Fragilidad

Capítulo 24

La sombra entre nosotros

Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, esta historia es de mi total autoría no está permitida su publicación en otros sitios sin previa autorización. -Azulen-

Summary: ¿Amor? – bufó sarcásticamente- Lo que quiero es que te largues y me dejes en paz… -siseó con rabia contenida - ¿Es… realmente eso lo que deseas? ¿Serás feliz ahora Sasuke? ¿Dejarás que el odio te envenene el corazón? - ¿Qué hubiera pasado si Sasuke nunca se hubiese ido de Konoha?

•••

La noche cubría el bosque y las sombras se deslizaban entre los árboles, silenciosos como espectros letales cuatro ANBU permanecían ocultos tras máscaras de animales cada uno en su posición, el más joven, de revueltos cabellos negros aguardaba inmóvil, con la mirada fija en la cabaña mal iluminada que se alzaba en el claro.

Era su primera misión como vicecapitán de un escuadrón ANBU. Tras tres meses de arduo entrenamiento y misiones cumplidas exitosamente, Nishimura le había otorgado el reconocimiento de nombrarlo su segundo al mando a pesar del desacuerdo de los otros dos miembros del escuadrón.

Él le había comentado que la misión de ese día era un tanto… especial.

Y que tenía grandes planes para su futuro.

Su objetivo era capturar vivo o muerto a un peligroso hombre que había traicionado a la aldea, filtrando información a Orochimaru y robando pergaminos con técnicas prohibidas creadas por el Segundo Hokage, documentos que Nishimura había dejado claro no debían, en ninguna circunstancia, caer en las manos equivocadas.

Sasuke sintió el peso de su nueva identidad, la opresión de la máscara que cubría su rostro y respiró profundo centrando su atención en el comunicador, la voz de su capitán sonó clara y sin emociones en su oído.

-Confirmado, el objetivo está dentro, ejecútalo.

Sasuke tragó grueso, pero su entrenamiento le impidió demostrar vacilación no era la primera vez que asesinaba a algún matón, eliminar objetivos peligrosos para el bienestar de los demás era el trabajo de los ANBU, si bien Konoha no era reconocida por utilizar métodos despiadados, pues no asesinaban a quienes podían ser apresados, no entendió por qué tuvo un mal presentimiento al momento de escuchar la orden, Nishimura había sido tajante se sintió de repente y sin razón muy ajeno a la filosofía de la aldea a la que servían.

Sus labios se entreabrieron luchando por hacer preguntas pero algo en su interior le advirtió que cuestionar una orden en plena misión no era una opción a menos que quisiera ser acusado de insubordinación.

Se movió entre las sombras, deslizándose con la precisión de un depredador, un golpe de chakra controlado sobre el papel de sellado en la entrada hizo que la puerta se deslizara silenciosamente. Dentro, la escena era tan patética como desesperante: Un hombre delgado, con ojeras marcadas y la ansiedad pintada en cada arruga de su rostro, removía pergaminos sobre una mesa con movimientos torpes y desesperados.

El susurro del acero cortando el aire le alertó.

Giró abruptamente, cayendo de espaldas con un grito ahogado al ver a la figura encapuchada de Sasuke, sus ojos temblaban de pavor conociendo de sobra la razón de su presencia.

-¡Por favor no!- su voz se quebró en un sollozo, se arrastró hacia atrás, chocando contra la pared, sus manos temblaban al alzarse en súplica- ¡No me maten, se los ruego! ¡No lo hice por ambición! Orochimaru... él... él tiene a mi hija ¡Me prometió devolvérmela si le entregaba los pergaminos!

La súplica perforó la armadura emocional de Sasuke.

Su agarre sobre el tanto se tensó.

No era un criminal sediento de poder, no era un traidor despiadado, solo era un hombre desesperado… intentando salvar a su familia.

Sus labios se abrieron nuevamente, esta vez a punto de replicar la orden de su superior informando el cambio situacional.

-¡Se lo suplico! Piedad- El hombre cayó de rodillas, inclinando la cabeza hasta tocar el suelo- ¡Si muero, nunca la recuperaré! ¡Es lo único que tengo! ¡Déjenme vivir! ¡Por favor!

La respiración de Sasuke se volvió lenta y pesada.

Podía apresarlo.

Llevarlo a Konoha y que lo interrogaran.

Aún podían sacarle información sobre Orochimaru, aún había formas de obtener más de él sin necesidad de tomar su vida.

Eso es lo que haría un honorable chunin de la hoja.

