Un viaje caótico.

Roxy Migurdia, una maga de clase real y una de las más poderosas de su tiempo, con medio siglo de experiencias acumuladas, había visto y enfrentado cosas inimaginables a lo largo de su vida. Sin embargo, por muy sabia y capaz que fuera, todavía conservaba cierta pureza e inocencia que la hacían vulnerable a situaciones particularmente vergonzosas. Pero en este momento, lo que sentía no era simple vergüenza. No, esto era desconcierto absoluto.

En un lugar tan mortal como el Laberinto de Teletransportación, una caverna repleta de trampas y monstruos que incluso ella, con su vasto poder mágico, no podría superar sola, jamás imaginó presenciar algo tan… absurdo.

—¡Ranma, ven y báñate conmigo! —gritó Hinako, quien, en su forma infantil, chapoteaba alegremente en lo que parecía un improvisado baño termal.

Sí, allí estaba ella, una maestra que lucía como una niña pequeña, disfrutando plácidamente de un baño caliente en medio de uno de los lugares más hostiles conocidos. Y lo peor era que no estaba sola en esta locura.

Todo comenzó cuando Ranma, inexplicablemente ajeno al sentido común en situaciones de peligro extremo, comentó que necesitaba un baño caliente. Lo que vino después desafió toda lógica. Encontraron una sala amplia que solía estar infestada de monstruos. Roxy fue testigo de cómo Ranma, con una facilidad que solo habría esperado de figuras legendarias como Orsted o Perugius, eliminó a las criaturas como si fueran moscas. No contento con eso, destruyó todos los círculos de teletransporte, aislando completamente la sala de la influencia del laberinto.

Pero eso no era suficiente. Ranma, como si fuera lo más normal del mundo, comenzó a excavar un pozo con precisión casi artística. En poco tiempo, llenó el agujero de agua y, utilizando una técnica que él denominó "Ki", calentó el agua hasta transformarla en un relajante baño termal.

Por supuesto, no podía faltar un detalle adicional: con una aparente obsesión por la decencia, Ranma construyó una improvisada división para separar el baño y mantener un poco de privacidad.

Roxy, observando todo desde la distancia, simplemente se sentía incapaz de procesar lo que estaba ocurriendo. Su experiencia en magia, su medio siglo de vida, nada de eso la había preparado para esto.

Hinako, completamente ajena a la tensión inherente del entorno, seguía chapoteando alegremente. —¡Vamos, Ranma! ¡El agua está perfecta! —canturreó, mientras burbujas de vapor se elevaban a su alrededor.

Todo lo que Roxy pudo hacer fue quedarse allí, mirando con incredulidad mientras sus compañeros, en un acto de ridículo desafío al peligro, convertían el rincón más hostil del laberinto en su propio balneario personal. —No digas tonterías, Hinako-sensei. Vas a avergonzar a Roxy —dijo Ranma, cruzando los brazos con firmeza.

—¡Aw, pero quiero tener mi momento feliz contigo! —Hinako hizo un puchero, inflando las mejillas como una niña caprichosa. Sin embargo, Ranma se mantuvo firme.

—Eso no te va a ayudar. Además, incluso si no me molesta bañarnos juntos, creo que Roxy se sentiría incómoda si lo hacemos todos al mismo tiempo.

Fue entonces cuando, en un acto de valentía inesperada, Roxy levantó la mano. Su rostro estaba rojo como un tomate, pero reunió todo el coraje que tenía para hablar.

—Esto… no me molesta si nos bañamos todos juntos. Digo, todos somos adultos responsables… o eso creo. Y no creo que Ranma haga nada indebido —dijo, con la voz temblorosa pero decidida.

Hinako, al escuchar esto, soltó una carcajada triunfante.

—¡¿Ves, mi preciado estudiante?! ¡Ella es una adulta responsable! Y no le molesta —exclamó antes de lanzarse al agua como si fuera una bomba, salpicando a Ranma en el proceso. Por suerte, el agua estaba caliente, así que su maldición no se activó.

Roxy, tomando ejemplo de los demás, se desvistió con movimientos tímidos y se sentó en un pequeño banco de madera. Con una cubeta, mojó su cuerpo y comenzó a enjabonarse cuidadosamente. Aunque su complexión era pequeña y algo infantil, su figura tenía una elegancia discreta que no pasaba desapercibida. Una vez limpia, se enjuagó el jabón y, cubriéndose con una toalla, se metió al agua, sentándose al lado de Ranma.

Ranma, siempre caballeroso y respetuoso, mantuvo su mirada fija hacia adelante, decidido a no hacer nada inapropiado. Sin embargo, incluso él no pudo evitar que su mirada se desviara por un instante, observando de reojo la figura de Roxy. Aunque intentó disimularlo, el leve rubor en su rostro lo delató, lo que, sin querer, reforzó el ego y la autoestima de Roxy.

Hinako, chapoteaba alegremente, sin prestar atención a nada mas.

Roxy no pudo evitar que su mirada vagara hacia el cuerpo de Ranma. Su complexión era algo que solo podía describir como esculpida: brazos fuertes, un pecho amplio marcado por cicatrices varoniles y un abdomen firme que hablaba de años de entrenamiento arduo. Incluso las sombras que las luces del baño proyectaban sobre su figura parecían acentuar cada detalle, haciendo que su mente divagara más de lo que consideraba apropiado.

Y luego, sin querer, su mirada descendió un poco más. La toalla que cubría la cintura de Ranma parecía tensarse de manera que no podía ignorar. Fue un instante, un breve momento en el que Roxy parpadeó y rápidamente desvió los ojos, su rostro encendiéndose de un rojo intenso. "Por favor, que nadie haya notado eso", pensó, reprimiendo las ganas de ocultar su vergüenza en el agua.

Por su parte, Ranma intentaba mantenerse estoico, enfocándose en la conversación. Aunque la situación le resultaba incómoda, hizo un esfuerzo por mantener las cosas normales.

—Entonces, Roxy, ¿cómo es eso de la magia? —preguntó, intentando romper cualquier tensión que pudiera flotar en el aire—. ¿Cómo funciona exactamente? He visto muchas cosas mágicas, pero nunca a un mago real.

Agradecida por el cambio de tema, Roxy se agarró a la conversación como a un bote salvavidas. Con una voz que poco a poco recuperaba la calma, comenzó a explicar.

—La magia se basa en el manejo del maná, que es una energía presente en todo lo que nos rodea. Dependiendo del talento y la práctica, uno puede moldear el maná en diferentes formas, como agua, fuego o incluso curación —dijo, sintiéndose un poco más cómoda mientras hablaba de algo tan familiar para ella.

—Oh, suena interesante. Es un poco como el Ki. Realmente me gustaría aprender. Quizás no me convierta en un gran mago, pero saber unos hechizos básicos podría serme útil. ¿Crees que podrías enseñarme un poco? —preguntó Ranma, con una mezcla de curiosidad y entusiasmo.

Roxy se quedó pensativa por un momento. Podía sentir que Ranma tenía una cantidad decente de maná en su cuerpo, algo inusual para alguien que no era mago. Pero había algo más. Una energía diferente, algo que solía percibir en guerreros expertos en combate cuerpo a cuerpo o con armas. Sin embargo, lo que sentía en Ranma era mucho más intenso, casi abrumador.

—Espero no ofenderte. No es que crea que eso de la magia sea fácil como para enseñármelo mientras salimos del laberinto —añadió Ranma, rascándose la nuca con una sonrisa incómoda. Mientras tanto, Hinako nadaba de un lado a otro en el baño improvisado, comportándose como una niña hiperactiva..

Roxy parpadeó, sacudiéndose de sus pensamientos, y se apresuró a responder.

—De ninguna manera, no me siento ofendida ni nada —dijo, con un leve rubor en las mejillas—. Es solo que pareces tan hábil en otro campo distinto al de la magia que no creí que te interesaría… Pero sí, creo que podría intentar enseñarte, aunque sea un hechizo básico.

Mientras lo decía, Roxy reflexionó. Ranma claramente nunca había usado magia, a pesar de su maldición y esa cantidad absurda de maná para alguien que no era mago. Una idea traviesa cruzó por su mente. Tal vez podría usar esta oportunidad para acercarse un poco más a él.

—Primero deberías ser capaz de sentir el maná —dijo, con una ligera sonrisa que tenía un toque de picardía.

Antes de que Ranma pudiera responder, Roxy, con determinación, se sentó sobre él, fijando sus ojos directamente en los suyos. A pesar de la cercanía, trató de mantener la compostura, ignorando deliberadamente la evidente virilidad de Ranma, que se apoyaba ligeramente contra su cuerpo. Su mente se centró en su plan, buscando mantener su enfoque.

Ranma, sorprendido por el giro de los acontecimientos, se quedó inmóvil. Hizo un esfuerzo sobrehumano por ignorar el calor del cuerpo de Roxy, enfocándose en la sensación del maná que comenzaba a fluir desde ella hacia él. —Oh, espíritu sagrado, concede tu bendición y cura está herida. ¡Curación Menor! —recitó Roxy, mientras un suave brillo envolvía su cuerpo y el de Ranma.

Ranma sintió la energía recorrerlo, tanto por dentro como por fuera. Era una sensación extraña pero fascinante. Por primera vez, pudo percibir algo más allá de su Ki. Había una fuerza latente en su interior, algo que siempre había estado allí pero que nunca había notado.

—Eso fue increíble. Creo que puedo sentir el maná —exclamó Ranma, con los ojos brillando de emoción.

Sin embargo, pronto se dio cuenta de lo comprometida que era su posición. Si seguían así, podría cruzar una línea que no estaba dispuesto a cruzar. No es que no quisiera, pero sabía que no era el momento. Conteniendo sus propios impulsos, se aclaró la garganta y añadió:

—Pero, eh… tal vez deberíamos continuar con esto en otro momento. Ya sabes, cuando no estemos en un baño.

Roxy, aún sentada sobre él, se sonrojó intensamente al darse cuenta de la situación. Se levantó rápidamente, tratando de mantener la compostura.

—S-sí, claro. Tienes razón —dijo, apartando la mirada mientras su corazón latía con fuerza.

—Si me disculpas, necesito hacer algo —dijo Ranma mientras se ponía de pie, intentando con todas sus fuerzas evitar que su virilidad fuera demasiado evidente al ajustar la toalla. Caminó rápidamente lejos del baño y, sin dudarlo, derramó agua fría sobre sí mismo, activando su maldición y transformándose en su forma femenina.

Roxy observó la escena y, para su sorpresa, comprendió perfectamente la lógica de Ranma. Él estaba claramente excitado, pero también avergonzado, y por el bien de la decencia había optado por activar su maldición para evitar que las cosas se volvieran incómodas. Fue entonces cuando Roxy cayó en cuenta de algo que la hizo sonrojarse aún más: le parecía atractiva a Ranma. Ranma se vistió sin demoras, ajustando su ropa a su forma femenina. Sería un inconveniente si los pantalones se le cayeran mientras peleaba o corría.

—Voy a juntar nuestras cosas para poder movernos en cuanto terminen de bañarse —dijo, procurando ocultar el rubor en su rostro mientras se alejaba del baño.

Por otro lado, Hinako, aprovechando que se encontraba a solas con Roxy, murmuró:

—Happō Gōryū...

Hinako pareció absorber algo de energía de un monstruo que Ranma había dejado incapacitado, permitiéndole tomar su forma adulta antes de continuar. Su cuerpo creció varios centímetros, adoptando una figura más madura y voluptuosa. Se sentó al lado de Roxy, quien se sonrojó intensamente al ver su imponente figura. Hinako estaba completamente desnuda, pero no parecía sentir vergüenza alguna.

—Así que, Roxy, ¿te gusta mi lindo estudiante, no? —preguntó Hinako con una sonrisa traviesa.

—E-em, yo, bueno… —Roxy apenas pudo articular palabra, su rostro completamente rojo.

—No te preocupes, es comprensible. Hay al menos tres chicas que están detrás de él todo el tiempo, aunque él las ignora completamente. Y al menos otras treinta que sueñan con estar con él, pero le tienen miedo a esas tres —continuó Hinako, ahora con un tono más serio.

—Por supuesto, la única que ha logrado estar con él, en todo el sentido de la palabra, soy yo —añadió con orgullo en su voz.

El cuerpo de Roxy tembló, sintiéndose intimidada. "¿Tal vez era una amenaza?", pensó. Quizás Hinako estaba marcando territorio, lo cual la desanimaba bastante en ese momento. Pero, para su sorpresa, lo que Hinako dijo a continuación lo cambió todo.

—Me agradas lo suficiente para dejarte avanzar con el.

—¿Perdón? —Roxy intentó asimilar lo que le estaban diciendo.

—No sé si Ranma querrá regresar a nuestro mundo, o si siquiera podremos lograrlo. Pero deberías aprovechar para volverte más cercana a él.

—¿No estás celosa? ¿No te molesta? —preguntó Roxy, aún confundida.

—No. Como dije, somos amantes, pero oficialmente no somos novios ni estamos comprometidos.

—Pero, si quieres lograrlo, debes ser muy proactiva. ¡No dudes! Si ves una oportunidad para acostarte a él, no la dejes pasar —dijo Hinako, continuando con su discurso, mientras Roxy, ya algo mentalmente alterada, intentaba procesar sus palabras.

—Por supuesto, él podría intentar negarse o decir algo como: "No quiero que hagas esto solo para agradecerme" o alguna tontería así. Porque, ya sabes, es un buen chico y no se aprovecharía de una joven inocente. Así que debes dejar bien claras tus intenciones —añadió Hinako, con una sonrisa que mezclaba picardía y seriedad.

Hinako hizo una pausa, su expresión se tornó un poco más seria mientras suspiraba.

—Solo espero que no seas como Akane, Shampoo y Ukyo. Esas chicas son tan egoístas. Siempre están peleando entre ellas, como si Ranma fuera un trofeo que solo una puede ganar. Nunca consideran que podrían compartirlo, ni siquiera un poco. Es agotador verlas actuar así —dijo, con un tono de frustración evidente.

Roxy parpadeó, sorprendida por el cambio de tono. Hinako continuó, ahora con una sonrisa más relajada.

—Pero tú pareces diferente. Eres una buena chica, y también tienes un estudiante al que aprecias. Creo que serías una buena novia para Ranma. Solo te pido que, si llegas a ganarte su corazón, lo compartas conmigo —añadió con un guiño, dejando a Roxy en un completo corto circuito mental.

Roxy, haciendo uso de toda su fuerza de voluntad, intentó levantarse para responder, pero para cuando lo logró, Hinako ya había abandonado el baño. Desde su posición, Roxy pudo ver su espalda mientras se alejaba, con esa figura imponente y ese trasero con forma de melocotón que parecía desafiar toda lógica. Hinako se dirigía tranquilamente a vestirse, como si nada hubiera pasado.

Ella solo pudo hundirse en el agua, completamente avergonzada, mientras las palabras de Hinako resonaban en su mente. Su corazón latía con fuerza, y aunque intentaba ignorarlo, no podía evitar reflexionar sobre lo que acababa de escuchar.


El grupo siguió avanzando en busca de una salida, Roxy observó con atención mientras Ranma se preparaba para intentar el hechizo básico por primera vez. Había elegido enseñarle Bola de Agua, un hechizo sencillo pero fundamental en el manejo de magia, y el primer hechizo que había enseñado a Rudeus.

—Bien, Ranma, incluso si no lo logras a la primera, no te desanimes —dijo Roxy, con una leve sonrisa de apoyo mientras colocaba sus manos en posición para demostrarlo—. Primero coloca tus manos así y recita:

"Oh, espíritu del agua, escucha mi llamado. Forma una esfera que golpee a mi enemigo con fuerza. ¡Bola de Agua!"

El maná comenzó a acumularse en la mano de Roxy, formando una esfera líquida y translúcida que flotaba frente a su palma. Al principio parecía inestable, pero rápidamente tomó forma, hasta salir disparada con precisión hacia una roca cercana, dejando un pequeño agujero en ella.

—Puede parecer poco potente, pero es muy útil en combate. Ahora es tu turno, Ranma —animó Roxy.

Hinako, desde el fondo, murmuró entre risitas:

—Roxy, no te preocupes. Te acostumbrarás a que él sea bueno en todo...

Ranma, en su forma masculina, observó con determinación. Extendiendo su mano hacia otra roca, recitó el hechizo con seriedad:

—"Oh, espíritu del agua, escucha mi llamado. Forma una esfera que golpee a mi enemigo con fuerza. ¡Bola de Agua!"

Para sorpresa de Roxy, una esfera de agua comenzó a formarse en la mano de Ranma. Aunque temblorosa y pequeña, estaba claramente presente, lo que impresionó enormemente a la maga. "¿Cómo es posible que lo haya logrado en su primer intento? Esto no es algo que cualquiera pueda hacer…" pensó, mientras sus ojos se abrían de asombro. Sin embargo, no pudo evitar compararlo con Rudeus, quien había logrado lo mismo sin recitar el hechizo... a la edad de 5 años.

