Más temprano esa misma mañana, Elias caminaba por el campus en dirección a la rectoría. Apenas despuntaba el sol y el silencio dominaba, solo roto por el suave susurro de las hojas y el brillo de las lámparas en el sendero. Pensaba en por qué el director lo había citado tan temprano.
—¿Qué querrá el director a estas horas? —murmuró para sí, algo desconcertado mientras avanzaba hasta la entrada del edificio.
Al entro y camino por los pasillos hasta llegar, tocó la puerta de la rectoría y la abrió despacio, encontrándose con el director Gon, quien ya estaba saliendo de su oficina.
—Buenos días, director —saludó Elias, mostrando respeto.
—Buenos días, Elias. Espero que estés listo —respondió Gon, acercándose.
Elias lo miró, algo confundido.
—"¿Listo para qué?" —pensó, mientras Gon continuaba.
—Sé que te lo preguntas. Bueno, Elias, ya ha pasado una semana desde que llegaste a la academia. Todo parece haber ido bien, así que quería felicitarte por eso —dijo Gon, con una sonrisa de aprobación.
—Muchas gracias, director —respondió Elias, esbozando una gran sonrisa de alivio.
—No tienes nada que agradecer, pero aún no termino. Me gustaría que me acompañaras al auditorio. Quiero felicitar también a todos los estudiantes por haberte acogido como uno de los suyos, y aprovecharé para hacer un anuncio importante —añadió Gon, con una sonrisa amistosa.
—Claro, director, lo acompañaré —aceptó Elias, aunque no pudo evitar sentir algo de nerviosismo ante la idea de estar otra vez frente a todos, aunque ya comenzaba a sentirse más cómodo.
Gon asintió satisfecho y juntos se dirigieron al auditorio. Al entrar, Elias observó el lugar con algo de asombro, notando detalles que antes había pasado por alto, como el segundo piso lleno de asientos. Perdido en sus pensamientos, la voz de Gon lo trajo de vuelta.
—Elias, ¿podrías venir? —le llamó el director, detrás del escenario.
Elias se acercó y vio a Gon acomodándose el traje.
—Esperaremos aquí mientras llegan todos. Avisé a los profesores y estudiantes, no falta mucho —dijo Gon, tomando asiento en una de las sillas detrás del escenario. Elias se sentó también, y ambos se observaron en silencio hasta que Gon rompió la tranquilidad.
—Bien, Elias, quería preguntarte… ¿Qué piensas de la escuela hasta ahora? He oído que ya tienes algunos amigos —preguntó el director, mirándolo con genuina curiosidad.
—¿Qué pienso? Bueno… creo que es una excelente escuela. La mayoría de los estudiantes ya han dejado de mirarme tanto, aunque aún les doy algo de curiosidad. En general, es muy buena —respondió Elias, sonriendo alegremente.
—Oh, ya veo. Me alegra que todo esté marchando bien. También quería preguntarte, ¿no te sientes solo? —Elias frunció el ceño, sin entender del todo la pregunta, y Gon trató de ser más claro—: Es decir, ¿no sientes ansiedad o tristeza al no ver a nadie de tu especie aquí?
Elias bajó la mirada, recordando a su familia y amigos, pero finalmente levantó la cabeza, mostrando una sonrisa tranquila.
—Sí, los extraño, pero esto es algo importante que debo hacer. Es necesario para que, en un futuro, nuestras naciones puedan convivir en paz.
Gon lo observó, impresionado por la determinación de Elias, y asintió.
—Solo no te sobre esfuerces. Estoy seguro de que podrás ver a tu familia en las vacaciones de verano —le dijo con una sonrisa alentadora.
—Ah, director, acerca de eso quería decirle algo —dijo Elias, llevándose una mano detrás de la cabeza con cierto nerviosismo, captando rápidamente la atención de Gon.
—Sí, ¿qué sucede, Elias? Dime —respondió el director, observándolo atentamente.
—Bueno… es que una de mis amigas, Juno, me preguntó si podía acompañarme a mi país en las vacaciones de verano. Algunos otros amigos también quieren venir, pero no estoy seguro de qué decirles si la embajada no acepta la solicitud. No quiero decepcionarlos —explicó Elias, bajando la mirada, visiblemente preocupado.
Gon se sorprendió al escuchar que alguien quería acompañar a Elias, sobre todo a su país, sin saber exactamente cómo los recibirían allí. Conocía a Juno, una estudiante de primer año, y notó la preocupación genuina de Elias por sus amigos. Decidió darle unas palabras de aliento.
—Mmh, ya veo. No te preocupes demasiado por eso; solo explícales la situación. Estoy seguro de que lo entenderán. Después de todo, son tus amigos, ¿verdad? —Gon le sonrió con amabilidad, buscando tranquilizarlo.
—Sí… muchas gracias, director. Tal vez deba hablar con ellos y explicarles la situación —respondió Elias, más tranquilo y con una sonrisa de alivio.
Gon le sonrió de vuelta a Elias y miró su reloj.
—Bien, ya casi es hora —dijo, levantándose de la silla. Elias también se puso de pie, listo para seguirlo.
—Ah, Elias, esperarás fuera de los reflectores. Cuando diga tu nombre, sales al escenario, ¿de acuerdo? —Gon lo detuvo un momento para darle instrucciones. Elias asintió con la cabeza.
—Bien, espera por allá. Tengo que ir a buscar algo. Ya vuelvo; seguro que ya están esperando —añadió Gon, indicándole que se colocara en el lado derecho del escenario, donde las luces no llegaban y la cortina cubría la parte trasera.
—Sí, director —respondió Elias, aunque una duda comenzó a surgir en su mente sobre a quiénes se refería Gon cuando mencionó que lo estaban esperando.
—Bien, Elias, ahora vuelvo. Pronto se llenará el auditorio —dijo Gon, retirándose mientras Elias lo observaba marcharse. Siguiendo las instrucciones, Elias se apoyó en la pared y esperó. Pasaron unos minutos hasta que empezó a escuchar el sonido de numerosas voces y pasos acercándose al auditorio. Curioso, se asomó y vio cómo poco a poco se llenaba el lugar. Sus ojos buscaron entre el público y encontró a sus amigos, quienes estaban sentándose cerca del escenario, lo que le dio un poco de tranquilidad.
El auditorio se llenó por completo, y Elias pudo oír el murmullo de los estudiantes hablando entre ellos. Pronto, Gon apareció a su lado y le hizo una señal.
—Ya sabes qué hacer —le dijo en voz baja, y Elias asintió.
Vio cómo Gon se acercaba al centro del escenario y comenzaba su discurso. Tras unas palabras iniciales, pronunció el nombre de Elias, quien salió al frente, un poco nervioso, pero mucho más tranquilo que la primera vez. Observó a los estudiantes frente a él y se sintió un poco más seguro, recordando que solo debía esperar a que Gon terminara. Sonrió levemente hacia el público.
Sin embargo, algo lo tomó completamente por sorpresa cuando Gon anunció otros nombres: Else y Hughes. Elias se quedó estupefacto. "¿Por qué no me dijeron nada? ¿A qué habrán venido?" se preguntó.
En un susurro, Elias aprovechó la cercanía de Gon para preguntarle.
—Director, ¿por qué no me dijo que vendría Hughes? ¿Y para qué está aquí?
Gon lo miró con calma y le susurró de vuelta.
—Querían que fuera una sorpresa. La razón es que tendrás un compañero, pero actúa como si no te hubiera dicho nada, ¿está bien?
Elias asintió, aunque su mente giraba de la sorpresa. Entonces vio a Hughes acercarse y tomar la palabra, presentando a alguien más. Elias escuchó el nombre de su nuevo compañero, Maria Wulfhart.
Se quedó boquiabierto. "¿¡Qué!? ¿¡Cómo es posible que mi hermana haya sido elegida!? ¿¡Qué voy a hacer ahora!?" pensó, todavía tratando de procesar la noticia.
Apenas pudo reaccionar cuando vio a Maria corriendo hacia él. Antes de que pudiera decir algo, Maria se abalanzó sobre él, tumbándolo al suelo en un abrazo.
Elias no podía creerlo, ¡era su hermana Maria! La miró mientras lo abrazaba con fuerza.
