Fragilidad
Capítulo 11
Todos tenemos secretos
Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, esta historia es de mi total autoría no está permitida su publicación en otros sitios sin previa autorización. -Azulen-
Summary: ¿Amor? - bufó sarcásticamente- Lo que quiero es que te largues y me dejes en paz… -siseó con rabia contenida - ¿Es… realmente eso lo que deseas? ¿Serás feliz ahora Sasuke? ¿Dejarás que el odio te envenene el corazón?
•••
-Muéstrate, sé que estás aquí- la voz de Tsunade resonó con calma en la penumbra, una declaración casual cargando su voz con la seguridad de alguien acostumbrada a sentir las presencias que nadie más notaría.
Sin apartar la mirada de los interminables documentos esparcidos sobre su escritorio, dejó escapar un bostezo largo y perezoso, se estiró, sus músculos tensos por las horas de trabajo acumuladas cediendo con una serie de crujidos, inspiró sintiendo el aire impregnado con el leve aroma a tinta y papel.
Giró la cabeza lentamente hacia el reloj de pared a su izquierda.
4:00 AM.
Un silencio profundo y expectante se asentó a su alrededor.
Otra noche sin dormir.
No se oyó ningún paso, ningún movimiento que perturbara la atmosfera, tan sólo la sensación, helada y persistente de ser observada desde un rincón invisible de la oscuridad.
-Parece que tendremos que mejorar los sistemas de seguridad de la aldea- comentó con ironía, sus labios curvándose apenas en una sonrisa cansada.
Levantó la vista, sus ojos ambarinos encontrando finalmente al intruso que había sabido estaba allí todo el tiempo. Desde las sombras, emergió una figura alta y esbelta, envuelta en la oscuridad como si fuera una extensión natural de ella misma, deslizó a un lado la máscara blanca del ANBU que ocultaba sus rasgos, su expresión tan inescrutable como el acero mientras reverenciaba con respeto ante ella.
Tsunade lo observó con una mezcla de paciencia y desinterés.
-Levántate mocoso, no hace falta que hagas ese espectáculo- dijo con un movimiento de mano perezoso, como si desterrara una molestia menor.
El ANBU se enderezó sin prisa, su postura impecable, el silencio que lo envolvía tan absoluto que casi le hacía parecer un espectro.
- ¿Vienes por esto? ¿No estás tomando de más verdad? Te indiqué claramente la dosis- su tono llano, mientras se inclinaba a abrir el último cajón de su escritorio.
Los papeles crujieron bajo su mano cuando sacó un pequeño frasco de vidrio, las píldoras tintineando suavemente al moverse, lo sostuvo entre sus dedos durante un instante, sin apartar los ojos del hombre frente a ella.
La figura permaneció inmóvil.
- ¿Sabes? Tienes una forma muy peculiar de pedir favores- murmuró, sus labios curvándose apenas- Pero ya que te tomaste la molestia de venir hasta aquí…
Extendió el frasco.
Por un breve segundo, sus dedos rozaron el guante áspero del ANBU al tomarlo abrumándose con una sensación gélida, peligrosa, como el filo de una espada en su cuello.
-Gracias.
El murmullo fue tan suave que casi se confundió con un suspiro del viento.
Antes de que pudiera decir más, el ANBU desapareció en un destello silencioso, un solo zumbido de chakra resonando en el aire.
Tsunade permaneció en su lugar, inmóvil, sus ojos clavados en el vacío donde la figura había estado y se permitió exhalar dándose cuenta de que había estado conteniendo el aliento sin querer.
-Hmph, siempre igual- susurró a la nada, un nuevo bostezo invadiéndole.
•••
¿Es sano?
La pregunta rondaba su mente, incesante, mientras su cuerpo se movía de manera automática. Esquivó un proyectil dirigido hacia su rostro con un giro ágil, pero su mente seguía en otro lugar, atrapada en sus dudas.
Pensó que por fin Sasuke y ella se habían acercado, le había dicho que la extrañaba, que deseaba que las cosas vuelvan a ser como siempre y sin embargo…
Ni siquiera la miraba a los ojos.