"Claro, no es tan impresionante como lo que hizo Rudeus en su momento, pero aun así es increíblemente rápido para alguien que nunca ha usado magia antes," reflexionó.

Antes de que pudiera lanzarla, un brillo rojo atravesó el cuerpo de Ranma, transformándolo en su forma femenina de forma inesperada.

—¡Aw~ no es justo! —protestó Ranma con un leve puchero, mirando su cuerpo transformado. El tono de su queja y su expresión adquirieron un aire juvenil que no pasaba desapercibido.

Roxy, incapaz de contener una sonrisa, observó cómo Ranma se recuperaba rápidamente de la frustración inicial y se sumergía en un análisis rápido.

—Hmmm… creo que entiendo cómo se siente el maná. Es como un flujo distinto al del Ki, algo que recorre mi sangre en lugar de mis nervios... Sí, puedo trabajar con esto —murmuró Ranma, inmersa en sus propios pensamientos antes de volver a intentarlo.

—¡Creo que ahora sí lo tengo! —dijo, con confianza renovada.

Colocó sus manos en posición nuevamente y recitó el hechizo con firmeza:

—"Oh, espíritu del agua, escucha mi llamado. Forma una esfera que golpee a mi enemigo con fuerza. ¡Bola de Agua!"

Esta vez, la esfera salió disparada con fuerza, impactando contra una roca y creando un agujero comparable al que había hecho Roxy antes.

—¡Eso fue increíble! ¡Lo dominaste muy rápido! —exclamó Roxy, impresionada. Para alguien que nunca había usado magia antes, hacerlo bien en el segundo intento era asombroso. Sin embargo, su mente aún no podía evitar pensar: "Aunque impresionante, no puedo evitar compararlo con Rudeus… ¿Cómo sería si Ranma también intentara hacerlo sin recitar el hechizo?"

Hinako, apoyada contra una pared y mirando la escena con una sonrisa traviesa, añadió:

—Típico de Ranma. Siempre tiene que sobresalir —comentó con tono burlón mientras comía un dulce que había sacado de su bolsillo.

Sin embargo, la atención de Roxy se centró en Ranma cuando este hizo una pregunta inesperada.

—Es genial poder hacer esto, pero, ¿es posible lanzarlo sin recitar el hechizo? En una pelea, sería mucho más útil poder hacerlo instantáneamente.

Roxy parpadeó, desconcertada.

—Bueno... conozco a alguien que lo hace, pero personalmente no he logrado alcanzar ese nivel. Es muy difícil —admitió, sintiéndose un poco avergonzada al recordar cómo Rudeus había logrado superar esa barrera a una edad temprana.

—Entonces, es posible —murmuró Ranma, llevándose una mano a la barbilla con aire pensativo. Era evidente que su mente ya estaba trabajando en cómo lograrlo. Por supuesto, Roxy sabía que Rudeus era especial y que sería muy difícil que...

¡Splash!

Sin previo aviso, Ranma había lanzado una Bola de Agua perfecta, sin necesidad de recitar el cántico. La esfera salió disparada con velocidad y precisión, dejando un agujero limpio en la pared del laberinto.

Roxy se quedó boquiabierta. La imagen de Ranma lanzando el hechizo de manera tan fluida le recordó inmediatamente a su propio estudiante, Rudeus, quien había logrado lo mismo a la edad de cinco años. Aunque no quería admitirlo, un leve sentimiento de frustración se apoderó de ella.

—¡No inventes! —exclamó, cruzando los brazos con un leve puchero de desconcierto, sintiéndose casi inútil por unos instantes.

Hinako, quien había estado observando con una mezcla de orgullo y exasperación, intervino con su característico tono burlón:

—Por eso te lo decía. Ranma es un prodigio cuando se trata de aprender cosas nuevas.

Sin embargo, su expresión pronto cambió a un ceño fruncido, y añadió con irritación:

—¡Si tan solo pusiera algo de su talento en mis clases de inglés! Pero no, al señorito solo le interesan las artes marciales… ¡Pues lamento que mis clases sean tan aburridas!

Ranma, completamente inmune a las quejas de su maestra, se giró hacia Roxy con los ojos iluminados por una emoción infantil y contagiosa.

—¿¡Me enseñas otro hechizo!? —preguntó con entusiasmo, como si fuera un niño con un juguete nuevo.

—¡No! ¡No más hechizos nuevos por hoy! —gritó Roxy, levantando las manos con frustración. No sabía si sentirse emocionada o abrumada ante el ritmo de aprendizaje de Ranma.

Mientras continuaban avanzando por el laberinto, se encontraron con oleadas de monstruos. Para consternación de Roxy, Ranma había cambiado por completo su estilo de combate. En lugar de depender de sus habituales movimientos marciales y ataques de Ki, ahora parecía decidido a perfeccionar su manejo del hechizo Bola de Agua.

Con cada encuentro, Ranma experimentaba más con el hechizo. Primero, redujo el tamaño de la esfera, logrando que fuera más rápida y precisa, aunque sacrificando algo de alcance. Luego probó con una versión más grande y pesada, causando impactos mucho más devastadores. Finalmente, decidió dividir el agua en múltiples lanzas afiladas, creando un ataque más versátil y letal.

Roxy observaba con una mezcla de asombro y desconfianza.

—¿Está segura de que nunca había usado magia? —preguntó, entrecerrando los ojos mientras estudiaba los movimientos de Ranma.

—Oh, muy segura —respondió Hinako, cruzando los brazos y apoyándose contra la pared—. Por lo general, resuelve sus problemas a base de patadas y golpes. Sé que maneja a la perfección espadas, lanzas y otras armas… ¡hasta puede usar un maldito pincel como arma asesina! —exclamó, sacudiendo la cabeza—. Si le enseñas más cosas y le das el tiempo suficiente, hasta podrías verlo intentar mezclar Ki con ma…

Las palabras de Hinako se quedaron atrapadas en su garganta. Sus ojos se abrieron como platos mientras observaba a Ranma infundir el hechizo con una energía completamente nueva. La Bola de Agua comenzó a brillar con un intenso color dorado, irradiando una potencia casi abrumadora.

Con un movimiento decidido, Ranma lanzó el hechizo modificado. La esfera impactó contra la pared del laberinto con una fuerza descomunal, abriendo un túnel que atravesaba varias capas de piedra.

Por un momento, el grupo quedó en silencio.

—Eso... fue inesperado —dijo Roxy finalmente, tratando de procesar lo que acababa de ver.

—¡Es aún más increíble de lo que imaginaba! ¡Definitivamente puedo mezclar magia y Ki! —exclamó Ranma, con una sonrisa de satisfacción que irradiaba entusiasmo.

Hinako, aún sorprendida, se cruzó de brazos y dejó escapar un suspiro resignado.

—Qué raro... Ranma siendo un genio en algo que no sea pelear. Es el fin del mundo tal como lo conocemos —dijo con sarcasmo, aunque una pequeña sonrisa de orgullo asomaba en sus labios.


En otro lugar, no muy lejos, Rudeus seguía buscando desesperadamente a Roxy. Había obtenido pistas: pequeños rastros de maná y otros indicios. Sin embargo, los rastros de maná pronto se volvieron más inconsistentes, con una energía caótica que se asemejaba más a la de un monstruo, lo cual resultaba extremadamente frustrante.

Mientras avanzaba, Rudeus notó que el ambiente se sentía más caliente de lo habitual, y la humedad en el aire había aumentado notablemente. Siguiendo su instinto, se dirigió al origen de esa sensación, solo para encontrarse con un área bastante grande que parecía haber sido un campo de batalla hacía poco tiempo. Sin embargo, no fue la pila de monstruos carbonizados en una esquina lo que llamó su atención, sino el hecho de que alguien —o algo— había cavado un pozo de aguas termales dentro del laberinto. Un suave aroma a jabón flotaba en el aire, evocándole recuerdos de su vida pasada, lo cual era, cuanto menos, inquietante. Incluso podía ver rastros de espuma en el suelo, como si alguien hubiera tomado un baño recientemente.

—¿Qué pasa, Rudy? —preguntó Paul, acercándose a su hijo, quien parecía bastante interesado en observar la espuma en el suelo.

—Llámame loco, pero creo que algunas personas estuvieron bañándose aquí hasta hace poco —respondió Rudeus con incredulidad.

—Bien, estás loco. ¿Quién en su sano juicio haría algo tan ilógico en un lugar tan peligroso? —replicó Paul con escepticismo.

—¡Oh, aguas termales! —exclamó Elinalise al notar las fuentes de agua que liberaban vapor. Su emoción fue tal que prácticamente comenzó a desnudarse para entrar, hasta que Geese y Tallhand la detuvieron apresuradamente.

—¡No es el momento para esto! —gritaron ambos al unísono.

—Olvida lo que acabo de decir. Sí existen personas tan absurdas como para bañarse aquí —admitió Paul, retrocediendo en su afirmación anterior mientras observaba a Elinalise.

—Como sea, puede que mi maestra Roxy esté cerca —dijo Rudeus, poniéndose de pie con determinación. Luego, el grupo continuó avanzando, siguiendo lo que quedaba de los rastros de maná.

Mientras continuaban avanzando por el laberinto, el grupo charlaba para aliviar la tensión del ambiente. Elinalise no pudo evitar suspirar con decepción.

—Todavía no puedo creer que no me dejaran entrar a las aguas termales. ¿Sabes lo raro que es encontrar algo así en un lugar como este? ¡Una oportunidad única, desperdiciada! —se quejó, lanzando una mirada molesta hacia Geese y Tallhand.

—Sí, claro. Porque nada dice "supervivencia" como relajarse en un baño mientras los monstruos rondan afuera —respondió Geese con sarcasmo, mientras Tallhand soltaba una risa baja.

Paul sonrió a medias, pero rápidamente su mirada se centró en Rudeus, quien estaba examinando su entorno con cuidado.

—¿Rudy? ¿Algún rastro? —preguntó Paul.

—Nada por ahora. Parece que los rastros de maná se desvanecen aquí… No sé si es el ambiente del laberinto o algo más, pero es frustrante —respondió Rudeus con el ceño fruncido.

El grupo avanzó con cautela. Geese iba al frente, asegurándose de registrar cada giro y bifurcación en el mapa que estaba dibujando, mientras revisaba el libro de la Universidad Mágica de Ranoa para comparar las descripciones con el diseño actual del laberinto. El lugar era un desafío constante, ya que no solo era peligroso por los monstruos y trampas, sino también por las modificaciones impredecibles que parecían alterar el diseño original del laberinto.

Fue durante uno de estos momentos de exploración que Geese, al revisar el mapa y el libro, levantó la mano para detener al grupo.

—Un momento. Esto... esto no estaba aquí antes —dijo, señalando con su lápiz a un túnel que conectaba de manera irregular dos zonas del laberinto. Las paredes del túnel eran toscas, como si un ataque masivo hubiese destrozado la piedra sólida sin ninguna lógica aparente.

Paul se acercó con cautela, examinando el túnel con su espada desenvainada.

—No parece obra de los diseñadores del laberinto... Esto es reciente —comentó, golpeando suavemente la pared para evaluar su solidez.

Rudeus se inclinó hacia adelante, pasando la mano cerca de la superficie irregular. Podía sentir un rastro débil de maná, aunque mezclado con una energía extraña que no lograba identificar.

—Definitivamente no es algo natural. El túnel parece haber sido creado por algún tipo de ataque, pero no sabría decir qué clase de magia o técnica se usó aquí —murmuró.

—Sea lo que sea, es reciente. El polvo aún no se ha asentado —intervino Geese, mientras ajustaba el mapa y marcaba el túnel como una posible anomalía.

—¿Qué hacemos? —preguntó Elinalise, con una sonrisa que reflejaba su curiosidad—. Podría ser un atajo... o una trampa que nos haga perder el tiempo.

Tras una breve discusión, el grupo decidió explorar el túnel, confiando en que podría acercarlos más al sexto estrato. Geese se encargó de liderar el camino, mientras Tallhand vigilaba la retaguardia.

A medida que avanzaban, el diseño del túnel se volvía cada vez más errático. Era como si la fuerza que lo creó no tuviese un objetivo claro, atravesando varias capas del laberinto sin ningún patrón lógico. Geese, preocupado, detuvo al grupo en varias ocasiones para ajustar los mapas y tratar de encontrar alguna coherencia.

Tras varias horas de exploración, el grupo llegó al final del túnel... solo para darse cuenta de que habían regresado al punto de inicio.

—¿Qué? ¡No puede ser! —exclamó Paul, su voz llena de frustración mientras miraba alrededor. Era, efectivamente, la misma bifurcación en la que habían estado horas antes.

Geese soltó un largo suspiro, guardando el libro y cruzando los brazos.

—Bueno, eso fue un gran desperdicio de tiempo... —murmuró con sarcasmo, recibiendo una mirada molesta de Elinalise.

—¡Tres días! ¡Tres días perdidos! —gruñó Paul, golpeando la pared con el puño.

Rudeus, aunque compartía la frustración del grupo, trató de mantener la calma.

—Al menos sabemos que alguien o algo está causando cambios en el laberinto. Si encontramos otra de estas anomalías, podremos aprender más sobre lo que está pasando... y quién está detrás de esto.

Elinalise suspiró dramáticamente, apoyando las manos en las caderas.

—Espero que quien sea tenga una buena excusa para hacernos perder el tiempo. Si no, les haré pagar con creces.

Gracias al contratiempo, el grupo de Rudeus se vio obligado a retirarse para reagruparse y juntar suministros. Aunque la decisión fue estratégica, no hizo más que exasperar a Rudeus, cuya ansiedad por encontrar a Roxy crecía con cada momento perdido. Por mucho que se esforzara por aparentar calma, en el fondo, la necesidad de hallar a su maestra era más urgente que la búsqueda de Zenith, su propia madre. Por supuesto, nunca se atrevería a expresar algo así, pero no podía evitar sentirlo.

Sabían que el laberinto no perdonaba errores. Con esto en mente, optaron por descansar dos días y hacer compras exhaustivas de provisiones antes de reiniciar su exploración. Geese fue especialmente meticuloso al ajustar los mapas, añadiendo anotaciones detalladas sobre los túneles irregulares que habían encontrado. Aunque frustrante, cada nuevo desafío los obligaba a mejorar sus estrategias.


Por otro lado algunos días despues, el grupo de Ranma seguía avanzando por el laberinto con una despreocupación que contrastaba enormemente con la actitud del equipo de Rudeus. Habían pasado siete días explorando, y Ranma, como era típico de él, no sentía ninguna prisa por salir. Para él, el laberinto era más un juego de ingenio y fuerza que una amenaza seria. Incluso llegó a sugerir cavar directamente hacia la superficie para salir en cuestión de minutos, algo que Hinako y Roxy descartaron de inmediato.

—¡No puedes estar hablando en serio! —exclamó Roxy, cruzando los brazos con firmeza mientras lanzaba una mirada severa a Ranma—. ¿Sabes cuánto esfuerzo nos costó llegar hasta aquí? No podemos simplemente "excavar" nuestra salida.

Hinako, por su parte, se encargó de reprender a Ranma con un tono que dejaba claro que su paciencia tenía límites:

—Saotome, tu forma de pensar es irresponsable. Si sigues abriendo más túneles sin cuidado, podrías lastimar a otros exploradores o incluso hacer que se pierdan. ¿Alguna vez has pensado que cualquier otra persona aquí probablemente te está maldiciendo por hacer que el laberinto sea aún más confuso?

Ranma, aunque no estaba del todo convencido, optó por mantenerse en silencio. Era evidente que no quería enfrentarse a un sermón más largo de Hinako.


Mientras tanto, Rudeus y su grupo finalmente reanudaron su exploración. A medida que avanzaban, comenzaron a notar algo extraño: cada vez había más túneles que no coincidían con el diseño original del laberinto ni con los mapas que habían creado. Las paredes tenían marcas de destrucción que indicaban que habían sido creadas recientemente, reforzando la idea de que alguien más estaba causando estragos en el lugar.

—Otro túnel. Genial. ¿Cuántos van ya? —murmuró Geese mientras marcaba en el mapa otro pasaje nuevo, esta vez con un símbolo que indicaba que debían ignorarlo.

—Debemos mantenernos enfocados. No podemos permitir que estos túneles nos desvíen del camino principal —dijo Paul con firmeza, mientras evaluaba la situación.

—Ignorarlos es lo mejor que podemos hacer ahora. Perder más tiempo sería imperdonable —agregó Tallhand, ajustando su equipo mientras miraba hacia adelante.

Aunque todos estaban de acuerdo, la frustración era palpable. Cada nuevo túnel no hacía más que añadir complicaciones a su búsqueda, y con cada paso, se escuchaban murmullos entre ellos, maldiciendo al responsable de semejante caos.

—Quienquiera que sea, espero que se quede atrapado en algún lugar del laberinto como castigo —gruñó Elinalise, entrecerrando los ojos mientras golpeaba el suelo con el pie.