—Te extrañé, hermano —dijo Maria a través de la máscara, abrazándolo aún más fuerte. Elias la miró, confundido, y ambos se levantaron.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó en su idioma, y comenzaron a discutir en voz baja. Ambos se voltearon cuando Hughes habló, presentando oficialmente a Maria. Al ver que ella se acercaba al podio, Elias rápidamente le tapó la boca para evitar que dijera algo inapropiado en su idioma. La regañó suavemente, y luego él mismo se presentó ante todos de manera formal.
Al finalizar la presentación, se retiraron hacia la parte trasera del escenario, dejando a Gon solo. Elias caminaba detrás de Hughes y Maria, y cuando llegaron a la parte trasera del escenario, Maria se separó momentáneamente para reunirse con los guardias de Hughes y recoger su equipaje. Elias aprovechó el momento para acercarse a Hughes, quien hablaba con la embajadora Else.
—Señor Hughes, ¿puedo preguntarle por qué mi hermana está aquí? —preguntó Elias tranquilamente, aunque visiblemente confundido por la situación, interrumpiendo su conversación.
—Sí, como expliqué allí adelante, necesitas compañía humana. No es bueno para la salud mental estar solo por tanto tiempo. Así que, por recomendación de los psicólogos, trajimos a alguien más, y tu hermana fue la segunda mejor opción para esta misión. Además, la conoces, lo cual evita posibles problemas de adaptación —explicó Hughes tranquilamente. Elias asintió, entendiendo la lógica detrás de la decisión.
—Bueno, creo que tiene razón. Ya empezaba a sentirme un poco solo —respondió Elias, sonriendo un poco.
—Es bueno saber que te estás adaptando bien. El director me contó que has hecho algunos amigos —comentó Hughes, alegre por la noticia.
—Sí. Ah, una cosa más, señor Hughes, es sobre la carta que envié hace unos días… ¿recuerda? —preguntó Elias, preocupado al no haber recibido respuesta aún.
—Oh, sí, la carta. La recibimos y te tengo buenas noticias. Quería darte la respuesta personalmente, podrán venir, pero estableceremos algunas reglas para asegurarnos de que todo esté en orden —respondió Hughes con amabilidad, dando las buenas noticias. Elias sonrió, agradecido.
Else, quien había estado escuchando con curiosidad, miraba a Hughes con interés, tratando de entender a qué se referían. Hughes se dio cuenta y la miró.
—Embajadora Else, sé que está interesada en esto. De hecho, quería hablarlo con usted —comentó Hughes.
—Sí, claro, embajador Hughes. ¿De qué se trata? —preguntó Else amablemente, aún curiosa.
—Verá, ¿recuerda nuestra conversación sobre permitir que nuestro estudiante invitara a algunos estudiantes de esta nación a nuestro país? —preguntó Hughes, recordándole la charla que habían tenido en el auto camino al muelle.
—Sí, claro —respondió ella, algo nerviosa.
—Bueno, Elias quería invitar a unos amigos durante las vacaciones, y quisiera saber si el consejo y las autoridades aceptarían la petición de la embajada para dejarlos viajar con él —preguntó Hughes con tranquilidad.
Else se mostró algo nerviosa, la idea de que estudiantes quisieran ir a un lugar tan desconocido era inusual y lleno de humanos.
—B-bueno, tendría que informar al consejo, a algunos altos mandos y, por supuesto, a los padres de los estudiantes, para que den su permiso —respondió ella, riendo nerviosamente.
—Perfecto, no hay problema. Nosotros estamos dispuestos a recibirlos, solo que necesitaremos un médico de aquí para que atienda a los chicos en caso de que se enfermen o se lastimen, ya que no somos expertos en su anatomía. Lo menciono por precaución —respondió Hughes, manteniendo un tono amable y sereno.
—Sí, lo comentaré al consejo para que lo discutan —respondió Else, aún nerviosa ante la idea de tener que explicarle esto al consejo y a los Beastars.
—Bien, espero que lo aprueben. Usted también está invitada, embajadora Else, queremos que confíen en nosotros —dijo Hughes amablemente, invitándola a visitar Edén. Else lo miró, sorprendida y un poco nerviosa, pero sintiendo también una gran curiosidad.
—S-sí, embajador Hughes, gracias por la invitación. Veré qué puedo hacer —respondió ella con una sonrisa.
En ese momento, Gon se acercó tras haber terminado su discurso frente a los estudiantes.
—Ya terminé el anuncio. Fue un gusto tenerlo aquí, embajador Hughes, Elias es un gran estudiante —dijo Gon amablemente.
—Me alegra que se esté integrando bien. Quizás en el futuro traigamos más estudiantes de intercambio, además de Elias y Maria, pero por ahora solo serán ellos —respondió Hughes cortésmente, lo cual hizo que Else y Gon se miraran entre sí, sonrientes pero un poco nerviosos.
—Claro, embajador, estaremos encantados de recibirlos —respondió Gon, intentando mantener la compostura.
—Debo irme ahora, es mejor que nos retiremos, ya que aún tengo asuntos que requieren mi atención en Edén. Embajadora Else, usted puede invitar a alguien si lo desea —agregó Hughes con prisa, recordándole su invitación. Gon observaba con curiosidad.
—Sí, claro, embajador Hughes, vamos —dijo Else, aún asombrada. "¿En serio lo dice? ¡¿De verdad me está invitando a su país y permitiéndome llevar a alguien más?!", pensó, sonriéndole a Hughes.
—Bien, vamos —dijo Hughes, y todos salieron del auditorio, caminando por el campus. Elias notó que muchos estudiantes miraban a Maria con curiosidad; entre ellos, vio a Jack y algunos de sus amigos observándolos con interés. Finalmente, llegaron a la entrada de la escuela, donde Hughes y sus guardias subieron al auto, y Else se despidió de ellos antes de que se marcharan, dejando a Elias, Maria y Gon solos.
Gon los observó con una mezcla de asombro y simpatía, ambos hermanos eran sorprendentemente parecidos, solo distinguibles por sus diferencias de género.
—Bien, joven Elias, ¿por qué no llevas a tu hermana a su dormitorio y luego le muestras el campus? —sugirió Gon amablemente.
—Claro, director. Solo... ¿dónde se quedará? —preguntó Elias, queriendo saber en qué dormitorio estaría alojada Maria.
—Ah, sí. Llévala al dormitorio de carnívoros hembras. La ama de llaves la llevará a su habitación —respondió Gon, dándole las instrucciones. Elias asintió y tomó la maleta de Maria.
—Muy bien, nos veremos después. Que tengan un buen día —dijo Gon antes de retirarse, dejándolos a ambos solos. Maria miraba el lugar con mucha curiosidad, explorando cada detalle de su nuevo entorno con entusiasmo.
—Bien, hermanita, vamos a tu dormitorio. Llevaré tu maleta —dijo Elias, llamando la atención de Maria.
—Sí —respondió Maria, observando con curiosidad el lugar y a las bestias que la rodeaban.
Ambos caminaron juntos, y Maria notó cómo los estudiantes alrededor no dejaban de mirarla.
—Tranquila, así es los primeros días. Después de un rato se calmarán y dejarán de verte tanto —comentó Elias al ver que su hermana miraba a los demás con incomodidad.
—Mmm… ¿Así te miraban a ti al principio? —preguntó Maria, observando a su hermano mientras caminaban.
—Sí, prácticamente no dejaban de mirarme. Son muy curiosos y amigables —respondió Elias con una sonrisa.
Maria notó la tranquilidad de su hermano y sintió algo de alivio, hasta que un estudiante se acercó y le habló a Elias.
—Buenos días, Elias. Miguno nos dijo que si podíamos acompañarlos al festival y… quería saber si vas a ir —dijo Jack, sonriendo, aunque parecía un poco nervioso por la presencia de Maria.
Elias dejó de hablar con Maria y le respondió a Jack con amabilidad.
—Sí, claro que iré. Solo le mostrare el campus a mi hermana primero. Ah, déjame presentártelo, hermanita. Él es Jack —dijo Elias, sonriendo y presentando a su amigo.
Jack extendió su pata hacia Maria para saludarla.
—Es… un gusto —dijo Jack, intentando sonar tranquilo.
Maria miró la pata extendida, pero no hizo ningún esfuerzo por estrecharla.
—Es un gusto… bestia —respondió Maria, con una sonrisa que parecía más fría que cordial.
Jack rió nerviosamente, sintiéndose incómodo. Elias la miró con desaprobación.
—Hermana, no seas grosera con ellos. Compórtate, ellos no te han hecho nada —le dijo, alzando un poco la voz.
