Fragilidad

Capítulo 7

Lo que no se puede borrar

Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, esta historia es de mi total autoría no está permitida su publicación en otros sitios sin previa autorización. -Azulen-

Summary: ¿Amor? - bufó sarcásticamente- Lo que quiero es que te largues y me dejes en paz… -siseó con rabia contenida - ¿Es… realmente eso lo que deseas? ¿Serás feliz ahora Sasuke? ¿Dejarás que el odio te envenene el corazón?

•••

-¿Te encuentras bien, Sakura-chan?- La voz suave pero inquisitiva de la enfermera rompió el frágil silencio del pequeño cuarto de suministros en el que cobardemente se había ocultado.

Sakura dejó caer el frasco de alcohol que tenía entre las manos, sus dedos torpes reflejando su desasosiego y lo atrapó de nuevo a última hora, antes de que se precipitara contra el suelo, estallando en mil pedazos, como una cruel alegoría de su roto corazón, sus ojos jade aún brillantes y llenos de una inquietud contenida, viajaron desde la estantería hasta el rostro de la mujer.

La sangre le latía en los oídos fruto de la vergüenza.

-Y-yo… sí, estoy bien- respondió rápidamente, demasiado rápido.

La enfermera le dirigió una sonrisa divertida, sus labios curvándose en una expresión que añadía un toque de complicidad a sus perspicaces ojos azules.

- ¿Cómo está Sasuke-kun? - preguntó con una risa ligera que resonó como una campanilla dentro del pecho agitado de Sakura.

El nombre de él fue como un golpe de viento helado que le robó el aire de los pulmones, el calor se arremolinó en sus mejillas con intensidad extendiéndose por su cuello, mientras las imágenes de lo sucedido minutos antes se apilaban en su mente destruyendo su escasa estabilidad emocional, sus ojos negros clavados en los suyos, su nerviosismo al pronunciar una disculpa sincera, el calor de su cuerpo al abrazarle, la forma patética en la que había llorado oculta en su pecho, el ni siquiera le había correspondido, no había dado pie a más que una corta y sutil disculpa que para ella se sintió como el más dulce discurso, viniendo de su boca, su mirada oscura sin rastro de calidez llegó a su memoria junto a una mezcla de alivio y desesperanza sentándose pesada en su pecho.

-¿C-cómo l-lo…? Y-yo… -balbuceó y su garganta se cerró con un nudo de puro pánico.

El amor no debería doler como parece dolerte a ti… nadie merece verse tan triste por estar enamorado.

Las palabras que Neji le había dedicado aquella tarde ya hace un tiempo, volvieron a ella como agua cristalina enjuagando su emoción y esperanzas por sentirse correspondida, el sonrojo que encendía sus mejillas poco a poco decayó en su dulce expresión, siendo reemplazado por nerviosa consternación, se había disculpado por tratarla mal… como una compañera de equipo y nada más.

La enfermera de largos cabellos castaños amielados ladeó la cabeza con una sonrisa traviesa, observándola con la paciencia de quien conoce demasiado bien los signos de un corazón atribulado.

-Es muy obvio, yo ya estoy casada y antes tuve algunos novios – bromeó con aire sabio y una carcajada breve y melodiosa- Treinta años no se cumplen en vano ¿sabes? Y bien, dime ¿Por fin se han reconciliado? No me gusta verte como un alma en pena cada vez que le miras de lejos.

El pecho de Sakura se apretó aún más.

¿Era tan evidente?

¿Podía todo el mundo ver el dolor que ella se había esforzado tanto en ocultar?

Quizás… Kakashi-sensei lo había notado también… y había obligado a Sasuke a disculparse.

Los pensamientos se le aglomeraron en la mente hasta convertirse en un torbellino de emociones que amenazaba con desbordarse en forma de lágrimas de pena y decepción.

-Eso creo… -susurró insegura, bajando la mirada hacia el piso como si el simple acto de pronunciar esas palabras la volviera aún más vulnerable.

-Hayashi-senpai… -murmuró tras una pausa breve, con la voz tan baja que apenas era audible- ¿p-puedo… hacer eso por ti? Yo… honestamente… no quiero salir de aquí y… ver a Sasuke-kun- confesó finalmente, las palabras escapando como un suspiro de derrota.

