allí, ejerciendo su influencia. Así que, los amantes pueden sentirse cobijados bajo esta fase lunar. Pero... Deben de tomar recaudos si no desean un embarazo, puesto que esta luna es el augurio y alegoría de una mujer embarazada...

Repentinamente la transmisión de la radio comenzó a fallar, algo que extrañó mucho a Remus pues nunca había sucedido eso antes. Y además, a esa radio la había comprado hacía donde meses... Entonces él decidió levantarse e ir a "arreglarla". En realidad le dió dos golpes y la radio volvió a funcionar...

Hermione disimuló una risita al ver la "técnica sofisticada" que Remus usaba para reparar las cosas...

Lamentablemente, cuando la radio volvió a transmitir con nitidez, Bobby decía:

Bueno, ahora tendremos un... ¡momento musical! y cuando regresemos, Ludovica nos contará más sobre estos portales que se abrirán durante las dos súper lunas llenas que tendremos para este verano de dos mil ocho. Quedan en buenas manos, escuchando: «Pictures» de Scotch...

—Oh... Que gran tema... —dijo Remus.

La nostalgica y veraniega canción ochentera comenzó a sonar, amansando a Remus y levantando el ánimo de Hermione...

Él regresó a tomar asiento sobre la tapa del inodoro; mientras ella lo observaba con una ligera sonrisa en los labios. Y esa sonrisa se acentuó más cuando Remus se puso a cantar la letra de la canción. Allí, Hermione descubrió que él no era un buen cantante, pero definitivamente sí sabía cómo hacerla reír...

Sentada en el alféizar de la ventana, mientras sostenía el teléfono sobre sus muslos, Hermione veía la incesante lluvia caer. La noche ya había llegado, y a pesar de la lluvia, se podía ver en el cielo un nítido cuarto creciente.

A Hermione le pareció que esa Luna le estaba sonriendo, pues así se veía, como una amplia sonrisa que se escapaba de entre las algodonosas nubes que cubrían el cielo...

Remus dió unos suaves golpecitos en la puerta del dormitorio, y luego ingresó sin esperar autorización.

—¿Leona, todo está bien?¿Pudiste comunicarte con tu madre?

—Sí, todo está bien... Ella solo se preocupó porque yo no regresé a la hora que se suponía. Me dijo también que estuvo a punto de pedirle a Harry que viniera a buscarme —respondió Hermione, sonriendo por el drama que hubiese montado su mamá si no la hubiese llamado a tiempo.

Ambos se vieron obligados a reconectar el teléfono, cuando Bobby dijo la hora, después de regresar del corte musical. En ese momento, cayeron en cuenta de que ya se estaba haciendo tarde, y ella no le había dado señales de vida a su familia. Así que, Remus apagó la radio, y rápidamente buscó algunas de las prendas más abrigadas que tenía para prestarselas.

Y luego de vestirse, Hermione llamó a su madre para informarle de que estaba viva y en una sola pieza.

—¿Ella... sabe que estás aquí, conmigo? —preguntó Remus algo temeroso de la respuesta.

Hermione soltó un suspiro y respondió con franqueza:

—Sí. Perdón, pero no se lo pude ocultar. Además de que en cierta manera, mi mamá ya lo sospechaba.

—Imagino que, el que estés conmigo no le debe de hacer ninguna gracia —supuso él, mientras tomaba asiento en la cama.

—A ella no le molesta que esté contigo —respondió Hermione, al tiempo que se ponía de pie y depositaba el teléfono sobre una mesita que se encontraba al lado del sillón —Incluso a veces siento que ella lo aprueba.

—Pero tú no —remató Remus.

—Remus... No debimos... —dijo, pero en su voz se notaba que le dolía decir lo que era correcto —No sé porqué no pude controlarme a mi misma. Simplemente no estaba pensando. Creo que, lo que hicimos... fue un error... que no deberíamos volver a cometer.

—Yo tampoco puedo pensar con frialdad cuando estoy contigo... Pero yo no me arrepiento de lo que hice.

—Remus —lo nombró en tono de súplica.

—¡Yo no me arrepiento! —remarcó él, enloquecido, poniéndose de pie intempestivamente y yendo hacia ella —Si enredarme contigo es un error, entonces yo no me canso de errar.

—Sé que si me dejo llevar por mis deseos, tanto tú como yo, acabaremos pagándolo caro, Remus.

—No me importa, no me importa... Yo solo quiero quemarme en tu fuego, hechicera... Solo eso... —susurraba él, mientras envolvía la cintura de Hermione con sus brazos y comenzaba a acariciarle el cuello con los labios.

—Pero... —dijo Hermione con debilidad y celos ocultos —Nymphadora...