Jack intentaba mantenerse sereno, pero la tensión era evidente.
—¿Por qué te importa? Son solo simples animales, y tú les hablas como si fueran humanos —replicó Maria, cruzando los brazos con desdén.
—¡No me importa si son humanos o no, son mis amigos! ¡Ya te dije que dejes de hablar así! —respondió Elias, su voz subiendo de tono.
La discusión se intensificó y ambos cambiaron al idioma de su tierra natal, lo cual solo aumentó la incomodidad de Jack y los estudiantes que miraban la escena, sin entender las palabras pero percibiendo la hostilidad.
—"¡Así que se te olvidó todo! ¡Todo lo que nos hicieron, cómo nos trataron!" —exclamó Maria, la ira reflejada en su mirada.
—"¡Claro que no! Pero eso no te da derecho a tratarlos así. Ellos son diferentes a la gente del pasado!" —replicó Elias, visiblemente molesto pero tratando de calmarla.
Aunque nadie entendía el idioma, el tono revelaba una mezcla de dolor y resentimiento. Finalmente, Maria dio un paso atrás y, con una mirada fría, se dio la vuelta y se alejó.
—"Como tú quieras. Yo nunca los perdonaré por lo que nos hicieron" —murmuró con un tono helado, antes de marcharse.
—¡Maria! ¡Maria, espera! —gritó Elias, intentando detenerla, pero ella no se volvió. La pelea había terminado, y los murmullos se extendieron entre los estudiantes.
Elias suspiró, cansado por la situación, y se acercó a Jack con una expresión de disculpa.
—Lo siento, Jack. Disculpa a mi hermana —dijo, tratando de calmarlo.
—No hay problema… —respondió Jack con una sonrisa nerviosa.
—De verdad, lo lamento. Solo… necesito hablar con ella un momento. Puede ser muy terca a veces. Nos vemos luego, ¿sí? —añadió Elias con un tono más serio, despidiéndose antes de intentar alcanzar a Maria.
Elias alcanzó a Maria, quien no quería hablarle y seguía caminando con el ceño fruncido.
—"Maria, no te portes así. Ellos son buenos, desde que llegué, me trataron bien…" —intentó convencerla Elias, pero ella no respondió, manteniendo la misma expresión de antes.
—"Vamos, hermana, solo intenta llevarte bien con ellos. Te prometo que no te arrepentirás" —dijo Elias, tratando de que entrara en razón.
—"¿Y por qué debería confiar en ellos?" —preguntó Maria, mirándolo aún con cierta molestia.
—"Porque son como nosotros. No somos muy diferentes, ellos también sienten miedo e inseguridades, igual que nosotros. Por favor, hermana, dales una oportunidad" —respondió Elias en un tono calmado y seguro. Maria lo miró, sabiendo que su hermano solo hablaba así cuando estaba seguro de algo.
—"Está bien, les daré una oportunidad, si tú lo dices de esa manera" —dijo Maria, menos molesta.
Elias le sonrió.
—Gracias, hermana. Ven aquí —dijo mientras la abrazaba. Maria también lo abrazó, sintiéndose un poco culpable por su terquedad.
—Perdón por enojarme —dijo Maria en un tono de disculpa, mientras seguían abrazados.
—No hay problema —respondió Elias, soltándola suavemente—. Vamos, te mostraré el campus cuando termines de desempacar, ¿sí? —añadió, llevándola hacia el dormitorio. Maria asintió, y ambos continuaron caminando.
Los estudiantes que estaban cerca observaron la escena sin entender la conversación, pero notaron el abrazo entre ambos. A lo lejos, Los chicos observaban también.
—Oh, eso fue rápido. Elias sabe cómo convencerla —comentó Voss.
—¿Ves, Jack? Te dije que lo arreglaría. Solo había que esperar —dijo Legoshi, sintiéndose un poco más tranquilo al ver la reconciliación entre los hermanos.
—Mmm… pero aun así me siento un poco culpable por haberlos hecho pelear, aunque sé que no fue mi culpa —dijo Jack, aún algo incómodo.
—Vamos, no te desanimes, Jack. Después de todo, ella es un poco diferente a Elias. Quizá después tengamos la oportunidad de conocerla como a él —dijo Miguno, intentando animarlo.
Mientras tanto, Elias y Maria seguían avanzando hasta que llegaron al dormitorio. Algunas chicas que pasaban cerca miraban y susurraban entre ellas, y otras se alejaban al verlos. Al llegar a la entrada, Elias se detuvo.
—Bien, hermanita, entra. La encargada de los dormitorios te llevará a tu habitación —dijo Elias, dejando la maleta de Maria junto a ella.
—Sí, aho…
Maria fue interrumpida cuando alguien salió del dormitorio. Era una loba que miró a Maria y luego sonrió al ver a Elias.
—¡Hola, Elias! —saludó la loba alegremente. Luego, volvió a mirar a Maria con curiosidad—. ¿Ella es tu hermana? —preguntó, sonriendo.
—Sí, deja que te la presente. Esta es Juno —dijo Elias, mirando a Maria para animarla a ser amable.
—Eres Maria, ¿verdad? Es un gusto conocerte —dijo Juno amablemente, sonriéndole.
Maria observó la sonrisa de Juno y, recordando lo que Elias le había dicho, respondió.
—Sí, es un gusto, Juno —dijo, devolviendo el saludo con una sonrisa amable, aunque aún tenía en mente las palabras de su hermano.
—Ustedes se parecen mucho —comentó Juno con una risa alegre. Maria notó que Juno era realmente amigable.
—Sí, muchos dicen eso, pero somos diferentes —respondió Maria, riendo un poco ante la curiosidad de Juno.
—Bueno, Juno, tengo que ir a mi dormitorio a dejar mis cosas; mi hermano me mostrará el campus —dijo Maria, intentando excusarse mientras le sonreía de manera algo forzada.
—¿Quieres que te ayude? —preguntó Juno amablemente, mirando a Maria y luego a Elias, quien la observaba a Maria con una expresión seria y los brazos cruzados.
—Sí, gracias —respondió Maria, esbozando una sonrisa sincera esta vez.
—¡Bien, déjame ayudarte! —dijo Juno, tomando una de las maletas. Las dos chicas entraron al dormitorio, mientras Elias se quedaba observándolas un momento antes de suspirar, liberando todo su cansancio. Con la esperanza de que Maria no causara problemas, decidió buscar a Jack y los demás para hablar con ellos mientras Maria se acomodaba.
Se alejó de los dormitorios y caminó por el campus hasta ver a sus amigos sentados en unas bancas, conversando. Cuando se acercó, ellos notaron su presencia.
—Hey, ya vine. Lo siento si mi hermana fue algo grosera —se disculpó Elias, sintiéndose avergonzado por el comportamiento de Maria.
—No te disculpes, Elias, después de todo, no podías controlar lo que pasaría. Además, también es culpa mía por haberlos hecho pelear —dijo Jack con arrepentimiento en la voz.
—No te preocupes, como dije, ella puede ser muy terca a veces, pero cuando la conoces es una de las personas más amables que puedas encontrar. Tal vez solo esté asustada, así que no te sientas culpable si nos peleamos —respondió Elias, tratando de tranquilizarlo. Jack lo miró lentamente y empezó a sentirse menos culpable.
—Además, siempre nos peleamos en casa. Siempre es por alguna tontería… pero al final del día, resolvemos nuestros problemas, porque, bueno, siempre seré su hermano —añadió Elias con una sonrisa, y los demás asintieron, comprendiendo que los conflictos entre hermanos eran normales.
—Oye, Elias, yo también me disculpo. Fue en parte mi culpa por sugerir la idea de… —intentó decir Legoshi, pero Elias lo interrumpió.
—Como dije, no se preocupen. Le tomará un tiempo acostumbrarse, pero estoy seguro de que les caerá bien —dijo Elias, calmando a sus amigos. Ellos asintieron, sintiéndose más tranquilos.
—Ah, por cierto, el embajador respondió a la petición del viaje —añadió Elias, cambiando de tema. Sus amigos se emocionaron y prestaron atención, dejando de lado cualquier incomodidad.
—¡¿De verdad iremos?! —preguntó Durham, esperando que no fuera una broma.
—No puedo creer que aceptaran tan fácilmente —dijo Collot, mostrando una mezcla de emoción y miedo.