La enfermera dejó el portapapeles en sus manos sin necesidad de más explicaciones. La comprensión silenciosa en sus ojos era un bálsamo, pero también un recordatorio del estado en el que estaba su corazón, una disculpa breve y discreta no borraba tan fácilmente el dolor de las palabras que le habían quebrado.

¡No te atrevas! Escúchame bien, Sakura… porque no pienso repetirlo, quiero que desaparezcas de mi vida, no me vuelvas a hablar, no respires cerca de mí, aléjate para siempre y no te me acerques por tu voluntad. Jamás. ¿Entendido?

Ese día su corazón dolió más que el moretón en su hombro tras su fuerte empujón y los días que le siguieron a ese, días en los que su mente no parecía poder pensar en otra cosa que no fueran sus crueles palabras.

Nadie merece verse tan triste por estar enamorado.

Sola otra vez, Sakura apoyó la espalda contra la estantería y dejó escapar el aliento que había estado conteniendo, la piel de sus manos aún temblaba, el eco de su propio pulso retumbando con la fuerza de una tormenta.

Habían estado tan cerca.

Los ojos de Sasuke, como ónices llenos de secretos se habían quedado atrapados en los suyos por un instante y había vislumbrado algo más allá de la máscara de frialdad que siempre llevaba, una chispa que le había erizado la piel y contrario a lo que se esperaría, aquel destello de realización y deseo reflejado en sus orbes la había asustado.

¿Era real? ¿Podía confiar en lo que había sentido, o se estaba permitiendo leer más de lo que había?

Por qué… por qué ahora…

Su pecho subió y bajó con una respiración agitada, se dejó caer lentamente sobre una silla aferrándose al espaldar temblorosa, los recuerdos del contacto fugaz con su piel y las palabras murmuradas en la enfermería clavándose como espinas agridulces en su mente.

¿Lo había imaginado? ¿Había un significado más profundo en su disculpa, en la forma en que había dicho su nombre?

Sus dedos se aferraron al frío metal de la silla como si fuera un ancla para no perderse en el mar de ansiedad y pánico que la consumía.

El amor no debería doler como parece dolerte a ti…

•••

Oye, Ryuchi tal vez deberíamos divertirnos con la pequeña señorita… escuché que entrena en…

La voz insolente de Ryuchi se deslizaba por los altavoces como veneno, burlona y baja, pero suficiente para dejar clara su repugnante intención.

Un crujido seco resonó cuando Tsunade apretó la mandíbula, furiosa, sus ojos ámbar destellaron peligrosamente, aunque su postura permanecía aparentemente relajada apoyada de brazos cruzados contra la gran mesa central de la sala de juntas.

-Idiotas mononeuronales- masculló con un tono gélido, cada palabra se sintió como un golpe seco- Saben que detesto perder el tiempo-la gravedad de su voz hizo que Shizune, en la esquina de la sala, se estremeciera.

-Están destituidos.

Los dos hombres de rodillas, con sus máscaras ANBU retiradas y expuestos como criminales, alzaron los ojos llenos de incredulidad y terror. La decisión de la Hokage caía como una sentencia de muerte.

-N-no puede ser… Tsunade-sama…

-Silencio- su voz cortó el aire como un kunai afilado- No quiero entre las honorables filas del ANBU a dos asquerosos potenciales depredadores sexuales, debería darles vergüenza referirse de forma tan obscena a una niña de trece años.

Un tic nervioso palpitó en su ceja.

-Además me llamaron vieja, desgraciados- pensó.

Sasuke, de pie al fondo, escondió una sonrisa maliciosa tras una expresión frívola y arrogante, los vendajes en su rostro resaltaban aún más su satisfacción mientras veía a los ANBU arrastrarse en la vergüenza. No pudo evitar un destello de orgullo cuando Kakashi, con una calma mortal, plantó una firme bota sobre la cabeza de uno y lo empujó contra el suelo de piedra.

-Inclínense más- gruñó el jonin, su tono peligroso y oscuro dejando entrever el carácter del retirado letal asesino que era.

La escena debía ser cómica. Tal vez. Pero para Sasuke, aquella venganza era dulce.

De vuelta en su oficina, la rubia Hokage se dejó caer pesadamente en su silla tras el escritorio masajeando el puente de su nariz con gesto irritado, esos malditos habían empeorado su migraña.