Pero no un ANBU.

El canal de comunicación crujió en su oído.

-¿Qué esperas, Uchiha? Haz tu trabajo- La voz de Nishimura no contenía ni un ápice de duda, ni piedad, ni humanidad- Esta escoria no merece respirar ¿O es que te estás acobardando como tu hermano?- siseó venenoso.

Sasuke no respondió.

Su agarre en el tanto se afianzó.

El hombre levantó la vista, esperanzado por su silencio, vio la máscara de gato, vio los ojos oscuros y llenos de conflicto tras ella, pero también vio el brillo metálico de la hoja al elevarse.

-No... -murmuró, su voz apenas un hilo roto, su pánico quedó congelado en su rostro en el instante en que el acero atravesó su pecho con precisión quirúrgica.

Un jadeo ahogado, un último estertor.

El cuerpo cayó al suelo con un golpe sordo haciendo tambalear ligeramente el piso, una pequeña hoja de papel flotó en el aire aterrizando cerca de su pie.

El tanto aún estaba incrustado en su pecho cuando Sasuke sintió sus propios dedos temblar apenas perceptiblemente.

La línea de comunicación se activó de nuevo.

-Bien hecho- El tono de Nishimura era frío, pero con un matiz burlón que erizó la piel de Sasuke- Tienes muchas más agallas que tu hermano.

El peso de esas palabras se estrelló contra su estómago como un golpe certero, harto de que le comparasen todo el tiempo con él.

Como podría ser él comparado con un criminal como Itachi.

Un asesino.

Sasuke retiró el arma con un movimiento brusco, la sangre manchó su guante, tibia aún, sintió el ardor en su pecho, el nudo de algo que se asemejaba peligrosamente al asco en su garganta, pero lo tragó.

Igual que todo ANBU antes que él.

Y no dijo nada.

Solo limpió su hoja con un movimiento calculado antes de envainarla nuevamente.

-Objetivo eliminado- informó con tono neutro, se reclinó levemente tomando entre sus dedos el objeto que había aterrizado cerca de su pie.

Una fotografía.

El hombre mucho más vivo, mucho más joven abrazando a una pequeña niña de un tono de rosa ligeramente más oscuro que el de Sakura y brillantes ojos azul zafiro como los de quien en vida fue su padre.

Su sangre se heló y sus ojos se cristalizaron con la culpa y el horror amenazando con quebrar su máscara de frivolidad.

Pensó en Sakura y en lo mucho que se parecía a la niña en la fotografía.

-Bienvenido a la raíz, Uchiha.

El cadáver seguía tibio a sus pies cuando Sasuke se perdió nuevamente en las sombras.

¿Seguiría viva aquella niña?

¿Buscaría vengar a su padre algún día?

-¿Era realmente necesario ejecutarlo?- preguntó aparentemente desinteresado mientras saltaban entre ramas de vuelta a la aldea- mi novia detesta tener que sacar manchas de sangre en la ropa- comentó sin emociones.

-Hmp… entonces tienes una novia…

A Sasuke no le gustó el tono sarcástico que utilizó, dejándole más que claro que era información conocida para él, en el fondo sitió curiosidad por saber que tanto sabía el ANBU sobre él.

Sobre ellos.

Nishimura parecía conocer muy bien los por menores de la masacre Uchiha.

-¿Qué te dije sobre los sentimientos? Sasuke.

-Las mujeres son útiles para mucho más que sentimentalismo- respondió escueto y gélido, justo como ese hombre esperaría una respuesta de su parte.

Lo había estudiado.

La máscara de Nishimura ocultó su sonrisa cargada de satisfacción sintiendo que tenía a Sasuke en sus manos, pero para el Uchiha el sadismo envolviendo su aire era tan palpable como las hojas que rozaban su piel al avanzar.

Sentía tanto… tanto asco.

•••

La televisión parpadeaba en la oscuridad del departamento a un volumen bajo, proyectando luces azuladas y difusas sobre el rostro relajado de Sakura, se había quedado dormida esperándolo, como siempre.

Cuando Sasuke cruzó el umbral, su silueta se incorporó levemente, despertando, los ojos verdes reflejando una mezcla de alivio y ternura mientras eran rascados por sus delicadas manos, manos que salvaban vidas.

-¿Ya estás en casa, Sasuke-kun?

Había tomado una vida inocente.

Ahora tenía las manos de un asesino.

Su voz sonaba tranquila, cálida, como una promesa de normalidad que ahora parecía inalcanzable para él.