Sagaz como un lobo, Remus supo leer a Hermione:

—Estás celosa.

—No —mintió en su defensa.

—Temes que te utilice, y que después de eso, te descarte, para terminar regresando al lado de mi esposa. Eso es lo que te sucede en realidad.

Hermione acabó escapando de los fuertes brazos de Remus... Él había visto sus miedos e inseguridades...

Remus escuchó cuando ella tomaba asiento en la cama, pero no se acercó, porque interpretó que ella necesitaba espacio. Después de todo, él había hecho algo que sabía hacer muy bien: "leer a las personas". Solo que esta vez se había pasado. Hermione nunca lo había autorizado a que continuara.

—Te pido perdón... Lo hice por instinto.

—No quiero tus disculpas —dijo tranquila, pero furiosa —No tenías derecho a "olfatear mis miedos"...

—No lo puedo evitar —se defendió él —me sale hacerlo naturalmente. No es que lo esté pensando, solo lo hago.

—Lo sé —replicó ella —Y entiendo que por eso estoy en desventaja frente a tí... Dime la verdad. Si te doy la oportunidad de hacerlo, ¿tú tomarás todo lo que puedas sin remordimiento alguno, y sin garantizarme ni un poco de amor?

Sorprendido por la pregunta, Remus comenzó a temblar... Nervioso, tragó saliva con dificultad, pero acabó respondiendo la verdad:

—Sí. Lo haría, sin dudarlo.

Hermione cerró sus ojos, haciendo que sus lágrimas cayeran, y bajó la cabeza con tristeza.

—Mañana me marcharé, y jamás regresaré a esta casa. Y aunque seas mi jefe de piso, trataré de no cruzarme contigo; salvo para lo necesario.

—Puedes quedarte tranquila porque, casi nunca tendré tiempo de aparecerme por tu lugar de trabajo. Y además, me comunicaré contigo a través de Pansy.

—De acuerdo... —aceptó ella, secándose las lágrimas de manera furiosa.

A tientas Remus se dirigió a la puerta y desde allí le dijo:

—Iré a preparar tu ropa para que cuando quieras marcharte mañana, tus prendas estén presentables... Pero si decides cambiar de opinión, por mí puedes quedarte todo el fin de semana. No me molesta la idea de que te quedes un poco más... Prometo no acercarme.

—Me iré mañana, ya lo tengo decidido —sostuvo Hermione, luchando por no dejarse conquistar por la voz gentil de Remus.

—Sí, bueno, yo solo quería que lo supieras... Hasta mañana, Hermione.

—Hasta mañana, Remus —se despidió ella, y notó que él se había quedado petrificado unos segundos tras escucharla.

—Si necesitas algo, no dudes en despertarme. Yo estaré en la habitación contigua —fue lo último que él dijo.

Finalmente, Remus se marchó, permitiendo que ella tuviera su espacio...


Nota de Autora: sí, ya sé, fue poquito, pero algo ya pasó entre ellos. Y por el dramón que ambos se están haciendo, no les hagan caso. En el próximo capítulo se les pasa. (‿・) El próximo, será más largo que este y ahí sucederá de todo, jajaja.

¡A propósito! me gustaría actualizar este fin de semana; pero si no puedo, entonces sí o sí la semana que viene. ¡Sí o sí!

Les cuento algo curioso, el nombre del personaje de la tarotista lo tomé de una mujer que sí existe. Ella en realidad se llama Ludovica Squirru...

[por favor, Ludovica, no creo que vayas a leer mi fanfic; pero sí lo haces, no te enojes conmigo porque transformé tu apellido en Squirrel (Ardilla), pero es que a esa palabra me recuerda mucho tu apellido]

La verdadera Ludovica es una astróloga, experta en el horóscopo chino. De hecho, para mí, es de las mejores. Siempre la escucho cuando hace sus predicciones. Recuerdo que ella anticipó que el 2020, que fue el año de la rata de metal, iba a ser un año Heavy Metal... Y no sé si ustedes lo sabían, pero el horóscopo chino se rige por el calendario lunar.

Otra cosita curiosa que les quería contar, ¿Saben que otro año fue el de ese animalito metalero?... El año 1960, año en el que el personaje de Remus nació. O sea, sí, Remus es una rata heavy metal, () jajajajaja. Y cuando leí como son las personas de ese signo, me surgieron las ideas para darle la personalidad que le di al Remus de esta historia.

No sé si les haya gustado las curiosidades que les conté, pero sí espero que les haya gustado este capítulo.

Gracias por los votos, los comentarios y por todo el amor que le están dando a esta historia.

Gracias, gracias.

Pronto nos estamos leyendo de nuevo.

¡Un beso grande!