-¡Sakura, estás en las nubes!- la voz de Tsunade resonó como un trueno antes de que la pierna de la Sannin se precipitara contra ella, la kunoichi levantó su antebrazo para bloquear el impacto, y un crujido aterrador le recorrió el cuerpo, pronto el dolor la atravesó, arrancándole un grito desgarrador que hizo eco entre los árboles.
Tsunade no se detuvo, acertando dos potentes golpes más que apenas pudo cubrir dejándola caer de rodillas con la respiración agitada y sus ojos a punto de cristalizarse en lágrimas de dolor, pero aguantó con firmeza mordiendo sus labios antes de exhalar con profundidad.
-Es todo por hoy, si no puedes curar ese brazo por ti misma, presentarás el examen Chunin así, no quiero verte en el hospital- sentenció con la dureza de un martillo.
Castigo justo por su distracción, pensó Sakura mientras el dolor palpitaba con intensidad en su brazo sin poder moverlo, se dejó caer contra el tronco de un árbol cercano apenas respirando por los golpes en su cuerpo que afortunadamente pudo cubrir y esquivar o tendría ahora al menos una costilla rota.
Tsunade era una maestra despiadada, implacable y carente de piedad. Entrenaba a muerte, y Sakura casi estaba acostumbrada a escuchar sus huesos romperse en su camino hacia la perfección, cada sesión de entrenamiento era una lección no solo de fuerza, sino de resistencia física y emocional, había días en los que se preguntaba si aquello rozaba el masoquismo.
Ahora entendía por qué Shizune había sido la única alumna de Tsunade en tantos años: la Sannin no entrenaba a cualquiera.
Solo a prodigios.
Ino había tirado la toalla en su primer hueso roto, dijo que prefería conservar su vida y se dedicó exclusivamente al ninjutsu médico y a inteligencia, dejando las peleas para otros, mientras tanto, Sakura seguía adelante, soportando el dolor y el rigor de un entrenamiento que la obligaba a llegar al límite una y otra vez.
Gajes del oficio, se dijo.
Ahora, sentada bajo la sombra de un árbol cubierto de nieve, mientras la luz del sol reflejada en el paisaje blanco la cegaba momentáneamente, Sakura sentía el chakra fluir en su brazo. Reconectaba los fragmentos rotos de su hueso con precisión y cuidado, en un proceso que incluso los médicos más experimentados considerarían difícil.
Una ligera sonrisa cruzó su rostro, orgullo y agotamiento entremezclados.
-Interesante, nunca había visto ninjutsu médico aplicado sin usar las manos- una aterciopelada voz masculina rompió el silencio.
-Naoki-kun- lo saludó con una sonrisa cansada, aunque sus ojos brillaron de alegría al verlo.
Naoki se acercó, con esa despreocupación natural que lo caracterizaba.
-Estaba dando un paseo y noté tu cabello a lo lejos ¿Sabes? Es algo así como inconfundible-bromeó, señalando su rosada melena despeinada.
Sakura rió suavemente, llevando una mano a su cabello mientras un ligero sonrojo cubría sus mejillas.
-Me lo dicen bastante, creo que mi cabello podría matarme algún día, destaco demasiado para ser una kunoichi, y no de la manera en que me gustaría- bromeó, levantando el brazo sano y flexionándolo en un gesto de fuerza.
Naoki la miró con curiosidad, la sombra de una sonrisa dibujándose en su rostro.
-Pues yo pienso que eres realmente fuerte- su voz se volvió más baja, casi suave, mientras extendía una mano hacia el brazo herido de Sakura, su toque era ligero, apenas rozándola a través de la tela- ¿Con este brazo hiciste ese cráter?
Ella asintió, aún algo tímida, sintió un corrientazo recorrerle el brazo bajo el toque suave de su nuevo compañero y dejó escapar una risita nerviosa.
-Sí, con este mismo brazo… aunque ahora mismo no parece tan fuerte ¿verdad? Tsunade-sama no tiene piedad.