Rudeus, aunque no dijo nada, apretó los puños. El tiempo seguía avanzando, y cada contratiempo lo alejaba un poco más de Roxy. Sabía que debía mantenerse calmado y centrado, pero no podía evitar que un pensamiento fugaz cruzara su mente: Si llegamos tarde, nunca me lo perdonaré.


Día 9 en el laberinto

En su noveno día en el laberinto, Hinako y Ranma habían progresado significativamente en el aprendizaje de la Lengua Humana de este mundo. Aunque todavía les faltaba bastante para pasar como hablantes locales, ya podían mantener conversaciones mínimas que les permitían captar lo esencial de lo que las personas les quisieran decir.

Hinako, con su experiencia como maestra y políglota, había avanzado a un ritmo notable. Podía formar oraciones simples con bastante fluidez, algo que impresionaba a Roxy. Por otro lado, Ranma, aunque rápido para aprender en la teoría, se encontró luchando con la pronunciación. Este detalle, aunque menor, fue un alivio tanto para Hinako como para Roxy, quienes no sabían cómo reaccionarían si él dominara el idioma en tan poco tiempo.

Roxy, especialmente, encontraba gratificante que Ranma tuviera, al menos, una dificultad evidente. Sin embargo, Hinako no estaba dispuesta a tentar al destino. Sabía que si hacía algún comentario sarcástico sobre su pronunciación, Ranma se lo tomaría como un desafío personal y pondría más empeño en mejorar, quizás logrando hablar el idioma con fluidez antes de salir del laberinto. Así que optó por permanecer en silencio sobre el asunto, enfocándose en seguir adelante.

Ranma, por su parte, parecía desconcertado por su dificultad con la pronunciación, pero su espíritu competitivo lo mantenía practicando. Aunque sus frases todavía eran torpes, no se podía negar su entusiasmo.


Día 14 en el laberinto

Ranma no estaba contento. Roxy había insistido en que no le enseñaría más hechizos hasta que lograran salir del laberinto, y para empeorar las cosas, parecía que cada vez estaban más perdidos. La falta de orientación, junto con los numerosos círculos de teletransporte que habían activado accidentalmente, solo había complicado aún más su situación. Aunque lograban evitar repetir los errores gracias a una cuidadosa memoria de las trampas que ya habían activado, la sensación de frustración era innegable.

Finalmente, llegaron a una sala donde dos círculos de teletransporte brillaban con una luz misteriosa en el suelo. Nadie estaba seguro de cuál elegir, y Roxy se tomó su tiempo examinándolos detenidamente. Mientras tanto, Ranma, aburrido de esperar, comenzó a jugar con magia.

Creó una esfera de agua y empezó a hacer malabares con ella, añadiendo una segunda y luego una tercera. Las esferas flotaban alrededor de él, perfectamente moldeadas gracias a su control mágico. Incluso llegó a infundir Ki en una de ellas, lo que hizo que brillara con un resplandor más intenso.

Roxy lo observaba desde un lado, frunciendo el ceño con una mezcla de incredulidad y consternación. ¿Estoy creando un monstruo? pensó, recordando cómo Ranma no solo había aprendido rápidamente los fundamentos de la magia, sino que ya estaba haciendo variaciones propias de los hechizos con una facilidad que le resultaba casi insultante.

—No te preocupes tanto, Roxy —dijo Hinako con un tono tranquilizador—. Ranma no es perfecto. Créeme, tiene muchos, muchos defectos —añadió, con una sonrisa que parecía esconder una travesura inminente.

Antes de que Roxy pudiera preguntarle a qué se refería, Hinako comenzó a encogerse. En cuestión de segundos, había vuelto a su forma infantil, lo que, como siempre, trajo consigo una buena dosis de energía caótica.

—¿Quieres ver algo divertido? —preguntó Hinako con entusiasmo mientras brincaba hacia Ranma.

Roxy intentó detenerla, levantando la mano para decir algo, pero Hinako ya estaba frente a Ranma. La pequeña se inclinó cerca de él y, con una sonrisa juguetona, dijo:

—¡Miaw~!

La reacción de Ranma fue instantánea y completamente inesperada. La pelirroja dejó escapar un grito agudo, sus ojos llenos de terror mientras retrocedía frenéticamente. En su estado de pánico, soltó las esferas de agua que había estado manipulando, y una de ellas, la que estaba infundida con Ki, cayó al suelo.

—¡Ga-ga, gato! —gritó Ranma, su voz temblorosa mientras se acurrucaba en posición fetal, temblando incontrolablemente.

El impacto de la esfera infundida con Ki rompió el suelo con un estruendo, y una grieta comenzó a abrirse en el centro de la sala. Momentos después, parte del suelo colapsó, revelando unas escaleras ocultas que descendían al siguiente nivel del laberinto.

Hinako, todavía hiperactiva, rio a carcajadas al ver la reacción de Ranma. Sin embargo, Roxy no encontró gracioso en absoluto el estado en el que estaba la pelirroja. Su cuerpo temblaba visiblemente, y sus ojos reflejaban un miedo profundo e irracional. Para Roxy, aquello no era simplemente miedo: era como una maldición.

Recordó haber oído historias en su mundo sobre exploradores que, tras quedar atrapados en un laberinto durante mucho tiempo, desarrollaban extrañas reacciones emocionales que les impedían regresar a esas áreas. Según las leyendas, si no regresaban a un laberinto tres días después de salir, nunca podrían volver a entrar. Aunque el concepto de "trauma psicológico" no existía en este mundo, las explicaciones mágicas eran comunes, y Roxy interpretaba la reacción de Ranma como una de esas maldiciones.

—¡Hinako! —exclamó Roxy con severidad, acercándose a la pequeña con el bastón en mano. Antes de que Hinako pudiera reaccionar, Roxy le dio un suave golpecito en la frente con el extremo de su bastón.

—¡Ay! ¿Qué fue eso? —protestó Hinako, llevándose las manos a la frente.

—Eso no fue gracioso. ¿No ves cómo está Ranma? Podría estar bajo alguna clase de... maldición. No vuelvas a jugar con algo así —dijo Roxy, claramente molesta mientras señalaba a Ranma, que seguía acurrucado.

Con un suspiro, Roxy se agachó junto a Ranma y le puso una mano en el hombro, hablando con un tono más suave.

—Tranquilo, Ranma. Todo está bien. No hay ningún gato aquí. Respira hondo, ¿de acuerdo?

Ranma, todavía temblando, asintió débilmente mientras intentaba calmarse. Aunque su respiración seguía entrecortada, poco a poco empezó a recobrar la compostura.

Mientras tanto, Hinako, aunque inicialmente parecía arrepentida, terminó distraída por las escaleras recién reveladas.

—¡Oigan! ¡Encontramos un camino! —exclamó, señalando con entusiasmo hacia las escaleras.

Roxy suspiró nuevamente, preguntándose cómo era posible que estuviera atrapada con un grupo tan caótico.


minutos después

Ranma había logrado recuperarse, aunque todavía no podía mirarlas directamente, claramente avergonzado por su reacción. El grupo decidió avanzar por las escaleras recién reveladas, con Roxy liderando con cautela. Tenía un presentimiento: probablemente el círculo de teletransporte que encontraron al bajar las escaleras podría llevarlos al tan ansiado sexto estrato. La idea era peligrosa, pero también era una oportunidad invaluable. Si lograban alcanzar ese punto, podrían confirmar su ubicación exacta y trazar un plan para volver con Paul y su grupo una vez que se reunieran.

El camino no era fácil. A lo largo del trayecto, se toparon con varios monstruos que, aunque no representaban una amenaza significativa, los mantenían alerta. Fue en uno de estos enfrentamientos que Hinako aprovechó para absorber la energía vital de una de las criaturas, lo que le permitió recuperar su forma adulta. En su estado más sereno y consciente, Hinako se disculpó con Roxy por su broma anterior.

—Lamento lo que hice antes, Roxy. Fue inmaduro de mi parte, incluso para mí. No sabía que Ranma reaccionaría tan mal —dijo, su tono reflejando un raro momento de madurez.

Roxy asintió, aceptando la disculpa, aunque todavía estaba reflexionando sobre lo que había visto. Su mirada se desvió hacia Ranma, quien caminaba al frente con los hombros tensos. Estaba claro que seguía molesto, probablemente con su orgullo herido después de lo ocurrido.

Aprovechando la tranquilidad del momento, Roxy y Hinako comenzaron a conversar mientras avanzaban. Roxy, todavía confundida por lo sucedido, no pudo evitar expresar su preocupación.

—No quiero parecer insensible, pero... ¿qué fue eso? Ranma no parecía simplemente asustado. Era algo más profundo, algo que nunca había visto en él.

Hinako suspiró, su expresión suavizándose mientras asentía.

—Es trauma, Roxy. Es algo que afecta a una persona en lo más profundo de su ser. No sé si en tu mundo tienen una palabra para describirlo, pero básicamente es cuando algo tan horrible te sucede que tu mente no puede procesarlo por completo. Y cuando algo similar pasa después, tu cuerpo reacciona de forma instintiva, como si estuvieras reviviendo ese momento, incluso si no es real.

Roxy frunció el ceño, intentando procesar lo que Hinako decía.

—Eso suena... ¿como una especie de maldición? En mi mundo, dicen que los exploradores que sufren algo terrible en un laberinto no pueden volver a entrar después de tres días, o quedarán atrapados en un estado de miedo para siempre. Supongo que esto suena parecido.

—Sí, creo que esa es una manera de verlo —respondió Hinako, inclinando ligeramente la cabeza—. Pero en el caso de Ranma, no es magia ni una maldición. Es... complicado.

Hinako miró hacia Ranma con un atisbo de melancolía antes de continuar.

—Todo comenzó cuando era solo un niño. Su padre, Genma, quiso enseñarle una técnica especial llamada "Neko-ken" o "Técnica del Gato". Para aprenderla, hizo algo completamente irresponsable y cruel. Genma lo envolvió en pescado y lo tiró a un pozo lleno de gatos hambrientos.

Roxy se detuvo en seco, sus ojos llenos de incredulidad.

—¿Qué? Eso es... Eso es inhumano.

—Sí, lo fue. Los gatos lo atacaron y mordieron durante horas. Y cuando lograba escapar, Genma lo volvía a tirar. Repitió esto varias veces, creyendo que era la manera correcta de entrenarlo. Ranma estaba tan aterrado que su mente simplemente... se rompió. Ahora, cada vez que escucha un maullido o ve un gato, su cuerpo entra en pánico automáticamente. No puede evitarlo.

Roxy guardó silencio por un momento, su mente procesando lo que acababa de escuchar. Nunca imaginó que alguien como Ranma, que siempre mostraba tanta confianza y fuerza, podría haber soportado algo tan horrible en su infancia.

—Aun que esta vez actuo de forma bastante diferente a lo habitual.

Roxy frunció el ceño, intrigada.

—¿Diferente? ¿Cómo?

Hinako suspiró, mirando alrededor del oscuro corredor en el que se encontraban. Las paredes de piedra se elevaban imponentes, y las luces apenas iluminaban lo suficiente como para avanzar con precaución.

—Mira dónde estamos. Este laberinto es oscuro, cerrado, opresivo. Todo en él podría recordarle a Ranma el pozo donde su padre lo arrojó cuando era niño. Añade a eso el maullido que hice y... bueno, no es sorprendente que esta vez su reacción haya sido más fuerte.

Roxy guardó silencio por un momento, dejando que las palabras de Hinako se asentaran. Finalmente, preguntó con cautela:

—Pero... dijiste que normalmente él no reacciona de esta manera, ¿verdad?

Hinako asintió.

—Así es. Con el tiempo, Ranma ha aprendido a controlar un poco su miedo. Ya no se congela por completo como lo hacía antes. Ahora, cuando escucha o ve un gato, su instinto es alejarse y mantenerse tranquilo... bueno, al menos en apariencia. Pero aquí, en este lugar, con todo lo que lo rodea recordándole ese trauma... Es como si su mente y su cuerpo hubieran regresado a esos momentos de su infancia.

Roxy sintió un escalofrío recorrer su espalda. Pensar que alguien como Ranma, que siempre parecía tan seguro y fuerte, cargara con algo tan profundamente arraigado era casi inimaginable.

—Es increíble que aún tenga esa fuerza de voluntad para seguir adelante, incluso con algo así persiguiéndolo —murmuró, más para sí misma que para Hinako.

Hinako y Roxy continuaron avanzando por el oscuro pasillo mientras su conversación seguía profundizándose. La atmósfera del laberinto, opresiva y casi sobrenatural, parecía resonar con el tema del que hablaban. Roxy todavía estaba procesando lo que había aprendido sobre el pasado de Ranma, pero sentía que había algo más que Hinako aún no había dicho.

Ambas guardaron silencio por un momento, hasta que Hinako, como si de repente recordara algo importante, rompió el silencio.

—De hecho, si me pongo a pensarlo, su reacción no fue tan mala como pudo ser...

Roxy giró bruscamente hacia ella, indignada.

—¿Qué estás diciendo? ¡Prácticamente estaba llorando en posición fetal mientras temblaba! ¿Cómo puedes decir que eso no fue tan malo?

Hinako levantó la mano, pidiéndole que hablara más bajo.

—Shhh, Roxy. No hablemos demasiado fuerte. A Ranma no le gusta que hablen de sus secretos. No quiere que nadie lo vea vulnerable —susurró, lanzando una mirada hacia Ranma, que seguía caminando unos pasos adelante, aparentemente ignorándolas.

Roxy cerró la boca de golpe, aunque todavía sentía que sus emociones estaban a flor de piel. Finalmente, Hinako continuó, con un tono más serio.

—Escucha. Lo que viste fue terrible, sí, pero hay algo peor que puede sucederle cuando su mente no puede soportarlo...

Hinako hizo una pausa, sudando frío y respirando profundamente. Por primera vez, Roxy notó un destello de verdadera inquietud en su rostro.

—Cuando su mente no puede soportarlo, él maúlla.

Roxy la miró con incredulidad.

—¿Maúlla?

Hinako asintió, su expresión sombría.

—Sí. Como un gato. Un gato salvaje, peligroso y completamente descontrolado. Es aterrador, Roxy. Ataca a todo y a todos los que considere como una amenaza, sin detenerse a pensar ni a contenerse. Es como si su humanidad desapareciera por completo en esos momentos.

Roxy tragó saliva, un escalofrío recorriendo su espalda. Era difícil imaginar algo así, pero al mismo tiempo podía verlo en su mente: Ranma transformado en algo completamente diferente, algo más primitivo y destructivo.

—¿Estás diciendo que podría habernos atacado? —preguntó Roxy, su voz apenas un susurro, llena de incredulidad y preocupación.

Hinako, todavía intentando mantener la calma, levantó una mano como si intentara tranquilizar a Roxy.

—Bueno… tal vez. Verás, cuando estaba más cercana a su prometida, Akane, ella podía calmarlo. O si está con alguien en quien confía mucho, Ranma puede comportarse más como un gatito manso e inofensivo. Pero… —Hinako hizo una pausa, su expresión se tornó nerviosa, e incluso dejó escapar una risa forzada—. Si estuviera molesto conmigo por lo que hice, podría haber decidido convertirme en pequeños restos sangrientos en el suelo.

La sonrisa nerviosa de Hinako no ayudó a calmar a Roxy, quien de inmediato frunció el ceño, mirando a su compañera con una mezcla de enojo y reproche.

—¿Me estás diciendo que pusiste en riesgo nuestras vidas solo por una broma? —espetó, sus ojos centelleando con indignación.

Hinako retrocedió ligeramente ante la intensidad de la mirada de Roxy, levantando las manos en defensa.

—¡Pe-pe, pero espera, escúchame! —dijo rápidamente, tratando de justificarse—. ¡Tu le agradas! Estoy segura de que, si hubiera perdido el control, contigo habría sido diferente. Tal vez… tal vez se habría comportado como un gatito tierno y cariñoso contigo, ¿sabes?

El tono desesperado de Hinako no hizo nada por calmar a Roxy, quien suspiró profundamente, llevándose una mano a la frente mientras intentaba contener su frustración.

—Eso no hace que lo que hiciste sea mejor, Hinako. La próxima vez, piensa antes de hacer algo tan imprudente, ¿de acuerdo? —dijo finalmente, con una mezcla de irritación y resignación.

Hinako asintió rápidamente, claramente consciente de que no tenía manera de justificarse más allá de ese punto. Pero en el fondo de sus ojos, aún brillaba un pequeño destello de travesura, aunque sabía que era mejor no decir nada más.

Mientras tanto, Ranma seguía caminando al frente, aparentemente enfocado en el camino, pero cualquiera que lo observara de cerca podía notar que sus hombros todavía estaban algo tensos. Aunque no parecía estar escuchando la conversación detrás de él, el ligero movimiento de sus orejas indicaba lo contrario.


Finalmente llegaron a una enorme sala, cuyo tamaño y antigüedad eclipsaban cualquier otra área del laberinto que hubieran explorado hasta ese momento. La construcción estaba sostenida por pilares colosales que se alzaban hasta el techo, a unos veinte metros de altura. La débil luz mágica que emanaba de las paredes iluminaba apenas lo suficiente para revelar un siniestro panorama. En el centro de la sala, descansando en una posición amenazante, se encontraba una Hidra. El monstruo, con sus múltiples cabezas serpenteantes, emanaba un aura aterradora que hizo que Roxy sintiera un escalofrío recorrer su cuerpo.