Porque purgar al mundo de la escoria de los shinobi estaba bien… pero asesinar civiles inocentes… era distinto, le hacía sentir asco de si mismo.

Por un segundo, vio en sus facciones delicadas el pequeño rostro sonriente de la hija del hombre cuya vida acababa de tomar y un zumbido sordo llenó su cabeza, apretó los puños, sintiendo la presión de sus propias uñas contra la piel, frunció el entrecejo con frustración y desvió la mirada manteniéndose en silencio.

-¿Tienes hambre, cariño? Voy a calentarte la cena ¿Sí?

El murmullo de Sakura quedó suspendido en el aire cuando Sasuke giró sobre sus talones y se perdió tras la puerta del baño, Sakura era tan maravillosa… se convertiría en una mujer médico excepcional y salvaría tantas vidas… todo lo contrario a él…

Porque el asesinaba a las personas que ella estaba destinada a salvar.

Su mundo se inclinó a su alrededor y sin más, cayó de rodillas frente al inodoro, un espasmo desgarrador recorrió su abdomen y todo el escaso contenido de su estómago se vació en violentas arcadas, un regusto amargo de bilis quemó su garganta, y el sonido de su propia respiración entrecortada se volvió ensordecedor.

Sakura irrumpió en el baño con pasos apresurados, su figura temblaba de preocupación al verlo inclinado sobre la porcelana, con los hombros tensos y el cuerpo aún vestido con los pantalones oscuros del uniforme, se arrodilló a su lado y con manos temblorosas, presionó una toalla húmeda contra su rostro sudoroso para limpiarle.

-S-Sasuke-kun...

Él apartó su mano con un movimiento brusco, casi temeroso, como si su piel quemara.

-N-no me toques... aléjate de mí.

Su propia voz sonó débil, completamente roto, no reconocía el tono en el que hablaba, Sakura se quedó inmóvil por un segundo, con los labios entreabiertos y el ceño fruncido en confusión y tristeza.

-¿Q-qué pasa? ¿Sasuke-kun? ¿Qué te hicieron?

Pero él no tenía respuestas.

Solo imágenes atroces que revolotearon en su mente como murciélagos desquiciados.

Sangre.

Ojos abiertos en un rostro deformado por el miedo.

El cuchillo brillando en la penumbra antes de hundirse, antes de arrebatar una vida que suplicaba por misericordia.

Su propia voz repitiéndose en su cabeza "Mátalo".

Miró sus manos y estaban limpias.

Pero no en su mente.

En su mente estaban cubiertas con aquel líquido espeso y carmesí, la esencia que otorgaba vida y con la misma facilidad la quitaba.

¿Qué había hecho?

Era su trabajo.

¿Por qué Tsunade le asignaría un trabajo tan cruel?

No… ella ni siquiera lo sabía… ¿O sí?

Después de un rato, con dificultad, Sakura logró ayudarle a ponerse de pie, apenas sintió cuando ella lo guió hacia la bañera y dejó correr el agua tibia retirándose su ropa, no se resistió cuando ella se metió con él, sosteniéndolo con ternura entre sus brazos mientras el agua corría por sus cuerpos, se sentía como una marioneta con los hilos cortados, vacío e inerte.

Solo permitió que ella le limpiara, que su delicadeza tratara de borrar lo que no podía quitarse de la piel.

El silencio pesaba tanto que apenas podía respirar.

¿Esto era lo que se sentía al matar a un desconocido?

Entonces... ¿Qué clase de horror sentiría cuando finalmente se manchara las manos con la sangre de su propio hermano?

Ese al que no podía perdonar.

Cuando Sakura lo ayudó a salir, lo envolvió con una toalla llevándole hasta la cama y le entregó una taza humeante de té con alguna hierba relajante, por un segundo se sintió como un niño pequeño siendo consolado tras despertar de una pesadilla.

Pero esto era mundo real.

Tomó la taza con manos temblorosas, sintiendo el calor del líquido extenderse por sus dedos despertándole ligeramente de su letargo.

Su voz era un susurro casi maternal cuando le habló.

-Bebe esto, mi amor... te hará sentir mejor- le dio un beso en la sien hundiendo los dedos en su cabello mientras le consolaba.

El té era cálido y le brindaba alivio a su estómago revuelto, su mente estaba atascada en un punto muerto entre el remordimiento y la justificación, quería contárselo… quería que le dijera que todo estaría bien… que no había nada que temer.

Pero no podía.

Nishimura lo había felicitado en el comunicador con su tono burlesco y cruel.