—¡Entonces podremos ir a tu hogar en las vacaciones para conocerlo! —exclamó Jack, emocionado por la idea de ver dónde vivía Elias. Legoshi permanecía en silencio, sintiendo curiosidad pero también un poco de temor por la idea de ir a un lugar desconocido.
—Sí, podrán ir, pero la embajadora de esta nación mencionó que primero tendrán que pedir permiso al consejo y a sus padres o familia para que puedan hacer el viaje —explicó Elias, algo más serio para no desalentarlos del todo.
El grupo quedó pensativo, asimilando lo que implicaría el viaje, y el primero en hablar fue Miguno, con cara de desánimo.
—No creo que mis padres me dejen —dijo Miguno, desanimado.
—Sí, yo también pienso que no me dejarán, conociéndolos —agregó Durham, sintiéndose un poco aliviado, aunque realmente quería ir. Al escuchar esto, los demás también empezaron a desanimarse, excepto Legoshi, quien permanecía en silencio. Elias observó sus caras abatidas.
—Vamos, vamos, no se sientan así, ¡hay que ser positivos! —dijo Elias con calma, aunque en el fondo prefería no llevarlos, considerando el peligro que el viaje podría representar para ellos.
—Sí, tienes razón, además todavía falta para las vacaciones —comentó Jack, un poco menos desanimado por el ánimo de Elias, al igual que los demás.
—Por cierto, Elias, saldremos a la ciudad y queríamos mostrártela. Por eso te pregunté sobre el festival, ya que iremos a ayudar —dijo Jack, recordando el incidente de hace un momento con la hermana de Elias y sintiéndose un poco culpable.
—Sí, de hecho quiero ir, pero creo que primero tendría que hablar con el director para ver cómo puedo arreglarlo —respondió Elias.
Legoshi recordó lo que Bill le había mencionado hace unos días sobre invitar a Elias, aunque ahora no estaba seguro, ya que Jack y los demás ya lo estaban invitando.
—De hecho, yo también pensaba invitarte. Algunos amigos de mi club quieren que vengas, pero como irás con Jack y los demás, les diré que estás ocupado —dijo Legoshi, llamando la atención de Elias, quien se quedó pensativo.
—¿Y por qué no vamos todos juntos? —sugirió Elias a Legoshi.
—Bueno, les diré. A ver qué me dicen —respondió Legoshi, sacando su teléfono y empezando a escribir mientras Elias y los demás seguían conversando.
De repente, Maria llegó corriendo, vestida con el uniforme. Los chicos la miraron, y también algunos estudiantes que pasaban se sorprendieron al ver lo bien que se veía. Maria se abalanzó sobre Elias, poniéndose detrás de él.
—¡No deja de seguirme! —dijo Maria, jadeando por haber corrido tanto. Elias la miró confundido.
—¿Quién? —preguntó, mientras Maria recuperaba el aliento.
—Juno, esa chica lobo —respondió Maria, escondiéndose detrás de Elias. Él rió un poco por su comportamiento, mientras los demás la observaban sorprendidos por su cambio de actitud comparado con la primera vez que la vieron.
Legoshi escuchó que hablaban de Juno, sabiendo que ella era una de los miembros de su club. Justo en ese momento, Juno llegó al lugar, también jadeando del cansancio. Al ver a Elias, se acercó.
—Elias, ¿has visto a tu hermana? Salió corriendo de repente y no sé qué pasó —preguntó Juno, algo preocupada por la repentina reacción de Maria. Desde atrás de Elias, Maria se asomó un poco para ver a Juno.
—¡Ahí está! —exclamó Juno, acercándose para hablar con Maria—. ¿Dije algo que te molestó? —preguntó con preocupación.
Maria seguía escondiéndose detrás de Elias, pero finalmente se asomó un poco más para ver a Juno.
—No, solo que siento que me estás cazando —respondió Maria, aún escondida detrás de Elias, mirando a Juno y luego a los demás. Todos se sorprendieron por cómo lo dijo.
—Vamos, hermanita, no seas así con ella. Es una de las personas más amables que he conocido —le dijo Elias, regañándola levemente mientras intentaba mirarla de reojo.
—Claro que no es por eso, es que... al salir de la habitación, ella y todas las demás... —se detuvo y corrigió lo que iba a decir—, las chicas me empezaron a mirar y Juno me siguió, al igual que todos aquí. ¿Y por qué esta falda no tapa completamente mis piernas? —respondió Maria, tratando de ocultar su vergüenza por el uniforme.
—Te acostumbrarás, ya has usado faldas así antes —respondió Elias, alejándose un poco para verla bien—. Además, te queda bien —añadió para animarla, mientras Maria mostraba un leve rubor en el rostro. Los chicos la observaban con curiosidad.
—Sí, pero no dejan de mirarme. Siento como si me quisieran devorar con la mirada —dijo Maria, tratando de taparse las piernas. Elias se rió un poco.
—Vamos, solo es curiosidad. Dejarán de mirarte después de un tiempo.
Los demás observaban la conversación entre los hermanos, intrigados por las reacciones de Maria.
—Oye, Jack, ¿la hermana de Elias es más expresiva que él, no crees? —susurró Miguno, sin dejar de mirar la interacción entre los dos.
—Sí, lo puedo ver —respondió Jack, atento a las reacciones de Maria, mientras los demás también la observaban.
—Vamos, hermanita, debes tener hambre después del viaje. Vamos a la cafetería —dijo Elias, dándose la vuelta para caminar. Maria lo siguió rápidamente, aunque se detuvo un momento para mirar a los demás, quienes aún los observaban sin reaccionar.
—¿No vendrán? —preguntó Elias amablemente, mirándolos. Al oírlo, sus amigos reaccionaron y se levantaron para seguirlo. Caminaron todos juntos, con Maria pegada a Elias, todavía incómoda con su ropa. Mientras avanzaban en silencio, muchos estudiantes los miraban de reojo, hasta que Maria rompió el silencio.
—¿Qué tipo de comida sirven aquí? —preguntó con curiosidad, mirando a Elias.
—Te va a gustar, está buena. Ya elegirás cuando lleguemos —respondió Elias sonriéndole.
Al llegar a la cafetería, la mayoría de los estudiantes se apartaban o se quedaban mirándolos. Elias y Maria se acercaron al mostrador para ver el menú.
—¿Qué vas a elegir? —preguntó Elias, mientras los demás observaban con curiosidad cómo Maria escogía.
—Quiero el de… ¿herbívoros? —dijo Maria, algo confundida por el nombre.
—Ah, sí, los alimentos están divididos porque los carnívoros comen otros tipos de alimentos —le explicó Elias.
Maria miró pensativa, pero no dijo nada. Se formó en la fila para los herbívoros, mientras Elias iba a la de los carnívoros. Todos los miraban curiosos, notando la diferencia entre ellos a pesar de que, físicamente, no se veían muy distintos. Jack, Legoshi, Voss, Miguno, Collot y Durham se sentaron en su mesa habitual, esperando a que Elias y su hermana llegaran.
—Ten cuidado por dónde pisas. Aquí también hay estudiantes de diferentes tamaños —le advirtió Elias.
Maria bajó la vista, sorprendida al ver a algunos estudiantes pequeños caminando alrededor. Con cuidado, llegó hasta la mesa y se sentó frente a Elias, al lado de Durham, quien comenzó a ponerse nervioso. Los chicos observaron cómo Maria probaba lentamente su comida y sonreía.
—Mmmh, sabe bien —dijo, disfrutando mientras sonreía. Elias rió al ver la reacción de su hermana, y los chicos la miraron con curiosidad, intrigados por la ternura de su expresión.
Ella volteó a mirar la mesa, y rápidamente todos desviaron la mirada, fingiendo seguir ocupados con lo suyo.
—¿No quieres probar mi comida? —le preguntó Elias, sonriendo.
Maria lo miró y le devolvió la sonrisa.
—Sí, pero no sería justo. Te cambio una parte de la mía y tú de la tuya —dijo Maria alegremente, y Elias aceptó. Todos en la cafetería observaban sorprendidos cómo intercambiaban su comida. En la mesa, los amigos miraban atónitos la mezcla de platos, combinando alimentos para herbívoros y carnívoros. Elias probaba de la comida de Maria, y ella hacía lo mismo, disfrutando de la variedad hasta que Juno llegó y se sentó junto a Maria, sorprendiendo a todos.
—Vaya, ¿ustedes mezclan su comida? —comentó Juno al ver las bandejas compartidas.