-Tú…- la voz de Tsunade se dirigió al pelinegro como un látigo.

Sasuke alzó la barbilla, desafiando su autoridad con la naturalidad de alguien a quien no le importa nada.

-No puedes ir atacando con fuerza letal a cualquiera que hable mal de tu compañera de equipo.

-Claro que puedo- soltó sin pensar.

Kakashi dejó escapar una risa suave, casi orgullosa.

-Kakashi…- masculló su advertencia la de ojos mieles.

-Sin ánimo de justificar su comportamiento… -comenzó Kakashi con un aire despreocupado- Defender el honor de una compañera es una prueba de carácter admirable, un claro signo de progreso ¿no cree? La voluntad de fuego arde en él- El shinobi de cabellos plata colocó una mano sobre el hombro de Sasuke, como si le estuviera presentando un premio.

-¡¿Qué te pasa?!- espetó Sasuke, irritado y avergonzado a partes iguales.

Tsunade rodó los ojos, exasperada.

-Muy inspirador, Kakashi…. Ahora, tú, mocoso, dame la tarjeta.

- ¿Qué? ¿Por qué? - El rostro de Sasuke se endureció- Necesito entrenar.

-Está confiscada- Tsunade entrecerró los ojos y aunque su voz no alzó el volumen, el poder detrás de ella hizo que Sasuke se tensara.

- ¡No es justo! ¡Ellos comenzaron! - protestó, el suave pisotón indignado que dio al suelo le recordó a Tsunade que vengador, shinobi, o lo que sea, la criatura frente a ella no hace mucho había dejado de ser un infante, su gesto se ablandó.

La Hokage sonrió. Abrió un cajón y dejó caer pesadamente el protector shinobi de Sasuke sobre el escritorio. La placa de metal brillaba bajo la luz del candelabro, un recordatorio tentador de sus objetivos.

—Te devolveré la tarjeta cuando te conviertas en chunin.

—¡Eso es trampa! ¿Qué garantía tengo de que no vas a reprobarme a propósito?

-¡¿Yo?!- Tsunade exhaló un jadeo indignado y adoptó una expresión falsamente ofendida- Soy una mujer justa… la mayor parte del tiempo.

Con un movimiento ágil, le arrebató la tarjeta, Sasuke apretó los puños, tragándose su frustración.

-Además, deberías preocuparte menos por tu acceso a las salas de entrenamiento y más por encontrar compañeros, me enteré de que Sakura se unirá al equipo diez, con todo esto de que Shikamaru se convirtió en chunin a ellos les faltaba un integrante.

El corazón de Sasuke se detuvo por un instante.

- ¿Qué?

Tsunade ocultó una sonrisa satisfecha.

-Ino estuvo esta mañana hablando con ella. Parecían… muy animadas al respecto- reveló en un tono más que casual, pero con veneno en cada silaba dicha.

- ¡Sakura es mi compañera! ¿Qué pasa con el equipo siete? - exclamó, casi con un tono de celos que él mismo no supo identificar del todo- ¡Kakashi! - se volvió hacia su maestro con su mirada oscura reprochando su falta de interés, el peliplata se encogió de hombros fiel a su postura.

Devolvió sus ojos oscuros hacia Tsunade que lo observaba divertida con el mentón apoyado en sus manos cruzadas con los codos apoyados sobre el escritorio.

-Yo iba a decírselo hoy… pero…

La risa contenida de Kakashi y Tsunade fue la gota que colmó su paciencia.

-El que mal obra, mal le va, Sasuke-chan- murmuró Tsunade haciendo uso malintencionado del sufijo para hacerle sentir más pequeño de lo que era.

El joven Uchiha se ruborizó de furia.

-Habla con ella, quizás aún puedas hacer que cambie de opinión- dijo Kakashi con un tono paternal que solo lo enfureció más- Si corres, puede que la encuentres en casa, recuerda que solo les queda un mes para prepararse- rio discretamente bajo su mascara.

Sin responder, Sasuke giró sobre sus talones y salió de la oficina gruñendo maldiciones contra los mayores, la puerta resonó al cerrarse tras él, pero no lo suficientemente fuerte como para ahogar las carcajadas y comentarios absurdos de sus superiores.