Pero eso no era todo. Más allá de la Hidra, parcialmente cubierta por el resplandor de un cristal translúcido, estaba Zenith. Su cuerpo parecía suspendido en una especie de animación dentro del cristal, y aunque no sabían si estaba viva o muerta, algo en su expresión tranquila daba esperanzas. La misión, que hasta ese momento había sido incierta y peligrosa, ahora tenía un propósito claro: rescatar a Zenith, no solo por ella misma, sino también para que Rudeus y Paul pudieran tener el cierre que tanto necesitaban.

Hinako, recuperando su tono despreocupado a pesar del peligro que tenían frente a ellas, observó a la criatura con curiosidad antes de mirar a Ranma.

—¿Qué piensas?

Ranma inclinó la cabeza, cruzando los brazos mientras estudiaba al monstruo.

—Se parece a Yamata no Yaroshi.

Hinako levantó una ceja.

—¿Querrás decir Yamata no Orochi?

—Sé lo que dije —replicó Ranma, encogiéndose de hombros—. El nombre es similar, pero tenía siete cabezas y en la cola llevaba una cabeza mucho más grande.

—Eso suena ridículo. ¿Cómo va al baño? —preguntó Hinako con una expresión seria, aunque había un brillo travieso en sus ojos.

Roxy los miró a ambos con incredulidad, apretando los dientes.

—Chicos, ¿podríamos centrarnos en no despertar a ese monstruo? Esto es demasiado peligroso. Deberíamos retroceder y...

Ranma levantó una mano, interrumpiéndola con una sonrisa confiada.

—No te preocupes, ya me enfrenté a algo similar antes. Solo que era mucho más grande. Lo suficiente como para que los tres entremos en su boca y todavía quedara espacio para más personas.

Roxy lo miró con escepticismo, sintiendo que estaba perdiendo el control de la situación.

—¿Estás... estás mintiendo? —preguntó, mientras intentaba procesar las implicaciones del tipo de mundo del que venía Ranma.

Ranma se encogió de hombros, como si no le diera importancia al comentario.

—Mira, por qué no vemos de qué es capaz. Si resulta ser demasiado, huiremos. Este es el plan: Hinako, tú quédate atrás y mantente segura. Roxy, necesito que me apoyes con magia. Voy a ver si puedo cortar sus cabezas y acabar rápido con esto.

—¡Espera un segundo! —interrumpió Roxy, su tono lleno de alarma—. ¡No puedes simplemente entrar y atacar así! ¡Es una Hidra, por amor a los espíritus!

Ranma giró hacia ella, su expresión calmada pero decidida.

—Confía en mí, sé lo que hago. No será tan complicado como parece.

Roxy quería protestar, pero sabía que era inútil detener a Ranma cuando ya había tomado una decisión. Además, tenía razón en algo: era una oportunidad única para medir las capacidades de la criatura sin arriesgar todo el plan. Pero eso no hacía que la situación fuera menos aterradora.

Hinako suspiró, cruzándose de brazos.

—Solo espero que no tengamos que salir corriendo y que yo termine cargándote a cuestas, Saotome.

—Confía en mí, no lo harás —respondió Ranma, con una sonrisa confiada mientras sacaba su espada.

Hinako, momentáneamente dejando salir su lado inmaduro a pesar de estar en su forma adulta, exclamó emocionada:

—¿De dónde sacaste esa espada? ¡Se ve genial, yo también quiero una!

Ranma, sin perder su actitud despreocupada, respondió mientras examinaba la hoja con calma.

—La saqué de una de esas armaduras vivientes que encontramos en el camino. Parecía que ya no la necesitaba... y estaba justo ahí, para quien la quisiera.

Roxy, que seguía detrás de ellos con los nervios a flor de piel, rodó los ojos mientras los observaba.

—¿Podríamos centrarnos, por favor? Esto no es un juego, es una Hidra... —dijo con un tono cargado de tensión, sin poder evitar preguntarse cómo podían tomarse algo tan serio de manera tan casual.

Ranma dio un pequeño giro con la espada, evaluando su peso.

—No te preocupes, Roxy. Esto será rápido, si todo sale como espero.

La Hidra, al percibir a Ranma acercándose, comenzó a moverse. Su tamaño masivo no la hacía torpe; al contrario, sus movimientos eran sorprendentemente rápidos y precisos para algo tan imponente. Sus múltiples cabezas se alzaron en sincronía, cada una moviéndose con una gracia peligrosa que puso a prueba los reflejos de Ranma.

Ranma esquivó las embestidas iniciales con elegancia, sus movimientos calculados como si estuviera midiendo a su oponente. Las cabezas de la Hidra atacaban desde diferentes ángulos, pero Ranma parecía danzar entre ellas, su agilidad y experiencia brillando en cada paso. Finalmente, sacó su espada y, con una sonrisa confiada, dijo:

—Veamos qué tan bien cortas cabezas.

Con un movimiento espectacular, Ranma se lanzó hacia adelante, esquivando una mordida al deslizarse por el suelo. En un instante, la espada brilló bajo la luz mágica de la sala mientras realizaba un corte preciso. Una de las cabezas de la Hidra fue cercenada, cayendo al suelo con un estruendo sordo. Ranma se alejó rápidamente, observando el filo de su arma mientras silbaba con admiración.

—Y ni siquiera la infundí con Ki.

Desde atrás, Roxy levantó su bastón y comenzó a conjurar su característico hechizo de Carámbano de Hielo. Su voz clara resonó en la sala mientras recitaba el cántico necesario con precisión. Varias lanzas de hielo cristalino comenzaron a formarse en el aire a su alrededor, girando lentamente mientras brillaban con un resplandor frío y cortante.

Ranma seguía esquivando los embates de las cabezas con movimientos precisos, manteniendo a la Hidra ocupada mientras Roxy completaba su invocación. Su voz cargada de autoridad llenó la sala:

—¡Oh, espíritu de agua y frío implacable! Escucha mi llamado y responde con la fuerza de tu filo. ¡Carámbano de Hielo!

Las palabras mágicas activaron el hechizo, y las lanzas cristalinas se dispararon con fuerza hacia la Hidra, moviéndose a una velocidad impresionante.

Ranma, que había estado observando a la criatura mientras analizaba sus movimientos, alzó una ceja y asintió con entusiasmo al ver el hechizo en acción.

—Genial. Lo probaré más tarde.

Roxy lanzó una mirada furiosa al pelirrojo mientras canalizaba su magia, claramente molesta por su actitud despreocupada.

—¿Solo querías que peleemos para que puedas memorizar más hechizos? ¡Eres imposible!

Sin embargo, justo cuando las lanzas estaban a punto de impactar a la Hidra, la criatura emitió un rugido gutural que vibró en el aire, distorsionándolo como si fuera una onda invisible. Las lanzas comenzaron a desintegrarse en pleno vuelo, deshaciéndose en partículas de hielo que cayeron inútilmente al suelo.

Al mismo tiempo, la cabeza que Ranma había cortado momentos antes comenzó a regenerarse rápidamente, emergiendo tan imponente como antes.

—¡No puede ser! —exclamó Roxy, con los ojos abiertos de par en par mientras trataba de entender lo que acababa de suceder.

Ranma, siempre tan sarcástico, esquivó una nueva embestida mientras echaba un vistazo hacia Roxy.

—¿Qué pasó? ¿Eso fue todo?

Roxy apretó los dientes, frustrada tanto por el comentario de Ranma como por la situación.

—¡No! Esa cosa... deshace los hechizos desde lejos. Su rugido disipa la magia antes de que pueda siquiera alcanzarla —dijo, tratando de mantener la calma mientras repasaba mentalmente las historias que había leído sobre criaturas similares.

Ranma esquivó otra cabeza que se abalanzaba hacia él antes de gritar:

—Entonces ni lo pienses. ¡No te vas a acercar!

Roxy, enojada y preocupada a la vez, replicó con firmeza mientras sostenía su bastón con ambas manos.

—Es la única forma de que funcione. Si no logramos anular su regeneración, esto no terminará nunca.

Cortando otra cabeza de la Hidra, Ranma retrocedió rápidamente, observando cómo una vez más la cabeza crecía de nuevo con rapidez. Suspiró, manteniendo su atención fija en la criatura mientras añadía con una voz más seria:

—Confía en mí. Retrocede y espera. Yo me encargo de esto. Es demasiado peligroso para ti acercarte.

Desde su posición segura, Hinako, que había estado observando atentamente la pelea, reaccionó al ver cómo las cabezas de la Hidra continuaban regenerándose. Dio un golpecito en su palma, como si algo acabara de iluminar su mente.

—¡Ranma! —gritó, atrayendo la atención de la pelirroja—. Según la mitología griega, Hércules quemó los cuellos de la Hidra cada vez que cortaba una cabeza para evitar que se regenerara. ¡Tal vez funcione!

Ranma esquivó otra mordida de la Hidra, retrocediendo con rapidez mientras giraba su espada en la mano. Sin embargo, al escuchar a Hinako mencionar la mitología griega, su expresión cambió drásticamente.

—Bien, eso no me sirve... No sé hechizos de fuego —dijo sarcásticamente, lanzando una mirada hacia Roxy—. Gracias, Roxy, por ser tan terca y no enseñarme nada antes de salir de aquí.

Roxy hizo un puchero, su cara enrojeciendo de frustración.

—¡¿Y cómo iba a saberlo?! —reclamó, apretando los puños—. ¡Ah! Está bien, te enseñaré...

Pero antes de que pudiera continuar, Ranma levantó una mano con un gesto confiado, deteniéndola.

—No, no. Una promesa es una promesa —dijo con una sonrisa arrogante, mientras su postura se volvía más relajada—. Además, no solo existe un camino para derrotar a esta cosa.

Roxy frunció el ceño, pero decidió quedarse en silencio, observando con sospecha lo que tenía planeado. Mientras tanto, Ranma se giró hacia la Hidra, su sonrisa ampliándose mientras comenzaba a burlarse del monstruo.

—¡Oye, lagartija sobredesarrollada! —gritó, mientras le enseñaba el trasero y lo palmoteaba exageradamente—. ¡Aquí hay un jugoso trasero! Vamos, ven por él.

La escena fue tan absurda que Roxy y Hinako quedaron congeladas en su lugar, sus ojos abiertos como platos mientras procesaban lo que acababan de ver.

—¿Qué está haciendo...? —murmuró Roxy, su voz llena de incredulidad y vergüenza.

Hinako se llevó una mano a la cara, negando lentamente.

—A veces me pregunto cómo no se le cae la dignidad por completo...

Para sorpresa de ambas, la Hidra reaccionó. Un rugido furioso salió de sus múltiples gargantas mientras las cabezas se lanzaban una tras otra hacia Ranma, claramente enfurecida por su burla descarada.

Lo que al principio parecía una simple evasión por parte de Ranma rápidamente se reveló como algo mucho más calculado. Roxy, observando con atención, comenzó a comprender lo que estaba haciendo.

—Está... está guiando las cabezas... —murmuró, su tono cambiando de incredulidad a asombro.

Ranma seguía esquivando con movimientos fluidos, cada vez más cerca de los pilares de la sala. Poco a poco, logró que las cabezas de la Hidra se enredaran unas con otras mientras se lanzaban hacia él una y otra vez, hasta que las enormes serpientes quedaron completamente atrapadas, inmovilizadas por su propio cuerpo.

Roxy parpadeó, sorprendida por el resultado, mientras Hinako soltaba una carcajada.

—Bueno, tengo que admitirlo... No es la solución más elegante, pero definitivamente funciona.

Ranma dio un paso atrás, observando su obra con satisfacción mientras colocaba la espada sobre su hombro. Hinako aplaudió ante lo que parecía una especie de arte abstracta conformada por la Hidra enredada.

—Gracias, gracias, doy clases los jueves — La pelirroja se inclino y saludo a un publico imaginario, para consternación de Roxy, se volvió hacia ella con una sonrisa arrogante. —¿Lo ves? No todo tiene que ser magia o fuego. A veces, solo necesitas un poco de creatividad.

—¡No llamaría a eso creatividad! —gritó Roxy, todavía tratando de recomponerse tras el espectáculo.

Hinako, todavía riendo, asintió.

—Diría que es más "improvisación al estilo Ranma.

La Hidra rugió con furia, moviendo sus patas masivas mientras luchaba contra el enredo que Ranma había logrado crear. No aceptaba la derrota, mucho menos una tan humillante. En un esfuerzo desesperado, usó la fuerza de sus piernas para estabilizarse, logrando que una de sus cabezas se liberara parcialmente. Con un brillo ominoso en sus ojos, la cabeza restante apuntó directamente a Ranma mientras comenzaba a cargar un ataque que claramente implicaba fuego.

Ranma observó la situación sin perder la calma, aunque en su rostro apareció una sonrisa despreocupada.

—Oh, no lo harás —dijo, moviéndose a una velocidad inhumana.

En un abrir y cerrar de ojos, corrió hacia la cola de la Hidra, mostrando una escena que parecía sacada de un sueño absurdo para Roxy. Antes de que pudiera procesar lo que estaba viendo, Ranma agarró la cola de la criatura con ambas manos. La Hidra era masiva, su peso debía superar fácilmente varias decenas de toneladas, quizás 20, quizás 100, pero eso no parecía importar.

Con un esfuerzo monumental, Ranma levantó a la criatura en el aire como si fuera un simple muñeco de trapo. La escena era tan surrealista que Roxy apenas podía encontrar las palabras para describirla. Si la Hidra hubiera sido un animal común, esto podría haber sido catalogado como maltrato animal.

—¡Esto no puede ser real...! —murmuró Roxy, sus ojos abiertos de par en par.

Incluso Hinako, que ya estaba acostumbrada a los espectáculos extremos de Ranma, no pudo evitar llevarse una mano a la frente.

—Este chico... de verdad no tiene límites...

Ranma, sin embargo, no parecía prestar atención a sus compañeras. Con un grito de esfuerzo, giró a la Hidra en el aire y la azotó contra el suelo con una fuerza descomunal. El impacto fue tan fuerte que el suelo tembló violentamente, haciendo que todo el lugar retumbara como si hubiera ocurrido un terremoto.

—¡Ranma! ¿Intentas derrumbar todo el laberinto sobre nuestras cabezas? —gritó Roxy, luchando por mantener el equilibrio mientras miraba a su alrededor con preocupación.

Afortunadamente, el lugar aguantó, aunque el temblor inicial hizo que tanto Roxy como Hinako contuvieran la respiración por un momento.

La Hidra, ahora completamente inmóvil, parecía haber perdido la consciencia tras el impacto. Su cuerpo colosal yacía hundido en el suelo, mientras una ligera capa de polvo se levantaba a su alrededor.

Ranma, con una sonrisa triunfante, se giró hacia Hinako y señaló a la criatura como si acabara de ganarle a un enemigo cualquiera.

—Hinako, ahora está inconsciente. ¡Haz lo tuyo y absorbe su vitalidad hasta dejarla como una pasa!

Hinako dejó escapar una risa suave antes de asentir, acercándose con calma mientras se preparaba para realizar su técnica.

—Bueno, es el momento perfecto para demostrar por qué soy tan útil en el equipo. Sólo esperen...

Mientras tanto, Roxy seguía observando a Ranma con una mezcla de incredulidad y agotamiento mental.

—Definitivamente no provienes de un mundo normal... —dijo en voz baja, casi para sí misma, mientras dejaba caer los hombros en un gesto de resignación.
La Hidra yacía en el suelo, su cuerpo enorme yaciendo inmóvil, apenas dando señales de vida. Ranma, observándola con cierta mezcla de empatía y determinación, decidió que era demasiado peligroso dejarla en ese estado, incluso si parecía incapaz de luchar.

—No es prudente dejarla así —dijo en voz alta, más para sí mismo que para los demás.

En lugar de cortar sus cabezas una por una, Ranma optó por una solución mucho más eficiente. Con un giro rápido y una fuerza descomunal, levantó nuevamente su espada y, con un poderoso golpe, partió al monstruo en dos mitades perfectas, separando su cuerpo en izquierda y derecha.

Roxy, que había estado observando todo desde la distancia, dio un paso al frente, su rostro una mezcla de asombro e indignación.

—¡¿Por qué no hiciste eso desde el inicio?!

La pelirroja, se encogió de hombros con una expresión ligeramente avergonzada.

—No se me ocurrió... —admitió con simplicidad, provocando que Roxy soltara un largo suspiro mientras se llevaba una mano a la frente.

Mientras el grupo se acercaba con cuidado, algo inesperado ocurrió. La prisión de cristal que había mantenido a Zenith atrapada comenzó a deshacerse en un polvo brillante, como si la muerte de la Hidra hubiera sido la clave para liberarla. Su cuerpo, suspendido en el aire durante un breve instante, cayó suavemente al suelo.