"Tienes más agallas como ANBU de las que tenía tu hermano".

Itachi.

Todo volvía siempre a Itachi, sin importar lo que haga, donde o con quien esté… siempre le perseguiría, jamás podría huir de él, de su sombra que le acosaba como un fantasma caminando todo el tiempo tras él, asomándose entre la penumbra cuando menos lo esperaba.

Se sintió desmoronarse.

Sakura lo observó con ojos apacibles, sin hacer preguntas que él no podía responder y le pasó los dedos por la mejilla pálida con la ternura de quien sostiene algo frágil ayudándole a ponerse el pijama y tumbarse en la cama, besó despacio su mejilla esperando que su cariño le brindara un poco de consuelo ante lo que sea que estuviese atosigándole, aunque él no parecía reaccionar.

-No puedes decirle nada de esto a nadie, ni siquiera a la quinta.

-¿Por qué?

-Porque este tipo de misiones son absolutamente confidenciales en esta rama de ANBU.

"Esta rama de ANBU".

¿Qué carajos era "Raíz"?

Finalmente cerró los ojos, se convirtió en un ovillo bajo las mantas y dejó que la fatiga lo envolviera, Sakura continuó acariciando su cabello con movimientos lentos y rítmicos tarareando con suavidad, al son de su dulce voz le embargó un alivio momentáneo, un bálsamo contra la tormenta interna que lo devoraba desde dentro.

Sus músculos se relajaron contra el colchón y el peso de su cuerpo se hundió en la cama, por un momento, la ansiedad, la culpa y el dolor quedaron suspendidos en un espacio donde solo existía la calidez de sus caricias y el delicado flujo de su chakra fusionándose con su sistema sin tener ánimos de protestar por ello.

La última palabra que escapó de sus labios antes de caer en el sueño fue un susurro apenas audible.

-Gracias, Sakura...

•••

Despertó, sus ojos jade se entreabrieron pesadamente con la sensación de vacío extendiéndose por la cama.

No había calor a su lado, ni la respiración pausada de Sasuke, solo el peso de las sábanas aun ligeramente arrugadas que delataban que él había dormido junto a ella, abrió los ojos con lentitud y recorrió la habitación con la mirada.

Estaba sola otra vez.

Suspiró, empujándose hacia arriba en la cama y frotándose el rostro con ambas manos, no le sorprendía, pero eso no hacía que doliera menos, era la misma historia ya hace casi tres meses, se sentó en el borde del colchón, con los pies descalzos rozando la madera que cubría el suelo, ya ni siquiera recordaba cuándo había sido la última vez que despertó con Sasuke aún en casa, era tan sorprendente para ella que hubiera transcurrido más de un mes sin que él le pusiera las manos encima.

Por alguna razón casi sentía que la evitaba.

Miró a su alrededor y se dio cuenta de cuántas de sus cosas estaban dispersas en la habitación, su ropa se mezclaba con la de Sasuke en el armario, su cepillo de dientes estaba junto al suyo en el baño y su equipamiento ninja descansaba en un rincón, incluso había un par de batas médicas colgadas en el fondo del armario abierto, sin planearlo, sin hablarlo, se había mudado allí, comenzó a recoger algunas cosas y a ordenar un poco para distraer su mente con algo.

Al menos, esa era la intención.

Cada noche enviaba un clon de sombra a casa de sus padres, programado para saludar, hacer ruido en su habitación y luego encerrarse. Entrada la madrugada, deshacía la técnica sin problemas, hasta ahora, su madre no sospechaba nada, lo cual era un milagro en sí mismo, probablemente la creían incapaz de hacer todo lo que ya había hecho con Sasuke, una niña buena que llevaba meses burlándolos, la ausencia de regaños solo le confirmaba que su engaño funcionaba a la perfección.

Bostezó.

Tenía que apresurarse o llegaría tarde a su turno en el hospital.

El cálido aire primaveral de junio se filtraba por la ventana, trayendo consigo el olor de las flores recién abiertas, la aldea se veía animada, sus habitantes parecían de buen humor con la llegada del calor en la estación.

Todos menos ella.

Ciertamente estaba preocupada, día con día veía a Sasuke apagarse un poco más, al principio la dinámica de su relación le había emocionado, la ilusión de compartirlo todo, de vivir casi como una joven pareja de recién casados y que a él no le molestase en lo absoluto su presencia invadiendo su departamento le llenaba el corazón de ilusiones que la hacían soñar despierta, le gustaba encargarse de la casa, encontrar formas de estar presente en la vida de Sasuke a pesar de que él apenas tenía tiempo para estar allí.