•••

Con la mente atrapada en recuerdos de palabras dolorosas y disculpas ensayadas, corrió las cortinas de la habitación aislando su visión del mundo, el cansancio se adhirió punzante a sus hombros como un peso invisible fruto del arduo día.

El aire se llenó de vapor mientras despojaba su cuerpo de las prendas una a una, como si cada capa de tela fuese una barrera que apenas lograba sostener lo poco que quedaba de ella.

¿Cómo era posible… sentirse así?

Al sumergirse en la bañera, el agua tibia envolvió su piel nívea, un susurro de calor que no lograba penetrar la frialdad que residía bajo la superficie de su pecho.

"Es normal Sakura… así es el dolor del primer amor"

"Ya lo olvidarás"

"Eres una niña preciosa y talentosa, no te midas por las palabras necias de un chico que no supo apreciarte"

Le había dicho Shizune una tarde mientras observaban en silencio el entrenamiento de Sasuke desde la ventana de la enfermería de la torre ANBU, él realmente había progresado en esos meses, abismalmente.

"Los hombres somos idiotas"

Los dedos delicados comenzaron a deslizar la esponja sobre su cuerpo, cada movimiento tan perezoso como su corazón agotado, suavemente masajeó su cuello y brazos, dejando que el agua lavara la espuma en caricias lentas, abrió la regadera y la lluvia templada corrió por su cabello, sus mechones rosados más largos de lo habitual, pegándose a su espalda como hilos de seda.

Va siendo hora de un corte.

El pensamiento cruzó su mente carente de emoción, se puso de pie, el agua escurriendo por su piel hasta regresar al vacío líquido bajo sus pies, su reflejo en la superficie ondulante le devolvió una imagen difusa, fragmentada, tan rota como ella misma se sentía.

Desvió sus luceros apagados hasta la pared encontrándose de frente con el espejo empañado a su costado devolviéndole una mirada hueca, sin la chispa de alegría que una vez la definió.

Respiró profundamente, el aire pesado, lleno de humedad, pero que apenas se sentía real en sus pulmones.

¿Cuándo fue la última vez que sonreí de verdad?

Si, estaba preocupada por si misma, ella misma era consciente de que no estaba bien y que era… tonto… sentirse así por un chico, ni siquiera es para tanto, se dijo mil veces… pero ya no quería sentir esto… ya no quería sentirse tan sola, tan incomprendida, tan tonta, tan humillada, tan desesperada, tan vacía… tan contrariada… era demasiado joven para sufrir de esta forma por un chico que la rechazó…

Pero en el fondo no era el rechazo lo que le dolía realmente, era la impotencia de ver caer a un ser amado y que las puertas le fueran cerradas en la cara…

Porque las sonrisas que mostraba al mundo eran cuidadosamente practicadas, máscaras cosidas con hilos de expectativas, las risas... esas se apagaban como llamas titilantes al final del día, consumidas por la oscuridad en la que lentamente se hundía.

¿Valia la pena?

La pregunta llegó, firme y sin piedad.

Sé que pude hacer más por él…

¿Para qué?

Alzó la mirada, girando apenas el rostro hacia su costado, el espejo de cuerpo entero del armario insinúo una silueta que ya no reconocía del todo, una figura esbelta, de cintura estrecha y caderas que comenzaban a tomar forma, un cuerpo que apenas había dejado atrás los últimos vestigios de la niñez, en las puertas de sus catorce años, la adolescencia reclamaba su territorio, transformándola en algo nuevo, diferente... desconocido.

Pero, aunque su cuerpo lentamente se convirtiera en aquello que tanto había deseado ser, todo lo que sentía era vacío, una ausencia tan profunda que le dolía.

Porque odiaba la sensación de estar poniendo por encima de si misma a una persona que la despreciaba…

Ya no soy una niña.

Las niñas no ven la muerte tan de cerca.

Sus manos cubrieron los redondeados pechos acariciando sus pezones con un suspiro y un tenue estremecimiento.

Las niñas no tienen pensamientos impuros…

Secó su cuerpo con lentitud, sus manos recorriéndose con un movimiento pesado, cada trazo de la toalla sobre su piel como un intento inútil de limpiar el sentimiento que la ahogaba, el perfume ligero de flores de cerezo se levantó en el aire, envolviéndola en un abrazo suave desprovisto de calor, con los sentidos adormecidos, el sonido del reloj en la mesita junto a su cama la devolvió a la realidad.