Hinako se apresuró a acercarse, comprobando su estado mientras Roxy miraba con evidente preocupación.

—Vaya, está respirando —dijo finalmente Hinako, con un tono de alivio.

Roxy se arrodilló junto a Zenith, revisándola con cuidado. Aunque estaba inconsciente, sus signos vitales eran estables.

—Rudeus y Paul... Espero que estén bien —murmuró, con una mezcla de preocupación y esperanza—. Estarán contentos de ver a Zenith de nuevo.

Ranma, por su parte, observaba la escena con los brazos cruzados y una leve sonrisa en su rostro.

—Bueno, parece que nuestro pequeño viaje por el laberinto acaba de volverse mucho más significativo.


Con el grupo de Rudeus

El grupo de Rudeus avanzaba con un aire de resignación mezclado con determinación. A pesar de no haber encontrado rastro alguno de Roxy, el hecho de no hallar su ropa, huesos, ni su bastón, daba un leve respiro de esperanza. Aún podía estar viva. Pero con cada paso en el laberinto, la preocupación se mezclaba con el enojo en el pecho de Rudeus.

Sin otra opción, se enfocaron en su objetivo principal: llegar al sexto estrato. Sin embargo, en lo más profundo de su mente, Rudeus hervía de ira contra quienquiera que estuviera causando el caos con esos túneles. Habían encontrado demasiados de ellos, siempre recientes, desordenados y rompiendo la estructura del laberinto.

Mientras caminaban, Rudeus apretó los puños, su mandíbula tensa.

—Si llego tarde... y Roxy... —no terminó la frase, pero el fuego en sus ojos era evidente—. Si le pasa algo por culpa de esa persona, se las hará pagar.

Antes de que sus compañeros pudieran responder, un estruendo ensordecedor sacudió el laberinto. Fue un sonido aterrador, como si algo enorme hubiera colapsado. El grupo perdió el equilibrio momentáneamente mientras una de las paredes cercanas comenzó a desmoronarse, revelando un túnel oscuro que claramente no formaba parte de la estructura original.

—¡Hijo de puta! —exclamó Rudeus, frustrado, mientras se giraba hacia el nuevo pasaje.

Geese, siempre analítico, observó la entrada recién formada con cuidado antes de hablar.

—Oigan... Esta zona, no hemos estado aquí antes —comentó, mirando alrededor.

Con cautela, decidieron explorar el túnel. El polvo en el aire y los fragmentos de piedra que crujían bajo sus pies daban testimonio del reciente desmoronamiento. Era un camino estrecho, pero había algo que los impulsaba a seguir adelante, quizás una mezcla de curiosidad e intuición.

Tras recorrer unos minutos, llegaron a una habitación diferente de las demás. Era amplia, con dos círculos de teletransporte brillando tenuemente en el suelo. El resplandor misterioso de los círculos debería haber captado toda su atención, pero algo más en la sala dominaba el escenario.

—Espera... eso... —Paul, que había estado al frente, señaló el centro de la habitación.

Había un suelo destrozado, claramente dañado de forma reciente. A simple vista, se podían distinguir unas escaleras ocultas que llevaban hacia abajo, aparentemente excavadas a la fuerza.

—Definitivamente esto no estaba en los mapas originales. Esto tuvo que haber sido hecho hace nada —dijo Geese, mientras inspeccionaba el área con detenimiento, su lápiz marcando con rapidez en el mapa.

El grupo observaba en silencio, evaluando la situación con cautela. Finalmente, Paul rompió el silencio con una voz firme.

—¿Crees que esto podría llevarnos al sexto estrato?

Geese guardó un momento de reflexión antes de responder.

—Miren esos dos círculos de teletransporte —dijo, señalándolos con su lápiz—. Por lo que puedo deducir, según las notas, ambos son caminos que podrían llevan al sexto estrato. Sin embargo, hay un problema: solo uno lleva al lugar correcto. El otro probablemente nos transportará a un sitio aleatorio en el laberinto... o algo peor.

Rudeus frunció el ceño, evidentemente irritado.

—¿Y cómo se supone que debemos saber cuál elegir?

Geese se encogió de hombros, con una expresión que mezclaba disculpa y pragmatismo.

—No lo sabemos. Y por eso mismo, creo que debemos evitar usarlos. Esta abertura aquí abajo... —señaló las escaleras recientemente expuestas que parecían descender en espiral hacia la oscuridad— ...podría ser el camino correcto. Según el libro, se ve como una entrada secreta oculta, probablemente fue abierta recientemente, quizás alguien lo descifro antes que nosotros.

Paul asintió, ajustando la empuñadura de su espada mientras examinaba las escaleras.

—Tiene sentido. Bajemos y veamos qué encontramos allí.

Con cautela, el grupo comenzó a descender por las escaleras, sus pasos resonando en el vacío de la estructura. La humedad del aire y el eco en las paredes creaban un ambiente opresivo, pero la determinación en sus rostros era inquebrantable.

Después de varios minutos descendiendo, llegaron a una cámara amplia en la que brillaba un único círculo de teletransporte, distinto a los anteriores. Su resplandor rojo intenso iluminaba la sala de forma ominosa, creando sombras danzantes en las paredes.

—Esto es... diferente —dijo Rudeus, sus ojos entrecerrándose mientras evaluaba la escena.

Geese inspeccionó el círculo con precaución, sus manos recorriendo los bordes del símbolo mágico en el suelo.

—No hay duda. Este círculo es mucho más elaborado que los que vimos antes. Tiene toda la pinta de ser un camino directo al sexto estrato.

—¿Entonces esta es la entrada? —preguntó Paul, su voz baja pero cargada de tensión.

Geese asintió.

—Parece que sí. Pero... no hay forma de saber qué nos espera del otro lado.

Rudeus, apretando su bastón con fuerza, dio un paso al frente.

—No importa. Si este es el camino que nos acerca a Roxy, a Zenith o a cualquier pista de ellas, no podemos darnos el lujo de detenernos ahora.

El grupo intercambió miradas, y tras una breve pausa, asintieron, compartiendo una resolución silenciosa. Con cuidado, uno a uno comenzaron a acercarse al círculo de teletransporte, el resplandor rojo reflejándose en sus rostros mientras se preparaban para lo desconocido.

Con un último vistazo atrás, Rudeus respiró hondo antes de dar el primer paso al interior del círculo.


Mientras tanto, el grupo de Ranma

—Muy bien, ya tenemos a la princesa Zenith rescatada del horrible monstruo del laberinto —proclamó Ranma con una sonrisa satisfecha mientras echaba un vistazo a Zenith, que aún dormía pero respiraba con normalidad, incluso se tomo la libertad de cubrirla con su camisa ya que estaba totalmente desnuda.

—¿Pri... princesa? —Roxy alzó una ceja, claramente confundida por la declaración. Sabía que Zenith no era una princesa, pero la elección de palabras de Ranma le resultaba peculiar, especialmente porque afirmaciones como esa podían meterlo en problemas dependiendo de dónde las dijera.

—Oh, es solo que, en los cuentos infantiles que leían en la escuela, hablaban sobre princesas que eran secuestradas por malvados dragones. Y luego, un grupo de valientes iba a rescatarlas —bromeó Ranma, cruzándose de brazos con orgullo como si hubiera protagonizado uno de esos relatos.

Hinako soltó un suspiro teatral, llevándose una mano a la frente antes de revolverle ligeramente el cabello.

—El señor Saotome aún mantiene el espíritu de un niño.

Ranma frunció el ceño, apartando la mano de Hinako con un gesto rápido.

—Oye, no soy un niño. ¡Pero me gustan las obras de teatro! Y las historias fantásticas, claro...

Roxy no pudo evitar sonreír ante el intercambio, aunque todavía parecía un poco preocupada.

—No deberías usar la palabra 'princesa' tan a la ligera, Ranma. Podrían querer colgarte por traición si dices algo así en público, especialmente en reinos o ciudades donde los gobernantes son basura.

Pero antes de que pudiera terminar su advertencia, Ranma se acercó a ella con una sonrisa pícara y, sin previo aviso, la levantó en brazos como si fuera una princesa.

—¿Qué estás...? —protestó Roxy con el rostro encendido por el rubor.

Ranma, ignorando sus quejas, dijo con dramatismo:

—No se preocupe, princesa Roxy. No permitiré que nadie la lastime.

Roxy comenzó a forcejear mientras intentaba ocultar su vergüenza.

—¡Ranma! ¡Déjame en el suelo ahora mismo!

Desde atrás, Hinako no pudo contener una carcajada antes de cruzarse de brazos.

—Luego preguntas por qué siempre te metes en problemas con mujeres... Saotome, mujeriego.

Ranma dejó a Roxy suavemente en el suelo, todavía riendo ante la escena, mientras ella lo fulminaba con la mirada. A pesar de todo, no podía negar que el tono ligero del momento era un respiro bienvenido tras el agotador combate contra la Hidra.

—Ranma, no sé cómo sean las cosas en este mundo, pero no deberías portarte de esa manera cuando eres una chica... podrían acusar a Roxy de ser una pervertida —comentó Hinako, dejando caer la observación en un tono aparentemente despreocupado, pero con una pizca de burla.

Ranma, en su forma pelirroja, levantó una ceja y cruzó los brazos.

—¿Ah, sí? —respondió con un toque de sarcasmo—. ¿Y eso por qué?

Antes de que Hinako pudiera continuar, Roxy intervino con calma.

—En realidad, en partes del mundo existen culturas que no lo perciben como algo negativo —aclaró rápidamente, su voz cargada de conocimiento.

Hinako sonrió con picardía, inclinándose ligeramente hacia Roxy.

—Oh... entonces, ¿no te molestaría estar con Ranma siendo una chica~?

Roxy ni siquiera tuvo tiempo de responder antes de que Ranma, claramente molesta, le diera un pequeño golpe en la cabeza con el dorso de su mano.

—¡Auch! ¡El señor Saotome no debe usar violencia con las damas! —protestó Hinako, llevándose las manos a la cabeza teatralmente.

—Sí, sí, deja de avergonzar a Roxy... —refunfuñó Ranma mientras apartaba la mirada.

Tras la pequeña charla, el grupo volvió a concentrarse en su objetivo. Hinako decidió cargar a Zenith, quien seguía profundamente dormida, permitiendo que Roxy y Ranma se encargaran de cualquier monstruo o enemigo que encontraran en el camino. Ranma se mantuvo detrás, cuidando la retaguardia, mientras Roxy lideraba al grupo. Esto tenía una razón táctica: Roxy utilizaba su magia para iluminar tenuemente el oscuro pasaje, creando un aura suave que les permitía avanzar con pasos cortos pero constantes hacia el círculo de teletransporte.


Al otro lado…

El grupo de Rudeus había pasado a través del círculo de teletransporte, llegando finalmente al sexto estrato. Sin detenerse mucho tiempo para asimilar el nuevo entorno, continuaron avanzando con una mezcla de esperanza y tensión, sus ojos atentos a cualquier rastro que pudiera llevarlos a Zenith o a Roxy. Aunque el lugar era desconocido, agujeros en las paredes eran testigos de batallas anteriores, y el silencio ominoso les recordaban que no estaban solos en ese lugar.

Mientras avanzaban, la humedad del aire y el extraño brillo mágico que iluminaba tenuemente las paredes les daban una atmósfera opresiva, pero sus pasos eran firmes. Fue entonces que escucharon algo inesperado, resonando suavemente en el laberinto.

Algo o alguien se acercaba. Los pasos eran lentos pero constantes, un ritmo tan tranquilo que parecía fuera de lugar en un entorno tan hostil. Rudeus alzó una mano, señalando al grupo que se detuviera, mientras todos se tensaban. Las sombras se movían al ritmo de aquel eco, amplificando la sensación de incertidumbre que se apoderaba del grupo.

Los pasos se hicieron más audibles conforme las figuras se acercaban. Un tenue resplandor iluminaba el círculo de teletransporte en el sexto estrato, y finalmente, el grupo de Rudeus vio algo más definido. Sus ojos se fijaron en la persona al frente, y Rudeus reconoció de inmediato a quien estaba allí.

—¡Maestra Roxy! —gritó, olvidando toda precaución mientras corría hacia ella con los brazos abiertos, queriendo abrazarla. Su emoción era palpable, pero el entorno opresivo del laberinto no ayudaba a transmitir calma.

Roxy, visiblemente agotada tras todo lo sucedido, se sobresaltó al ver que alguien desconocido se abalanzaba hacia ella. Un chillido involuntario escapó de sus labios mientras reaccionaba instintivamente. Sin embargo, antes de que pudiera procesar quién era, una figura se movió a una velocidad imposible, interponiéndose entre ellos.

Con un movimiento limpio y rápido, la figura golpeó a Rudeus en el abdomen con la palma, lo suficientemente fuerte como para dejarlo sin aire y mandarlo varios pasos atrás. Rudeus cayó al suelo, jadeando y llevándose las manos al estómago mientras intentaba recuperarse del impacto. Por suerte, el golpe no fue letal, pero sí lo dejó incapacitado temporalmente.

—¡Rudy! —gritó Paul al ver a su hijo caer. Sin pensarlo dos veces, desenvainó sus espadas y se lanzó contra la figura con todo su poder.

Paul era un aventurero de rango S, versado en múltiples estilos de combate. Sus movimientos eran precisos y rápidos mientras atacaba con ambas espadas en un ángulo coordinado, buscando desestabilizar al oponente. Pero lo que ocurrió a continuación fue desconcertante.

La figura esquivó ambos ataques con una velocidad irreal, desarmando a Paul en un solo movimiento. Las espadas volaron por los aires, y antes de que Paul pudiera siquiera reaccionar, sintió cómo sus brazos quedaban inutilizados. No estaban rotos ni heridos; simplemente no respondían. Paul retrocedió, confundido, mientras intentaba mover sus dedos sin éxito.

Elinalise, viendo que Paul había sido neutralizado, no dudó en actuar. Con su estoque en mano, lanzó un estoque directo hacia el enemigo, buscando un golpe certero. Pero cuando su arma atravesó el aire vacío, una sensación inesperada la sorprendió. Un toque casi imperceptible rozó su espalda, y de repente, sus piernas perdieron toda fuerza. Cayó al suelo con un extraño gemido, uno que resonó cómicamente en el ambiente.

—¡ah~! ¿Qué fue eso...? —murmuró Elinalise, con el rostro rojo mientras intentaba levantarse.

Tallhand avanzó rápidamente, levantando su escudo para proteger a sus compañeros y tomando una posición defensiva. Con un grito de guerra, intentó bloquear al adversario y ganar tiempo. Pero el enemigo respondió con una poderosa patada que lanzó a Tallhand varios metros hacia atrás, arrastrando el escudo junto con él. La figura pareció resentir la fuerza del impacto en su pierna, aunque seguía en pie.

Por último, Geese intentó intervenir, utilizando sus artilugios y herramientas para crear una distracción. Lanzó una pequeña ráfaga de humo junto con un objeto que explotó en una serie de luces cegadoras. Sin embargo, la figura neutralizó su movimiento rápidamente, moviéndose con una precisión tan rápida que parecía irreal. Geese se quedó inmóvil, su estrategia completamente inutilizada.

Todo había ocurrido en cuestión de segundos, dejando al grupo desorientado y desconcertado.

—¡Detente, Ranma! ¡Son amigos! —gritó Roxy, rompiendo el caos con una voz desesperada.

La figura se detuvo inmediatamente al escuchar su nombre, girándose hacia Roxy con una mirada que parecía combinar curiosidad y duda.

—¿Amigos? —respondió en el idioma local, aunque su pronunciación aún tenía algunos errores evidentes.

El ambiente quedó en silencio por un instante, mientras las dos partes intentaban procesar lo que acababa de suceder.

Con las cosas finalmente calmadas, la figura que había neutralizado al grupo se detuvo, mostrando una actitud más relajada. Resultó ser una joven pelirroja bajita, con un pecho exageradamente grande. Ranma, visiblemente avergonzada, se rascó la mejilla mientras se disculpaba.

—Lo siento... es que como oí gritar a Roxy pensé que estaban atacándola...

El grupo de Rudeus miraba a Ranma con mezcla de resentimiento y sorpresa. La idea de que aquella pequeña figura los hubiese dejado completamente fuera de combate parecía demasiado absurda para asimilar.

Paul, aún incapaz de mover sus brazos, habló con voz tensa.

—¿Qué fue lo que hiciste a mis brazos?

Ranma dio un pequeño salto al frente, mostrándose genuinamente apenada.

—¡Aw, lo siento! ¡Lo arreglaré!

Corriendo hacia Paul, Ranma presionó con precisión varios puntos en su cuello, aplicando su conocimiento de artes marciales. En cuestión de segundos, la movilidad de sus brazos regresó. Paul los movió lentamente, algo desconfiado, pero aliviado de haber recuperado el control.

Elinalise, por otro lado, seguía en el suelo, gimiendo suavemente, con el rostro completamente sonrojado. Su reacción era tan extraña que Hinako no pudo contenerse. Con un golpe rápido en la cabeza de su estudiante, Hinako le reprochó sin reservas.