Naoki negó con la cabeza, con una sonrisa cálida que parecía atravesar el frío que los rodeaba.
-No te preocupes, sigue siendo impresionante, en realidad nunca había visto a una chica abrir un cráter de un puñetazo, tu taijutsu debe ser aterrador- de pronto, su mirada se enfocó en la delgada camiseta de mangas largas que Sakura llevaba puesta y alzó una ceja, intrigado- ¿No tienes frío? No deberías ir vestida tan ligera.
-No podría entrenar con algo más pesado - respondió Sakura, agitando la cabeza mientras sus cabellos rosados se mecían con la brisa- estoy acostumbrada.
Sin decir nada más, Naoki se quitó la chaqueta y la colocó suavemente sobre los hombros de Sakura, el peso y la calidez la envolvieron de inmediato y ella alzó la mirada sorprendida y sonrojada.
-Ahora no estás entrenando- replicó él con una sonrisa, sus ojos fijos en los de ella.
Sakura quiso protestar, pero el calor de la chaqueta y la dulzura en la mirada de Naoki la desarmaron por completo, bajó la vista, aferrándose ligeramente a los bordes de la chaqueta mientras su corazón latía un poco más rápido de lo habitual.
-Gracias… -murmuró al final, su voz casi inaudible.
Sakura se acurrucó más en el abrigo que Naoki había puesto sobre sus hombros. El cansancio pesaba en su cuerpo, pero el suave perfume masculino impregnado en la tela le brindaba una extraña sensación de calma, por un momento, la ansiedad que había estado carcomiéndola durante toda la semana se desvaneció, y sus párpados comenzaron a pesar.
-...Y así es como me divorcié por tercera vez.
- ¿Eh? - parpadeó, sobresaltada, mientras su mente volvía al presente.
Naoki rio con una diversión que iluminó su rostro.
-Sabía que no estabas escuchando- bromeó, su tono ligero y despreocupado, aunque sus ojos miel destellaban un atisbo de preocupación- ¿De verdad estás bien? ¿Estás adolorida?
Sakura desvió la mirada, mordiéndose ligeramente el labio. La sinceridad en su expresión casi la conmovió, pero se forzó a mantener su compostura.
-S-solo estoy algo nerviosa… el examen es mañana- mintió, tratando de sonar convincente.
Sin embargo, Naoki no pareció convencido, se detuvo en seco, obligándola a girarse hacia él.
-Ese chico Uchiha… -comenzó, su voz cargada de una seriedad inusual- No ha entrenado con nosotros ni una sola vez, y por lo que noté, parece ser un cretino ¿Acaso te hizo algo?
El corazón de Sakura dio un vuelco ante la intensidad en los ojos de Naoki.
-Tú… -continuó, dudando por un momento antes de seguir- Te he visto entrenar, eres lo suficientemente fuerte como para defenderte sola, y tienes un carácter firme, pero cuando él está cerca… es como si tuvieras miedo de él.
-¡N-no! ¡Claro que no! - Sakura agitó las manos, tratando de disipar la inquietud de Naoki- Sasuke-kun y Naruto son mis mejores amigos.
Sonrió, aunque su voz tembló ligeramente.
-Sasuke-kun me ha protegido incluso a costa de su propia vida en más ocasiones de las que me gustaría admitir, yo… solía ser una carga para nuestro equipo, por eso entreno tan duro con Tsunade-sama ¿sabes? Él no es como todos creen, sé que él… es una persona difícil, pero lo conozco bien…
Sus ojos jade brillaron con un cariño genuino al recordar aquellos momentos compartidos, aquellos en los que Sasuke había sido su refugio y su motivación para volverse fuerte.
Naoki la miró en silencio durante un momento, su expresión ensombrecida.
-Ya veo… entonces… algo pasó entre ustedes- murmuró con cautela, como si temiera abrir una herida.
Sakura suspiró profundamente, llevando las manos detrás de su espalda mientras reanudaba el paso.