Diez en punto.

Envolvió su cuerpo en el pijama rosado, las pequeñas flores blancas adornando la tela como un recordatorio infantil de la inocencia que sentía perdida.

Alzó la vista hacia el espejo frente a ella una vez más, el reflejo que le devolvió la mirada era el de un lienzo en blanco, pero aquellos jades que poseía por ojos contenían un peso que las palabras no podían describir, su ceño se frunció, sus labios temblaron con una emoción que ni siquiera ella entendía.

Frustrada, soltó un gemido bajo y apagado, llevándose las manos al rostro como si pudiera borrar todo lo que sentía, pero el vacío permaneció, un agujero que seguía creciendo en su pecho sin saber como llenar, pegó la espalda a la pared recogiendo las rodillas contra el pecho acunando su cabeza en sus rodillas en un primer instinto de protección y el primer sollozo emergió ahogado por la palma de su mano, ojos cristalizados inundados en lágrimas que estaba cansada de llorar.

Pero no lo podía evitar.

El sonido sutil de una piedrecilla impactando contra el cristal quebró el silencio que envolvía la habitación, un suave golpeteo insistente que se repitió una segunda y tercera vez, forzándola a ponerse de pie para cerciorarse de la identidad del inesperado visitante.

¿Quién podría ser a esas horas?

Parpadeó, sus ojos aun embadurnados por las lágrimas que habían dejado un rastro húmedo sobre sus mejillas, y con un suspiro tembloroso limpió los restos de su tristeza con las mangas largas de su pijama y alisó las hebras rosadas de forma apresurada, un gesto tan inútil como el intento de recomponerse antes de abrir las cortinas, se rindió, que más daba, a esas horas la única que podría aparecerse era Ino e Ino ya la había visto llorar por lo mismo cientos de veces.

La luz exterior se filtró como un molesto manto de luz blanca proyectando sombras alargadas sobre las paredes de su cuarto, con el corazón latiendo lento y resignado deslizó la puerta de cristal, su superficie helada contrastando con el calor de la piel de su palma.

El aire gélido de la noche la golpeó de lleno robándole un estremecimiento y un suspiro contenido, pero fue la sorpresa lo que hizo que sus labios se entreabrieran al encontrarse con un par de ojos perla que la observaban desde abajo muy serenos, apenada por su deprimente aspecto intentó disimular con una pequeña sonrisa.

-Hola Sakura, disculpa, sé que no son horas… ¿te desperté?

Ella vaciló un segundo, su respiración aún irregular, y negó con un movimiento de cabeza apenas perceptible.

-N-no…- respondió en un susurro señalando con una mano temblorosa la chaqueta gris y delgada cubriéndole pobremente- sube, te vas a helar.

Neji arqueó ligeramente una ceja ante la preocupación reflejada en su voz, pero no discutió, con una agilidad tan silenciosa como elegante, se impulsó hasta el balcón y aterrizó con la gracia propia de un shinobi, al cruzar la entrada, el contraste entre el calor del interior y la frialdad que traía consigo lo hizo estremecer apenas.

Sakura cerró la puerta tras él, el cristal empañándose al instante por la diferencia de temperatura, mientras Neji frotaba sus brazos para disipar el frío y se quitaba la chaqueta cubierta por una fina capa de nieve sacudiéndola y colgándola en el respaldo de la silla de su escritorio familiarizado con el espacio, la pelirosa avanzó hasta su cama encendiendo la luz de la mesita para iluminar cálidamente la habitación, sintiendo cómo la presencia del joven llenaba el espacio con una intensidad que hacía más que calentar la habitación dotándola de una atmosfera desconocida.