Pero conforme pasaban las semanas, se dio cuenta de que él no solo estaba ocupado, estaba completamente ausente, las noches en que lograba llegar a casa, caía en la cama muy tarde, demasiado exhausto para hablar y a la mañana siguiente, ya se había ido antes de que ella despertara, ni siquiera la cena era un momento seguro para encontrarse con él pues habían días en los que ni siquiera llegaba a dormir.

La sombra de ANBU lo devoraba poco a poco y ella lo veía marchitarse en silencio, sin poder hacer nada… con sus ojos amenazando constantemente con romper a llorar de frustración por no poder alcanzarle.

Sentía que Sasuke estaba olvidándola.

Sacudiendo la cabeza, intentó alejar esos pensamientos y se preparó para su clase con Shizune. La medicina era su refugio, su forma de asegurarse de que podía proteger a los demás, de que en su próxima misión con él no tendría dificultades para luchar a su lado y asegurar su supervivencia y la de todo su equipo, ella nunca perdería a nadie.

Se lo había prometido a sí misma.

Su entrenamiento con Tsunade seguía siendo extenuante, pero al menos ahora había aprendido a esquivar lo suficientemente bien como para no acabar con huesos rotos, eso era una mejora, y aunque sabía que aún tenía un largo camino por recorrer, se aferraba a la idea de que un día sería capaz de salvar vidas con sus propias manos.

Se ajustó el uniforme médico y se dirigió a la sala de operaciones recogiéndose el ya muy crecido cabello rosa en una coleta alta, aún no tenía permitido operar, su tarea era observar y absorber cada consejo de Shizune, aprender con los ojos, con los oídos, con la mente, esa era la clave para algún día poder empuñar el bisturí sin temblar.

La operación transcurría con normalidad hasta que, de repente, el paciente comenzó a perder sangre, no unas pocas gotas, no un leve sangrado controlable, la sangre brotó a borbotones, desbordándose sobre la camilla y empapando las manos de Shizune, el instrumental quirúrgico y la tela estéril, el sonido del monitor cardíaco acelerándose resonó en la sala como una alarma, por una parte la invadió una profunda admiración hacia la mujer pelinegra pues había logrado mantener una estricta calma dando órdenes acertadas al personal como toda una profesional.

Aun así sus ojos vieron la sangre gotear hasta el suelo y sintió que el aire se volvía pesado.

Un cosquilleo frío recorrió su columna, y antes de que pudiera contenerse, el miedo se deslizó dentro de ella como un veneno, la imagen de la sangre extendiéndose ante sus ojos la golpeó con fuerza, arrastrándola de vuelta a aquella noche en la cocina, cuando sintió que el pánico le devoraba desde dentro.

Su pecho se comprimió, la respiración se volvió errática.

No, no ahora.

Creía haber superado esto.

Llevaba meses sin un ataque, pero ahí estaba de nuevo: La hemofobia, su mayor y más recientemente descubierta debilidad, un miedo absurdo y paralizante que la hacía preguntarse si algún día realmente podría ser un médico competente, si podría salvar a alguien sin que su propia mente la traicionara.

Shizune ni siquiera notó su crisis.

Seguía trabajando con precisión quirúrgica, sus manos moviéndose con la destreza de alguien que había lidiado con situaciones mucho peores, pero Sakura solo podía ver el carmesí brotar del cuerpo cada vez más controlado, solo podía oler el hierro en el aire mezclado con el desinfectante, el corazón le martilleaba en los oídos y sintió que la habitación se estrechaba a su alrededor.

Todo comenzó a sentirse como en un espantoso carrusel.

-¡Sakura!

•••

El aire olía a sangre, sudor y humedad ambiental.

Sasuke jadeó, limpiándose con el dorso de la mano una línea carmesí que le resbalaba por la mejilla, estaba exhausto, Nishimura era una pared y no le daba tregua.

A su alrededor, los cuerpos de sus compañeros de entrenamiento yacían sobre el suelo del campo de entrenamiento subterráneo de la divisón ANBU de élite, allí entrenaban en completo secreto, de forma que ninguna de las técnicas ni avances militares de Konoha pudiera filtrarse a otras aldeas, en ese tiempo Sasuke había descubierto que la aldea que le cobijaba era un nido de secretos enmarañados que quizás algún día lograría desentrañar con suficiente esfuerzo.