-Te lo diré si prometes no reírte.
Naoki alzó las manos en un gesto de rendición, una sonrisa ligera en sus labios.
-Claro que no, Sakura-chan, parece importante, confía en mí, venga, somos amigos, ¿verdad?
La palabra resonó en su mente.
Amigos.
Todos sus conocidos estaban ocupados preparándose con sus propios equipos para el examen, lo que la había dejado sin compañía durante semanas, salvo por Naoki. Cuando no estaba bajo el riguroso entrenamiento de Tsunade, entrenaba con él y aunque su amistad había sido repentina, Naoki se había ganado su confianza con una rapidez asombrosa.
Kakashi, como siempre, volcaba su energía en Sasuke, lo que no molestaba a Sakura pues sabía que lo hacía porque Sasuke era un caso especial, un prodigio que necesitaba atención para alcanzar metas completamente distintas, pero ese hecho también la hacía sentir que ella estaba en un nivel diferente, muy inferior…
Suspiró, tratando de calmar el torbellino de pensamientos. Todo, siempre todo, parecía reducirse a Sasuke. Era agotador. No quería pensar tanto en él, no quería seguir cargando ese peso emocional que la consumía.
Es como si tuvieras miedo de él.
Naoki no sabía lo lejos que estaba de la verdad, Sakura no le temía a Sasuke, pero su sola presencia la hacía sentirse patética, después de todo ella había reunido el coraje para confesarle sus sentimientos… y había sido rechazada.
Tres veces.
Naruto se había sorprendido cuando le contó la primera vez, justo antes de que se fueran a buscarle, como si la idea de que Sasuke la rechazara fuera absurda, pero para Sakura, aquello no era sorpresa, incluso había llegado a insinuarse, movida por el calor del momento, pero no por eso menos sincera… era una humillación que aún le quemaba el pecho.
¿Y si Sasuke… hubiera accedido? ¿Y si la hubiera tocado? ¿Algo sería diferente?
Recordaba con claridad cada palabra amable y también cada mirada fría, cada vez que Sasuke había dejado claro que no sentía lo mismo.
¿Qué carajos estaba pensando al ofrecerme de esa forma? Pensó para sí, apretando los puños frustrada.
-Él me rechazó… tres veces- admitió finalmente, su voz cargada de derrota- así que ahora estoy avergonzada y verlo… es incómodo.
Naoki parpadeó, incrédulo, antes de soltar una carcajada.
- ¿Es idiota o algo así?
- ¡Prometiste no reírte! - reclamó Sakura, dándole un ligero golpe en el brazo.
Naoki levantó las manos, aun sonriendo abiertamente.
-No me río de ti, tontita- sus ojos miel se encontraron con los de ella, sinceros y cálidos- Me río de lo idiota que es ese chico, parece que los famosos ojos de los Uchiha no son tan impresionantes si no pudo ver lo maravillosa que eres, Sakura-chan.
La honestidad en sus palabras la alcanzó de una manera distinta… Naoki no intentaba halagarla, no había malicia ni segundas intenciones.
Solo una declaración franca y honesta que despegó el suelo bajo sus pies.
•••
- ¿Lista para patear traseros, Sakura-chan? - Naoki sonrió con esa chispa traviesa en sus ojos mieles que le daba a todo un tinte de desafío.
Había una energía despreocupada y chispeante en el aire, una burbuja de camaradería que parecía envolverlos mientras caminaban juntos hacia el salón del examen, por delante de él, su brazo echado con demasiada familiaridad sobre los hombros de Sakura cubiertos por su gran abrigo transmitía un aire de confianza y calidez que ella no rechazó incluso apegándose más a él descaradamente como si él no existiera, vistos de esa forma parecían una feliz pareja.
Torció el gesto visiblemente molesto.
Sakura solía protestar cuando Naruto hacía exactamente lo mismo, pero tratándose del irritante Hatake muy poco parecía importarle.