Oh…

Claro…

Se ruborizó esperando que ningún vecino chismoso hubiera visto a un chico entrando por su balcón a esas horas y le dijera a su madre, ser una kunoichi no la eximia de cierta etiqueta social, lo viera por donde lo viera, era un tanto sospechoso a su edad, pero simplemente no lo había pensado, en ausencia de Naruto el equipo tres y Hinata se habían convertido en una suerte de mejores amigos para ella, así que no lo pensó al invitarle a pasar a solas, notó que llevaba sus castaños cabellos completamente sueltos y un tanto desordenados, su cuerpo ataviado en una simple camiseta azul pálido y pantalones grises, incluso él parecía haber salido de la cama recientemente, recogió las rodillas contra su pecho apoyando la cabeza en la pared de forma relajada mientras el se sentaba al pie de la cama con las piernas extendidas relajadamente y tomó la manta pulcramente doblada en la esquina superior de la cama lanzándosela en la cabeza para abrigarle del frío exterior viendo el imperceptible temblor persistente en sus brazos.

-Tienes frío, solo admítelo- rio jovial- a veces eres tan irritantemente orgulloso como Sasuke ¿Sabes? ¿Es una cosa de genios o algo así? - le picó disipando el ambiente tenso.

Neji bostezó y le lanzó una mirada entrecerrada que gritaba "No me compares con ese"

Los latidos de su corazón se elevaron al pensar en Sasuke otra vez, esa mezcla de incertidumbre y vulnerabilidad clavándose como un anzuelo en su pecho, sacudió la cabeza espantando de su mente el tortuoso recuerdo del malvado pelinegro que se había adueñado de los trozos de su corazón.

-Ya que lo mencionas… ¿Otra vez llorabas por Sasuke? ¿Con que argumentos te rechazó ahora? - las preguntas salieron de los labios de Neji con la pereza de quien habla del clima, los ojos perla permanecían cerrados, y su cuerpo estaba graciosamente envuelto en la manta como un bollo.

Sakura se tensó al instante, el rubor tiñendo sus mejillas.

- ¡N-no es eso! - exclamó, demasiado rápido para sonar convincente.

Bajó la mirada, tamborileando los dedos contra la colcha mientras se sinceraba en un tono más bajo, avergonzada- Bueno, no fue nada malo esta vez… de hecho, se disculpó por lo que dijo en el hospital, c-creo que ha hecho un buen progreso… ¿sabes? al menos, por fuera…-suspiró- parece más calmado, más… como siempre, como antes de ponerse tan… "competitivo".

Un silencio se deslizó entre ellos antes de que Neji hablara de nuevo, una sonrisa ladina curvando sus labios.

-No lo sé… a mí siempre me pareció un cretino.

Sakura parpadeó, incrédula, antes de lanzarle una mirada cargada de indignación.

- ¡Él no es así! - le defendió y con un movimiento rápido agarró una almohada y se la arrojó a la cabeza.

Neji, con la previsión que su mirada perlada podía presumir, esquivó el proyectil con una ligera inclinación, la almohada cayó al suelo con un leve golpe, pero en lugar de devolverle la mirada con soberbia, extendió el brazo con parsimonia, recogió la almohada y se la devolvió con un lanzamiento medido, el cansancio y la falta de reflejos hicieron que Sakura recibiera el impacto directo en la cara.

El sonido apagado del golpe resonó antes de que una sonrisa divertida emergiera en los labios del castaño, se acomodó de lado, apoyando la cabeza sobre una mano mientras la observaba con una expresión que destilaba burla.

-Déjalo así… me lo merezco, soy una idiota.

Sakura apartó la almohada con un resoplido, los ojos verdes entrecerrados y el mentón cayendo sobre sus rodillas juntas.

-Eres la reina del drama.

Ella lo fulminó con la mirada sin variar su posición.

-No lo entiendes, Sasuke es…- rebuscó las palabras correctas como si estuviera tratando de atrapar agua con las manos- sé que parece frío, pero realmente se preocupa por sus compañeros, su corazón es noble y… está tan… roto, tan lastimado por las cosas que le pasaron, él era muy pequeño para soportar un dolor así estando tan solo…

-Deja de creerte la salvadora de los caídos, Sakura- dijo con tono paciente pero firme- Te aseguro que lo último que ese Uchiha quiere es que lo ames por lástima.

- ¡No es lástima!

- ¿Ah, ¿no? - sus ojos se abrieron un poco más casi incrédulos- Entonces dime, ¿cómo crees que se siente él cuando lo miras con esa compasión mal disfrazada? ¿Sabes lo humillante que debe ser para Uchiha que lo veas como alguien indefenso? Como un niño al que deseas acunar y proteger del mal del mundo… Si que eres ingenua, mujer.