—¡¿Qué demonios le hiciste, pervertida?!

Ranma levantó las manos en defensa propia.

—¡Se supone que solo debía inutilizar sus piernas momentáneamente, no provocar una reacción tan extraña! —exclamó, claramente confundida, antes de acercarse a Elinalise.

Presionando algunos puntos de presión en la espalda de la elfa inmortal, Ranma logró tranquilizarla, permitiéndole recuperar la movilidad de sus piernas. Todavía ruborizada, Elinalise la miró con una sonrisa algo intrigada.

—Tienes que enseñarme a hacer eso...

Finalmente, Ranma se acercó a Rudeus, quien seguía sentado en el suelo. Sin esperar permiso, lo levantó por los hombros con facilidad. Sin embargo, algo la hizo detenerse. Rudeus estaba mirándole descaradamente el pecho, sin ningún intento de disimular.

Ranma, consciente de la mirada, frunció el ceño, claramente molesta.

—¿Qué crees que estás mirando? —gruñó, conteniendo el impulso de golpearlo nuevamente.

Rudeus, todavía jadeando tras el golpe inicial, apartó la mirada con cierta incomodidad, aunque su rostro delataba cierta fascinación que no podía ocultar.

—No vuelvas a hacer eso si quieres mantener todos tus dientes en su lugar —añadió Ranma, con tono amenazante pero controlado, mientras se alejaba de él.

Ranma observó a Rudeus con curiosidad mientras el joven mago se acercaba emocionado a Roxy.

—Así que tú eres Rudeus... Roxy no dejaba de hablar de lo maravilloso que eres siendo un prodigio en la magia —comentó Ranma, con una sonrisa ligera.

Los ojos de Rudeus se iluminaron al escuchar esas palabras. Con ayuda de Ranma, se acercó a Roxy, quien parecía algo desconcertada pero permitió que el encuentro ocurriera.

—¡Maestra Roxy! —exclamó Rudeus, lanzándose hacia ella con los brazos abiertos para abrazarla.

Roxy, aunque agotada mentalmente por las recientes interacciones y batallas, logró reconocerlo.

—Has crecido, Rudy... —dijo con un tono suave, pero rápidamente se corrigió—. Rudeus.

La corrección, aunque pequeña, causó una ligera punzada en el pecho del joven mago. Sin embargo, no dejó que eso lo detuviera. Su abrazo se mantuvo firme, aunque algo peculiar. Rudeus comenzó a hiperventilar, pero no por nerviosismo. En realidad, estaba olfateando a Roxy de forma sonora, como si quisiera grabar su esencia en su memoria.

Ranma, al notar lo extraño de la situación, intervino rápidamente. Con los ojos entrecerrados y una expresión de desaprobación, separó a Rudeus del abrazo.

—Oye, ¿qué estás haciendo? —preguntó, claramente molesta.

Roxy, aunque algo incómoda, intentó calmar la situación.

—Tranquila, Ranma... Rudy... Rudeus es un poco extraño a veces —dijo con un tono resignado, antes de pellizcar las mejillas del joven mago con fuerza.

—No vuelvas a olerme de esa forma, es extraño —añadió, mientras mantenía el pellizco.

—Eshta bien, maestla Roxshy —respondió Rudeus torpemente, todavía sonriente a pesar de tener las mejillas atrapadas entre los dedos de su maestra.

Ranma soltó un suspiro, cruzándose de brazos mientras observaba la escena.

—Definitivamente, este chico es raro... —murmuró para sí misma, aunque no pudo evitar sonreír ligeramente ante lo absurdo del momento.

Hinako, con Zenith aún dormida y plácidamente apoyada en su espalda, se cruzó de brazos mientras observaba a Rudeus con una mezcla de curiosidad y desconfianza.

—Sí, es raro. Solo espero que no intente olfatearnos a nosotras —comentó, lanzando una mirada rápida hacia Ranma.

Aprovechando que la situación parecía haberse calmado, Hinako se acercó a Ranma con una sonrisa pícara.

—¿No estarás celoso, verdad? —preguntó, mientras observaba la cálida escena entre Roxy y Rudeus.

Ranma permaneció en silencio por un momento, como si estuviera reflexionando. Finalmente, respondió con un tono tranquilo pero firme:

—No me corresponde estar celoso de nada.

Mientras tanto, Paul, que había estado observando a Ranma y Hinako desde la distancia, notó a la otra mujer que se acercaba a la pelirroja. Aunque su apariencia era atractiva, su atención se centró rápidamente en la figura que Hinako cargaba en su espalda.

Sus ojos se abrieron de par en par al reconocerla.

—¡Zenith! — Paul, lleno de ansiedad y desesperación, avanzó rápidamente hacia Zenith al reconocerla en la espalda de Hinako. Sin embargo, Ranma, precavida, se interpuso entre ambos, extendiendo una mano como señal de alto. Su expresión era seria, pero tranquila.

—Tranquilo, ella está viva —dijo con firmeza, buscando calmarlo.

Paul se detuvo abruptamente, respirando con fuerza mientras sus emociones luchaban por salir a la superficie. La sola idea de que alguien más se interpusiera en su camino hacia su esposa era casi insoportable. Sin embargo, la actitud serena de Ranma le dio un momento de claridad.

La pelirroja, con un gesto cuidadoso y delicado, tomó a Zenith en sus brazos y se acercó a Paul.

—Aquí tienes. —Con suavidad, le entregó a Zenith, permitiendo que el peso emocional del momento recayera completamente en él.

Paul, temblando ligeramente, sostuvo a su esposa con cuidado, como si temiera que pudiera romperse. Al observarla, los años de separación, la incertidumbre y la preocupación acumulada finalmente lo alcanzaron. En un movimiento espontáneo, la abrazó con fuerza, presionándola contra su pecho mientras lágrimas silenciosas comenzaron a caer por su rostro.

—Zenith... —murmuró con un tono quebrado, como si el solo hecho de pronunciar su nombre rompiera cualquier barrera emocional que aún quedara.

Roxy, Hinako y Ranma permanecieron en silencio, respetando el momento. La escena era tanto emotiva como desgarradora. Paul, un hombre que siempre había mantenido una imagen de fuerza y control, finalmente se permitió romperse, dejando salir todo aquello que había estado reprimiendo.

Sosteniendo a Zenith en sus brazos, sintió como una calma inesperada comenzaba a instalarse en su corazón. Por primera vez en años, pudo respirar con tranquilidad.

Rudeus observaba la escena mientras Paul abrazaba a Zenith, dejando salir las emociones que había contenido durante años. Aunque él no compartía el mismo nivel de conexión emocional con sus padres de esta vida, la intensidad del momento comenzó a resonar en su interior.

Recordó a sus propios padres de su vida anterior. Las imágenes difusas de su madre tratando de que saliera de su habitación, de su padre reprendiéndolo con frustración pero con amor, regresaron a él. Con cada recuerdo, llegó la culpa por cómo les había fallado. No había ido a su funeral, no había visto sus cuerpos, ni siquiera había recogido sus cenizas. La ausencia de despedida y su incapacidad para honrarlos pesaron más en su mente.

Lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos. Para todos los presentes, esas lágrimas parecían ser por Zenith, por el éxito del rescate, por la emoción del reencuentro. Roxy, notando el estado de Rudeus, se acercó y acarició su cabeza con ternura, intentando tranquilizarlo. Solo él sabía que esas lágrimas eran por algo más profundo, por la promesa que acababa de hacer en su corazón: no desperdiciar esta nueva oportunidad, y pagar correctamente a sus padres en esta vida.


Con el reencuentro culminado y el alivio emocional en el aire, el grupo finalmente se dispuso a salir del laberinto. Esta vez, gracias a las detalladas anotaciones de Geese, el camino hacia la salida fue mucho más claro y fácil de seguir.

Sin embargo, mientras avanzaban por los pasillos restantes, las quejas comenzaron a surgir.

—¿De quién habrá sido la brillante idea de abrir tantos túneles por todas partes? —murmuró Paul, claramente irritado—. Nos perdimos tantas veces que retrasamos días.

—Me pregunto quién era ese hijo de... —Rudeus dejó la frase inconclusa, pero el malestar era palpable en todos.

Las miradas inquisitivas de Hinako y Roxy se dirigieron automáticamente hacia Ranma, quien comenzó a reír nerviosamente mientras retrocedía ligeramente.

—¿Qué pasa contigo? —preguntó Roxy, levantando una ceja.

Ranma, con un claro nerviosismo reflejado en su rostro, de repente saltó al frente de todos. Con una velocidad que solo ella podía lograr, se colocó en cuclillas, inclinándose repetidamente hacia el suelo en una reverencia exagerada.

—¡Perdóneme, perdóneme! —exclamó, activando la más poderosa técnica del clan Saotome: el Tigre Caído.

El grupo quedó en silencio por un momento, asimilando la escena. El malestar y la irritación parecían disolverse ante la ridícula imagen de Ranma inclinándose frenéticamente.

—Pff... esa técnica es legendaria —comentó Hinako, tratando de contener la risa, mientras Roxy simplemente suspiraba y negaba lentamente con la cabeza.

El ambiente, aunque aún cargado de cansancio, se llenó de un leve aire de humor que ayudó a aliviar la tensión acumulada por los días en el laberinto.

Ranma, con una sonrisa nerviosa pero llena de energía, levantó una mano intentando redimirse tras las miradas inquisitivas y algunos suspiros frustrados del grupo.

—Bueno, si quieren, puedo cavar un túnel hacia arriba hasta la salida. Me tomará solo un par de segundos, ¡y estaremos fuera en un instante! —propuso con un tono entusiasta, golpeando ligeramente su puño contra la palma de su otra mano como si fuera la idea más brillante del mundo.

El grupo entero se detuvo en seco, girándose hacia Ranma con expresiones que variaban entre incredulidad y pura irritación. En un momento de perfecta sincronización, todos gritaron al unísono:

—¡No más túneles!

Ranma dio un paso atrás, levantando las manos en señal de paz, claramente abrumada por la intensidad de la reacción.

—De acuerdo, de acuerdo... solo quería ayudar... —murmuró, mientras Hinako suspiraba pesadamente detrás de ella y Geese no podía evitar reprimir una pequeña risa.

La tensión en el aire comenzó a disiparse mientras el grupo reanudaba su camino hacia la salida, aunque no sin lanzar ocasionales miradas de advertencia a la pelirroja para asegurarse de que no intentara nada más impulsivo.

Al salir del laberinto, el grupo se detuvo para observar un paisaje que dejó a todos sin palabras. Ante ellos, el imponente esqueleto de un monstruo gigantesco se alzaba como un recordatorio de una lucha mítica. Era tan colosal que bajo su sombra se encontraba una vibrante ciudad, la ciudad de Rapan, construido entre sus huesos.

Ranma, con los ojos muy abiertos, no pudo contener su reacción.

—No jodan, ¡mataron a Godzilla! —exclamó, aún tratando de asimilar el tamaño del monstruo. Miró el esqueleto fijamente y luego agregó, medio en broma, medio dudando de sí misma—. Creo que yo no podría matar algo tan grande... ¿o sí?

El resto del grupo avanzó mientras Ranma se quedaba un momento contemplando el esqueleto, hasta que Hinako la empujó suavemente para que siguiera caminando.

El grupo atravesó el pueblo mientras la luz del sol acariciaba sus rostros, una sensación que no habían experimentado durante días en el oscuro y opresivo laberinto. Para Paul, la calidez y el bullicio del pueblo trajeron de vuelta el color a su mundo. Sostenía a Zenith en sus brazos como una princesa, envuelta cuidadosamente en una capa de tela que la protegía con delicadeza. Su sonrisa era tan amplia como su alivio: finalmente, la vida tenía sentido otra vez.

Ranma y Hinako, por su parte, no podían dejar de mirar a su alrededor. El mundo exterior, a pesar de sus diferencias, tenía algo que les recordaba a la Tierra. Claro que no había esqueletos de monstruos gigantes ni tantas razas diferentes recorriendo las calles allá en su hogar. La atmósfera era única, tanto por la mezcla de culturas como por la curiosa ubicación del pueblo en un paisaje desértico.

Mientras caminaban, Hinako murmuró con cierta inquietud.

—Por favor, que no nos crucemos con ningún hombre bestia felino...

Ranma, al escucharla, sintió un escalofrío que recorrió su columna al imaginarse rodeada de personas con aspectos gatunos.

—Ni lo digas... —murmuró de vuelta, ajustando inconscientemente su postura.

Por su parte, Roxy seguía poniéndose al día con Rudeus, compartiendo las vivencias que ambos habían tenido desde la última vez que se vieron. Mientras tanto, Elinalise decidió caminar junto a Ranma y Hinako, intrigada por el comentario de esta última.

—¿Es que Ranma tiene problemas con las razas no humanas? Soy un elfo, y no pareció molestarle. —Elinalise señaló sus orejas puntiagudas, esperando una explicación.

Hinako, queriendo evitar una larga conversación sobre el complejo problema de Ranma, sonrió ligeramente mientras respondía.

—No, no es nada de eso... Es un problema... algo delicado de hablar ahora mismo, pero es similar a una maldición. —Recordó brevemente lo que Roxy había mencionado y decidió no profundizar más.

Elinalise inclinó la cabeza con curiosidad, pero al notar que Hinako parecía reacia a entrar en detalles, decidió no insistir por el momento.

Al llegar a la posada, el grupo fue recibido con una cálida bienvenida. Lilia, con lágrimas brotando de sus ojos, corrió hacia ellos. Sin importar los años que habían pasado, la emoción en su rostro era evidente. Al ver a Paul cargando a Zenith, su emoción se desbordó.

—¡Mi señor! ¡Mi señora! —exclamó con voz quebrada por la alegría—. ¡Se encuentran bien!

Con cuidado, Paul dejó que Lilia se acercara, permitiéndole tocar a Zenith con delicadeza mientras las lágrimas caían por sus mejillas. Fue un momento de alivio para todos.

Observando desde la distancia, Hinako cruzó los brazos y murmuró algo.

—¿Entonces ella es la sirvienta de Paul y Rudeus?

Antes de que alguien pudiera responder, Elinalise corrigió el malentendido.

—En realidad, también es la segunda esposa de Paul.

Hinako parpadeó varias veces, claramente sorprendida por la respuesta. Sin embargo, su sorpresa rápidamente se transformó en diversión, lanzándole una mirada juguetona a Paul.

—Oh, vaya... parece que Paul tiene sus propias aventuras. Lo que significa que aquí podrías casarte con Akane, Shampoo, Ukyo, Kodachi... —enumeró, dejando caer cada nombre con un tono cada vez más travieso, hasta que se detuvo bruscamente. Su voz se redujo a un murmullo inaudible en el último nombre, al que siguió un sonrojo evidente.

Ranma, que había estado escuchando el comentario desde atrás, simplemente suspiró con resignación. Negó suavemente con la cabeza, aunque era difícil decir si lo hacía por cansancio, indiferencia, o por haber escuchado demasiados comentarios similares a lo largo de los años. Mientras tanto, el grupo comenzó a relajarse, dejando que las tensiones del día se disiparan, por supuesto el tampoco oyó lo último que dijo su Hinako, quien aparto la mirada haciendo pucheros.

El grupo, agotado tras el intenso rescate y los días bajo tierra, decidió priorizar su descanso. Zenith, que seguía profundamente dormida, fue cuidadosamente limpiada y acostada en una cama cómoda. Aunque todavía no despertaba, se aseguraron de que estuviera bien atendida. Paul, en particular, no se apartó de su lado, velando por ella con una mezcla de alivio y preocupación.

Por otro lado, Ranma reflexionaba sobre su peculiar situación. La experiencia le había enseñado que revelar su maldición solía resultar más problemático de lo que valía, especialmente si alguien "curioso" decidía probar su transformación con agua fría y caliente, como le había ocurrido tantas veces antes. Suspirando, decidió que esa explicación podía esperar hasta después de una buena noche de sueño.

Roxy también necesitaba descansar, pero su mente estaba en otro lugar. El recuerdo del joven que la había salvado en el laberinto seguía fresco en su mente. Sonrió al pensar en su peculiar maldición, una rareza que, de alguna manera, le hacía admirablemente único. Fue ella quien insistió en que las tres—Ranma, Hinako y ella misma—compartieran una habitación. Quizá la cercanía ayudaría a fortalecer los lazos después de todo lo que habían vivido.

Por su parte, Rudeus no pudo evitar sentir ganas de reconectar con su maestra. Sin embargo, entendió que ella necesitaba descansar después de todo lo que había pasado. Aunque la curiosidad sobre las dos misteriosas chicas que acompañaban a Roxy y sobre cómo habían rescatado a Zenith lo carcomía por dentro, decidió que esas preguntas podían esperar. Lo importante ahora era permitirles recuperar fuerzas.

Así, con el sol poniéndose en el horizonte y el alboroto del pueblo desvaneciéndose en la noche, el grupo se permitió un momento de calma, dejando que sus mentes y cuerpos encontraran un poco de paz después de tantas pruebas.