—Sí, en casa hacemos lo mismo, pero solo cuando comemos cosas diferentes —respondió Elias mientras Juno se unía a ellos.
—Sí, siempre compartimos la mayoría de las cosas. Pero si te preguntas, tenemos gustos distintos —añadió Maria con una sonrisa, disfrutando de su comida mientras conversaban animadamente con Juno. Los demás los miraban con curiosidad.
—Oye, Legoshi, ¿esa no es tu compañera de club? —susurró Jack, observando cómo Juno hablaba alegremente con Elias y Maria.
—Sí, pero no esperaba que se sentara aquí —respondió Legoshi en voz baja, tratando de no llamar la atención.
Mientras tanto, todos en la cafetería miraban de reojo la mesa donde se encontraban.
—Por cierto, Elias, ¿vas a ayudar en el festival? —preguntó Juno. Maria escuchaba atentamente.
—Sí, de hecho. Pero primero quiero mostrarle el campus a mi hermana para que se familiarice con el lugar —respondió Elias amablemente.
—Entonces, ¿vas a ir a la ciudad? ¿Con quién? —preguntó Juno, intrigada. Maria dejó de comer y miró a Elias con sorpresa y preocupación.
—¿Vas a salir a la ciudad? —preguntó Maria, sus ojos reflejando una mezcla de temor y desconcierto. Algunos alrededor notaron la expresión preocupada de Maria y sintieron curiosidad.
—Sí, voy a ir con Jack y los demás —respondió Elias, tratando de tranquilizarla. Maria lo miró, visiblemente intranquila.
— ¡Es peligroso, Elias. Sabes que no somos como ellos! —le dijo Maria, con temor de que algo pudiera salir mal.
—Lo sé, pero voy acompañado de ellos —respondió Elias, señalando a sus amigos en la mesa, quienes se veían algo nerviosos bajo la atenta mirada de Maria.
—Pero… —Maria iba a continuar, pero Elias la interrumpió con una sonrisa cálida.
—Tú también puedes venir si quieres, así no te preocuparás tanto —le ofreció Elias.
Maria se quedó pensando en si ir o no, con el ya que temía por él.
—Está bien, pero prométeme que no nos iremos lejos —respondió Maria, aún un poco preocupada por salir de un lugar en el que apenas comenzaba a sentirse segura.
—No te preocupes, puedo ir con ustedes —le dijo Juno amablemente a Maria, tratando de que se sintiera más cómoda y segura.
Los chicos miraron a Juno, dejando de comer.
—¿Tú también quieres acompañarnos, Juno? —preguntó Elias, sonriendo, aunque algo nervioso al ver cómo el grupo parecía hacerse cada vez más grande.
—Claro, Legoshi también va a ir, así que no creo que haya problema —respondió Juno, mirando a Legoshi.
—Bueno… también vendrán Bill, Tao y Aoba —añadió Legoshi, algo incómodo.
—¡Genial! Así podremos ayudar en el evento —dijo Juno, entusiasmada.
—Está bien, pero primero le mostraré el campus a mi hermana y luego iré a hablar con el director sobre esto. Terminemos de comer —concluyó Elias, sintiéndose abrumado por todos los compromisos, empezando a sentirse abrumado como en casa con tantas cosas por hacer.
Juno asintió sonriente y todos continuaron comiendo hasta que terminaron. Una vez fuera de la cafetería, Elias y Maria se despidieron del grupo, que decidió esperar en los dormitorios para cuando estuvieran listos para salir. Mientras caminaban, Elias le mostró a Maria cada rincón del campus: los clubes, la biblioteca, las aulas, el teatro y el área de maestros. Maria observaba fascinada, maravillada por lo grande y completo que era el lugar. Finalmente, llegaron a la puerta del edificio de maestros.
—¡Bien, hermanita! ¿Qué te pareció? —preguntó Elias, entusiasmado.
—¡Es muy grande! Me recuerda a las escuelas en Garden —respondió Maria, todavía asombrada.
—Me alegra que le veas el lado positivo —dijo Elias, sonriendo de felicidad al ver a su hermana tan contenta—. Bien, Maria, voy a ir con el director a preguntarle algo. ¿Quieres acompañarme?
Maria asintió, y los dos entraron al edificio de maestros. Caminaron por los pasillos hasta llegar a la rectoría. Elias tocó la puerta, y al abrirla, saludó a los maestros presentes, con Maria observando en silencio.
—Hola, Elias... Veo que viniste con tu hermana —saludó Aya, mirando a Maria de cerca, sorprendida por el parecido entre ambos.
—Hola, profesora. Sí, le estaba mostrando el campus a mi hermana —respondió Elias amablemente, sonriendo. Maria miraba a la profesora en silencio.
—¿A qué viniste? —preguntó Aya, curiosa.
—Vine a hablar con el director. ¿No está ocupado? —preguntó Elias, esperando tener la oportunidad de hablar con él.
—No, está solo. Puedes pasar —respondió Aya amablemente. Elias le agradeció y avanzó hacia la oficina, con Maria siguiéndolo. Tocó la puerta de la oficina del director.
—Adelante —se oyó la voz de Gon desde el otro lado.
Elias y Maria entraron, y Maria observó la oficina con curiosidad. Gon, por su parte, ya no se sorprendía de ver a Elias, pero miró con detenimiento a Maria, que parecía fascinada por el lugar.
—Tomen asiento, por favor —dijo Gon, invitándolos a sentarse. Ambos obedecieron y tomaron asiento frente al escritorio, mirando a Gon.
—Bien, ¿qué los trae aquí? —preguntó Gon, con una expresión seria y curiosa mientras observaba a los hermanos.
—Vine para preguntarle algo, director —comenzó Elias, captando la atención de Gon.
—Dime, ¿qué es? —inquirió Gon.
—Es acerca del festival. Hoy saldré a la ciudad con unos amigos, y me preguntaba si debía avisarle o algo. Sé que resguardarán la plaza, pero no sé si pueda ir con mis amigos para conocer la ciudad —preguntó Elias, algo nervioso ante la idea de salir de la academia.
—Ah, sobre eso. Se te asignarán dos guardias al salir de la academia. Discutí el tema con la embajadora Else hace unos días, así que no te preocupes —respondió Gon, calmando las dudas de Elias.
Elias suspiró, aliviado, sintiéndose más tranquilo al saber que tendría apoyo en su salida.
—Solo avísame cuando vayas a salir, así podré informarles a tiempo —añadió Gon finalmente.
—Gracias, director. Realmente me siento más tranquilo ahora —agradeció Elias, sonriendo con alivio, mientras que Maria observaba las fotos en la oficina con curiosidad, lo cual llamó la atención de Gon.
—¿Qué pasa, señorita Maria? —preguntó Gon amablemente, notando su interés.
—Nada, solo estaba mirando sus fotos con los estudiantes —respondió Maria tranquilamente.
Gon giró y vio las fotos también.
—Ah, esos son algunos de los mejores alumnos que lograron convertirse en Beastars —comentó Gon con orgullo.
Elias y Maria lo miraron confundidos.
—¿Qué es un Beastar? —preguntó Maria, sin entender a qué se refería. Elias también escuchaba atentamente.
—Lo siento, parece que no les he explicado la finalidad de la escuela. Digamos que nuestro objetivo es formar individuos únicos que puedan destacarse como líderes y unir a carnívoros y herbívoros, a pesar de sus diferencias de especies. Solo unos pocos estudiantes lo han logrado —explicó Gon, observando cómo los hermanos procesaban la información.
—¿Es como un diplomático? Suena a algo parecido —respondió Elias, pensativo.
—Sí, algo así. Tratamos de que todos podamos convivir en armonía como sociedad —contestó Gon tranquilamente, notando que aún lo asimilaban.
—¿Tienen alguna otra duda? —preguntó Gon a los hermanos.
—No, director Gon, y muchas gracias por atendernos —respondió Elias, agradecido.
—De nada, que tengan un buen día —se despidió Gon, volviendo a sus asuntos.
Elias y Maria se despidieron del director y de los maestros, y luego salieron al campus, caminando hacia los dormitorios.
—Bien, Maria, ve a cambiarte; yo también lo haré —dijo Elias, pero se dio cuenta de que su hermana parecía preocupada—. ¿Qué pasa? —le preguntó, al ver su expresión.
—Es solo que… tengo miedo. Prométeme que no te alejarás de mí, ¿sí? —dijo Maria, mirándolo con preocupación.
—No te preocupes —respondió Elias, sonriéndole para tranquilizarla.