Sakura se mordió el labio, las palabras atascándose en su garganta.

-No lo veo así…

-Pues es así como se ve…

La dureza de su tono la hizo encogerse, él tenía un punto.

- ¿Sabes? - murmuró con una sonrisa sarcástica mientras intentaba recobrar el terreno perdido- Me pregunto cómo te convertiste en el doctor corazón.

Neji frunció el ceño, su rostro adoptando un matiz ruborizado que lo hizo boquear como un pez fuera del agua.

- ¡No digas tonterías! Solo intento ayudarte a entender a los hombres, no funcionamos como ustedes, ustedes las chicas son… tan irritantes y fantasiosas, siempre con sus indirectas y sus cosas… nosotros vamos más al grano, hiciste bien en decirle lo que sientes, pero… ¿Ya? Te rechazó y le tomaste la palabra al pie de la letra sin luchar.

Sakura rodó los ojos.

-Por favor… no entiendes nada de las chicas, le haces lo mismo a Tenten, actuando tan orgulloso y distante, hasta parece que lo hacen a propósito- torció los labios con molestia- ¿Realmente crees que Sasuke quiere algo como eso? ¡El piensa que soy un fastidio!

-Dime algo que no sepa- rebatió- además de donde sacas eso sobre Tenten- Neji se irguió, la indignación crispándole los músculos- ella solo me ve como su compañero de equipo.

Ella alzó una ceja, el escepticismo pintado en cada centímetro de su rostro.

-Ajá… claro… como digas…- dejó que las palabras se arrastraran lentamente, llenas de una certeza que le hizo sentir dudoso- ¿Realmente crees que Sasuke se siente así? - retomó el tema- Que no lo amo realmente, que solo siento… lástima por él.

-Uhm… si, seguramente.

Sakura apretó los labios, sintiendo las palabras como una navaja retorciéndose en su corazón.

- ¡No seas tan duro Neji, me lastimas!

Neji entrecerró los ojos, un brillo irónico reflejándose en su mirada mientras se inclinaba hacia Sakura con el aire calmado y sabio de quien está a punto de revelar un secreto profundo, ella se acercó instintivamente, un toque de curiosidad sincera destellando en sus ojos.

-Si realmente quieres que Sasuke se sienta amado solo deja las declaraciones de amor vacías, las palabras sin acciones no sirven para nada- con una leve sonrisa, llevó su mano hacia su cabello y con un gesto atento retiró un pequeño hilillo que se había enredado en un mechón rosado- Tenias esta cosa en el cabello.

El momento se tiñó de una intimidad inesperada, una quietud cargada de inocencia, pero la tensión apenas tuvo tiempo de asentarse cuando, sin previo aviso, la puerta de cristal se deslizó con un golpe seco.

- ¡¿Qué mierda le haces a Sakura?!

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Notas de autora:

Nota 1: Estoy subiendo esto solo para aclarar algo a un querido lector o lectora xD Luces de Neón no está acabada, esa voy a actualizarla a finales de enero o febrero, lo que intentaba decir es que la había escrito hace años pero el primer final que escribí para esa historia no me gustó así que está retrasada en la publicación porque la estoy editando. Pero la historia continúa y si está entrando en el mero arco SasuSaku intenso porque no te creas que Sakura se lo va a dejar facil a Sasuke nononono ;)

Nota 2:

¿Estamos todos de acuerdo con que Neji es un príncipe? En esta historia será el amigo que todas queremos tener (? Siento que tanto el manga como el anime le dieron muy poca luz a este maravilloso personaje, para escribir y editar esta historia volví a ver varios capítulos de Naruto chiquito y shippuden sobretodo los de relleno y ovas con tintes más casuales en donde se puede apreciar un poco más la personalidad "cotidiana" de los personajes y su interacción con el mundo y su manera de relacionarse, y concluí que Neji sería ese amigo atento y sabiondo que se guarda sus risas para los momentos de relax y que parece frío pero cuando te aprecia es muy leal y un gran consejero, me encanta la interacción que tiene con Sakura en esta historia, juega mucho con ese aire de hermano mayor que tiene a lo largo de la serie y me encanta que sea el dolor de cabeza de Sasuke xD

¡Gracias por leer!

Con cariño,

Azulen.