La vio ocultar una suave risa tras su mano cubierta por el abrigo haciéndole desear arrancarle la prenda y ahogar a Hatake con ella, reía como si el comentario le hubiera arrancado un deleite involuntario, la forma en que su mirada se suavizó mientras volvía a ver a Naoki le dejó una calidez en las mejillas que ni siquiera trató de ocultar y verla tan ajena a su presencia le hizo sentir una punzada de desagrado tan aguda que le tensó la mandíbula.
Aún era demasiado temprano para las náuseas que ahora sentía subirle desde el estómago.
-Con esa fuerza que tienes, acabaremos con esto muy rápido- agregó Naoki con una sonrisa amplia, llenando el aire de halagos apenas disfrazados y su mano apretando el hombro de la pelirrosa con emoción.
Sakura, consciente del gesto, presionó un dedo sobre sus labios, indicándole con una mirada fugaz que bajara la voz, su expresión pasó de divertida a como si recordara que estaban rodeados de oídos atentos y ojos observadores.
-Shh, no lo digas tan fuerte, te dije que es nuestro secreto- susurró, sus ojos verdes llenos de un brillo de complicidad y precaución.
Naoki se rió suavemente y obediente, bajó el tono, pero no retiró su brazo más bien volteó fugazmente sobre su hombro con una mirada de soslayo que no le transmitía nada, reafirmando su agarre sobre Sakura casi como si intentara mantenerla alejada a propósito de él.
Nuestro secreto
Sasuke, de pie justo detrás de ellos, sintió cómo una rabia sorda se arremolinaba en su pecho. Desde el primer momento en que Naoki había aparecido en sus vidas, había elegido mantenerse al margen. Había decidido quizás con un exceso de arrogancia, no entrenar con ellos, seguro de que no el paso del Hatake por sus vidas sería tan fugaz como esos exámenes, se iría en cuanto acabasen, solo estaban colaborando a conveniencia, trataba de recordarse constantemente que pronto aquel odioso se iría.
Pero esa decisión se le atoraba en la garganta cada vez que los veía juntos, viendo como en su ausencia el parecía haberse convertido en su más cercano amigo, aún más cercano que el odioso Hyuga que como mínimo siempre respetaba las distancias.
Había esperado, sin razón lógica, que Sakura viniera a buscarlo como solía hacer, que lo retara, lo regañara por su poca predisposición a trabajar en equipo o simplemente se sentara en silencio a su lado, pero no lo hizo y cada día que pasaba, el peso de esa ausencia se sentía más palpable como una bofetada a su orgullo.
Ahora, verla tan cómoda, tan abierta con Naoki… era un recordatorio tangible de la distancia que él mismo había colocado entre ellos, y sin embargo, la imagen del forastero con el brazo sobre sus hombros encendía algo primitivo y territorial dentro de él, odiaba pensar en que sin querer le había dejado el camino libre.
Con un esfuerzo consciente, Sasuke apretó los puños a los costados para no ceder al impulso de apartarlo de un empujón y tirar de la muñeca de Sakura para arrastrarla a su lado, la sensación de que había dejado la puerta abierta para que algo creciera entre ellos lo llenaba de un resentimiento del que no quería hacerse cargo porque le hacía sentir que era un imbécil.
Cerró los ojos un instante, buscando controlarse tomando una profunda bocanada, no era momento para desvariar con esos asuntos, no era su problema.
Había dejado ir a Sakura.
Cuando los abrió, su mirada afilada como un kunai se encontró con los jades perspicaces de su compañera, por supuesto, ella había sido consciente de su presencia todo el tiempo, aunque no se había vuelto hacia él, sus ojos verdes eran una mezcla de intriga y algo más, algo que no alcanzaba a descifrar del todo.
Naoki seguía a su lado parloteando emocionado por las posibles batallas, pero sus palabras se perdieron como un eco lejano, Sakura sostuvo la mirada de Sasuke un segundo más de lo necesario, un parpadeo recordándole una conexión que fue tanto un desafío como una pregunta sin respuesta.
Su sonrisa vaciló levemente en sus comisuras antes de volverse hacia Naoki con una expresión que parecía menos entregada y más calculada.