Luego, ambos se dirigieron a sus respectivos dormitorios para cambiarse antes de la salida.
Elias caminó hasta su dormitorio para cambiarse, eligiendo su camisa de servicio habitual y un pantalón holgado.
—Listo —susurró para sí mismo, observándose en el espejo. Tomó sus cosas, incluyendo su teléfono, aunque sabía que solo lo usaba para emergencias. Pensó en llevar su gabardina, la protección del cuello y sus guantes, pero decidió confiar en que estarían todos juntos, y se sintió más tranquilo. Salió del cuarto, recorrió el pasillo hasta el cuarto de los chicos y tocó la puerta. Rápidamente, Jack, ya cambiado a ropa más casual, le abrió.
—Adelante, pasa —dijo Jack amablemente, dejándolo entrar. Elias notó que todos estaban en ropa casual, algo que le resultó curioso.
—Vaya, te ves raro con esa ropa —comentó Voss al verlo.
—Es lo que suelo usar en mis días de servicio en la milicia —explicó Elias con una leve sonrisa.
—¿Y qué te dijo el director? —preguntó Durham.
—Nos dijo que sí, que nos acompañarán dos guardias —respondió Elias alegremente, compartiendo la buena noticia.
—¡Bien, eso significa que podremos visitar varios lugares! —Jack estaba entusiasmado, y Elias sonrió.
—Bueno, vamos, seguro mi hermana ya debe estar esperando afuera.
Todos asintieron y salieron de la habitación, caminando por el pasillo hasta llegar al salón común, donde se encontraron con Bill, Tao y Aoba, los mismos felinos que Elias había visto la primera vez.
—¡Hey, Legoshi, ya estamos aquí! —saludó Bill alegremente, observando a Elias—. ¡Ah, ya estás aquí! Deja que te los presente.
—Él es Bill —dijo Legoshi, moviendo la mano hacia el tigre sonriente.
—Es un gusto, Bill —respondió Elias con una sonrisa.
Luego, dirigió la mirada hacia la pantera negra, que parecía un poco asustada.
—Y él es Tao —presentó Legoshi, y Tao asintió, luciendo nervioso.
—Es un gusto, Tao —Elias lo saludó, tratando de sonar amistoso, lo cual pareció relajar un poco al pantera.
Por último, Elias observó al águila, que se veía algo inquieta.
—Él es Aoba —dijo Legoshi.
—Hola —respondió Aoba en un tono tranquilo, aunque algo tenso dándole la mano.
—Es un gusto, Aoba —dijo Elias, estrechando su mano. Luego, se volvió hacia Legoshi—. ¿Ellos son tus compañeros de club?
—Sí —confirmó Legoshi.
—Bien, pues vamos afuera. Mi hermana y Juno ya nos están esperando —anunció Elias. Al escuchar el nombre de Juno, algunos de los chicos parecieron sorprendidos, aunque no era raro que ella estuviera presente, dado su carácter sociable.
Elias avanzó hacia los ascensores y, al salir del edificio, buscó a Maria. Finalmente la vio junto a Juno, quien llevaba un short negro con una camiseta gris. Maria, por su parte, vestía un largo vestido blanco sin mangas con pequeños detalles y un sombrero. Ambas conversaban animadamente hasta que escucharon sus pasos y voltearon para verlo.
—No sabía que traías un sombrero —dijo Elias, sorprendido de que Maria hubiera empacado algo tan inusual.
—Sí, y tú pareces nunca cambiar de ropa —respondió Maria, burlándose un poco.
—Sabes que esta ropa me ha durado mucho. Además, la ropa que hace la milicia es de mejor calidad —replicó Elias, cruzando los brazos y sacándole la lengua en tono juguetón.
Los demás observaban cómo los hermanos discutían, y Juno sonreía ante la escena. Los chicos, por otro lado, miraban a Maria algo embobados hasta que ella se percató y frunció el ceño, escondiéndose detrás de Elias, quien no pudo evitar sonreír.
—Bueno, vamos —dijo Elias animado, comenzando a caminar con Maria agarrada de su brazo. Todos los siguieron, mientras Elias y Maria conversaban entre ellos en su idioma.
—"¿A dónde iremos? ¿Estás seguro de que deberíamos salir?" —preguntó Maria, aún con cierta preocupación mientras caminaba a su lado.
—"Tranquila, Jack nos mostrará algunos lugares interesantes. No tienes de qué preocuparte" —respondió Elias, tratando de calmarla. Maria lo miró, notando la confianza que tenía en Jack.
—"¿Cómo es que confías tanto en él? ¿Cómo lo conociste?" —preguntó Maria con curiosidad.
—"Bueno, en realidad fui el primero que habló con él. Fue amable conmigo, aunque al principio estaba nervioso, igual que yo... y todos aquí."
Maria escuchaba atentamente a su hermano, sonriendo al ver cómo describía a Jack.
—"Sabes, ellos llevan cien años sin ver a un solo humano aquí, así que por eso también te miran tanto" —añadió Elias. Maria comprendió un poco más el porqué de las miradas constantes.
—"¿Entonces los conociste a todos juntos?" —preguntó Maria, echando un vistazo hacia los chicos, quienes se pusieron algo tensos al notar su mirada.
—"Sí, cuando conocí a Jack, él me los presentó a todos. Son buenos amigos" —respondió Elias con una sonrisa, y Maria lo miró, curiosa.
—"Eres muy sociable con ellos, a pesar de que siempre te asustaban de niño las historias que nos contaban" —dijo Maria, divertida, soltando una risita.
—"Vamos, son muy diferentes a esas historias y son muy amables" —contestó Elias, también animado.
Jack y los demás escuchaban la conversación de Elias y Maria, aunque no entendían exactamente lo que decían. Pero algo estaba claro: oían el nombre de Jack mencionado varias veces.
—Mira, Jack, están hablando de ti —comentó Durham, divertido.
—Sí, pero no parece que sea algo malo. Se ven como si se estuvieran divirtiendo —respondió Jack, quien también escuchaba con curiosidad. Recordó que intentó investigar el idioma de Elias, pero encontró muy poca información al respecto.
En ese momento, Miguno, un poco nervioso, hizo un comentario:
—Por cierto, no quiero sonar extraño, pero la hermana de Elias se ve… hermosa, ¿no creen?
Jack, Collot, Durham y Voss lo miraron de inmediato con una expresión seria, juzgándolo en silencio.
—No, no, no, ¡no piensen mal! Es solo que me da curiosidad saber si todas las humanas son así de atractivas —dijo Miguno rápidamente, tratando de aclarar sus intenciones.
—Vamos, no me digan que ustedes no sienten lo mismo —añadió, aún nervioso, hasta que Jack rompió el silencio.
—Bueno, puede que tengas razón… De alguna manera, extraña, yo también lo pienso… Aunque sí es raro —admitió Jack, lo que hizo que la tensión se disipara un poco.
Durham también intervino, cruzándose de brazos y tratando de sonar desinteresado.
—Bueno, creo que… se ve bien —dijo, avergonzado.
Pronto, los chicos se enfrascaron en una discusión sobre el tema, mientras que Juno aprovechaba para hablar con Legoshi.
—Y… ¿con quién irás al festival, Legoshi? —preguntó Juno con curiosidad, intentando descubrir si él iría solo.
—No… pero… —Legoshi se puso a pensar en Haru—. Aún no lo sé —respondió, sin dar una respuesta clara.
Juno, al escuchar esto, no pudo evitar pensar en la coneja con la que había visto a Legoshi algunas veces. "¿Me pregunto si estará saliendo con ella? No, no creo, es una herbívora… Además, formamos la pareja perfecta. Le demostraré a Legoshi que soy mejor", se dijo a sí misma, decidida.
—Ya veo, espero que encuentres a alguien —respondió alegremente, acercándose un poco más a su lado.
—Sí, gracias —contestó Legoshi, sumido en sus pensamientos.
Bill, Tao y Aoba observaban a todos mientras el grupo avanzaba hacia la salida de la escuela.
—Oye, Bill, esa es la hermana del humano, ¿y qué es ese idioma raro que hablan? ¿Será que nos estará maldiciendo? —murmuró Tao, con una expresión de inquietud mientras miraba a Maria hablando con Elias.
—Sí, suena raro, pero no creo que estén diciendo nada sobre nosotros —respondió Bill, manteniendo la calma mientras seguía caminando.