Ranma no logró conciliar el sueño. Después de un baño caliente, recuperó su forma masculina y salió envuelto en una toalla, acompañado por el vapor que aún se disipaba en el aire. Hinako, con una sonrisa traviesa que apenas curvaba las comisuras de sus labios, se acercó con sigilo. Antes de que él pudiera reaccionar, lo empujó suavemente hacia el colchón, quedando sentada sobre su cintura con una actitud juguetona.

—Sabes que Roxy podría volver en cualquier momento, ¿verdad? —susurró Ranma, una mezcla de sorpresa y excitación en su voz.

—¿Y qué más da? Sabe que le gustas, estoy seguro de que no le importaría unirse... aunque ahora mismo, te quiero solo para mí —respondió Hinako, inclinándose para sellar sus palabras con un tierno beso, un preludio a algo más.

Se separó ligeramente, sus ojos brillando con una intensidad juguetona—. Me gustaría permanecer en mi forma adulta al menos por dos días seguidos... —dijo con un tono seductor, la implicación clara en sus palabras.

Durante sus encuentros secretos, que ya sumaban suficientes noches compartidas, Hinako y Ranma habían descubierto un lazo que trascendía la mera intimidad física. En esos momentos de entrega mutua, la energía de Ranma parecía anclar la forma adulta de Hinako, proporcionándole la vitalidad necesaria para mantenerse así durante los días. Sin embargo, esta peculiaridad tenía un doble filo: la energía que la mantenía estable también parecía levantar una barrera invisible contra la concepción, un hecho tácito que ambos compartían.

Básicamente, cuando Ranma se corría dentro de Hinako, ella permanecía en forma adulta, ella absorbía la energía vital de la semilla de su compañero, lo cual le permitía mantenerse como adulta más tiempo, sin embargo, eso impedía que alguna vez pudiera quedar embarazada.

Tras su momento íntimo, donde el mundo exterior se desvanecía, Hinako se levantó de la cama con una sonrisa radiante. Al abrir la puerta, se encontró de frente con Roxy.

—Hinako... ¿adónde vas? —preguntó la joven maga, con una pizca de sorpresa en su voz.

—Oh, voy a explorar un poco. Quiero probar el alcohol de este mundo —respondió Hinako con despreocupación.

—Pero... ¿estas seguras que no te perderás? ¿Podrás siquiera comprar bebidas?

—Tú tranquila y yo con mis trucos —guiñó Hinako, antes de añadir con una sonrisa pícara—, tú ve y... reúnete con Ranma. Estaré fuera hasta el amanecer... ¡aprovecha!

Roxy cerró los ojos con fuerza por un instante, una mano temblándole ligeramente sobre su pecho. Inspiró profundamente, reuniendo el valor que no sabía que poseía. Antes de que Ranma pudiera siquiera terminar de abrocharse el último botón de su camisa, ella lo empujó suavemente de vuelta hacia el colchón, sentándose sobre él a horcajadas.

—Tengo una sensación de déjà vu intenso —murmuró Ranma para sí mismo, una sonrisa traviesa curvándole los labios mientras una ceja se alzaba con picardía—. Si estás haciendo esto solo para agradecerme…

—No digas eso, tonto —replicó Roxy, inclinándose para depositar un tierno beso en sus labios. Se separó ligeramente, sus dedos jugando nerviosamente con el cuello de la camisa de Ranma—. No hago esto por simple muestra de gratitud, no soy una mujer tan fácil... —Hizo una breve pausa, un leve sonrojo intensificándose en sus mejillas—. Quiero hacer esto por mí… pero si tú no quieres… —Sus ojos buscaron los de él, llenos de una mezcla de esperanza y timidez.

Por supuesto, el antiguo Ranma habría salido corriendo a la velocidad del rayo, o quizás se habría quedado paralizado por la sorpresa. Pero él ya no era el mismo joven impulsivo. En lugar de huir, le devolvió el beso con ternura y, con un suave movimiento, cambió de posición hasta quedar de lado, juntando su frente con la de ella en un silencio cargado de afecto.

—Espero no decepcionarte —susurró Ranma, su aliento cálido sobre el rostro de Roxy.

Fiel a sus palabras no iba a decepcionarla, la beso apasionadamente mientras una mano la sostenía de la cintura otra bajo y agarro firmemente el trasero de su compañera, ella gimió levemente al sentir su agarre firme, podía sentir claramente como, su corazón e aceleraba y el calor de su entrepierna aumentaba.

Roxy con el rostro caliente y llena de vergüenza susurro –Se gentil, es mi primera vez.

El joven de trenza comprendió las implicaciones de sus palabras, por lo que no se apresuró y extendió el juego previo por media hora, siguió besándola mientras se desprendían de cada pedazo de tela que los cubría, luego de un beso que dejo sin aire a su pareja, se separó y comenzó a besar su cuello, sabía que a Hinako le encantaba cuando hacia cosas como besarle detrás de sus orejas o morderla suavemente, deslizo su mano hasta abajo y retiro sus bragas claramente humedecidas, pero él no detendría el juego previo, comenzó a besarla bajando por sus pechos, por su ombligo hasta su parte intima, Roxy gimió al sentir el suave toque de su lengua arqueando su espalda mientras sostenía la cabeza de su compañero, como si suplicara que no se detuviera.

El mundo exterior parecía desaparecer para ambos en ese momento, Incluso el pensamiento de Ranma haciéndolo con Hinako pocos minutos antes, era inexistente en la mete de Roxy, quien si bien era consiente no le dio importancia alguna, siguiendo sus instintos y su corazón siguió hasta el final.
Ranma la froto suavemente, sintiendo que se deslizaba dentro de ella, ella había perdido todo el nerviosismo y estaba lo suficientemente lubricada para que pudieran proceder sin problemas, siendo su primera vez algo menos que incomodo en los primeros momentos antes de disfrutar completamente hasta que sus mentes y sus corazones se fundieron en uno solo absorbidos por el placer del momento.

Hinako regresó a la habitación en completo silencio, sus pasos amortiguados por el suelo de madera de la posada. Al abrir la puerta, sus ojos captaron el panorama: Roxy y Ranma dormían plácidamente bajo las sábanas, ajenos al mundo exterior. El desorden en la habitación—ropa descartada, muebles ligeramente movidos—y un ligero olor almizclado que aún impregnaba el aire le arrancaron una sonrisa divertida.

—Así que así están las cosas... —murmuró para sí misma, su tono lleno de picardía.

Sin intención de despertarlos, y con un deje de complicidad en su mirada, Hinako cerró suavemente la puerta tras de sí. Se despojó de su ropa mojada, consecuencia de un desafortunado choque con alguien mientras bebía agua en la planta baja. Con movimientos relajados, se deslizó bajo las sábanas al otro lado de Ranma. La calidez de la cama y la serenidad del momento la envolvieron, hundiéndola rápidamente en un sueño profundo y reparador.

El sol ya había avanzado hacia el mediodía cuando Rudeus decidió subir para despertarlos. Aunque entendía la importancia del descanso, tampoco era razonable que nadie se levantara ni siquiera para desayunar. Además, su deseo de hablar con Roxy, de reconectar con ella y tal vez confesar sus sentimientos, lo empujaba a tomar la iniciativa.

Golpeó la puerta suavemente una, dos veces, pero no obtuvo respuesta. Una ligera preocupación lo invadió. ¿Estaría todo bien? Probó el picaporte y la puerta se abrió fácilmente, no estaba cerrada con llave. Entró despacio, sintiendo el aire pesado y una fragancia familiar, como la de momentos compartidos entre adultos. Fue entonces cuando los vio: un joven de cabello negro acostado en el centro de la cama, flanqueado por Hinako y Roxy, ambos cubiertos hasta los hombros con las sábanas y profundamente dormidos.


Rudeus sintió un leve nudo en el pecho, una punzada que no esperaba. Su mente conectó rápidamente los puntos: el desorden, el olor, la proximidad... y lo que implicaban. Retrocedió lentamente, asegurándose de no hacer ruido para no despertarlos. Cerró la puerta detrás de sí, su corazón latiendo más rápido de lo habitual.

De vuelta abajo, con el alma algo destrozada, Rudeus se dejó caer en una silla, sin tocar su comida. No podía apartar de su mente la imagen del joven desconocido. ¿Quién era? Algo en su apariencia le resultaba extrañamente familiar. Entonces recordó a Ranma, la pelirroja, y la idea lo golpeó de lleno. ¿Podría ser? ¿Serían hermanos? ¿O acaso... Ranma y este joven eran la misma persona?

La confusión y la tristeza se mezclaban en su interior, dejándolo absorto en sus pensamientos mientras el bullicio de la posada continuaba a su alrededor.

Rudeus permanecía cabizbajo en la mesa del comedor, sus ojos fijos en el plato de comida que aún no había tocado. La energía habitual en sus movimientos parecía haberse desvanecido por completo, reemplazada por un aire de abatimiento que no pasó desapercibido.

Elinalise, que estaba disfrutando de una bebida a poca distancia, notó su estado al instante. El instinto que había desarrollado a lo largo de los años le dio una punzada en el pecho, como un recordatorio de que algo no estaba bien. Sin dudarlo, se levantó y se acercó, inclinándose ligeramente sobre él.

—¿Rudy? —dijo, con un tono tan suave como firme—. ¿Está todo bien? No te ves muy animado...

Rudeus levantó la vista por un momento, pero evitó su mirada al instante, desviando los ojos hacia un rincón de la sala mientras hacía una mueca.

Elinalise no iba a rendirse tan fácilmente. Con una ceja arqueada, continuó haciendo preguntas.

—¿Qué pasó? ¿Fuiste a buscar a Roxy? ¿Todo está bien con ella? —insistió, cada palabra más inquisitiva que la anterior.

Al principio, Rudeus se mantuvo en silencio, incómodo con la dirección que estaba tomando la conversación. Pero su reacción hablaba por sí sola, y Elinalise, siempre perspicaz, comenzó a atar cabos.

—Espera un momento... —dijo, con una sonrisa que mezclaba sorpresa y picardía—. ¿Te le declaraste y te rechazó?

Rudeus suspiró con frustración y finalmente rompió su silencio.

—No, no pude confesar nada... y nunca metería a otra mujer en nuestras vidas sin la aprobación de Sylphi —admitió, su voz cargada de seriedad. Luego hizo una pausa, sus ojos nublados por una mezcla de tristeza y resignación—. Lo que ocurrió es... bueno, ya no tendría sentido declararme.

Elinalise quedó en silencio un momento, dejando que sus palabras resonaran. Luego, al conectar los puntos, suspiró profundamente. Comprendía lo que había sucedido, y su mente se debatía entre emociones encontradas: por un lado, sentía una alegría genuina por su amiga Roxy, quien finalmente había dado un paso hacia adelante en su vida personal. Por otro lado, la pena por Rudeus era palpable. Ella sabía, desde hacía tiempo, que él había albergado sentimientos por su maestra.

Aun así, no podía evitar pensar en Sylphi, la nieta que siempre había amado profundamente a Rudeus. Conociendo su carácter amable y comprensivo, estaba segura de que Sylphi habría aceptado que su esposo tuviera más de una esposa, siempre que sus corazones estuvieran en el lugar correcto.

—Rudy... —dijo Elinalise finalmente, con una expresión que mezclaba compasión y ternura—. Entiendo cómo te sientes, y sé que siempre has sido fiel a tu corazón. Pero no olvides que el amor puede ser más complicado de lo que creemos, y Sylphi... ella siempre ha entendido tu corazón más de lo que imaginas.

Rudeus no respondió de inmediato. Simplemente asintió levemente, como si procesara las palabras de Elinalise. En el fondo, sabía que ella tenía razón, pero eso no hacía que la punzada en su pecho desapareciera.


Los días habían pasado con una calma aparente, pero las tensiones subyacentes eran evidentes. Elinalise, siempre directa y perspicaz, no tardó en descubrir que Roxy había dado un gran paso en su vida personal. Claro que no lo expresó de la manera más sutil: lo dejó claro con comentarios descarados que hicieron que Roxy se ruborizara más de una vez. Sin embargo, el tema de Ranma y su misteriosa maldición aún permanecía en las sombras, algo que ni siquiera Roxy se sentía lista para explicar.

Rudeus, mientras tanto, había comenzado a evitar a Roxy. Siempre encontraba una excusa para no cruzarse con ella o para abandonar una conversación si ella estaba cerca. La distancia entre ellos era evidente, y esa misma lejanía pesaba tanto en el corazón de Rudeus como en el de Roxy. No obstante, ambos sabían que no podían continuar así indefinidamente.

Finalmente, llegó el momento que ninguno de los dos podía seguir posponiendo. Fue Roxy quien decidió enfrentarlo, encontrándolo sentado a solas, sumido en sus pensamientos en un rincón tranquilo de la posada.

—Rudeus... —comenzó, su voz calmada, pero con un tono de preocupación—. ¿Podemos hablar?

Rudeus alzó la vista hacia ella, sus ojos reflejaban una mezcla de tristeza y determinación. Asintió lentamente y señaló una silla frente a él, indicándole que se sentara.

El silencio entre ellos fue incómodo al principio, pero Rudeus lo rompió con palabras que llevaba días guardando.

—Roxy, siempre te he amado. Desde que era un niño, soñaba con estar a tu lado... —dijo, su voz temblando ligeramente—. Sé que estoy casado con Sylphi, y la amo, pero aún quiero que seas parte de mi vida. Incluso si has estado con otro hombre, no me importa. Quiero que seas mi segunda esposa.

Las palabras de Rudeus estaban cargadas de sinceridad y esperanza, pero también de una vulnerabilidad que era difícil de ignorar. Roxy escuchó atentamente, su expresión mostraba una mezcla de ternura y dolor.

—Rudeus... —respondió después de un momento, inclinándose ligeramente hacia él—. Aprecio tus sentimientos más de lo que puedo expresar. Siempre serás mi preciado alumno, alguien a quien respeto profundamente, y eso nunca cambiará.

Hizo una pausa, respirando profundamente antes de continuar.

—Pero ahora he elegido a alguien más.

Rudeus sintió una punzada en el pecho, como si el aire se le escapara por un instante. Sin embargo, no mostró enojo ni reproche, solo una triste aceptación.

—Lo entiendo —murmuró, bajando la mirada—. No puedo forzar tus sentimientos.

Roxy, conmovida por su madurez, extendió una mano para tomar la de él.

—Eres una persona increíble, Rudeus, y estoy segura de que Sylphi también lo sabe. Tienes una familia maravillosa y muchos motivos para ser feliz.

Tras esas palabras, ambos se levantaron y, por un instante, Roxy lo abrazó con fuerza. Fue un gesto sincero y emotivo, que simbolizaba el cariño y el respeto que aún existían entre ellos.

—Sigamos adelante como maestra y alumno —dijo ella, con una pequeña sonrisa mientras lo miraba a los ojos—. Siempre estaré aquí para ti, como lo he estado hasta ahora.

Rudeus asintió, limpiándose los ojos rápidamente antes de devolverle la sonrisa. Aunque el dolor aún permanecía, sabía que esta conversación era un paso necesario para sanar y seguir adelante.

Sin embargo, Rudeus sabía que no podía evitar el tema por más tiempo, tenia curiosidad por la persona que su maestra había elegido.

—Roxy... —comenzó, su tono cauteloso—. Necesito preguntarte algo.

Roxy levantó la mirada, sus ojos reflejando una mezcla de curiosidad y una leve preocupación.

—Claro, Rudy, ¿qué ocurre?

Rudeus respiró profundamente, tratando de encontrar las palabras correctas.

—Hace unos días... —hizo una pausa, intentando no sonar incómodo—. Entré a la habitación. Cuando fui a buscarte, la puerta estaba abierta y vi...

Roxy bajó ligeramente la mirada, sabiendo de qué hablaba, con el rostro sonrojado.

—¿Nos viste?

Rudeus asintió lentamente, sin atreverse a mirar directamente a sus ojos.

—Sí, Tu estabas durmiendo al lado de un hombre de pelo negro, y Hinako del otro lado de la cama… Y he estado pensando en ello. Se parece mucho a, bueno, a Ranma solo que en versión hombre y de pelo negro. —Murmuró con cierta confusión—. Así que quiero saber, ¿Ranma y ese hombre están relacionados.?

Roxy suspiró, sabiendo que no podría esquivar la conversación.

—Te seré sincera, Rudy. Ranma tiene una maldición... —comenzó, eligiendo cuidadosamente sus palabras—. Puede cambiar entre hombre y mujer dependiendo de la temperatura del agua.

Rudeus escuchaba con atención, pero las piezas comenzaron a encajar en su mente, ciertamente si pusieran al hombre de pelo negro y a la chica pelirroja cualquiera diría que son hermanos gemelos.

—¿De dónde viene él? —preguntó, aunque no podía ignorar la intuición que lo llevaba a pensar en algo más grande, ese pelo negro y esos ojos, aun que estaba con los ojos cerrados percibía claramente como alguien de origen japonés en la tierra—. ¿Es como Nanahoshi? ¿Un viajero de otro mundo? ¿Si es así, por que no ocurrió otro desastre de mana?