-Será mejor que nos enfoquemos en la prueba- dijo ella finalmente, retirándose de bajo el brazo de Naoki con una elegancia casual que no dejaba lugar a reproche, pero tomándole de la muñeca con una enigmática sonrisa que sonrojó al moreno y le invitó a adelantar el paso alejándose de él.
Naoki se encogió de hombros con una sonrisa despreocupada, aunque sus ojos miel destellaban con un brillo ansioso que no le pasaba desapercibido, se soltó del agarre de Sakura descendiendo suavemente hasta tomar su mano con firmeza, un gesto sutil pero cargado de un mudo mensaje de territorialidad dirigido a él, sin embargo, Sasuke no se perdió el efímero destello de confusión que cruzó el rostro de Naoki, como si hubiera percibido ese ligerísimo pero inquietante cambio en el ambiente, ese que le susurraba al oído que el corazón de Sakura seguía teniendo dueño.
•••
La oficina estaba sumida en un tenso silencio cuando entregaron sus documentos al ninja de recepción, la mujer de largos cabellos morados con una expresión tan imperturbable como una roca, revisó cada uno con meticulosidad antes de asentir y devolverles una mirada fría.
-Todo en orden, el salón para el primer examen está en el ala este, buena suerte.
Con un serio asentimiento, los tres avanzaron por los pasillos, las puertas altas y los pasadizos angostos parecían estrecharse a su alrededor, como si la misma estructura del edificio de operaciones especiales quisiera ponerlos a prueba antes de que comenzara el verdadero reto.
Naoki, tal como Sakura ya se había acostumbrado en esas semanas, fue el primero en romper el silencio.
-Este lugar es demasiado… raro… para ser solo un examen ¿No sienten que nos observan?
Sasuke lo ignoró deliberadamente adelantando el paso ya harto de caminar tras ellos, preferiría dejar de verlo, pero Sakura, que sentía el mismo peso invisible, apretó el paso aún tirando de su nuevo amigo.
Finalmente, las puertas dobles se abrieron frente a ellos. El salón era un vasto espacio lleno de gennin de diferentes aldeas, muy similar a un inmenso auditorio, las miradas se cruzaron, algunas de desdén, otras de curiosidad, pero todas con la misma chispa de determinación.
El aire estaba cargado de una energía pesada.
Un hombre de figura imponente que Sasuke y Sakura reconocieron como el mismo evaluador del primer examen pasado se levantó al frente del salón, su voz resonó con autoridad:
-Bienvenidos al examen chunnin, soy su evaluador, Ibiki Morino, la primera prueba será un desafío contrarreloj- señaló hacia la pantalla detrás de él que se iluminó con letras verdes con un corto escrito- léanlo con atención, desaparecerá en los próximos treinta segundos, tienen veinte minutos para resolverlo, solo aprobarán los quince primeros equipos que logren entregar una respuesta acertada.
Las palabras se deslizaron como cuchillas que incrementaron la tensión en el ambiente, esta vez el desafío era claro, una prueba de ingenio no había nada entre líneas como la primera vez y se encontraban con mucha probabilidad al menos cincuenta equipos en el sitio, un método de descarte rápido.
Tres hombres están atrapados en una prisión. Cada uno tiene dos puertas delante. Una puerta lleva a la libertad, la otra a la muerte inmediata. Solo hay una señal escrita en ambas puertas: "Una de estas puertas siempre dice la verdad, la otra siempre miente." Deben elegir una sola puerta para escapar.
El murmullo de los equipos discutiendo la respuesta del acertijo en voz baja pululó en el auditorio antes de que las letras desaparecieran del todo dejado solo el contador descendiendo.
Naoki frunció el ceño, sus ojos miel analizando cada palabra del acertijo.