—Sea lo que sea, creo que los humanos son muy extraños —añadió Aoba, lanzando una mirada a Maria y Elias, intrigado por sus costumbres y el misterio que los rodeaba.
Los tres continuaron observándolos con curiosidad, sin poder evitar especular un poco sobre lo que significaban esas palabras que no lograban comprender.
Al llegar, se detuvieron al ver a dos guardias, ambos leones uno joven y el otro un poco más viejo, vestidos de traje negro, que los aguardaban. Los guardias notaron a Elias y Maria, quien, al verlos, se escondió rápidamente detrás de su hermano. Uno de los leones se acercó con una sonrisa amable.
—Tú debes ser Elias, ¿verdad? —preguntó el león joven, amablemente.
—Sí… —respondió Elias, un poco nervioso al ver a los dos leones.
—Bien, yo soy Agata, y él es… —comenzó el joven, pero fue interrumpido abruptamente.
—Soy Ibuki. Vamos —dijo el segundo león de manera seria, lo que hizo que un escalofrío recorriera la espalda de Elias.
—Seremos tu escolta, así que no te preocupes —añadió Agata con una sonrisa amigable, intentando calmarlo.
—S-s-sí —respondió Elias, forzando una sonrisa, aunque seguía algo tenso.
Todos salieron de la academia, con el grupo de amigos acompañándolos. Ibuki miró a Agata con una expresión que indicaba cierta molestia al ver el gran número de acompañantes, lo que lo obligaba a posponer cualquier posible plan.
Mientras caminaban por la calle, Elias y Maria notaron que muchos los miraban, algunos susurraban entre ellos, mientras otros tomaban fotos. A lo lejos, algunas personas incluso se alejaban apresuradamente. Maria, nerviosa y asustada, abrazó el brazo de su hermano.
—Hermano, todos nos miran —dijo Maria, con la voz temblorosa.
—Sí, lo sé, pero mantén la calma —respondió Elias, igual de tenso, aunque intentando tranquilizarla.
Notando su incomodidad, Jack se acercó junto con los demás.
—¿Estás bien, Elias? Solo mantente tranquilo —dijo Jack, tratando de infundirle confianza.
—S-s-sí, Jack. ¿Hacia dónde vamos? —preguntó Elias, tartamudeando por el nerviosismo que sentía al estar rodeado de tantas miradas.
—Al metro, de ahí iremos al centro de la ciudad —respondió Jack, con tono animado al notar que Elias estaba sudando de los nervios.
—¿Tienen metro aquí? —preguntó Elias, intrigado, y su hermana también miró a Jack con curiosidad.
—Sí, ¿dónde vives no hay? —preguntó Jack.
—Sí, pero solo en las ciudades más grandes. Lo máximo que he visto son tranvías en la ciudad —respondió Elias con una pequeña sonrisa.
Mientras tanto, Agata e Ibuki caminaban detrás de ellos, conversando en voz baja para no ser oídos.
—Oye, Ibuki, ¿cómo lograste que estuviéramos tan cerca de estos chicos? —susurró Agata, intrigado sobre cómo Ibuki había conseguido acercarse tanto al objetivo.
—Alguien me debía un favor, así que lo cobré —respondió Ibuki en voz baja.
—¿Y cuándo planeas…? —comenzó a decir Agata, pero fue interrumpido rápidamente por Ibuki, que lo calló con firmeza.
—Cállate. No hables de eso aquí. Alguien podría oírnos, maldito novato —murmuró Ibuki con tono molesto—. Esperaremos a que se queden solos.
—¿Y qué hay de la chica? Se parece a él… —preguntó Agata, bajando aún más la voz para que solo Ibuki lo escuchara.
—La verdad, no esperaba encontrar a la chica humana, pero parece que son hermanos. Nos llevaremos a los dos —respondió Ibuki, evaluando la situación—. Por ahora, solo los seguiremos. Trata de no llamar mucho la atención.
Ambos continuaron caminando, planeando cuidadosamente el próximo paso.
Al llegar a la estación, Elias y Maria descendieron las escaleras, maravillados al ver el metro por primera vez.
—¡Increíble! ¡Nunca había visto un tren bajo tierra! —exclamó Maria, asombrada, y Elias compartía su emoción.
Las personas en la estación se detenían a mirarlos, susurrando entre ellos:
—¿Ese no es el humano de la academia Cherryton?
—Sí, pero, ¿quién es la chica? Se parece a él.
—Parece ser su hermana.
—¿Mamá, esos son los demonios?
—Shh, no digas eso en voz alta. Ven, vamos más lejos de ellos. —Son los demonios de esa isla... en verdad son ellos. —Mejor alejémonos, no quiero terminar maldita.
Elias y Maria escuchaban los comentarios, al igual que el resto del grupo. Jack y sus amigos empezaron a sentirse incómodos por la manera en que los demás se referían a Elias y su hermana, pero pronto Juno se acercó para distraerlos de las miradas y susurros.
—¿Es su primera vez viendo un metro? —preguntó Juno con entusiasmo.
—Sí. Como le dije a Jack, solo hay tranvías en nuestra ciudad, y metros en las más grandes, pero mi hermana y yo nunca nos habíamos subido a uno —respondió Elias alegremente.
Maria miró a Juno con ojos brillantes de curiosidad.
—Juno, ¿qué otras cosas hay en la ciudad? —preguntó Maria emocionada.
—Muchas cosas. Si quieres, podemos ir tú y yo a ver ropa y otros lugares —dijo Juno alegremente, lo que hizo que Maria se mostrara un poco triste al saber que no podía ir por ahí sola con Juno.
Jack y los demás amigos la miraron y sintieron el impulso de ayudarla. Intercambiaron una mirada de complicidad, y entonces Jack, aunque algo nervioso, habló.
—Ah, Maria… Si quieres, podemos acompañarte también. Planeábamos llevar a Elias a esos lugares —dijo Jack, notando que ella lo miraba con esperanza.
—¿De verdad? —exclamó Maria emocionada, acercándose más a él.
—S-s-sí… —respondió Jack, desviando la mirada con nerviosismo sintiendo un poco su corazón acelerarse.
Maria entonces lo miró con una expresión de arrepentimiento.
—Ah… Quisiera pedirte disculpas por lo que pasó en la mañana. Solo estaba asustada y no debí decir eso —dijo Maria con tono sincero, bajando la mirada.
Jack, sorprendido, reaccionó rápidamente, sin querer verla triste.
—No, no te preocupes. Después de todo, es tu primer día aquí, así que es normal —respondió Jack, tratando de tranquilizarla.
La respuesta de Jack hizo que Maria levantara la mirada y le dedicara una pequeña sonrisa cálida.
—De verdad lo siento, no debí decir eso. Pero gracias, Jack. Espero que podamos ser amigos —dijo Maria, con una sonrisa llena de ternura.
Todos los que los observaban se ruborizaron ante la tierna sonrisa de Maria. Jack quedó sin palabras, atrapado por su mirada, hasta que Elias habló para romper el momento.
—Parece que ya viene el tren —dijo Elias, notando cómo se acercaba y comenzaba a detenerse en las vías. Todos voltearon y esperaron a que se abrieran las puertas. Jack seguía ensimismado en sus pensamientos hasta que sintió el tirón de Legoshi, quien lo jaló para que entrara al vagón. Reaccionando, Jack lo siguió y se unió al grupo, quedándose en silencio mientras reflexionaba.
El tren cerró las puertas y comenzó a moverse hacia la siguiente estación. Pasaron unos minutos mientras cambiaban de estación en estación, hasta que finalmente llegaron a su destino. Al bajar, Elias y Maria todavía estaban asombrados. Subieron las escaleras, saliendo del metro y encontrándose en el bullicioso centro de la ciudad, sus ojos llenos de asombro.
—¡Mira, hermano! Son como los edificios en Garden, ¡solo que aquí hay muchos más! —exclamó Maria, impresionada y sonriente.
—¡Sí, lo sé, es increíble! —respondió Elias, compartiendo el entusiasmo de su hermana. El grupo observaba con una sonrisa, encantados de ver la emoción en ambos.
—Me gustaría tomar una foto… lástima que no traje mi cámara —dijo Maria, un poco desanimada. Jack y Juno se acercaron al escucharla.
—¿Quieres que te tome una foto? —preguntaron ambos al mismo tiempo, mirándose antes de reír.
—Adelante, tú primero —dijo Jack, algo avergonzado.