Roxy, consciente de la dirección de sus preguntas, decidió no profundizar.

—Creo que eso deberías preguntarles tu mismo… todo lo que se es que aparecieron en el laberinto en mi momento más crítico… y me salvaron.


Una conversación con Ranma

Al día siguiente, Rudeus encontró la oportunidad de hablar directamente con Ranma. La posada estaba tranquila, y mientras los demás disfrutaban de su comida, él eligió esperar a Ranma afuera, donde el sol brillaba tenuemente.

Ranma apareció en su forma femenina, con una expresión curiosa al ver a Rudeus esperándola.

—¿Me estabas buscando? —preguntó, inclinando ligeramente la cabeza.

Rudeus asintió, pero sin decir nada, invocó magia de agua. Con un movimiento calculado, derramó agua caliente sobre ella, transformándola en su forma masculina al instante.

Ranma miró a su alrededor, algo irritado, mientras ajustaba su postura.

—¡Oh! Así que querías confirmarlo —dijo con un tono de resignación, observando cómo Rudeus palmeaba sus músculos con curiosidad—. ¿Eso es todo, o hay algo más?

Rudeus guardó silencio unos momentos antes de adoptar un tono más serio.

—Siempre he amado a Roxy... —confesó, mirando a Ranma directamente—. Y cuando finalmente iba a declararle mis sentimientos, apareciste tú. La robaste lejos de mí.

Ranma permaneció en silencio, sus labios apretados mientras procesaba lo que acababa de escuchar. Finalmente, bebió un poco de agua y murmuró con una mezcla de incomodidad y arrepentimiento.

—Ay no...

Acto seguido, Ranma utilizó magia de agua sobre sí mismo, volviendo a su forma femenina. Su expresión cambió completamente, mostrando una mirada tierna y delicada mientras se acercaba a Rudeus.

—No estarás diciendo que piensas matarme por eso, ¿verdad? —preguntó con un tono tan natural que Rudeus, atrapado por la sorpresa y la expresión femenina de Ranma, terminó escupiendo su cerveza.

—¡Por supuesto que no! Mi maestra me odiaría si hiciera eso —respondió entre tosidos.

Ranma suspiró aliviado y le dio unas palmaditas en la espalda con su usual actitud relajada.

—Al menos alguien con sentido común —comentó con una ligera sonrisa.

Pero esas palabras dejaron a Rudeus reflexionando profundamente. ¿Qué tipo de vida había llevado Ranma antes de llegar a este mundo? ¿Qué circunstancias le habían llevado a esto? La intriga continuaba creciendo en su mente.

Ranma se quedó congelado tras su último comentario, observando a Rudeus con una mezcla de asombro y confusión. Había algo que hasta ese momento no había notado del todo: habían estado hablando en japonés, un idioma que, hasta donde él sabía, no pertenecía a este mundo.

—Espera... ¿cómo es que... por qué...? —preguntó, claramente desconcertado.

Rudeus, quien ya había anticipado esta reacción, se rio suavemente mientras cruzaba los brazos.

—Oh, te diste cuenta —dijo, con una chispa de satisfacción en su tono—. Sospechaba que podrías ser japonés, así que hablé en japonés para probar mi teoría. Si no respondías, lo descartaba, pero veo que acerté.

Ranma inclinó la cabeza levemente, mirando a Rudeus como si lo evaluara de nuevo.

—Eres bastante listo, ¿eh, Rudy?

—No me llames Rudy —replicó Rudeus con una mirada seria.

Con una sonrisa traviesa, Ranma no pudo resistirse.

—Oh, vamos, Rudy, no seas así. O... ¿prefieres Rudy-chan? —preguntó, elongando la última palabra de manera deliberadamente molesta.

La mirada amenazadora de Rudeus fue suficiente para que Ranma levantara las manos en señal de paz.

—Bien, bien, lo entiendo. No somos tan cercanos... todavía.

Tras un momento de pausa, Ranma cambió su expresión a algo más pensativo.

—En todo caso, ¿también caíste por un portal?

Rudeus frunció el ceño ante la pregunta, claramente confundido.

—¿Portal? ¿No fueron invocados?

Ranma se rascó la nuca, dejando escapar un suspiro de resignación.

—Oh, sí, un portal... bueno, es complicado. Verás, pensé que cierto estanque podía curar mi maldición. Resultó ser un portal que me trajo aquí... —admitió, avergonzado, evitando el contacto visual.

Rudeus asimiló la información en silencio, aunque su mente ya estaba trabajando a toda marcha. Si Ranma y posiblemente Hinako también habían llegado desde otro mundo, ¿qué significaba eso? ¿Era un evento aislado o estaban conectados con otros sucesos, como la aparición de Nanahoshi? Las preguntas lo atormentaban, pero por ahora decidió guardar sus teorías para sí mismo.

Ranma no pudo evitar insistir, observando a Rudeus con una mezcla de curiosidad y desconcierto.

—No respondiste mi pregunta —dijo, cruzando los brazos—. Bueno, espera. Claramente tus rasgos no son de un japonés, ¿entonces quién eres exactamente?

Rudeus mantuvo una expresión seria, luchando contra el deseo de apartar la mirada. Después de un momento de silencio, decidió responder con cautela.

—Me reservo el derecho a no hablar sobre mi pasado —admitió—. Pero soy un reencarnado. Es todo lo que diré.

Aunque sus palabras eran breves, su tono y expresión hablaban de una historia más profunda. Rudeus sentía vergüenza al recordar su vida anterior, una vida marcada por decisiones inútiles y actos despreciables que aún lo atormentaban. Por dentro, no podía evitar aceptar que merecía la paliza que sus hermanos le habían dado en su antiguo mundo.

Ranma mantuvo su mirada fija por un momento, evaluando la situación. Decidió no insistir, dejando que el ambiente se relajara. Sin embargo, mientras escuchaba el bullicio a su alrededor, su mente no podía evitar divagar hacia algo que lo había estado rondando: la idea de la reencarnación.

Por favor, pensó para sí mismo, con una pizca de exasperación. Si hay algún dios o deidad escuchándome… no quiero reencarnarme como una niña... o un gato...

El pensamiento finalizó con una pequeña mueca mientras intentaba ignorar la sensación de que quizá alguien, en algún plano superior, estaría riéndose de él.


En otro plano existencial superior

La Diosa D cruzó los brazos con determinación, inclinándose ligeramente hacia su compañera.

—Lo haremos reencarnar como una niña, definitivamente. Es un clásico, pero siempre resulta entretenido.

La Diosa A levantó una ceja, girando elegantemente una copa etérea en sus manos antes de esbozar una sonrisa burlona.

—¿Eso no es un poco aburrido? —replicó con tono sarcástico—. ¿Por qué no un gato? No, mejor aún... ¡una gata! Imagina las posibilidades.

La Diosa D rió suavemente, como si ya pudiera visualizar la escena.

—Ahora que lo dices, una gata podría ser aún más interesante... y definitivamente más irónico para alguien como él.

Ambas deidades compartieron una mirada de complicidad, dejando en el aire una promesa de caos y humor en futuros hilos del destino.


—Bueno, dejando eso de lado... Zenith, ¿ya despertó?

El cambio de tema llevó a Rudeus a adoptar una expresión melancólica. Sus ojos reflejaban una mezcla de tristeza y preocupación mientras respondía.

—Despertó, pero no es capaz de hablar. Es como si tuviera daño cerebral o algo así... —dijo, su voz bajando con cada palabra.

Ranma, quien normalmente evitaba involucrarse demasiado en conversaciones emocionales, no pudo evitar sentir empatía por la situación.

—Lo siento... —respondió sinceramente, su tono mostrando respeto por el dolor de Rudeus.

El intercambio dejó un momento de silencio entre ellos, lleno de emociones que ambos entendían, pero no necesitaban expresar con más palabras.


El sol ya estaba cayendo, y las sombras de la tarde llenaban la sala privada de la posada. Las ventanas estaban cerradas, y la atmósfera era cuidadosamente controlada para garantizar la privacidad necesaria. El grupo de Rudeus, con Paul, Geese, Elinalise y Roxy presentes, se sentó frente a Ranma y Hinako, quienes se mantenían de pie frente a ellos. Hinako estaba más interesada en observar los adornos de la sala que en la tensión de la reunión, mientras Ranma, en su forma femenina, se preparaba para iniciar la conversación.

—Bueno, creo que ya hemos pospuesto esto lo suficiente —dijo Ranma, colocando sus manos en las caderas y mirando al grupo con una mezcla de seguridad y algo de incomodidad—. Ya llevamos días viajando juntos, y creo que es justo que sepan un poco más sobre nosotras... bueno, sobre nosotros.

Geese inclinó ligeramente la cabeza, con una expresión curiosa.

—¿Qué significa exactamente "un poco más"?

Ranma respiró profundamente y lanzó una mirada fugaz a Hinako, quien parecía completamente ajena a la tensión del momento.

—Para ser directos, no somos de por aquí... —dijo, midiendo sus palabras cuidadosamente.

Paul, con los brazos cruzados, arqueó una ceja.

—¿Qué quieres decir con 'no son de por aquí'?

Hinako, como si acabara de prestar atención, levantó la mano como si estuviera en clase.

—¡Venimos de otro mundo! —exclamó con entusiasmo, antes de que Ranma pudiera controlarla.

El salón quedó en completo silencio por unos segundos tras la declaración, mientras las miradas de los presentes alternaban entre Ranma y Hinako. La pelirroja dejó escapar un suspiro pesado y se llevó una mano al rostro.

—Sí, bueno... eso resume bastante nuestra situación. Venimos de otro mundo, pero los detalles no son importantes ahora. Estamos aquí, tratando de adaptarnos.

Elinalise se recostó en su silla con una sonrisa traviesa.

—Bien, esto se pone interesante.

Roxy, que ya conocía esta parte de la historia, sonrió con complicidad hacia Ranma y Hinako. Su expresión calmada parecía indicar que no tenía dudas sobre ellas.

Geese, sin embargo, se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa.

—Espera, mencionaste algo de una maldición antes, ¿verdad? ¿Qué significa eso exactamente?

Ranma enderezó la espalda y tomó un tono más serio.

—Mi maldición... bueno, básicamente, cambio de forma dependiendo de la temperatura del agua. Agua fría, me convierto en mujer. Agua caliente, vuelvo a ser hombre.

Paul abrió los ojos con sorpresa mientras Geese soltaba una carcajada.

—¡Eso suena como algo sacado de un cuento de taberna! —comentó Geese, claramente divertido.

Hinako, quien hasta ese momento estaba callada, de repente comenzó a brillar suavemente. Antes de que nadie pudiera reaccionar, su cuerpo comenzó a encogerse. En cuestión de segundos, pasó de ser una mujer adulta a una niña pequeña con una energía inagotable.

—¡Ranma, mira! ¡Estoy chiquita otra vez! —gritó con entusiasmo mientras corría alrededor de la mesa, ignorando por completo las expresiones de asombro de los demás.

—Oh no, otra vez no... —murmuró Ranma, llevándose la mano a las sienes.

—¿Qué demonios está pasando? —preguntó Paul, mirando a la hiperactiva niña que antes era Hinako.

Ranma se encogió de hombros, claramente resignado.

—Es otra condición especial. Cuando Hinako gasta toda su energía, vuelve a esta forma infantil... y digamos que su personalidad cambia bastante también.

—¡Eh, Rudeus! ¡Vamos a jugar! —gritó la pequeña Hinako mientras intentaba escalar la silla de Rudeus.

Elinalise apenas podía contener la risa mientras Geese y Paul se miraban con incredulidad.

—Esto será un viaje interesante, sin duda... —comentó Geese, con una sonrisa divertida.

Rudeus suspiró profundamente, mirando a Ranma con una mezcla de resignación y curiosidad.

—Sí, definitivamente será largo...

Ranma observó al grupo reunido a su alrededor, aún sentada con elegancia en la mesa, pero con un aire decidido. El ambiente se había tensado tras las primeras explicaciones, pero ella sabía que mostrar era mejor que solo hablar.

—Rudeus —dijo, volviendo su mirada hacia él con una leve sonrisa confiada—. Haz lo del agua caliente con tu magia, por favor. Creo que es hora de demostrar mi maldición.

Rudeus, curioso como siempre, extendió la mano y murmuró una fórmula mágica en su mente. Un hilo de agua caliente apareció y se derramó sobre Ranma. En el instante en que el agua la tocó, su forma femenina comenzó a cambiar. Su figura pequeña y de proporciones exageradas dio lugar a un joven de cabello negro y ojos azules, de apariencia completamente diferente. Ranma, ahora en su forma masculina, era alto y atractivo, con músculos bien definidos, pero no demasiado robustos, su cuerpo un contraste perfecto con el de la chica pelirroja de hace solo un momento.

El grupo observó en silencio, algunos con sorpresa, mientras Ranma se ponía de pie con una postura relajada.

—Como pueden ver, esta es mi forma masculina —dijo, con un toque de resignación en su voz—. Y cada vez que uso magia, por alguna razón, mi maldición se activa y vuelvo a ser mujer. Así que, sí, es un poco inconveniente...

No habían pasado más de unos segundos cuando, de manera casi instantánea, su cuerpo volvió a brillar. Ante los ojos de todos, Ranma regresó a su forma femenina, con su característico cabello rojo y su figura pequeña, pero de proporciones llamativas.

—¿Ven? —dijo, con una sonrisa agridulce mientras hacía un gesto hacia sí misma—. Así es mi vida.

Paul se frotó la barbilla mientras Geese soltaba una ligera risa.

—Bueno, eso sí que es una maldición interesante —comentó Geese.

Rudeus asintió, pero antes de poder hacer otra pregunta, Ranma levantó una mano, señalando a Hinako, quien seguía en su forma de niña pequeña y correteando alrededor de la mesa.

—Ahora, acerca de Hinako... —Ranma comenzó a explicar, volviendo su mirada hacia ella con una mezcla de afecto y cansancio.

El grupo volvió a prestar atención mientras Ranma tomaba asiento.

—Hinako tuvo una infancia complicada. Su cuerpo era increíblemente débil, al punto que no habría sobrevivido sin ayuda. Así que... bueno, un tratamiento experimental fue la única solución.

Ranma dejó que las palabras resonaran por un momento antes de continuar.

—El tratamiento cambió su cuerpo. Le permitió absorber la energía vital de otros seres vivos para mantenerse con vida. Sin eso, no habría sobrevivido. Pero, como pueden ver, hubo efectos secundarios.

Geese levantó una ceja mientras miraba a la pequeña figura de Hinako, ahora trepando una silla con entusiasmo.

—¿Como qué?

—Primero, nunca envejece. Y segundo... —Ranma hizo un gesto hacia la niña—. Su forma física cambia dependiendo de cuánta energía tiene.

Elinalise, interesada, inclinó ligeramente la cabeza.

Ranma asintió, explicando con calma.

—Cuando tiene mucha energía, se convierte en una mujer adulta, completamente funcional, como probablemente ya la han visto. Cuando está en un nivel medio, su cuerpo adopta una forma adolescente, algo similar en tamaño y estatura a ti, Roxy. —Hizo una pausa, mirando a Hinako, quien seguía corriendo—. Y cuando se queda sin energía, como ahora, vuelve a esta forma de niña pequeña, de alrededor de 120 centimetros.

Elinalise observaba a Ranma con una mirada mezcla de fascinación y diversión.

—Eso es... bastante único.

Ranma suspiró, apoyando los codos sobre la mesa.

—Creanme, es un desafío. Especialmente porque cuando está en su forma infantil, su personalidad cambia. Es mucho más... hiperactiva y, a veces, un poco imprudente.

—¡Ranma, mírame! —gritó Hinako desde lo alto de una silla, antes de saltar al suelo con una agilidad sorprendente.

El grupo no pudo evitar mirar con una mezcla de asombro y humor. Aunque la situación era inusual, también había algo entrañable en la dinámica entre Ranma y Hinako, una relación que claramente superaba las palabras.

Rudeus, quien había estado procesando toda la información en silencio, finalmente habló.

—Es un montón para asimilar... pero creo que entiendo un poco más ahora. Gracias por compartirlo.

Ranma asintió, agradecida por la paciencia del grupo.

Fin del capitulo.

Dios, 52 paginas, 52 pinches paginas… no esperaba que se alargara tanto.
Enfin, me tome la libertad de incluir elmomento exacto en que se detonaron a la que debería ser la esposa de Rudeus. Muajajaj

Por otro lado, para los conocedores de Mushoku, con respecto al tema del Destino fuerte, El destino fuerte se fue de sabático cariño.
Ranma es un agente del caos, por así decirlo, sin importar si alguien tiene un destino fuerte o débil, todo lo que, y a todos los que lo conocen les afecta de tal manera que a veces podrían seguir con su destino original, como podría ser algo totalmente diferente.
ya quiero que se cruce con Eris, jajajajaja, pero aun falta, y no he decidido que ocurrirá con Eris con respecto a su relación con Rudeus, pero, definitivamente habrá caos cuando Ranma cruce cerca de ella.