-Esto es ridículo- masculló, sus dedos tamborileando sobre el suelo- ¿Cómo se supone que elijamos una puerta? Una dice la verdad… la otra miente…
Sasuke cruzó los brazos, su mirada aguda se deslizó por la sala, y se detuvo en el reloj, habian perdido cinco minutos pensando, seguramente si Nara estuviera allí ya lo habría resuelto, posó sus ojos en Sakura, su expresión mortalmente seria y sus ojos fijos en el suelo, casi podía escuchar los engranajes de su brillante cabeza funcionando, por supuesto el también veía las variables, pero cada solución parecía llevar a una conclusión imposible.
Tres equipos se habían levantado ya con respuestas erradas, otros cuantos habían cedido a la presión del sonido del contador descendiendo y se habían rendido.
No le sorprendió en absoluto que faltando siete minutos fuera Sakura quien rompiera la quietud, su expresión iluminada por la chispa del entendimiento.
-Hay una forma de salir de esto- declaró.
Ambos la miraron, expectantes.
-¿Cómo?- preguntó Naoki, inclinándose hacia ella más de lo que Sasuke consideraba saludable para su vista.
Ella inspiró profundamente, organizando sus pensamientos ajena al rostro del chico casi apoyado en su hombro.
-Solo necesitamos hacer una pregunta… Una pregunta cuya respuesta nos lleve a la puerta correcta sin importar si la puerta miente o dice la verdad.
Sasuke entrecerró los ojos, atento.
-Creo que no estoy entendiendo…
Sakura sonrió, segura por primera vez.
-Si una puerta dice la verdad y la otra miente significa que las puertas pueden hablar ¿no crees? Por lo tanto, basta con preguntarle ¿Qué puerta elegiría la otra? - explicó con calma dibujando figuras sobre el suelo y en voz muy baja- Si le preguntas a la puerta que siempre dice la verdad, señalará la puerta que miente, porque si se lo preguntas a la puerta que miente, señalará la otra puerta porque no puede decir la verdad. Por lo tanto, la libertad está detrás de la puerta que miente, en el acertijo, no necesariamente la verdad representa al bien y la mentira al mal, esa es la trampa, al decirnos que una miente y la otra dice la verdad han creado un sesgo con pensar que la puerta que dice la verdad es la que nos llevará a la libertad.
Naoki la miró con una mezcla de admiración y asombro.
-¡Sakura eres brillante!- celebró el chico con una brillante sonrisa echándole los brazos encima entre risas que consiguieron llamar la atención de los equipos a su alrededor- entonces eres fuerte, brillante y además eres preciosa- halagó apretándola entre sus brazos- haces que quiera quedarme en la aldea.
Sasuke, aunque no lo admitió, se sintió impresionado, sus ojos brillaron y no pudo evitar que una sonrisa orgullosa se extendiera por su rostro con sus ojos como el carbón fijos en ella, ni siquiera las idioteces devotas de Naoki podían arruinar el cálido sentimiento que se había instalado en su pecho al observarla, sabía que Sakura lograría resolverlo, ella era la más lista del equipo.
Se acercaron a Ibiki, Sakura explicando su respuesta bajo la mirada atenta del shinobi experto en tortura que la contemplaba con genuino interés.
Correcto.
El tiempo se agotó.
El resultado del examen se reveló en la pantalla y aquellos que no habían encontrado la solución se retiraron en silencio, las miradas de Sasuke y Naoki convergieron sobre ella, mieles embelesadas, ónices cargados de orgullo.
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Notas de la autora:
¡Naoki avanza y anota! Aquí vamos a tener drama y salsa en todas partes, pero confíen en que su autora no los va a decepcionar, este arco es el más tranqui de todos, incluso es medio graciosillo, esta historia será bastante larga, así que habrá tiempo suficiente para desarrollar a la pareja principal, no se preocupen ¡Disfrútenla! ¿Les puedo pedir un review? Llevamos once capítulos y realmente quisiera saber que opinan de la historia, si tienen teorías o si la están disfrutando tanto como disfruto yo escribiendola xD Me gusta mucho esta historia, desearía que esta historia llegara a más personas pero soy malisima escribiendo resumenes! T_T
¡Gracias por leer!
Con cariño,
Azulen.