—No, tú llegaste primero, adelante —insistió Juno, riendo.
—Está bien —aceptó Jack amablemente. Maria lo observaba, algo confundida al notar que no tenía cámara.
—¿Cómo vas a tomar la foto si no tienes cámara? —preguntó ella, intrigada.
—Ah, sí, eso le pasó también a Elias cuando se lo mostramos —respondió Jack, sonriendo. Luego se acercó y sacó su teléfono, mostrándoselo a Maria, quien lo miró con curiosidad.
—¿Qué es? —preguntó ella, mirando el dispositivo de cristal negro y azul.
—Es un teléfono.
—¿Como los de rueda? —respondió Maria inocentemente, causando risas disimuladas entre el grupo.
—Es algo parecido, pero mucho más moderno. Mira —Jack presionó la pantalla, que se iluminó, mostrando las aplicaciones. Seleccionó la cámara, y Maria, emocionada, se acercó aún más a él, sus ojos brillando de curiosidad.
—¡¿Cómo hace eso?! —preguntó, pegándose a Jack, quien rápidamente se puso nervioso, ruborizándose.
—T-t-tiene la cámara detrás —tartamudeó, girando el teléfono para mostrarle. Maria lo observó confundida.
—¿Por qué tiene tres lentes? Y son muy pequeñas —dijo, intrigada.
—Son para diferentes enfoques… y, bueno, los teléfonos de ahora pueden hacer casi de todo —explicó Jack, todavía nervioso. Maria estaba asombrada, sonriendo mientras se recargaba ligeramente en él para ver mejor el teléfono.
—Vaya, parece que ahora todo es muy diferente a cuando nos conoció —comentó Durham con una pizca de envidia, al notar lo bien que Maria se llevaba con ella.
—Sí, Elias tenía razón cuando le dijo eso a Jack sobre ella. Aunque, ¿pero parece que Jack lo está disfrutando? —respondió Miguno, sonriendo al ver a Jack y Maria divirtiéndose juntos. Los demás miraban, observando cómo Jack movía la cola, claramente contento. Incluso Legoshi los miraba con curiosidad.
Jack les mostró la cámara, tomando algunas fotos juntos mientras Maria se emocionaba al ver cómo salían las imágenes. Luego giró el teléfono para una selfie. Elias también se unió, bromeando al levantarle las orejas a Jack, lo cual sorprendió y divirtió a todos, incluido el propio Jack.
Después de terminar las fotos, Jack dejó a Maria y Elias con Juno y regresó con el grupo, sintiendo la calidez del momento aún en su sonrisa.
Durham tomó a Jack por un lado, mientras Miguno lo sujetó del otro, y pronto Collot y Voss se unieron, formando un pequeño grupo alrededor de Jack y sorprendiéndolo. Mientras tanto, Legoshi observaba a sus compañeros de cuarto desde la distancia, junto con los miembros de su club, Bill, Tao y Aoba.
—Oye, Legoshi, parece que tus compañeros de cuarto se llevan muy bien con ellos —comentó Bill, impresionado al ver lo cercanos que eran y cómo no mostraban temor hacia los nuevos.
—Sí, Jack es muy amable, y parece que su hermana también lo es —respondió Legoshi, notando cómo Juno se tomaba fotos divertidas con Elias y Maria.
—No se parecen en nada a lo que mi abuelo contaba sobre los humanos en las historias de su padre, parecen… normales —murmuró Tao, aliviado al ver a los hermanos sonriendo y disfrutando con Juno.
—Puede que tengas razón, pero están atrayendo mucha atención —añadió Aoba, observando cómo una pequeña multitud comenzaba a reunirse en la plaza.
Legoshi, Bill y Tao también miraron alrededor, algo inquietos, hasta que vieron que Elias y Maria se acercaban nuevamente hacia ellos.
—Bien, ¿a dónde vamos primero? —preguntó Elias, lleno de entusiasmo.
—¿Qué tal si vamos a la plaza comercial? Allí podrán ver muchas cosas —sugirió Juno con una sonrisa amable.
—¿Qué es ese lugar? ¿Es como un mercado? —preguntó Maria, curiosa.
—Sí, tiene muchos tipos de tiendas —respondió Juno, sonriéndole.
—Suena interesante —dijo Maria, mirando a Elias con una sonrisa—. Vamos.
—Sí, pero no quiero abusar del dinero que me dieron para la escuela. Supongo que también te dieron una, ¿verdad? —Elias le preguntó a Maria, quien asintió.
—¿Qué les dieron? —preguntó Legoshi, intrigado.
—Es una tarjeta que nos dio su gobierno para cubrir gastos escolares —explicó Elias, sacándola para mostrársela. Todos la miraron con curiosidad.
—¿El gobierno te dio una tarjeta con la que prácticamente puedes comprar lo que quieras? —preguntó Bill, asombrado.
Elias asintió y guardó la tarjeta nuevamente.
—Sí, pero no quiero abusar de su amabilidad ni del apoyo de su nación —respondió Elias con tranquilidad.
—Entonces, ¿no tienes dinero para gastar fuera de la escuela? —preguntó Juno, captando su atención.
—Bueno…no practicamente. Nunca pensé en salir o hacer amigos aquí, así que no pregunté por dinero para otras cosas —respondió Elias, sonriendo ligeramente—. Pero ahora los tengo —añadió, mirando a los demás.
Legoshi y Juno le sonrieron con calidez.
—Mmm… ¿y si como quiera vamos? Luego me puedes pagar, ¡y además me iré contigo en las vacaciones de verano! —sugirió Juno alegremente, recordándole la conversación que tuvieron. Bill, Tao y Aoba se miraron, sorprendidos por la revelación.
—No gastes dinero en nosotros, me sentiría mal sabiendo que no puedo pagarte adecuadamente —dijo Elias, sintiéndose un poco culpable.
—Sí, Juno, no sería justo… además, ¿mi hermano te invitó a Edén? —añadió Maria, preocupada.
—Vamos, yo invito, insisto. Además, no creo que puedan trabajar aquí, ya que… bueno, ya saben —respondió Juno, queriendo hacer algo por ellos y consciente de las limitaciones que enfrentaban.
—Y le pedí a tu hermano que me llevara a su país en las vacaciones de verano. Quiero conocerlo; pensé que sería una buena idea —explicó Juno, mirando a Maria, quien aún parecía algo preocupada.
—Acerca de eso, Juno… —dijo Elias antes de que Maria pudiera agregar algo—. El embajador aceptó la petición; todos podrán ir.
El rostro de Juno se iluminó de alegría.
—Pero… la embajadora de aquí tendrá que pedir permiso al consejo y a tu familia para que puedas ir —agregó Elias, rascándose la cabeza.
Juno estaba radiante de alegría.
—¡Estoy segura de que me dejarán ir! —respondió con entusiasmo. Sin embargo, Maria, aún preocupada, tiró de la camisa de su hermano para llamar su atención. Elias se giró hacia ella, notando su expresión seria.
—¿Qué pasa, hermanita? —preguntó, viendo su inquietud.
—"Tenemos que hablar" —murmuró Maria en su idioma natal, asegurándose de que nadie más entendiera. Elias suspiró, captando su preocupación.
—"Sí, lo sé, Maria, pero tenía la esperanza de que rechazaran la petición" —admitió, llevándose la mano al rostro con una expresión cansada.
—"Sabes que no la recibirán bien, especialmente porque es una loba" —dijo Maria en tono preocupado.
Elias la miró fijamente.
—"Lo sé, pero ¿qué le voy a decir? ¿Que no puede ir porque seguramente la odiarán en todos lados?" —respondió con seriedad. Maria dio un paso hacia él y le tomó la mano.
—"Tienes que decirle la verdad, Elias. Por favor, díselo; no quiero que le hagan daño, se nota que es una buena persona" —le pidió Maria, con genuina preocupación por Juno. Elias bajó la vista, sintiéndose atrapado en la situación, y suspiró.
—"Sí, se lo diré, a ella y también a los demás" —aceptó finalmente, agotado.
—"¿Quiénes más van a ir?" —preguntó Maria, intrigada.
Elias señaló a Legoshi, Jack y los chicos alrededor de él, quienes empezaban a distanciarse al notar que ellos dos hablaban en su idioma.
—"¿Todos ellos quieren ir?" —preguntó Maria, sorprendida.
Elias asintió, compartiendo su preocupación y sabiendo que tendría que explicarles lo que podría esperarles en Edén.