Escuchó un leve quejido desde el suelo, ninguno de ellos estaba muerto, pero todos estaban brutalmente heridos.

Algunos temblaban por el dolor, otros apenas respiraban, pero entrenar en la raíz era así.

Nishimura, su comandante, caminaba entre ellos con la indiferencia de un verdugo inspeccionando los restos de su trabajo.

-¿Eso es todo?- preguntó con burla, sus ojos fríos como el acero, se clavaron en Sasuke- El ANBU no necesita niñitos blandos…

Sasuke no respondió.

Sabía que Nishimura buscaba provocarlo.

-La misericordia es una debilidad, mátalos- continuó el hombre, paseándose alrededor de él como un depredador hambriento- ¿Sabes qué le pasa a los que dudan en una batalla, Uchiha?

Chasqueó los dedos.

Uno de los ANBU de élite, aún consciente, se puso de rodillas y bajó la cabeza, sabiendo lo que venía, Nishimura sacó un kunai y sin un atisbo de emoción, lo hundió en la base del cuello del shinobi.

Sasuke observó la escena con frialdad.

-Los débiles siempre mueren sin gloria.

La sangre brotó a borbotones, el ANBU se desplomó sin un solo grito y la máscara cayó de su rostro rompiéndose y revelándo a su dueña como una joven quizás de su rango de edad pero Sasuke no pestañeó.

-Aprende, Uchiha, la compasión es para los débiles y las dudas para los que no tienen propósito.

Se inclinó hacia él, con una sonrisa burlona.

-Si quieres matar a tu hermano, más te vale empezar a comportarte como un arma y no como un niño perdido.

Sasuke cerró los puños con fuerza, la furia burbujeando en su interior, pero la dominó, ya no era el niño que corría tras las sombras de los demás.

Se había fusionado con ellas.

Desde un balcón oculto en la oscuridad de las cavernas subterráneas, dos figuras observaban la escena sin expresión.

Danzo Shimura entrecerró sus ojos las arrugas pronunciándose con el filo de su mirada, sus dedos tamborileando suavemente sobre el barandal de piedra con gesto evaluativo, de pie a su lado, uno de sus asistentes inclinó levemente la cabeza sin dejar de observar fijamente el rostro del muchacho que con una gélida precisión parecía estar a punto de rebanarle el cuello a Nishimura.

-Su progreso es… impresionante…- susurró el asistente- parece que finalmente ha picado el anzuelo.

Danzo asintió con lentitud.

-La sangre Uchiha es un arma formidable cuando se moldea con la disciplina adecuada, Itachi era un genio, pero tenía un corazón débil, no fue más que una víctima de sus propios ideales pero he de agradecer su lealtad hacia Konoha, aunque este niño…- se aclaró la garganta y sus ojos escudriñaron la figura de Sasuke- este niño aún puede ser forjado en lo que esta aldea necesita, un soldado digno y formidable.

-¿Cuándo lo usaremos?

Danzo pestañeó apenas.

-Cuando llegue el momento… pronto, muy pronto Sasuke Uchiha descubrirá que no hay un destino más para él que el de la venganza… su destino ha sido sellado con sangre con solo haber nacido bajo ese apellido, bajo la tutela de Nishimura él mismo quitará del camino a la pupila de la quinta, su único defecto.

Sus ojos, oscuros y calculadores, se posaron en la figura de Sasuke, quien, de pie en el campo de batalla, parecía absorber cada palabra de su capitán sin mostrar emoción alguna.

-Nosotros podemos encargarnos de la niña Haruno- sugirió con tono gélido el hombre a su lado.

-Eso no será necesario, la niña es un elemento valioso para la aldea, su amor infantil perecerá eventualmente- sus ojos brillaron maliciosos- cuando él esté listo, será como un lobo… perfecto y entrenado para cazar a Itachi Uchiha.

Abajo, Sasuke desenvainó su katana y sin previo aviso la hundió en el pecho del último ANBU que intentaba ponerse en pie.

No había piedad en su mirada.

Danzo sonrió.

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Notas de la autora:

Danzo aparecioo y los dejo con el shock y la reflexión de que ni Orochimaru se atrevió a tanto, por otra parte esta semana estaré actualizando a diario, tendré una semana ligerita asi que podemos avanzar con los capis que tengo pendientes hace siglos y está genial porque esta parte de la historia es muy intensa, asi puedo avanzar rápido con esta historia y no los dejo en suspenso mucho rato. xD

¡Gracias por leer!

Con cariño,

Azulen.